edir la forma y estructura de un racimo de uva, ya no depende únicamente de observaciones visuales o de extensas labores manuales en terreno. Al menos, así lo demuestra el creciente uso de la biotecnología y las herramientas digitales en viticultura. Es así como en la actualidad diversos avances disruptivos como las imágenes tridimensionales, el análisis automatizados y la genética molecular están permitiendo abordar este tipo de caracteres complejos con un nivel de precisión inédito para el sector. Ese fue el foco del workshop “Viejos senderos y nuevas autopistas: feno/genotipado de alto rendimiento en vides”, realizado en el Auditorio de INIA La Platina. La actividad se desarrolló en el marco del Proyecto FONDECYT N°1221410, orientado a estudiar la compacidad del racimo en uva de mesa y sus bases genéticas, un rasgo clave tanto para el manejo agronómico como para la eficiencia productiva. El encuentro reunió a investigadores de INIA y especialistas internacionales, abordando nuevas metodologías de fenotipado y genotipado de alto rendimiento, aplicadas al mejoramiento genético. El coordinador de la jornada, Patricio Hinrichsen, investigador de INIA La Platina y especialista en biotecnología, explicó el momento que atraviesa el proyecto y la proyección de estas herramientas. “Estamos terminando un cuarto año de este proyecto FONDECYT, donde hemos ido avanzando desde la implementación de nuevas metodologías, muy nuevas para nuestro medio, de mediciones morfológicas basadas en máquinas, basadas en imágenes tridimensionales, que permiten ahorrar mucho esfuerzo”, destacó el especialista. Hinrichsen precisó que el proyecto también considera proyectar el uso de esta tecnología en otros cultivos, especialmente aquellas que necesitan estudiar volúmenes, rendimientos y diferencias pequeñas en morfología, donde actualmente hay muchos campos de proyección. Para tales efecto, el trabajo se ha complementado con proceso de análisis genético molecular orientado a entender la base de los diferentes rasgos productivos. “Hemos ido escudriñando las diferencias menores y mayores del genoma, para poder tratar de encontrar las regiones, los genes y luego más allá, las variaciones dentro de cada gen, que son finalmente las responsables de que las plantas tengan una u otras características”, indicó. “A partir de esos datos -agrega el investigador-, podemos deducir pequeñas señales que nos sirven como puntos de anclaje para desarrollar marcadores de selección, todo esto pensando en el desarrollo de nuevas variedades”. CONCLUSIONES RELEVANTES Durante la jornada de presentación de resultados, Marco Meneses, doctor en Ciencias Agropecuarias e investigador de INIA La Platina, destacó que los principales hallazgos están relacionados con la localización de regiones específicas del genoma de la vid, que tienen relación con caracteres que determinan a su vez la compacidad del racimo, proceso en el que se han encontrado numerosos genes candidatos relacionados a este tipo de características. Meneses también puso en valor la incorporación de nuevas metodologías de análisis, “como la implementación de metodologías de escaneo 3D, que son metodologías complejas, pero bastante precisas y reproducibles de un lugar a otro”. “Los tiempos de medición disminuyen bastante, lo que nos permite concluir que esta tecnología eventualmente pueda aplicarse a nivel de industria, para acelerar procesos que hoy son muy costosos en términos de manualidad”, agregó el investigador. El workshop también permitió relevar el rol de los recursos genéticos como base del desarrollo científico. En este contexto, Erika Salazar, investigadora de INIA La Platina, explicó que la institución resguarda una colección estratégica para este tipo de estudios. “Formamos parte de la Unidad de Recursos Genéticos y somos responsables de la colección de INIA, que incluye 205 genotipos representados en 374 accesiones, y ahí está la diversidad que sirve y es la base para el estudio que se está desarrollando en este proyecto, pero también en otros proyectos que desarrolla INIA”. Salazar también detalló que su trabajo apunta a habilitar el uso efectivo de esa diversidad, para que también lo puedan usar las otras líneas de investigación que hoy buscan respuestas a distintos rasgos o necesidades”. “Hoy tenemos una colección con buena diversidad, muy bien caracterizada, que está siendo usada no solo por distintos grupos de trabajo de INIA, sino que también es demandada por grupos de investigación fuera de la institución, pues la conservación por la mera conservación no tiene mucho sentido, si no se pone al servicio del desarrollo”, enfatiza. El encuentro contó además con la participación de la investigadora Katja Herzog, del JKI Geilweilerhof (Alemania), quien abordó el uso de sensores e inteligencia artificial para el fenotipado de vides, reforzando el carácter colaborativo e internacional de esta línea de investigación. GALERIAOTRAS INFORMACIONES
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os probióticos son microorganismos beneficiosos y no patogénicos que, si se consumen en cantidades adecuadas, pueden colonizar el intestino humano y entregar diversos beneficios para la salud. Sin embargo, su eficacia depende en gran medida de su capacidad para sobrevivir a las condiciones adversas del tracto gastrointestinal y a la acción de los ácidos gástricos y las sales biliares. Estos criterios son claves para evaluar su tolerancia y, por consiguiente se consideran fundamentales para el diseño de nuevos alimentos a base de probióticos. En este contexto, la investigadora postdoctoral del Centro Científico Tecnológico CREAS, Doctora María José Vargas, se adjudicó recientemente un proyecto Fondecyt de Iniciación en Investigación, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID (Fondecyt N°11261274). El objetivo de esta iniciativa es desarrollar y caracterizar probióticos basados en biopelículas de Lactobacillus, formadas sobre bagazo de cerveza, con el fin de mejorar su tolerancia a la digestión gastrointestinal. CULTIVO DE BIOPELÍCULAS