n el ecosistema de innovación agroalimentaria, a menudo nos deslumbramos con el producto final: el ingrediente funcional o el packaging inteligente. Sin embargo, también existe una capa invisible, más “sucia” y desafiante, que sostiene toda esa cadena: la gestión masiva de los descartes y la energía que mueve el proceso. Nuestra participación en el Programa TT Green Foods, liderado por CREAS y CORFO, ha consistido en hacernos cargo de esa infraestructura basal. Así, mientras el portafolio avanza en la sofisticación de productos, en el Proyecto P13 hemos asumido el rol de validar la “ingeniería dura” necesaria para cerrar el ciclo energético a escala real. Al entrar en nuestra fase decisiva de operación y tras ajustar estratégicamente nuestros objetivos hacia un TRL 7-8, confirmamos una hipótesis vital: la industria nacional no necesita más “fierros” importados ni diseños teóricos, sino certezas operativas y viabilidad económica. Nuestra operación en el Bioparque de Quilpué no es solo un hito constructivo; es un laboratorio de estrés. Al iniciar el procesamiento de cargas reales de 300 kg diarios de residuos complejos, estamos sentando las bases operativas para la inminente generación de biogás. Pero más allá de la energía, utilizamos la realidad física para calibrar el “cerebro” del sistema, aprovechando las capacidades especializadas de nuestro Holding ProCycla a través de Modela. Gracias a esta integración, hemos detectado que los modelos tradicionales suelen sobreestimar la producción energética en un 10-20% al ignorar las “zonas muertas” de los reactores. Estamos corrigiendo esa matemática mediante una hipótesis de compartimentalización automatizada. Aunque el objetivo inmediato es validar que una hidrodinámica optimizada reduce la agitación a solo 30 minutos diarios (desplomando el OPEX), la proyección de este hallazgo trasciende al proyecto: esta metodología tiene el potencial de revolucionar el diseño de grandes plantas industriales, permitiendo escalar reactores con precisión predictiva antes de construir la infraestructura física. Esta búsqueda de eficiencia no se limita al proceso, sino que se extiende a la estructura misma. El contexto económico global, marcado por la volatilidad del acero, aceleró una reflexión técnica necesaria: la viabilidad comercial no puede depender de materiales de costos impredecibles y alta corrosión. La operación actual nos ha permitido confirmar que el escalamiento comercial (posproyecto) debe migrar desde el acero estructural hacia soluciones modulares en polímeros de alta densidad (HDPE). El «Paquete de Conocimiento» que estamos consolidando entrega precisamente eso: la ingeniería de detalle para transitar de una obra civil costosa a un producto industrial manufacturable y logísticamente ágil. Entendemos que el desarrollo sostenible es una carrera de resistencia. Al extender nuestra validación operativa hasta 2026, aseguramos que el activo a transferir al ecosistema TT Green Foods no sea un prototipo prematuro, sino una plataforma tecnológica con riesgos mitigados. El MDA de ProCycla se erige así como una pieza complementaria clave para los demás coejecutores: somos la plataforma que permite imaginar un futuro donde los residuos de la industria de ingredientes no sean un pasivo, sino la fuente de energía de su propio proceso. GALERÍAOTRAS COLUMNAS
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urante años, en el ámbito de la neurología se creyó que el cerebro era un órgano aislado, casi impermeable a lo que ocurría en otros sistemas del cuerpo. Sin embargo, mi experiencia clínica y la evidencia científica reciente nos han ido mostrando que esta idea ya no se sostiene. Por ejemplo, en el caso del Trastorno del Espectro Autista (TEA), la conexión entre el intestino y el cerebro —el llamado eje intestino–cerebro— se vuelve especialmente relevante para comprender aspectos conductuales, emocionales y metabólicos. Cuando hablamos de microbioma intestinal, nos referimos a todos los organismos que conviven en el intestino: bacterias, hongos, virus, parásitos, levaduras, espiroquetas, además