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Opinión, brecha científica entre hombres y mujeres

3/12/2026

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Opinión investigación femenina en Chile
Opinión mujer e investigación en Chile
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Por Dra. Araceli Olivares
Investigadora CT CREAS
Letra E
n el marco de una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, me han solicitado escribir una columna de opinión respecto a “cómo se ha visto la reducción de la brecha entre hombres y mujeres en el mundo de la investigación científica”.
 
En ese contexto, me puse a pensar y recordé que hace más de 10 años también escribí al respecto para esta fecha.

Tengamos presente, en primer lugar, que el Día Internacional de la Mujer es un día reconocido por la Organización de Naciones Unidas, ONU, donde se conmemora la lucha de la mujer por su participación en igualdad de condiciones con los hombres, en las distintas instancias de nuestra sociedad.
 
Como Centro de Investigación Científico- Tecnológico, no podemos dejar de mencionar la importancia de la mujer en el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país.
 
Nosotros mismos tenemos una gran cantidad de mujeres en CREAS, por encima del promedio de otras instituciones. Algo destacable al pensar en el desafío de la equidad.
 
Sin embargo, si lo vemos a nivel país, hace más de 10 años (cuando escribí la columna anterior), los proyectos liderados por mujeres (según datos de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo – ANID) eran el 40% (un 45% más que 10 años antes de esa fecha, es decir hace más de 20 años), pero resulta que en la actualidad los proyectos adjudicados por mujeres son el 34.5%.
 
Estos números parecen un poco desalentadores, ya que si bien 10 años atrás había subido la participación de mujeres, hoy vemos una baja.
 
En ese sentido, también debemos puntualizar que los porcentajes de postulación a proyectos por parte de mujeres siguen siendo bajos respecto al porcentaje de hombres que postula (también del orden del 35% de proyectos admisibles).
 
Es destacable, eso sí, que existen en ANID otras instancias de participación femenina en proyectos específicos de equidad de género, posiblemente, allí esté la diferencia, ya que dicho valor (cercano al 35%) se ha mantenido en los últimos 5 años.
 
A nivel mundial, Chile aparece en el puesto N° 22 del ranking mundial de brecha de género (Word Economic Forum, Global Gender Gap-2025) de un total de 148 países, aumentando significativamente desde el puesto N°46 (el año 2011) y desde el lugar N°78 el 2006, lo que refleja que las mujeres pueden competir de igual a igual con hombres y demostrar sus habilidades y capacidades.
 
Ahora, si miramos los números anteriores puede parecer un gran salto, lo que debería alegrarnos ya que algo se ha hecho al respecto.
 
Sin embargo, nuevamente, este es un valor global, ya que en el sub ítem “igualdad salarial para un trabajo similar”, Chile ocupa el puesto 85 (año 2025), alejado del ideal pero bastante mejor que el puesto 128 que ocupaba el 2011.
 
Esta cifra es bastante negativa, y así como en el área de la ciencia y la tecnología se han desarrollado planes para disminuir esta brecha y aumentar la participación de mujeres, igualmente debiera ser aplicado a otras áreas de desarrollo de la economía de nuestro país.
 
Por el momento, me quedo con los números del ranking mundial. Esto nos indica que vamos en la dirección correcta, por lo que espero que sigamos avanzando para un país más equitativo con las mujeres trabajadoras.

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Participación mundial de Chile en equidad de género en investigación. Foto: FreePik.
Participación de mujeres en ANID
Investigación femenina en Chile.
Firma columna equidad en investigación

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Opinión Gabriel Vivanco legislar en alimentos
Columna Felipe Marín
Opinión Daniela Chávez
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Opinión: Del fierro al dato validado

2/6/2026

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Titular columna de opinión Felipe Marín
Columna de opinión Felipe Marín
Bajada columna de opinión Felipe Marín
Por Felipe Marín
Gerente de Operaciones y Mantenimiento ProCycla – coejecutor TT Green Foods
Letra E
n el ecosistema de innovación agroalimentaria, a menudo nos deslumbramos con el producto final: el ingrediente funcional o el packaging inteligente.
 
Sin embargo, también existe una capa invisible, más “sucia” y desafiante, que sostiene toda esa cadena: la gestión masiva de los descartes y la energía que mueve el proceso.
 
Nuestra participación en el Programa TT Green Foods, liderado por CREAS y CORFO, ha consistido en hacernos cargo de esa infraestructura basal.
 
Así, mientras el portafolio avanza en la sofisticación de productos, en el Proyecto P13 hemos asumido el rol de validar la “ingeniería dura” necesaria para cerrar el ciclo energético a escala real.
 
Al entrar en nuestra fase decisiva de operación y tras ajustar estratégicamente nuestros objetivos hacia un TRL 7-8, confirmamos una hipótesis vital: la industria nacional no necesita más “fierros” importados ni diseños teóricos, sino certezas operativas y viabilidad económica.
 
Nuestra operación en el Bioparque de Quilpué no es solo un hito constructivo; es un laboratorio de estrés.
 
Al iniciar el procesamiento de cargas reales de 300 kg diarios de residuos complejos, estamos sentando las bases operativas para la inminente generación de biogás. Pero más allá de la energía, utilizamos la realidad física para calibrar el “cerebro” del sistema, aprovechando las capacidades especializadas de nuestro Holding ProCycla a través de Modela.
 