El aspecto más innovador del proyecto, consiste en el desarrollo de formulaciones probióticas basadas en biopelículas (Biofilms), que son estructuras microscópicas capaces de constituir una forma natural de organización microbiana. En ellas, los microorganismos se adhieren a una superficie y la colonizan, formando una red de sustancias poliméricas extracelulares. Las bacterias que forman biopelículas presentan un estilo de vida colectivo denominado sésil, que es diferente al estilo de vida planctónico, donde las bacterias permanecen suspendidas de manera individual en un medio líquido sin adherirse a superficies. La clave de esta diferencia radica en la resistencia a factores de estrés, pues el estilo de vida sésil ofrece mayores ventajas para el desarrollo de probiótico, gracias al efecto protector que entrega la biopelícula. Esta característica convierte a los probióticos basados en esta estructura, en una alternativa más robusta comparada con los probióticos convencionales. POSITIVO IMPACTO SOSTENIBLE Y CIRCULAR La Dra. Vargas explica que entre los géneros bacterianos más utilizados para el desarrollo de probióticos a nivel mundial se encuentra el Lactobacillus sensu lato. “Al respecto -comenta-, diversos estudios han demostrado que los probióticos basados en biopelículas de Lactobacillus presentan una mayor tolerancia a procesos simulados de digestión gastrointestinal, en comparación con sus contrapartes planctónicas”. Sin embargo, la formulación de este tipo de probióticos requiere el crecimiento de biopelículas sobre superficies de grado alimentario ricas en carbohidratos no digeribles (como el bagazo de cerveza), compuestos que también se encuentran en la mayoría de los prebióticos comerciales. De este modo se asegura que los probióticos lleguen intactos al intestino grueso, donde son fermentados selectivamente por la microbiota intestinal, generando mayores beneficios para la salud. La clave de esta investigación radica precisamente en esta característica, pues el trabajo de la doctora Vargas permite generar biopelículas en residuos de una gran industria, lo que genera un doble impacto positivo, tanto a nivel de salud como de economía circular y sostenibilidad. Otra característica importante del proyecto es su enorme valor innovador, pues aun cuando la administración de probióticos basados en biopelículas puede proporcionar una barrera protectora natural contra la digestión gastrointestinal, “esta estrategia sigue siendo minoritaria a nivel mundial en comparación con otras formulaciones probióticas”, explica la investigadora. “En este contexto -agrega-, el enfoque del proyecto no sólo explora un nuevo uso del bagazo de cerveza en la industria alimentaria humana, sino que también introduce un formato innovador para la administración de probióticos, constituyendo una contribución relevante a la ciencia y tecnología de los alimentos”. PRÓXIMOS PASOS Tal como detalla la Dra. María José Vargas, el proyecto propone desarrollar y caracterizar probióticos basados en biopelículas de Limosilactobacillus reuteri, utilizando un residuo agroalimentario rico en prebióticos emergentes, tales como arabinoxilanos y β-glucanos. Estos compuestos se encuentran precisamente en el bagazo de cerveza, que es el subproducto más abundante de la industria cervecera, pues representa aproximadamente el 85 % del total de residuos generados por este sector. Otra característica que resulta clave, pues la industria cervecera nacional ha crecido en forma exponencial durante los últimos años, lo que abre importantes perspectivas de reutilización para un desecho que, gracias a esta iniciativa, pasaría a convertirse en un recurso valioso para la elaboración de materias primas alimentarias. Para la ejecución del proyecto, la investigadora detalla que, en una primera etapa, se evaluarán las condiciones operativas que permitan el desarrollo más eficiente de biopelículas sobre distintas matrices alimentarias elaboradas a partir de bagazo de cerveza. Posteriormente, se comparará la tolerancia de estas biopelículas frente a un proceso simulado de digestión gastrointestinal con la de su contraparte planctónica. Finalmente, se seleccionará una de las matrices desarrolladas para su caracterización estructural, morfológica y química. Esto permitiría avanzar hacia un futuro escalamiento y producción comercial, abriendo nuevas perspectivas para el desarrollo de una bio industria que podría reposicionar a Chile como la gran potencia alimentaria del futuro. GALERIAOTRAS INFORMACIONES no de los principales desafíos que enfrenta la moderna industria alimentaria, consiste en desarrollar productos que tengan la capacidad de cuidar tanto la salud de las personas como del planeta. En ese contexto, la academia y diversas instituciones de investigación público-privadas, han llevado a cabo diversos estudios orientados a revalorizar el potencial funcional y nutracéutico de una gran cantidad de subproductos agropecuarios que hoy simplemente se desechan luego del procesamiento de los frutos como, por ejemplo, orujo de uva, bagazo de cerveza, y pulpa y cáscaras de naranjas, entre muchos otros. Uno de los casos más destacados corresponde al calafate (Berberis microphylla), fruto endémico de la Patagonia rico en antioxidantes, minerales y vitaminas, que se usa principalmente para elaborar jugos, mermeladas y otros productos procesados. A pesar de este gran valor nutricional y funcional, gran parte del fruto, incluyendo la cáscara, semilla y pulpa, se considera como subproducto sin valor, por lo que se desecha durante su procesamiento y se transforma en residuos que se descomponen en vertederos o en el medio ambiente, generando gases de efecto invernadero y contribuyen al aumento de la huella de carbono agroindustrial. Para hacer frente a esta contingencia, un equipo académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, INTA, de la Universidad de Chile, realizó una investigación donde se demostró que estos residuos del calafate concentran una alta fracción de compuestos antioxidantes altamente