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Por David Mora Aranda Ingeniero de alimentos PUCV, ingeniero Civil Industrial, magíster en Medioambiente y Desarrollo Sustentable universidad Mayor, vicepresidente de CIACH A.G. y CEO de Alimpro Spa. hile se encuentra en una posición geopolítica única como productor de materias primas alimentarias, gracias a su extensa costa y amplia diversidad agroclimática. Sin embargo, el verdadero potencial radica en transformar estos recursos en alimentos procesados con valor agregado, innovación y sostenibilidad. Es por ello que la ingeniería de alimentos debe ser reconocida por el Estado como una profesión estratégica para enfrentar desafíos globales, como conflictos entre países, pandemias, malnutrición y cambio climático. Esto nos permitiría garantizar no solo la seguridad alimentaria nacional, sino también posicionar a Chile como líder en la provisión de soluciones alimentarias a nivel global. La pandemia de COVID-19 y conflictos como la guerra en Ucrania y Palestina han demostrado que los alimentos son un recurso tan crítico como la energía. En este contexto, Chile, con su capacidad para producir y procesar alimentos, podría consolidar aún más su importancia geopolítica diversificando mercados para reducir la dependencia de exportaciones de materias primas sin procesar, y avanzando hacia productos elaborados (como, por ejemplo, alimentos funcionales, enriquecidos, y/o procesos estandarizados). También podría reforzar la autosuficiencia mediante el desarrollo de tecnologías para preservar y optimizar recursos en escenarios de escasez hídrica, interrupciones logísticas y/o eventualidades catastróficas (terremotos, inundaciones, tormentas, etc.). Además tiene la oportunidad de fortalecer su influencia internacional, posicionándose como proveedor confiable de alimentos y procesos con valor agregado en cadenas globales de alimentos, aprovechando los tratados de libre comercio. Ejemplos concretos de esta evolución ya existen en el mundo, como Países Bajos, que gracias a los aportes de la academia (Wageningen University), convirtieron la ciencia de alimentos en un eje de su economía, a pesar de sus limitaciones territoriales. Sin embargo, para alcanzar estos objetivos es necesario superar diversos desafíos, entre los cuales destaco los siguientes: Malnutrición y Salud Pública Se espera que para 2025, el 83 % de los adultos chilenos tenga un Índice de Masa Corporal (IMC) alto, y el 42 % padezca obesidad. (World Obesity Atlas 2025), mientras persisten bolsones de desnutrición. Frente a esta dura realidad los ingenieros en alimentos son clave para: Actualizar y Formular alimentos: Reducir sellos de advertencia mediante tecnologías que mantengan propiedades sensoriales y nutricionales y por supuesto la inocuidad. Crear alimentos accesibles: Diseñar productos nutritivos de bajo costo para poblaciones vulnerables, utilizando materias primas locales (como algas y legumbres), con procesos sostenibles e incentivando la Cultura de Inocuidad en las empresas y procesos productivos. Sostenibilidad y Medio Ambiente Es necesario impulsar la economía circular para provechar subproductos de la industria (como cáscaras de frutas y residuos acuícolas), para generar ingredientes funcionales o envases biodegradables. También debemos adaptarnos al cambio climático, desarrollando procesos que requieran menos agua y energía. Esta profunda trascendencia del rol profesional y social del ingeniero en alimentos, exige que el Estado adopte un rol más activo, promoviendo políticas públicas y acciones de reconocimiento que se apliquen en tres niveles: Regulatorio Establecer y/o actualizar cargos en el Estado relacionados con ciencia y tecnología de los alimentos tales como, calidad, normativa, inocuidad, producción y fiscalización, donde los perfiles de cargos soliciten expresamente profesionales como ingenieros en alimentos (especialistas en procesos de elaboración de alimentos). Y no ocurra como hoy, que las ofertas relacionadas están reservadas para cierto tipo de profesionales. Incentivar I+D con fondos concursables para proyectos de alimentos sostenibles (CORFO). Educativo Establecer una columna curricular común nacional para los planes de enseñanza de la ingeniería en alimentos en Chile, donde la diferenciación sea la profundidad de asignaturas de especialidad, sellos, transversales, idiomas, empleabilidad u otras propias de cada institución educativa, para