Gracias a esta integración, hemos detectado que los modelos tradicionales suelen sobreestimar la producción energética en un 10-20% al ignorar las “zonas muertas” de los reactores.
 
Estamos corrigiendo esa matemática mediante una hipótesis de compartimentalización automatizada.
 
Aunque el objetivo inmediato es validar que una hidrodinámica optimizada reduce la agitación a solo 30 minutos diarios (desplomando el OPEX), la proyección de este hallazgo trasciende al proyecto: esta metodología tiene el potencial de revolucionar el diseño de grandes plantas industriales, permitiendo escalar reactores con precisión predictiva antes de construir la infraestructura física.
 
Esta búsqueda de eficiencia no se limita al proceso, sino que se extiende a la estructura misma. El contexto económico global, marcado por la volatilidad del acero, aceleró una reflexión técnica necesaria: la viabilidad comercial no puede depender de materiales de costos impredecibles y alta corrosión.
 
La operación actual nos ha permitido confirmar que el escalamiento comercial (posproyecto) debe migrar desde el acero estructural hacia soluciones modulares en polímeros de alta densidad (HDPE).
 
El «Paquete de Conocimiento» que estamos consolidando entrega precisamente eso: la ingeniería de detalle para transitar de una obra civil costosa a un producto industrial manufacturable y logísticamente ágil.
Entendemos que el desarrollo sostenible es una carrera de resistencia. Al extender nuestra validación operativa hasta 2026, aseguramos que el activo a transferir al ecosistema TT Green Foods no sea un prototipo prematuro, sino una plataforma tecnológica con riesgos mitigados.
 
El MDA de ProCycla se erige así como una pieza complementaria clave para los demás coejecutores: somos la plataforma que permite imaginar un futuro donde los residuos de la industria de ingredientes no sean un pasivo, sino la fuente de energía de su propio proceso.

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​OTRAS COLUMNAS

Columna Gabriel Vivanco alimentos y salud pública
Columna de opinión Andrea Chávez
Columna de opinión Marta Albornoz
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Otras columnas
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Microorganismos funcionales

11/28/2025

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Titular columna Marta Albornoz
Columna de opinión Marta Albornoz
Bajada columna Marta Albornoz
Por Dra. Marta Albornoz
Directora Proyecto P11 “Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas degradados”
TT Green Foods
Letra B
ajo nuestros pies, la tierra se desliza como un suspiro antiguo. Lo que alguna vez fue suelo fértil y promesa de alimento, hoy se convierte lentamente en polvo que el viento levanta y dispersa.

En la Región de Valparaíso, entre los años 2008 y 2023, hubo un aumento del 68.5% de suelo desnudo, lo que se tradujo en una disminución de la vegetación densa y el incremento de edificaciones, por lo tanto, no se trata solo de un fenómeno ambiental.
 
Corresponde también a la pérdida silenciosa de nuestra base productiva, de nuestra memoria agrícola y de una parte esencial del territorio que nos sostiene.
 
Frente a este panorama, no basta con hacer “más de lo mismo”. Necesitamos una nueva manera de cultivar, una que se apoye en la ciencia, pero también respete los ritmos y equilibrios de la naturaleza.

Ahí es donde entran los bioinsumos basados en microorganismos benéficos, pequeños aliados invisibles que están revolucionando el modo en que entendemos la fertilidad del suelo. Hongos, bacterias y levaduras que viven en torno a las raíces y que, en lugar de competir con las plantas, trabajan junto a ellas.
 
Los hongos micorrícico-arbusculares (HMA), por ejemplo, amplían la capacidad de las raíces para absorber nutrientes como el fósforo y ayudan a que el suelo retenga mejor el agua. En un país sediento, eso es oro puro.
 
Las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno y liberan compuestos que estimulan el crecimiento vegetal, mientras que las levaduras, aunque menos conocidas, están mostrando un potencial increíble para proteger las plantas contra enfermedades.
 
En conjunto, estos microorganismos no solo mejoran los rendimientos, sino que también reducen el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo de la agricultura una práctica más limpia y sostenible.
 
Desde Centro Ceres, en alianza con investigadores como el Dr. Pablo Cornejo, se ha logrado avanzar en la creación de consorcios microbianos complejos (combinaciones de distintos microorganismos que trabajan en conjunto), alcanzando etapas tecnológicas que ya permiten pensar en productos comerciales.
 
Lo más valioso de este trabajo no es solo la ciencia detrás, sino la visión: ofrecer a los agricultores herramientas reales, accesibles y efectivas, tanto para la producción convencional, la orgánica y agroecológica.
 
En otras palabras, tecnología pensada para el campo y para las personas que lo hacen posible.
 
La importancia del apoyo de CORFO y TT Green Foods a los proyectos de I+D que lo conforman, radica en su capacidad para impulsar la innovación, la competitividad y la sostenibilidad dentro del sector productivo, especialmente en áreas como la agroindustria y la alimentación.
 
Esta colaboración fortalece el ecosistema de innovación nacional, promoviendo sinergias entre el sector público, privado y académico.
 
El desarrollo de proyectos como P11 son una invitación a repensar la relación entre la agricultura y el entorno. Son la prueba de que la innovación no siempre está en los grandes laboratorios, sino también en los suelos y en las raíces que sostienen la vida en los campos.
 
Chile tiene en sus manos una oportunidad única para demostrar que es posible producir alimentos de calidad, cuidando al mismo tiempo el agua, el suelo y la biodiversidad.
 
