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Opinión: Extrusión de alimentos

11/11/2025

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Titular columna extrusión Francisca Rojas
Francisca Rojas CREAS columna extrusión
Bajada columna Francisca Rojas extrusión
Por Francisca Rojas
Asistente de Investigación CREAS
Proyecto ANID Regional R23F0004
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a valorización de los subproductos agroindustriales, antes considerados simples desechos, representa hoy una oportunidad estratégica para impulsar la economía circular y promover el desarrollo de alimentos más sostenibles.
 
Gracias a la innovación tecnológica, estos materiales pueden transformarse en ingredientes funcionales de alto valor agregado, contribuyendo a reducir el impacto ambiental y a generar nuevos beneficios económicos.
 
Para lograr alimentos de calidad, resulta esencial conocer en profundidad la composición de las materias primas y los procesos de elaboración, ya que ambos factores determinan las propiedades y el comportamiento del producto final.

Entre las tecnologías más versátiles, destaca la cocción por extrusión, ampliamente utilizada en la industria alimentaria por su capacidad de modificar la estructura física de las materias primas, consolidándose así como una herramienta prometedora para el aprovechamiento de descartes agroindustriales y la creación de nuevos alimentos.
 
Este proceso de extrusión, favorece la liberación de compuestos bioactivos que suelen encontrarse atrapados en matrices complejas, lo que resulta interesante cuando se trabaja con estos subproductos ricos en componentes de difícil acceso.
 
Los subproductos agroindustriales, como cáscaras, bagazo, tallos, vainas o semillas, representan una fuente valiosa de compuestos bioactivos con alto potencial nutracéutico.
 
Y en CREAS, trabajamos precisamente en esta línea, aplicando tecnologías limpias y eficientes que permitan revalorizar estos residuos y transformarlos en alimentos innovadores y saludables.
 
Una de las aplicaciones que le hemos dado a la cocción por extrusión dentro del proyecto ANID Regional R23F0004, es para generar un alimento extruido a base de bagazo de uva, subproducto de la producción vitivinícola.
 
Este orujo o bagazo se somete a pretratamientos y se mezcla con otras materias primas para desarrollar un alimento mediante esta tecnología alimentaria, la cual ha mostrado ventajas tanto en la composición como en la bioaccesibilidad de compuestos bioactivos después del procesamiento.
 
Estos resultados confirman el potencial de la extrusión como una herramienta eficaz para valorizar subproductos agroindustriales, aportando así al desarrollo de una alimentación más sostenible y funcional.
 
Es motivante observar cómo la tendencia de generar alimentos con valor funcional a partir de subproductos agroindustriales está tomando fuerza en la industria alimentaria y que podemos contribuir como centro científico-tecnológico.
 
Lo que antes se consideraba un residuo hoy se transforma en una fuente de innovación, dando origen a alimentos sabrosos, nutritivos y ricos en moléculas bioactivas que ejercen efectos beneficiosos en el organismo.
 
Más allá del aporte nutricional, esta nueva mirada representa un cambio cultural y tecnológico. Se demuestra que la ciencia y la creatividad pueden convertir los descartes en oportunidades, impulsando una industria innovadora, más sostenible, consciente y alineada con el cuidado del medio ambiente y las personas.

Firma columna Francisca Rojas

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Andrés Córdova Suárez, director del comité organizador ALACCTA 2025

5/5/2025

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Estas instancias nos ayudan a rediseñar y reimpulsar
La preparación de las nuevas generaciones de ingenieros 4.0
Andrés Córdova comité organizador ALACCTA 2025
Para el académico y jefe de Investigación del Grupo de Bioingeniería Agroalimentaria de la Escuela de Alimentos de la PUCV, es fundamental modernizar la formación académica de los estudiantes de pregrado en Chile y América Latina, para que se adaptan mejor a los constantes cambios de escenario y brinden una contribución de calidad, no solo a la industria, sino también a toda la sociedad.
Letra U
na sonrisa de satisfacción surca el rostro de del académico Andrés Córdova Suárez, cuando se le preguntan sus sensaciones tras el cierre del exitoso Congreso SOCHITAL-ALACCTA 2025.