formar especialistas en áreas críticas de la ciencia y tecnología de los alimentos y que impacten en la estrategia de posicionamiento del país como productos de alimentos y procesos, pero con valor agregado. Internacional Promover alianzas con países líderes (por ejemplo, cooperación con Wageningen University de Países bajos, en acuicultura sostenible). En conclusión, la ingeniería de alimentos no es solo una carrera universitaria; es una herramienta de soberanía nacional y gracias a ella, Chile tiene la oportunidad de liderar la próxima revolución alimentaria. Pero para alcanzar este objetivo se requiere: Visión estratégica: Integrar la profesión en políticas de Estado, con un enfoque multidisciplinario (salud, agronomía, pesca, energía, economía, medioambiente). Inversión en talento: Atraer jóvenes a la carrera mediante campañas que destaquen su impacto social (por ejemplo, "Ingenier@s que alimentan al mundo"). Acción coordinada: Articular un consejo público-privado para alinear formación, investigación e industria. Llamado a la acción: Es hora de que Chile reconozca a sus ingenieros en alimentos como agentes de cambio, capaces de convertir los desafíos globales en oportunidades para un desarrollo inclusivo y sostenible.
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Por Verónica Arancibia Ingeniera en Alimentos, Mag. en Nutrición y Alimentos Investigadora INIA Intihuasi l programa “Sello de Origen” es una iniciativa conjunta del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo y del Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI). Es un programa destinado a la creación, promoción, preservación, protección y desarrollo de productos tradicionales o singulares de nuestro país, caracterizados por contar con un fuerte componente local y reconociendo y retribuyendo el esfuerzo y el trabajo asociados a ellos, mediante su reconocimiento como Indicaciones Geográficas (I.G.), Denominaciones de Origen (D.O.), Marcas Colectivas o Marcas de Certificación. De esta forma, se espera contribuir a la revalorización de productos tradicionales y singulares de nuestro país, con el fin último de impulsar el emprendimiento y el desarrollo productivo de las comunidades locales y la conservación de sus tradiciones, preservando y estimulando formas especiales de manufactura, oficios tradicionales y productos singulares de nuestro país. Las Denominaciones de Origen a nivel mundial, son un importante factor de desarrollo rural con un impacto económico para los territorios. El champagne francés, el tequila mexicano y el café colombiano son excelentes ejemplos de productos protegidos que entregan una ventaja competitiva a sus productores. El Programa Sello de Origen ha demostrado ser una política pública eficiente para promocionar productos tradicionales y singulares de Chile, que desde sus inicios ha considerado el trabajo coordinado con las autoridades regionales y locales, con los ministerios y agencias de gobierno con competencias en estas materias, y con organizaciones privadas y entidades educacionales, entre otros, para servir a la adecuada promoción y posicionamiento de los productos de origen protegidos. En la región de Atacama y, en específico, en el Valle del Huasco, existen cuatro productos con D.O., tres de ellos obtenidos por ley (pisco, pajarete y vino), y la D.O del Aceite de Oliva del Valle del Huasco, único obtenido por mérito. Esto significa que cada temporada agrícola, los aceites que postulan a la certificación deben someterse a controles analíticos estipulados en el reglamento de uso y control de la D.O., para poder obtener la certificación de calidad única atribuida a las condiciones edafoclimáticas del Valle del Huasco, que lo diferencian de otras zonas de producción, siendo a la fecha el único aceite de oliva de América con Denominación de Origen. CARACTERÍSTICAS DEL ACEITE DE OLIVA DEL VALLE DEL HUASCO El aceite de Oliva del Valle del Huasco con certificación D.O., es un aceite de calidad extra virgen, extraído solamente por métodos físicos, provenientes de olivas recién cosechadas, utilizando al menos un 10% de la variedad de oliva sevillana, que presenta características únicas en su tipo que se asocian al territorio. Para certificarse, cada año el aceite de oliva producido en el territorio debe cumplir con parámetros químicos y sensoriales. Desde el punto de vista químico, éste debe contener más de 400 ppm de polifenoles totales (antioxidantes