bioactiva. El estudio, publicado en la revista científica Food Research International, bajo el título: “Insoluble-bound phenolics from calafate byproducts: Impact on redox status and oxidative protection in Caco-2 cells”, fue liderado por los académicos de INTA Dr. Adriano Costa de Camargo, Dr. Omar Porras y la estudiante del Doctorado en Nutrición y Alimentos Alina Concepción Álvarez, en colaboración con los investigadores María Fernanda Arias-Santé, Miltha Hidalgo, Bárbara Railef, Miguel Ángel Rincón-Cervera, Raquel Bridi y Severino Matias de Alencar. Según explican los líderes de la investigación -que se enmarca en el proyecto FONDECYT regular 1220470, y contó también con la participación de académicos de la Universidad de Almería, España; y de la Universidad de São Paulo, Brasil-, esta iniciativa surgió del interés por estudiar fracciones fenólicas que no suelen ser consideradas o analizadas, “especialmente aquellas unidas a la matriz de subproductos de frutas”. “DESECHOS” DE ALTO POTENCIAL El foco de la investigación liderada por los científicos de INTA estuvo en los compuestos fenólicos insoluble-bound (insolubles-unidos). Es decir, los polifenoles que se encuentran unidos químicamente a la fibra vegetal. Estos, a diferencia de los compuestos solubles, no se absorben en el intestino delgado, lo que les permite llegar prácticamente intactos al colon. Según explica la investigadora Alina Concepción Álvarez, el estudio reveló que los polifenoles unidos a la fibra han sido tradicionalmente subestimados para elaborar productos con propiedades funcionales. “Sin embargo esa característica es la que les permite eludir la digestión y ser bio-transformados y/o liberados por la microbiota intestinal, donde pueden ejercer efectos locales mucho más potentes (que los ingredientes tradicionales)”. Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron un modelo de células intestinales humanas, que les permitió comparar el efecto antioxidante de los compuestos insolubles con el de los extractos libres. De este modo, el equipo observó que solo se necesitaba una cantidad hasta mil veces menor de la fracción insoluble para generar el mismo, o incluso mayor, efecto protector frente al estrés oxidativo. “En términos simples -explica Álvarez-, esto significa que se requiere una dosis muchísimo menor de esta fracción, para provocar un efecto biológico relevante”. En otras palabras, el potencial funcional y nutracéutico del calafate, queda notablemente subestimada, si solo se consideran para este objetivo los extractos solubles tradicionales. Consecuentemente, el equipo liderado por los científicos de INTA demostró que la funcionalidad de un alimento no depende únicamente de la cantidad de antioxidantes que contenga, sino también de cómo estos se integran en la matriz alimentaria. PROYECCIÓN PRODUCTIVA A partir de estas conclusiones, es posible obtener evidencia clave que puede impulsar el desarrollo de nuevos ingredientes provenientes de los desechos del calafate, y que estén específicamente orientados a la salud intestinal y metabólica, así como a aplicaciones nutracéuticas. “Nuestros resultados abren la posibilidad de diseñar ingredientes donde la funcionalidad no dependa solo de polifenoles solubles, sino de su asociación con la fibra, lo que podría tener un impacto directo en la protección epitelial y la modulación del estrés oxidativo”, destacan los investigadores. Más aún, el estudio también refuerza el potencial que muchos otros subproductos de frutas y verduras chilenas, hoy subutilizados y desperdiciados a lo largo de todo el país, pueden tener dentro de un enfoque de economía circular. “Chile genera grandes volúmenes de residuos agroindustriales que aún no se valorizan. Son subproductos que pueden transformarse en ingredientes de alto impacto, reduciendo desechos y generando nuevas cadenas de valor basadas en biodiversidad local”, enfatizan los investigadores. Y si bien es un potencial extremadamente alto, también se requiere de otras herramientas para lograr su aprovechamiento absoluto, pues tal como explica el profesor Adriano Costa de Camargo, los principales desafíos hacia el futuro para implementar nuevas iniciativas de reaprovechamiento y reutilización (conocidas como food upcycling) no son científicos, sino regulatorios y de incentivo público, “para avanzar desde la investigación hacia aplicaciones concretas”. NUEVA PERSPECTIVA ALIMENTARIA El equipo de INTA también enfatizó la importancia de reconsiderar como se evalúa la funcionalidad de los alimentos, recalcando el potencial real de los compuestos investigados. En tal sentido, el estudio pudo demostrar que una fracción que normalmente se descarta, puede ser la más activa y potencialmente más relevante para la salud intestinal. “Es una invitación a avanzar hacia una investigación más integrada entre química, biología celular y sostenibilidad”, destacan los científicos. Dicho de otro modo, la ciencia pudo demostrar que la parte del calafate que normalmente se ignora y arroja a la basura (con todos los graves efectos que ello tiene para el cuidado del medioambiente), puede ser mucho más beneficiosa para nuestras células, que los extractos tradicionales del fruto que hoy se utilizan para elaborar pulpas, mermeladas o jugos. Resultados que también llaman a una profunda reflexión, respecto de la lógica que hoy tienen los paradigmas productivos, y a brindar más espacios de participación y escalamiento al ecosistema emprendedor, que en su gran mayoría ha tenido la visión y la valentía para descubrir el valor de los subproductos agropecuarios, transformándolos en alimentos de alto valor funcional que poco a poco han ganado posicionamiento de mercado, pero que requieren de más apoyo, para impulsar de verdad una bioeconomía circular que se convierta en la base principal de crecimiento de la industria alimentaria presente y futura. GALERÍAOTRAS INFORMACIONES l chocolate es un alimento que generalmente se asocia a placer sensorial, gratificación y conexión con momentos placenteros, como celebraciones, infancia, disfrute