n el ecosistema de innovación agroalimentaria, a menudo nos deslumbramos con el producto final: el ingrediente funcional o el packaging inteligente. Sin embargo, también existe una capa invisible, más “sucia” y desafiante, que sostiene toda esa cadena: la gestión masiva de los descartes y la energía que mueve el proceso. Nuestra participación en el Programa TT Green Foods, liderado por CREAS y CORFO, ha consistido en hacernos cargo de esa infraestructura basal. Así, mientras el portafolio avanza en la sofisticación de productos, en el Proyecto P13 hemos asumido el rol de validar la “ingeniería dura” necesaria para cerrar el ciclo energético a escala real. Al entrar en nuestra fase decisiva de operación y tras ajustar estratégicamente nuestros objetivos hacia un TRL 7-8, confirmamos una hipótesis vital: la industria nacional no necesita más “fierros” importados ni diseños teóricos, sino certezas operativas y viabilidad económica. Nuestra operación en el Bioparque de Quilpué no es solo un hito constructivo; es un laboratorio de estrés. Al iniciar el procesamiento de cargas reales de 300 kg diarios de residuos complejos, estamos sentando las bases operativas para la inminente generación de biogás. Pero más allá de la energía, utilizamos la realidad física para calibrar el “cerebro” del sistema, aprovechando las capacidades especializadas de nuestro Holding ProCycla a través de Modela. Gracias a esta integración, hemos detectado que los modelos tradicionales suelen sobreestimar la producción energética en un 10-20% al ignorar las “zonas muertas” de los reactores. Estamos corrigiendo esa matemática mediante una hipótesis de compartimentalización automatizada. Aunque el objetivo inmediato es validar que una hidrodinámica optimizada reduce la agitación a solo 30 minutos diarios (desplomando el OPEX), la proyección de este hallazgo trasciende al proyecto: esta metodología tiene el potencial de revolucionar el diseño de grandes plantas industriales, permitiendo escalar reactores con precisión predictiva antes de construir la infraestructura física. Esta búsqueda de eficiencia no se limita al proceso, sino que se extiende a la estructura misma. El contexto económico global, marcado por la volatilidad del acero, aceleró una reflexión técnica necesaria: la viabilidad comercial no puede depender de materiales de costos impredecibles y alta corrosión. La operación actual nos ha permitido confirmar que el escalamiento comercial (posproyecto) debe migrar desde el acero estructural hacia soluciones modulares en polímeros de alta densidad (HDPE). El «Paquete de Conocimiento» que estamos consolidando entrega precisamente eso: la ingeniería de detalle para transitar de una obra civil costosa a un producto industrial manufacturable y logísticamente ágil. Entendemos que el desarrollo sostenible es una carrera de resistencia. Al extender nuestra validación operativa hasta 2026, aseguramos que el activo a transferir al ecosistema TT Green Foods no sea un prototipo prematuro, sino una plataforma tecnológica con riesgos mitigados. El MDA de ProCycla se erige así como una pieza complementaria clave para los demás coejecutores: somos la plataforma que permite imaginar un futuro donde los residuos de la industria de ingredientes no sean un pasivo, sino la fuente de energía de su propio proceso. GALERÍAOTRAS COLUMNAS
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Para la ex asesora senior de Corfo y consultora experta en sistemas productivos agroalimentarios, los desafíos del sector solo pueden superarse si sus protagonistas pierden temor al cambio y se suman con energía a la transformación tecnológica y cultural que se requiere, para responder en forma ágil a los requerimientos de un mercado que exige alimentos más inocuos, saludables, seguros, innovadores y sostenibles. l mundo necesita cada vez más alimentos saludables, seguros, inocuos y nutritivos, para así satisfacer de manera segura y adecuada las necesidades de una población que crece de manera exponencial y, al mismo tiempo envejece. Sin embargo, los actuales métodos productivos agroindustriales son insostenibles desde el punto de vista ético y ambiental, pues incrementan la generación de residuos, degradan los suelos y consumen demasiados recursos hídricos. Además, las actuales actividades agropecuarias aportan un alto porcentaje de Gases de Efecto Invernadero, lo cual, a su vez, genera una angustiante paradoja: la humanidad necesita producir más alimentos, pero hacerlo tal como hasta ahora podría acabar con el equilibrio ecosistémico planetario. Este escenario de contingencia exige implementar nuevas estrategias de producción eficiente y sostenible, que permita disponer de productos más nutritivos y saludables, pero respetuosos del medio ambiente, objetivo que, de acuerdo con lo expertos, solo puede alcanzarse mediante procesos disruptivos de innovación y desarrollo. Un desafío que los emprendedores han asumido con entusiasmo, especialmente en Chile, a pesar de las dificultades existentes para acceder en forma equitativa al conocimiento y las herramientas tecnológicas necesarias. Y si bien aún queda mucho trabajo por realizar en este frente específico, en los últimos años esta brecha tecnológica ha ido reduciéndose, gracias al apoyo de entidades académicas y de organismos de cooperación, que desarrollan diversas iniciativas de divulgación científica, traspaso de conocimientos, aceleración de emprendimientos y construcción de alianzas entre múltiples actores clave de todo el ecosistema agroalimentario. Una de estas iniciativas fue organizada recientemente en la región de Maule por Blue Oak Corp, con el apoyo de Viraliza Eventos de Corfo e Inacap, durante dos jornadas de estudio que se realizaron en las ciudades de Curicó y Talca. Allí, emprendedores, agricultores, docentes y estudiantes pudieron conocer, de primera fuente, cómo las nuevas tecnologías, herramientas y soluciones digitales pueden convertirse en un apoyo valioso para optimizar el desarrollo del ecosistema agroalimentario, y posicionarlo como protagonista de la nueva revolución 4.0 Para Patricia Fuentes Bórquez, CEO de Blue Oak Corp, ex asesora senior de Corfo y consultora experta en investigación, desarrollo e innovación enfocadas al desarrollo de nuevos sistemas productivos agroalimentarios, este objetivo no solo se alcanzó con creces, sino que al mismo tiempo abrió nuevas perspectivas para sumar a más actores regionales a una "revolución agroalimentaria" que podría, incluso, posicionar a Chile como la gran potencia biotecnológica sectorial del Siglo XXI. - ¿Cómo surgió la idea de desarrollar este encuentro con los principales actores del ecosistema agroalimentario del Maule? En Blue Oak Corp siempre desarrollamos acciones de vinculación con el medio. Y en este caso particular recurrimos a un instrumento de Corfo que se llama Viraliza Eventos, que está precisamente orientado a la realización de eventos internacionales destinados a potenciar al ecosistema productivo local. Esta versión de Agrorevolution 4.0, que realizamos en Curicó y Talca, se centró en fortalecer al ecosistema Agtech y Agrifoodtech de la región de Maule, mediante vinculaciones y alianzas con actores clave de la academia, el mundo empresarial y público. Y logramos un éxito rotundo, porque conectamos a los participantes con invitados y especialistas nacionales e internacionales de lujo, pertenecientes al ámbito de la Industria 4.0, lo que nos tiene muy satisfechos y motivados para seguir repitiendo esta experiencia. - ¿Cómo ayudan encuentros, por ejemplo, para que el ecosistema agroalimentario en general evolucione, se digitalice y supere las barreras que dificultan su acceso a la tecnología y a un desarrollo más profundo? Es una buena pregunta, porque llevo 30 años en este medio y aún es difícil lograr esa vinculación con la tecnología, sobre todo porque se debe trabajar en la confianza. Chile es el país más desconfiado del mundo, y en todas estas instancias cuesta que la gente deje atrás esa mentalidad. Por eso es tan importante difundir estas acciones, para que el público las valores y reconozca las oportunidades que ofrecen, sobre todo a nivel regional. De hecho, yo soy de O'Higgins y por eso entiendo lo que significa llevar este conocimiento de punta a regiones, tal como lo trajimos a Curicó y Talca, con charlas magistrales maravillosas dictadas por destacados invitados e invitadas nacionales e internacionales. Pero aunque queremos seguir acercando la tecnología e innovación a los territorios, el territorio también tiene que sumarse a esta ola tecnológica y en ese esfuerzo la academia juega un papel muy importante. Por eso agradezco públicamente a INACAP, con cuyas autoridades hemos trabajado ya en varias oportunidades, en especial a las sedes de Curicó y Talca, porque no solo contamos con el apoyo del cuerpo docente, sino que también se suman a esta iniciativa los estudiantes, cuya participación es muy importante para que interactúen con los emprendedores y expositores expertos. Así estarán mejor preparados para tomar la posta del futuro desarrollo tecnológico, la innovación y el emprendimiento, que son tan necesarios para el desarrollo de nuestro sector agrícola. - ¿Qué acciones específicas de vinculación se realizarán a partir de este seminario? Toda la información presente en las distintas presentaciones, quedará disponible en el canal YouTube de Blue Oak Corp, y en las redes sociales de Agro Revolution Maule 4.0, para que las soliciten, descarguen, estudien y, además, las compartan con todas sus redes y el ecosistema en general. - Desde su experiencia como protagonista del sector agroalimentario, ¿existe la posibilidad de que el salto tecnológico que necesita el sector se dé en el corto a mediano plazo? ¿Podemos vencer con celeridad las barreras y limitaciones que aún existen? Por supuesto que sí. De hecho, todos los obstáculos se pueden superar y para alcanzar ese objetivo ninguna idea es mala. Lo mismo sucede cuando nos preguntan por el desarrollo exitoso de los emprendimientos tecnológicos, porque todas las ideas son buenas y solo hay que trabajarlas. Pero para alcanzar esa meta, también necesitamos el concurso de otros actores las respalden, y esto significa desarrollar estrategias conjuntas para potenciar los instrumentos de apoyo existentes, no solo a nivel público, sino también privado y académico. Además, hay que actuar en forma ágil y oportuna, porque la tecnología avanza muy rápido, y mientras hablamos de agroindustria 4.0, simultáneamente ya existen desarrollos que podrían definirse como propios de la industria 5.0, incluyendo la Inteligencia Artificial que hace mucho rato nos sobrepasó. Esto exige a los actores informarse y participar de manera más activa en todas estas instancias, no solo para que los emprendedores mejoren sus modelos de negocio, o para que los estudiantes y académicos mejoren sus conocimientos y formación, sino también porque desde el punto de vista de la productividad y competitividad del sector agrícola, aún existen muchas brechas que pueden cerrarse y oportunidades de mejora que pueden aprovecharse, si los productores deciden subirse, sin miedo, a este carro de transformación tecnológica y cultural. - En ese sentido, ¿considera que el temor al cambio aún es un freno importante para esta evolución? Es posible, pero es un temor injustificado, porque como se dijo durante una de las exposiciones, la digitalización no nos va a quitar el trabajo, sino todo lo contrario, va a crear más y mejores oportunidades para quien sepa aprovecharlas. Y esto es trascendente, porque en Chile tenemos un déficit de 30 a 32% de mano de obra en el sector agrícola, carencia que se suma a brechas importantes en disponibilidad de maquinaria agrícola y automatización, por ejemplo. Todo ello puede desincentivar a las nuevas generaciones, y es ahí donde debemos poner más esfuerzos. - ¿Hay que modificar entonces los paradigmas productivos? Claro, porque hoy no todos los jóvenes quieren estar trabajando 12 horas en los campos, y por eso necesitamos automatizar, digitalizar y modernizar procesos. Necesitamos robótica y manufactura avanzada, para seducir al talento joven y atraerlo al campo. Por eso es tan valioso contar con la participación de expertos en esto campos, y en este seminario tuvimos, por ejemplo, dos protagonistas de excelencia como Leitat Chile, uno de los líderes en temas de robótica en nuestro país; y de Fraunhofer Chile, que expuso las ventajas de los sistemas agro fotovoltaicos. Por lo tanto, no hay que tenerle miedo al cambio ni a la tecnología, porque no nos van a superar ni absorber. Al contrario, la tecnología es una herramienta, como se habló durante