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Microorganismos funcionales

11/28/2025

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Titular columna Marta Albornoz
Columna de opinión Marta Albornoz
Bajada columna Marta Albornoz
Por Dra. Marta Albornoz
Directora Proyecto P11 “Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas degradados”
TT Green Foods
Letra B
ajo nuestros pies, la tierra se desliza como un suspiro antiguo. Lo que alguna vez fue suelo fértil y promesa de alimento, hoy se convierte lentamente en polvo que el viento levanta y dispersa.

En la Región de Valparaíso, entre los años 2008 y 2023, hubo un aumento del 68.5% de suelo desnudo, lo que se tradujo en una disminución de la vegetación densa y el incremento de edificaciones, por lo tanto, no se trata solo de un fenómeno ambiental.
 
Corresponde también a la pérdida silenciosa de nuestra base productiva, de nuestra memoria agrícola y de una parte esencial del territorio que nos sostiene.
 
Frente a este panorama, no basta con hacer “más de lo mismo”. Necesitamos una nueva manera de cultivar, una que se apoye en la ciencia, pero también respete los ritmos y equilibrios de la naturaleza.

Ahí es donde entran los bioinsumos basados en microorganismos benéficos, pequeños aliados invisibles que están revolucionando el modo en que entendemos la fertilidad del suelo. Hongos, bacterias y levaduras que viven en torno a las raíces y que, en lugar de competir con las plantas, trabajan junto a ellas.
 
Los hongos micorrícico-arbusculares (HMA), por ejemplo, amplían la capacidad de las raíces para absorber nutrientes como el fósforo y ayudan a que el suelo retenga mejor el agua. En un país sediento, eso es oro puro.
 
Las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno y liberan compuestos que estimulan el crecimiento vegetal, mientras que las levaduras, aunque menos conocidas, están mostrando un potencial increíble para proteger las plantas contra enfermedades.
 
En conjunto, estos microorganismos no solo mejoran los rendimientos, sino que también reducen el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo de la agricultura una práctica más limpia y sostenible.
 
Desde Centro Ceres, en alianza con investigadores como el Dr. Pablo Cornejo, se ha logrado avanzar en la creación de consorcios microbianos complejos (combinaciones de distintos microorganismos que trabajan en conjunto), alcanzando etapas tecnológicas que ya permiten pensar en productos comerciales.
 
Lo más valioso de este trabajo no es solo la ciencia detrás, sino la visión: ofrecer a los agricultores herramientas reales, accesibles y efectivas, tanto para la producción convencional, la orgánica y agroecológica.
 
En otras palabras, tecnología pensada para el campo y para las personas que lo hacen posible.
 
La importancia del apoyo de CORFO y TT Green Foods a los proyectos de I+D que lo conforman, radica en su capacidad para impulsar la innovación, la competitividad y la sostenibilidad dentro del sector productivo, especialmente en áreas como la agroindustria y la alimentación.
 
Esta colaboración fortalece el ecosistema de innovación nacional, promoviendo sinergias entre el sector público, privado y académico.
 
El desarrollo de proyectos como P11 son una invitación a repensar la relación entre la agricultura y el entorno. Son la prueba de que la innovación no siempre está en los grandes laboratorios, sino también en los suelos y en las raíces que sostienen la vida en los campos.
 
Chile tiene en sus manos una oportunidad única para demostrar que es posible producir alimentos de calidad, cuidando al mismo tiempo el agua, el suelo y la biodiversidad.
 
No se trata sólo de adaptarse al cambio climático, sino de liderar un cambio cultural hacia una agricultura más sabia, más humana y más viva. Porque al final del día, cultivar la tierra también es cultivar el futuro.

Firma columna Marta Albornoz

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Entrevista: Patricia Fuentes Bórquez, CEO de Blue Corp:

9/5/2025

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Titular entrevista Patricia Fuentes Bórquez
Entrevista Patricia Fuentes Bórquez
Para la ex asesora senior de Corfo y consultora experta en sistemas productivos agroalimentarios, los desafíos del sector solo pueden superarse si sus protagonistas pierden temor al cambio y se suman con energía a la transformación tecnológica y cultural que se requiere, para responder en forma ágil a los requerimientos de un mercado que exige alimentos más inocuos, saludables, seguros, innovadores y sostenibles.
Letra E
l mundo necesita cada vez más alimentos saludables, seguros, inocuos y nutritivos, para así satisfacer de manera segura y adecuada las necesidades de una población que crece de manera exponencial y, al mismo tiempo envejece.
 
Sin embargo, los actuales métodos productivos agroindustriales son insostenibles desde el punto de vista ético y ambiental, pues incrementan la generación de residuos, degradan los suelos y consumen demasiados recursos hídricos.
 
Además, las actuales actividades agropecuarias aportan un alto porcentaje de Gases de Efecto Invernadero, lo cual, a su vez, genera una angustiante paradoja: la humanidad necesita producir más alimentos, pero hacerlo tal como hasta ahora podría acabar con el equilibrio ecosistémico planetario.
 
Este escenario de contingencia exige implementar nuevas estrategias de producción eficiente y sostenible, que permita disponer de productos más nutritivos y saludables, pero respetuosos del medio ambiente, objetivo que, de acuerdo con lo expertos, solo puede alcanzarse mediante procesos disruptivos de innovación y desarrollo.
 
Un desafío que los emprendedores han asumido con entusiasmo, especialmente en Chile, a pesar de las dificultades existentes para acceder en forma equitativa al conocimiento y las herramientas tecnológicas necesarias.
 
Y si bien aún queda mucho trabajo por realizar en este frente específico, en los últimos años esta brecha tecnológica ha ido reduciéndose, gracias al apoyo de entidades académicas y de organismos de cooperación, que desarrollan diversas iniciativas de divulgación científica, traspaso de conocimientos, aceleración de emprendimientos y construcción de alianzas entre múltiples actores clave de todo el ecosistema agroalimentario.
 
Una de estas iniciativas fue organizada recientemente en la región de Maule por Blue Oak Corp, con el apoyo de Viraliza Eventos de Corfo e Inacap, durante dos jornadas de estudio que se realizaron en las ciudades de Curicó y Talca.
 
Allí, emprendedores, agricultores, docentes y estudiantes pudieron conocer, de primera fuente, cómo las nuevas tecnologías, herramientas y soluciones digitales pueden convertirse en un apoyo valioso para optimizar el desarrollo del ecosistema agroalimentario, y posicionarlo como protagonista de la nueva revolución 4.0
 
Para Patricia Fuentes Bórquez, CEO de Blue Oak Corp, ex asesora senior de Corfo y consultora experta en investigación, desarrollo e innovación enfocadas al desarrollo de nuevos sistemas productivos agroalimentarios, este objetivo no solo se alcanzó con creces, sino que al mismo tiempo abrió nuevas perspectivas para sumar a más actores regionales a una "revolución agroalimentaria" que podría, incluso, posicionar a Chile como la gran potencia biotecnológica sectorial del Siglo XXI.
  
- ¿Cómo surgió la idea de desarrollar este encuentro con los principales actores del ecosistema agroalimentario del Maule?
En Blue Oak Corp siempre desarrollamos acciones de vinculación con el medio. Y en este caso particular recurrimos a un instrumento de Corfo que se llama Viraliza Eventos, que está precisamente orientado a la realización de eventos internacionales destinados a potenciar al ecosistema productivo local. Esta versión de Agrorevolution 4.0, que realizamos en Curicó y Talca, se centró en fortalecer al ecosistema Agtech y Agrifoodtech de la región de Maule, mediante vinculaciones y alianzas con actores clave de la academia, el mundo empresarial y público. Y logramos un éxito rotundo, porque conectamos a los participantes con invitados y especialistas nacionales e internacionales de lujo, pertenecientes al ámbito de la Industria 4.0, lo que nos tiene muy satisfechos y motivados para seguir repitiendo esta experiencia.
 
- ¿Cómo ayudan encuentros, por ejemplo, para que el ecosistema agroalimentario en general evolucione, se digitalice y supere las barreras que dificultan su acceso a la tecnología y a un desarrollo más profundo?
Es una buena pregunta, porque llevo 30 años en este medio y aún es difícil lograr esa vinculación con la tecnología, sobre todo porque se debe trabajar en la confianza. Chile es el país más desconfiado del mundo, y en todas estas instancias cuesta que la gente deje atrás esa mentalidad. Por eso es tan importante difundir estas acciones, para que el público las valores y reconozca las oportunidades que ofrecen, sobre todo a nivel regional.
 
De hecho, yo soy de O'Higgins y por eso entiendo lo que significa llevar este conocimiento de punta a regiones, tal como lo trajimos a Curicó y Talca, con charlas magistrales maravillosas dictadas por destacados invitados e invitadas nacionales e internacionales. Pero aunque queremos seguir acercando la tecnología e innovación a los territorios, el territorio también tiene que sumarse a esta ola tecnológica y en ese esfuerzo la academia juega un papel muy importante. Por eso agradezco públicamente a INACAP, con cuyas autoridades hemos trabajado ya en varias oportunidades, en especial a las sedes de Curicó y Talca, porque no solo contamos con el apoyo del cuerpo docente, sino que también se suman a esta iniciativa los estudiantes, cuya participación es muy importante para que interactúen con los emprendedores y expositores expertos. Así estarán mejor preparados para tomar la posta del futuro desarrollo tecnológico, la innovación y el emprendimiento, que son tan necesarios para el desarrollo de nuestro sector agrícola.
 
- ¿Qué acciones específicas de vinculación se realizarán a partir de este seminario?
Toda la información presente en las distintas presentaciones, quedará disponible en el canal YouTube de Blue Oak Corp, y en las redes sociales de Agro Revolution Maule 4.0, para que las soliciten, descarguen, estudien y, además, las compartan con todas sus redes y el ecosistema en general.
 
- Desde su experiencia como protagonista del sector agroalimentario, ¿existe la posibilidad de que el salto tecnológico que necesita el sector se dé en el corto a mediano plazo? ¿Podemos vencer con celeridad las barreras y limitaciones que aún existen?
Por supuesto que sí. De hecho, todos los obstáculos se pueden superar y para alcanzar ese objetivo ninguna idea es mala. Lo mismo sucede cuando nos preguntan por el desarrollo exitoso de los emprendimientos tecnológicos, porque todas las ideas son buenas y solo hay que trabajarlas. Pero para alcanzar esa meta, también necesitamos el concurso de otros actores las respalden, y esto significa desarrollar estrategias conjuntas para potenciar los instrumentos de apoyo existentes, no solo a nivel público, sino también privado y académico.
 
Además, hay que actuar en forma ágil y oportuna, porque la tecnología avanza muy rápido, y mientras hablamos de agroindustria 4.0, simultáneamente ya existen desarrollos que podrían definirse como propios de la industria 5.0, incluyendo la Inteligencia Artificial que hace mucho rato nos sobrepasó. Esto exige a los actores informarse y participar de manera más activa en todas estas instancias, no solo para que los emprendedores mejoren sus modelos de negocio, o para que los estudiantes y académicos mejoren sus conocimientos y formación, sino también porque desde el punto de vista de la productividad y competitividad del sector agrícola, aún existen muchas brechas que pueden cerrarse y oportunidades de mejora que pueden aprovecharse, si los productores deciden subirse, sin miedo, a este carro de transformación tecnológica y cultural.
 