personal y compartir con afectos, entre una larga lista de otras emociones. Sin embargo, también está asociado a lo se que conoce como “placer culpable” (aquel que nos genera remordimiento o arrepentimiento), debido a que su alto contenido de nutrientes críticos como azúcares, grasas o calorías, muchas veces se asocia (no siempre con razón) con estilos de vida poco saludables. Todos estos aspectos fueron debidamente considerados por la investigadora de la Universidad Católica del Maule, Dra. Ileana González, quien lideró un trabajo académico que permitió crear bombones de alto valor organoléptico, atractivo sabor y que además permiten prevenir el cáncer gástrico a quienes los consumen. FUNCIONALIDAD CIRCULAR Una de las características más destacada del proyecto de la Dra. González, que fue financiado con fondos del Gobierno Regional del Maule, consiste en que se basa en los principios de la economía circular, pues transformó subproductos de la industria vitivinícola nacional —específicamente de la cepa país— en un alimento funcional. “Lo que hicimos fue tomar los subproductos que se botaban de la agroindustria del vino y les dimos valor agregado, buscando compuestos con propiedades antioxidantes”, explica la académica. Para lograr dicho objetivo, la investigadora ideó un método que permite extraer dichos compuestos del orujo de la cepa país, y utilizarlos como materia prima para elaborar chocolates enriquecidos con extractos antioxidantes, los cuales demostraron, en todas las pruebas realizadas, ser capaces de inhibir la acción de la bacteria Helicobacter pylori, principal causante del cáncer gástrico. De este modo, las personas que consuman estos chocolates, podrán mantener de mejor forma el equilibrio frente al sobrecrecimiento de esta bacteria, lo que permite disponer de un producto que no solo ofrece una solución preventiva de salud, sino que también ayudará a impulsar la economía circular en diversas comunas del Maule. APORTE A LA INNOVACIÓN REGIONAL Estos bombones funcionales, que actualmente están en proceso de licencia y patente, fueron el hito central de la ceremonia realizada por el Gobierno Regional del Maule para lanzar el “Concurso Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo”, que dispone de más de $3.000 millones para productividad y desarrollo. Durante dicha ceremonia, el gobernador regional Pedro Pablo Álvarez-Salamanca destacó que desde la gobernación existe un fuerte compromiso de seguir apoyando proyectos que fortalezcan la investigación a nivel local. “Tenemos tremendas universidades que tienen las capacidades para generar este tipo de proyectos que ayudan tanto a los maulinos como a nivel nacional. Por ello, queremos recordar que los equipos interesados pueden postular a proyectos de innovación con montos de hasta $200 millones, con una duración de 24 meses", enfatizó la autoridad regional. Por su parte, el rector de la UCM, Dr. Claudio Rojas Miño, destacó que este apoyo financiero es destacado motor para la academia. “A nosotros nos ayuda a estimular a que nuestros equipos de investigadores busquen soluciones relevantes, que tengan que ver con las necesidades que existen en el entorno y en la sociedad”, precisó el directivo. La relevancia de estos fondos también fue realzada por la Dra. Ariela Vergara Jaque, directora de Innovación y Transferencia de la Universidad de Talca, quien asistió a la ceremonia. “Estos fondos promueven el desarrollo científico y, sobre todo, la innovación desde nuestros estudiantes y académicos, lo cual es fundamental para nuestras instituciones de educación superior”, comentó. GALERIAOTRAS INFORMACIONES na atractiva solución biotecnológica para revalorizar los desechos de la industria vitivinícola, propone el proyecto liderado por el estudiante del doctorado en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Fabián Otálora. La investigación, realizada en el marco del Concurso de Valorización a la Investigación Universitaria (VIU), financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), plantea convertir residuos como orujo y lías, en materia prima base para otras industrias. MICROORGANISMOS BENÉFICOS La solución propuesta por Otárola consiste en un utilizar un microorganismo específico conocido como Clostridium kluyveri (bacteria no patógena capaz de unir moléculas para formar estructuras más grandes), para impulsar cambios químicos en los materiales de desecho. De este modo se logra una transformación que revaloriza los productos desechados, reduciendo su impacto en el medioambiente y contribuyendo a la consolidación de un importante polo de economía circular regional, que también podría replicarse en otras zonas vitivinícolas del país. Al respecto, Fabián Otárola comenta que este bioproceso permite tomar moléculas de bajo valor agregado, como acetato y etanol, y a partir de ellas obtener moléculas de alto valor agregado y con estructuras de carbono más complejas, como butirato, caproato y caprilato, todas susceptibles de ser utilizadas en otros procesos industriales. “Su principal característica -explica- es que tienen densidad energética más alta, por lo que pueden utilizarse como precursores de biocombustibles, pero también tienen otras cualidades de interés para la industria de los plásticos, cosméticos y alimentación animal, entre otros sectores estratégicos”. El joven investigador de la PUCV también enfatiza que este producto final es una mezcla líquida de ácidos grasos de cadena media, que puede ser de utilidad para diversas industrias, pues constituye una plataforma a partir de la cual se pueden extraer compuestos como C4, C6 o C8 (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas formadas por cadenas complejas de carbono), que pueden cumplir los requerimientos específicos de materias primas para diversas industrias. APORTE DECISIVO PARA LA VITIVINICULTURA Valparaíso es la cuarta región en producción de vino en Chile, y genera más de 27 mil toneladas anuales de residuos vitivinícolas, que incluyen orujo (residuo sólido generado a partir del prensado de las