el panel de mujeres, que nos ayudará a superar estas brechas y avanzar hacia el fin último que es la seguridad alimentaria de nuestra población. No debemos olvidar que hoy Chile depende de la importación de muchos productos que forman parte de la canasta alimentaria básica, como cereales, harinas, carnes, lácteos, etc. Por eso, debemos utilizar la tecnología para incrementar la producción interna de todos esos productos básicos y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo económico de nuestras regiones. Claro que para eso también necesitamos inyectar capital humano de avanzada e innovación. En ese contexto, encuentros como Agrorevolution 4.0 nos ayudan a difundir conocimientos que contribuyen a cerrar las brechas y aprovechar las oportunidades de crecimiento, desarrollo y mejora continua. - Ante todo este potencial, ¿cree que Chile está en posición privilegiada para posicionarse como potencia mundial de conocimiento e innovación agroalimentario? Creo que somos un laboratorio natural desde los puntos de vista energético, climático y agrícola, lo que se suma a la disponibilidad de un capital humano de excelencia, que todos los días es capaz de crear nuevos bioinsumos de avanzada. En este seminario, por ejemplo, vimos cómo pronto contaremos con una biorrefinería a gran escala, entre otros desarrollos avanzados, lo que nos demuestra que tenemos el talento y la voluntad para aprovechar todo el potencial de este laboratorio natural en todas las áreas del conocimiento, aunque especialmente en el sector agroalimentario, lo cual abre a su vez, nuevas y mejores oportunidades de innovación, emprendimiento y desarrollo tecnológico. - ¿Y qué pasos esperan dar en Blue Oak Corp para seguir apoyando al ecosistema emprendedor Agrifoodtech? Seguiremos realizando seminarios y encuentros de cooperación. De hecho hace poco tuvimos una jornada muy interesante orientada a la producción vitivinícola en la Región Metropolitana, y ahora estamos implementando un programa de fusión tecnológica para los productores de frutilla en la comuna de Melipilla. En todas esas instancias contaremos con la experiencia y el conocimiento de los mejores especialistas internacionales, para ponerlos a disposición de nuestros productores, autoridades, académicos, estudiantes y emprendedores, especialmente de regiones, que es donde está hoy el motor de la productividad agroalimentaria y de la economía sostenible del futuro. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTASPor Jaime Vicente Gerente Comercial de Silbertec n un mundo donde la tecnología avanza a ritmo vertiginoso, mantenerse actualizado ya no es una opción, sino una necesidad. Como empresa especializada en soluciones tecnológicas para la industria alimentaria, en Silbertec entendemos que la única forma de liderar es estar donde se definen los próximos pasos del sector. Por eso, nuestra participación en IFFA 2025, la feria internacional más relevante del mundo para la industria de productos cárnicos y proteicos, fue mucho más que una visita: fue una inversión estratégica. IFFA no es solo una vitrina de marketing, sino un punto de encuentro técnico, donde las marcas líderes exponen avances concretos en automatización, sostenibilidad, eficiencia energética y seguridad alimentaria. Asistir es mirar el futuro de frente y traerlo de vuelta al país para implementarlo con visión local. Esta edición reafirmó algo que ya venimos observando: la automatización de procesos, la digitalización de datos productivos y la integración de soluciones más sostenibles son las grandes prioridades de la industria alimentaria a nivel global. Y Chile no puede quedar atrás. Durante la feria, tuvimos la oportunidad de acompañar a nuestros clientes en visitas técnicas a las marcas internacionales que representamos. Recorrimos plantas, analizamos flujos productivos y evaluamos tecnologías de última generación que ya están revolucionando el trabajo en faenas de alimentos en Europa y otros continentes. Fue una experiencia que nos reafirma cuán importante es mirar fuera de nuestras fronteras para elevar los estándares dentro de ellas. Como Silbertec, compartimos activamente estos aprendizajes y avances con nuestra comunidad, porque creemos que el conocimiento debe circular. La innovación no es solo una ventaja competitiva, es una responsabilidad. Si aspiramos a una industria alimentaria más eficiente, segura y sustentable en Chile, debemos asumir el compromiso de anticiparnos a los desafíos, no reaccionar a ellos cuando ya es tarde. Hoy más que nunca, el éxito de una empresa alimentaria no depende solo de su capacidad productiva, sino también de su capacidad de adaptarse, de evolucionar con las nuevas tecnologías, y de integrar soluciones que respondan a los exigentes estándares del consumidor actual y del mercado global. IFFA 2025 nos dejó muchas lecciones, pero quizá la más importante es esta: aún queda camino por recorrer en eficiencia productiva, pero no estamos partiendo de cero. Hoy tenemos más herramientas, más conocimiento y más aliados que nunca. Lo clave está en cómo las usamos para transformar nuestros procesos, y sobre todo, en cómo las compartimos para hacer crecer al ecosistema completo. En Silbertec seguiremos trabajando para acercar a la industria alimentaria chilena las soluciones más innovadoras, sostenibles y eficaces. Porque sabemos que el futuro no se espera: se construye. GALERÍAOTRAS COLUMNAS"La ciruela deshidratada no solo mejora la salud intestinal, sino que también puede ser protagonista de una industria más eficiente, sostenible e innovadora". Por Araceli Olivares Investigadora Centro CREAS n reciente estudio clínico reafirma lo que muchas personas ya saben por experiencia: el consumo de fruta deshidratada puede aliviar el estreñimiento crónico. Y entre estas frutas, la ciruela se ha ganado un lugar destacado gracias a su composición nutricional y a sus beneficios para el tránsito intestinal. La ciruela deshidratada contiene 8% de fibra, y dentro de esta, casi la mitad corresponde a fibra insoluble, que contribuye a la mecánica intestinal por ser menos fermentable. La otra mitad, fibra soluble, no solo ayuda a aumentar el bolo fecal, sino que actúa como un “alimento” para la microbiota, otorgándole un carácter de prebiótico. A esto se suma su contenido de azúcares naturales como fructosa, glucosa y sorbitol, un alcohol de azúcar con leve efecto laxante. Curiosamente, no contiene sacarosa, lo que le da un bajo índice glicémico. Así, consumir entre 6 y 7 ciruelas diarias —menos de 100 Kcal— puede ser una excelente estrategia para mantener un intestino sano y apoyar el equilibrio de nuestra microbiota. Ahora bien, la producción y procesamiento de ciruelas deshidratadas también plantea desafíos. Debido a su contenido de humedad cercano al 30%, esta fruta es susceptible al crecimiento de hongos, por lo que se le aplica una dosis de preservante (sorbato de potasio). En CREAS – TT Green Foods trabajamos con la industria para estandarizar y reducir esta aplicación, manteniéndonos dentro de los márgenes permitidos, pero buscando una mejor cobertura y menor cantidad. También miramos con atención los residuos generados durante su procesamiento: ciruelas dañadas, de bajo calibre o mal despepitadas, que terminan descartadas. En lugar de ver desperdicio, vemos oportunidades. Por eso, en CREAS – TT Green Foods desarrollamos una tecnología para transformar estos residuos en una harina rica en fibra (cuatro veces más insoluble que soluble), baja en carbohidratos y sin sabor a ciruela. Esta harina es ideal para nuevas formulaciones alimentarias como snacks, galletas o barritas. La ciruela deshidratada no solo mejora la salud intestinal: también puede ser protagonista de una industria más eficiente, sostenible e innovadora. GALERÍA
OTRAS COLUMNASPara el académico y jefe de Investigación del Grupo de Bioingeniería Agroalimentaria de la Escuela de Alimentos de la PUCV, es fundamental modernizar la formación académica de los estudiantes de pregrado en Chile y América Latina, para que se adaptan mejor a los constantes cambios de escenario y brinden una contribución de calidad, no solo a la industria, sino también a toda la sociedad. na sonrisa de satisfacción surca el rostro de del académico Andrés Córdova Suárez, cuando se le preguntan sus sensaciones tras el cierre del exitoso Congreso SOCHITAL-ALACCTA 2025. Y si bien dicha expresión no logra ocultar del todo, los efectos de las largas jornadas de trabajo que tanto él como todo el equipo de la Escuela de la Alimentos de la PUCV debieron enfrentar, para organizar este trascendente encuentro internacional, el exitoso balance final de sus tres jornadas, permite dejar atrás cualquier estrés, angustia o nerviosismo experimentado a lo largo de casi tres años de intensa preparación. Esfuerzo que fructificó en un seminario altamente especializado y de superlativo valor técnico, que congregó a destacados expertos internacionales, y posicionó tanto a la propia escuela como al país en su conjunto, en el epicentro del conocimiento alimentario científico y tecnológico. - Andrés, ¿cómo se gestó la posibilidad de que la Escuela de Alimentos de la PUCV pudiese organizar este encuentro? Todo comenzó a mediados de 2022, cuando una colega planteó, a raíz de una conversación que tuvo con el Dr. Rommy Zúñiga (entonces presidente de la Sociedad Chilena de Tecnología de los Alimentos), que SOCHITAL estaba buscando una sede para realizar su XXIV congreso anual. La idea se analizó durante una de nuestras reuniones periódicas de trabajo y de inmediato fue bien recibida por todo el equipo, porque como SOCHITAL es socia de ALACCTA, se nos abría también la posibilidad de organizar congreso internacional que tuviese un mayor impacto. Así que finalmente, a principios de 2023, dimos el visto bueno y se formó la comisión organizadora. - ¿Fue un proceso muy complejo, desde el punto de vista de la capacidad organizativa y del trabajo de redes? Por supuesto, pues se trató de un proceso de muy largo aliento y que enfrentó diversas dificultades en el camino, porque si bien la Escuela de Alimentos ya había organizado un congreso importante en 2004, lo hizo gracias a una generación de profesores que hoy ya no está presente. De hecho, en esa época yo era estudiante de pregrado, así que prácticamente ninguna de nosotros tenía experiencia en estas materias. Además, todas nuestras redes están más estructuradas desde el punto de vista académico y solos unos pocos de nosotros teníamos algunos vínculos con empresas, así que todo el camino fue de constante aprendizaje. Asimismo, tuvimos que conciliar las reglamentaciones de nuestra escuela, con las de ALACCTA y SOCHITAL, sin perder de vista el estándar técnico y académico que queríamos dar al evento, lo cual implicó no fue fácil e implicó muchísimos esfuerzos académicos, logísticos y de relacionamiento, que recién a mediados del año pasado empezaron a fructificar en una dinámica de trabajo más concreta. A partir de ese momento ya empezamos a generar jornadas de trabajo semanales a nivel de la escuela, que finalmente fructificaron en la definición de los grandes temas del congreso, en la distribución de las jornadas y en el establecimiento de la parrilla de participantes y expositores. Todo ello se fue armando en conjunto, aprovechando la experiencia de nuestro cuerpo docente y contando con el valioso apoyo de Rommy Zúñiga y de la Dra. Susana Socolovsky (presidenta electa de ALACCTA para el período 2026-2028). De hecho, fue ella quien coordinó la presencia de la mayoría de los expertos internacionales que se presentaron durante el tercer día del congreso. - ¿Y qué otras instituciones les aportaron su experticia durante este período? En primer término, fue muy importante nuestro contacto con Marisol Figueroa, gerenta general de AB Chile, quien precisamente egresó de nuestra escuela. Ella nos brindó un apoyo muy importante para coordinar reuniones con empresas del sector, y quisiera precisar que esa ayuda desinteresada de su parte, refleja, en cierto modo, el cariño que la mayoría de los profesionales que han pasado por estas aulas, siente por nuestra institución. Desde el ámbito académico, a su vez, fueron de gran ayuda las redes que tenemos con investigadores asociados de instituciones muy trascendentes para el país, como CREAS e INIA, por ejemplo, lo que nos permitió contar con una importante base de conocimiento técnico y científico para ir armando paso a paso el programa. - ¿Y cómo establecieron contacto con las empresas participantes? ¿Fue un proceso fluido o tuvieron que golpear muchas puertas para captar su interés? Diría que fue una mezcla de todo un poco. Por una parte nosotros