Desarrollan aceites saludables para mitigar progresión de enfermedades crónicas no transmisibles11/28/2025 uidar la salud nutricional mediante prácticas sostenibles y circulares, es esencial para asegurar mayor calidad de vida a una población que envejece y sufre los efectos de la contaminación ambiental y la acumulación de gases de efecto invernadero. En este contexto, una de las estrategias más efectivas para potenciar la nutrición saludable, consiste en evitar la propagación de enfermedades crónicas no transmisibles, como obesidad, diabetes o hígado graso, entre otras. Este es, precisamente, uno de los objetivos del proyecto de ANID-Fondecyt Regular, liderado por el profesor e investigador de la Escuela de Agronomía de la PUCV, Cassamo Mussagy y la doctora en biotecnología, Angie Caicedo, ambos pertenecientes al Laboratorio de Desarrollo de Bioprocesos. El proyecto, tiene por nombre “Greenchar” y, tal como lo señala el profesor Mussagy, busca “aprovechar integralmente los residuos agroindustriales, agregando valor a cada etapa del proceso”. "En el caso de la palta, por ejemplo, los descartes pueden utilizarse para obtener pigmentos antioxidantes y aceites para desarrollar otras bioformulaciones que se aplican directamente en la producción de insumos destinados a las industrias agrícolas y alimentarias. De esta manera, promovemos procesos más sostenibles, eficientes y con menor impacto ambiental", enfatiza el académico e investigador. El profesor Mussagy agrega que “en estos momentos estamos desarrollando una investigación que va en la línea de los aceites saludables y biomateriales inteligentes en colaboración con países como Francia, Canadá, España, Colombia, México, Brasil y Portugal. Se trata de un proyecto con un fuerte componente de cooperación internacional, que no solo promueve la investigación conjunta, sino que también favorece el intercambio y la transferencia de conocimientos desde nuestra universidad hacia el mundo”. ACEITES SALUDABLES La doctora en Biotecnología e investigadora del proyecto, Angie Caicedo, explica que lo aceites saludables son “lípidos con funciones beneficiosas para el organismo”. “También se conocen como lípidos funcionales o triglicéridos estructurados, y en proyecto, lo que hacemos es modificar de manera intencional aceites convencionales mediante tecnología enzimática. Al cambiar su estructura, podemos mejorar su digestibilidad, su estabilidad y su impacto en la salud, obteniendo aceites con propiedades más favorables para el metabolismo humano”, detalla Caicedo. El trabajo desarrollado por los investigadores y su equipo comienza con la utilización de aceites provenientes de residuos agroindustriales como materia prima. Estos son posteriormente modificados mediante tecnología enzimática. “En la primera etapa del proyecto hemos logrado obtener aceites de excelente calidad a partir de estos residuos, con resultados muy prometedores. Actualmente estamos trabajando específicamente con aceite de palma, sobre el cual estamos realizando distintas modificaciones utilizando enzimas seleccionadas”, detalla la Dra. Caicedo. “Nuestro objetivo -agrega-, es incorporar ácidos grasos que puedan ser metabolizados rápidamente por el organismo, lo que se traduce en un aceite más saludable y adecuado para el consumo humano”. APORTES MULTIGENERACIONALES El equipo del Laboratorio de Desarrollo de Bioprocesos Sostenibles (LABISOST) de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, también trabaja en el diseño de otros tipos de aceites saludables, como, por ejemplo, de uva, con el cual han demostrado beneficios en la prevención y reversión de enfermedades crónicas no transmisibles mediante modelos animales. Al igual que en otras investigaciones, el profesor Cassamo Mussagy incorporó en este proyecto a estudiantes de pregrado, para que participaran en el trabajo de laboratorio. Fue así como los alumnos de la carrera de Ingeniería en Agronomía de la PUCV, Antonia Cruz, Camila Osses y Cristóbal Alvarado, contribuyeron con sus conocimientos adquiridos en el aula en el proyecto. GALERIAOTRAS INFORMACIONES