naturales); una acidez inferior a 0.8 % y, en lo referente al perfil de ácidos grasos, el contenido de ácido oleico debe ser mayor al 70 % (componente al que se atribuyen innumerables beneficios en la salud). Desde el punto de vista de su calidad sensorial, en tanto, debe presentar el atributo de frutado y ausencia de defectos. La administración de la Denominación de Origen del Aceite de Oliva del Valle del Huasco está en manos del Comité de Administración de la D.O., órgano profesional formado por representantes del sector productivo, público y técnico, quienes deben velar cada temporada agrícola por la certificación de los aceites que postulan al sello D.O. y por el cumplimiento de la normativa estipulada en el reglamento de uso y control de la D.O. de los aceites producidos en el valle atacameño. GALERÍA
OTRAS COLUMNAS“En 2025, las Exportaciones del Sector Agroalimentariodeberían Superar los US$ 30 Mil Millones”Entrevista publicada en edición impresa número 142 / agosto de 2023El director general de ProChile, asume con entusiasmo el desafío de “diversificar la matriz exportadora alimentaria”, abriendo más espacios a pymes y emprendedores que ofrezcan productos disruptivos, sustentables y tecnológicamente competitivos en los diversos mercados foco. romover los bienes, productos y servicios chilenos en los diversos mercados internacionales, desde el cargo de Director General de ProChile, no es, en absoluto, una tarea desconocida para el abogado y experto en relaciones económicas internacionales Ignacio Fernández Ruiz. De hecho, su experticia en este ámbito es muy extensa. Entre 1997 y 2008 se desempeñó en la antigua Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales, DIRECON (actual subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales), del ministerio de Relaciones Exteriores. Primero fue abogado del departamento de Inversiones y Servicios; y luego, entre 2005 y 2008, asumió como Jefe de la Unidad Internacional del Departamento Jurídico. En este último cargo fue el abogado jefe de la delegación que negoció los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Australia y Japón; mientras que anteriormente participó en los equipos que negociaron los TLC con la Unión Europea y Estados Unidos. Asimismo, fue Jefe de la delegación de Chile en las negociaciones de servicios con la Organización Mundial del Comercio (OMC), en el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y en el Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC). También conoce en profundidad el trabajo de ProChile, pues entre 2008 y 2021 se desempeñó en dicha institución. Primero como Director Comercial en Colombia, luego como Subdirector Nacional y finalmente como Director Comercial en el Reino Unido. Esta experiencia y conocimiento de los mercados internacionales, sumada a su profunda capacidad para identificar las complejas variables que hoy interactúan en el contexto comercial global, le permiten a Fernández reconocer todas las amenazas y oportunidades existentes para los productos chilenos, especialmente en el cada vez más complejo y competitivo sector agroalimentario. Un frente que exige a los exportadores nacionales redoblar constantemente sus esfuerzos para cubrir las necesidades de una población que crece exponencialmente, pero que también les impone el reto de ser más creativos y disruptivos, para así conquistar las preferencias de un consumidor que hoy no solo exige alimentos inocuos y seguros, sino también saludables, eficientes y sustentables. - ¿Qué significó para usted asumir un cargo tan complejo y trascendente para el posicionamiento internacional de nuestro país, como la dirección general de ProChile? Es un gran desafío que me tiene muy contento. ProChile es una institución muy importante para el desarrollo económico y social del país. Las exportaciones significan un 36% del PIB, con más de 7.700 empresas exportadoras que generan el 25,1% de los empleos ligados al comercio exterior. Son cifras que hablan del dinamismo del sector exportador y de la responsabilidad que tenemos en ProChile en la reactivación de la economía nacional. Pero si hacemos un doble clic en las cifras, hay áreas en las que debemos poner atención para focalizar nuestro trabajo y también los recursos con los que contamos. Y es ahí donde está el principal desafío de mi gestión. - ¿Cuáles son los principales lineamientos de trabajo con que actualmente ProChile aporta al desarrollo de los mercados