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“Hoy, los consumidores buscan alimentos que equilibren sabor, conveniencia y nutrición, privilegiando opciones altas en proteína y bajas en azúcar, libres de advertencias”. Por Verónica Céspedes Jefa de Negocios CeTA l 2025 ha sido un año de transformaciones relevantes para la industria alimentaria. Tres tendencias comienzan a consolidarse como determinantes: la salud entendida como un eje concreto de la oferta de productos, la necesidad de que la funcionalidad esté respaldada por evidencia científica, y la moderación como nuevo patrón de consumo. En un país con un marco regulatorio pionero y consumidores cada vez más informados, estas dinámicas adquieren especial importancia. Hoy, los consumidores buscan alimentos que equilibren sabor, conveniencia y nutrición, privilegiando opciones altas en proteína y bajas en azúcar, libres de advertencias. La Ley 20.606 ha funcionado como catalizador, transformando las exigencias en un estimulante para la creatividad en la reformulación de los alimentos, integrando más innovación, convirtiendo a Chile en un referente en etiquetado nutricional a nivel internacional. La funcionalidad también vive una transformación: los postbióticos se consolidan como un horizonte prometedor, con respaldo científico y estabilidad tecnológica. En un mercado donde la credibilidad se mide en estudios y datos, el verdadero desafío será demostrar, con evidencia clara, que las innovaciones cumplen lo que prometen. Los patrones de consumo refuerzan esta ruta: menor espacio para la compra impulsiva, mayor preferencia por porciones pequeñas, bebidas sin alcohol y productos con densidad nutricional. Más que inventar categorías, el reto es adaptar portafolios con rapidez y coherencia, acompañando al consumidor en su búsqueda de equilibrio. En este escenario, el papel de la infraestructura de innovación es decisivo. Chile cuenta con CeTA, que ha puesto a disposición de empresas y emprendedores capacidades de reformulación, validación y prototipado que permiten transformar tendencias globales en productos concretos. Desde la reducción de azúcares hasta el desarrollo de bebidas sin alcohol o matrices de validación para postbióticos, CeTA se ha consolidado como un aliado estratégico. El desafío para 2026 es claro: convertir salud, evidencia y moderación en bienes tangibles, confiables y accesibles. Chile tiene la oportunidad de consolidarse como referente regional en innovación aplicada y sostenibilidad alimentaria. Aprovecharla dependerá de la capacidad de trabajar juntos —industria, ciencia y Estado— para que cada avance llegue al consumidor con solidez, competitividad y visión de futuro. GALERÍAOTRAS COLUMNAS
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