elaboramos un programa de búsqueda de auspicios, donde efectivamente fuimos golpeado de puerta en puerta, aunque en algunos casos las conversaciones fueron muy rápidas y fructíferas, como con Nestlé, por ejemplo. En este punto también contamos con un apoyo importante de Rommy Zúñiga y de SOCHITAL, que nos permitió ir generando feedback positivo con el mundo empresarial. De hecho, en el caso específico de Nestlé, eso se logró a partir de una conversación enriquecedora y participativa, cuyo exitoso resultado se tradujo en la elaboración de una parrilla programática de excelencia para la jornada inaugural del congreso, que fue coordinada directamente con ellos. - ¿Fue muy complejo concitar el interés del ecosistema alimentario en general? La comunicación masiva con todo el ecosistema siempre cuesta más, porque nuestra Escuela de Alimentos es una unidad académica muy pequeña. Somos nueve profesores y de ellos, solo cuatro o cinco integrábamos la comisión organizadora del congreso. Tampoco tenemos equipo o área de prensa, así que tuvimos que ir golpeando otras puertas y contactar a algunos estudiantes de posgrado y periodistas que participan en nuestros programas de doctorado, para que nos ayudaran a difundir la información. También fuimos generando otras redes con profesionales de SOCHITAL y ALACCTA, quienes cooperaron contactando, a su vez, a sus propias redes, así que al final logramos la penetración que buscábamos. Fue una experiencia agotadora, pero que rindió sus frutos y, al mismo tiempo, nos brindó mucho aprendizaje, así que estamos muy contentos con el resultado. - ¿Se sienten también orgullosos de haber sido, el “epicentro del conocimiento tecnológico alimentario”? Sí, y la verdad es que todo esto coincide con un momento bien especial, porque fue un enorme esfuerzo logístico, académico e intelectual para estructurar una parrilla programática diversa, que se ajustara plenamente a los ejes temáticos establecidos, y abordase los distintos intereses que están asociados no solamente a la ingeniería de alimentos como disciplina, sino también a la tarea de conectar a todos los entes públicos, privados y académicos que se relacionan, de una u otra forma, con la producción de alimentos. Y ese orgullo que podemos sentir como equipo, nace también del esfuerzo desplegado por todos los integrantes de la comisión organizadora. Aquí hay muchas horas de trabajo, emprendidas por un grupo muy unido de colegas, que alternaban sus propias responsabilidades académicas con la enorme tarea de organizar un encuentro internacional de esta categoría. Y el resultado fue plenamente satisfactorio. - ¿Y sienten que lograron abordar de manera precisa, los grandes temas que hoy son tendencia en el sector? Sí, porque si bien en un momento se pensó en dar al congreso un enfoque más académico, finalmente decidimos que había que abrirse más al sector privado, en especial se queríamos contar con una amplia participación de empresas. De ese modo no solo logramos obtener auspicios, sino que también pudimos tender puentes para lograr que el sector productivo escuche lo que la academia tiene que aportar, lo que contribuye a reforzar y restaurar los canales de comunicación que a veces se cortan por prejuicios y falta de conocimiento. Eso nos ayudan a escucharnos, intercambiar puntos de vista y saber con certeza que está haciendo cada uno. Eso es lo que quisimos reforzar también con este congreso, y siento que cumplimos plenamente dicho objetivo. - ¿Y qué sensación les genera el hecho de que estas instancias se den, en medio de un escenario donde la carrera de ingeniería en alimentos pasa por una situación tan crítica, con escuelas que cierran y matrículas que bajan más cada año? Sin duda, es una sensación de dulce y agraz, porque por una parte tenemos estas grandes instancias enriquecedoras, que coinciden con el éxito y crecimiento de nuestra unidad académica en términos de investigación, transferencia tecnológica y formación de posgrado; pero al mismo tiempo, nos enfrentamos a un descenso crítico de los alumnos de pregrado, quienes son básicamente los que nos han dado el sustento y la razón de ser. Y es un fenómeno que no solo se da en nuestra escuela, sino también en todas las universidades del país, y que debe ser abordado en forma urgente y decidida. - ¿Y cómo se puede enfrentar esta crisis? ¿Qué acciones concretas se deben aplicar? Bueno, es el momento de dejar de llorar sobre la leche derramada, y enfrentar en profundidad las causas de esta crisis, para entenderlas y buscar cómo resolverlas. Para ello, es necesario conectar mejor con todo el ecosistema para entender en toda su dimensión las necesidades reales tanto de la industria de alimentos como de la sociedad. Solo así podremos tener profesionales preparados para resolver en forma exitosa los nuevos desafíos. Y eso implica no seguir con la lógica anterior de diseñar planes de estudio que prácticamente no se modifican. Por el contrario, hay que aplicar una ingeniería desde cero y replantearnos cómo debe ser este nuevo profesional, considerando cómo ha avanzado y cómo puede seguir avanzando la tecnología, no solamente en términos de procesos, sino también desde el punto de vista de la innovación. Es decir, hay que desarrollar nuevos planes curriculares que estén en contacto directo con las necesidades del entorno y que puedan reajustarse de acuerdo con los cambios de un entorno cada vez más ágil y dinámico. De lo contrario se corre el riesgo de generar profesionales que rápidamente pueden quedar obsoletos y eso, a la vez, se traduce en desinterés de parte de los estudiantes de pregrado. Por ello, este congreso precisamente nos permite recoger experiencias, escuchar, aprender y descubrir cómo evolucionan las nuevas tendencias, así como las nuevas tecnologías y procesos de innovación, para incorporarlas en el desarrollo de profesionales mejor preparados para incorporarse a la industria 4.0; es decir, que estén imbuidos de la transformación digital y cuenten con las habilidades blandas necesarias, como flexibilidad, liderazgo y capacidad de adaptación, entre otras. Todo eso, de cierta forma, ya lo estamos incorporando, pero probablemente nos vamos a quedar cortos, así tenemos que ser capaces de escuchar mejor, implementar cambios con más decisión y aplicarlos en estrategias de formación que realmente sea un aporte para la sociedad. - ¿Esperan aplicar esas transformaciones curriculares lo antes posible? Por el momento, la universidad nos entregó la misión de orientarnos a la formación continua y de posgrado, específicamente en materia de magísteres y doctorados. Ese será nuestro primer hito durante este año, pero eso no significa que abandonaremos el desafío de reformular los programas de pregrado. De hecho, ya hemos tenido acercamientos con personas que tienen cargos relevantes en la toma de decisiones de la industria, para saber cuáles son las áreas donde deberíamos implementar mayores cambios formativos, aunque eso implica considerar que el entorno experimenta cambios cada vez más acelerados. Nuestro objetivo, como académicos, es que en 2 a 3 años, contemos con un nuevo perfil curricular para formar a los “ingenieros de alimentos 4.0”, que incluso podrían tener otro título, pero sin perder la esencia académica de la ingeniería de alimentos. Por eso es tan importante trabajar y seguir haciendo sinergias con todas las casas de estudio, no solo de nuestro país, sino también de Latinoamérica, porque si bien cada institución puede abordar necesidades particulares, debe haber elementos comunes en este nuevo profesional, en especial para hacerse cargo de los desafíos que plantea el futuro biotecnológico. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTASPara la presidenta saliente de la Asociación Latinoamericana de Ciencia y Tecnología de Alimentos, el ecosistema alimentario en general, incluyendo empresas, academia, investigadores y estados, debe aunar esfuerzos para que los jóvenes estudiantes y emprendedores tengan la motivación y el deseo de adquirir conocimientos que los ayuden a desarrollar alimentos más saludables, inocuos, seguros y sostenibles. a industria de alimentos avanza por un camino inédito de desarrollo productivo y tecnológico. Sin embargo, esta evolución también plantea nuevos y exigentes desafíos, que se expresan en la necesidad de implementar una producción cada vez más segura, inocua, saludable y sostenible. Metas que, al mismo tiempo, requieren acercar la ciencia y tecnología de alimentos a todo el ecosistema, especialmente a las nuevas generaciones de estudiantes y emprendedores, que están llamados a ser los grandes protagonistas de este sendero evolutivo. Así lo asegura la Doctora Magda Pinzón Fandiño, docente e investigadora colombiana, profesora de pre y posgrado de la Universidad del Quindío, Doctora en Ingeniería de Alimentos, Especialista en Ciencia y Tecnología de Alimentos y en Economía Cafetera, presidenta de ALACCTA durante el período 2022-2025, y con vasta experiencia como conferencista internacional y autora, quien afirma que la industria moderna está plenamente enfocada en su desarrollo inocuo, saludable y sostenible, pero que para seguir avanzando en ese camino, es necesario incorporar más conocimiento científico de base. Un desafío que en su opinión, necesariamente exige acercar este conocimiento a las nuevas generaciones de estudiantes y emprendedores alimentarios, adaptándose a sus intereses, motivaciones y estilos de comunicación, pues solo de esa forma será posible sumar de manera positiva todo el aporte constructivo del ecosistema académico, institucional, emprendedor y productivo. Por ello, para la Dra. Pinzón, experiencias como el reciente Congreso Internacional de ALACCTA 2025, organizado entre el 9 y 11 de abril por la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, son extremadamente valiosas, no solo para dar a conocer los avances recientes en tecnología de los alimentos, sino para acercar estos desarrollos a la comunidad estudiantil y a las jóvenes generaciones en general. - ¿Cómo fue la experiencia de realizar el XXIII Congreso de ALACCTA en Chile? La experiencia de realizar el vigésimo tercer Congreso Latinoamericano de Ciencia y Tecnología de Alimentos ALACCTA 2025, en la hermosa ciudad de Valparaíso, fue muy gratificante para la organización y para mi particularmente, porque Chile es un país de mis afectos. De hecho, he venido ya más de cinco veces, pues tengo colegas de la Sociedad Chilena de Tecnología de Alimentos, SOCHITAL, con quienes profesamos una larga amistad, y ese fue uno de los motivos por el cual insistí en que el Congreso se realizara en Chile. Además, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, es muy ordenada y nos brindó un muy buen acompañamiento durante todo el tiempo de preparación y planificación del evento, así que finalmente estamos muy complacidos de que todas las jornadas se hayan desarrollado de manera armónica, con temas muy interesantes y expositores internacionales de primera línea. - ¿Este seminario en particular ha sido acorde con las grandes tendencias de consumo y desafíos tecnológico-productivos que hoy enfrenta el sector alimentario? Por supuesto, y no solo eso, sino que también ha sido una muestra del momento crucial que estamos viviendo, en materia de seguridad alimentaria y sostenibilidad. Además, estoy muy contenta de que haya estudiantes de pre y posgrado entre los participantes y asistentes, pues eso demuestra el entusiasmo de la juventud por aportar al crecimiento del sector, y crear conocimiento. Así mismo, quiero destacar que la International Union of Food Science and Technology, IUFoST (Unión Internacional de Tecnología y Ciencia de los Alimentos), entregó becas que incluyen un reconocimiento en dinero a los mejores trabajos expuestos en formato póster durante estos días, y eso es muy alentador para que las nuevas generaciones de estudiantes y científicos, sigan trabajando en pro del desarrollo y la innovación en ciencia y tecnología de alimentos. - ¿Cree que ese desarrollo e innovación se está realizando actualmente de manera positiva, tanto desde el ámbito de la academia como de la propia industria? Claro que sí. Y es importante destacar que, a pesar del complejo devenir del mundo actual, en términos políticos y económicos, se está trabajando en temas muy interesantes para cumplir los objetivos de desarrollo sostenible. Esa es una tendencia muy importante a nivel mundial y los jóvenes también están muy conscientes de ello. De hecho, ya hay desarrollos concretos en nuevos productos, ingredientes, materias primas y procesos biotecnológicos, donde la academia, e instituciones de prestigio como INTA en Chile, el