de exportación para el sector agroalimentario nacional? En ProChile hemos definido como estratégico el trabajo con las Pymes. Pondremos el acento en trabajar con este segmento, que hoy constituye el 42,2% de las empresas exportadoras nacionales y aporta 49 mil empleos, pero solo representa el 3,7% del valor exportado por el país. Nuestra meta es trabajar con 200 empresas más (en 2023), y llegar a trabajar con 1.400 en un horizonte de 3 años. Asimismo, queremos apoyar a las empresas chilenas para que diversifiquen sus mercados, dentro de lo cual América Latina es muy relevante como destino natural de las pymes chilenas. Sabemos que las empresas que trabajan con ProChile exportan a más mercados que las que no lo hacen. Buscaremos a las empresas intermitentes o incipientes, a quienes realizaremos diagnósticos para comenzar el proceso de acompañamiento y diseño de programas conjuntos. Buscamos que al menos 123 empresas logren exportar en forma continua en 2023, y para el resto se trabajará en un plan para los próximos tres años. Alineados con la política de gobierno de expandir la base y matriz exportadora del país queremos buscar a los proveedores de bienes y servicios de industrias consolidadas como las de agroalimentos. Estos proveedores nos han permitido ser líderes a nivel mundial, como el caso de la fruta fresca, los vinos, el sector acuícola, etc. En torno a estas industrias hay cientos de pymes con alto nivel que proveen de bienes y servicios claves para su proceso de exportación: por ejemplo, las cerezas llegan intactas a china, a través de packaging con tecnología provista por una empresa proveedora del agro. Queremos salir a buscar a esas empresas para incentivarlas a exportar. También queremos que exporten aquellos que entregan soluciones innovadoras incrementales (mejoran procesos existentes) y disruptivas (procesos que traen cambios radicales) que los hacen competitivos, y que, en definitiva, aportarán a la sofisticación de la matriz exportadora. Asimismo, continuaremos trabajando muy de la mano con grandes sectores exportadores y sus organizaciones gremiales relacionadas. Queremos seguir fortaleciendo y consolidar lo logrado por muchos de estos sectores, que han abierto la puerta del mundo para cientos de pequeñas empresas, inspirándolas a llegar lejos. En el caso de la industria agroalimentaria chilena, que fue una de las primeras en salir al mundo y de poner el nombre de Chile en boca de los consumidores, estamos trabajando juntos para apoyarles a alcanzar el desafío que la industria se ha trazado, de superar los US$ 30 mil millones en exportaciones a 2025. En 2022 las exportaciones de esta industria superaron los US$ 20 mil millones. - ¿Cómo ha avanzado la coordinación con otras entidades, incluyendo a otros ministerios y asociaciones gremiales, por ejemplo? Tenemos una muy buena relación con el Ministerio de Agricultura, con quienes trabajamos directamente para la promoción de las exportaciones a través del Fondo Silvoagropecuario. De hecho, acabamos de lanzar un concurso extraordinario para ir en ayuda de las viñas afectadas por los incendios de Ñuble, Biobío y La Araucanía, donde viajamos con la Subsecretaria a Chillán. Además, trabajamos con Transforma Alimentos de Corfo, para reforzar una estrategia de posicionamiento internacional de nuestra innovación alimentaria. Asimismo, nuestra relación con los distintos gremios de alimentos es muy buena. Apenas asumí, participé en el Consejo Exportador de Alimentos, donde están las industrias con quienes trabajamos. MÚLTIPLES ACTIVIDADES- ¿Qué actividades específicas realizan, en términos de relacionamiento? ¿Cuáles son hoy los grandes mercados objetivo y en qué nuevas zonas podemos aspirar a logar posicionamiento competitivo? Asia sigue siendo una región muy relevante para nuestros envíos de alimentos. De hecho, este año nuevamente realizaremos el Chile Week China, que tiene un importante foco en la industria y en la promoción de productos como frutas frescas, vinos y carnes, entre otros. Uno de los planes más importantes para este año es el “Plan India”, donde buscamos dar a conocer a nuestro país y las oportunidades que presenta este mercado, sobre todo para la industria agroalimentaria nacional. India es un mercado muy relevante porque se alza como la 3° economía más grande del mundo en términos de consumo, y se proyecta que para 2040 supere a Estados Unidos, convirtiéndose en la segunda economía en