- En ese sentido, ¿considera que el temor al cambio aún es un freno importante para esta evolución?
Es posible, pero es un temor injustificado, porque como se dijo durante una de las exposiciones, la digitalización no nos va a quitar el trabajo, sino todo lo contrario, va a crear más y mejores oportunidades para quien sepa aprovecharlas. Y esto es trascendente, porque en Chile tenemos un déficit de 30 a 32% de mano de obra en el sector agrícola, carencia que se suma a brechas importantes en disponibilidad de maquinaria agrícola y automatización, por ejemplo. Todo ello puede desincentivar a las nuevas generaciones, y es ahí donde debemos poner más esfuerzos.
 
- ¿Hay que modificar entonces los paradigmas productivos?
Claro, porque hoy no todos los jóvenes quieren estar trabajando 12 horas en los campos, y por eso necesitamos automatizar, digitalizar y modernizar procesos. Necesitamos robótica y manufactura avanzada, para seducir al talento joven y atraerlo al campo. Por eso es tan valioso contar con la participación de expertos en esto campos, y en este seminario tuvimos, por ejemplo, dos protagonistas de excelencia como Leitat Chile, uno de los líderes en temas de robótica en nuestro país; y de Fraunhofer Chile, que expuso las ventajas de los sistemas agro fotovoltaicos.
 
Por lo tanto, no hay que tenerle miedo al cambio ni a la tecnología, porque no nos van a superar ni absorber. Al contrario, la tecnología es una herramienta, como se habló durante el panel de mujeres, que nos ayudará a superar estas brechas y avanzar hacia el fin último que es la seguridad alimentaria de nuestra población. No debemos olvidar que hoy Chile depende de la importación de muchos productos que forman parte de la canasta alimentaria básica, como cereales, harinas, carnes, lácteos, etc. Por eso, debemos utilizar la tecnología para incrementar la producción interna de todos esos productos básicos y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo económico de nuestras regiones. Claro que para eso también necesitamos inyectar capital humano de avanzada e innovación. En ese contexto, encuentros como Agrorevolution 4.0 nos ayudan a difundir conocimientos que contribuyen a cerrar las brechas y aprovechar las oportunidades de crecimiento, desarrollo y mejora continua.
 
- Ante todo este potencial, ¿cree que Chile está en posición privilegiada para posicionarse como potencia mundial de conocimiento e innovación agroalimentario?
Creo que somos un laboratorio natural desde los puntos de vista energético, climático y agrícola, lo que se suma a la disponibilidad de un capital humano de excelencia, que todos los días es capaz de crear nuevos bioinsumos de avanzada. En este seminario, por ejemplo, vimos cómo pronto contaremos con una biorrefinería a gran escala, entre otros desarrollos avanzados, lo que nos demuestra que tenemos el talento y la voluntad para aprovechar todo el potencial de este laboratorio natural en todas las áreas del conocimiento, aunque especialmente en el sector agroalimentario, lo cual abre a su vez, nuevas y mejores oportunidades de innovación, emprendimiento y desarrollo tecnológico.
 
- ¿Y qué pasos esperan dar en Blue Oak Corp para seguir apoyando al ecosistema emprendedor Agrifoodtech?
Seguiremos realizando seminarios y encuentros de cooperación. De hecho hace poco tuvimos una jornada muy interesante orientada a la producción vitivinícola en la Región Metropolitana, y ahora estamos implementando un programa de fusión tecnológica para los productores de frutilla en la comuna de Melipilla. En todas esas instancias contaremos con la experiencia y el conocimiento de los mejores especialistas internacionales, para ponerlos a disposición de nuestros productores, autoridades, académicos, estudiantes y emprendedores, especialmente de regiones, que es donde está hoy el motor de la productividad agroalimentaria y de la economía sostenible del futuro.

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Autor

Francisco Javier González Salvo
Periodista y Editor Revista Indualimentos

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Opinión: La Ingeniería de alimentos como pilar estratégico para el desarrollo

8/22/2025

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Titular columna David Mora
Ingenieros en alimentos
Foto: FreePik
Por David Mora Aranda
Ingeniero de alimentos PUCV, ingeniero Civil Industrial, magíster en Medioambiente y Desarrollo Sustentable universidad Mayor, vicepresidente de CIACH A.G. y CEO de Alimpro Spa.
Letra C
​hile se encuentra en una posición geopolítica única como productor de materias primas alimentarias, gracias a su extensa costa y amplia diversidad agroclimática.
 
Sin embargo, el verdadero potencial radica en transformar estos recursos en alimentos procesados con valor agregado, innovación y sostenibilidad.

Es por ello que la ingeniería de alimentos debe ser reconocida por el Estado como una profesión estratégica para enfrentar desafíos globales, como conflictos entre países, pandemias, malnutrición y cambio climático. Esto nos permitiría garantizar no solo la seguridad alimentaria nacional, sino también posicionar a Chile como líder en la provisión de soluciones alimentarias a nivel global.
 
La pandemia de COVID-19 y conflictos como la guerra en Ucrania y Palestina han demostrado que los alimentos son un recurso tan crítico como la energía.
 
En este contexto, Chile, con su capacidad para producir y procesar alimentos, podría consolidar aún más su importancia geopolítica diversificando mercados para reducir la dependencia de exportaciones de materias primas sin procesar, y avanzando hacia productos elaborados (como, por ejemplo, alimentos funcionales, enriquecidos, y/o procesos estandarizados).
 
También podría reforzar la autosuficiencia mediante el desarrollo de tecnologías para preservar y optimizar recursos en escenarios de escasez hídrica, interrupciones logísticas y/o eventualidades catastróficas (terremotos, inundaciones, tormentas, etc.).
 
Además tiene la oportunidad de fortalecer su influencia internacional, posicionándose como proveedor confiable de alimentos y procesos con valor agregado en cadenas globales de alimentos, aprovechando los tratados de libre comercio.
 
Ejemplos concretos de esta evolución ya existen en el mundo, como Países Bajos, que gracias a los aportes de la academia (Wageningen University), convirtieron la ciencia de alimentos en un eje de su economía, a pesar de sus limitaciones territoriales.
 
Sin embargo, para alcanzar estos objetivos es necesario superar diversos desafíos, entre los cuales destaco los siguientes:
 
Malnutrición y Salud Pública
Se espera que para 2025, el 83 % de los adultos chilenos tenga un Índice de Masa Corporal (IMC) alto, y el 42 % padezca obesidad. (World Obesity Atlas 2025), mientras persisten bolsones de desnutrición.
 
Frente a esta dura realidad los ingenieros en alimentos son clave para:
 
Actualizar y Formular alimentos: Reducir sellos de advertencia mediante tecnologías que mantengan propiedades sensoriales y nutricionales y por supuesto la inocuidad.
 
Crear alimentos accesibles: Diseñar productos nutritivos de bajo costo para poblaciones vulnerables, utilizando materias primas locales (como algas y legumbres), con procesos sostenibles e incentivando la Cultura de Inocuidad en las empresas y procesos productivos.
 
Sostenibilidad y Medio Ambiente
Es necesario impulsar la economía circular para provechar subproductos de la industria (como cáscaras de frutas y residuos acuícolas), para generar ingredientes funcionales o envases biodegradables.
 
También debemos adaptarnos al cambio climático, desarrollando procesos que requieran menos agua y energía.
 
Esta profunda trascendencia del rol profesional y social del ingeniero en alimentos, exige que el Estado adopte un rol más activo, promoviendo políticas públicas y acciones de reconocimiento que se apliquen en tres niveles:
 
Regulatorio
Establecer y/o actualizar cargos en el Estado relacionados con ciencia y tecnología
de los alimentos tales como, calidad, normativa, inocuidad, producción y fiscalización, donde los perfiles de cargos soliciten expresamente profesionales como ingenieros en alimentos (especialistas en procesos de elaboración de alimentos). Y no ocurra como hoy, que las ofertas relacionadas están reservadas para cierto tipo de
profesionales.
 
Incentivar I+D con fondos concursables para proyectos de alimentos sostenibles
(CORFO).
 
Educativo
Establecer una columna curricular común nacional para los planes de enseñanza de la ingeniería en alimentos en Chile, donde la diferenciación sea la profundidad de
asignaturas de especialidad, sellos, transversales, idiomas, empleabilidad
u otras propias de cada institución educativa, para formar especialistas en áreas
críticas de la ciencia y tecnología de los alimentos y que impacten en la estrategia
de posicionamiento del país como productos de alimentos y procesos, pero con valor
agregado.
 
Internacional
Promover alianzas con países líderes (por ejemplo, cooperación con Wageningen University de Países bajos, en acuicultura sostenible).
 
En conclusión, la ingeniería de alimentos no es solo una carrera universitaria; es una herramienta de soberanía nacional y gracias a ella, Chile tiene la oportunidad de liderar la próxima revolución alimentaria.
 
Pero para alcanzar este objetivo se requiere:
 
Visión estratégica: Integrar la profesión en políticas de Estado, con un enfoque
multidisciplinario (salud, agronomía, pesca, energía, economía, medioambiente).
 
Inversión en talento: Atraer jóvenes a la carrera mediante campañas que destaquen
su impacto social (por ejemplo, "Ingenier@s que alimentan al mundo").
 
Acción coordinada: Articular un consejo público-privado para alinear formación,
investigación e industria.
 
Llamado a la acción: Es hora de que Chile reconozca a sus ingenieros en alimentos
como agentes de cambio, capaces de convertir los desafíos globales en
oportunidades para un desarrollo inclusivo y sostenible.

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Opinión: Innovación alimentaria

6/27/2025

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Por Jaime Vicente
Gerente Comercial de Silbertec
Letra E
n un mundo donde la tecnología avanza a ritmo vertiginoso, mantenerse actualizado ya no es una opción, sino una necesidad. Como empresa especializada en soluciones tecnológicas para la industria alimentaria, en Silbertec entendemos que la única forma de liderar es estar donde se definen los próximos pasos del sector.
 
Por eso, nuestra participación en IFFA 2025, la feria internacional más relevante del mundo para la industria de productos cárnicos y proteicos, fue mucho más que una visita: fue una inversión estratégica.
 
IFFA no es solo una vitrina de marketing, sino un punto de encuentro técnico, donde las marcas líderes exponen avances concretos en automatización, sostenibilidad, eficiencia energética y seguridad alimentaria. Asistir es mirar el futuro de frente y traerlo de vuelta al país para implementarlo con visión local.
 
Esta edición reafirmó algo que ya venimos observando: la automatización de procesos, la digitalización de datos productivos y la integración de soluciones más sostenibles son las grandes prioridades de la industria alimentaria a nivel global. Y Chile no puede quedar atrás.
 
Durante la feria, tuvimos la oportunidad de acompañar a nuestros clientes en visitas técnicas a las marcas internacionales que representamos. Recorrimos plantas, analizamos flujos productivos y evaluamos tecnologías de última generación que ya están revolucionando el trabajo en faenas de alimentos en Europa y otros continentes.
 
Fue una experiencia que nos reafirma cuán importante es mirar fuera de nuestras fronteras para elevar los estándares dentro de ellas.
 
