|
Para la exitosa emprendedora gastronómica italiana, hoy existe entre las personas una "errónea cultura de lo saludable", que privilegia la ingesta excesiva de alimentos procesados, en lugar de valorar la calidad y contenido nutritivo de las recetas caseras tradicionales. uando Angélica Salerni llegó a Santiago en 2015, procedente de Milano, Italia, traía consigo solo su energía perseverante y el sueño de forjar una carrera gastronómica que le permitiera dar nuevo valor agregado a la cocina chilena. Sin embargo, su destino cambió radicalmente cuando sus amigos y conocidos descubrieron su gran talento para la cocina. Fue en ese preciso momento en que se le ocurrió comenzar a ofrecer a domicilio, platos preparados típicos italianos. De entre todos, la focaccia, “hermana rebelde de la pizza” -como ella misma la define-, se transformó rápidamente en protagonista de eventos, tertulias y espacios de catering en los que participó, gracias a las redes de contacto que fue forjando. Éxito directamente derivado de su habilidad para darle a esta preparación típica de la cocina italiana, un sabor único y capaz -literalmente-, de hacer volar los sentidos al comensal más exigente. Así fue como, con el paso del tiempo y tras un complejo camino lleno de complejos desafíos, nació Lady Focaccia, marca que se convirtió en sinónimo de calidad, pasión y autenticidad gastronómica, y que hoy cuenta con una exitosa cadena de locales ubicados en Los Trapenses, El Rodeo, Estadio San Carlos de Apoquindo, Camino del Alba, Américo Vespucio Sur, Casa Costanera, Costanera Center y Aeropuerto Internacional de Santiago. Cada uno de ellos no solo ofrece un trozo de Italia en forma de focaccia, sino que también brindan espacios acogedores y visualmente atractivos, con una estética contemporánea donde predominan los tonos rosas con toques verdes. Además la marca también se destaca por su compromiso con la sostenibilidad, utilizando envases biodegradables y reduciendo al mínimo el uso de plásticos en sus entregas. Y aunque Angélica hace un tiempo, regresó a Milano, de todos modos sigue profundamente conectada con Lady Focaccia, gestionando el negocio junto a sus dos socios en Chile, Rodrigo Ballesteros y Juan Petito, y viajando con frecuencia a nuestro país, para asegurarse de que cada detalle de sus preparaciones mantenga la autenticidad y calidad que han definido su éxito como marca. Una expansión ambiciosa, pero que promete conservar al 100% la esencia tradicional casera italiana, que ha conquistado miles de paladares en nuestro país y que promete seguir “compartiendo un pedacito de Italia, con cada focaccia a la vez”, tal como destaca la propia Angélica, con una permanente sonrisa de satisfacción dibujada en su luminoso y alegre rostro. - Angélica, ¿Cómo surgió esta idea y cómo lograste concretarla y transformarla en un emprendimiento tan exitoso? Todo nació de forma bastante casual, en el sentido de que primero elegí mudarme a Chile con mi familia, cortando con el pasado y aprovechando que teníamos amigos aquí. Y al llegar me encantó tanto el país, su cultura, el arte, la estética de la ciudad y, por supuesto la majestuosa belleza de la inmensa cordillera, que de inmediato pensé en que debía aportar con algo trascendente para esta tierra. Yo tengo estudios de gastronomía y comunicación, así que mi primera intención fue diseñar un proyecto relacionado con esas áreas, pero topé al instante con la dificultad de que no hablaba nada de español, y crear comunicación en una lengua distinta de la materna, es muy difícil. Sin embargo, por esos días una amiga de la comunidad italiana me invitó a tomar un trago en casa de otra amiga chilena, y fue en ese momento que me dije, “voy a preparar un buen aperitivo italiano para llevar de sorpresa”, así que llegué con un Aperol Spritz y una auténtica focaccia. El resultado fue espectacular, porque la anfitriona quedó super fascinada con el producto y después de unos días me llamó y me dijo, " tengo un evento en la UDD (ella trabajaba ahí), ¿me podrías hacer unas focaccias para llevar?" Y aunque en ese momento solo tenía un horno pequeño en casa, acepté el desafío, las preparé y, por supuesto, fueron todo un éxito. Y así fue como partió toda esta historia. - ¿Es muy