CODEX Alimentarius y las propias empresas, incluyendo a grandes multinacionales, medianas y pequeñas, están trabajando para desarrollar más y mejores propuestas, así como también para impulsar innovaciones en ciencia y tecnología de alimentos. - Y desde el punto de vista de ALACCTA, ¿Cuáles son los desafíos pendientes más importantes? Como en cualquier actividad humana los desafíos siguen siendo grandes, y entre esos podemos destacar la importancia de conquistar a nuevos asociados en países que aún no participan de ALACCTA, como Perú, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Guatemala y Honduras. De hecho, en el Caribe solo participan República Dominicana y Costa Rica, así que nos faltan, entre otros, Puerto Rico, Haití y las Antillas. Además, aún tenemos que desarrollar convenios y entendimientos con diferentes entidades internacionales que nos puedan ayudar a cumplir el gran objetivo de dar a conocer la ciencia y tecnología de alimentos en todo el mundo. - ¿Y qué le parece que las nuevas generaciones de emprendedores, startups e innovadores estén incorporando precisamente esta ciencia, este conocimiento biotecnológico en sus estrategias de mercado, especialmente en Chile? Es muy interesante, y por eso hay que continuar profundizando ese tema. Esto implica, por cierto, darles nuevas herramientas a los jóvenes que recién ingresan, o se interesan por ingresar a este mundo, para que se sientan cómodos y vean que podemos hablarles en su propio lenguaje, que no es el mismo de las personas de más de 40 años. Entonces, tenemos que adaptarnos e invitarlos para que se vinculen y nosotros también, como profesionales, investigadores y académicos, debemos aprender nuevas formas de comunicación y, al mismo tiempo, conocer las nuevas formas de desempeñarse que hoy tienen los jóvenes. Por ejemplo, se habló durante la ceremonia inaugural que ha bajado la matrícula de los estudiantes de pregrado en las universidades chilenas, especialmente en las carreras de ingeniería en alimentos, y eso es un fenómeno que no solamente se da acá, sino en también en todo el mundo. - ¿Y qué opina precisamente de esta crisis que hoy vive la carrera de ingeniería en alimentos en Chile, con bajas matrículas y cierre de facultades, justo cuando el conocimiento científico es más relevante que nunca, para el desarrollo de nuevos alimentos? Bueno, como dije este no es un tema solo de Chile. Yo soy de Colombia, y allá también se vive ese problema en las facultades de ingeniería en alimentos. Aunque diría que no es solo un tema de esta carrera en particular, sino, en general, de la forma como están propuestos los planes de estudio actuales, así como de los temas que se desarrollan y ofrecen a los estudiantes. Es el momento de dar un vuelco, de dar un salto cuántico o cuantitativo, porque las carreras que estamos ofreciendo ya no son atractivas para los jóvenes. Claro, siempre habrá que tener abogados, médicos e ingenieros, pero los enfoques que se den a estas profesiones deben ser más acordes con el presente. - ¿Esto implica, por ejemplo, modificar currículums y planes de estudio? Claro, por supuesto, y hacer cambios significativos como incorporar más tecnologías recientes, incluyendo la Inteligencia Artificial, por ejemplo. Al mismo tiempo, los profesores debemos volvernos a educar. Es decir, no tenemos que pensar que es el estudiante quien se tiene que adaptar, porque eso está errado. Nosotros tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos, para que el conocimiento sea atractivo para las nuevas generaciones. Es cierto que el conocimiento siempre es el mismo, pero las formas de aprendizaje hoy son diferentes y eso es lo que hay que entender y aplicar. - ¿Y qué mensaje daría usted, hoy como primer expresidente de ALACCTA y participante de este Congreso Internacional, a todos esos jóvenes y emprendedores que quieren, por ejemplo, innovar o desarrollar nuevos alimentos, y no saben cómo aplicar conocimiento científico? Que busquen las formas de estudiar, prepararse, asesorarse o de colaborar con empresas, porque estas siempre están muy interesadas en apoyar las innovaciones, nuevos desarrollos e ideas de los jóvenes emprendedores, y que busquen también el apoyo de entidades académicas y estatales. A su vez, los estados también deben reforzar sus mecanismos de ayuda y apoyar a los emprendedores alimentarios, para que empiecen a desarrollar esas ideas y las lleven hasta un grado de maduración que les permita escalarlas hacia la realidad del mercado. Todo eso contribuirá a avanzar hacia el gran objetivo de tener una industria alimentaria sostenible, inocua, segura y que, al mismo tiempo, nos brinde nuevos y mejores alimentos, más saludables y más nutritivos. - ¿Hoy la ciencia y la tecnología pueden ayudar a que la industria cumpla ese desafío? Claro que sí, y de hecho hay que eliminar esos conceptos errados sobre los productos que desarrollan las empresas. Hoy es común referirse a ellos en forma despectiva, llamándolos productos industrializados, ultraprocesados o productos chatarra. Pero no se debe generalizar ni estigmatizar de esa forma. De hecho, en este punto hay varios aspectos que deben tener en cuenta. Por ejemplo, ¿faltó la comida durante algún día de la pandemia? ¿Y quién hizo esa comida? Es cierto que los agricultores se quedaron cultivando la tierra, pero también los industriales e ingenieros de alimentos se quedaron procesando lo que venía del campo, y ninguno de ellos hizo un trabajo negativo. Entonces, no hay que satanizar los alimentos que se producen en grandes cantidades, porque si no existieran, no habría cómo alimentar a toda la población mundial. Lo que sí hay que seguir reforzando es la regulación sobre la correcta composición de los aditivos, que de todas maneras es un tema donde ya existe una regulación muy exigente, y donde constantemente se sigue avanzando, porque hoy los aditivos que se agregan a los alimentos son saludables y están de acuerdo con la normativa e investigación. Además se utilizan en cantidades adecuadas y, más aún, todos los nuevos desarrollos se orientan a incorporar más y más ingredientes naturales. - Es decir, ¿es injusto estigmatizar a las empresas? Claro, porque hoy las grandes empresas invierten altas sumas de dinero para producir alimentos seguros, inocuos y saludables para el consumidor. Además, la normativa está constantemente actualizándose y las investigaciones científicas continúan enfocándose en nuevos ingredientes aún más saludables. Por ello, la población general tiene que confiar en las industrias, pues estas son conscientes de que deben usar los ingredientes que el consumidor quiere y necesita para una vida saludable. Pero eso no implica eliminar los productos industriales, porque entonces, ¿Quién alimentaría a la población? ¿Quién proveería las comidas, por ejemplo, para los pacientes de un hospital, los habitantes de un campamento minero, los trabajadores de una plataforma petrolera, o los mismos asistentes a este congreso? Eso solamente se logra con productos previamente elaborados, así que la industria de alimentos siempre va a estar presente, y siempre va a ser necesaria. - ¿Podemos confiar entonces en que la industria puede avanzar hacia su desarrollo sostenible? Sí, claro que sí, y para eso necesitamos también formar a más ingenieros de alimentos, que vayan a inspeccionar y perfeccionar los procesos productivos industriales, formulen propuestas nuevas y contribuyan, con su conocimiento y experticia, a implementar nuevos reglamentos que ayuden, tanto a los poderes legislativo como ejecutivo, a perfeccionar las normas. Es un esfuerzo conjunto donde todos podemos, y debemos, aportar nuestro conocimiento. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTASPor Claudia Mc Leod B. Ingeniera Agrónoma, Mag. en Sanidad Vegetal Investigadora INIA Kampenaike nivel nacional, el ruibarbo es un cultivo poco conocido y cultivado en pequeñas superficies, encontrándose en Magallanes la mayor extensión establecida en el país. Introducido por los colonos europeos hace más de 100 años, inicialmente el ruibarbo ocupó diferentes espacios en las estancias de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, para luego diseminarse a patios de las denominadas casa quinta y masificarse en parcelas aledañas, lo que explicaría en parte su aceptación, consumo y relación con este territorio. Actualmente, el ruibarbo no solo se encuentra presente en preparaciones tradicionales como mermeladas, salsas y chutneys, sino que ha sido incorporado en innovadores productos locales como helados, sidras, licores y vinagres, lo que ha impactado en un aumento acelerado de la demanda local, dejando en evidencia una importante disminución del volumen comercializado. Este fenómeno puede atribuirse al envejecimiento de las plantas, al escaso manejo agronómico o a la sustitución del cultivo por otras alternativas. Como resultado, la oferta actual no logra satisfacer las necesidades de los transformadores de alimentos, lo que pone en riesgo la disponibilidad y crecimiento comercial de estos productos en el mercado. Y es que este resurgimiento agroindustrial, íntimamente relacionado al sector gastronómico y turístico, unido a tendencias de consumo sostenible y alimentación saludable, busca relevar el patrimonio agroalimentario local mediante la comercialización de "productos regionales", utilizando materias primas de la zona, fortaleciendo con ello la identidad cultural de la Región de Magallanes, generando valor agregado desde el territorio Austral. Lo anterior, representa sin duda una nueva oportunidad de diferenciación productiva para pequeños productores locales. El desafío entonces es retroceder hacia el origen. Para ello es clave preservar el material genético del ruibarbo y generar planes de manejo sostenibles adaptados a nuestras extremas condiciones, lo que no solo asegura la existencia del cultivo en el largo plazo, sino que también otorga mayor seguridad para el despegue y consolidación de otros rubros, impactando económica y socialmente en diversos eslabones de la cadena productiva. El ruibarbo no es solo un cultivo en Magallanes; es una historia, un legado, y un futuro que merece ser explorado y valorado en su totalidad. En INIA nos encontramos impulsando la revalorización y promoción de este patrimonio, asegurando que el ruibarbo siga siendo parte de nuestra identidad cultural y un motor económico para nuestra región. GALERÍA
OTRAS COLUMNAS"La Pequeña AgriculturaDeber ser Motor de Innovación"Entrevista publicada en edición impresa número 137 / octubre de 2022La ejecutiva enfatiza la urgencia de transferir al sector familiar campesino todo el conocimiento disponible en Tecnologías de la Información y Comunicación, para que pueda adaptarse mejor al escenario de crisis climática y estrés hídrico, orientando, simultáneamente, su producción hacia modelos sostenibles. l sector silvoagropecuario es el pilar más importante de la industria alimentaria, pues desde él provienen todos los insumos, ingredientes y materias primas que permiten producir, en forma continua y eficiente, alimentos saludables, inocuos, seguros y sustentables para toda la población. Por ello, en el actual escenario de contingencia climática, económica y social es urgente brindarle todas las oportunidades que necesita para acceder a las modernas herramientas tecnológicas de la revolución digital, e incentivar el desarrollo de proyectos de innovación dentro de sus actuales grupos sociales más relevantes, los jóvenes y las mujeres. Así lo entiende la directora ejecutiva de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Francine Brossard, DEA (Diploma d’Etudes Approfondies) en Desarrollo Rural del Instituto Agronómico Paris-Grignon, y magíster de Economía Agraria y Tecnología de los alimentos, Alimentación, Nutrición y Bienestar General, del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) Universidad de Chile; quien, desde el inicio de su carrera profesional, ha mostrado permanente interés por apoyar la innovación transversal en todo el mundo agrario campesino. Lo demostró tanto en los orígenes de su carrera profesional, en el área de análisis y estudios de la División Agrícola Conjunta de CEPAL-FAO de Naciones Unidas (donde se desempeñó durante casi una década), como en su posterior ingreso, en 1996, al Ministerio de Agricultura de Chile (MINAGRI), donde precisamente participó en la creación de la actual FIA, haciéndose cargo de su Unidad de Información. Desde allí lideró activamente y durante 15 años, el diseño de iniciativas destinadas a la gestión de información y vigilancia estratégica, en materia de innovación agraria. En 2011 dejó este trabajo para desarrollarse