Y si bien dicha expresión no logra ocultar del todo, los efectos de las largas jornadas de trabajo que tanto él como todo el equipo de la Escuela de la Alimentos de la PUCV debieron enfrentar, para organizar este trascendente encuentro internacional, el exitoso balance final de sus tres jornadas, permite dejar atrás cualquier estrés, angustia o nerviosismo experimentado a lo largo de casi tres años de intensa preparación.
  
Esfuerzo que fructificó en un seminario altamente especializado y de superlativo valor técnico, que congregó a destacados expertos internacionales, y posicionó tanto a la propia escuela como al país en su conjunto, en el epicentro del conocimiento alimentario científico y tecnológico. 

- Andrés, ¿cómo se gestó la posibilidad de que la Escuela de Alimentos de la PUCV pudiese organizar este encuentro? 
Todo comenzó a mediados de 2022, cuando una colega planteó, a raíz de una conversación que tuvo con el Dr. Rommy Zúñiga (entonces presidente de la Sociedad Chilena de Tecnología de los Alimentos), que SOCHITAL estaba buscando una sede para realizar su XXIV congreso anual. La idea se analizó durante una de nuestras reuniones periódicas de trabajo y de inmediato fue bien recibida por todo el equipo, porque como SOCHITAL es socia de ALACCTA, se nos abría también la posibilidad de organizar congreso internacional que tuviese un mayor impacto. Así que finalmente, a principios de 2023, dimos el visto bueno y se formó la comisión organizadora.

- ¿Fue un proceso muy complejo, desde el punto de vista de la capacidad organizativa y del trabajo de redes?
Por supuesto, pues se trató de un proceso de muy largo aliento y que enfrentó diversas dificultades en el camino, porque si bien la Escuela de Alimentos ya había organizado un congreso importante en 2004, lo hizo gracias a una generación de profesores que hoy ya no está presente. De hecho, en esa época yo era estudiante de pregrado, así que prácticamente ninguna de nosotros tenía experiencia en estas materias. Además, todas nuestras redes están más estructuradas desde el punto de vista académico y solos unos pocos de nosotros teníamos algunos vínculos con 
empresas, así que todo el camino fue de constante aprendizaje.

Asimismo, tuvimos que conciliar las reglamentaciones de nuestra escuela, con las de ALACCTA y SOCHITAL, sin perder de vista el estándar técnico y académico que queríamos dar al evento, lo cual implicó no fue fácil e implicó muchísimos esfuerzos académicos, logísticos y de relacionamiento, que recién a mediados del año pasado empezaron a fructificar en una dinámica de trabajo más concreta.

A partir de ese momento ya empezamos a generar jornadas de trabajo semanales a nivel de la escuela, que finalmente fructificaron en la definición de los grandes temas del congreso, en la distribución de las jornadas y en el establecimiento de la parrilla de participantes y expositores. 

Todo ello se fue armando en conjunto, aprovechando la experiencia de nuestro cuerpo docente y contando con el valioso apoyo de Rommy Zúñiga y de la Dra. Susana Socolovsky (presidenta electa de ALACCTA para el período 2026-2028). De hecho, fue ella quien coordinó la presencia de la mayoría de los expertos internacionales que se presentaron durante el tercer día del congreso.

- ¿Y qué otras instituciones les aportaron su experticia durante este período?
En primer término, fue muy importante nuestro contacto con Marisol Figueroa, gerenta general de AB Chile, quien precisamente egresó de nuestra escuela. Ella nos brindó un apoyo muy importante para coordinar reuniones con empresas del sector, y quisiera precisar que esa ayuda desinteresada de su parte, refleja, en cierto modo, el cariño que la mayoría de los profesionales que han pasado por estas aulas, siente por nuestra institución. 

Desde el ámbito académico, a su vez, fueron de gran ayuda las redes que tenemos con investigadores asociados de instituciones muy trascendentes para el país, como CREAS e INIA, por ejemplo, lo que nos permitió contar con una importante base de conocimiento técnico y científico para ir armando paso a paso el programa.  