complejo preparar focaccias italianas con materias primas chilenas? Todo depende de cuánto te esmeras en buscar. De hecho, yo comencé así, porque desde un principio quise enseñarles a mis hijas, que entonces eran muy pequeñas, la auténtica cultura gastronómica italiana, con sus sabores, aromas y texturas, así que empecé a estudiar, a salir y recorrer supermercados y otras tiendas, buscando siempre a los mejores proveedores y probando todos los productos locales. El paso siguiente fue incorporar la cocina y para eso buscamos una casa que, precisamente, tuviera ese equipamiento. La encontramos, la arreglamos, la dejamos lista para funcionar, y desde ese momento comencé con esta aventura que partió como microempresa familiar y donde en un principio también organizaba eventos, en los que poco a poco me fui haciendo más y más conocida. Y aunque entonces cocinaba de todo, incluyendo risotto, pastas y distintas preparaciones de vitello (vacuno), la gente siempre se quedaba con el recuerdo de la focaccia, así que decidí decantarme por esa imagen de marca. Esto me llevó a la apertura de mi primera tienda, que no solo fue algo económicamente importante, sino también simbólicamente relevante, porque era la primera vez que contaba con un emprendimiento propio de gastronomía italiana, y resulta que la había abierto en un país distinto y lejano. De hecho, en Italia nunca tuve un restaurante, un bistró o una tienda de gastronomía. Tuve que viajar hasta Chile, a miles de kilómetros de mi hogar, para realizarme como emprendedora gastronómica. - ¿Esos comienzos fueron muy complejos, por las diferencias culturales con quienes colaboraron contigo en la cocina o en otras tareas? Tuvo sus complicaciones, porque estaba compartiendo espacios de cocina con personas de una cultura extranjera que nunca habían cocinado comida italiana en su vida. Y tenía que explicarles, por ejemplo, lo que era una mozzarella o cómo usar las berenjenas y otras materias primas. Y literalmente tuve que partir de cero, enseñando y guiando a mis ayudantes, aunque también fue un proceso muy entretenido, porque crecimos juntos con todo mi equipo. - ¿Y qué otras anécdotas guardas de ese período? Algo muy divertido de estos tiempos era que mucha gente en los primeros eventos donde participé, me decía: “qué rico el pancito”, y yo con todo mi temperamento controlado, porque los italianos somos muy apasionados, y a veces explosivos, tenía que decirles que mi producto no era “un pancito”, sino una focaccia. Después aparecían otros clientes que me pedían “fugazas”, y yo otra vez tenía que corregirles, porque fugaza es una expresión particular que solo se ocupa en la región de Liguria, pero la palabra correcta en italiano es, y será, siempre focaccia. LA CONSOLIDACIÓN DE UN SUEÑO - ¿Cuánto tiempo transcurrió entre esta inspiración y la creación de tu primera tienda? Fue todo bastante rápido, porque llegué a Chile en febrero de 2016, y ya en septiembre de ese mismo año empecé a producir mis primeras focaccias para venderlas desde casa. La primera tienda propiamente tal la abrí a comienzos de 2018, en el Mall Vivo de Los Trapenses. Fue una aventura muy interesante y entretenida, hasta que nos impactó el “estallido social” y luego la Pandemia de COVID, que marcaron el principio de una época bastante oscura y que terminó con la ruptura con mis socios de entonces. - ¿Por culpa de la pandemia? Por eso y otras cosas. En realidad caí en una jugada sucia, donde me perjudicaron con una maniobra que terminó en una inesperado aumento de capital tremendo en la sociedad. Eso me liquidó, e hizo que me quitaran todo, salvo mis ganas y perseverancia para reinventarme y salir adelante una vez más. - ¿Fue muy difícil recuperarte de este golpe, levantarte y renacer como Lady Focaccia? Bueno, lo fundamental fue el hecho de que entonces ya tenía una tremendo equipo de colaboradores esforzados, y por sobre todo muy leales, a quienes les ofrecí la posibilidad de quedarse conmigo, aunque sin poder garantizarles nada. Ni éxitos, ni ganancias inmediatas. Ni siquiera teníamos la seguridad de contar con un nuevo local pronto, pero así y todo confiaron en mi, y decidimos seguir adelante. Afortunadamente, en ese tiempo había muchos empresarios entre mis