como consultora internacional en Tecnologías de la Información y Comunicación aplicadas al mundo rural, para el Banco Mundial, FAO, IICA y CEPAL, asesorando además, a diversos países de América Latina y África francófona. Algunos de sus principales logros personales de este período fueron su participación directa en la creación de la Comisión Nacional de Igualdad de Oportunidades del MINAGRI; la formación en 2006 de la primera Mesa TIC Rural, con participación de las diferentes instituciones dependientes del MINAGRI; la articulación de la Red de Información Silvoagropecuaria de Chile (Redagrochile); y la creación de las primeras comunidades virtuales agrícolas de Chile (proyecto YoAgricultor BID-FIA). Con toda esta experiencia y experticia acumulada, Brossard aceptó este año el desafío de regresar a FIA y asumir su dirección ejecutiva, con el claro objetivo de potenciar aún más sus diversos instrumentos de innovación, para llegar con ellos a todos los rincones del mundo agrícola nacional, en especial, los pequeños productores pertenecientes a la agricultura familiar campesina. Tarea en extremo compleja, pero que asume con la clara convicción de “seguir potenciando los desafíos estratégicos que presenta nuestro sector, trabajando también para que FIA pase de ser un referente de la innovación, a un guía que impulse y muestre el camino para llegar a más territorios, de manera global y cercana”. Hoja de ruta que se orienta a entregar soluciones capaces de enfrentar satisfactoriamente las agudas problemáticas que hoy enfrenta la agricultura nacional, buscando, al mismo tiempo, llegar a más comunidades del territorio rural, para que estas soluciones sean “replicadas por agricultores, productores, jóvenes, mujeres y pueblos originarios, sin distinción alguna”, enfatiza. - ¿Qué representa para usted asumir este cargo en esta etapa tan compleja y trascendental para el mundo agrícola chileno? En primer término es un orgullo encabezar una institución que conozco desde sus inicios. Y aunque me alejé de ella por 10 años, para trabajar organizaciones como FAO y CEPAL, siempre estuve al tanto de su trabajo. En ese período, mirando a FIA desde lejos y con otra perspectiva, me di cuenta de su enorme relevancia, pues no existe un organismo similar en otros países de América Latina. Y a pesar de ser relativamente pequeña, pues funciona solo con cerca del 1% del presupuesto del ministerio de Agricultura, hace cosas muy trascendentes y de gran impacto para el desarrollo del mundo agropecuario. En ese ámbito quiero destacar que hoy nos encontramos en pleno proceso de descentralización, luego de trabajar durante muchos años solo con oficinas en Santiago, Talca y Temuco. Y si bien aún no tenemos un representante en cada región, creemos que pronto superaremos el desafío de llegar al máximo nivel de participación regional y nacional. - ¿Cuáles son los principales desafíos que en este momento enfrentan como institución? Nuestros lineamientos de trabajo forman parte del diseño de política rural del gobierno del presidente Boric. En ese sentido, apuntamos a desarrollar iniciativas que nos permitan abordar el déficit hídrico, a mitigar el cambio climático y a desarrollar sistemas alimentarios sostenibles. Estos tres pilares de trabajo dan cuenta de las prioridades de Chile, pero también de las necesidades que enfrenta el sector silvoagropecuario a nivel mundial. Además, no debemos olvidar que nos encontramos ante un contexto internacional crítico, debido a la guerra en Ucrania, y estamos ciertos de que eso influirá directamente en el aumento del precio de los alimentos. Por lo tanto, como Fundación para la Innovación Agraria tenemos mucho que decir y apoyar para enfrentar este escenario de contingencia. En ese contexto, quiero destacar que seguimos con la misma estructura de apoyo de instrumentos. De hecho, el pasado 13 de septiembre se abrió la convocatoria nacional de proyectos de innovación, a todas las personas e instituciones que forman parte del sector silvoagropecuario. También reactivamos las “giras tecnológicas”, instrumento que estuvo deprimido, e incluso detenido, durante la pandemia, lo cual ha traído un efecto de tranquilidad, porque es muy bienvenido en todo el mundo agrícola por la gran participación social que brinda a sus participantes. Además, seguimos adelante con nuestros estudios de innovación, que también han sido otra línea de trabajo importante para FIA. En forma paralela realizamos diversos eventos de apoyo, como conversatorios y seminarios, así como consultorías que abordan los diversos problemas del sector, ofreciendo a los participantes las respectivas soluciones de innovación. Todos estos instrumentos se complementan de forma interesante y además le brindan flexibilidad a nuestra gestión. Por ejemplo, muchas veces se decide, por diversas razones, no apoyar un proyecto, pero en su lugar sugerimos una “gira tecnológica”, de modo de brindar la necesaria asistencia técnica a los agricultores, para que nazcan nuevos y mejores proyectos. Esta flexibilidad operacional nos permite cumplir a cabalidad lo que ha sido la misión institucional de FIA, desde su creación. - ¿A cuántos beneficiarios apoyan actualmente con este conjunto de instrumentos? Dentro de lo que es convocatoria nacional, tenemos hasta 200 nuevos proyectos postulantes cada año, de los que se aprueban cerca de 30. Proceso donde destaca la rigurosidad y transparencia del equipo profesional de FIA, para analizar cada una de ellos. Sin embargo, también debemos recordar que las propuestas aprobadas pueden durar hasta 3 o 4 años. Por ende, si sumamos los proyectos en marcha, con todos los nuevos que se van aprobando, hablamos en conjunto de cerca de 100 de estas iniciativas operando simultáneamente cada año. De hecho, cuando asumimos ya había iniciativas aprobadas del año anterior, a las cuales les hemos dado continuidad. A esto hay que sumar todas las demás iniciativas e instrumentos de FIA que mencioné anteriormente como giras, seminarios o consultorías, lo cual nos permite posicionarnos como una institución muy bien evaluada por el mismo sector agropecuario. - ¿Cuánto es el presupuesto que se destina a este concepto, anualmente? Contamos con un presupuesto de alrededor de $8.000 millones de pesos, que naturalmente ha ido variando de acuerdo con ciertas prioridades de los distintos gobiernos en los últimos años. Sin embargo, lo novedoso es que actualmente cerca del 75% pertenece a MINAGRI, mientras que el otro 25% lo aporta el ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e innovación. Es un paso muy importante en nuestra evolución institucional. Por eso, cuando asumí el cargo insistí que hubiese un representante del ministerio de Ciencias en nuestro Consejo Directivo, porque así no solo tenemos una excelente coordinación, sino que además podemos complementar nuestros objetivos, los cuales concuerdan en que los grandes conocimientos teóricos bajen hasta el diario vivir de la gente. Y en nuestro caso particular, que la innovación científica y tecnológica llegue a la pequeña agricultura, para lo cual es muy importante el apoyo del ministerio de Ciencias, especialmente en el desarrollo de nuevos programas. ACCESO EQUITATIVO AL DESARROLLO- ¿Existen hoy condiciones adecuadas para que el mundo agrícola acceda a programas de desarrollo e innovación? Por supuesto, y en esto quisiera destacar que hoy FIA puede mostrar la gran madurez alcanzada en la difusión y consolidación de instrumentos de innovación. En ese sentido, recojo y asumo la crítica que hemos recibido anteriormente de otras instituciones y grupos sociales, en cuanto a que FIA sólo tenía “proyectos de elite”. Algo que me dolió particularmente, porque, en cierto modo, era cierto. Efectivamente apoyamos proyectos de innovación que pertenecen a entornos académicos, pero también sabemos que debemos impulsar esas instancias para que lleguen efectivamente al gestor agrícola. Y esa es una nueva línea de trabajo que estamos impulsando actualmente, en cuanto a concretar transferencia de innovación. - ¿Y cómo esperan concretar esta iniciativa? Tenemos muchas y variadas opciones. Por ejemplo, FIA ha desarrollado desde hace varios años un área de desarrollo de documentos que plasman todo el trabajo de distintos proyectos de innovación. Es un gran trabajo documental, pero que hasta ahora quedaba solo en la biblioteca y no se traspasaba al mundo agrícola. Entonces queremos transferir esta información mediante el aporte específico de otras instituciones que sí desarrollan proyectos tecnológicos concretos, como por ejemplo, INIA, INDAP e IFOR, entre otras. De este modo, FIA captura, analiza y desarrolla la información, y las demás instituciones la traspasan directamente al agricultor mediante iniciativas específicas de desarrollo tecnológico, de acuerdo con el tipo de suelo, la geografía regional, la demanda hídrica local o la idiosincrasia cultural de la población, entre otras múltiples variables. Con ello podemos lograr, entre otras cosas, transferencias de producción, innovación en cultivos no tradicionales, generación de valor agregado a especies nativas, aplicación de tecnologías de riego digital y muchas otras oportunidades de traspaso efectivo de conocimiento. INNOVACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO- ¿Considerando el actual contexto de estrés climático y crisis económica, qué papel juega la innovación para superar dicho escenario, considerando que ya enfrentamos un complejo diagnóstico de alto riesgo alimentario para nuestro país? La innovación juega un papel fundamental, por eso estamos en el momento preciso para reinstalar la mesa de trabajo TIC rural, que aplicamos entre 2006 y 2011 para avanzar en la tecnologización del agro. Con tal objetivo ya estamos trabajando desde junio con todas las instituciones del ministerio de Agricultura, para abordar desde esta perspectiva temas críticos como el déficit agrícola-hídrico y los sistemas alimentarios sostenibles. Dentro de las herramientas TIC hoy existen múltiples alternativas para optimizar la producción, riego, uso de recursos y control de las contingencias ambientales, entre otras opciones. Hay un sinfín de herramientas que no son conocidas por los agricultores, así que nuestra tarea es darlas a conocer e incorporarlas a la pequeña agricultura, que siempre ha quedado rezagada en estos procesos y donde aún persiste una gran brecha de desconocimiento y alfabetización digital. - ¿Qué tan complejo es impulsar esta conexión del mundo rural con la transformación digital? Es muy complejo. Recordemos que la población agrícola hoy tiene, en promedio, más de 60 años y además está compuesta cada vez más por mujeres que se están quedando solas en el campo. Paralelamente la juventud rural está emigrando a la ciudad, y ese es otro tema que quisiera destacar, porque estamos poniendo énfasis en enfocarnos en esas dos poblaciones objetivo, mujeres y jóvenes. Y digo énfasis, porque igual aportamos a todo el sector en general, pero no podemos desconocer que un gran porcentaje de la población prioritaria en la pequeña agricultura está formado por cooperativas donde participan mujeres, juventud y, también, pueblos originarios. Queremos entregar más y mejores herramientas TIC a las mujeres del mundo rural, que hoy están muy invisibilizadas. Por ejemplo, acabamos de cerrar un concurso para premiar a la “mujer innovadora”, en los ámbitos de producción y academia. Asimismo, estamos desarrollando otro programa para jóvenes innovadores, para que desplieguen y den a conocer todo su potencial de emprendimiento. Ya hemos hecho algunos encuentros donde destacamos, por ejemplo, los valiosos aportes emprendedores de los jóvenes de la región de la Araucanía. - ¿Y existen otros proyectos emblemáticos o estructurantes de este nuevo esfuerzo integrador de FIA? Precisamente en el área de operación queremos destacar un programa que será un hito para la agricultura, al cual hemos denominado “Agrocopinoa”. Este nace de un mandato del ministro de Agricultura, quien nos solicitó desarrollar una estrategia de capacitación hacia las cooperativas agrícolas, para formar una “academia de cooperativas”. Como primer paso empezamos a trabajar con dos grupos importantes, la “Unión Nacional de Agricultura Familiar Campesina” y CAMPOCOOP, con quienes hicimos un diagnóstico conjunto, llegando a la conclusión de que se necesita entregar capacitación orientada exclusivamente a la innovación. Para orientarnos a ese objetivo aportaremos conocimiento para el desarrollo de planes de negocio que integrarán por primera vez el componente I+D+i. En ese punto entra a apoyarnos el ministerio de Ciencias, que por primera vez se incorpora