l chocolate es un alimento que generalmente se asocia a placer sensorial, gratificación y conexión con momentos placenteros, como celebraciones, infancia, disfrute personal y compartir con afectos, entre una larga lista de otras emociones. Sin embargo, también está asociado a lo se que conoce como “placer culpable” (aquel que nos genera remordimiento o arrepentimiento), debido a que su alto contenido de nutrientes críticos como azúcares, grasas o calorías, muchas veces se asocia (no siempre con razón) con estilos de vida poco saludables. Todos estos aspectos fueron debidamente considerados por la investigadora de la Universidad Católica del Maule, Dra. Ileana González, quien lideró un trabajo académico que permitió crear bombones de alto valor organoléptico, atractivo sabor y que además permiten prevenir el cáncer gástrico a quienes los consumen. FUNCIONALIDAD CIRCULAR Una de las características más destacada del proyecto de la Dra. González, que fue financiado con fondos del Gobierno Regional del Maule, consiste en que se basa en los principios de la economía circular, pues transformó subproductos de la industria vitivinícola nacional —específicamente de la cepa país— en un alimento funcional. “Lo que hicimos fue tomar los subproductos que se botaban de la agroindustria del vino y les dimos valor agregado, buscando compuestos con propiedades antioxidantes”, explica la académica. Para lograr dicho objetivo, la investigadora ideó un método que permite extraer dichos compuestos del orujo de la cepa país, y utilizarlos como materia prima para elaborar chocolates enriquecidos con extractos antioxidantes, los cuales demostraron, en todas las pruebas realizadas, ser capaces de inhibir la acción de la bacteria Helicobacter pylori, principal causante del cáncer gástrico. De este modo, las personas que consuman estos chocolates, podrán mantener de mejor forma el equilibrio frente al sobrecrecimiento de esta bacteria, lo que permite disponer de un producto que no solo ofrece una solución preventiva de salud, sino que también ayudará a impulsar la economía circular en diversas comunas del Maule. APORTE A LA INNOVACIÓN REGIONAL Estos bombones funcionales, que actualmente están en proceso de licencia y patente, fueron el hito central de la ceremonia realizada por el Gobierno Regional del Maule para lanzar el “Concurso Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo”, que dispone de más de $3.000 millones para productividad y desarrollo. Durante dicha ceremonia, el gobernador regional Pedro Pablo Álvarez-Salamanca destacó que desde la gobernación existe un fuerte compromiso de seguir apoyando proyectos que fortalezcan la investigación a nivel local. “Tenemos tremendas universidades que tienen las capacidades para generar este tipo de proyectos que ayudan tanto a los maulinos como a nivel nacional. Por ello, queremos recordar que los equipos interesados pueden postular a proyectos de innovación con montos de hasta $200 millones, con una duración de 24 meses", enfatizó la autoridad regional. Por su parte, el rector de la UCM, Dr. Claudio Rojas Miño, destacó que este apoyo financiero es destacado motor para la academia. “A nosotros nos ayuda a estimular a que nuestros equipos de investigadores busquen soluciones relevantes, que tengan que ver con las necesidades que existen en el entorno y en la sociedad”, precisó el directivo. La relevancia de estos fondos también fue realzada por la Dra. Ariela Vergara Jaque, directora de Innovación y Transferencia de la Universidad de Talca, quien asistió a la ceremonia. “Estos fondos promueven el desarrollo científico y, sobre todo, la innovación desde nuestros estudiantes y académicos, lo cual es fundamental para nuestras instituciones de educación superior”, comentó. GALERIAOTRAS INFORMACIONES
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Académicos de las universidades de Talca y Católica del Maule, advierten que el incremento de temperaturas puede causar la aparición de amenazas desconocidas, y llaman a reforzar el manejo integrado de los cultivos, reduciendo además la dependencia de pesticidas. ebido al cambio climático, nuevas plagas comienzan a propagarse por nuestro territorio donde encuentran condiciones propicias para instalarse y multiplicarse, situación que afecta directamente la labor agrícola y las exportaciones. Así lo explicó el entomólogo y académico de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Talca, Eduardo Fuentes, quien destacó que “estamos experimentando en varias regiones incrementos en las temperaturas. Muchas plagas responden a este cambio aumentando su desarrollo, reproducción y sobrevivencia, por lo que en el futuro el impacto en los cultivos será más importante”. Uno de los casos que más preocupa a los académico es la mosca de alas manchadas (Drosophila suzukii). “Con el cambio climático, muchas especies que antes no eran plagas están comenzando a serlo como, por ejemplo, la mosca Drosophila suzukii, que llegó en 2017 y está causando cada vez más daño, sobre todo en cerezos”, precisó Margarita Correa, académica de la Universidad Católica del Maule. El impacto en el agro de la mosca Drosophila suzukii se da principalmente porque ataca la fruta sana y aumenta los costos de control. Esto implica la urgencia de reforzar el monitoreo en cerezos y otros frutales, junto con la aplicación de programas de capacitación transversal para productores y estudiantes. “El surgimiento de nuevas plagas es permanente y la adaptación debe ser colectiva abarcando el sector agrícola, academia e instituciones. El desafío es que el control sea efectivo y, a la vez, más sustentable”, advierte Eduardo Fuentes. De hecho, la presión que genera la llegada de estos insectos no solo se refleja en el área agrícola, sino también en el ámbito comercial, pues “basta detectar unos pocos individuos en embarques, para que estos no puedan enviarse a ciertos mercados, porque son plagas cuarentenarias y el daño es tremendo, aunque la presencia sea baja”, agrega el académico de la UTalca. Ante este escenario, las universidades están desarrollando propuestas como el, recientemente impartido, curso gratuito “Avances en el Manejo Integrado de Plagas” que se enmarca en el proyecto Anillo de Investigación PIC² (Insectos Plaga y Cambio Climático) y que es financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). “El curso que dictamos es parte de un proyecto colaborativo de distintas casas de estudio. Analizamos cómo el cambio climático afecta las plagas agrícolas, veterinarias y médicas, y formamos estudiantes para que comprendan el manejo en distintos contextos”, explicó Fuentes. El académico concluye, asimismo, que en este nuevo escenario “hay que adaptar las herramientas a ambientes más cálidos, porque algunas podrían perder eficacia. La idea es avanzar hacia alternativas más sustentables: feromonas, enemigos naturales y productos de origen natural, dejando los insecticidas solo para el mínimo necesario”. GALERÍA
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