clientes y su apoyo me ayudó a reemprender el rumbo durante la pandemia. Además, mi producto era especialmente favorable para el delivery, así que poco a poco empezamos a recibir más y más pedidos. Claro que en ese momento no podía ocupar mi antigua marca -que no voy a nombrar ahora-, así que nos surgió la duda de cómo podíamos darnos a conocer más. Afortunadamente, todo empezó a darse de manera natural, porque fueron los propios clientes quienes empezaron a llamarme Lady Focaccia, y ese nombre me gustó de inmediato. Y a así se quedó hasta hoy. SABORES ÚNICOS - ¿Cuál es la característica única que te ha permitido surgir, superar tantos obstáculos y tener tan buen posicionamiento de mercado en todos estos años? Creo que la clave es la pasión que siento por la gastronomía italiana, así como mi deseo profundo de compartir esa pasión con quienes no conocen mi cultura y sus secretos gastronómicos. Así, además, puedo darles la oportunidad de disfrutar algo distinto, sabroso y atractivo, y muy diferente a lo que comen todos los días. Además, todo el equipo ya está súper motivado con esa mentalidad, y con la voluntad de brindarle al cliente una experiencia cercana y empática, con un trato cordial directo, y donde sienta que siempre será bienvenido, sin importar cómo ha estado el día. Y eso hacemos todos, porque así los clientes vuelven felices, tal como lo han hecho hasta ahora. Además, también es muy importante mantener siempre la humildad y reconocer que tus trabajadores no son solo un número, sino parte esencial de tu logro. Sin ellos no soy nadie. - Claro que también eres osada y rupturista en tus propuestas, tal como se refleja en tus envases de colores llamativos. Claro, porque creo que la estética italiana también es llamativa y debe generar impacto. Al principio muchos nos decían que ningún hombre compraría comida en cajas rosadas, pero igual decidimos usarlas, porque rompen el esquema y son parte del auténtico espíritu de Lady Focaccia. Y fue una muy buena decisión, porque esos envases, que además son reciclables, potenciaron visualmente la marca, le permitieron ganar aceptación transversal y hoy son parte imborrable de nuestra esencia. - Hoy ya no vives en Chile, porque tuviste que regresar a Italia por un tema familiar. ¿Cómo proyectas entonces tu desarrollo futuro, y cómo esperar mantener la calidad de tus productos? Claramente hoy es mucho más complicado administrar este sueño de mi vida, desde el otro lado del mundo, a miles de kilómetros de distancia. Pero también soy madre, y llegó un minuto donde tuve que tomar una decisión por el bien de mis hijas. Y aunque trato de viajar lo más seguido que puedo, no siempre se puede. Sin embargo, tengo un gran equipo de colaboradores y, por sobre todo, nuevos socios, Rodrigo Ballesteros y Juan Petito (quienes crearon el actual modelo de negocios de franquicia), y son perfectamente capaces de mantener siempre vigentes el espíritu, la calidad y la pasión de Lady Focaccia, porque antes de enamorarse de mí, se enamoraron de mi producto, y por eso saben perfectamente muy bien todo lo que vale, y cómo deben cuidarlo. - ¿Hay planes para seguir expandiendo la cadena en el corto plazo? Desde octubre pasado se abrieron tres nuevos locales que ya están operando, con el objetivo de crecer como franquicia y seguir consolidando la marca. VALORAR TODO LO QUE SE COME - ¿Cómo consideras que te han influenciado las nuevas tendencias del público, respecto del consumo saludable? Puedo asegurar que, para alguien como yo, que practica la auténtica cocina hogareña italiana, la búsqueda de lo saludable pasa siempre por escoger la mejor materia prima natural disponible, para así hacer productos simples, pero de alta calidad. Eso significa no recurrir a antibióticos ni a un montón de preservantes o colorantes artificiales. Por ejemplo, comer un prosciutto en Italia es simplemente tener una pierna de cerdo preservada con sal, colgada y cortando trozos poco a poco. Pero aquí tu ves las etiquetas del fiambre y te mueres con la cantidad de preservantes y otros ingredientes innecesarios. Yo soy hija de empresario agrario, y tengo arraigada la cultura de que la calidad nace de lo simple, tal como se comía en la antigüedad. Por eso, mi concepto de saludable