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na atractiva solución biotecnológica para revalorizar los desechos de la industria vitivinícola, propone el proyecto liderado por el estudiante del doctorado en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Fabián Otálora. La investigación, realizada en el marco del Concurso de Valorización a la Investigación Universitaria (VIU), financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), plantea convertir residuos como orujo y lías, en materia prima base para otras industrias. MICROORGANISMOS BENÉFICOS La solución propuesta por Otárola consiste en un utilizar un microorganismo específico conocido como Clostridium kluyveri (bacteria no patógena capaz de unir moléculas para formar estructuras más grandes), para impulsar cambios químicos en los materiales de desecho. De este modo se logra una transformación que revaloriza los productos desechados, reduciendo su impacto en el medioambiente y contribuyendo a la consolidación de un importante polo de economía circular regional, que también podría replicarse en otras zonas vitivinícolas del país. Al respecto, Fabián Otárola comenta que este bioproceso permite tomar moléculas de bajo valor agregado, como acetato y etanol, y a partir de ellas obtener moléculas de alto valor agregado y con estructuras de carbono más complejas, como butirato, caproato y caprilato, todas susceptibles de ser utilizadas en otros procesos industriales. “Su principal característica -explica- es que tienen densidad energética más alta, por lo que pueden utilizarse como precursores de biocombustibles, pero también tienen otras cualidades de interés para la industria de los plásticos, cosméticos y alimentación animal, entre otros sectores estratégicos”. El joven investigador de la PUCV también enfatiza que este producto final es una mezcla líquida de ácidos grasos de cadena media, que puede ser de utilidad para diversas industrias, pues constituye una plataforma a partir de la cual se pueden extraer compuestos como C4, C6 o C8 (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas formadas por cadenas complejas de carbono), que pueden cumplir los requerimientos específicos de materias primas para diversas industrias. APORTE DECISIVO PARA LA VITIVINICULTURA Valparaíso es la cuarta región en producción de vino en Chile, y genera más de 27 mil toneladas anuales de residuos vitivinícolas, que incluyen orujo (residuo sólido generado a partir del prensado de las uvas, compuesto por pieles, pulpa, semillas y tallos) y lías (materia sólida que queda en la barrica después de la fermentación, formada principalmente por las levaduras muertas). Si bien este residuo es rico en etanol, ácidos orgánicos y micronutrientes, sólo se aprovecha entre 20 y 25% del mismo (principalmente gracias a iniciativas de algunas viñas y centros especializados como CREAS), mientras que el resto se subutiliza o simplemente se desecha. Esto no solo representa una carga ambiental negativa para el ecosistema y el incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también es una oportunidad perdida de revalorización circular, debilidades que este este proyecto busca corregir. Objetivo doblemente valioso si se considera que nuestro país depende en más de 95% de la importaciones para abastecer su demanda de ácidos grasos de cadena media, los cuales provienen en su mayoría de aceite de palma que se trae desde el sudeste asiático y que a partir de este proyecto, podrían generarse mediante este bioproceso. Esta dependencia del mercado internacional, genera un riesgo económico y, simultáneamente una alta carga contaminante, ya que para producir esta materia prima se deforestan amplias zonas de países como Malasia e Indonesia, perjudicando la flora y fauna nativas. “El tercer problema que hemos identificado es que estos ácidos grasos son traídos a Chile y se usan tal como llegan. En contraparte, nuestro proyecto ofrece a la industria chilena acceso a una tecnología que permite utilizar los ácidos grasos presentes en los desechos vitivinícolas, y ponerlos en valor”, puntualiza Fabián Otárola. “De este modo -añade-, en lugar de importar, proponemos aprovechar los residuos orgánicos para elaborar un producto de alto valor que incluso podría exportarse a su vez. Esto se traduce en menos costo, menos impacto ambiental y más ganancias, pues se reutilizan residuos de las industrias. Todo, en el marco de una auténtica economía circular”. Si bien esta investigación está centrada en los desechos de la industria vitivinícola, también permitiría tratar residuos orgánicos de distintas fuentes, en especial los provenientes de la industria alimentaria, para revalorizarlos. En tal sentido, el autor del proyecto explicó que eventualmente podrían trabajar con materia prima proveniente de casinos escolares, cervecerías e industrias pisqueras, entre otras opciones. GALERIAOTRAS INFORMACIONES |
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