de moléculas como los ácidos grasos de cadena corta que influyen directamente en neurotransmisores y funciones inmunológicas. En este punto, me parece fundamental recordar que cerca del 70% de la serotonina cerebral se produce en el intestino; por lo tanto, cualquier alteración en este ecosistema puede impactar en la regulación emocional, el sueño, el apetito e incluso la función cognitiva. ¿QUÉ DETERMINA UNA MICROBIOTA SANA? En mi práctica clínica observé que una microbiota saludable requiere diversidad y alimentos de buena calidad. El desafío actual es que gran parte de lo que consumimos está expuesto a tóxicos ambientales, agrotóxicos y metales pesados, particularmente en algunos productos del mar. Esto afecta la capacidad depurativa del intestino y su equilibrio microbiano. La microbiota, además, tiene un componente heredado. La madre transmite su microbioma durante el parto, y la lactancia también juega un rol crucial en este proceso. Incluso el estrés materno o el uso temprano de antibióticos pueden modificar significativamente la conformación de la microbiota infantil. Estos factores son determinantes en la salud metabólica, inmunológica y neurológica de los niños. ¿QUÉ DICE LA CIENCIA RECIENTE? Uno de los avances que considero más interesantes es un estudio publicado por la Universidad China de Hong Kong en Nature Microbiology. Según este trabajo, que analizó muestras de más de 1.600 niños, se identificaron 31 marcadores microbianos asociados al TEA. Si bien este tipo de hallazgos no establece causalidad —algo que la ciencia aún investiga— sí abre la puerta a nuevos métodos diagnósticos más precisos y no invasivos, además de orientarnos hacia tratamientos mucho más personalizados. En mis consultas, no es raro encontrar que muchos niños y niñas con TEA presentan mayor permeabilidad intestinal, una condición que permite que toxinas entren al organismo y que nutrientes esenciales se pierdan. Esta alteración del microbioma puede generar disbiosis, sobrecrecimiento bacteriano e incluso enfermedades gastrointestinales que a menudo se traducen en malestar, irritabilidad, sensibilidad alimentaria y dificultades de absorción. Todo esto, por supuesto, puede amplificar síntomas conductuales o emocionales y afectar procesos de aprendizaje. ALIMENTACIÓN, SUPLEMENTOS Y PROBIÓTICOS Siempre digo que la alimentación es una de las herramientas más poderosas que tenemos en el acompañamiento de personas con TEA. Por ello, suelo recomendar evitar ultraprocesados, exceso de azúcar, colorantes y, en varios casos, también el gluten y la caseína, debido a las intolerancias frecuentes que observo. Pero esto no se trata de imponer restricciones sino de personalizar. Por eso, insisto en realizar exámenes específicos y trabajar con acompañamiento médico. A lo largo de los años he visto cómo, mediante ajustes nutricionales, suplementos adecuados y probióticos seleccionados según el perfil microbiano, se pueden lograr transformaciones profundas como, por ejemplo, mejor regulación emocional, disminución de la irritabilidad o del llanto y una mejor adaptación escolar. Incluso cambia la manera en que los adultos perciben y apoyan al niño o niña. Los primeros cambios suelen aparecer entre la tercera y cuarta semana, aunque reequilibrar la microbiota completa puede tomar alrededor de tres meses. Durante ese tiempo, incorporamos intervenciones nutricionales, suplementación dirigida y, cuando corresponde, tratamientos antiparasitarios o antibióticos. MIRANDO HACIA EL FUTURO Estoy convencida de que la medicina del futuro inmediato estará fuertemente enfocada en el microbioma. Los hallazgos recientes —como los marcadores microbianos asociados al TEA— refuerzan la idea de que el intestino es una pieza clave para entender y acompañar mejor a las personas autistas. Aunque todavía falta mucho por descubrir, estamos ante una oportunidad única: utilizar lo que sabemos del microbioma para crear intervenciones más efectivas, menos invasivas y profundamente personalizadas. Y si eso contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas con TEA y sus familias, entonces estamos avanzando en la dirección correcta. GALERÍAOTROS PROTAGONISTASPor Dra. Marta Albornoz Directora Proyecto P11 “Consorcios microbianos para la restauración de suelos agrícolas degradados” TT Green Foods ajo nuestros pies, la tierra se desliza como un suspiro antiguo. Lo que alguna vez fue suelo fértil y promesa de alimento, hoy se convierte lentamente en polvo que el viento levanta y dispersa. En la Región de Valparaíso, entre los años 2008 y 2023, hubo un aumento del 68.5% de suelo desnudo, lo que se tradujo en una disminución de la vegetación densa y el incremento de edificaciones, por lo tanto, no se trata solo de un fenómeno ambiental. Corresponde también a la pérdida silenciosa de nuestra base productiva, de nuestra memoria agrícola y de una parte esencial del territorio que nos sostiene. Frente a este panorama, no basta con hacer “más de lo mismo”. Necesitamos una nueva manera de cultivar, una que se apoye en la ciencia, pero también respete los ritmos y equilibrios de la naturaleza. Ahí es donde entran los bioinsumos basados en microorganismos benéficos, pequeños aliados invisibles que están revolucionando el modo en que entendemos la fertilidad del suelo. Hongos, bacterias y levaduras que viven en torno a las raíces y que, en lugar de competir con las plantas, trabajan junto a ellas. Los hongos micorrícico-arbusculares (HMA), por ejemplo, amplían la capacidad de las raíces para absorber nutrientes como el fósforo y ayudan a que el suelo retenga mejor el agua. En un país sediento, eso es oro puro. Las bacterias beneficiosas fijan nitrógeno y liberan compuestos que estimulan el crecimiento vegetal, mientras que las levaduras, aunque menos conocidas, están mostrando un potencial increíble para proteger las plantas contra enfermedades. En conjunto, estos microorganismos no solo mejoran los rendimientos, sino que también reducen el uso de fertilizantes y pesticidas, haciendo de la agricultura una práctica más limpia y sostenible. Desde Centro Ceres, en alianza con investigadores como el Dr. Pablo Cornejo, se ha logrado avanzar en la creación de consorcios microbianos complejos (combinaciones de distintos microorganismos que trabajan en conjunto), alcanzando etapas tecnológicas que ya permiten pensar en productos comerciales. Lo más valioso de este trabajo no es solo la ciencia detrás, sino la visión: ofrecer a los agricultores herramientas reales, accesibles y efectivas, tanto para la producción convencional, la orgánica y agroecológica. En otras palabras, tecnología pensada para el campo y para las personas que lo hacen posible. La importancia del apoyo de CORFO y TT Green Foods a los proyectos de I+D que lo conforman, radica en su capacidad para impulsar la innovación, la competitividad y la sostenibilidad dentro del sector productivo, especialmente en áreas como la agroindustria y la alimentación. Esta colaboración fortalece el ecosistema de innovación nacional, promoviendo sinergias entre el sector público, privado y académico. El desarrollo de proyectos como P11 son una invitación a repensar la relación entre la agricultura y el entorno. Son la prueba de que la innovación no siempre está en los grandes laboratorios, sino también en los suelos y en las raíces que sostienen la vida en los campos. Chile tiene en sus manos una oportunidad única para demostrar que es posible producir alimentos de calidad, cuidando al mismo tiempo el agua, el suelo y la biodiversidad. No se trata sólo de adaptarse al cambio climático, sino de liderar un cambio cultural hacia una agricultura más sabia, más humana y más viva. Porque al final del día, cultivar la tierra también es cultivar el futuro. OTRAS COLUMNAS a valorización de los subproductos agroindustriales, antes considerados simples desechos, representa hoy una oportunidad estratégica para impulsar la economía circular y promover el desarrollo de alimentos más sostenibles. Gracias a la innovación tecnológica, estos materiales pueden transformarse en ingredientes funcionales de alto valor agregado, contribuyendo a