uvas, compuesto por pieles, pulpa, semillas y tallos) y lías (materia sólida que queda en la barrica después de la fermentación, formada principalmente por las levaduras muertas). Si bien este residuo es rico en etanol, ácidos orgánicos y micronutrientes, sólo se aprovecha entre 20 y 25% del mismo (principalmente gracias a iniciativas de algunas viñas y centros especializados como CREAS), mientras que el resto se subutiliza o simplemente se desecha. Esto no solo representa una carga ambiental negativa para el ecosistema y el incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también es una oportunidad perdida de revalorización circular, debilidades que este este proyecto busca corregir. Objetivo doblemente valioso si se considera que nuestro país depende en más de 95% de la importaciones para abastecer su demanda de ácidos grasos de cadena media, los cuales provienen en su mayoría de aceite de palma que se trae desde el sudeste asiático y que a partir de este proyecto, podrían generarse mediante este bioproceso. Esta dependencia del mercado internacional, genera un riesgo económico y, simultáneamente una alta carga contaminante, ya que para producir esta materia prima se deforestan amplias zonas de países como Malasia e Indonesia, perjudicando la flora y fauna nativas. “El tercer problema que hemos identificado es que estos ácidos grasos son traídos a Chile y se usan tal como llegan. En contraparte, nuestro proyecto ofrece a la industria chilena acceso a una tecnología que permite utilizar los ácidos grasos presentes en los desechos vitivinícolas, y ponerlos en valor”, puntualiza Fabián Otárola. “De este modo -añade-, en lugar de importar, proponemos aprovechar los residuos orgánicos para elaborar un producto de alto valor que incluso podría exportarse a su vez. Esto se traduce en menos costo, menos impacto ambiental y más ganancias, pues se reutilizan residuos de las industrias. Todo, en el marco de una auténtica economía circular”. Si bien esta investigación está centrada en los desechos de la industria vitivinícola, también permitiría tratar residuos orgánicos de distintas fuentes, en especial los provenientes de la industria alimentaria, para revalorizarlos. En tal sentido, el autor del proyecto explicó que eventualmente podrían trabajar con materia prima proveniente de casinos escolares, cervecerías e industrias pisqueras, entre otras opciones. GALERIAOTRAS INFORMACIONESInvestigación, liderada por estudiante del doctorado en Biotecnología de la PUCV, propone alternativa amigable con el medio ambiente y de costo asequible para pequeños y medianos productores. n innovador proyecto para producir biofertilizantes útiles en condiciones habituales y durante olas de calor, desarrolla la estudiante del doctorado en Biotecnología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Johanna Cortés. Esta iniciativa forma parte de la investigación que realiza el Grupo de Ecología Microbiana de la Rizosfera, a cargo de la investigadora Carolina Yáñez, del Instituto de Biología de dicha institución. Bajo el nombre de “ThermoGro: formulación y validación de un biofertilizante como estrategia biológica para la adaptación agrícola a eventos de alta temperatura” –realizado en el marco del Concurso de Valorización a la Investigación Universitaria (VIU), de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID)–, el proyecto ofrece una alternativa amigable con el medio ambiente y de costo asequible para ser empleado por pequeños y medianos agricultores. Según explica Johanna Cortés, la principal innovación de ThermoGro radica en que es un biofertilizante de amplio rango y con activación térmica, “lo que quiere decir que no solo puede ser utilizado en las temperaturas estándar de la agricultura, sino también durante las temperaturas elevadas que enfrenta esta actividad, dadas las olas de calor cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Es decir, se trata de un producto único, capaz de biofertilizar a altas temperaturas”. CLAVES TÉCNICAS Hoy la agricultura chilena enfrenta diversos desafíos críticos, como el aumento de eventos de calor extremo por el cambio climático y la dependencia de fertilizantes químicos que impactan negativamente el medioambiente, como la eutrofización de fuentes hídricas. “Frente a esto -explica Johanna Cortés- los biofertilizantes aparecen como una solución sostenible, ya que utilizan microorganismos vivos que promueven el crecimiento vegetal. Sin embargo, la mayoría de los biofertilizantes actuales dependen de rizobacterias sensibles a condiciones extremas (altas temperaturas, salinidad, sequía), lo que limita su eficacia frente a los nuevos escenarios agroclimáticos”. Esto se debe a que tanto los fertilizantes químicos como los biofertilizantes que ocupan bacterias convencionales, ven disminuidas o pierden por completo sus propiedades promotoras de crecimiento vegetal (PGP) cuando se exponen a temperaturas mayores a 35°C. Ello genera importantes mermas en la producción, que afectan principalmente a pequeños y medianos agricultores. Para hacer frente a estas limitaciones, ThermoGro propone una tecnología basada en un “consorcio bacteriano”, compuesto tanto de bacterias mesófilas (microorganismos que viven a temperaturas moderadas), como termófilas (que prosperan a temperaturas superiores a los 45°C y se encuentran en fuentes termales y respiraderos hidrotermales). Esta combinación inédita -según explica la líder del proyecto-, promueve el crecimiento vegetal en un amplio rango térmico, lo que se traduce en mejores opciones para enfrentar eventos climáticos críticos, como sequías y olas de calor. Respecto de su uso, Johanna Cortés comenta que ThermoGro es un producto de fácil aplicación, que se puede emplear en distintos momentos del crecimiento. “Así lo hemos comprobado durante nuestros ensayos de laboratorio, donde lo hemos aplicado desde la plántula hasta llegar al fruto, vía riego, una vez al mes”, explica. Otra de las preocupaciones del equipo, radica en que este nuevo fertilizante no sea dañino para la salud humana, y que