no de los desafíos más complejos y dramáticos, de la industria y el mercado alimentario, es la constante lucha contra el desperdicio, que según recientes estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, alcanza cada año a cerca de 1.300 millones de toneladas en todo el mundo. Parte importante de esas pérdidas (que representan un tercio de todo lo que se elabora para consumo humano) no ocurre en los hogares, sino durante las fases de transporte, almacenamiento y distribución de productos, especialmente en zonas donde es prácticamente imposible, o muy difícil, mantener la cadena de frío. De hecho, solo América Latina pierde anualmente una cantidad equivalente al 15% de su producción total de alimentos, debido a distintas fallas que ocurren habitualmente a lo largo de esta cadena de suministro. Frente a este escenario, el envasado aséptico se posiciona como una herramienta concreta y de impacto medible, tanto a nivel nutricional como sostenibilidad y protección del medioambiente. TECNOLOGÍA QUE VENCE OBSTÁCULOS A diferencia del envase convencional con cadena de frío, la tecnología aséptica permite que productos como jugos, lácteos, sopas y aceites comestibles se conserven durante meses a temperatura ambiente, sin sacrificar calidad ni inocuidad. Además, contribuye a hacer más eficientes las cadenas de suministro al reducir la dependencia de infraestructura refrigerada durante el almacenamiento y distribución. Uno de los exponentes más especializados de esta evolución tecnológica sostenible es la compañía SIG, que recientemente recibió un reconocimiento por sus destacados aportes en la categoría Save Food de los Premios Viva Chile Packaging. Un galardón que refuerza el rol de esta tecnología como solución de conveniencia y como respuesta a uno de los grandes desafíos alimentarios de la región y del mundo. Al respecto, Fernanda Salas, gerenta de Marketing PACCE de SIG destaca que en categorías de alto consumo, como jugos, lácteos y aceites, “el envasado aséptico puede extender la vida útil de un producto de semanas a varios meses, sin necesidad de refrigeración”. “Esto no es solo un dato técnico, sino un avance que marca la diferencia entre que un alimento llegue o no a la mesa de una familia en zonas remotas”, añade la ejecutiva. Precisamente la falta de infraestructura de refrigeración en zonas rurales de Latinoamérica es uno de los factores que más impulsa la demanda por estas soluciones asépticas, pues en las áreas más remotas y apartadas, donde hay déficit energético o mal funcionamiento de las redes eléctricas y no existen cadenas de frío, contar con un envase que no requiera mantención especial, cambia completamente la ecuación logística para productores y distribuidores. "Allí donde la cadena de frío no existe o no es confiable, el packaging aséptico deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en un habilitador, pues permite que ciertos productos simplemente existan en ese mercado. Y eso impacta directamente en la reducción de mermas, porque los alimentos llegan en condiciones óptimas aunque hayan recorrido cientos de kilómetros sin refrigeración", recalca Salas. CASO DE ÉXITO Un ejemplo concreto de estos aprendizajes es el envase desarrollado por SIG para la marca Smart Earth Camelina Oil, aceite de nicho con alta sensibilidad oxidativa que requería una solución de packaging capaz de preservar sus propiedades por un tiempo prolongado, sin comprometer su calidad. El proceso reveló cuánto puede aportar el diseño del envase aséptico no solo en términos de shelf life (duración), sino también en la reducción real de mermas durante el proceso productivo y la distribución. Para la ejecutiva de SIG, "el proyecto con Smart Earth Camelina Oil nos mostró algo que vale para muchas categorías: cuando el packaging está bien diseñado desde el origen, las pérdidas de producto durante el proceso y la distribución pueden reducirse de forma significativa. Y no se trata solo de extender la fecha de vencimiento, sino de asegurar que la menor cantidad posible de producto se pierda antes de llegar al consumidor”. De este modo, y a medida que la lucha contra el desperdicio alimentario adquiere cada vez más urgencia -impulsada por organismos como FAO y por la necesidad de cumplir los compromisos internacionales enmarcados en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12, ODS 12 (Producción y Consumo Responsables)-, el envasado aséptico se consolida como herramienta clave para ayudar a la industria alimentaria a avanzar hacia sistemas alimentarios más resilientes, eficientes y alineados con la reducción global del desperdicio de alimentos. Además, la tecnología aséptica combina procesos de esterilización del producto y del envase con un llenado en condiciones controladas, permitiendo preservar alimentos de forma segura durante largos períodos, sin necesidad de utilizar más conservantes ni refrigeración. GALERÍAOTRAS NOTICIAS
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