l potente cambio de paradigma experimentado en los últimos años por la industria alimentaria, se ha traducido en la búsqueda y desarrollo de nuevas formulaciones y materias primas que cumplan objetivos muchos más ambiciosos y trascendentes, que los tradicionalmente conocidos. Esto implica, consecuentemente, el desarrollo de una nueva y atractiva generación de alimentos, bebidas, snacks y suplementos alimentarios que no solo fortalecen la salud y bienestar de los consumidores, sino que también buscan protegerlos de diversas enfermedades, incluyendo las no transmisibles (como obesidad, hipertensión y diabetes, entre otras), como las causadas por agentes patógenos (como por ejemplo, influenza, infecciones gastrointestinales e, incluso, algunos tipos de cáncer). Gracias a esta premisa, se ha incrementado la oferta y demanda de un grupo muy especial de alimentos e ingredientes, denominados “funcionales” o “de propiedades funcionales”, los cuales hoy se encuentran presentes en diversos segmentos, que incluyen desde snacks y productos lácteos, hasta bebidas y suplementos especializados para deportistas, pasando por toda una amplia gama de preparaciones y formulaciones de nicho, que buscan responder a los requerimientos específicos de todos los diferentes grupos de consumidores que hoy interactúan en el mercado (niños, adultos jóvenes, adultos mayores, mujeres embarazadas, deportistas novatos o de alto rendimiento, etc.). La industria alimentaria chilena no es ajena a esta tendencia. De hecho, prácticamente todos los actores del ecosistema innovador y productivo han enfocado sus esfuerzos en el desarrollo de una interesante y disruptiva gama de alimentos, bebidas e ingredientes con propiedades funcionales, que pueden adquirirse en grandes cadenas de retail, mercados boutique, tiendas online e, incluso, en páginas de Instagram o marketplace. ¿QUÉ ENTENDEMOS POR FUNCIONALIDAD? Para valorar y aprovechar de manera efectiva los beneficios nutricionales concretos de los alimentos funcionales, es importante entender muy bien el concepto técnico que subyace en u definición, pues gran parte de los consumidores tiende a malinterpretarlos o a confundir su verdadero alcance. Si bien el Reglamento Sanitario de los Alimentos de nuestro país, RSA, no establece una definición concreta de alimento funcional (pues solo plantea reglas para entregar declaraciones saludables/funcionales), hoy existe pleno consenso entre académicos, investigadores y especialistas, respecto de lo que puede o no, considerarse como “funcional”. Al respecto, Cristina Vergara Hinostroza, ingeniera en Alimentos, Dra. en Nutrición y Alimentos e Investigadora del Programa “Alimentos del Futuro” del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), explica que, técnicamente, un alimento funcional (o ingrediente con propiedades funcionales) es aquel que, además de nutrir, contiene compuestos biológicamente activos con efectos benéficos comprobados en la salud. “Es decir, estos compuestos ejercen funciones específicas y probadas científicamente, siendo capaces de incidir positivamente en la disminución de riesgos de enfermedades, como las cardiovasculares, o en condiciones de salud específicas”, detalla. La Dra. Vergara también precisa que esta característica de funcionalidad está relacionada con la cantidad o concentración de estos compuestos biológicamente activos, “por lo que un alimento funcional debe ser formulado y elaborado específicamente como tal”, enfatiza. Julissa Santis, gerenta del Programa TT Green Foods de CREAS Alimentos Saludables, plantea a su vez, que los alimentos funcionales son los que, además de nutrir, aportan beneficios específicos y medibles mediante evidencia científica, cuando se consumen en porciones habituales dentro de la dieta cotidiana. Esto se traduce, por ejemplo, en mejor salud digestiva, más control de glucemia, reducción de colesterol y más soporte inmune, entre otros. Del mismo modo, la especialista recalca que todo alimento funcional debe tener ingredientes cuyo rol sea claro, estén presentes en dosis efectivas y cuenten con respaldo técnico coherente con los aspectos regulatorios. A partir de esta base, precisa Santis, “los beneficios para el consumidor se presentan mediante mejoras incrementales, es decir, estos alimentos no son milagrosos; ejemplo de ello, es la mejora del tránsito intestinal y de una mayor saciedad, mediante la incorporación de fibras; o una mejora de la calidad del microbiota, por el consumo de pre y probióticos”. Por su parte, Solange Brevis ingeniera en alimentos, Coordinadora y Docente en la Carrera de Nutrición y Dietética, de la Facultad de Medicina UDD, PhD(c) en Biomedicina y expresidenta del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, explica que los alimentos funcionales “no son medicamentos”, sino que solo poseen la capacidad de