el consorcio de bacterias que contiene. no vayan a ser patógenos para la planta o para el microambiente que contiene a la planta. Respecto de lo ensayos realizados, hasta el momento ThermoGro se ha aplicado en tomates, pensando que es un cultivo de alta demanda comercial, sobre todo en la región de Valparaíso, “pero esperamos que este biofertilizante también se pueda aplicar a otro tipo de cultivos”, comentó la investigadora doctoral. PRÓXIMOS PASOS Una vez finalizada la etapa de estudio de las distintas bacterias que integrarían el consorcio base para este nuevo biofertilizante, comenzará la fase de ensayos en semillas para determinar cuál de todas las combinaciones resulta más eficiente. Para tales efectos, durante los ensayos en invernadero, se ajustarán las dosis y se simularán olas de calor, para estudiar el comportamiento del producto. Finalmente, se realizarán ensayos de campo, en lo cuales se suministrará el producto en cultivos de tomate. Respecto de los plazos estipulados para escalar la producción y comercializar el biofertilizante en el mercado nacional, Johanna Cortés informó que este objetivo se alcanzaría en aproximadamente dos años. “Sin embargo, esperamos llegar antes a los agricultores locales para realizar pruebas, gracias también al apoyo de la Corporación de Desarrollo Social del Sector Rural (CODESSER), y del programa Transforma Gestión Hídrica de Valparaíso, de CORFO, entidades que nos están apoyando en este sentido”. GALERIA
OTRAS INFORMACIONESProyecto busca desarrollar especies adaptadas al cambio climático y a la escasez hídrica en territorios con condiciones de desertificación, como la zona norte del país, lo cual es muy importante para abrir la frontera productiva nacional. n nuevo y trascendental logro científico alcanzaron los expertos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), al sembrar en la región de Arica y Parinacota, una variedad arroz que resiste las duras y extremadamente áridas condiciones hídricas del desierto chileno. En esta primera etapa del proyecto, los investigadores sembraron variedad de arroz Jaspe FL INIA, adaptado al cambio climático y a la sequía, ya que es de ciclo corto, y puede producirse con hasta 50 % menos de agua, respecto del arroz tradicional que se cultiva en zonas de inundación. Los líderes de esta iniciativa, junto a autoridades de gobierno, realizaron una visita al predio Pampa Concordia del Centro Regional INIA Ururi, ubicado en Arica y Parinacota, para verificar el crecimiento del cultivo sembrado a fines de mayo de 2025, y corroborar en terreno el estado del arte del innovador proyecto en ejecución. El director nacional de INIA, Carlos Furche, expresó durante la actividad que “es un hito muy significativo, porque estamos poniendo en producción la parcela que tiene INIA en Pampa Concordia, y basta mirar alrededor para entender que hacer agricultura en el desierto requiere mucho trabajo, determinación e inversión, lo que el equipo de INIA Ururi ha hecho”. “Además, esto representa un hito importante porque significa poner al servicio del trabajo de investigación y desarrollo todos los recursos que cuenta y dispone INIA, y la inversión hecha aquí no solo acelerará los procesos de investigación y la multiplicación de semillas, sino que también pone la investigación al servicio de los productores. Así mismo, es una señal para la región de que la agricultura en zonas desérticas o áridas, como esta, es una opción que se puede desarrollar, para generar empleo y riqueza, y diversificar la matriz productiva local”, agregó el ejecutivo. La técnica speed breeding que INIA incorporó a sus programas de mejoramiento genético, permite acelerar el proceso de desarrollo de nuevas variedades, validando su resistencia y productividad en condiciones de estrés que, eventualmente, irán prolongándose a la zona altamente agrícola del centro-sur de Chile (según detallan todos los modelos predictivos que analizan el actual cambio climático). En este sentido, la directora regional de INIA Ururi, Marjorie Allende, señaló que “este ensayo confirma el potencial de las zonas extremas como plataformas para la innovación, y las características agroclimáticas de Arica y Parinacota ofrecen condiciones excepcionales para generar conocimiento transferible a otras regiones del país”. Por su parte, el Seremi de Agricultura de Arica y Parinacota, Ernesto Lee, destacó que “contar con un centro en la región es sumamente importante, ya que va avanzando al alero de la política de zona extrema. En este caso, INIA Ururi tiene especial relevancia para estudiar el agua, el suelo y las plagas en la región. Hoy vimos cómo va avanzando el proyecto de construcción del centro que está en etapa de diseño, y que cuenta con los recursos regionales y gubernamentales para su ejecución”. INNOVACIÓN DE PUNTA Los ensayos de Jaspe en Pampa Concordia están bajo dos modalidades: con bioestimulantes a base de hongos endófitos; y con cultivos sin este producto, para así evaluar simultáneamente su desempeño (ambas modalidades usan sistema de riego por goteo y subterráneo) Los especialistas de INIA prevén que en cinco a seis meses se pueda realizar la primera cosecha de arroz en la región limítrofe, un hito agrícola para la región y la agroindustria nacional. Además, en la parcela hay ensayos de 15 líneas avanzadas que son candidatas para el desarrollo de nuevas variedades de cultivos INIA, dentro del Programa de Mejoramiento genético (PMG) de Arroz. Así mismo, en el corto a mediano plazo también se iniciarán ensayos con otros cultivos de gran interés productivo para el país. CULTIVO CLIMÁTICAMENTE INTELIGENTE La variedad de arroz Jaspe FL INIA es de grano largo y blanco, descendiente del cruzamiento tradicional entre germoplasma ruso y nacional. Este destaca por su ahorro de agua y mayor flexibilidad a la hora de la siembra. Ha sido evaluada bajo riego en ausencia de inundación y bajo riego por goteo, obteniendo excelentes rendimientos de hasta 10 t/ha, en Maule y Ñuble. Esto permite que el cultivo ahorre mayor volumen de agua y agroquímicos, permitiendo el uso de suelos no arcillosos e ingresando al sistema de rotación de otros cultivos, tales como maíz, trigo y porotos, entre otros. Además, es la primera variedad que se libera en el marco del Convenio FLAR – Chile, que permite acceder a nuevos germoplasmas y a mayor biodiversidad genética, lo que fortalece la investigación en mejoramiento genético realizado por INIA, a través de su Programa de Mejoramiento Genético de Arroz, liderado por la investigadora Karla Cordero.