No se trata sólo de adaptarse al cambio climático, sino de liderar un cambio cultural hacia una agricultura más sabia, más humana y más viva. Porque al final del día, cultivar la tierra también es cultivar el futuro.

Firma columna Marta Albornoz

OTRAS COLUMNAS

Columna extrusión de alimentos
Columna Alicia Hidalgo seguridad alimentaria
Columna Tabata Zamorano día mundial alimentación
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Opinión: La Ingeniería de alimentos como pilar estratégico para el desarrollo

8/22/2025

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Titular columna David Mora
Ingenieros en alimentos
Foto: FreePik
Por David Mora Aranda
Ingeniero de alimentos PUCV, ingeniero Civil Industrial, magíster en Medioambiente y Desarrollo Sustentable universidad Mayor, vicepresidente de CIACH A.G. y CEO de Alimpro Spa.
Letra C
​hile se encuentra en una posición geopolítica única como productor de materias primas alimentarias, gracias a su extensa costa y amplia diversidad agroclimática.
 
Sin embargo, el verdadero potencial radica en transformar estos recursos en alimentos procesados con valor agregado, innovación y sostenibilidad.

Es por ello que la ingeniería de alimentos debe ser reconocida por el Estado como una profesión estratégica para enfrentar desafíos globales, como conflictos entre países, pandemias, malnutrición y cambio climático. Esto nos permitiría garantizar no solo la seguridad alimentaria nacional, sino también posicionar a Chile como líder en la provisión de soluciones alimentarias a nivel global.
 
La pandemia de COVID-19 y conflictos como la guerra en Ucrania y Palestina han demostrado que los alimentos son un recurso tan crítico como la energía.
 
En este contexto, Chile, con su capacidad para producir y procesar alimentos, podría consolidar aún más su importancia geopolítica diversificando mercados para reducir la dependencia de exportaciones de materias primas sin procesar, y avanzando hacia productos elaborados (como, por ejemplo, alimentos funcionales, enriquecidos, y/o procesos estandarizados).
 
También podría reforzar la autosuficiencia mediante el desarrollo de tecnologías para preservar y optimizar recursos en escenarios de escasez hídrica, interrupciones logísticas y/o eventualidades catastróficas (terremotos, inundaciones, tormentas, etc.).
 
Además tiene la oportunidad de fortalecer su influencia internacional, posicionándose como proveedor confiable de alimentos y procesos con valor agregado en cadenas globales de alimentos, aprovechando los tratados de libre comercio.
 
Ejemplos concretos de esta evolución ya existen en el mundo, como Países Bajos, que gracias a los aportes de la academia (Wageningen University), convirtieron la ciencia de alimentos en un eje de su economía, a pesar de sus limitaciones territoriales.
 
Sin embargo, para alcanzar estos objetivos es necesario superar diversos desafíos, entre los cuales destaco los siguientes:
 
Malnutrición y Salud Pública
Se espera que para 2025, el 83 % de los adultos chilenos tenga un Índice de Masa Corporal (IMC) alto, y el 42 % padezca obesidad. (World Obesity Atlas 2025), mientras persisten bolsones de desnutrición.
 
Frente a esta dura realidad los ingenieros en alimentos son clave para:
 
Actualizar y Formular alimentos: Reducir sellos de advertencia mediante tecnologías que mantengan propiedades sensoriales y nutricionales y por supuesto la inocuidad.
 
Crear alimentos accesibles: Diseñar productos nutritivos de bajo costo para poblaciones vulnerables, utilizando materias primas locales (como algas y legumbres), con procesos sostenibles e incentivando la Cultura de Inocuidad en las empresas y procesos productivos.
 
Sostenibilidad y Medio Ambiente
Es necesario impulsar la economía circular para provechar subproductos de la industria (como cáscaras de frutas y residuos acuícolas), para generar ingredientes funcionales o envases biodegradables.
 
También debemos adaptarnos al cambio climático, desarrollando procesos que requieran menos agua y energía.
 
Esta profunda trascendencia del rol profesional y social del ingeniero en alimentos, exige que el Estado adopte un rol más activo, promoviendo políticas públicas y acciones de reconocimiento que se apliquen en tres niveles:
 
Regulatorio
Establecer y/o actualizar cargos en el Estado relacionados con ciencia y tecnología
de los alimentos tales como, calidad, normativa, inocuidad, producción y fiscalización, donde los perfiles de cargos soliciten expresamente profesionales como ingenieros en alimentos (especialistas en procesos de elaboración de alimentos). Y no ocurra como hoy, que las ofertas relacionadas están reservadas para cierto tipo de
profesionales.
 
Incentivar I+D con fondos concursables para proyectos de alimentos sostenibles
(CORFO).
 
Educativo
Establecer una columna curricular común nacional para los planes de enseñanza de la ingeniería en alimentos en Chile, donde la diferenciación sea la profundidad de
asignaturas de especialidad, sellos, transversales, idiomas, empleabilidad
u otras propias de cada institución educativa, para formar especialistas en áreas
críticas de la ciencia y tecnología de los alimentos y que impacten en la estrategia
de posicionamiento del país como productos de alimentos y procesos, pero con valor
agregado.
 
Internacional
Promover alianzas con países líderes (por ejemplo, cooperación con Wageningen University de Países bajos, en acuicultura sostenible).
 