Como Silbertec, compartimos activamente estos aprendizajes y avances con nuestra comunidad, porque creemos que el conocimiento debe circular. La innovación no es solo una ventaja competitiva, es una responsabilidad.
 
Si aspiramos a una industria alimentaria más eficiente, segura y sustentable en Chile, debemos asumir el compromiso de anticiparnos a los desafíos, no reaccionar a ellos cuando ya es tarde.
 
Hoy más que nunca, el éxito de una empresa alimentaria no depende solo de su capacidad productiva, sino también de su capacidad de adaptarse, de evolucionar con las nuevas tecnologías, y de integrar soluciones que respondan a los exigentes estándares del consumidor actual y del mercado global.
 
IFFA 2025 nos dejó muchas lecciones, pero quizá la más importante es esta: aún queda camino por recorrer en eficiencia productiva, pero no estamos partiendo de cero.
 
Hoy tenemos más herramientas, más conocimiento y más aliados que nunca. Lo clave está en cómo las usamos para transformar nuestros procesos, y sobre todo, en cómo las compartimos para hacer crecer al ecosistema completo.
 
En Silbertec seguiremos trabajando para acercar a la industria alimentaria chilena las soluciones más innovadoras, sostenibles y eficaces. Porque sabemos que el futuro no se espera: se construye.

GALERÍA

Pabellón central IFFA 2025
Expositores IFFA 2025
Equipos en IFFA 2025
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Autor

Jaime Vicente,
Gerente general de Silbertec​

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Ciruelas Deshidratadas

6/19/2025

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Beneficios ciruelas deshidratadas
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"La ciruela deshidratada no solo mejora la salud intestinal, sino que también puede ser protagonista de una industria más eficiente, sostenible e innovadora".
Por Araceli Olivares
Investigadora Centro CREAS
Letra U
​n reciente estudio clínico reafirma lo que muchas personas ya saben por experiencia: el consumo de fruta deshidratada puede aliviar el estreñimiento crónico. Y entre estas frutas, la ciruela se ha ganado un lugar destacado gracias a su composición nutricional y a sus beneficios para el tránsito intestinal.
 
La ciruela deshidratada contiene 8% de fibra, y dentro de esta, casi la mitad corresponde a fibra insoluble, que contribuye a la mecánica intestinal por ser menos fermentable. La otra mitad, fibra soluble, no solo ayuda a aumentar el bolo fecal, sino que actúa como un “alimento” para la microbiota, otorgándole un carácter de prebiótico.
 
A esto se suma su contenido de azúcares naturales como fructosa, glucosa y sorbitol, un alcohol de azúcar con leve efecto laxante. Curiosamente, no contiene sacarosa, lo que le da un bajo índice glicémico. Así, consumir entre 6 y 7 ciruelas diarias —menos de 100 Kcal— puede ser una excelente estrategia para mantener un intestino sano y apoyar el equilibrio de nuestra microbiota.
 
Ahora bien, la producción y procesamiento de ciruelas deshidratadas también plantea desafíos. Debido a su contenido de humedad cercano al 30%, esta fruta es susceptible al crecimiento de hongos, por lo que se le aplica una dosis de preservante (sorbato de potasio). En CREAS – TT Green Foods trabajamos con la industria para estandarizar y reducir esta aplicación, manteniéndonos dentro de los márgenes permitidos, pero buscando una mejor cobertura y menor cantidad.
 
También miramos con atención los residuos generados durante su procesamiento: ciruelas dañadas, de bajo calibre o mal despepitadas, que terminan descartadas. En lugar de ver desperdicio, vemos oportunidades. Por eso, en CREAS – TT Green Foods desarrollamos una tecnología para transformar estos residuos en una harina rica en fibra (cuatro veces más insoluble que soluble), baja en carbohidratos y sin sabor a ciruela. Esta harina es ideal para nuevas formulaciones alimentarias como snacks, galletas o barritas.
 
La ciruela deshidratada no solo mejora la salud intestinal: también puede ser protagonista de una industria más eficiente, sostenible e innovadora.

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AUTORA

Araceli Olivares
Investigadora Centro CREAS

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Susana Socolovsky, presidenta electa de ALACCTA

5/23/2025

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Entrevista Dra. Susana Socolovsky
Doctora Susana Socolovsky
Para la Dra. en Ciencias Químicas de la Universidad de Buenos Aires, docente, autora e investigadora especializada en alimentos, entender la ciencia que sustenta la moderna producción, es indispensable para derribar los mitos y falacias generados por la Clasificación Nova, y así valorar en su justa medida el aporte de la industria para la salud de las personas.
Letra L
a constante evolución de la industria de alimentos, se expresa en el desarrollo de nuevos ingredientes, materias primas y aditivos de última generación, que le brindan mayor capacidad para responder de manera eficiente y segura, a los requerimientos nutritivos de la población.
 
Así lo entiende y afirma Susana Socolovsky, doctora en Ciencias Químicas de la Universidad de Buenos Aires, Miembro Honorable de la Academia Internacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (IAFoST), integrante de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y científica certificada por el Instituto de Tecnólogos en Alimentos de Estados Unidos, cuya amplia experiencia académica y docente, le permiten asegurar con plena certeza, que hoy la producción industrial es “más saludable e inocua que nunca, a pesar de que algunas personas malintencionadas insistan en hacernos creer lo contrario”.
 
Una aseveración que alude, directamente, al extendido y publicitado concepto de “alimentos ultraprocesados”, creado en 2009 por el epidemiólogo brasilero Carlos Augusto Monteiro, cuyo impacto mediático ha generado diversas controversias relacionadas con el auténtico valor nutricional de los alimentos y bebidas, que hoy se comercializan y consumen en todo el mundo.
 
Sin embargo, para la Dra. Socolovsky este conflicto de ideas es artificial y no tiene dobles lecturas, pues, dicho concepto, que forma parte de la “Clasificación Nova de los Alimentos” creada por el mismo Monteiro, no tiene “ningún sentido ni asidero científico”.
 
- ¿Por qué considera que la Clasificación Nova y el concepto de “alimentos ultraprocesados” no son técnicamente válidos?
Lo primero y más importante que debemos entender, es que los alimentos se clasifican de acuerdo con un estricto parámetro técnico-científico establecido por el Codex Alimentarius, en el cual se basan prácticamente todas las regulaciones alimentarias del mundo, incluyendo las de la Food and Drug Administration, FDA, de Estados Unidos, y de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, entre otras.
 
Esta clasificación del Codex Alimentarius tiene solo dos categorías: alimentos in natura, que son aquellos que se obtienen de la tierra o de los árboles, como papas o manzanas, por ejemplo; y alimentos procesados, que son todos los demás, incluyendo aquellos transportados, envasados, empaquetados, lustrados, lavados, cortados, congelados y elaborados para el consumo humano.

Esto incluye, desde las frutas que se seleccionan y envasan en un packaging y luego son refrigeradas para su exportación a otros mercados, hasta los productos liofilizados, extruidos, pasteurizados, deshidratados, etc. El mismo Codex clasifica estos alimentos procesados en categorías, como, por ejemplo, cereales, productos cárnicos, lácteos, legumbres, etc. Y para cada categoría de alimentos, se establece, además, un patrón de identidad, o nombre propio, como sucede, por ejemplo con quesos, jamones, carnes rojas y vinos, entre otros. Eso, a la vez, implica que los alimentos deben cumplir ciertos requisitos organolépticos, físicos, químicos, etc.
 
Todo esto nos permite dejar bien en claro, que los únicos parámetros para clasificar un alimento, de acuerdo con lo que establece la ciencia, son los que ya he mencionado y nada más. Todo lo que pueda mencionarse fuera de lo establecido en el Codex Alimentarius, son solo vaguedades, incluyendo la famosa definición de “ultraprocesados” que estableció el epidemiólogo brasilero Carlos Monteiro.
 
- ¿Esto quiere decir que la Clasificación Nova de Monteiro, no tiene validez científica?
No, porque el así llamado “alimento ultra procesado” no existe, ni ha sido definido de tal forma por ninguna entidad regulatoria del mundo. Por el contrario, esa definición o clasificación fue inventada, literalmente, de manera extemporánea y anecdótica, sin ningún tipo de sustento científico. Todo lo contrario a la forma en que se creó el Códex, que surgió a partir de un trabajo constante que surgió para enfrentar los casos de fraude alimentario y se desarrolló a lo largo de muchas décadas de investigación, estudio y observación. Esa motivación permitió, precisamente, que se desarrollaran categorías y patrones de identidad, los que, a su vez, se tradujeron en reglamentos específicos para el uso de diversos aditivos, tales como, colorantes, saborizantes y preservantes, entre otros.

- Vale decir, ¿el Codex también reglamenta los tipos de aditivos que debe llevar un alimento procesado?
Por supuesto, todo eso está debidamente reglamentado, incluyendo aspectos claves como cantidad y tipos de aditivos que pueden usarse para alargar la vida útil del alimento, hacerlos más estables, más resistentes a condiciones ambientales como la humedad, o mejorar su aspecto, presentación y condiciones organolépticas. Ahí se incluyen, asimismo, sustancias como saborizantes, preservantes o colorantes, entre otros, cuyo uso está específicamente reglamentado por el Codex y que, al mismo tiempo, es supervisado por organismos especializados como la Organización Mundial de la Salud y FAO, cuyos comités de expertos internacionales constantemente hacen evaluaciones de riesgo, respecto de cuáles aditivos pueden o no pueden utilizarse en alimentos.
 
Al mismo tiempo, estos comités de expertos también entregan recomendaciones de consumo para todos los aditivos e ingredientes que contienen los alimentos procesados; y todas esas variables son analizadas, a su vez, por la Comisión del Codex, que decide finalmente cuáles serán las categorías permitidas y cuáles las recomendaciones de uso que se entregarán a los fabricantes de alimentos y bebidas. Todo esto nos permite asegurar que la actual norma general de aditivos alimentarios del Codex, es completamente inocua para la población.
 
Subrayo la importancia de este último punto, porque la Clasificación Nova inventada por Carlos Monteiro, donde se hace alusión a los supuestos alimentos “ultraprocesados”, tendió un injustificado manto de dudas, respecto del uso de los aditivos alimentarios, el cual desconoce por completo la rigurosidad y seriedad del trabajo realizado por los expertos de la comisión del Codex, la OMS y de FAO.
 
- ¿Cuál es, en su opinión, el mayor prejuicio que surge de la Clasificación Nova?
El uso malicioso que Monteiro hace del término “aditivos cosméticos”, porque supone, de manera injustificada, errada y peyorativa, que la industria usa aditivos para maquillar u ocultar el mal estado o calidad de un alimento. Eso no solo es completamente falso, sino que además está completamente prohibido. Y quiero ser muy enfática en esto. Los aditivos alimentarios solo se usan para preservar y conservar, saborizar, endulzar, colorear o aromatizar, nada más. Y toda esa respectiva información nutricional debe ir plasmada en la respectiva etiqueta, tal como lo establece el Codex y las respectivas legislaciones de cada país. Por lo tanto, no existen los “aditivos cosméticos”, y el solo hecho de que Carlos Monteiro ponga un manto de dudas respecto del correcto uso de los aditivos alimentarios, es una falta de respeto a la autoridad regulatoria de todos los países. En la actualidad, no hay nada más seguro que un alimento industrializado. Si no fuese así, los alimentos procesados no se podrían vender o distribuir a las población en riesgo nutricional, porque la mayoría de los países del mundo no permiten la salida al mercado de un alimento que no haya sido inspeccionado por las autoridades, y que no sea saludable para los consumidores.
 