OTRAS INFORMACIONESOrganizaciones y entidades participantes en iniciativa que busca implementar sistemas de packaging más sostenibles, mostraron las iniciativas desarrolladas hasta la fecha, y detallaron los pasos necesarios para poner en marcha en el corto plazo, una estrategia de recolección y valorización de plásticos compostables. l desarrollo de envases y embalajes más sostenibles, que contribuyan a reducir el severo impacto ambiental provocado por la acumulación de plásticos desechables en los ecosistemas, es uno de los objetivos más importantes y ambiciosos que se ha trazado la industria nacional e internacional. Dentro de ese contexto, el martes 1 de julio se realizó el sexto Taller del III Acuerdo de Producción Limpia (APL), oportunidad en que las empresas participantes mostraron los avances realizados y acordaron los próximos pasos para implementar un plan piloto de recolección y valorización de plásticos compostables. Este taller permitió avanzar en la definición del piloto, recogiendo propuestas concretas y alineando expectativas entre los actores clave de la cadena de compostaje. La jornada comenzó con la exposición de Sara Contreras, consultora de CyV Medioambiente, quien presentó los principales aspectos del acuerdo, incluyendo sus metas, objetivos y alcance, así como el estado de avance de las actividades comprometidas por las empresas. También se revisó la programación de la primera fase del APL y los requerimientos mínimos para el ingreso de residuos plásticos compostables al proceso de compostaje. Uno de los puntos centrales fue la Meta N°4, que busca implementar un piloto que involucre a toda la cadena de valor. En dicho contexto, la representante de CyV presentó los datos preliminares del piloto y los requerimientos para su diseño. “Es clave que este piloto se construya desde la experiencia práctica de quienes están operando hoy el compostaje. Esta instancia nos permite escuchar propuestas concretas y sentar las bases de un piloto robusto y replicable”, manifestó durante su presentación. A continuación, los representantes de las demás empresas vinculadas al compostaje compartieron sus respectivas propuestas para el desarrollo del plan piloto. Camila Cabrera e Iván Urzúa, de Ecomaule, propusieron utilizar sus pilas y maquinaria para iniciar el proceso en octubre, trabajando con un mayor volumen de residuos, para facilitar la identificación de los plásticos compostables durante el proceso. A su vez, Nicolás Romero de Zerocorp, compartió los parámetros fisicoquímicos que se deben considerar en los lodos y en la mezcla de compostaje, junto con una propuesta de ensayo en una pila estática aireada a nivel piloto. Desde Ecología en tu Barrio, Hugo Muñoz presentó una propuesta basada en la incorporación de compostaje in situ mediante equipos compostadores modulares, complementada con acompañamiento técnico a través de consultoría especializada. Finalmente, Juan Lazcano de Armony, propuso coordinar la recolección de residuos con locales establecidos y realizar una caracterización detallada de los mismos, para identificar cuáles están autorizados o no, y evaluar el nivel de contaminación presente.
OTRAS NOTICIASProyecto de la PUCV optimizará el cultivo de estos microorganismos, para elaborar nuevos alimentos, fármacos y cosméticos, así como para purificar aguas residuales, entre otros usos. n innovador proyecto que utiliza modelos matemáticos tradicionales junto a técnicas de Inteligencia Artificial (IA), para mejorar la productividad en el cultivo de microalgas, desarrolla actualmente la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). La iniciativa, liderada por el profesor Carlos Martínez, doctor en Ciencias Ambientales de la Universidad de La Sorbonne, Francia; y magister en Ciencias de la Ingeniería con mención en Modelación Matemática, de la Universidad de La Frontera, Temuco, se denomina “Mejora de modelos dinámicos de sistemas de cultivo de microalgas con aprendizaje autónomo”, y corresponde a un proyecto Fondecyt de Iniciación, cuyo principal objetivo es la digitalización de los bioprocesos. Según explica el Dr. Martínez, este trabajo implica establecer modelos matemáticos de microalgas que tengan alta fidelidad, y puedan representar de manera muy precisa su crecimiento. “La idea -detalla el académico- es que el computador pueda tomar decisiones con base en el estado del cultivo, gracias al modelo matemático que le vamos a introducir. La principal innovación tiene relación con el hecho de combinar modelación matemática clásica con métodos de aprendizaje automático”. De este modo, a partir de la información obtenida por sensores que miden el oxígeno disuelto, el dióxido de carbono, la temperatura, el PH y la intensidad luminosa –entre otras variables–, el modelo matemático podrá predecir los distintos escenarios que enfrentarían los cultivos de microalgas, facilitando así la toma de decisiones para controlar el buen estado de la productividad dentro del reactor. “Esta tecnología es útil para cualquier industria que se interese en la producción de microalgas, pues estas tienen muchos usos y aplicaciones como, por ejemplo, en la elaboración de alimentos, tanto para humanos como para animales. De hecho, no es extraño encontrar en una farmacia suplementos alimenticios a base de microalgas como clorella vulgaris o spirulina”, detalla el Dr. Martínez. “También se utilizan en la producción de cosméticos y biocombustibles, donde tal vez no han tenido tanto éxito debido a la baja productividad. Por ello, justamente contar con modelos matemáticos precisos