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Por Tabata Zamorano Poniggia Ingeniera en Alimentos Vocal del Colegio Ingenieros Alimentos de Chile, CIAC l día mundial de la alimentación, que celebramos cada 16 de octubre, es una fecha muy significativa. Este 2025 celebramos, además, el aniversario número 80 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, FAO, un recordatorio de la lucha contra el hambre y la necesidad de desarrollar sistemas alimentarios sostenibles. Como ingenieros en alimentos, nuestro enfoque está en mejorar la producción y reducir el desperdicio. Por ello, trabajamos para garantizar que los alimentos sean seguros y de calidad, lo cual es fundamental para mejorar la nutrición. Este año, bajo el eslogan “¿Y tú que miras?, la elección está en tu mano”, se nos invita a reflexionar sobre nuestras elecciones alimentarias y su impacto en el mundo. Este aniversario nos recuerda que aún hay un largo camino por recorrer, y que estamos firmemente comprometidos a contribuir a la transformación de los sistemas alimentarios y al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 2: “Hambre cero”. Como ingenieros en alimentos, nuestra misión es “hacer la vida más sencilla y segura”, lo que implica no solo desarrollar tecnologías innovadoras, sino también educar y sensibilizar a la población sobre la importancia de las elecciones alimentarias. Por ende, creemos que cada decisión que tomamos, desde la producción hasta el consumo, tiene un impacto significativo en nuestro entorno y en la salud de las comunidades. Al trabajar juntos, podemos crear un futuro en el que todas las personas tengan acceso a alimentos informados, nutritivos y sostenibles, porque esto no solo se trata de garantizar que haya suficiente comida en el mundo, sino también de asegurar que esa comida sea de calidad y contribuya al bienestar de todos. En consecuencia, no debemos olvidar que la colaboración transversal entre productores, consumidores y profesionales del sector alimentario, es clave para construir un sistema que promueva la salud, la equidad y la sostenibilidad para las generaciones venideras. GALERÍAOTRAS COLUMNAS
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Por David Mora Aranda Ingeniero de alimentos PUCV, ingeniero Civil Industrial, magíster en Medioambiente y Desarrollo Sustentable universidad Mayor, vicepresidente de CIACH A.G. y CEO de Alimpro Spa. hile se encuentra en una posición geopolítica única como productor de materias primas alimentarias, gracias a su extensa costa y amplia diversidad agroclimática. Sin embargo, el verdadero potencial radica en transformar estos recursos en alimentos procesados con valor agregado, innovación y sostenibilidad. Es por ello que la ingeniería de alimentos debe ser reconocida por el Estado como una profesión estratégica para enfrentar desafíos globales, como conflictos entre países, pandemias, malnutrición y cambio climático. Esto nos permitiría garantizar no solo la seguridad alimentaria nacional, sino también posicionar a Chile como líder en la provisión de soluciones alimentarias a nivel global. La pandemia de COVID-19 y conflictos como la guerra en Ucrania y Palestina han demostrado que los alimentos son un recurso tan crítico como la energía. En este contexto, Chile, con su capacidad para producir y procesar alimentos, podría consolidar aún más su importancia geopolítica diversificando mercados para reducir la dependencia de exportaciones de materias primas sin procesar, y avanzando hacia productos elaborados (como, por ejemplo, alimentos funcionales, enriquecidos, y/o procesos estandarizados). También podría reforzar la autosuficiencia mediante el desarrollo de tecnologías para preservar y optimizar recursos en escenarios de escasez hídrica, interrupciones logísticas y/o eventualidades catastróficas (terremotos, inundaciones, tormentas, etc.). Además tiene la oportunidad de fortalecer su influencia internacional, posicionándose como proveedor confiable de alimentos y procesos con valor agregado en cadenas globales de alimentos, aprovechando los tratados de libre comercio. Ejemplos concretos de esta evolución ya existen en el mundo, como Países Bajos, que gracias a los aportes de la academia (Wageningen University), convirtieron la ciencia de alimentos en un eje de su economía, a pesar de sus limitaciones territoriales. Sin embargo, para alcanzar estos objetivos es necesario superar diversos desafíos, entre los cuales destaco los siguientes: Malnutrición y Salud Pública Se espera que para 2025, el 83 % de los adultos chilenos tenga un Índice de Masa Corporal (IMC) alto, y el 42 % padezca obesidad. (World Obesity Atlas 2025), mientras persisten bolsones de desnutrición. Frente a esta dura realidad los ingenieros en alimentos son clave para: Actualizar y Formular alimentos: Reducir sellos de advertencia mediante tecnologías que mantengan propiedades sensoriales y nutricionales y por supuesto la inocuidad. Crear alimentos accesibles: Diseñar productos nutritivos de bajo costo para poblaciones vulnerables, utilizando materias primas locales (como algas y legumbres), con procesos sostenibles e incentivando la Cultura de Inocuidad en las empresas y procesos productivos. Sostenibilidad y Medio Ambiente Es necesario impulsar la economía circular para provechar subproductos de la industria (como cáscaras de frutas y residuos acuícolas), para generar ingredientes funcionales o envases biodegradables. También debemos adaptarnos al cambio climático, desarrollando procesos que requieran menos agua y energía. Esta profunda trascendencia del rol profesional y social del ingeniero en alimentos, exige que el Estado adopte un rol más activo, promoviendo políticas públicas y acciones de reconocimiento que se apliquen en tres niveles: Regulatorio Establecer y/o actualizar cargos en el Estado relacionados con ciencia y tecnología de los alimentos tales como, calidad, normativa, inocuidad, producción y fiscalización, donde los perfiles de cargos soliciten expresamente profesionales como ingenieros en alimentos (especialistas en procesos de elaboración de alimentos). Y no ocurra como hoy, que las ofertas relacionadas están reservadas para cierto tipo de profesionales. Incentivar I+D con fondos concursables para proyectos de alimentos sostenibles (CORFO). Educativo Establecer una columna curricular común nacional para los planes de enseñanza de la ingeniería en alimentos en Chile, donde la diferenciación sea la profundidad de asignaturas de especialidad, sellos, transversales, idiomas, empleabilidad u otras propias de cada institución educativa, para formar especialistas en áreas críticas de la ciencia y tecnología de los alimentos y que impacten en la estrategia de posicionamiento del país como productos de alimentos y procesos, pero con valor agregado. Internacional Promover alianzas con países líderes (por ejemplo, cooperación con Wageningen University de Países bajos, en acuicultura sostenible). En conclusión, la ingeniería de alimentos no es solo una carrera universitaria; es una herramienta de soberanía nacional y gracias a ella, Chile tiene la oportunidad de liderar la próxima revolución alimentaria. Pero para alcanzar este objetivo se requiere: Visión estratégica: Integrar la profesión en políticas de Estado, con un enfoque multidisciplinario (salud, agronomía, pesca, energía, economía, medioambiente). Inversión en talento: Atraer jóvenes a la carrera mediante campañas que destaquen su impacto social (por ejemplo, "Ingenier@s que alimentan al mundo"). Acción coordinada: Articular un consejo público-privado para alinear formación, investigación e industria. Llamado a la acción: Es hora de que Chile reconozca a sus ingenieros en alimentos como agentes de cambio, capaces de convertir los desafíos globales en oportunidades para un desarrollo inclusivo y sostenible. |
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