En conclusión, la ingeniería de alimentos no es solo una carrera universitaria; es una herramienta de soberanía nacional y gracias a ella, Chile tiene la oportunidad de liderar la próxima revolución alimentaria.
 
Pero para alcanzar este objetivo se requiere:
 
Visión estratégica: Integrar la profesión en políticas de Estado, con un enfoque
multidisciplinario (salud, agronomía, pesca, energía, economía, medioambiente).
 
Inversión en talento: Atraer jóvenes a la carrera mediante campañas que destaquen
su impacto social (por ejemplo, "Ingenier@s que alimentan al mundo").
 
Acción coordinada: Articular un consejo público-privado para alinear formación,
investigación e industria.
 
Llamado a la acción: Es hora de que Chile reconozca a sus ingenieros en alimentos
como agentes de cambio, capaces de convertir los desafíos globales en
oportunidades para un desarrollo inclusivo y sostenible.

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Andrés Córdova Suárez, director del comité organizador ALACCTA 2025

5/5/2025

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Estas instancias nos ayudan a rediseñar y reimpulsar
La preparación de las nuevas generaciones de ingenieros 4.0
Andrés Córdova comité organizador ALACCTA 2025
Para el académico y jefe de Investigación del Grupo de Bioingeniería Agroalimentaria de la Escuela de Alimentos de la PUCV, es fundamental modernizar la formación académica de los estudiantes de pregrado en Chile y América Latina, para que se adaptan mejor a los constantes cambios de escenario y brinden una contribución de calidad, no solo a la industria, sino también a toda la sociedad.
Letra U
na sonrisa de satisfacción surca el rostro de del académico Andrés Córdova Suárez, cuando se le preguntan sus sensaciones tras el cierre del exitoso Congreso SOCHITAL-ALACCTA 2025.

Y si bien dicha expresión no logra ocultar del todo, los efectos de las largas jornadas de trabajo que tanto él como todo el equipo de la Escuela de la Alimentos de la PUCV debieron enfrentar, para organizar este trascendente encuentro internacional, el exitoso balance final de sus tres jornadas, permite dejar atrás cualquier estrés, angustia o nerviosismo experimentado a lo largo de casi tres años de intensa preparación.
  
Esfuerzo que fructificó en un seminario altamente especializado y de superlativo valor técnico, que congregó a destacados expertos internacionales, y posicionó tanto a la propia escuela como al país en su conjunto, en el epicentro del conocimiento alimentario científico y tecnológico. 

- Andrés, ¿cómo se gestó la posibilidad de que la Escuela de Alimentos de la PUCV pudiese organizar este encuentro? 
Todo comenzó a mediados de 2022, cuando una colega planteó, a raíz de una conversación que tuvo con el Dr. Rommy Zúñiga (entonces presidente de la Sociedad Chilena de Tecnología de los Alimentos), que SOCHITAL estaba buscando una sede para realizar su XXIV congreso anual. La idea se analizó durante una de nuestras reuniones periódicas de trabajo y de inmediato fue bien recibida por todo el equipo, porque como SOCHITAL es socia de ALACCTA, se nos abría también la posibilidad de organizar congreso internacional que tuviese un mayor impacto. Así que finalmente, a principios de 2023, dimos el visto bueno y se formó la comisión organizadora.

- ¿Fue un proceso muy complejo, desde el punto de vista de la capacidad organizativa y del trabajo de redes?
Por supuesto, pues se trató de un proceso de muy largo aliento y que enfrentó diversas dificultades en el camino, porque si bien la Escuela de Alimentos ya había organizado un congreso importante en 2004, lo hizo gracias a una generación de profesores que hoy ya no está presente. De hecho, en esa época yo era estudiante de pregrado, así que prácticamente ninguna de nosotros tenía experiencia en estas materias. Además, todas nuestras redes están más estructuradas desde el punto de vista académico y solos unos pocos de nosotros teníamos algunos vínculos con 
empresas, así que todo el camino fue de constante aprendizaje.

Asimismo, tuvimos que conciliar las reglamentaciones de nuestra escuela, con las de ALACCTA y SOCHITAL, sin perder de vista el estándar técnico y académico que queríamos dar al evento, lo cual implicó no fue fácil e implicó muchísimos esfuerzos académicos, logísticos y de relacionamiento, que recién a mediados del año pasado empezaron a fructificar en una dinámica de trabajo más concreta.

A partir de ese momento ya empezamos a generar jornadas de trabajo semanales a nivel de la escuela, que finalmente fructificaron en la definición de los grandes temas del congreso, en la distribución de las jornadas y en el establecimiento de la parrilla de participantes y expositores. 

Todo ello se fue armando en conjunto, aprovechando la experiencia de nuestro cuerpo docente y contando con el valioso apoyo de Rommy Zúñiga y de la Dra. Susana Socolovsky (presidenta electa de ALACCTA para el período 2026-2028). De hecho, fue ella quien coordinó la presencia de la mayoría de los expertos internacionales que se presentaron durante el tercer día del congreso.

- ¿Y qué otras instituciones les aportaron su experticia durante este período?
En primer término, fue muy importante nuestro contacto con Marisol Figueroa, gerenta general de AB Chile, quien precisamente egresó de nuestra escuela. Ella nos brindó un apoyo muy importante para coordinar reuniones con empresas del sector, y quisiera precisar que esa ayuda desinteresada de su parte, refleja, en cierto modo, el cariño que la mayoría de los profesionales que han pasado por estas aulas, siente por nuestra institución. 