- ¿Y cómo establecieron contacto con las empresas participantes? ¿Fue un proceso fluido o tuvieron que golpear muchas puertas para captar su interés? 
Diría que fue una mezcla de todo un poco. Por una parte nosotros elaboramos un programa de búsqueda de auspicios, donde efectivamente fuimos golpeado de puerta en puerta, aunque en algunos casos las conversaciones fueron muy rápidas y fructíferas, como con Nestlé, por ejemplo. En este punto también contamos con un apoyo importante de Rommy Zúñiga y de SOCHITAL, que nos permitió ir generando feedback positivo con el mundo empresarial. De hecho, en el caso específico de Nestlé, eso se logró a partir de una conversación enriquecedora y participativa, cuyo exitoso resultado se tradujo en la elaboración de una parrilla programática de excelencia para la jornada inaugural del congreso, que fue coordinada directamente con ellos.

- ¿Fue muy complejo concitar el interés del ecosistema alimentario en general?
La comunicación masiva con todo el ecosistema siempre cuesta más, porque nuestra Escuela de Alimentos es una unidad académica muy pequeña. Somos nueve profesores y de ellos, solo cuatro o cinco integrábamos la comisión organizadora del congreso. Tampoco tenemos equipo o área de prensa, así que tuvimos que ir golpeando otras puertas y contactar a algunos estudiantes de posgrado y periodistas que participan en nuestros programas de doctorado, para que nos ayudaran a difundir la información. 

También fuimos generando otras redes con profesionales de SOCHITAL y ALACCTA, quienes cooperaron contactando, a su vez, a sus propias redes, así que al final logramos la penetración que buscábamos. Fue una experiencia agotadora, pero que rindió sus frutos y, al mismo tiempo, nos brindó mucho aprendizaje, así que estamos muy contentos con el resultado.

- ¿Se sienten también orgullosos de haber sido, el “epicentro del conocimiento tecnológico alimentario”?
Sí, y la verdad es que todo esto coincide con un momento bien especial, porque fue un enorme esfuerzo logístico, académico e intelectual para estructurar una parrilla programática diversa, que se ajustara plenamente a los ejes temáticos establecidos, y abordase los distintos intereses que están asociados no solamente a la ingeniería de alimentos como disciplina, sino también a la tarea de conectar a todos los entes públicos, privados y académicos que se relacionan, de una u otra forma, con la producción de alimentos. 

Y ese orgullo que podemos sentir como equipo, nace también del esfuerzo desplegado por todos los integrantes de la comisión organizadora. Aquí hay muchas horas de trabajo, emprendidas por un grupo muy unido de colegas, que alternaban sus propias responsabilidades académicas con la enorme tarea de organizar un encuentro internacional de esta categoría. Y el resultado fue plenamente satisfactorio.

- ¿Y sienten que lograron abordar de manera precisa, los grandes temas que hoy son tendencia en el sector?
Sí, porque si bien en un momento se pensó en dar al congreso un enfoque más académico, finalmente decidimos que había que abrirse más al sector privado, en especial se queríamos contar con una amplia participación de empresas. De ese modo no solo logramos obtener auspicios, sino que también pudimos tender puentes para lograr que el sector productivo escuche lo que la academia tiene que aportar, lo que contribuye a reforzar y restaurar los canales de comunicación que a veces se cortan por prejuicios y falta de conocimiento. Eso nos ayudan a escucharnos, intercambiar puntos de vista y saber con certeza que está haciendo cada uno. Eso es lo que quisimos reforzar también con este congreso, y siento que cumplimos plenamente dicho objetivo.

- ¿Y qué sensación les genera el hecho de que estas instancias se den, en medio de un escenario donde la carrera de ingeniería en alimentos pasa por una situación tan crítica, con escuelas que cierran y matrículas que bajan más cada año? 
Sin duda, es una sensación de dulce y agraz, porque por una parte tenemos estas grandes instancias enriquecedoras, que coinciden con el éxito y crecimiento de nuestra unidad académica en términos de investigación, transferencia tecnológica y formación de posgrado; pero al mismo tiempo, nos enfrentamos a un descenso crítico de los alumnos de pregrado, quienes son básicamente los que nos han dado el sustento y la razón de ser. Y es un fenómeno que no solo se da en nuestra escuela, sino también en todas las universidades del país, y que debe ser abordado en forma urgente y decidida.