a un trabajo conjunto con el ministerio de Agricultura, con el gran objetivo de llegar a “cooperativas agrícolas 4.0”. Partimos este año con un piloto de 20 cooperativas ya identificadas, y en agosto realizamos el primer seminario para que se conocieran entre ellas y comenzaran a armar planes de negocio apoyados por universidades. En este punto entra además a participar un tercer ministerio, el de Economía, porque es la entidad que acredita a las cooperativas. Queremos que, mediante este gran programa, las cooperativas pasen por estas distintas etapas de capacitación, creación de planes de negocios, incorporación de I+D+i y evolución hacia las TIC, para que, a través del ministerio de Economía, se acredite dicho traspaso mediante un sello especial de innovación, para que estas cooperativas accedan, en forma prioritaria, a concursos de fomento públicos (SERCOTEC o INDAP) y a eventuales instrumentos de la banca privada. Es una iniciativa inédita del ministerio de Agricultura, destacada en forma entusiasta por las mismas cooperativas y, que en cierto modo, retoma el trabajo hecho hace algunos años con las comunidades virtuales, en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo. - ¿Sienten entonces que se están dando los pasos correctos en cuanto a impulsar la innovación del sector agroalimentario, sobre todo de la pequeña agricultura? Somos optimistas, porque estamos haciendo todos los esfuerzos, primero para cumplir nuestra misión de desarrollar una cultura de innovación; y luego, para avanzar de manera coordinada con otras instituciones del Estado, para que la innovación llegue hasta el agricultor. Y confiamos en que si trabajamos asociados con cooperativas, podremos lograr un resultado trascedente. También estamos trabajando en conjunto con la SNA, para incentivar la innovación en liceos agrícolas. Es una iniciativa que hoy renovamos mediante el programa Savia Lab, que involucra a todos los alumnos de liceos agrícolas desde primero medio hasta cuarto medio. Mediante el apoyo directo de alguna una universidad se incorpora la innovación como programa de estudio, desde el inicio de la enseñanza media. Queremos que esos chicos, con la mirada dirigida desde y hacia la innovación, vean que existe futuro en sus propias localidades. Que ellos mismos identifiquen brechas donde la innovación de alguna respuesta. Hemos visto ya casos muy destacados en la región de Maule, así que confiamos en el éxito de programa. De hecho, tiene tantas oportunidades, que los mismos profesores participantes de Savia Lab obtienen la experticia, y un diploma, que los faculta a seguir impulsando la innovación en sus futuros alumnos de estos y otros establecimientos. Así lograremos que los jóvenes comprendan que hay futuro en el campo y no migren a las ciudades. Necesitamos jóvenes en el campo, o si no, este muere. Algo que es vital, porque la pequeña agricultura entrega casi el 80% de los productos alimenticios de los cuales se nutre toda la población. Claro que también nos hemos percatado de que, producto de la pandemia, muchos jóvenes se fueron al campo e impulsaron numerosas iniciativas en el rubro alimentario, especialmente en el sector gastronómico, por lo que están llevado todo su conocimiento del mercado, para orientar al sector agrícola respecto de las nuevas tendencias de consumo de alimentos orgánicos, vegetarianos o sustentables. Este positivo traspaso de información entre jóvenes emprendedores de origen urbano y pequeña agricultura, también nos hace mirar con optimismo el futuro. - ¿Cómo podrían decir que cumplieron su misión al cabo de este periodo? ¿Con qué parámetros se podría medir ese objetivo? En primer lugar, que transfiramos a la pequeña agricultura toda la innovación necesaria para que enfrente el cambio climático, el estrés hídrico y la producción sustentable; y que a partir de ello cambiemos esa percepción de que FIA solo financia proyectos de elite. Luego, que tengamos el programa Agrocopinoa consolidado y ya beneficiando a las 130 cooperativas agrarias de nuestro país, para que todas tengan planes de negocios donde incorporen la mirada de I+D+i y su respectivo componente de TIC. Todo ello coordinando exitosamente, además, el trabajo tripartito de los ministerios de Agricultura, Ciencias y Tecnología, y Economía. En paralelo, que se vea un resultado positivo del programa de apoyo a la juventud rural, alcanzando un gran porcentaje medible de efecto innovador en su educación, que se refleje en el desarrollo concreto de emprendimientos rurales. Además, necesitamos que las mujeres del campo adopten masivamente la innovación y la apliquen en su trabajo diario de producción o artesanía, desarrollando emprendimientos exitosos que les permitan salir adelante por sí solas. Finalmente, también tenemos como objetivo impulsar el desarrollo de las comunidades indígenas. Hoy FIA hace mucho trabajo con ellas, y quisiera que al final de esta administración, rindamos cuentas positivas de este trabajo particular en innovación. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTAS“Si Queremos Seguir Siendouna Potencia Alimentaria,Debemos Fortalecer laInversión en I+D”Entrevista publicada en edición impresa número 139 / febrero de 2023La Dra. en Alimentación y Medio Ambiente, llama a tomar decisiones que impulsen la cooperación intersectorial e interinstitucional, para que la pequeña agricultura disponga de herramientas tecnológicas que le permitan ser agente activo en la producción de alimentos seguros, inocuos y sustentables. l sector agropecuario mundial enfrenta el crucial desafío de optimizar la producción eficiente, segura, inocua, segura y sustentable de alimentos, enfrentando, al mismo tiempo, un complejo escenario de estrés hídrico y climático que no tiene paralelo en la historia reciente. Más aún, debe poner énfasis en el desarrollo de sistemas productivos que reduzcan la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el alto impacto que se genera en los suelos de cultivo, que hoy se presentan cada vez más alterados y peligrosamente al borde de su agotamiento. Desafíos que hoy se viven con más fuerza que nunca en Chile, y que Iris Lobos, directora nacional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, recalcó a cada uno de sus colaboradores, luego de asumir dicho cargo en marzo de 2022. Un nombramiento que reconoció la trayectoria y experticia técnica de esta Dra. en Alimentación y Medio Ambiente, y que no solo le permitió convertirse en la primer mujer que asume dicho cargo, en los 58 años de existencia de INIA, sino que además le brinda la oportunidad de liderar un paso evolutivo fundamental de su historia. Hito enmarcado en el reconocimiento hecho por el ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación, cuya titular anterior titular, Silvia Díaz Acosta, aseguró durante su presentación en el reciente seminario Agrifood Tech 2023, que “esperamos relacionarnos mucho más con INIA para avanzar en sus objetivos de investigación científica y transferencia tecnológica con el sector agroalimentario”. Todo enmarcado dentro de una nueva estrategia de inversión en I+D+i, para optimizar la sustentabilidad, seguridad, inocuidad y eficiencia de la producción nacional de alimentos. Tarea que en, palabras de Iris Lobos, es al mismo tiempo una “gran responsabilidad y un orgullo”, porque implica reconocer el valor de la experticia y experiencia institucional, como eslabón fundamental de la nueva cadena de I+D+i que catapultará al sector agropecuario hacia una nueva dimensión de eficiencia, soberanía, seguridad, inocuidad y, por cierto, sustentabilidad. - ¿Qué significó para usted asumir y luego liderar un trabajo tan trascendente, complejo y especializado como el que conlleva ser directora nacional de INIA? Fue un honor y una gran responsabilidad ser nombrada, no solo por ser la primera mujer entre los directores nacionales, sino porque además la gente espera mucho de uno, que todo funcione más rápido y seamos más ejecutivos. Pero en general ha sido una linda experiencia, porque siento que los 960 trabajadores me apoyan y eso ha hecho que el trabajo sea, dentro de todo, más fácil. A su vez, cuando asumí le recalqué a mi equipo cuáles iban a ser las prioridades, las cuales tienen que ver con ir avanzado hacia la paridad, porque en general el I+D+i en Chile, y en el mundo, es de pocas mujeres. Y en cuanto llegué decidí que hubiera paridad entre los 10 directores regionales, así que actualmente hay cinco mujeres y cinco hombres. Eso significa que también hay muchos centros regionales que por primera vez tienen una mujer como directora. Además, estamos enfocados en ir potenciando el trabajo técnico de nuestros equipos en paralelo, y todo eso la gente lo ha valorado muy bien. - Dentro de este trabajo tan especializado que realiza INIA para impulsar la innovación en un sector complejo de por sí, como el agropecuario, ¿Cuáles son actualmente los principales desafíos que deben enfrentar como institución? Bueno, como país tenemos que aumentar la cantidad de alimentos en menos superficie cultivable y tenemos un cambio climático y una crisis hídrica que ya están aquí. Esos son los principales desafíos de los cuales tenemos que hacernos cargo, que además se relacionan con la forma cómo resguardamos y protegemos nuestro patrimonio alimentario, porque la crisis hídrica, el cambio climático, y la necesidad de producir más alimentos, de una u otra manera, afectan nuestro patrimonio alimentario. Lo positivo es que INIA ya había empezado a trabajar esas situaciones, así que estábamos preparados. Tenemos trabajo hecho, por ejemplo, en el desarrollo de variedades adaptadas a la crisis hídrica, y otras que usan menos plaguicidas, pensando en una agricultura sostenible. Pero tenemos que seguir avanzando siempre, porque también tenemos hoy otros desafíos grandes que tienen que ver con cómo evitamos el éxodo rural y cómo hacemos que la gente quiera seguir produciendo. En ese sentido, en nuestro primer año al frente de INIA hemos fortalecido de manera concreta los vínculos con INDAP, por ejemplo, para generar programas de largo aliento en los cuales podamos trabajar con la agricultura familiar campesina, con especial foco en mujeres y jóvenes. No olvidemos que la agricultura familiar campesina produce casi el 80% de lo que comemos, entonces tenemos que apoyarla para que vaya también adaptándose a la crisis hídrica y al cambio climático, desde el punto de vista tecnológico, porque si no los capacitamos, si no les entregamos las herramientas tecnológicas, no pueden ser competitivos y al final eso va en su desmedro. - ¿Hay conciencia en el sector, sobre todo en la Agricultura Familiar Campesina, de que el cambio ya está presente y hay que trabajar ya no para prevenirlo, sino para enfrentarlo o mitigarlo? Creo que a nivel de la pequeña agricultura sí hay consciencia. Ellos entienden que esto ya cambió y no producen como antes. El problema es que también tenemos que entregarles herramientas para que puedan hacer el cambio. Por mucho que tengamos variedades adaptadas o tecnologías, también debemos ser capaces de entregárselas a los agricultores, porque ellos ya saben que no pueden seguir trabajando como lo han hecho hasta ahora, porque hay menos agua. En INIA, por ejemplo, estamos produciendo un arroz climáticamente inteligente que se riega como si fuera otro cultivo y no bajo inundación, por lo que requiere 50% menos de agua. El desafío ahora es que nosotros convenzamos y a la vez le hagamos llegar este tipo de tecnologías al pequeño agricultor. - ¿Existen los procesos o procedimientos para traspasar, efectivamente, estas tecnologías al pequeño agricultor? También se ha avanzado en esto. Aunque aquí quiero reconocer la visión del actual ministerio de Agricultura, porque nos ha unido a todos, como servicios, y ya no estamos cada uno trabajando en forma separada, lo que antes solía confundir al agricultor. En este período hemos ido subsanando esa falencia y prueba de ello es, por ejemplo, que hoy tenemos programas a largo plazo en conjunto con INDAP, en los cuales vamos a entregar a los agricultores estas nuevas herramientas con las que contamos para enfrentar este escenario de cambio climático. - Si bien existe consenso respecto de que la innovación es fundamental para adaptarse a este escenario, ¿Qué papel juega efectivamente? La innovación es un pilar fundamental, pero por sí sola tampoco es la respuesta. Esto implica que tenemos que intensificar la comunicación y cooperación entre todos los sectores para impulsar un trabajo conjunto. El gobierno del presidente Gabriel Boric lo está haciendo en forma concreta, a través del ministerio de Agricultura, porque en su programa