- ¿Considera entonces, que la Clasificación Nova no entrega ningún aporte positivo?
Lo único que ha generado esta definición de “alimentos ultraprocesados”, es un caos comunicacional, porque, reitero, no hay sustento ni rigor científico en esa clasificación. Además, es engañosa y puede conducir a una selección inadecuada de alimentos. Por ejemplo, si una persona lee la etiqueta de un pan fortificado, y ve que tiene “muchos ingredientes o aditivos” (que en realidad son vitaminas y minerales agregados), podría pensar que es un “alimento ultraprocesado dañino” y decide no consumirlo, cuando en realidad es todo lo contrario. Lo mismo puede pasar con cereales o lácteos fortificados, por ejemplo, lo cual nos reafirma que esta clasificación de Monteiro, lo único que hace es dañar y confundir a las personas.
 
- ¿Y por qué entonces fue creada esta definición? ¿Qué razón hay para difundir un término que no tiene sustento científico?
En mi opinión solo es el invento de una persona que quería ser famosa, y tener amplia divulgación en los medios. De hecho, el propio Monteiro ha reconocido en diversas oportunidades, como ocurrió en el Congreso Brasilero de Obesidad de 2024, que “inventó” este término a partir de una búsqueda en Google de palabras que no existían y podrían resultar mediáticamente atractivas. Todo lo contrario a la forma en que debe aplicarse un correcto método científico.
 
Además, él decidió arbitrariamente que los mal llamados “alimentos ultraprocesados” no son más que formulaciones baratas y cosméticas, hechas por la industria, para que el ser humano se sienta atraído y se vuelva adicto, cuando ha sido comprobado científicamente que los alimentos no producen adicción, con excepción de la cafeína y el alcohol, que solo constituyen un porcentaje muy restringido de los ingredientes utilizados en la actualidad, y cuya ingesta está muy regulada por la OMS, FAO, el Códex y otras múltiples agencias e instituciones en todo el mundo.
 
- ¿Por qué entonces, la clasificación de Monteiro tuvo tanta repercusión y aceptación en ciertas regiones, como América Latina, por ejemplo?
Porque él apeló a una política sensacionalista de temor, afirmando que el consumo de alimentos procesados producía hipertensión arterial, demencia senil, cáncer y otras enfermedades catastróficas que, naturalmente, venden más titulares por su impacto en la sociedad. Pero esas conclusiones son completamente erradas, porque se basan en estudios asociativos, que no tienen valor en la medicina, pues no muestran la causa basal de las enfermedades.
 
Los únicos estudios que muestran causalidad son los aleatorizados y controlados, lo que involucra la observación de grupos de interés a lo largo de extensos períodos. Pero Monteiro no aplicó esa metodología, simplemente hizo asociaciones antojadizas que luego difundió a través de los medios, recurriendo a un término atractivo y golpeador, pero inventado, que rápidamente generó impacto entre las masas desinformadas.
 
- ¿Y la comunidad científica internacional o las instituciones regulatorias no han hecho nada para corregir este desacierto?
Bueno, precisamente fueron los científicos quienes primero alzaron la voz para denunciar que esta clasificación no tiene sentido, tal como lo vimos en diversas exposiciones del Congreso ALACCTA 2025, y ahora afortunadamente también hemos visto como gobiernos y entidades públicas también han empezado a expresarse en contra.
 
Por ejemplo, la FDA de Estados Unidos ya concluyó que la Clasificación Nova no tiene seriedad científica y que el término “ultraprocesado” no significa nada, por lo que no debe utilizarse, desde ningún punto de vista, para hacer recomendaciones nutricionales. Lo mismo dijeron los organismos regulatorios de Francia, España, Suecia, Noruega y otros países de la Unión Europea.
 
- Sin embargo, en Latinoamérica la situación es distinta.
Sí, porque la clasificación de Monteiro tuvo eco en Brasil, como es natural, y por desgracia la recomendación de “no consumir alimentos ultraprocesados” se incorporó en 2014 en la guía alimentaria para la población brasileira. Y como las entidades del Mercosur suelen replicar estas acciones, poco tiempo después también se incorporó esta recomendación en las guías para la población de Uruguay y Argentina. Sin embargo, esas medidas, desde el punto de vista estrictamente científico, son absurdas y sin sentido, porque se basan en una clasificación sin rigor ni sustento técnico, creada por una persona que, aparentemente, solo actuó por deseo de fama inmediata.
 
Por eso, es importante que Chile no replique este error, porque, como vuelvo a reiterar, no existen los “alimentos ultraprocesados”, ni los “aditivos cosméticos”. Sería, incluso, un contrasentido absurdo e incoherente, calificar una leche fortificada como alimento “ultraprocesado” y no recomendar su consumo, cuando hay políticas oficiales que, precisamente, recomiendan su producción y distribución, para mejorar la nutrición de grupos de riesgo, como niños y adultos mayores, por ejemplo.
 
- ¿Y cuál es la mejor recomendación entonces?
La mejor recomendación es la que siempre se ha hecho a nivel global. Hay que comer variado y en su justa medida, porque la clave de una buena alimentación es la variedad y la moderación. Hay que comer más frutas, más verduras, más cereales y legumbres. Esa es la única verdad que establece la ciencia de la alimentación, comer más variado, para así ingerir toda la cantidad de vitaminas, minerales, proteínas, aminoácidos y demás nutrientes valiosos que necesita nuestra organismo.
 
- ¿Y evitar también los alimentos altos en sellos de advertencia?
No hay que pensar en esto como una demonización absoluta, porque eso puede hacernos perder perspectiva. Y pongo un ejemplo concreto: Chile tiene una muy buena legislación de sellos negros, con un criterio técnico acertado y exigente, que además reconoce las diferencias de metabolización que se generan al ingerir alimentos sólidos o líquidos. Teóricamente, esto debería traducirse en mejor índices de alimentación y nutrición sana, ¿no es cierto? Sin embargo, hoy nos encontramos con una realidad completamente opuesta, porque a 9 años de implementada la Ley de Etiquetado, el Atlas de Obesidad mundial demostró que la población chilena sigue engordando.
 
Más aún, 42% de su población tiene algún grado de obesidad; y 75% muestra sobrepeso, con una clara tendencia a que dicha cifra negativa siga aumentando. ¿Qué pasó entonces? ¿La Ley es mala? En realidad no. Solo ocurre que los hábitos de la población son malos, porque no sacamos nada con poner sellos negros y advertir sobre los niveles de azúcares, grasas saturadas, calorías o sodio que puedan tener algunos alimentos procesados, si la población come en exceso otras preparaciones caseras, como sopaipillas, empanadas, completos o cualquier otro productos hecho en el hogar, en la panadería, en un restaurante o en el casino de la oficina.
 
- Es decir, ¿los sellos no son suficientes?
Claro, porque los sellos son solo un indicativo que tampoco es válido para toda la población. De hecho, si analizamos con detención, están pensados e implementados como si toda la población fuese hipertensa, diabética u obesa. Y está más que claro que cada segmento etario tiene sus propias indicaciones, recomendaciones y restricciones específicas.
 
De hecho, los sellos por si solos, no son suficientes para tener una adecuada salud nutricional, porque las estadísticas y estudios demuestran que solo 30% del total de las calorías consumidas provienen de alimentos envasados. El resto viene de todos los ejemplos que ya mencioné y eso es lo que finalmente se refleja en mayores índices de obesidad. Y eso es consecuencia directa de malos hábitos de alimentación y una mala educación pública.
 
Yo pregunto, ¿Se han hecho en Chile, por ejemplo, campañas para enseñarle a la población que no coma tantas empanadas de pino, tanta carne con grasa, o dulces de panadería y otras preparaciones con elevado índice calórico? Creo que no. Por ende, la obesidad o el sobrepeso de la población no son culpa solo de los alimentos procesados, sino de la falta de variedad y de autocontrol, respecto de lo que se come a diario.
 
Pero, claro, es más fácil echarle la culpa a la industria, a las empresas, o peor aún, inventar un término como los alimentos “ultraprocesados” para buscar una excusa fácil. Pero quienes actúan de esa manera facilista, olvidan que los alimentos procesados no solo nos facilitan la vida, sino que además son seguros, y pasan por constantes fiscalizaciones de parte de cada uno de los gobiernos que supervisan los respectivos mercados de consumo.
 
Incluso voy más allá: Cuando hay emergencias como inundaciones o incendios, ¿acaso no se le envía a la población afectada fideos instantáneos, salsas envasadas o alimentos enlatados, por ejemplo? ¿Y qué ocurre con los concentrados de proteínas que distribuye UNICEF en zonas de conflicto, o donde hay sequías y crisis humanitarias generadas por altos índices de desnutrición? ¿Acaso esos productos especializados fortificados, que contienen todos los nutrientes requeridos para cuidar la vida, son “alimentos ultraprocesados” dañinos? Ahí podemos ver una clara paradoja.
 
A partir de estos ejemplos y muchos otros más, como el pan multigrano con fibras, minerales y proteínas que se vende en los supermercados; o la humilde leche que se entrega en los consultorios, es que podemos afirmar, con plena certeza, que esa clasificación de “ultraprocesados” no tiene ningún sentido, y debe ser eliminada de cualquier recomendación nutricional.
 
- En el fondo, el punto central de una buena salud alimentaria radica, entonces, en comer de todo, pero en su justa medida.
Exactamente, porque como lo dije antes, el secreto de la buena alimentación es la variedad y la moderación. Ese es el mantra. Ni mucho café, ni mucho azúcar, ni muchas grasas saturadas, ni muchas empanadas, sopaipillas o completos, etc. Y por supuesto, comer siempre muchas verduras y frutas frescas. Así lo sabemos desde hace cientos de años, y ninguna clasificación inventada nos debe apartar de ese objetivo. 

Francisco Javier González Salvo

Autor

Francisco Javier González Salvo
Periodista y Editor Revista Indualimentos

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Opinión: Chile y su riqueza alimentaria

5/15/2025

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Rescate de productos
Con identidad territorial
Columna Opinión Verónica Arancibia
Por Verónica Arancibia
Ingeniera en Alimentos, Mag. en Nutrición y Alimentos
Investigadora INIA Intihuasi
Letra E
l programa “Sello de Origen” es una iniciativa conjunta del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo y del Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI).
 
Es un programa destinado a la creación, promoción, preservación, protección y desarrollo de productos tradicionales o singulares de nuestro país, caracterizados por contar con un fuerte componente local y reconociendo y retribuyendo el esfuerzo y el trabajo asociados a ellos, mediante su reconocimiento como Indicaciones Geográficas (I.G.), Denominaciones de Origen (D.O.), Marcas Colectivas o Marcas de Certificación.
 