- ¿Y cómo se puede enfrentar esta crisis? ¿Qué acciones concretas se deben aplicar?
Bueno, es el momento de dejar de llorar sobre la leche derramada, y enfrentar en profundidad las causas de esta crisis, para entenderlas y buscar cómo resolverlas. Para ello, es necesario conectar mejor con todo el ecosistema para entender en toda su dimensión las necesidades reales tanto de la industria de alimentos como de la sociedad. Solo así podremos tener profesionales preparados para resolver en forma exitosa los nuevos desafíos. 

Y eso implica no seguir con la lógica anterior de diseñar planes de estudio que prácticamente no se modifican. Por el contrario, hay que aplicar una ingeniería desde cero y replantearnos cómo debe ser este nuevo profesional, considerando cómo ha avanzado y cómo puede seguir avanzando la tecnología, no solamente en términos de procesos, sino también desde el punto de vista de la innovación. Es decir, hay que desarrollar nuevos planes curriculares que estén en contacto directo con las necesidades del entorno y que puedan reajustarse de acuerdo con los cambios de un entorno cada vez más ágil y dinámico. De lo contrario se corre el riesgo de generar profesionales que rápidamente pueden quedar obsoletos y eso, a la vez, se traduce en desinterés de parte de los estudiantes de pregrado.

Por ello, este congreso precisamente nos permite recoger experiencias, escuchar, aprender y descubrir cómo evolucionan las nuevas tendencias, así como las nuevas tecnologías y procesos de innovación, para incorporarlas en el desarrollo de profesionales mejor preparados para incorporarse a la industria 4.0; es decir, que estén imbuidos de la transformación digital y cuenten con las habilidades blandas necesarias, como flexibilidad, liderazgo y capacidad de adaptación, entre otras. 

Todo eso, de cierta forma, ya lo estamos incorporando, pero probablemente nos vamos a quedar cortos, así tenemos que ser capaces de escuchar mejor, implementar cambios con más decisión y aplicarlos en estrategias de formación que realmente sea un aporte para la sociedad.

- ¿Esperan aplicar esas transformaciones curriculares lo antes posible? 
Por el momento, la universidad nos entregó la misión de orientarnos a la formación continua y de posgrado, específicamente en materia de magísteres y doctorados. Ese será nuestro primer hito durante este año, pero eso no significa que abandonaremos el desafío de reformular los programas de pregrado. De hecho, ya hemos tenido acercamientos con personas que tienen cargos relevantes en la toma de decisiones de la industria, para saber cuáles son las áreas donde deberíamos implementar mayores cambios formativos, aunque eso implica considerar que el entorno experimenta cambios cada vez más acelerados. Nuestro objetivo, como académicos, es que en 2 a 3 años, contemos con un nuevo perfil curricular para formar a los “ingenieros de alimentos 4.0”, que incluso podrían tener otro título, pero sin perder la esencia académica de la ingeniería de alimentos.

Por eso es tan importante trabajar y seguir haciendo sinergias con todas las casas de estudio, no solo de nuestro país, sino también de Latinoamérica, porque si bien cada institución puede abordar necesidades particulares, debe haber elementos comunes en este nuevo profesional, en especial para hacerse cargo de los desafíos que plantea el futuro biotecnológico.