Desde el ámbito académico, a su vez, fueron de gran ayuda las redes que tenemos con investigadores asociados de instituciones muy trascendentes para el país, como CREAS e INIA, por ejemplo, lo que nos permitió contar con una importante base de conocimiento técnico y científico para ir armando paso a paso el programa.  

- ¿Y cómo establecieron contacto con las empresas participantes? ¿Fue un proceso fluido o tuvieron que golpear muchas puertas para captar su interés? 
Diría que fue una mezcla de todo un poco. Por una parte nosotros elaboramos un programa de búsqueda de auspicios, donde efectivamente fuimos golpeado de puerta en puerta, aunque en algunos casos las conversaciones fueron muy rápidas y fructíferas, como con Nestlé, por ejemplo. En este punto también contamos con un apoyo importante de Rommy Zúñiga y de SOCHITAL, que nos permitió ir generando feedback positivo con el mundo empresarial. De hecho, en el caso específico de Nestlé, eso se logró a partir de una conversación enriquecedora y participativa, cuyo exitoso resultado se tradujo en la elaboración de una parrilla programática de excelencia para la jornada inaugural del congreso, que fue coordinada directamente con ellos.

- ¿Fue muy complejo concitar el interés del ecosistema alimentario en general?
La comunicación masiva con todo el ecosistema siempre cuesta más, porque nuestra Escuela de Alimentos es una unidad académica muy pequeña. Somos nueve profesores y de ellos, solo cuatro o cinco integrábamos la comisión organizadora del congreso. Tampoco tenemos equipo o área de prensa, así que tuvimos que ir golpeando otras puertas y contactar a algunos estudiantes de posgrado y periodistas que participan en nuestros programas de doctorado, para que nos ayudaran a difundir la información. 

También fuimos generando otras redes con profesionales de SOCHITAL y ALACCTA, quienes cooperaron contactando, a su vez, a sus propias redes, así que al final logramos la penetración que buscábamos. Fue una experiencia agotadora, pero que rindió sus frutos y, al mismo tiempo, nos brindó mucho aprendizaje, así que estamos muy contentos con el resultado.

- ¿Se sienten también orgullosos de haber sido, el “epicentro del conocimiento tecnológico alimentario”?
Sí, y la verdad es que todo esto coincide con un momento bien especial, porque fue un enorme esfuerzo logístico, académico e intelectual para estructurar una parrilla programática diversa, que se ajustara plenamente a los ejes temáticos establecidos, y abordase los distintos intereses que están asociados no solamente a la ingeniería de alimentos como disciplina, sino también a la tarea de conectar a todos los entes públicos, privados y académicos que se relacionan, de una u otra forma, con la producción de alimentos. 

Y ese orgullo que podemos sentir como equipo, nace también del esfuerzo desplegado por todos los integrantes de la comisión organizadora. Aquí hay muchas horas de trabajo, emprendidas por un grupo muy unido de colegas, que alternaban sus propias responsabilidades académicas con la enorme tarea de organizar un encuentro internacional de esta categoría. Y el resultado fue plenamente satisfactorio.

- ¿Y sienten que lograron abordar de manera precisa, los grandes temas que hoy son tendencia en el sector?
Sí, porque si bien en un momento se pensó en dar al congreso un enfoque más académico, finalmente decidimos que había que abrirse más al sector privado, en especial se queríamos contar con una amplia participación de empresas. De ese modo no solo logramos obtener auspicios, sino que también pudimos tender puentes para lograr que el sector productivo escuche lo que la academia tiene que aportar, lo que contribuye a reforzar y restaurar los canales de comunicación que a veces se cortan por prejuicios y falta de conocimiento. Eso nos ayudan a escucharnos, intercambiar puntos de vista y saber con certeza que está haciendo cada uno. Eso es lo que quisimos reforzar también con este congreso, y siento que cumplimos plenamente dicho objetivo.

- ¿Y qué sensación les genera el hecho de que estas instancias se den, en medio de un escenario donde la carrera de ingeniería en alimentos pasa por una situación tan crítica, con escuelas que cierran y matrículas que bajan más cada año? 
Sin duda, es una sensación de dulce y agraz, porque por una parte tenemos estas grandes instancias enriquecedoras, que coinciden con el éxito y crecimiento de nuestra unidad académica en términos de investigación, transferencia tecnológica y formación de posgrado; pero al mismo tiempo, nos enfrentamos a un descenso crítico de los alumnos de pregrado, quienes son básicamente los que nos han dado el sustento y la razón de ser. Y es un fenómeno que no solo se da en nuestra escuela, sino también en todas las universidades del país, y que debe ser abordado en forma urgente y decidida.

- ¿Y cómo se puede enfrentar esta crisis? ¿Qué acciones concretas se deben aplicar?
Bueno, es el momento de dejar de llorar sobre la leche derramada, y enfrentar en profundidad las causas de esta crisis, para entenderlas y buscar cómo resolverlas. Para ello, es necesario conectar mejor con todo el ecosistema para entender en toda su dimensión las necesidades reales tanto de la industria de alimentos como de la sociedad. Solo así podremos tener profesionales preparados para resolver en forma exitosa los nuevos desafíos. 