nos podría ayudar a diseñar estrategias de cultivo que puedan aumentar esa productividad”, agrega el académico del Escuela de Ingeniería Bioquímica y del doctorado en Ingeniería Bioquímica de la PUCV. INDUSTRIA 4.0 El proyecto liderado por el doctor Martínez consta de dos etapas. La primera, actualmente en curso, se enfoca en la recolección de datos necesarios para entrenar el modelo. La segunda, en tanto, consiste en el entrenamiento de modelos propiamente tal, con el objetivo de tener un producto funcional dentro de dos años. Esta iniciativa apunta a la digitalización de los bioprocesos, palabra clave dentro del actual desarrollo de la “Industria del 4.0”, y que se basa en la integración de tecnologías digitales inteligentes en los procesos industriales y productivos. La Industria 4.0 implica, entre otras variables, la interconexión de dispositivos, automatización, análisis de grandes cantidades de datos y uso de Inteligencia Artificial, especialmente generativa, para crear fábricas inteligentes y cadenas de suministro más eficientes. En este contexto, el proyecto Fondecyt que lidera el académico de la PUCV, pretende hacer modelos matemáticos que puedan representar de manera muy precisa el crecimiento de microalgas, pensando en escalarlos a corto plazo a la industria, para aportar en la digitalización de sus bioprocesos. “Estas técnicas de modelación híbrida que combinan modelos clásicos con aprendizaje automático sirven para cualquier bioproceso. Durante esta investigación vamos a implementarlas en microalgas, pero la idea es extrapolar a otros bioprocesos. De hecho, nos acabamos de adjudicar un proyecto interdisciplinario interno de la PUCV en el que vamos a usar técnicas de modelación similares, pero en levaduras, para la producción de proteínas recombinantes”, indicó el académico.
OTRAS INFORMACIONESIniciativa, desarrollada junto a ChilePan y apoyada por la Dirección de Gestión Tecnológica de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación, propone incorporar este nutriente esencial al pan tradicional. l Centro de Estudios en Ciencia y Tecnología de los Alimentos (CECTA) de la Universidad de Santiago (Usach), puso en marcha una avanzada investigación aplicada, que promete revolucionar a la industria panadera. Se trata del proyecto FONDEF IDeA I+D “Obtención de una cepa de levadura sobre productora de ergosterol para su uso en la producción de pan suplementado con vitamina D”. Dicha iniciativa, liderada el Dr. Eduardo Kessi-Pérez, investigador de CECTA, cuenta con la participación de la Asociación de Panaderías y Pastelerías de Chile (ChilePan) y, además, es apoyada en su ejecución por la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación (Vriic) de la Usach, a través de su Dirección de Gestión Tecnológica. Según explica el Dr. Kessi-Pérez, esta investigación surge de la necesidad de abordar la deficiencia de vitamina D, que afecta a más de la mitad de la población en el país. Dicho problema de salud pública motivó al Estado a modificar el Reglamento Sanitario de los Alimentos (RSA), promoviendo la fortificación de la leche blanca y la harina, cuya entrada en vigencia se aplazó hasta 2026. Dado el alto consumo de pan a nivel nacional, el equipo de investigación de CECTA propuso innovar en su valor nutricional, con el objetivo de aportar a la salud de quienes lo consumen. En tal sentido, el líder del equipo investigador puntualiza que la idea es “desarrollar una levadura panadera sobre productora de ergosterol, que luego se transforme en vitamina D para obtener un pan suplementado y, eventualmente, comercializable”. RESULTADOS AUSPICIOSOS El proyecto comenzó en mayo de 2024, y durante su primera fase superó todas las expectativas iniciales. Por ejemplo, a nivel de laboratorio se obtuvieron levaduras que producen entre 30 % y 90 % más de ergosterol respecto a una levadura comercial. Actualmente, el equipo de investigación trabaja en la conversión de este ergosterol a vitamina D. El objetivo de la siguiente etapa es “elaborar pan suplementado con vitamina D y asegurar que organolépticamente sea muy similar en sabor, aroma y textura, al pan producido con levadura comercial”, enfatiza el Dr. Kessi-Pérez. Asimismo, al término de la investigación, se espera alcanzar un nivel de madurez tecnológica de TRL 5, validando la levadura en un entorno real, junto a los productores panaderos de ChilePan. “Esperamos que el pan suplementado tenga un contenido de vitamina D similar al de otros alimentos suplementados que están en el mercado, como algunos cereales y lácteos”, explica el Dr. Kessi-Pérez. INNOVACIÓN REVOLUCIONARIA Desde ChilePan valoran esta colaboración con CECTA, destacando su potencial para conectar al sector panadero con la comunidad científica. Según explica Pedro Jofré Meza, representante del gremio, la iniciativa aborda “uno de los mayores dolores de la industria panadera tradicional; transformar el pan en un producto saludable, y un vehículo de salud que pueda ser percibido como tal por la población”. En tal sentido, Jofré enfatiza que su consumo en Chile ha evolucionado en los últimos años, hacia productos más integrales y saludables, “lo que se ve reflejado en una mayor conciencia de los consumidores por una alimentación equilibrada”. Por ende, considera que para los productores “es fundamental incorporar mejores técnicas, procesos, ingredientes y nuevas variedades del producto final, para así posicionar al pan como un producto que no solo alimenta, sino que también contribuye a la salud”. Del mismo modo, Jofré destaca que la participación de ChilePan en el proyecto permite transformar al gremio en un agente articulador más relevante e “impulsor de iniciativas innovadoras de desarrollo tecnológico, que apuntan a que la industria fluya hacia un estatus más moderno y en sintonía con las tendencias actuales de hábitos de consumo más saludables”. Todo ello con el objetivo de aportar significativamente a la alimentación, salud y calidad de vida integral de todas las personas.
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