De esta forma, se espera contribuir a la revalorización de productos tradicionales y singulares de nuestro país, con el fin último de impulsar el emprendimiento y el desarrollo productivo de las comunidades locales y la conservación de sus tradiciones, preservando y estimulando formas especiales de manufactura, oficios tradicionales y productos singulares de nuestro país.
 
Las Denominaciones de Origen a nivel mundial, son un importante factor de desarrollo rural con un impacto económico para los territorios. El champagne francés, el tequila mexicano y el café colombiano son excelentes ejemplos de productos protegidos que entregan una ventaja competitiva a sus productores.
 
El Programa Sello de Origen ha demostrado ser una política pública eficiente para promocionar productos tradicionales y singulares de Chile, que desde sus inicios ha considerado el trabajo coordinado con las autoridades regionales y locales, con los ministerios y agencias de gobierno con competencias en estas materias, y con organizaciones privadas y entidades educacionales, entre otros, para servir a la adecuada promoción y posicionamiento de los productos de origen protegidos.
 
En la región de Atacama y, en específico, en el Valle del Huasco, existen cuatro productos con D.O., tres de ellos obtenidos por ley (pisco, pajarete y vino), y la D.O del Aceite de Oliva del Valle del Huasco, único obtenido por mérito.
 
Esto significa que cada temporada agrícola, los aceites que postulan a la certificación deben someterse a controles analíticos estipulados en el reglamento de uso y control de la D.O., para poder obtener la certificación de calidad única atribuida a las condiciones edafoclimáticas del Valle del Huasco, que lo diferencian de otras zonas de producción, siendo a la fecha el único aceite de oliva de América con Denominación de Origen.
 
CARACTERÍSTICAS DEL ACEITE DE OLIVA DEL VALLE DEL HUASCO
 
El aceite de Oliva del Valle del Huasco con certificación D.O., es un aceite de calidad extra virgen, extraído solamente por métodos físicos, provenientes de olivas recién cosechadas, utilizando al menos un 10% de la variedad de oliva sevillana, que presenta características únicas en su tipo que se asocian al territorio.
 
Para certificarse, cada año el aceite de oliva producido en el territorio debe cumplir con parámetros químicos y sensoriales. Desde el punto de vista químico, éste debe contener más de 400 ppm de polifenoles totales (antioxidantes naturales); una acidez inferior a 0.8 % y, en lo referente al perfil de ácidos grasos, el contenido de ácido oleico debe ser mayor al 70 % (componente al que se atribuyen innumerables beneficios en la salud).
 
Desde el punto de vista de su calidad sensorial, en tanto, debe presentar el atributo de frutado y ausencia de defectos.
 
La administración de la Denominación de Origen del Aceite de Oliva del Valle del Huasco está en manos del Comité de Administración de la D.O., órgano profesional formado por representantes del sector productivo, público y técnico, quienes deben velar cada temporada agrícola por la certificación de los aceites que postulan al sello D.O. y por el cumplimiento de la normativa estipulada en el reglamento de uso y control de la D.O. de los aceites producidos en el valle atacameño.

GALERÍA

Aceitunas valle d Huasco
Olivares valle de Husco
Aceite de oliva valle de Huasco
Foto

AUTORA

Verónica Arancibia
Ingeniera en Alimentos, Magister en Nutrición y Alimentos
Investigadora INIA Intihuasi

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Opinión: Ruibarbo patrimonio alimentario de Magallanes

4/8/2025

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En búsqueda de
Nuevas oportunidades
Claudia McLeod
Por Claudia Mc Leod B.
Ingeniera Agrónoma, Mag. en Sanidad Vegetal
Investigadora INIA Kampenaike
Letra A
nivel nacional, el ruibarbo es un cultivo poco conocido y cultivado en pequeñas superficies, encontrándose en Magallanes la mayor extensión establecida en el país.

Introducido por los colonos europeos hace más de 100 años, inicialmente el ruibarbo ocupó diferentes espacios en las estancias de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, para luego diseminarse a patios de las denominadas casa quinta y masificarse en parcelas aledañas, lo que explicaría en parte su aceptación, consumo y relación con este territorio.

Actualmente, el ruibarbo no solo se encuentra presente en preparaciones tradicionales como mermeladas, salsas y chutneys, sino que ha sido incorporado en innovadores productos locales como helados, sidras, licores y vinagres, lo que ha impactado en un aumento acelerado de la demanda local, dejando en evidencia una importante disminución del volumen comercializado.

Este fenómeno puede atribuirse al envejecimiento de las plantas, al escaso manejo agronómico o a la sustitución del cultivo por otras alternativas.

Como resultado, la oferta actual no logra satisfacer las necesidades de los transformadores de alimentos, lo que pone en riesgo la disponibilidad y crecimiento comercial de estos productos en el mercado.

Y es que este resurgimiento agroindustrial, íntimamente relacionado al sector gastronómico y turístico, unido a tendencias de consumo sostenible y alimentación saludable, busca relevar el patrimonio agroalimentario local mediante la comercialización de "productos regionales", utilizando materias primas de la zona, fortaleciendo con ello la identidad cultural de la Región de Magallanes, generando valor agregado desde el territorio Austral.

Lo anterior, representa sin duda una nueva oportunidad de diferenciación productiva para pequeños productores locales.

El desafío entonces es retroceder hacia el origen. Para ello es clave preservar el material genético del ruibarbo y generar planes de manejo sostenibles adaptados a nuestras extremas condiciones, lo que no solo asegura la existencia del cultivo en el largo plazo, sino que también otorga mayor seguridad para el despegue y consolidación de otros rubros, impactando económica y socialmente en diversos eslabones de la cadena productiva. 

El ruibarbo no es solo un cultivo en Magallanes; es una historia, un legado, y un futuro que merece ser explorado y valorado en su totalidad.

En INIA nos encontramos impulsando la revalorización y promoción de este patrimonio, asegurando que el ruibarbo siga siendo parte de nuestra identidad cultural y un motor económico para nuestra región.

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Claudia McLeod

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Claudia Mc Leod B.
Ingeniera Agrónoma, Mag. en Sanidad Vegetal
Investigadora INIA Kampenaike

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Francine Brossard, Directora Ejecutiva FIA

1/27/2025

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"La Pequeña Agricultura

Deber ser Motor de Innovación"

Entrevista publicada en edición impresa número 137 / octubre de 2022

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La ejecutiva enfatiza la urgencia de transferir al sector familiar campesino todo el conocimiento disponible en Tecnologías de la Información y Comunicación, para que pueda adaptarse mejor al escenario de crisis climática y estrés hídrico, orientando, simultáneamente, su producción hacia modelos sostenibles. 
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l sector silvoagropecuario es el pilar más importante de la industria alimentaria, pues desde él provienen todos los insumos, ingredientes y materias primas que permiten producir, en forma continua y eficiente, alimentos saludables, inocuos, seguros y sustentables para toda la población. 

Por ello, en el actual escenario de contingencia climática, económica y social es urgente brindarle todas las oportunidades que necesita para acceder a las modernas herramientas tecnológicas de la revolución digital, e incentivar el desarrollo de proyectos de innovación dentro de sus actuales grupos sociales más relevantes, los jóvenes y las mujeres.

Así lo entiende la directora ejecutiva de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Francine Brossard, DEA (Diploma d’Etudes Approfondies) en Desarrollo Rural del Instituto Agronómico Paris-Grignon, y magíster de Economía Agraria y Tecnología de los alimentos, Alimentación, Nutrición y Bienestar General, del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) Universidad de Chile; quien, desde el inicio de su carrera profesional, ha mostrado permanente interés por apoyar la innovación transversal en todo el mundo agrario campesino. 

Lo demostró tanto en los orígenes de su carrera profesional, en el área de análisis y estudios de la División Agrícola Conjunta de CEPAL-FAO de Naciones Unidas (donde se desempeñó durante casi una década), como en su posterior ingreso, en 1996, al Ministerio de Agricultura de Chile (MINAGRI), donde precisamente participó en la creación de la actual FIA, haciéndose cargo de su Unidad de Información. Desde allí lideró activamente y durante 15 años, el diseño de iniciativas destinadas a la gestión de información y vigilancia estratégica, en materia de innovación agraria. 

En 2011 dejó este trabajo para desarrollarse como consultora internacional en Tecnologías de la Información y Comunicación aplicadas al mundo rural, para el Banco Mundial, FAO, IICA y CEPAL, asesorando además, a diversos países de América Latina y África francófona.

Algunos de sus principales logros personales de este período fueron su participación directa en la creación de la Comisión Nacional de Igualdad de Oportunidades del MINAGRI; la formación en 2006 de la primera Mesa TIC Rural, con participación de las diferentes instituciones dependientes del MINAGRI; la articulación de la Red de Información Silvoagropecuaria de Chile (Redagrochile); y la creación de las primeras comunidades virtuales agrícolas de Chile (proyecto YoAgricultor BID-FIA). 

Con toda esta experiencia y experticia acumulada, Brossard aceptó este año el desafío de regresar a FIA y asumir su dirección ejecutiva, con el claro objetivo de potenciar aún más sus diversos instrumentos de innovación, para llegar con ellos a todos los rincones del mundo agrícola nacional, en especial, los pequeños productores pertenecientes a la agricultura familiar campesina.

Tarea en extremo compleja, pero que asume con la clara convicción de “seguir potenciando los desafíos estratégicos que presenta nuestro sector, trabajando también para que FIA pase de ser un referente de la innovación, a un guía que impulse y muestre el camino para llegar a más territorios, de manera global y cercana”. 

Hoja de ruta que se orienta a entregar soluciones capaces de enfrentar satisfactoriamente las agudas problemáticas que hoy enfrenta la agricultura nacional, buscando, al mismo tiempo, llegar a más comunidades del territorio rural, para que estas soluciones sean “replicadas por agricultores, productores, jóvenes, mujeres y pueblos originarios, sin distinción alguna”, enfatiza.

- ¿Qué representa para usted asumir este cargo en esta etapa tan compleja y trascendental para el mundo agrícola chileno?
En primer término es un orgullo encabezar una institución que conozco desde sus inicios. Y aunque me alejé de ella por 10 años, para trabajar organizaciones como FAO y CEPAL, siempre estuve al tanto de su trabajo. En ese período, mirando a FIA desde lejos y con otra perspectiva, me di cuenta de su enorme relevancia, pues no existe un organismo similar en otros países de América Latina. Y a pesar de ser relativamente pequeña, pues funciona solo con cerca del 1% del presupuesto del ministerio de Agricultura, hace cosas muy trascendentes y de gran impacto para el desarrollo del mundo agropecuario.

En ese ámbito quiero destacar que hoy nos encontramos en pleno proceso de descentralización, luego de trabajar durante muchos años solo con oficinas en Santiago, Talca y Temuco. Y si bien aún no tenemos un representante en cada región, creemos que pronto superaremos el desafío de llegar al máximo nivel de participación regional y nacional.

- ¿Cuáles son los principales desafíos que en este momento enfrentan como institución?
Nuestros lineamientos de trabajo forman parte del diseño de política rural del gobierno del presidente Boric. En ese sentido, apuntamos a desarrollar iniciativas que nos permitan abordar el déficit hídrico, a mitigar el cambio climático y a desarrollar sistemas alimentarios sostenibles.