brindar efectos beneficiosos específicos demostrables sobre una función determinada del organismo (como el sistema inmune, el control de la saciedad y del colesterol, o la salud ósea, entre otras). Brevis también puntualiza que la funcionalidad declarada del alimento, bebida o suplemento, debe sostenerse en características detalladas y específicas como: composición clara, dosis efectivas, evidencia basada en estudios y claim (mensaje presente en las etiquetas y avisos publicitarios) que pueda justificarse debidamente de acuerdo con las reglas de declaraciones nutricionales/saludables que sí se establecen en el RSA chileno. ¿LOS ALIMENTOS SALUDABLES TAMBIÉN SON FUNCIONALES? Cada vez es más elocuente que las actuales tendencias de consumo realzan la búsqueda de propiedades saludables en todos los alimentos. Sin embargo, en este punto los expertos también recalcan que existen diferencias claras entre lo que se entiende como “saludable” y “funcional”, pues aun cuando una amplia gama de alimentos naturales y procesados pueden ser más o menos saludables, no todos necesariamente tienen propiedades funcionales. Al respecto, la Dra. Cristina Vergara explica que un alimento natural como el arándano, es muy saludable por sus conocidos beneficios antioxidantes. Pero, en cambio, un alimento procesado que incorpore los compuestos antioxidantes biológicamente activos del arándano en forma aislada o mezclados con otros que también tengan cualidades positivas, como por ejemplo, en formato de bebida con extracto de arándanos y fibra, será además funcional, porque aporta más beneficios que la fruta sola. “Otro ejemplo interesante es el pescado, alimento que es saludable por su omega-3, pero es solo eso. Mientras que los batidos o productos concentrados como aceites y cápsulas blandas, sí son alimentos funcionales, por sus diversos beneficios para la salud cardiovascular y neurológica que están respaldados científicamente”, agrega la investigadora de INIA. Un punto de vista similar plantea Julissa Santis, de CREAS, quien explica, a su vez, que “un alimento saludable es aquel que presenta un buen perfil nutricional general y se asocia, por ejemplo, a una mejor calidad global de ingredientes y a un menor contenido de nutrientes críticos, como azúcares o grasas saturadas; mientras que un alimento funcional apunta a una función fisiológica específica, más allá de la nutrición básica, idealmente respaldada por un bioactivo identificado, una dosis efectiva y evidencia científica”. Santis también enfatiza que la funcionalidad puede estar, asimismo, condicionada por otros factores externos, como el contexto y el instante en que se consume el alimento. Para aclarar más este punto, pone como ejemplo los geles energéticos. “Un gel básico -detalla- cumple una función funcional al aportar carbohidratos de rápida absorción para sostener el rendimiento en deportes de resistencia. Esta funcionalidad puede incrementarse cuando (estos geles) se formulan con electrolitos, cafeína u otros compuestos con un rol fisiológico definido (brindar más energía en situaciones que exigen alto esfuerzo físico, por ejemplo). Sin embargo, fuera del contexto deportivo (como ocurre con las personas que consumen estos geles sin practicar ejercicio físico), este tipo de producto no entrega un beneficio funcional relevante y su consumo no responde a un objetivo nutricional saludable cotidiano, lo que refuerza la importancia del contexto de uso al momento de hablar de alimentos funcionales”. Por su parte, Solange Brevis pone énfasis en que la funcionalidad, a diferencia del concepto general de saludable, apunta a un beneficio fisiológico específico que debe estar claramente especificado en el etiquetado del alimento o bebida. “Por ejemplo -detalla-, los claims deben decir: ‘contiene beta-glucanos para apoyo en el control del colesterol’ o ‘formulación con probióticos para una mejor función intestinal’, entre otras posibilidades”. “Todos estos mensajes exigen mayor respaldo técnico y cuidado regulatorio, para lo cual deben ceñirse a las directrices vigentes para declarar propiedades saludables/funcionales, que están presentes en el Reglamento Sanitario de los Alimentos”, añade Brevis. APORTES E INFLUENCIA DE LAS NUEVAS TENDENCIAS Otra certeza con la que actualmente trabaja la industria, tanto en Chile como en el extranjero, radica en que el crecimiento de la demanda por alimentos con propiedades funcionales no representa un simple fenómeno comercial. Por el contrario, se basa en un cambio profundo en las tendencias de consumo de un segmento importante de población, que busca en estos productos una herramienta efectiva para cuidar su calidad de vida y prevenir enfermedades. Ante ello, la industria responde constantemente con nuevos lanzamientos que, en forma gradual y sostenida, incorporan avances y desarrollos biotecnológicos