Y eso implica no seguir con la lógica anterior de diseñar planes de estudio que prácticamente no se modifican. Por el contrario, hay que aplicar una ingeniería desde cero y replantearnos cómo debe ser este nuevo profesional, considerando cómo ha avanzado y cómo puede seguir avanzando la tecnología, no solamente en términos de procesos, sino también desde el punto de vista de la innovación. Es decir, hay que desarrollar nuevos planes curriculares que estén en contacto directo con las necesidades del entorno y que puedan reajustarse de acuerdo con los cambios de un entorno cada vez más ágil y dinámico. De lo contrario se corre el riesgo de generar profesionales que rápidamente pueden quedar obsoletos y eso, a la vez, se traduce en desinterés de parte de los estudiantes de pregrado.

Por ello, este congreso precisamente nos permite recoger experiencias, escuchar, aprender y descubrir cómo evolucionan las nuevas tendencias, así como las nuevas tecnologías y procesos de innovación, para incorporarlas en el desarrollo de profesionales mejor preparados para incorporarse a la industria 4.0; es decir, que estén imbuidos de la transformación digital y cuenten con las habilidades blandas necesarias, como flexibilidad, liderazgo y capacidad de adaptación, entre otras. 

Todo eso, de cierta forma, ya lo estamos incorporando, pero probablemente nos vamos a quedar cortos, así tenemos que ser capaces de escuchar mejor, implementar cambios con más decisión y aplicarlos en estrategias de formación que realmente sea un aporte para la sociedad.

- ¿Esperan aplicar esas transformaciones curriculares lo antes posible? 
Por el momento, la universidad nos entregó la misión de orientarnos a la formación continua y de posgrado, específicamente en materia de magísteres y doctorados. Ese será nuestro primer hito durante este año, pero eso no significa que abandonaremos el desafío de reformular los programas de pregrado. De hecho, ya hemos tenido acercamientos con personas que tienen cargos relevantes en la toma de decisiones de la industria, para saber cuáles son las áreas donde deberíamos implementar mayores cambios formativos, aunque eso implica considerar que el entorno experimenta cambios cada vez más acelerados. Nuestro objetivo, como académicos, es que en 2 a 3 años, contemos con un nuevo perfil curricular para formar a los “ingenieros de alimentos 4.0”, que incluso podrían tener otro título, pero sin perder la esencia académica de la ingeniería de alimentos.

Por eso es tan importante trabajar y seguir haciendo sinergias con todas las casas de estudio, no solo de nuestro país, sino también de Latinoamérica, porque si bien cada institución puede abordar necesidades particulares, debe haber elementos comunes en este nuevo profesional, en especial para hacerse cargo de los desafíos que plantea el futuro biotecnológico.

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Congreso Alaccta 2025
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Francisco Javier González Salvo

Autor

Francisco Javier González Salvo
Editor Revista Indualimentos

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MAGDA PINZÓN

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​2022 - 2025
Dra. Susana Socolovsky

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Dr. Rommy Zúñiga

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2025 - 2026

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Pablo Zamora, Presidente Fundación Chile

1/27/2025

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“La Industria Alimentaria

Creció de Espaldas

al Consumidor, y Hoy

Eso Debe Cambiar”

Entrevista publicada en edición impresa número 143 / diciembre de 2023

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El Dr. en Biotecnología, critica la falta de visión innovadora de las grandes compañías del sector, y las urge a implementar más iniciativas I+D+i que respondan con eficiencia, agilidad y sentido ético a los requerimientos de un público que hoy exige más transparencia, trazabilidad, salud y compromiso medioambiental.
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i se hiciera una encuesta en el ecosistema emprendedor nacional, sobre quiénes son sus máximos referentes, sin duda alguna que el doctor en Biotecnología de la USACH y actual presidente del directorio de Fundación Chile, Pablo Zamora Cantillana, reuniría una gran cantidad de preferencias.

No solo por ser uno de los cofundadores de la exitosa Foodtech NotCo, sino también porque su opinión es una de las más valoradas y respetadas, en el ámbito de la investigación, desarrollo e innovación tecnológica.

Esa misma experticia y entusiasmo, que lo motivó a ser parte del “fenómeno NotCo”, hoy lo impulsa a ser un auténtico “faro” para las nuevas generaciones de emprendedores, con quienes trabaja tanto en terreno, como dirigiendo los programas y proyectos que impulsa Fundación Chile en todo el país.

- ¿Qué diagnóstico macro se puede hacer hoy del gran escenario productivo alimentario nacional?
Creo que la industria de alimentos ha intentado, con cierto rezago, ponerse al día en términos tecnológicos y esa incipiente apertura ha permitido que otros actores ingresen en su entorno para tratar de desarrollar nuevas capacidades, productos y servicios. Pero es un escenario complejo, porque esta industria es, desde mi punto de vista, muy tradicionalista.  Por lo tanto, cambiar sus sistemas productivos, la “forma cómo nos alimenta”, involucra un costo transaccional muy alto que no está dispuesta a asumir fácilmente. Eso hace que esta industria sea menos innovadora y tenga menos capacidad de reacción frente a las necesidades de los consumidores.

- ¿Cuáles son esas necesidades y requerimientos que hoy plantea el consumidor?
En primer lugar, transparencia, porque un porcentaje importante de los consumidores está más pendiente de saber que lo que come es, efectivamente, lo que espera comer. En segundo lugar, trazabilidad, pues a la gente le importa el origen de los alimentos que come y cuánto CO2 se generó en su producción. Además, cada vez se toma más conciencia de que es necesario volver un poco a las raíces y por eso los alimentos ultraprocesados están siendo cada vez más dejados de lado, y eso hace que la industria tenga que repensarse de algún modo.