Estos tres pilares de trabajo dan cuenta de las prioridades de Chile, pero también de las necesidades que enfrenta el sector silvoagropecuario a nivel mundial. Además, no debemos olvidar que nos encontramos ante un contexto internacional crítico, debido a la guerra en Ucrania, y estamos ciertos de que eso influirá directamente en el aumento del precio de los alimentos.

Por lo tanto, como Fundación para la Innovación Agraria tenemos mucho que decir y apoyar para enfrentar este escenario de contingencia. En ese contexto, quiero destacar que seguimos con la misma estructura de apoyo de instrumentos. De hecho, el pasado 13 de septiembre se abrió la convocatoria nacional de proyectos de innovación, a todas las personas e instituciones que forman parte del sector silvoagropecuario.

También reactivamos las “giras tecnológicas”, instrumento que estuvo deprimido, e incluso detenido, durante la pandemia, lo cual ha traído un efecto de tranquilidad, porque es muy bienvenido en todo el mundo agrícola por la gran participación social que brinda a sus participantes. Además, seguimos adelante con nuestros estudios de innovación, que también han sido otra línea de trabajo importante para FIA.

En forma paralela realizamos diversos eventos de apoyo, como conversatorios y seminarios, así como consultorías que abordan los diversos problemas del sector, ofreciendo a los participantes las respectivas soluciones de innovación.

Todos estos instrumentos se complementan de forma interesante y además le brindan flexibilidad a nuestra gestión. Por ejemplo, muchas veces se decide, por diversas razones, no apoyar un proyecto, pero en su lugar sugerimos una “gira tecnológica”, de modo de brindar la necesaria asistencia técnica a los agricultores, para que nazcan nuevos y mejores proyectos. Esta flexibilidad operacional nos permite cumplir a cabalidad lo que ha sido la misión institucional de FIA, desde su creación.

- ¿A cuántos beneficiarios apoyan actualmente con este conjunto de instrumentos?
Dentro de lo que es convocatoria nacional, tenemos hasta 200 nuevos proyectos postulantes cada año, de los que se aprueban cerca de 30. Proceso donde destaca la rigurosidad y transparencia del equipo profesional de FIA, para analizar cada una de ellos. Sin embargo, también debemos recordar que las propuestas aprobadas pueden durar hasta 3 o 4 años.

Por ende, si sumamos los proyectos en marcha, con todos los nuevos que se van aprobando, hablamos en conjunto de cerca de 100 de estas iniciativas operando simultáneamente cada año. De hecho, cuando asumimos ya había iniciativas aprobadas del año anterior, a las cuales les hemos dado continuidad. A esto hay que sumar todas las demás iniciativas e instrumentos de FIA que mencioné anteriormente como giras, seminarios o consultorías, lo cual nos permite posicionarnos como una institución muy bien evaluada por el mismo sector agropecuario.

- ¿Cuánto es el presupuesto que se destina a este concepto, anualmente?
Contamos con un presupuesto de alrededor de $8.000 millones de pesos, que naturalmente ha ido variando de acuerdo con ciertas prioridades de los distintos gobiernos en los últimos años. Sin embargo, lo novedoso es que actualmente cerca del 75% pertenece a MINAGRI, mientras que el otro 25% lo aporta el ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e innovación.

Es un paso muy importante en nuestra evolución institucional. Por eso, cuando asumí el cargo insistí que hubiese un representante del ministerio de Ciencias en nuestro Consejo Directivo, porque así no solo tenemos una excelente coordinación, sino que además podemos complementar nuestros objetivos, los cuales concuerdan en que los grandes conocimientos teóricos bajen hasta el diario vivir de la gente. Y en nuestro caso particular, que la innovación científica y tecnológica llegue a la pequeña agricultura, para lo cual es muy importante el apoyo del ministerio de Ciencias, especialmente en el desarrollo de nuevos programas.

ACCESO EQUITATIVO AL DESARROLLO

- ¿Existen hoy condiciones adecuadas para que el mundo agrícola acceda a programas de desarrollo e innovación?
Por supuesto, y en esto quisiera destacar que hoy FIA puede mostrar la gran madurez alcanzada en la difusión y consolidación de instrumentos de innovación. En ese sentido, recojo y asumo la crítica que hemos recibido anteriormente de otras instituciones y grupos sociales, en cuanto a que FIA sólo tenía “proyectos de elite”.

Algo que me dolió particularmente, porque, en cierto modo, era cierto. Efectivamente apoyamos proyectos de innovación que pertenecen a entornos académicos, pero también sabemos que debemos impulsar esas instancias para que lleguen efectivamente al gestor agrícola. Y esa es una nueva línea de trabajo que estamos impulsando actualmente, en cuanto a concretar transferencia de innovación.

- ¿Y cómo esperan concretar esta iniciativa?
Tenemos muchas y variadas opciones. Por ejemplo, FIA ha desarrollado desde hace varios años un área de desarrollo de documentos que plasman todo el trabajo de distintos proyectos de innovación. Es un gran trabajo documental, pero que hasta ahora quedaba solo en la biblioteca y no se traspasaba al mundo agrícola. Entonces queremos transferir esta información mediante el aporte específico de otras instituciones que sí desarrollan proyectos tecnológicos concretos, como por ejemplo, INIA, INDAP e IFOR, entre otras.

De este modo, FIA captura, analiza y desarrolla la información, y las demás instituciones la traspasan directamente al agricultor mediante iniciativas específicas de desarrollo tecnológico, de acuerdo con el tipo de suelo, la geografía regional, la demanda hídrica local o la idiosincrasia cultural de la población, entre otras múltiples variables.

​Con ello podemos lograr, entre otras cosas, transferencias de producción, innovación en cultivos no tradicionales, generación de valor agregado a especies nativas, aplicación de tecnologías de riego digital y muchas otras oportunidades de traspaso efectivo de conocimiento.
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Actualmente FIA cuenta con programas para financiar el desarrollo e implementación de herramientas TIC para optimizar la producción, riego, uso de recursos y control de contingencias, entre otras opciones. Crédito Foto: FIA.

INNOVACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO

- ¿Considerando el actual contexto de estrés climático y crisis económica, qué papel juega la innovación para superar dicho escenario, considerando que ya enfrentamos un complejo diagnóstico de alto riesgo alimentario para nuestro país?
La innovación juega un papel fundamental, por eso estamos en el momento preciso para reinstalar la mesa de trabajo TIC rural, que aplicamos entre 2006 y 2011 para avanzar en la tecnologización del agro. Con tal objetivo ya estamos trabajando desde junio con todas las instituciones del ministerio de Agricultura, para abordar desde esta perspectiva temas críticos como el déficit agrícola-hídrico y los sistemas alimentarios sostenibles.

Dentro de las herramientas TIC hoy existen múltiples alternativas para optimizar la producción, riego, uso de recursos y control de las contingencias ambientales, entre otras opciones. Hay un sinfín de herramientas que no son conocidas por los agricultores, así que nuestra tarea es darlas a conocer e incorporarlas a la pequeña agricultura, que siempre ha quedado rezagada en estos procesos y donde aún persiste una gran brecha de desconocimiento y alfabetización digital. 

- ¿Qué tan complejo es impulsar esta conexión del mundo rural con la transformación digital?
Es muy complejo. Recordemos que la población agrícola hoy tiene, en promedio, más de 60 años y además está compuesta cada vez más por mujeres que se están quedando solas en el campo. Paralelamente la juventud rural está emigrando a la ciudad, y ese es otro tema que quisiera destacar, porque estamos poniendo énfasis en enfocarnos en esas dos poblaciones objetivo, mujeres y jóvenes. Y digo énfasis, porque igual aportamos a todo el sector en general, pero no podemos desconocer que un gran porcentaje de la población prioritaria en la pequeña agricultura está formado por cooperativas donde participan mujeres, juventud y, también, pueblos originarios. 

Queremos entregar más y mejores herramientas TIC a las mujeres del mundo rural, que hoy están muy invisibilizadas. Por ejemplo, acabamos de cerrar un concurso para premiar a la “mujer innovadora”, en los ámbitos de producción y academia. Asimismo, estamos desarrollando otro programa para jóvenes innovadores, para que desplieguen y den a conocer todo su potencial de emprendimiento. Ya hemos hecho algunos encuentros donde destacamos, por ejemplo, los valiosos aportes emprendedores de los jóvenes de la región de la Araucanía.

- ¿Y existen otros proyectos emblemáticos o estructurantes de este nuevo esfuerzo integrador de FIA?
Precisamente en el área de operación queremos destacar un programa que será un hito para la agricultura, al cual hemos denominado “Agrocopinoa”. Este nace de un mandato del ministro de Agricultura, quien nos solicitó desarrollar una estrategia de capacitación hacia las cooperativas agrícolas, para formar una “academia de cooperativas”. Como primer paso empezamos a trabajar con dos grupos importantes, la “Unión Nacional de Agricultura Familiar Campesina” y CAMPOCOOP, con quienes hicimos un diagnóstico conjunto, llegando a la conclusión de que se necesita entregar capacitación orientada exclusivamente a la innovación.

Para orientarnos a ese objetivo aportaremos conocimiento para el desarrollo de planes de negocio que integrarán por primera vez el componente I+D+i. En ese punto entra a apoyarnos el ministerio de Ciencias, que por primera vez se incorpora a un trabajo conjunto con el ministerio de Agricultura, con el gran objetivo de llegar a “cooperativas agrícolas 4.0”. Partimos este año con un piloto de 20 cooperativas ya identificadas, y en agosto realizamos el primer seminario para que se conocieran entre ellas y comenzaran a armar planes de negocio apoyados por universidades. En este punto entra además a participar un tercer ministerio, el de Economía, porque es la entidad que acredita a las cooperativas.

Queremos que, mediante este gran programa, las cooperativas pasen por estas distintas etapas de capacitación, creación de planes de negocios, incorporación de I+D+i y evolución hacia las TIC, para que, a través del ministerio de Economía, se acredite dicho traspaso mediante un sello especial de innovación, para que estas cooperativas accedan, en forma prioritaria, a concursos de fomento públicos (SERCOTEC o INDAP) y a eventuales instrumentos de la banca privada. 

Es una iniciativa inédita del ministerio de Agricultura, destacada en forma entusiasta por las mismas cooperativas y, que en cierto modo, retoma el trabajo hecho hace algunos años con las comunidades virtuales, en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo.

- ¿Sienten entonces que se están dando los pasos correctos en cuanto a impulsar la innovación del sector agroalimentario, sobre todo de la pequeña agricultura?
Somos optimistas, porque estamos haciendo todos los esfuerzos, primero para cumplir nuestra misión de desarrollar una cultura de innovación; y luego, para avanzar de manera coordinada con otras instituciones del Estado, para que la innovación llegue hasta el agricultor. Y confiamos en que si trabajamos asociados con cooperativas, podremos lograr un resultado trascedente.

También estamos trabajando en conjunto con la SNA, para incentivar la innovación en liceos agrícolas. Es una iniciativa que hoy renovamos mediante el programa Savia Lab, que involucra a todos los alumnos de liceos agrícolas desde primero medio hasta cuarto medio. Mediante el apoyo directo de alguna una universidad se incorpora la innovación como programa de estudio, desde el inicio de la enseñanza media. Queremos que esos chicos, con la mirada dirigida desde y hacia la innovación, vean que existe futuro en sus propias localidades.