va de la mano con lo simple y natural, nada más. Y en sintonía con eso, siempre pongo especial cuidado en contar con materias primas de alta calidad, naturales y simples, pero saludables, por esa misma característica. Esos son precisamente los principios que están detrás de las recetas de Lady Focaccia, darle valor a lo que la gente come, para que su dieta no solo sea saludable, sino también disfrutando de un producto único, de alta calidad, natural y que recoge toda la auténtica cultura italiana. No ha sido fácil, porque hoy las personas no tienen cultura gastronómica y prefieren consumir panes envasados, fiambres que mezclan cualquier cosa y comidas rápidas de poca calidad. Pero por eso confiamos en el valor de nuestras recetas y en la constante búsqueda de los mejores proveedores, incluyendo fabricantes de queso, de huevos, fiambres caseros, aceites de oliva reales, sal de mar, aceitunas y, por supuesto, molinos con tradición. - ¿Crees que hoy la gente tiene poca cultura gastronómica? No solo eso, sino que se llenan con cosas que creen saludables, pero que ni siquiera son nutritivas. Además, valoran muy poco la variedad de alimentos frescos que hoy existen en el país. No valoran las frutas, verduras, frutos secos, quesos, pescados y carnes que hoy se venden en todas las regiones, especialmente en el sur, donde hay unos productos increíbles. Nosotros sí los hemos valorado y por eso tenemos un producto de tan alta calidad. Pero las personas también tienen que aprender a valorar lo que comen, a buscar variedad y darse gustos con moderación. Y ni siquiera es un tema de precio, porque, y lo digo por experiencia propia, se pueden cocinar platos increíbles baratos, incluso de comida italiana, como una deliciosa pasta con albóndigas caseras. Por ejemplo, con la marraqueta que te quedó del día anterior, más la leche que te sobró en el refrigerador, el trozo de jamón cocido y un poco de carne asada, podemos preparar recetas increíbles y saludables. Hoy no solo se puede, sino que se debe dar valor a todo, sin desperdiciar nada, porque ese es otro problema que la gente tiene que superar: el desperdicio. Así que hoy es imprescindible aprovechar todo, absolutamente todo. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTAS
0 Comentarios
Por Lidiana Velázquez Investigadora Postdoctoral Centro CREAS ada año, 600 millones de personas enferman y más de 400 mil mueren por consumir alimentos contaminados, según la Organización Mundial de la Salud. Es una cifra que no debería pasar inadvertida, sobre todo cuando sabemos que los niños menores de 5 años son los más vulnerables. En Chile, solo en 2024 se registraron 1349 brotes de Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA), muchos de ellos evitables. Por eso el Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria, que se conmemora cada 7 de junio, no puede ser solo una fecha más en el calendario. Es una oportunidad para reflexionar: ¿cómo estamos enfrentando este problema? ¿Qué hacemos como sociedad para evitar que los alimentos causen daño al ser ingeridos? La inocuidad alimentaria no es un tema nuevo. Desde finales del siglo XIX, y con más fuerza tras la creación de organismos como la FAO o la Comisión del Codex Alimentarius, se ha venido consolidando como un pilar clave de salud pública. No se trata únicamente de evitar intoxicaciones. También se trata de proteger a los consumidores frente a peligros biológicos, químicos y alergénicos. Y para lograrlo, no basta con controles en la industria: la inocuidad debe garantizarse desde la producción hasta el consumo. En Chile, contamos con normativas claras, fiscalización y campañas educativas, pero los brotes de ETA continúan, con consecuencias sanitarias y económicas importantes. Por eso, tanto productores como consumidores debemos asumir una responsabilidad activa. Implementar buenas prácticas de manufactura, cumplir con el reglamento sanitario de los alimentos, y educarnos sobre la correcta manipulación de alimentos no son tareas opcionales, sino urgentes. Evitar enfermedades por alimentos contaminados es posible. Pero requiere un compromiso transversal, donde todos seamos parte de la solución. GALERÍAOTRAS COLUMNAS |
Archivos
Febrero 2026
Categorías
|











Canal RSS