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Francisco Javier González Salvo

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Francisco Javier González Salvo
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4/25/2025

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Debemos lograr que el conocimiento científico
Sea más atractivo para las nuevas generaciones
Doctora Magda Pinzón Patiño Alaccta 2025
Para la presidenta saliente de la Asociación Latinoamericana de Ciencia y Tecnología de Alimentos, el ecosistema alimentario en general, incluyendo empresas, academia, investigadores y estados, debe aunar esfuerzos para que los jóvenes estudiantes y emprendedores tengan la motivación y el deseo de adquirir conocimientos que los ayuden a desarrollar alimentos más saludables, inocuos, seguros y sostenibles.
Letra L
a industria de alimentos avanza por un camino inédito de desarrollo productivo y tecnológico. Sin embargo, esta evolución también plantea nuevos y exigentes desafíos, que se expresan en la necesidad de implementar una producción cada vez más segura, inocua, saludable y sostenible.

Metas que, al mismo tiempo, requieren acercar la ciencia y tecnología de alimentos a todo el ecosistema, especialmente a las nuevas generaciones de estudiantes y emprendedores, que están llamados a ser los grandes protagonistas de este sendero evolutivo.
 
Así lo asegura la Doctora Magda Pinzón Fandiño, docente e investigadora colombiana, profesora de pre y posgrado de la Universidad del Quindío, Doctora en Ingeniería de Alimentos, Especialista en Ciencia y Tecnología de Alimentos y en Economía Cafetera, presidenta de ALACCTA durante el período 2022-2025, y con vasta experiencia como conferencista internacional y autora, quien afirma que la industria moderna está plenamente enfocada en su desarrollo inocuo, saludable y sostenible, pero que para seguir avanzando en ese camino, es necesario incorporar más conocimiento científico de base.

Un desafío que en su opinión, necesariamente exige acercar este conocimiento a las nuevas generaciones de estudiantes y emprendedores alimentarios, adaptándose a sus intereses, motivaciones y estilos de comunicación, pues solo de esa forma será posible sumar de manera positiva todo el aporte constructivo del ecosistema académico, institucional, emprendedor y productivo.

Por ello, para la Dra. Pinzón, experiencias como el reciente Congreso Internacional de ALACCTA 2025, organizado entre el 9 y 11 de abril por la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, son extremadamente valiosas, no solo para dar a conocer los avances recientes en tecnología de los alimentos, sino para acercar estos desarrollos a la comunidad estudiantil y a las jóvenes generaciones en general.

- ¿Cómo fue la experiencia de realizar el XXIII Congreso de ALACCTA en Chile?
La experiencia de realizar el vigésimo tercer Congreso Latinoamericano de Ciencia y Tecnología de Alimentos ALACCTA 2025, en la hermosa ciudad de Valparaíso, fue muy gratificante para la organización y para mi particularmente, porque Chile es un país de mis afectos. De hecho, he venido ya más de cinco veces, pues tengo colegas de la Sociedad Chilena de Tecnología de Alimentos, SOCHITAL, con quienes profesamos una larga amistad, y ese fue uno de los motivos por el cual insistí en que el Congreso se realizara en Chile. Además, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, es muy ordenada y nos brindó un muy buen acompañamiento durante todo el tiempo de preparación y planificación del evento, así que finalmente estamos muy complacidos de que todas las jornadas se hayan desarrollado de manera armónica, con temas muy interesantes y expositores internacionales de primera línea.

- ¿Este seminario en particular ha sido acorde con las grandes tendencias de consumo y desafíos tecnológico-productivos que hoy enfrenta el sector alimentario?
Por supuesto, y no solo eso, sino que también ha sido una muestra del momento crucial que estamos viviendo, en materia de seguridad alimentaria y sostenibilidad. Además, estoy muy contenta de que haya estudiantes de pre y posgrado entre los participantes y asistentes, pues eso demuestra el entusiasmo de la juventud por aportar al crecimiento del sector, y crear conocimiento. Así mismo, quiero destacar que la International Union of Food Science and Technology, IUFoST (Unión Internacional de Tecnología y Ciencia de los Alimentos), entregó becas que incluyen un reconocimiento en dinero a los mejores trabajos expuestos en formato póster durante estos días, y eso es muy alentador para que las nuevas generaciones de estudiantes y científicos, sigan trabajando en pro del desarrollo y la innovación en ciencia y tecnología de alimentos.