Que ellos mismos identifiquen brechas donde la innovación de alguna respuesta. Hemos visto ya casos muy destacados en la región de Maule, así que confiamos en el éxito de programa. De hecho, tiene tantas oportunidades, que los mismos profesores participantes de Savia Lab obtienen la experticia, y un diploma, que los faculta a seguir impulsando la innovación en sus futuros alumnos de estos y otros establecimientos. Así lograremos que los jóvenes comprendan que hay futuro en el campo y no migren a las ciudades. Necesitamos jóvenes en el campo, o si no, este muere. Algo que es vital, porque la pequeña agricultura entrega casi el 80% de los productos alimenticios de los cuales se nutre toda la población. 

Claro que también nos hemos percatado de que, producto de la pandemia, muchos jóvenes se fueron al campo e impulsaron numerosas iniciativas en el rubro alimentario, especialmente en el sector gastronómico, por lo que están llevado todo su conocimiento del mercado, para orientar al sector agrícola respecto de las nuevas tendencias de consumo de alimentos orgánicos, vegetarianos o sustentables. Este positivo traspaso de información entre jóvenes emprendedores de origen urbano y pequeña agricultura, también nos hace mirar con optimismo el futuro.

- ¿Cómo podrían decir que cumplieron su misión al cabo de este periodo? ¿Con qué parámetros se podría medir ese objetivo?
En primer lugar, que transfiramos a la pequeña agricultura toda la innovación necesaria para que enfrente el cambio climático, el estrés hídrico y la producción sustentable; y que a partir de ello cambiemos esa percepción de que FIA solo financia proyectos de elite. 

Luego, que tengamos el programa Agrocopinoa consolidado y ya beneficiando a las 130 cooperativas agrarias de nuestro país, para que todas tengan planes de negocios donde incorporen la mirada de I+D+i y su respectivo componente de TIC. Todo ello coordinando exitosamente, además, el trabajo tripartito de los ministerios de Agricultura, Ciencias y Tecnología, y Economía.

En paralelo, que se vea un resultado positivo del programa de apoyo a la juventud rural, alcanzando un gran porcentaje medible de efecto innovador en su educación, que se refleje en el desarrollo concreto de emprendimientos rurales.

Además, necesitamos que las mujeres del campo adopten masivamente la innovación y la apliquen en su trabajo diario de producción o artesanía, desarrollando emprendimientos exitosos que les permitan salir adelante por sí solas.

Finalmente, también tenemos como objetivo impulsar el desarrollo de las comunidades indígenas. Hoy FIA hace mucho trabajo con ellas, y quisiera que al final de esta administración, rindamos cuentas positivas de este trabajo particular en innovación.

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Cultivos campesinos.
Inauguración proyecto FIA.
Plantación de palmeras FIA.
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Redacción ​Indualimentos
Con la participación de Francine Brossard, Directora Ejecutiva de FIA

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Iris Lobos, Directora Nacional INIA (2022-2025)

1/27/2025

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“Si Queremos Seguir Siendo

​una Potencia Alimentaria,

Debemos Fortalecer la

Inversión en I+D”

Entrevista publicada en edición impresa número 139 / febrero de 2023

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La Dra. en Alimentación y Medio Ambiente, llama a tomar decisiones que impulsen la cooperación intersectorial e interinstitucional, para que la pequeña agricultura disponga de herramientas tecnológicas que le permitan ser agente activo en la producción de alimentos seguros, inocuos y sustentables.
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l sector agropecuario mundial enfrenta el crucial desafío de optimizar la producción eficiente, segura, inocua, segura y sustentable de alimentos, enfrentando, al mismo tiempo,  un complejo escenario de estrés hídrico y climático que no tiene paralelo en la historia reciente.
​
​Más aún, debe poner énfasis en el desarrollo de sistemas productivos que reduzcan la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el alto impacto que se genera en los suelos de cultivo, que hoy se presentan cada vez más alterados y peligrosamente al borde de su agotamiento.

Desafíos que hoy se viven con más fuerza que nunca en Chile, y que Iris Lobos, directora nacional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, recalcó a cada uno de sus colaboradores, luego de asumir dicho cargo en marzo de 2022.

Un nombramiento que reconoció la trayectoria y experticia técnica de esta Dra. en Alimentación y Medio Ambiente, y que no solo le permitió convertirse en la primer mujer que asume dicho cargo, en los 58 años de existencia de INIA, sino que además le brinda la oportunidad de liderar un paso evolutivo fundamental de su historia.

Hito enmarcado en el reconocimiento hecho por el ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación, cuya titular anterior titular, Silvia Díaz Acosta, aseguró durante su presentación en el reciente seminario Agrifood Tech 2023, que “esperamos relacionarnos mucho más con INIA para avanzar en sus objetivos de investigación científica y transferencia tecnológica con el sector agroalimentario”. 

Todo enmarcado dentro de una nueva estrategia de inversión en I+D+i, para optimizar la sustentabilidad, seguridad, inocuidad y eficiencia de la producción nacional de alimentos. 

Tarea que en, palabras de Iris Lobos, es al mismo tiempo una “gran responsabilidad y un orgullo”, porque implica reconocer el valor de la experticia y experiencia institucional, como eslabón fundamental de la nueva cadena de I+D+i que catapultará al sector agropecuario hacia una nueva dimensión de eficiencia, soberanía, seguridad, inocuidad y, por cierto, sustentabilidad. 

- ¿Qué significó para usted asumir y luego liderar un trabajo tan trascendente, complejo y especializado como el que conlleva ser directora nacional de INIA?
Fue un honor y una gran responsabilidad ser nombrada, no solo por ser la primera mujer entre los directores nacionales, sino porque además la gente espera mucho de uno, que todo funcione más rápido y seamos más ejecutivos. Pero en general ha sido una linda experiencia, porque siento que los 960 trabajadores me apoyan y eso ha hecho que el trabajo sea, dentro de todo, más fácil.

A su vez, cuando asumí le recalqué a mi equipo cuáles iban a ser las prioridades, las cuales tienen que ver con ir avanzado hacia la paridad, porque en general el I+D+i en Chile, y en el mundo, es de pocas mujeres. Y en cuanto llegué decidí que hubiera paridad entre los 10 directores regionales, así que actualmente hay cinco mujeres y cinco hombres. Eso significa que también hay muchos centros regionales que por primera vez tienen una mujer como directora. Además, estamos enfocados en ir potenciando el trabajo técnico de nuestros equipos en paralelo, y todo eso la gente lo ha valorado muy bien.

- Dentro de este trabajo tan especializado que realiza INIA para impulsar la innovación en un sector complejo de por sí, como el agropecuario, ¿Cuáles son actualmente los principales desafíos que deben enfrentar como institución?
Bueno, como país tenemos que aumentar la cantidad de alimentos en menos superficie cultivable y tenemos un cambio climático y una crisis hídrica que ya están aquí. Esos son los principales desafíos de los cuales tenemos que hacernos cargo, que además se relacionan con la forma cómo resguardamos y protegemos nuestro patrimonio alimentario, porque la crisis hídrica, el cambio climático, y la necesidad de producir más alimentos, de una u otra manera, afectan nuestro patrimonio alimentario. Lo positivo es que INIA ya había empezado a trabajar esas situaciones, así que estábamos preparados. Tenemos trabajo hecho, por ejemplo, en el desarrollo de variedades adaptadas a la crisis hídrica, y otras que usan menos plaguicidas, pensando en una agricultura sostenible.

Pero tenemos que seguir avanzando siempre, porque también tenemos hoy otros desafíos grandes que tienen que ver con cómo evitamos el éxodo rural y cómo hacemos que la gente quiera seguir produciendo. En ese sentido, en nuestro primer año al frente de INIA hemos fortalecido de manera concreta los vínculos con INDAP, por ejemplo, para generar programas de largo aliento en los cuales podamos trabajar con la agricultura familiar campesina, con especial foco en mujeres y jóvenes. No olvidemos que la agricultura familiar campesina produce casi el 80% de lo que comemos, entonces tenemos que apoyarla para que vaya también adaptándose a la crisis hídrica y al cambio climático, desde el punto de vista tecnológico, porque si no los capacitamos, si no les entregamos las herramientas tecnológicas, no pueden ser competitivos y al final eso va en su desmedro.

- ¿Hay conciencia en el sector, sobre todo en la Agricultura Familiar Campesina, de que el cambio ya está presente y hay que trabajar ya no para prevenirlo, sino para enfrentarlo o mitigarlo?
Creo que a nivel de la pequeña agricultura sí hay consciencia. Ellos entienden que esto ya cambió y no producen como antes. El problema es que también tenemos que entregarles herramientas para que puedan hacer el cambio. Por mucho que tengamos variedades adaptadas o tecnologías, también debemos ser capaces de entregárselas a los agricultores, porque ellos ya saben que no pueden seguir trabajando como lo han hecho hasta ahora, porque hay menos agua. En INIA, por ejemplo, estamos produciendo un arroz climáticamente inteligente que se riega como si fuera otro cultivo y no bajo inundación, por lo que requiere 50% menos de agua. El desafío ahora es que nosotros convenzamos y a la vez le hagamos llegar este tipo de tecnologías al pequeño agricultor. 

- ¿Existen los procesos o procedimientos para traspasar, efectivamente, estas tecnologías al pequeño agricultor?
También se ha avanzado en esto. Aunque aquí quiero reconocer la visión del actual ministerio de Agricultura, porque nos ha unido a todos, como servicios, y ya no estamos cada uno trabajando en forma separada, lo que antes solía confundir al agricultor. En este período hemos ido subsanando esa falencia y prueba de ello es, por ejemplo, que hoy tenemos programas a largo plazo en conjunto con INDAP, en los cuales vamos a entregar a los agricultores estas nuevas herramientas con las que contamos para enfrentar este escenario de cambio climático.
 
- Si bien existe consenso respecto de que la innovación es fundamental para adaptarse a este escenario, ¿Qué papel juega efectivamente?
La innovación es un pilar fundamental, pero por sí sola tampoco es la respuesta. Esto implica que tenemos que intensificar la comunicación y cooperación entre todos los sectores para impulsar un trabajo conjunto. El gobierno del presidente Gabriel Boric lo está haciendo en forma concreta, a través del ministerio de Agricultura, porque en su programa se establece el aumento de los fondos destinados a I+D, porque entendemos que es la forma de avanzar a una agricultura más sostenible.

Pero esto implica reunirnos tanto con el sector privado y público, para lograr que este pack tecnológico reamente llegue a toda la agricultura, no solamente a los pequeños, sino que también al mediano y al grande también.  Vamos a hacer innovación, sí, pero la innovación por sí sola no basta. Hay que incorporar generación de redes y trabajo público-privado, más el aporte de la academia. Hay que dejar de la lado la idea de que cada área es una isla, porque claramente eso ya no funciona.