términos de paridad de poder adquisitivo 2023 será el punto de inflexión de una estrategia que busca mostrar a Chile como un aliado clave para India ya que, gracias a nuestro posicionamiento en la región, actuamos como puerta de entrada a miles de bienes y servicios de Latinoamérica, los cuales son parte de un complejo encadenamiento de producción. Nuestra oficinas comerciales en ese país, ubicadas en Nueva Delhi y en Mumbai, han hecho una gran labor relevando, sobre todo, la industria agroalimentaria (vinos, fruta fresca, frutos secos y deshidratados, y productos del mar). En este sentido, una de las actividades más importantes que hemos tenido fue un viaje público-privado de ProChile y SOFOFA a India, realizado entre el 19 y el 23 de junio, que contempló una agenda de reuniones de exploración de oportunidades y fortalecimiento de la relación bilateral, con el fin de potenciar los productos que se encuentran actualmente en el mercado, a la vez que se pavimentó el camino para oportunidades que se podrían generar en el futuro, fruto de la ampliación de nuestro acuerdo. Para este año también hemos planificado diversas actividades como campañas sectoriales de fruta fresca (kiwi) y nueces; misiones de prospección de empresas al mercado, y una misión empresarial de la zona norte que visitara la feria Aanapurna /Anufood organizada por ProChile para 24 empresas. Igualmente seguiremos trabajando en los mercados más tradicionales para nuestra oferta agroalimentaria. De hecho, en octubre realizaremos un encuentro de negocios para el agro en Brasil, donde esperamos generar una gran rueda de negocios presencial. Además, realizamos recientemente el Encuentro Chile-México, que tuvo un alto componente agroalimentario y promovimos la innovación alimentaria en ese país. Participaron 40 empresas chilenas y más de 100 importadores mexicanos. Este año, también, ya hemos participado y seguiremos participando en las ferias internacionales de alimentos. En total son 12 enfocadas en el sector. Ya estuvimos en Seafood Expo Global y Seafood Expo North America, Vinexpo París, Fruit Logística, Prowein y Apas en Brasil, y seguiremos con Biofach en Brasil, Apimondia Chile, que será el gran encuentro mundial de la miel, Expo Agrofuturo en Colombia, Conxemar en España, Anuga Alemania y cerraremos el año con China Fisheries and Seafood Expo en China. - ¿Nuestro país también será anfitrión de encuentros exportadores de alto nivel? Por supuesto, entre el 5 y 6 de junio realizamos Enexpro alimentos, que es la gran rueda de negocios del sector, y que este año tuvo como invitados especiales a empresarios indios. Tuvimos más de 200 exportadores inscritos y participaron 22 importadores de 10 mercados y cinco Directores Comerciales de ProChile: Nueva York, Sao Paulo, Guatemala, Nueva Delhi y Hamburgo. El foco estuvo puesto en empresas exportadoras que destaquen en las áreas de alimentos innovadores de alto valor agregado, que releven el origen como elemento diferenciador, con producción sostenible, énfasis en la certificación, economía circular, manejo de residuos y optimización de recursos, y que además sean competitivos en los mercados foco a través del uso e implementación tecnológica en sus métodos de producción. - ¿Qué impacto tiene, precisamente, la innovación para avanzar hacia el desarrollo de nuevas propuestas que robustezcan el comercio exterior de Chile en materia de alimentos? La industria chilena de alimentos está en constante adaptación y crecimiento, según las exigencias de los consumidores en el mundo, con fuerte innovación, visión de futuro y tecnología en los procesos de cultivo, producción y elaboración, que se suman a una moderna infraestructura y logística de exportación. El foco está puesto en contribuir al cuidado de la salud y bienestar de las personas, aspectos de fuerte preocupación en todo el mundo. La industria de los alimentos ha tenido grandes avances científicos y tecnológicos en los últimos años, lo que le ha agregado valor a los productos. Y en este sentido, la innovación en la producción de alimentos es uno de los factores claves para la industria, ya que se fortalecen tendencias de consumo, tales como la preferencia por alimentos “libres de”, con aditivos especializados, fortificados, con ingredientes funcionales, suplementos alimenticios, etc. Y Chile está desarrollando una nueva oferta que cumple con esas demandas. En ProChile estamos apostando fuertemente a apoyar la