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Por Lorena Pacheco Estay Jefa de Innovación CeTA Norte a Región de Arica y Parinacota se ha consolidado en los últimos años como un verdadero laboratorio natural para la industria agroalimentaria. Sus condiciones climáticas excepcionales, la diversidad de sus valles y la riqueza de su patrimonio productivo la convierten en un territorio con enorme potencial para el desarrollo de alimentos diferenciados. Sin embargo, transformar ese potencial en oportunidades reales de desarrollo requiere algo más que buenas materias primas. También exige conocimiento, tecnología y procesos que permitan que productos con identidad territorial puedan cumplir con los estándares de la industria alimentaria moderna y acceder a nuevos mercados. En este contexto surge la iniciativa “Academia de Innovación: Territorios y Sabores”, impulsada por CeTA Norte con el apoyo del Comité de Fomento Productivo de Arica y Parinacota. Durante doce meses, el programa trabajará con 45 agricultores y emprendedores agroalimentarios de la región, con el objetivo de fortalecer sus capacidades productivas y apoyar el desarrollo de productos con mayor valor agregado que puedan proyectarse no sólo a nivel regional, sino también nacional. Uno de los principios centrales de esta iniciativa es que la innovación agroalimentaria no se construye únicamente desde los laboratorios o las oficinas. También se construye en el territorio, en diálogo con quienes han desarrollado por generaciones un profundo conocimiento de los ciclos productivos, las condiciones climáticas y las características únicas de cada valle. Por ello, una parte fundamental del trabajo ha sido el levantamiento técnico en terreno, recorriendo zonas geográficamente complejas como el valle de Codpa, y otros sectores de la precordillera, donde se concentran productos con importante valor patrimonial y productivo. Estas visitas han permitido identificar brechas que muchas veces limitan el crecimiento de los emprendimientos locales, entre ellas desafíos de estandarización de procesos, dificultades para cumplir con normativas sanitarias o problemas asociados a la vida útil de los productos. Superar estas brechas es clave para que iniciativas productivas con una fuerte identidad territorial, puedan escalar y posicionarse en nuevos mercados. Al mismo tiempo, el trabajo en terreno ha permitido reconocer ejemplos concretos del enorme potencial que posee el territorio. Entre ellos destaca el vino Pintatani, un producto con siglos de historia en la región que hoy enfrenta el desafío de avanzar en procesos de estabilización enológica y cumplimiento normativo que permitan proyectar su escalabilidad. También aparecen oportunidades en productos como las hierbas deshidratadas de la precordillera, donde las condiciones naturales de radiación solar y la pureza del aire ofrecen un entorno privilegiado para preservar aceites esenciales y compuestos bioactivos de alto valor. A esto se suman diversas mermeladas elaboradas con frutas de los valles de la región, que destacan por presentar grados Brix naturalmente elevados y perfiles de sabor particulares, asociados a la composición mineral de los suelos de zonas como Codpa. Estos ejemplos reflejan una tendencia cada vez más visible en el mercado alimentario: el creciente interés por productos con origen, historia e identidad territorial. El desafío consiste en cómo acompañar ese patrimonio productivo para transformarlo en oportunidades concretas de desarrollo económico sostenible. En ese camino, el rol de instituciones tecnológicas como CeTA es acercar capacidades de desarrollo, pilotaje y escalamiento productivo a los territorios, permitiendo que pequeños productores y emprendimientos agroalimentarios puedan avanzar desde la producción primaria hacia la creación de alimentos con mayor valor agregado. La Academia de Innovación: Territorios y Sabores, busca aportar a ese proceso mediante la entrega de transferencia tecnológica, asesorías especializadas y un trabajo articulado con el ecosistema regional. La iniciativa contempla el fortalecimiento de capacidades productivas, el desarrollo de prototipos y la generación de nuevas oportunidades de innovación para los participantes. Este trabajo se desarrolla en coordinación con distintos actores del territorio, entre ellos las municipalidades de Arica, Camarones, Putre y General Lagos, además de instituciones del ecosistema productivo regional como INDAP, el Gobierno Regional, el PTI Camélidos, Transforma Agroalimentos, el PTI Hortícola y el Centro de Negocios de Arica. Cuando la innovación se construye desde el territorio, no sólo se desarrollan nuevos alimentos. También se fortalecen comunidades productivas, se preserva patrimonio cultural y se generan oportunidades económicas donde antes parecía difícil que existieran. Chile cuenta con una enorme diversidad de territorios productivos con características únicas. El desafío es seguir fortaleciendo las capacidades tecnológicas regionales que permitan transformar esa riqueza en desarrollo sostenible, conectando el conocimiento local con herramientas de innovación, desarrollo de productos y acceso a nuevos mercados. Porque la innovación alimentaria del futuro no sólo se construirá en centros tecnológicos o grandes industrias. También se construirá en los valles, en los campos y en los territorios donde el conocimiento acumulado por generaciones puede convertirse en fuente de desarrollo para todo el país. GALERÍAOTRAS COLUMNAS
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