- ¿Hemos logrado ir eliminando las islas, estamos siendo más integrales y actuando más conjunta y cooperativamente?
Sí, como país diría que hemos avanzado bastante y eso lo prueba, por ejemplo, el reciente Catálogo de Innovación Alimentaria del programa Transforma Alimentos, que en 2022 seleccionó 50 productos innovadores. En el caso particular de INIA, dejamos atrás la visión de ser una institución que solamente pertenecía a la agronomía, y apostamos por abrirnos a otras áreas del conocimiento, como alimentación. En los últimos 10 años hemos fortalecido esta perspectiva y ello nos ha permitido avanzar, por ejemplo, en el rescate y valorización de nuevas materias primas, en la obtención de sellos de origen, el desarrollo de envases inteligentes, en nuevos sistemas de pos cosecha, y la extensión de la vida útil de nuestros productos de exportación.

Es decir, en estos últimos diez años INIA ha tenido un avance considerable en innovación para la industria alimentaria. Como ejemplos, podemos mencionar la certificación de la denominación de origen del aceite de oliva de Huasco y de los corderos de Chiloé; y el trabajo para desarrollar nuevas materias primas naturales, como por ejemplo, extracto de zanahorias para colorantes naturales.

- ¿Se consideran, entonces, una institución bisagra dentro de esta estrategia?
Sí, porque además lo que nos diferencia también de otras instituciones es que trabajamos directamente con los agricultores, medianos, pequeños y grandes. Entonces, muchas veces ellos traen una idea o un problema, y en conjunto vamos desarrollando la solución. Eso también es muy potente a nivel de territorio y por eso hoy tenemos presencia en 10 regiones, porque claramente las regiones del norte no tienen las mismas características o problemas que las del sur. Eso nos permite entregar acompañamiento específico para cada territorio.

- Tradicionalmente Chile se ha definido como potencia alimentaria, ¿Podemos mantener ese sitial, considerando el actual estado de emergencia climática y estrés hídrico?
Hay cosas que tenemos que mejorar y aprender, porque, como nos sucede con los incendios forestales, somos reactivos y cuando pasan las emergencias nos olvidamos de ellas hasta que suceden otra vez. Lo mismo nos acontece, muchas veces, con plagas o sequías. Yo creo que Chile puede seguir siendo potencia alimentaria, pero estamos en un punto de inflexión en que si no tomamos decisiones concretas y no trabajamos, vamos a perder ese sitial. Estamos en el momento de plantearnos las siguientes interrogantes: ¿vamos a seguir siendo potencia alimentaria?, ¿vamos a trabajar conjuntamente para mantenernos así o vamos a dejar que esto se diluya?

Y esa es una decisión de Estado, que como ministerio de Agricultura y en el caso específico de INIA, hemos tratado de mantener. Estamos aportando y apoyando, pero no se requiere solo de un sector, como decía anteriormente. Si no nos unimos los entes públicos y privados, es muy difícil mantenernos como potencia alimentaria. En agricultura es lo mismo que en otras áreas, si no hacemos un manejo integral de la crisis, si no vamos bajando la carga de plaguicidas, si no vamos dejando especies adaptadas, va a llegar un momento en que el suelo nos dirá: “basta, no podemos más y no se produce más”. Entonces, reitero, estamos en un punto de inflexión donde tenemos que decidir como país, ¿vamos a enfrentar esta situación, para seguir siendo potencia alimentaria?

- ¿Quiénes están más al debe en este esfuerzo?, ¿Hay sectores que les falta dar más pasos para igualar el ritmo de avance de otros?
Es una situación compleja en general, porque hoy la agricultura es el tercer rubro que menos invierte en I+D, y si no invertimos es muy difícil que podamos avanzar hacia objetivos tales como tener especies adaptadas, mejorar el manejo de protocolos o reducir el uso de plaguicidas. Por eso valoro que el gobierno del presidente Garniel Boric haya incluido esto en su programa. Porque no podemos seguir con una I+D basada en proyectos que solo duran 24 o 36 meses. Por ejemplo, si queremos desarrollar un programa de mejoramiento genético de especies, podríamos tardar hasta diez años. Tal vez puedan ser 5 o 7 años, con el uso de nuevas tecnologías, pero no menos que eso. Entonces, si el país no invierte en I+D es muy difícil alcanzar las metas que queremos, así que una vez que el Estado, los gobiernos y las empresas vayan entendiendo que invertir en I+D es la solución, vamos a ir avanzando más sostenidamente. 

- ¿No resulta paradójico que el sector tenga tan poca inversión en I+D si debemos producir más alimentos para una población en constante crecimiento, dentro de un contexto de cambio climático y estrés hídrico? ¿Estamos viendo, entonces, solo un discurso que no se cumple? 
Era hasta hace poco, un discurso que no se cumplía hasta ahora, porque como país no entendíamos el rol que tenía el I+D, pero estoy convencida de que esto ha ido cambiando. Al respecto, como INIA hemos recibido ciertas señales positivas, a partir de los programas estratégicos que realizamos con INDAP y de las propuestas que nos ha planteado el ministerio de Ciencias, para aportar en el desarrollo de programas más largos. Son buenas señales, pero aún no es suficiente, aunque al menos siento nos indican que vamos por el camino correcto. Y de verdad espero que Chile siga así siempre, y esto sea el preludio de una auténtica política pública de I+D.
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Parte importante de los esfuerzos institucionales se enfocan, actualmente, a reducir el impacto ambiental de las actividades agropecuarias, como, por ejemplo, la emisión de metano de la ganadería. Crédito Foto: INIA.

IMPULSO A LA PEQUEÑA AGRICULTURA

- Hace muy poco la ministra de ciencias destacó en un seminario que INIA, precisamente juega un papel muy importante para potenciar la innovación alimentaria, ¿se sienten preparados para cumplir ese desafío?
Como institución, la confianza que ha depositado en nosotros el ministerio de Ciencias, nos enorgullece, pero también nos plantea el desafío de demostrar el valor de todo el trabajo que hemos hecho en nuestros 58 años de historia. Es una gran presión, pero confiamos en que vamos a lograrlo, porque, como lo ha dicho la ministra, si esto funciona y nosotros damos respuestas positivas, será el primer paso de financiamiento basal para I+D. Estamos en la gran posición de jugarnos el todo o nada, a ganador, porque confiamos en nuestra experiencia y trabajo.

- ¿Qué aspectos específicos esperan trabajar gracias a este impulso recibido de parte del ministerio de Ciencias? ¿Hay algún área prioritaria?
Aún lo estamos definiendo con el ministerio, pero se relaciona en general con la seguridad y soberanía alimentarias, además de crisis hídrica y cambio climático, que son los temas que debemos abordar de inmediato. En eso está implícito todo lo relacionado con el desarrollo de una agricultura sostenible, es decir, de qué forma vamos a ir ocupar menos plaguicidas, menos químicos y menos recursos, por ejemplo. Durante febrero y marzo definiremos las tareas específicas, es decir, qué es lo que el ministerio de Ciencias quiere, y qué es lo que INIA ya puede desarrollar, o dónde falta más profundización. Implica, precisamente, definir de qué forma seguimos siendo una potencia alimentaria, haciéndonos cargo de los problemas ya expuestos, y evaluar cómo podemos aportar, con el I+D que ya hemos desarrollado, y lo que falta por desarrollar.

- ¿Esperan sumar más actores dentro de esta estrategia de I+D, tanto dentro del mismo sector agropecuario como entre las empresas alimentarias?
En esta primera fase vamos a trabajar con nuestras capacidades, y en esto quiero agradecer la visión de la ministra de Ciencias, quien prefirió potenciar lo ya existente en lugar de crear una institución nueva, para así avanzar más rápido en tareas específicas, como por ejemplo, la generación de nuevas variedades de cultivo ya adaptadas al estrés hídrico que INIA ya tiene. Por eso tengo la confianza de que vamos a avanzar para posteriormente sumar nuevos conocimientos a los nuestros, para así lograr alianzas y sinergias mejores a futuro.

- ¿Se han trazado ya objetivos específicos y cuantificables?
En parte son algunos de los que ya teníamos como INIA y que se relacionan con avanzar en digitalización y prevenir escenarios de contingencia, entre otros. Por ejemplo, tenemos sistemas de alerta temprana que podemos orientar al reconocimiento de emergencias agrícolas en alguna región; también podemos desarrollar bio insumos y controladores biológicos accesibles para la pequeña agricultura; y escalar la investigación a todos los sectores de la agricultura. Todos estos objetivos específicos debieran orientarse a la agroecología, para cuantificarla desde la perspectiva del I+D, poniéndole valores duros y avanzando hacia la consolidación de una agroindustria sostenible.

- Entre todas las acciones innovadoras recientes, sin embargo, para haber algo de dispersión, ¿ustedes aspiran a ser un ente aglutinador de todos estos esfuerzos?
Como INIA nuestro principal esfuerzo es apoyar la obtención de sellos de origen para los emprendedores, porque queremos que les ayude a diferenciar la calidad de sus productos, asociándolos a un territorio determinado. Esto les da un gran valor agregado, que siempre pasa además por componentes nutracéuticos, lo que es muy apreciado por los consumidores. Hemos avanzado bastante al respecto, aunque aún tenemos un gran mundo por explorar.

- ¿Es esta la mejor estrategia para consolidar una industria agroalimentaria segura, inocua y sostenible?
Todo esos conceptos están contemplados dentro de un sello de origen, porque con él se evita, por ejemplo, tener que criar o trasladar animales de un lugar a otro. Con eso se reduce la huella de carbono, se potencia un territorio, y se crea valor a partir de un esfuerzo que además se orienta a producir más en forma eficiente y menos dañina con el ambiente.

- ¿Y qué esperan de los próximos tres años, para decir que la misión está cumplida?
Durante este período me propuse dos grandes reformas; primero, optimizar la experticia y especialización de nuestra institución y su gente. Para ello creamos la subdirección de Gestión de Personas, porque necesitamos colaboradores capacitados. La otra reforma es dar mayor importancia a la extensión y transferencia tecnológica, por medio de la subdirección de I+D y Transferencia. Hoy estamos muy comprometidos en que ambas variables vayan en paralelo para que los agricultores den el siguiente paso y puedan acceder a las tecnologías de INIA. Parte de este esfuerzo es contar con ellas en nuestro propios campos, para que los agricultores vean en terreno su factibilidad y operacionalidad.

El último componente en que hemos avanzado es la descentralización, porque necesitamos que los centros regionales sean lo más autónomos posible en su toma de decisiones. Por ejemplo a fines de abril de 2022 independizamos Raihuén Maule, que siempre dependía de Chillán y además estamos gestionando la apertura de un nuevo centro regional en Ururi, Arica.

- ¿Y desde un punto de vista más estratégico y de largo plazo, podemos ser un país con una industria agroalimentaria sustentable, segura e inocua?
Soy optimista, creo que si vamos potenciando el I+D y si ya fuimos capaces, como ministerio de Agricultura, de conversar y cooperar entre nosotros, también podemos interactuar mejor con otros ministerios, porque el ser potencia alimentaria sostenible no solo depende de Agricultura, tenemos que sumar Economía, Desarrollo Social, Relaciones Exteriores, etc. Es decir, somo un país. Así que creo que cuando dejemos de competir entre un ministerio y otro, vamos a poder avanzar, además tenemos que sumar al sector privado y la academia, porque esto siempre es esfuerzo de todos.

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Sobrevuelo con drones.
Biotecnología INIA.
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Redacción ​Indualimentos
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