Ahí se abren oportunidades de innovación, porque hay una exigencia por parte de los consumidores de más nutrición, transparencia en los procesos y trazabilidad de los ingredientes. Las economías más sofisticadas han estado a la vanguardia en estos temas y hoy cualquier persona puede disponer de información muy fehaciente respecto de cada uno de los productos que consume y sus ingredientes, de donde vienen y si su elaboración está “manchada” por algún antecedente negativo.

- ¿Y en qué nivel nos encontramos en este plano, respecto de las economías más avanzadas?
Retrasados, pero igual creo que Chile tiene una oportunidad interesante de ponerse a la vanguardia en innovación. En ese sentido, lo que hicimos con NotCo marcó una hoja de ruta respecto de que, con conocimiento propietario y una estrategia distintiva, se pueden conquistar mercados globales, incluso desde un país pequeño como el nuestro.

Por lo tanto hay que crear nuevas industrias que sean capaces de generar estos cambios a nivel planetario, y en ese sentido he visto con cierta gratitud que hay cada vez más compañías que están pensando en este salto global, pero sin descuidar la cadena de valor ambiental. Tenemos compañías que privilegian una agricultura más armónica, sistemas de packaging más amigable, o que trabajan en el desarrollo de alimentos alternativos, entre otros ejemplos.

Sin embargo, creo que también debemos superar una de las deficiencias más graves de la producción alimentaria en Chile, y que radica en que los grandes productores todavía no visualizan la necesidad de incorporar más capacidad de investigación científica para desarrollar productos de alta complejidad. Falta innovación real, porque las empresas lanzan productos convencionales o diversifican sus SKU, pero la forma cómo piensan el desarrollo y resonancia que esos productos tienen en los consumidores, no necesariamente es la más propicia. 

- ¿Superar este “conservadurismo” es una traba demasiado compleja para la gran industria?
Es muy difícil decirle a una empresa alimentaria, que ha sido altamente rentable durante los últimos 50 años, que de pronto “debe cambiar para seguir siendo competitiva”, porque aparentemente no tienen motivación para hacerlo. Pero pronto se darán cuenta de que las nuevas tendencias internacionales las empujarán a replantear su negocio, y se darán cuenta de que tienen dos alternativas, o empiezan a perder mercado o efectivamente se repiensan como industria.

Hoy ya vemos como crecen más tendencias disruptivas como la nutrición personalizada, los cultivos orgánicos o regenerativos, las cadenas de abastecimiento cortas y el rechazo a los productos ultraprocesados. Al mismo tiempo surgen nuevas corrientes que tensionan el modelo actual de alimentación por el auge de tecnologías emergentes como los productos plant based o cell based.

Todo eso nos plantea un escenario donde habrá que generar nutrición de una manera completamente tailor made (a la medida), utilizando herramientas matemáticas o algorítmicas, por ejemplo. Por ende, ya no se trata de que la industria “no se quiera modernizar”, sino que debe hacerlo, pues no podrá subsistir a futuro con el mismo esquema.

- ¿La transformación cultural del consumidor contribuye a aumentar esa tensión?
Si, porque el mayor volumen de información hace casi impensable producir alimentos poco saludables, que no tendrán el mismo nivel de receptividad. Hace algunos años, cuando comenzamos el trabajo con NotCo mostrábamos en distintos Focus Group la lista de ingredientes de distintos productos tradicionales y las personas apenas podían creer que una simple galleta de soda, por ejemplo, tuviera cerca de 25 ingredientes, incluyendo mercurio y otros componentes dañinos. Hoy, ese modelo de producción que no está pensado para el consumidor, sino para abaratar costos, aumentar la vida útil de la mercadería o disminuir las mermas del productor, es impensable. La industria ha crecido particularmente de espaldas al consumidor, y eso tiene que cambiar.

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Pablo Zamora valora sustancialmente el aporte de los nuevos emprendedores Foodtech, que apuestan por caminos de I+D+i cada vez más avanzados, ambiciosos y positivos. Crédito Foto: Freepik.

EL TRASCENDENTAL ECOSISTEMA EMPRENDEDOR

- ¿Crees que las nuevas generaciones, los jóvenes emprendedores alimentarios darán respuestas más certeras frente a estos cambios necesarios?
Sí, de hecho ya lo están haciendo, porque estas compañías nacen como reacción a deficiencias estructurales del sistema. A veces son respuestas con cierto grado de emocionalidad ante problemas existentes de salud o cuidado medioambiental, por ejemplo, pero todas tienen el denominador común de plantear soluciones concretas y efectivas a contingencias que la gran industria no pretende o no desea resolver por si sola.

- ¿Chile es entonces hoy un referente en Foodtech y otros emprendimientos similares?
Sí, de todas maneras. No todos estos emprendimientos tienen la calidad que demandan los mercados globales, pero sí están haciendo las cosas de manera distintiva y con motivaciones profundas, a pesar de que emprender como Foodtech no es sencillo, porque el mercado es pequeño e involucra inversiones en temas donde los grandes capitales no siempre están dispuestos a jugársela. Incluso muchos de los nuevos emprendedores se aventuran en el mundo de la biotecnología, que es más sofisticado y requiere más preparación.