reducir el impacto ambiental y a generar nuevos beneficios económicos. Para lograr alimentos de calidad, resulta esencial conocer en profundidad la composición de las materias primas y los procesos de elaboración, ya que ambos factores determinan las propiedades y el comportamiento del producto final. Entre las tecnologías más versátiles, destaca la cocción por extrusión, ampliamente utilizada en la industria alimentaria por su capacidad de modificar la estructura física de las materias primas, consolidándose así como una herramienta prometedora para el aprovechamiento de descartes agroindustriales y la creación de nuevos alimentos. Este proceso de extrusión, favorece la liberación de compuestos bioactivos que suelen encontrarse atrapados en matrices complejas, lo que resulta interesante cuando se trabaja con estos subproductos ricos en componentes de difícil acceso. Los subproductos agroindustriales, como cáscaras, bagazo, tallos, vainas o semillas, representan una fuente valiosa de compuestos bioactivos con alto potencial nutracéutico. Y en CREAS, trabajamos precisamente en esta línea, aplicando tecnologías limpias y eficientes que permitan revalorizar estos residuos y transformarlos en alimentos innovadores y saludables. Una de las aplicaciones que le hemos dado a la cocción por extrusión dentro del proyecto ANID Regional R23F0004, es para generar un alimento extruido a base de bagazo de uva, subproducto de la producción vitivinícola. Este orujo o bagazo se somete a pretratamientos y se mezcla con otras materias primas para desarrollar un alimento mediante esta tecnología alimentaria, la cual ha mostrado ventajas tanto en la composición como en la bioaccesibilidad de compuestos bioactivos después del procesamiento. Estos resultados confirman el potencial de la extrusión como una herramienta eficaz para valorizar subproductos agroindustriales, aportando así al desarrollo de una alimentación más sostenible y funcional. Es motivante observar cómo la tendencia de generar alimentos con valor funcional a partir de subproductos agroindustriales está tomando fuerza en la industria alimentaria y que podemos contribuir como centro científico-tecnológico. Lo que antes se consideraba un residuo hoy se transforma en una fuente de innovación, dando origen a alimentos sabrosos, nutritivos y ricos en moléculas bioactivas que ejercen efectos beneficiosos en el organismo. Más allá del aporte nutricional, esta nueva mirada representa un cambio cultural y tecnológico. Se demuestra que la ciencia y la creatividad pueden convertir los descartes en oportunidades, impulsando una industria innovadora, más sostenible, consciente y alineada con el cuidado del medio ambiente y las personas. OTRAS COLUMNAS omo Red de Alimentos estamos convencidos de que la alimentación es un catalizador de desarrollo y bienestar para la vida de un ser humano. Por ende, comer suficiente, seguro y nutritivo es el punto de partida para una vida más plena. Sin embargo, según datos de la última encuesta Casen, aproximadamente uno de cada cinco hogares en Chile sufre algún grado de inseguridad alimentaria. Entre los factores que profundizan la inseguridad alimentaria están los costos elevados de la canasta básica (que hoy bordean los 70.000 pesos por persona); las desigualdades territoriales que encarecen productos en zonas rurales y periféricas; la falta de información alimentaria que limita la planificación de dietas saludables; y un marco regulatorio que aún requiere incentivos más claros para fomentar la donación antes de que los alimentos se desperdicien. Naciones Unidas y la FAO alertaron que a escala global 733 millones de personas viven con hambre. El aumento de los niveles de obesidad y el desperdicio generalizado de alimentos muestran un sistema desequilibrado, donde la abundancia y la escasez coexisten, a menudo una junto a la otra. Los niños y niñas representan uno de los grupos más afectados por la inseguridad alimentaria, ya que su crecimiento físico y cognitivo depende directamente de una nutrición adecuada. La falta de acceso a alimentos