aplicados específicamente al logro de este objetivo. Un trabajo en el que hoy sobresalen tanto el ecosistema innovador nacional, como el profundo conocimiento biotecnológico desarrollado por las entidades universitarias de nuestro país. En tal sentido, la Dra. Vergara comenta que hoy las tendencias en el sector de salud y bienestar continúan situando a los alimentos funcionales entre las principales preferencias del mercado. “Se destaca, por ejemplo, el desarrollo de ingredientes con propiedades y compuestos bioactivos, ofreciendo un amplio portafolio de opciones de origen natural, tales como antioxidantes, polifenoles, food coloring (colorantes alimentarios), ácidos grasos omega-3 (ALA, EPA y DHA), prebióticos y probióticos, y fitoesteroles, entre otros”. La investigadora de INIA también recalca que en la actualidad, se están abordando desafíos relacionados con una mayor estabilidad, concentración, bioaccesibilidad y biodisponibilidad de los alimentos e ingredientes funcionales, además de otras ventajas como la liberación controlada de los componentes e, incluso, su focalización en zonas específicas del cuerpo. Opinión que comparte Julissa Santis de CREAS, quien considera que esta mayor demanda ha permitido un cambio decisivo de los paradigmas estratégicos de la industria, lo que se tradujo “en una emigración desde el simple concepto de alimentar, a la necesidad de entregar productos que cuiden la salud y resuelven objetivos concretos de bienestar, lo cual empuja fuerte la innovación en ingredientes y formulación”. Esto ha permitido que, tal como detalla Solange Brevis, el mercado de alimentos funcionales a nivel global haya alcanzado un valor de USD 329,7 mil millones en 2023, proyectándose que hacia 2030 alcance los USD 586,1 mil millones. Ello implica que alcanzará una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) de 8,6% para el período 2024–2030. “Eso empuja a la industria a reformular y a innovar en ingredientes funcionales como fibra, proteínas, prebióticos, bioactivos y fortificantes”, destaca la académica de la UDD. PRINCIPALES DESAFÍOS PENDIENTES Este auspicioso escenario abre múltiples opciones de desarrollo para la industria y los emprendedores nacionales, no solo para lograr mayor posicionamiento interno, sino también para lanzarse a la conquista de nuevos mercados internacionales, donde también existen importantes oportunidades de negocio para el talento nacional. Un ejemplo concreto de este esfuerzo pudo apreciarse en la presentación del Programa de Difusión Tecnológica “AgroMar” de CeTA Norte, donde más de 40 emprendedores y pymes de las comunas de La Higuera, Vicuña y Río Hurtado presentaron sus aportes para el desarrollo de harinas sostenibles con propiedades funcionales desarrolladas a partir de algas, descartes pesqueros y subproductos agroindustriales. En tal sentido, la Dra. Cristina Vergara asegura que la evolución del segmento de alimentos y bebidas funcionales continuará su tendencia ascendente en Chile, lo cual ha queda demostrado en el creciente número de startups y emprendedores que han explotado de manera muy intensa las oportunidades de negocio que brinda este particular segmento, especialmente en términos de innovación, proyección de raíces culturales y, en especial, respeto por el medio ambiente. “Recientemente -detalla-, Transforma Alimentos presentó su sexto catálogo de innovación, en el cual resaltan productos alimenticios y bebidas funcionales que poseen relatos de origen, con atributos diferenciados y un enfoque orientado a la sustentabilidad alimentaria”. La investigadora de INIA también destaca el hecho de que en los últimos años, ha surgido una fuerte tendencia impulsada por nuevas generaciones, como la Z, que opta por bebidas sin alcohol. “Esto ha hecho que los mocktails (bebidas sin alcohol) aumenten notablemente en popularidad y en este contexto, se demandan cada vez más bebidas y jugos funcionales, que no solo sean agradables al paladar, sino que también ofrezcan beneficios para la salud”, enfatiza. Al respecto, la Dra. Vergara recuerda que el programa “Alimentos del Futuro” de INIA Chile, trabaja en línea con estas tendencias y colabora con la industria, los emprendedores y productores de frutas y hortalizas, para impulsar mayor innovación en este sector. “Entre sus desarrollos recientes -puntualiza- destacan extractos colorantes para jugos ricos en antioxidantes, creados junto a pequeños productores, en el marco del proyecto Corfo PDT, así como alianzas con empresas vitivinícolas para lanzar prontamente al mercado jugos de uva altos en resveratrol”. “También hemos desarrollado y probado en forma piloto, ingredientes naturales como food coloring que, además de aportar color, ofrecen funcionalidad antioxidante. Igualmente, avanzamos en extractos microencapsulados aptos para agregarse a bebidas y