- ¿Cree que ese desarrollo e innovación se está realizando actualmente de manera positiva, tanto desde el ámbito de la academia como de la propia industria?
Claro que sí. Y es importante destacar que, a pesar del complejo devenir del mundo actual, en términos políticos y económicos, se está trabajando en temas muy interesantes para cumplir los objetivos de desarrollo sostenible. Esa es una tendencia muy importante a nivel mundial y los jóvenes también están muy conscientes de ello. 
De hecho, ya hay desarrollos concretos en nuevos productos, ingredientes, materias primas y procesos biotecnológicos, donde la academia, e instituciones de prestigio como INTA en Chile, el CODEX Alimentarius y las propias empresas, incluyendo a grandes multinacionales, medianas y pequeñas, están trabajando para desarrollar más y mejores propuestas, así como también para impulsar innovaciones en ciencia y tecnología de alimentos.

- Y desde el punto de vista de ALACCTA, ¿Cuáles son los desafíos pendientes más importantes? 
Como en cualquier actividad humana los desafíos siguen siendo grandes, y entre esos podemos destacar la importancia de conquistar a nuevos asociados en países que aún no participan de ALACCTA, como Perú, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Guatemala y Honduras. De hecho, en el Caribe solo participan República Dominicana y Costa Rica, así que nos faltan, entre otros, Puerto Rico, Haití y las Antillas. 
Además, aún tenemos que desarrollar convenios y entendimientos con diferentes entidades internacionales que nos puedan ayudar a cumplir el gran objetivo de dar a conocer la ciencia y tecnología de alimentos en todo el mundo.

- ¿Y qué le parece que las nuevas generaciones de emprendedores, startups e innovadores estén incorporando precisamente esta ciencia, este conocimiento biotecnológico en sus estrategias de mercado, especialmente en Chile?
Es muy interesante, y por eso hay que continuar profundizando ese tema. Esto implica, por cierto, darles nuevas herramientas a los jóvenes que recién ingresan, o se interesan por ingresar a este mundo, para que se sientan cómodos y vean que podemos hablarles en su propio lenguaje, que no es el mismo de las personas de más de 40 años. 

Entonces, tenemos que adaptarnos e invitarlos para que se vinculen y nosotros también, como profesionales, investigadores y académicos, debemos aprender nuevas formas de comunicación y, al mismo tiempo, conocer las nuevas formas de desempeñarse que hoy tienen los jóvenes. 

Por ejemplo, se habló durante la ceremonia inaugural que ha bajado la matrícula de los estudiantes de pregrado en las universidades chilenas, especialmente en las carreras de ingeniería en alimentos, y eso es un fenómeno que no solamente se da acá, sino en también en todo el mundo.

- ¿Y qué opina precisamente de esta crisis que hoy vive la carrera de ingeniería en alimentos en Chile, con bajas matrículas y cierre de facultades, justo cuando el conocimiento científico es más relevante que nunca, para el desarrollo de nuevos alimentos?
Bueno, como dije este no es un tema solo de Chile. Yo soy de Colombia, y allá también se vive ese problema en las facultades de ingeniería en alimentos. Aunque diría que no es solo un tema de esta carrera en particular, sino, en general, de la forma como están propuestos los planes de estudio actuales, así como de los temas que se desarrollan y ofrecen a los estudiantes. Es el momento de dar un vuelco, de dar un salto cuántico o cuantitativo, porque las carreras que estamos ofreciendo ya no son atractivas para los jóvenes. Claro, siempre habrá que tener abogados, médicos e ingenieros, pero los enfoques que se den a estas profesiones deben ser más acordes con el presente.

- ¿Esto implica, por ejemplo, modificar currículums y planes de estudio? 
Claro, por supuesto, y hacer cambios significativos como incorporar más tecnologías recientes, incluyendo la Inteligencia Artificial, por ejemplo. Al mismo tiempo, los profesores debemos volvernos a educar. Es decir, no tenemos que pensar que es el estudiante quien se tiene que adaptar, porque eso está errado. Nosotros tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos, para que el conocimiento sea atractivo para las nuevas generaciones. Es cierto que el conocimiento siempre es el mismo, pero las formas de aprendizaje hoy son diferentes y eso es lo que hay que entender y aplicar.