suficientes y nutritivos puede traducirse en desnutrición, menor rendimiento escolar y mayores riesgos de enfermedades a corto y largo plazo. De manera similar, los adultos mayores enfrentan vulnerabilidades debido a limitaciones físicas, económicas y sociales que dificultan su acceso a alimentos. Muchos viven en hogares unipersonales o con ingresos reducidos, lo que aumenta la dependencia de programas de asistencia y redes solidarias. La seguridad alimentaria en esta población es fundamental para mantener su autonomía, prevenir enfermedades crónicas y asegurar un envejecimiento digno, señalan Red de Alimentos. Ambos representan los extremos de la vida en los que la autonomía es limitada, y por tanto, la falta de alimentos se transforma en una situación de vulnerabilidad profunda. Niñas, niños y personas mayores requieren respuestas específicas; son quienes menos poder tienen para resolver por sí mismos la falta de alimentos. Esto es aún más urgente si consideramos que el país está envejeciendo con rapidez: por cada 100 niñas y niños hay 79 personas mayores de 65 años, lo que obliga a adaptar la oferta social y alimentaria. Red de Alimentos ha desarrollado un modelo integral que articula la industria con la sociedad civil. Desde hace quince años, conecta a más de 240 empresas con más de 1.700 puntos de entrega en todo Chile, asegurando que alimentos y productos de higiene lleguen de forma trazable, segura y digna a quienes más los necesitan. A través de Despensas Sociales, el centro de distribución en San Bernardo y un canal digital de retiro directo en tiendas, la Red permite que más de 230.000 personas accedan cada año a productos que transforman su nutrición y bienestar. Cada alimento rescatado representa una oportunidad de conectar necesidad con oportunidad y de demostrar que la solidaridad puede ser también un modelo de gestión eficiente y sostenible. Durante este año, la organización ha ampliado su trabajo hacia el rescate agrícola (recuperando frutas y verduras frescas directamente desde el campo), fortaleciendo la educación alimentaria como herramienta de transformación social. Transformar los sistemas alimentarios requiere coordinación, trazabilidad y eficiencia, desde el rescate que se genera en empresas e industrias hasta la mesa. Por eso, en línea con el llamado global del Día Mundial de la Alimentación realizado por FAO, este 2025 debemos trabajar mano a mano por alimentación para todos. Chile ha demostrado en distintos momentos de su historia que es capaz de enfrentar grandes desafíos relacionados con la alimentación. Desde 2010, la Red de Alimentos ha entregado más de 97 millones de kilos de alimentos y artículos de primera necesidad, permitiendo evitar el desperdicio y ayudar a personas en situación de vulnerabilidad en todo el país. Solo en los últimos doce meses, se lograron rescatar 14.9 millones de kilos de alimentos. Estos esfuerzos también han tenido un impacto ambiental positivo, pues equivalen a prevenir el envío de 215 mil toneladas de CO₂ a la atmósfera en 15 años. GALERÍAOTRAS COLUMNASPor Tabata Zamorano Poniggia Ingeniera en Alimentos Vocal del Colegio Ingenieros Alimentos de Chile, CIAC l día mundial de la alimentación, que celebramos cada 16 de octubre, es una fecha muy significativa. Este 2025 celebramos, además, el aniversario número 80 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, FAO, un recordatorio de la lucha contra el hambre y la necesidad de desarrollar sistemas alimentarios sostenibles. Como ingenieros en alimentos, nuestro enfoque está en mejorar la producción y reducir el desperdicio. Por ello, trabajamos para garantizar que los alimentos sean seguros y de calidad, lo cual es fundamental para mejorar la nutrición. Este año, bajo el eslogan “¿Y tú que miras?, la elección está en tu mano”, se nos invita a reflexionar sobre nuestras elecciones alimentarias y su impacto en el mundo. Este aniversario nos recuerda que aún hay un largo camino por recorrer, y que estamos firmemente comprometidos a contribuir a la transformación de los sistemas alimentarios y