internacionalización de emprendedores que presenten productos o soluciones con niveles sobresalientes de innovación, que tengan alto valor agregado y permitan a nuestro país diferenciar su oferta exportable y hacerlo más competitivo a nivel internacional. - ¿Qué papel juega o puede jugar el comercio electrónico en esta fase? ¿Estamos preparados para aprovechar los nuevos canales online, o es necesario brindar más apoyo, herramientas, perfeccionamiento y acceso a la tecnología, para que los emprendedores y exportadores nacionales sean más competitivos en este segmento específico? No cabe duda de que los canales digitales se han convertido en una gran oportunidad de crecimiento para las empresas, sobre todo para las Pymes, y en un importante motor para las exportaciones. Nuestra estrategia ha sido brindar un apoyo integral para penetrar, posicionar y desarrollar a los exportadores de bienes, servicios y contenidos digitales en los principales marketplaces internacionales, de los mercados prioritarios. Sabemos que los últimos años han planteado dificultades antes no transitadas por nuestros emprendedores. Sin embargo, creemos que el talento y la resiliencia de nuestras empresas son características valoradas, que nos permiten abrir espacios y proyectarnos en los mercados globales, más allá de los riesgos inherentes del proceso de exportación. ProChile está presente en este ecosistema para apoyarlos. El trabajo que realiza nuestra institución es posible gracias a las alianzas y sinergias alcanzadas entre el sector público y privado. Nos mueve contribuir al crecimiento del país, a través de la internacionalización de la innovación, del crecimiento internacional de la investigación y desarrollo, ejes fundamentales para la competitividad de Chile y la reactivación económica. Durante 2023, capacitaremos a un grupo de empresas buscando que sean autónomas en su proceso de ingreso y mantención en los Marketplace internacionales. Adicionalmente, se incorpora un programa de crossborder, formato de exportación accesible para microempresas y de rápida ejecución, que ya fue testeado en 2022; y una serie de coaching que entregarán asesoría integral y personalizada. - ¿Qué eventos específicos están hoy dentro del calendario de actividades durante el segundo semestre? Queremos destacar nuestra participación en ferias internacionales. Una de las más importantes es Apimondia que se realiza este año en Chile y donde hemos trabajado fuertemente con el sector apícola para que sea un gran evento internacional. Asimismo, estaremos en ANUGA en Alemania, que es una de las ferias de alimentos más importantes del mundo. Se realiza en la ciudad de Colonia y ahí se dan cita las últimas tendencias de la alimentación mundial, además de la industria productora y proveedora. Para productos del mar participaremos en Conxemar, España, especializada en productos del mar congelados; y en Fisheries and Seafood, que es una de las más importantes en China. Además, en octubre tendremos un encuentro de negocios totalmente enfocado en alimentos, que se hará en Sao Paulo Brasil. Estamos trabajando en el formato que tendrá este evento, pero será muy importante. Además, Brasil es nuestro primer destino en Latinoamérica para nuestros alimentos y el 4to a nivel mundial. En el mismo mes, realizaremos la octava versión de Chile Week China, evento que tiene diversos focos, pero donde uno de los más importantes es alimentos. Es una semana en la que Chile refuerza sus relaciones con el gigante asiático a través de actividades como seminarios, cenas, degustaciones, visitas a terrenos, ruedas de negocios, etc. Para la versión 2023 aún no hemos definido todo lo que realizaremos, pero lo importante es que retomaremos el formato presencial. Los últimos años y producto de la pandemia, hemos hecho un formato híbrido, que de todas maneras ha sido muy exitoso. - ¿Estas actividades consideran también una mayor convocatoria hacia emprendedores y productores no tradicionales, por ejemplo? La idea es que contemos con oferta tradicional, pero también con aquella de emprendedores que podríamos considerar no tradicionales, como la innovación alimentaria. Nuestro foco, y alineados con los ejes del gobierno es que aumentemos la matriz exportadora nacional, por ende, queremos convocar a todas las empresas que cuenten con una oferta exportable y quieran salir con sus productos al mundo. GALERÍA
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