productos instantáneos”, agrega. Avances que también resalta Julissa Santis, quien comenta que las nuevas tendencias de consumo han influido de manera decisiva en el desarrollo de nuevos alimentos funcionales, “pues hoy nos enfrentamos a un consumidor mucho más informado y exigente, que no solo evalúa el perfil nutricional de un producto, sino también qué beneficio concreto le aporta”. La experta de CREAS también asegura que el segmento de alimentos y bebidas funcionales seguirá evolucionando en Chile hacia mejores formulaciones, con mayor respaldo científico y una comunicación publicitaria más responsable, “especialmente frente a la desinformación que hoy circula con fuerza en las redes sociales”, detalla. “En el corto plazo -agrega-, es esperable un mayor foco en áreas como salud digestiva y metabólica, mediante el uso de fibras funcionales; ingredientes que apoyen un bajo índice glucémico; y propuestas alineadas con el bienestar cotidiano, manteniendo formatos de consumo convenientes como snacks, bebidas y polvos para reconstituir”. Todo ello se traducirá, a su juicio, en un avance destacado hacia la innovación aplicada, donde el valor estará en mejorar la biodisponibilidad, la estabilidad, la experiencia sensorial y la validación real de los beneficios funcionales. “En este contexto -explica Santis-, la experiencia acumulada por CREAS en el desarrollo de alimentos saludables y funcionales, integrando ciencia aplicada, formulación, validación y escalamiento, ha permitido transformar ideas o reformular productos existentes para elevar su calidad y funcionalidad, acompañando a emprendedores y PyMES, en su llegada al mercado con soluciones innovadoras, técnicamente sólidas y alineadas con las expectativas del consumidor actual”. Sin embargo, Santis también considera que tanto la industria como los emprendedores enfrentan diversos desafíos pendientes como el uso responsable y preciso de los claims publicitarios y la mejora en la calidad sensorial, para que los productos funcionales sean organolépticamente atractivos en sabor, textura o experiencia de consumo, simplemente no escala. “En este contexto, se abren importantes oportunidades para las empresas que logren articularse con proveedores de ingredientes, centros de I+D y universidades, permitiendo reducir riesgos, acelerar desarrollos y lanzar productos funcionales validados, consistentes y confiables para el consumidor”, destaca. A su vez, Solange Brevis cree que en Chile, la respuesta a los cambios normativos (incluida la reformulación evolutiva aplicada pos “Ley de Etiquetado”) han acelerado el foco en el bienestar y en el desarrollo de propuestas con valor agregado, lo cual abre, a su juicio, más perspectivas de desarrollo para los alimentos funcionales, a base de la profundización de características diferenciadoras propias para cada producto, como beneficios claros (digestión, energía, inmunidad, salud metabólica) y formatos claramente identificables (para snacks, lácteos/alternativos, bebidas y suplementos alimentarios). Sin embargo, también recalca que esto plantea desafíos complejos, como contar con respaldo de evidencia y cumplimiento regulatorio al comunicar beneficios (para justificar sus claims y no prometer “curas milagrosas”); potenciar el sabor y textura de los alimentos (pues lo funcional no puede ser “castigo sensorial”); optimizar costos; y asegurar un adecuado abastecimiento de ingredientes funcionales estables y trazables. En ese contexto, Brevis considera que el segmento seguirá creciendo en Chile, principalmente vía reformulación inteligente, fortificación, “funcionalidad cotidiana” (a base de propiedades como mayor contenido de fibras, proteínas e ingredientes para cuidar y potenciar la microbiota), y más foco en sustentabilidad y economía circular como valores básicos. “En el corto plazo, lo más probable es que veremos innovaciones rápidas y aplicables como mezclas (pre/probióticos + fibra), proteínas alternativas mejoradas, ingredientes bioactivos de origen local, y personalización apoyada por datos (aplicada a segmentos por edad, estilos de vida, salud digestiva/metabólica), pero siempre teniendo como filtro clave que el beneficio se pueda formular, medir y comunicar de forma responsable”, concluye la docente de la UDD. Visiones que confirman la importancia trascendental de los alimentos funcionales como parte de la vida cotidiana, y que abren más y mejores perspectivas de desarrollo, tanto para las industrias como para los emprendedores, las instituciones de desarrollo tecnológico y la academia, entendiendo que todos ellos juegan un papel fundamental para impulsar la evolución de los alimentos hacia una auténtica dimensión de cuidado integral de la salud de población y del planeta. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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