al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 2: “Hambre cero”. Como ingenieros en alimentos, nuestra misión es “hacer la vida más sencilla y segura”, lo que implica no solo desarrollar tecnologías innovadoras, sino también educar y sensibilizar a la población sobre la importancia de las elecciones alimentarias. Por ende, creemos que cada decisión que tomamos, desde la producción hasta el consumo, tiene un impacto significativo en nuestro entorno y en la salud de las comunidades. Al trabajar juntos, podemos crear un futuro en el que todas las personas tengan acceso a alimentos informados, nutritivos y sostenibles, porque esto no solo se trata de garantizar que haya suficiente comida en el mundo, sino también de asegurar que esa comida sea de calidad y contribuya al bienestar de todos. En consecuencia, no debemos olvidar que la colaboración transversal entre productores, consumidores y profesionales del sector alimentario, es clave para construir un sistema que promueva la salud, la equidad y la sostenibilidad para las generaciones venideras. GALERÍAOTRAS COLUMNAS“Hoy, los consumidores buscan alimentos que equilibren sabor, conveniencia y nutrición, privilegiando opciones altas en proteína y bajas en azúcar, libres de advertencias”. Por Verónica Céspedes Jefa de Negocios CeTA l 2025 ha sido un año de transformaciones relevantes para la industria alimentaria. Tres tendencias comienzan a consolidarse como determinantes: la salud entendida como un eje concreto de la oferta de productos, la necesidad de que la funcionalidad esté respaldada por evidencia científica, y la moderación como nuevo patrón de consumo. En un país con un marco regulatorio pionero y consumidores cada vez más informados, estas dinámicas adquieren especial importancia. Hoy, los consumidores buscan alimentos que equilibren sabor, conveniencia y nutrición, privilegiando opciones altas en proteína y bajas en azúcar, libres de advertencias. La Ley 20.606 ha funcionado como catalizador, transformando las exigencias en un estimulante para la creatividad en la reformulación de los alimentos, integrando más innovación, convirtiendo a Chile en un referente en etiquetado nutricional a nivel internacional. La funcionalidad también vive una transformación: los postbióticos se consolidan como un horizonte prometedor, con respaldo científico y estabilidad tecnológica. En un mercado donde la credibilidad se mide en estudios y datos, el verdadero desafío será demostrar, con evidencia clara, que las innovaciones cumplen lo que prometen. Los patrones de consumo refuerzan esta ruta: menor espacio para la compra impulsiva, mayor preferencia por porciones pequeñas, bebidas sin alcohol y productos con densidad nutricional. Más que inventar categorías, el reto es adaptar portafolios con rapidez y coherencia, acompañando al consumidor en su búsqueda de equilibrio. En este escenario, el papel de la infraestructura de innovación es decisivo. Chile cuenta con CeTA, que ha puesto a disposición de empresas y emprendedores capacidades de reformulación, validación y prototipado que permiten transformar tendencias globales en productos concretos. Desde la reducción de azúcares hasta el desarrollo de bebidas sin alcohol o matrices de validación para postbióticos, CeTA se ha consolidado como un aliado estratégico. El desafío para 2026 es claro: convertir salud, evidencia y moderación en bienes tangibles, confiables y accesibles. Chile tiene la oportunidad de consolidarse como referente regional en innovación aplicada y sostenibilidad alimentaria. Aprovecharla dependerá de la capacidad de trabajar juntos —industria, ciencia y Estado— para que cada avance llegue al consumidor con solidez, competitividad y visión de futuro. GALERÍAOTRAS COLUMNAS a miel es un alimento ampliamente consumido a nivel mundial, estando asociada su ingesta principalmente a su gran poder endulzante. No obstante, desde sus inicios ha sido utilizada para diversos fines, no solo alimenticios. Hay indicios de que en la prehistoria ya se utilizaba como conservante de alimentos como frutas, peces y otros tipos