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Por Dra. Marta Albornoz Directora Proyecto P11 “Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas degradados” TT Green Foods ajo nuestros pies, la tierra se desliza como un suspiro antiguo. Lo que alguna vez fue suelo fértil y promesa de alimento, hoy se convierte lentamente en polvo que el viento levanta y dispersa. En la Región de Valparaíso, entre los años 2008 y 2023, hubo un aumento del 68.5% de suelo desnudo, lo que se tradujo en una disminución de la vegetación densa y el incremento de edificaciones, por lo tanto, no se trata solo de un fenómeno ambiental. Corresponde también a la pérdida silenciosa de nuestra base productiva, de nuestra memoria agrícola y de una parte esencial del territorio que nos sostiene. Frente a este panorama, no basta con hacer “más de lo mismo”. Necesitamos una nueva manera de cultivar, una que se apoye en la ciencia, pero también respete los ritmos y equilibrios de la naturaleza. Ahí es donde entran los bioinsumos basados en microorganismos benéficos, pequeños aliados invisibles que están revolucionando el modo en que entendemos la fertilidad del suelo. Hongos, bacterias y levaduras que viven en torno a las raíces y que, en lugar de competir con las plantas, trabajan junto a ellas. Los hongos micorrícico-arbusculares (HMA), por ejemplo, amplían la capacidad de las raíces para absorber nutrientes como el fósforo y ayudan a que el suelo retenga mejor el agua. En un país sediento, eso es oro puro. Las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno y liberan compuestos que estimulan el crecimiento vegetal, mientras que las levaduras, aunque menos conocidas, están mostrando un potencial increíble para proteger las plantas contra enfermedades. En conjunto, estos microorganismos no solo mejoran los rendimientos, sino que también reducen el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo de la agricultura una práctica más limpia y sostenible. Desde Centro Ceres, en alianza con investigadores como el Dr. Pablo Cornejo, se ha logrado avanzar en la creación de consorcios microbianos complejos (combinaciones de distintos microorganismos que trabajan en conjunto), alcanzando etapas tecnológicas que ya permiten pensar en productos comerciales. Lo más valioso de este trabajo no es solo la ciencia detrás, sino la visión: ofrecer a los agricultores herramientas reales, accesibles y efectivas, tanto para la producción convencional, la orgánica y agroecológica. En otras palabras, tecnología pensada para el campo y para las personas que lo hacen posible. La importancia del apoyo de CORFO y TT Green Foods a los proyectos de I+D que lo conforman, radica en su capacidad para impulsar la innovación, la competitividad y la sostenibilidad dentro del sector productivo, especialmente en áreas como la agroindustria y la alimentación. Esta colaboración fortalece el ecosistema de innovación nacional, promoviendo sinergias entre el sector público, privado y académico. El desarrollo de proyectos como P11 son una invitación a repensar la relación entre la agricultura y el entorno. Son la prueba de que la innovación no siempre está en los grandes laboratorios, sino también en los suelos y en las raíces que sostienen la vida en los campos. Chile tiene en sus manos una oportunidad única para demostrar que es posible producir alimentos de calidad, cuidando al mismo tiempo el agua, el suelo y la biodiversidad. No se trata sólo de adaptarse al cambio climático, sino de liderar un cambio cultural hacia una agricultura más sabia, más humana y más viva. Porque al final del día, cultivar la tierra también es cultivar el futuro. OTRAS COLUMNAS
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a valorización de los subproductos agroindustriales, antes considerados simples desechos, representa hoy una oportunidad estratégica para impulsar la economía circular y promover el desarrollo de alimentos más sostenibles. Gracias a la innovación tecnológica, estos materiales pueden transformarse en ingredientes funcionales de alto valor agregado, contribuyendo a reducir el impacto ambiental y a generar nuevos beneficios económicos. Para lograr alimentos de calidad, resulta esencial conocer en profundidad la composición de las materias primas y los procesos de elaboración, ya que ambos factores determinan las propiedades y el comportamiento del producto final. Entre las tecnologías más versátiles, destaca la cocción por extrusión, ampliamente utilizada en la industria alimentaria por su capacidad de modificar la estructura física de las materias primas, consolidándose así como una herramienta prometedora para el aprovechamiento de descartes agroindustriales y la creación de nuevos alimentos. Este proceso de extrusión, favorece la liberación de compuestos bioactivos que suelen encontrarse atrapados en matrices complejas, lo que resulta interesante cuando se trabaja con estos subproductos ricos en componentes de difícil acceso. Los subproductos agroindustriales, como cáscaras, bagazo, tallos, vainas o semillas, representan una fuente valiosa de compuestos bioactivos con alto potencial nutracéutico. Y en CREAS, trabajamos precisamente en esta línea, aplicando tecnologías limpias y eficientes que permitan revalorizar estos residuos y transformarlos en alimentos innovadores y saludables. Una de las aplicaciones que le hemos dado a la cocción por extrusión dentro del proyecto ANID Regional R23F0004, es para generar un alimento extruido a base de bagazo de uva, subproducto de la producción vitivinícola. Este orujo o bagazo se somete a pretratamientos y se mezcla con otras materias primas para desarrollar un alimento mediante esta tecnología alimentaria, la cual ha mostrado ventajas tanto en la composición como en la bioaccesibilidad de compuestos bioactivos después del procesamiento. Estos resultados confirman el potencial de la extrusión como una herramienta eficaz para valorizar subproductos agroindustriales, aportando así al desarrollo de una alimentación más sostenible y funcional. Es motivante observar cómo la tendencia de generar alimentos con valor funcional a partir de subproductos agroindustriales está tomando fuerza en la industria alimentaria y que podemos contribuir como centro científico-tecnológico. Lo que antes se consideraba un residuo hoy se transforma en una fuente de innovación, dando origen a alimentos sabrosos, nutritivos y ricos en moléculas bioactivas que ejercen efectos beneficiosos en el organismo. Más allá del aporte nutricional, esta nueva mirada representa un cambio cultural y tecnológico. Se demuestra que la ciencia y la creatividad pueden convertir los descartes en oportunidades, impulsando una industria innovadora, más sostenible, consciente y alineada con el cuidado del medio ambiente y las personas. OTRAS COLUMNAS |
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