se establece el aumento de los fondos destinados a I+D, porque entendemos que es la forma de avanzar a una agricultura más sostenible. Pero esto implica reunirnos tanto con el sector privado y público, para lograr que este pack tecnológico reamente llegue a toda la agricultura, no solamente a los pequeños, sino que también al mediano y al grande también. Vamos a hacer innovación, sí, pero la innovación por sí sola no basta. Hay que incorporar generación de redes y trabajo público-privado, más el aporte de la academia. Hay que dejar de la lado la idea de que cada área es una isla, porque claramente eso ya no funciona. - ¿Hemos logrado ir eliminando las islas, estamos siendo más integrales y actuando más conjunta y cooperativamente? Sí, como país diría que hemos avanzado bastante y eso lo prueba, por ejemplo, el reciente Catálogo de Innovación Alimentaria del programa Transforma Alimentos, que en 2022 seleccionó 50 productos innovadores. En el caso particular de INIA, dejamos atrás la visión de ser una institución que solamente pertenecía a la agronomía, y apostamos por abrirnos a otras áreas del conocimiento, como alimentación. En los últimos 10 años hemos fortalecido esta perspectiva y ello nos ha permitido avanzar, por ejemplo, en el rescate y valorización de nuevas materias primas, en la obtención de sellos de origen, el desarrollo de envases inteligentes, en nuevos sistemas de pos cosecha, y la extensión de la vida útil de nuestros productos de exportación. Es decir, en estos últimos diez años INIA ha tenido un avance considerable en innovación para la industria alimentaria. Como ejemplos, podemos mencionar la certificación de la denominación de origen del aceite de oliva de Huasco y de los corderos de Chiloé; y el trabajo para desarrollar nuevas materias primas naturales, como por ejemplo, extracto de zanahorias para colorantes naturales. - ¿Se consideran, entonces, una institución bisagra dentro de esta estrategia? Sí, porque además lo que nos diferencia también de otras instituciones es que trabajamos directamente con los agricultores, medianos, pequeños y grandes. Entonces, muchas veces ellos traen una idea o un problema, y en conjunto vamos desarrollando la solución. Eso también es muy potente a nivel de territorio y por eso hoy tenemos presencia en 10 regiones, porque claramente las regiones del norte no tienen las mismas características o problemas que las del sur. Eso nos permite entregar acompañamiento específico para cada territorio. - Tradicionalmente Chile se ha definido como potencia alimentaria, ¿Podemos mantener ese sitial, considerando el actual estado de emergencia climática y estrés hídrico? Hay cosas que tenemos que mejorar y aprender, porque, como nos sucede con los incendios forestales, somos reactivos y cuando pasan las emergencias nos olvidamos de ellas hasta que suceden otra vez. Lo mismo nos acontece, muchas veces, con plagas o sequías. Yo creo que Chile puede seguir siendo potencia alimentaria, pero estamos en un punto de inflexión en que si no tomamos decisiones concretas y no trabajamos, vamos a perder ese sitial. Estamos en el momento de plantearnos las siguientes interrogantes: ¿vamos a seguir siendo potencia alimentaria?, ¿vamos a trabajar conjuntamente para mantenernos así o vamos a dejar que esto se diluya? Y esa es una decisión de Estado, que como ministerio de Agricultura y en el caso específico de INIA, hemos tratado de mantener. Estamos aportando y apoyando, pero no se requiere solo de un sector, como decía anteriormente. Si no nos unimos los entes públicos y privados, es muy difícil mantenernos como potencia alimentaria. En agricultura es lo mismo que en otras áreas, si no hacemos un manejo integral de la crisis, si no vamos bajando la carga de plaguicidas, si no vamos dejando especies adaptadas, va a llegar un momento en que el suelo nos dirá: “basta, no podemos más y no se produce más”. Entonces, reitero, estamos en un punto de inflexión donde tenemos que decidir como país, ¿vamos a enfrentar esta situación, para seguir siendo potencia alimentaria? - ¿Quiénes están más al debe en este esfuerzo?, ¿Hay sectores que les falta dar más pasos para igualar el ritmo de avance de otros? Es una situación compleja en general, porque hoy la agricultura es el tercer rubro que menos invierte en I+D, y si no invertimos es muy difícil que podamos avanzar hacia objetivos tales como tener especies adaptadas, mejorar el manejo de protocolos o reducir el uso de plaguicidas. Por eso valoro que el gobierno del presidente Garniel Boric haya incluido esto en su programa. Porque no podemos seguir con una I+D basada en proyectos que solo duran 24 o 36 meses. Por ejemplo, si queremos desarrollar un programa de mejoramiento genético de especies, podríamos tardar hasta diez años. Tal vez puedan ser 5 o 7 años, con el uso de nuevas tecnologías, pero no menos que eso. Entonces, si el país no invierte en I+D es muy difícil alcanzar las metas que queremos, así que una vez que el Estado, los gobiernos y las empresas vayan entendiendo que invertir en I+D es la solución, vamos a ir avanzando más sostenidamente. - ¿No resulta paradójico que el sector tenga tan poca inversión en I+D si debemos producir más alimentos para una población en constante crecimiento, dentro de un contexto de cambio climático y estrés hídrico? ¿Estamos viendo, entonces, solo un discurso que no se cumple? Era hasta hace poco, un discurso que no se cumplía hasta ahora, porque como país no entendíamos el rol que tenía el I+D, pero estoy convencida de que esto ha ido cambiando. Al respecto, como INIA hemos recibido ciertas señales positivas, a partir de los programas estratégicos que realizamos con INDAP y de las propuestas que nos ha planteado el ministerio de Ciencias, para aportar en el desarrollo de programas más largos. Son buenas señales, pero aún no es suficiente, aunque al menos siento nos indican que vamos por el camino correcto. Y de verdad espero que Chile siga así siempre, y esto sea el preludio de una auténtica política pública de I+D. IMPULSO A LA PEQUEÑA AGRICULTURA- Hace muy poco la ministra de ciencias destacó en un seminario que INIA, precisamente juega un papel muy importante para potenciar la innovación alimentaria, ¿se sienten preparados para cumplir ese desafío? Como institución, la confianza que ha depositado en nosotros el ministerio de Ciencias, nos enorgullece, pero también nos plantea el desafío de demostrar el valor de todo el trabajo que hemos hecho en nuestros 58 años de historia. Es una gran presión, pero confiamos en que vamos a lograrlo, porque, como lo ha dicho la ministra, si esto funciona y nosotros damos respuestas positivas, será el primer paso de financiamiento basal para I+D. Estamos en la gran posición de jugarnos el todo o nada, a ganador, porque confiamos en nuestra experiencia y trabajo. - ¿Qué aspectos específicos esperan trabajar gracias a este impulso recibido de parte del ministerio de Ciencias? ¿Hay algún área prioritaria? Aún lo estamos definiendo con el ministerio, pero se relaciona en general con la seguridad y soberanía alimentarias, además de crisis hídrica y cambio climático, que son los temas que debemos abordar de inmediato. En eso está implícito todo lo relacionado con el desarrollo de una agricultura sostenible, es decir, de qué forma vamos a ir ocupar menos plaguicidas, menos químicos y menos recursos, por ejemplo. Durante febrero y marzo definiremos las tareas específicas, es decir, qué es lo que el ministerio de Ciencias quiere, y qué es lo que INIA ya puede desarrollar, o dónde falta más profundización. Implica, precisamente, definir de qué forma seguimos siendo una potencia alimentaria, haciéndonos cargo de los problemas ya expuestos, y evaluar cómo podemos aportar, con el I+D que ya hemos desarrollado, y lo que falta por desarrollar. - ¿Esperan sumar más actores dentro de esta estrategia de I+D, tanto dentro del mismo sector agropecuario como entre las empresas alimentarias? En esta primera fase vamos a trabajar con nuestras capacidades, y en esto quiero agradecer la visión de la ministra de Ciencias, quien prefirió potenciar lo ya existente en lugar de crear una institución nueva, para así avanzar más rápido en tareas específicas, como por ejemplo, la generación de nuevas variedades de cultivo ya adaptadas al estrés hídrico que INIA ya tiene. Por eso tengo la confianza de que vamos a avanzar para posteriormente sumar nuevos conocimientos a los nuestros, para así lograr alianzas y sinergias mejores a futuro. - ¿Se han trazado ya objetivos específicos y cuantificables? En parte son algunos de los que ya teníamos como INIA y que se relacionan con avanzar en digitalización y prevenir escenarios de contingencia, entre otros. Por ejemplo, tenemos sistemas de alerta temprana que podemos orientar al reconocimiento de emergencias agrícolas en alguna región; también podemos desarrollar bio insumos y controladores biológicos accesibles para la pequeña agricultura; y escalar la investigación a todos los sectores de la agricultura. Todos estos objetivos específicos debieran orientarse a la agroecología, para cuantificarla desde la perspectiva del I+D, poniéndole valores duros y avanzando hacia la consolidación de una agroindustria sostenible. - Entre todas las acciones innovadoras recientes, sin embargo, para haber algo de dispersión, ¿ustedes aspiran a ser un ente aglutinador de todos estos esfuerzos? Como INIA nuestro principal esfuerzo es apoyar la obtención de sellos de origen para los emprendedores, porque queremos que les ayude a diferenciar la calidad de sus productos, asociándolos a un territorio determinado. Esto les da un gran valor agregado, que siempre pasa además por componentes nutracéuticos, lo que es muy apreciado por los consumidores. Hemos avanzado bastante al respecto, aunque aún tenemos un gran mundo por explorar. - ¿Es esta la mejor estrategia para consolidar una industria agroalimentaria segura, inocua y sostenible? Todo esos conceptos están contemplados dentro de un sello de origen, porque con él se evita, por ejemplo, tener que criar o trasladar animales de un lugar a otro. Con eso se reduce la huella de carbono, se potencia un territorio, y se crea valor a partir de un esfuerzo que además se orienta a producir más en forma eficiente y menos dañina con el ambiente. - ¿Y qué esperan de los próximos tres años, para decir que la misión está cumplida? Durante este período me propuse dos grandes reformas; primero, optimizar la experticia y especialización de nuestra institución y su gente. Para ello creamos la subdirección de Gestión de Personas, porque necesitamos colaboradores capacitados. La otra reforma es dar mayor importancia a la extensión y transferencia tecnológica, por medio de la subdirección de I+D y Transferencia. Hoy estamos muy comprometidos en que ambas variables vayan en paralelo para que los agricultores den el siguiente paso y puedan acceder a las tecnologías de INIA. Parte de este esfuerzo es contar con ellas en nuestro propios campos, para que los agricultores vean en terreno su factibilidad y operacionalidad. El último componente en que hemos avanzado es la descentralización, porque necesitamos que los centros regionales sean lo más autónomos posible en su toma de decisiones. Por ejemplo a fines de abril de 2022 independizamos Raihuén Maule, que siempre dependía de Chillán y además estamos gestionando la apertura de un nuevo centro regional en Ururi, Arica. - ¿Y desde un punto de vista más estratégico y de largo plazo, podemos ser un país con una industria agroalimentaria sustentable, segura e inocua? Soy optimista, creo que si vamos potenciando el I+D y si ya fuimos capaces, como ministerio de Agricultura, de conversar y cooperar entre nosotros, también podemos interactuar mejor con otros ministerios, porque el ser potencia alimentaria sostenible no solo depende de Agricultura, tenemos que sumar Economía, Desarrollo Social, Relaciones Exteriores, etc. Es decir, somo un país. Así que creo que cuando dejemos de competir entre un ministerio y otro, vamos a poder avanzar, además tenemos que sumar al sector privado y la academia, porque esto siempre es esfuerzo de todos. GALERÍA