de carnes; y luego con fines cosmetológicos, para elaborar velas y para tratamientos médicos de diversas alteraciones cutáneas. Hipócrates, el padre de la medicina, la empleaba para el tratamiento de úlceras. Por tanto, las propiedades beneficiosas de este producto no constituyen un descubrimiento reciente. En las últimas décadas la ciencia ha profundizado en su estudio, permitiendo validar y respaldar mediante evidencia las propiedades nutricionales, y los efectos positivos que su consumo moderado puede aportar a la salud. Si bien la calidad nutricional de la miel pura depende de varios factores, como él o los tipos de néctar que las abejas consumen de flores, por lo general, contiene azúcar simple, como glucosa y fructosa, encargadas de darle sabor y de entregar energía de rápida utilización. Además, contiene vitaminas del complejo B, asociadas a la salud neurológica, por otorgar energía y fortalecer el sistema inmune; y vitamina C, con gran poder antioxidante, que evita ciertos tipos de cáncer, el envejecimiento celular y fortalece el sistema inmune. También posee minerales como calcio, potasio, hierro, zinc, magnesio, fósforo, que ayudan a la salud ósea, cardiovascular, la contracción muscular, regulación de la presión arterial, la cicatrización y regeneración del tejido. Asimismo, tiene propiedades antimicrobianas, siendo de gran utilidad en el tratamiento de quemaduras leves y heridas cutáneas. Además, destacan los polifenoles y flavonoides que poseen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, ideal para el uso coadyuvante en tratamiento de enfermedades autoinmunes inflamatorias como lupus eritematoso sistémica, artritis reumatoide y Síndrome de Sjögren. Otros beneficios del consumo moderado de la miel pura están asociados al tratamiento de la tos y dolor de garganta. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda su consumo como tratamiento natural, siempre y cuando sea para mayores de un año, para evitar riesgo de botulismo infantil, asociado a las esporas de Clostridium botulinum. Dentro de los últimos estudios se ha evidenciado que la miel ayuda a la salud gastrointestinal, pues contribuye al equilibrio de la microbiota intestinal. Si bien la miel es un alimento natural y funcional, con varios beneficios para la salud, sigue siendo una fuente de carbohidratos simples, por lo tanto, su consumo debe ser moderado y con la recomendación individualizada de un nutricionista, donde se consideran múltiples factores personales, como, por ejemplo, la composición corporal, estado fisiológico o patológico, edad, sexo, si hay alteración del metabolismo de la glucosa, nivel de actividad física, entre otros. Por Fernanda Álvarez Jefa de Laboratorio CREAS o es desconocido que el huevo es uno de los alimentos casi esenciales en la dieta de las personas. Sea por su versatilidad de preparaciones o por todas sus características nutricionales bien conocidas, tales como su calidad proteica, alto contenido de minerales y vitaminas esenciales, el huevo sin duda es un favorito en los hogares de Chile. Hoy, la constante alza del valor de este alimento a la que nos hemos visto enfrentados genera, quizás, una dificultad adquisitiva para una alta disposición de este alimento en nuestras mesas. Actualmente, por una caja de 30 huevos, estamos pagando alrededor de $9.000 que no deja de ser un monto importante para una familia promedio chilena. Esto ha generado que las familias comiencen a buscar puntos de ventas más asequibles para el bolsillo, pasando muchas veces por alto ciertos criterios como el origen del producto con tal de adquirirlo por un precio más conveniente. En Chile, el SAG y el Ministerio de Salud se encargan de regular exhaustivamente los criaderos de gallinas y la inocuidad de los huevos que son vendidos en tiendas habilitadas para este propósito, lo que nos permite tener certeza de que este huevo viene libre de plagas tales como podría ser la salmonelosis, o gripe aviar, entre otras enfermedades que bien se sabe generan zoonosis (enfermedades infecciosas transmisibles naturalmente desde animales