- ¿Y qué mensaje daría usted, hoy como primer expresidente de ALACCTA y participante de este Congreso Internacional, a todos esos jóvenes y emprendedores que quieren, por ejemplo, innovar o desarrollar nuevos alimentos, y no saben cómo aplicar conocimiento científico?
Que busquen las formas de estudiar, prepararse, asesorarse o de colaborar con empresas, porque estas siempre están muy interesadas en apoyar las innovaciones, nuevos desarrollos e ideas de los jóvenes emprendedores, y que busquen también el apoyo de entidades académicas y estatales.  

A su vez, los estados también deben reforzar sus mecanismos de ayuda y apoyar a los emprendedores alimentarios, para que empiecen a desarrollar esas ideas y las lleven hasta un grado de maduración que les permita escalarlas hacia la realidad del mercado. Todo eso contribuirá a avanzar hacia el gran objetivo de tener una industria alimentaria sostenible, inocua, segura y que, al mismo tiempo, nos brinde nuevos y mejores alimentos, más saludables y más nutritivos.

- ¿Hoy la ciencia y la tecnología pueden ayudar a que la industria cumpla ese desafío?
Claro que sí, y de hecho hay que eliminar esos conceptos errados sobre los productos que desarrollan las empresas. Hoy es común referirse a ellos en forma despectiva, llamándolos productos industrializados, ultraprocesados o productos chatarra. Pero no se debe generalizar ni estigmatizar de esa forma. De hecho, en este punto hay varios aspectos que deben tener en cuenta. Por ejemplo, ¿faltó la comida durante algún día de la pandemia? ¿Y quién hizo esa comida? Es cierto que los agricultores se quedaron cultivando la tierra, pero también los industriales e ingenieros de alimentos se quedaron procesando lo que venía del campo, y ninguno de ellos hizo un trabajo negativo. 

Entonces, no hay que satanizar los alimentos que se producen en grandes cantidades, porque si no existieran, no habría cómo alimentar a toda la población mundial. Lo que sí hay que seguir reforzando es la regulación sobre la correcta composición de los aditivos, que de todas maneras es un tema donde ya existe una regulación muy exigente, y donde constantemente se sigue avanzando, porque hoy los aditivos que se agregan a los alimentos son saludables y están de acuerdo con la normativa e investigación. Además se utilizan en cantidades adecuadas y, más aún, todos los nuevos desarrollos se orientan a incorporar más y más ingredientes naturales.

- Es decir, ¿es injusto estigmatizar a las empresas?
Claro, porque hoy las grandes empresas invierten altas sumas de dinero para producir alimentos seguros, inocuos y saludables para el consumidor. Además, la normativa está constantemente actualizándose y las investigaciones científicas continúan enfocándose en nuevos ingredientes aún más saludables. 

Por ello, la población general tiene que confiar en las industrias, pues estas son conscientes de que deben usar los ingredientes que el consumidor quiere y necesita para una vida saludable. Pero eso no implica eliminar los productos industriales, porque entonces, ¿Quién alimentaría a la población? ¿Quién proveería las comidas, por ejemplo, para los pacientes de un hospital, los habitantes de un campamento minero, los trabajadores de una plataforma petrolera, o los mismos asistentes a este congreso? Eso solamente se logra con productos previamente elaborados, así que la industria de alimentos siempre va a estar presente, y siempre va a ser necesaria. 

- ¿Podemos confiar entonces en que la industria puede avanzar hacia su desarrollo sostenible?
 Sí, claro que sí, y para eso necesitamos también formar a más ingenieros de alimentos, que vayan a inspeccionar y perfeccionar los procesos productivos industriales, formulen propuestas nuevas y contribuyan, con su conocimiento y experticia, a implementar nuevos reglamentos que ayuden, tanto a los poderes legislativo como ejecutivo, a perfeccionar las normas. Es un esfuerzo conjunto donde todos podemos, y debemos, aportar nuestro conocimiento.

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