OTRAS ENTREVISTAS“La Industria AlimentariaCreció de Espaldasal Consumidor, y HoyEso Debe Cambiar”Entrevista publicada en edición impresa número 143 / diciembre de 2023El Dr. en Biotecnología, critica la falta de visión innovadora de las grandes compañías del sector, y las urge a implementar más iniciativas I+D+i que respondan con eficiencia, agilidad y sentido ético a los requerimientos de un público que hoy exige más transparencia, trazabilidad, salud y compromiso medioambiental. i se hiciera una encuesta en el ecosistema emprendedor nacional, sobre quiénes son sus máximos referentes, sin duda alguna que el doctor en Biotecnología de la USACH y actual presidente del directorio de Fundación Chile, Pablo Zamora Cantillana, reuniría una gran cantidad de preferencias. No solo por ser uno de los cofundadores de la exitosa Foodtech NotCo, sino también porque su opinión es una de las más valoradas y respetadas, en el ámbito de la investigación, desarrollo e innovación tecnológica. Esa misma experticia y entusiasmo, que lo motivó a ser parte del “fenómeno NotCo”, hoy lo impulsa a ser un auténtico “faro” para las nuevas generaciones de emprendedores, con quienes trabaja tanto en terreno, como dirigiendo los programas y proyectos que impulsa Fundación Chile en todo el país. - ¿Qué diagnóstico macro se puede hacer hoy del gran escenario productivo alimentario nacional? Creo que la industria de alimentos ha intentado, con cierto rezago, ponerse al día en términos tecnológicos y esa incipiente apertura ha permitido que otros actores ingresen en su entorno para tratar de desarrollar nuevas capacidades, productos y servicios. Pero es un escenario complejo, porque esta industria es, desde mi punto de vista, muy tradicionalista. Por lo tanto, cambiar sus sistemas productivos, la “forma cómo nos alimenta”, involucra un costo transaccional muy alto que no está dispuesta a asumir fácilmente. Eso hace que esta industria sea menos innovadora y tenga menos capacidad de reacción frente a las necesidades de los consumidores. - ¿Cuáles son esas necesidades y requerimientos que hoy plantea el consumidor? En primer lugar, transparencia, porque un porcentaje importante de los consumidores está más pendiente de saber que lo que come es, efectivamente, lo que espera comer. En segundo lugar, trazabilidad, pues a la gente le importa el origen de los alimentos que come y cuánto CO2 se generó en su producción. Además, cada vez se toma más conciencia de que es necesario volver un poco a las raíces y por eso los alimentos ultraprocesados están siendo cada vez más dejados de lado, y eso hace que la industria tenga que repensarse de algún modo. Ahí se abren oportunidades de innovación, porque hay una exigencia por parte de los consumidores de más nutrición, transparencia en los procesos y trazabilidad de los ingredientes. Las economías más sofisticadas han estado a la vanguardia en estos temas y hoy cualquier persona puede disponer de información muy fehaciente respecto de cada uno de los productos que consume y sus ingredientes, de donde vienen y si su elaboración está “manchada” por algún antecedente negativo. - ¿Y en qué nivel nos encontramos en este plano, respecto de las economías más avanzadas? Retrasados, pero igual creo que Chile tiene una oportunidad interesante de ponerse a la vanguardia en innovación. En ese sentido, lo que hicimos con NotCo marcó una hoja de ruta respecto de que, con conocimiento propietario y una estrategia distintiva, se pueden conquistar mercados globales, incluso desde un país pequeño como el nuestro. Por lo tanto hay que crear nuevas industrias que sean capaces de generar estos cambios a nivel planetario, y en ese sentido he visto con cierta gratitud que hay cada vez más compañías que están pensando en este salto global, pero sin descuidar la cadena de valor ambiental. Tenemos compañías que privilegian una agricultura más armónica, sistemas de packaging más amigable, o que trabajan en el desarrollo de alimentos alternativos, entre otros ejemplos. Sin embargo, creo que también debemos superar una de las deficiencias más graves de la producción alimentaria en Chile, y que radica en que los grandes productores todavía no visualizan la necesidad de incorporar más capacidad de investigación científica para desarrollar productos de alta complejidad. Falta innovación real, porque las empresas lanzan productos convencionales o diversifican sus SKU, pero la forma cómo piensan el desarrollo y resonancia que esos productos tienen en los consumidores, no necesariamente es la más propicia. - ¿Superar este “conservadurismo” es una traba demasiado compleja para la gran industria? Es muy difícil decirle a una empresa alimentaria, que ha sido altamente rentable durante los últimos 50 años, que de pronto “debe cambiar para seguir siendo competitiva”, porque aparentemente no tienen motivación para hacerlo. Pero pronto se darán cuenta de que las nuevas tendencias internacionales las empujarán a replantear su negocio, y se darán cuenta de que tienen dos alternativas, o empiezan a perder mercado o efectivamente se repiensan como industria. Hoy ya vemos como crecen más tendencias disruptivas como la nutrición personalizada, los cultivos orgánicos o regenerativos, las cadenas de abastecimiento cortas y el rechazo a los productos ultraprocesados. Al mismo tiempo surgen nuevas corrientes que tensionan el modelo actual de alimentación por el auge de tecnologías emergentes como los productos plant based o cell based. Todo eso nos plantea un escenario donde habrá que generar nutrición de una manera completamente tailor made (a la medida), utilizando herramientas matemáticas o algorítmicas, por ejemplo. Por ende, ya no se trata de que la industria “no se quiera modernizar”, sino que debe hacerlo, pues no podrá subsistir a futuro con el mismo esquema. - ¿La transformación cultural del consumidor contribuye a aumentar esa tensión? Si, porque el mayor volumen de información hace casi impensable producir alimentos poco saludables, que no tendrán el mismo nivel de receptividad. Hace algunos años, cuando comenzamos el trabajo con NotCo mostrábamos en distintos Focus Group la lista de ingredientes de distintos productos tradicionales y las personas apenas podían creer que una simple galleta de soda, por ejemplo, tuviera cerca de 25 ingredientes, incluyendo mercurio y otros componentes dañinos. Hoy, ese modelo de producción que no está pensado para el consumidor, sino para abaratar costos, aumentar la vida útil de la mercadería o disminuir las mermas del productor, es impensable. La industria ha crecido particularmente de espaldas al consumidor, y eso tiene que cambiar. EL TRASCENDENTAL ECOSISTEMA EMPRENDEDOR- ¿Crees que las nuevas generaciones, los jóvenes emprendedores alimentarios darán respuestas más certeras frente a estos cambios necesarios? Sí, de hecho ya lo están haciendo, porque estas compañías nacen como reacción a deficiencias estructurales del sistema. A veces son respuestas con cierto grado de emocionalidad ante problemas existentes de salud o cuidado medioambiental, por ejemplo, pero todas tienen el denominador común de plantear soluciones concretas y efectivas a contingencias que la gran industria no pretende o no desea resolver por si sola. - ¿Chile es entonces hoy un referente en Foodtech y otros emprendimientos similares? Sí, de todas maneras. No todos estos emprendimientos tienen la calidad que demandan los mercados globales, pero sí están haciendo las cosas de manera distintiva y con motivaciones profundas, a pesar de que emprender como Foodtech no es sencillo, porque el mercado es pequeño e involucra inversiones en temas donde los grandes capitales no siempre están dispuestos a jugársela. Incluso muchos de los nuevos emprendedores se aventuran en el mundo de la biotecnología, que es más sofisticado y requiere más preparación. Desde esa perspectiva han impulsado el desarrollo de nuevos alimentos y tenemos ejemplos notables como lo que hace Done Properly, que genera moduladores de sabor a base de hongos; lo que hace Luyef en el campo de la agricultura celular; o lo que realiza Rebel Factory, disponibilizando conocimiento científico para el desarrollo de productos de alta complejidad. Esto es muy valioso, porque las grandes compañías de alimentos no necesariamente tienen la visión, los recursos, el tiempo o las capacidades necesarias y estos innovadores tecnológicos les brindan la oportunidad de contar con un “brazo armado” de investigación y desarrollo avanzado. También destaco el trabajo de “Amarea” que, sin ser una Foodtech propiamente tal, nos introduce el mundo de los snacks saludables a base de algas. Entonces, hay cosas ocurriendo y es notable ver muchos ejemplos de jóvenes profesionales talentosos tratando de empujar un cambio cultural en el I+D+i, aumentando los niveles de proteínas locales, usando legumbres locales, etc. Ejemplos que además generan empatía y fidelidad de consumo, no solo en las nuevas generaciones, sino también en un amplio espectro de público. - ¿Hace falta más apoyo para este ecosistema innovador? Sí, faltan recursos, capital especializado y una colaboración más estrecha entre las startups y las empresas consolidadas, porque la relación hoy no es tan fluida que debería ser. Hay esfuerzos interesantes como los que realizan CeTA y CREAS, entre otras entidades, pero se necesita más respaldo, especialmente en las etapas iniciales de cada proyecto, que son las más complejas. Y creo que también nos falta conocimiento en las áreas de toma de decisiones, porque las grandes empresas no tienen suficientes especialistas que puedan o sepan apostar más fichas en las iniciativas correctas. Ahí también hay un tema que abarca desde la formación de nuevas capacidades directivas hasta el nombramiento de personas más idóneas en los cargos que adjudican los fondos. - ¿Podremos tener mejores herramientas de apoyo, más conciencia de las empresas y más visión estratégica de parte de las autoridades? Se ha avanzado de manera interesante, pero falta camino por recorrer. Es curioso, porque siempre trabajamos para que Chile fuese una “potencia agroalimentaria”, pero hoy ya no basta con decirlo. Hay que invertir más para superar la grave deficiencia estructural en tecnología alimentaria. Además, el cambio climático está afectando con fuerza el desarrollo de cultivos en la zona central, y frente a esa realidad debemos invertir en tecnologías alternativas, como por ejemplo, nuevas plataformas de producción de proteínas, sistemas de cultivo ex situ o agricultura vertical, entre otras opciones. Solo invertir más en investigación nos permitirá estar mejor preparados para enfrentar los embates del cambio climático. El concepto de Chile como “país agroalimentario” no se puede desentender de la agricultura familiar campesina, de la inversión en investigación y del desarrollo de nuevos alimentos. Además, debemos reinventar carreras como agronomía o ingeniería en alimentos, para comprobar si están atendiendo las necesidades del público. - ¿Qué trabajos han hecho en Fundación Chile durante este último tiempo? Actualmente nuestra división de sostenibilidad está apoyando diversas iniciativas orientadas principalmente al mundo acuícola. Contamos, por ejemplo, con un centro de producción en Tongoy que nos ha permitido generar nuevas líneas genéticas y domesticar a la corvina, para repoblar las costas del norte de Chile. Hace poco se liberaron cerca de 35 mil ejemplares jóvenes al mar, para ayudar a la pesca artesanal de la zona. Además, se han llevado a cabo programas de mejoramiento genético de moluscos y para fortalecer la relación entre mar y territorio. Asimismo, estamos trabajando fuertemente en programas de “caletas sustentables”, haciendo transferencia tecnológica y fortaleciendo las capacidades de las comunidades y sus organizaciones de base. También realizamos iniciativas conjuntas con CeTA, en tecnología de los alimentos, y participamos en los directorios de otras entidades relacionadas con desarrollos de genética adaptada a condiciones climáticas nuevas, para el cultivo de carozos y uvas de mesa, entre otras especies frutales. - ¿Y qué proyección puedes hacer respecto de los desafíos que faltan? ¿Crees que pueden cumplirse en el corto plazo? No estamos tan lejos de los objetivos ideales, pero para alcanzarlos primero tienen que ocurrir ciertas cosas, como que las personas tomen aún más conciencia respecto de la importancia de una alimentación saludable, y que sobre dicha base ponderen sus decisiones de compra, ojalá exigiendo más claridad y transparencia. Y si las industrias van a desarrollar nuevos productos procesados, que sea pensando en la nutrición y el bienestar de las personas, y no solo en aumentar la rentabilidad. También sería positivo que todo el sistema sea transversalmente más consciente. Por ejemplo, que no se abuse de la tierra utilizando agroquímicos que disminuyen la biodiversidad biológica del suelo; que no se abuse de los fruticultores o de los productores lácteos, y se le pague un valor justo por sus productos; y en definitiva, que el establishment actúe siempre con justicia y equidad universal. GALERÍA
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