vertebrados al ser humano) en la población. Sin embargo, a través de los medios de comunicación, hemos podido enterarnos del contrabando de huevos y otras especies alimentarias que se vive en el norte de nuestro país; situación grave ya que, debido a lo caro que se encuentra este producto de alta demanda, las personas se ven atraídas a considerar puntos de adquisición más económicos, muchas veces bajo la popular premisa de que “pepito compró, pero no le pasó nada”. Quizás a este “pepito”, que compró este huevo barato de contrabando que no se vio sometido a ninguna regulación, afortunadamente no le pasó nada, pero eso no quiere decir que otra persona tenga la misma suerte. De hecho, en mayo de este año Tarapacá fue la segunda región con más brotes de ETA (Enfermedades Transmitidas por Alimentos), y esto no deja de ser coincidente con que también sea la región con más decomisos de alimentos de contrabando, situación que fue especialmente alta durante la reciente Fiesta de la Tirana, llevando a un problema sanitario de atención. Dentro de las enfermedades, la gripe aviar es la más analizada en el ojo del microscopio últimamente, ya que ya no solo es un problema que afecta la sobrevivencia de aves silvestres, o de criadero, sino que este virus se ha extendido a mamíferos tanto terrestres como marinos, pudiendo llegar hasta la especie humana. Como bien ha dado a conocer la OMS, a la fecha se han reportado alrededor de 973 casos de humanos con Influenza aviar A en el mundo, de los cuales cerca del 48% de estos termina con resultado fatal. Una cifra alarmante si la ponemos en perspectiva. Entonces, es importante resaltar en este escenario la importancia de las regulaciones que hacen las entidades sanitarias chilenas, por las cuales ciertamente no han pasado estos productos traídos de manera ilegal. Aquí es donde debemos cuestionarnos y ser más rigurosos al momento de comprar alimentos que no estén bajo una venta autorizada, porque al final de cuentas lo que podría estar ahorrándonos unos billetes en el bolsillo, podría estar cobrando en nuestra salud y la de nuestras familias. Por Lidiana Velázquez Investigadora Postdoctoral Centro CREAS ada año, 600 millones de personas enferman y más de 400 mil mueren por consumir alimentos contaminados, según la Organización Mundial de la Salud. Es una cifra que no debería pasar inadvertida, sobre todo cuando sabemos que los niños menores de 5 años son los más vulnerables. En Chile, solo en 2024 se registraron 1349 brotes de Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA), muchos de ellos evitables. Por eso el Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria, que se conmemora cada 7 de junio, no puede ser solo una fecha más en el calendario. Es una oportunidad para reflexionar: ¿cómo estamos enfrentando este problema? ¿Qué hacemos como sociedad para evitar que los alimentos causen daño al ser ingeridos? La inocuidad alimentaria no es un tema nuevo. Desde finales del siglo XIX, y con más fuerza tras la creación de organismos como la FAO o la Comisión del Codex Alimentarius, se ha venido consolidando como un pilar clave de salud pública. No se trata únicamente de evitar intoxicaciones. También se trata de proteger a los consumidores frente a peligros biológicos, químicos y alergénicos. Y para lograrlo, no basta con controles en la industria: la inocuidad debe garantizarse desde la producción hasta el consumo. En Chile, contamos con normativas claras, fiscalización y campañas educativas, pero los brotes de ETA continúan, con consecuencias sanitarias y económicas importantes. Por eso, tanto productores como consumidores debemos asumir una responsabilidad activa. Implementar buenas prácticas de manufactura, cumplir con el reglamento sanitario de los alimentos, y educarnos sobre la correcta manipulación de alimentos no son tareas opcionales, sino urgentes. Evitar enfermedades por alimentos contaminados es posible. Pero requiere un compromiso transversal, donde todos seamos parte de la solución. GALERÍAOTRAS COLUMNAS |
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