Desde esa perspectiva han impulsado el desarrollo de nuevos alimentos y tenemos ejemplos notables como lo que hace Done Properly, que genera moduladores de sabor a base de hongos; lo que hace Luyef en el campo de la agricultura celular; o lo que realiza Rebel Factory, disponibilizando conocimiento científico para el desarrollo de productos de alta complejidad. Esto es muy valioso, porque las grandes compañías de alimentos no necesariamente tienen la visión, los recursos, el tiempo o las capacidades necesarias y estos innovadores tecnológicos les brindan la oportunidad de contar con un “brazo armado” de investigación y desarrollo avanzado.

También destaco el trabajo de “Amarea” que, sin ser una Foodtech propiamente tal, nos introduce el mundo de los snacks saludables a base de algas. Entonces, hay cosas ocurriendo y es notable ver muchos ejemplos de jóvenes profesionales talentosos tratando de empujar un cambio cultural en el I+D+i, aumentando los niveles de proteínas locales, usando legumbres locales, etc. Ejemplos que además generan empatía y fidelidad de consumo, no solo en las nuevas generaciones, sino también en un amplio espectro de público.

- ¿Hace falta más apoyo para este ecosistema innovador?
Sí, faltan recursos, capital especializado y una colaboración más estrecha entre las startups y las empresas consolidadas, porque la relación hoy no es tan fluida que debería ser. Hay esfuerzos interesantes como los que realizan CeTA y CREAS, entre otras entidades, pero se necesita más respaldo, especialmente en las etapas iniciales de cada proyecto, que son las más complejas. Y creo que también nos falta conocimiento en las áreas de toma de decisiones, porque las grandes empresas no tienen suficientes especialistas que puedan o sepan apostar más fichas en las iniciativas correctas. Ahí también hay un tema que abarca desde la formación de nuevas capacidades directivas hasta el nombramiento de personas más idóneas en los cargos que adjudican los fondos.

- ¿Podremos tener mejores herramientas de apoyo, más conciencia de las empresas y más visión estratégica de parte de las autoridades?
Se ha avanzado de manera interesante, pero falta camino por recorrer. Es curioso, porque siempre trabajamos para que Chile fuese una “potencia agroalimentaria”, pero hoy ya no basta con decirlo. Hay que invertir más para superar la grave deficiencia estructural en tecnología alimentaria. Además, el cambio climático está afectando con fuerza el desarrollo de cultivos en la zona central, y frente a esa realidad debemos invertir en tecnologías alternativas, como por ejemplo, nuevas plataformas de producción de proteínas, sistemas de cultivo ex situ o agricultura vertical, entre otras opciones. Solo invertir más en investigación nos permitirá estar mejor preparados para enfrentar los embates del cambio climático. El concepto de Chile como “país agroalimentario” no se puede desentender de la agricultura familiar campesina, de la inversión en investigación y del desarrollo de nuevos alimentos. Además, debemos reinventar carreras como agronomía o ingeniería en alimentos, para comprobar si están atendiendo las necesidades del público.

- ¿Qué trabajos han hecho en Fundación Chile durante este último tiempo?
Actualmente nuestra división de sostenibilidad está apoyando diversas iniciativas orientadas principalmente al mundo acuícola. Contamos, por ejemplo, con un centro de producción en Tongoy que nos ha permitido generar nuevas líneas genéticas y domesticar a la corvina, para repoblar las costas del norte de Chile. Hace poco se liberaron cerca de 35 mil ejemplares jóvenes al mar, para ayudar a la pesca artesanal de la zona. Además, se han llevado a cabo programas de mejoramiento genético de moluscos y para fortalecer la relación entre mar y territorio. Asimismo, estamos trabajando fuertemente en programas de “caletas sustentables”, haciendo transferencia tecnológica y fortaleciendo las capacidades de las comunidades y sus organizaciones de base. También realizamos iniciativas conjuntas con CeTA, en tecnología de los alimentos, y participamos en los directorios de otras entidades relacionadas con desarrollos de genética adaptada a condiciones climáticas nuevas, para el cultivo de carozos y uvas de mesa, entre otras especies frutales. 

- ¿Y qué proyección puedes hacer respecto de los desafíos que faltan? ¿Crees que pueden cumplirse en el corto plazo?
No estamos tan lejos de los objetivos ideales, pero para alcanzarlos primero tienen que ocurrir ciertas cosas, como que las personas tomen aún más conciencia respecto de la importancia de una alimentación saludable, y que sobre dicha base ponderen sus decisiones de compra, ojalá exigiendo más claridad y transparencia. Y si las industrias van a desarrollar nuevos productos procesados, que sea pensando en la nutrición y el bienestar de las personas, y no solo en aumentar la rentabilidad. También sería positivo que todo el sistema sea transversalmente más consciente. Por ejemplo, que no se abuse de la tierra utilizando agroquímicos que disminuyen la biodiversidad biológica del suelo; que no se abuse de los fruticultores o de los productores lácteos, y se le pague un valor justo por sus productos; y en definitiva, que el establishment actúe siempre con justicia y equidad universal.

GALERÍA

I+D+i en producción alimentaria.
Carne cultivada.
Proteínas de hongos.
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Autor

Redacción Indualimentos
Con la participación de Pablo Zamora, Presidente Directorio Fundación Chile

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