no de las principales efectos inmediatos de la crisis climática que vive el mundo, es la ocurrencia cada vez más frecuente, de fenómenos atmosféricos extremos, como prolongadas megasequías y tormentas repentinas de lluvia y granizo, cuyos efectos no solo perjudican calidad de vida de la población, sino que también ponen en riesgo la riqueza productiva de la agricultura tradicional. De hecho, según el estudio “Siniestros agrícolas por fenómenos climáticos” elaborado por la consultora Gallagher Chile, y reproducido en diversos canales de información sectorial, solo durante 2025 los daños causados al sector por fenómenos atmosféricos adversos, requirieron más de $2.800 millones en indemnizaciones. El mismo estudio detalla que los principales fenómenos adversos registrados durante el año pasado, fueron lluvias excesivas o fuera de temporada y heladas inesperadas, que derivaron en pagos por más de $1.500 millones. Las zonas más afectadas fueron las comunas de San Javier, San Carlos y Los Ángeles (ubicadas en las regiones de Maule, Ñuble y Biobío, respectivamente), totalizando más de 2.600 hectáreas de cultivos esenciales para el consumo humano, como trigo de invierno, papa de guarda, avena en grano y tomate de mesa. Si bien el estudio de Gallagher Chile solo abarca los predios de cultivos asegurado, representa en sí mismo una clara muestra del enorme daño que el cambio climático puede generar en la riqueza agroalimentaria nacional, pues establece con claridad que “los siniestros agrícolas originados por causas climáticas aumentaron 8% respecto de 2024; y 15%, si se comparan con las cifras de 2023”. Fenómeno que también abordó el analista experto en mitigación del cambio climático, Jaime Giacomozzi, en un artículo producido y editado en 2023 por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, ODEPA, del ministerio de Agricultura, donde establece que “la agricultura chilena está experimentando condiciones desafiantes e impactos negativos debido a la mayor frecuencia e intensidad de eventos extremos, los que afectan no solo la cantidad y calidad de los alimentos que produce el sector, sino que también las condiciones de vida de los agricultores, especialmente la pequeña agricultura”. El estudio de Giacomozzi también plantea que esta situación crea alto riesgo de inseguridad alimentaria para la población nacional, debido al impacto que se generaría en la disponibilidad y los precios de los productos agrícolas, a medida que los siniestros climáticos se hagan más recurrentes y destructivos. ACCIONES URGENTES Frente a esta compleja realidad, cada vez más frecuente e innegable en el territorio nacional, la agroindustria enfrenta el desafío complejo de adaptarse en forma ágil y eficiente al estrés hídrico, los “ríos atmosféricos” inesperados, la escasez de recursos energéticos y la pérdida de fertilidad en suelos que, tradicionalmente, han sido vitales para la riqueza productiva del sector, incluyendo vastas extensiones de las macrozonas centro-norte y sur. Para abordar dicha contingencia, los expertos recomiendan adoptar nuevas estrategias de gestión de suelos y recursos, que van desde el traslado territorial de cultivos estratégicos, hasta la adopción de tecnologías digitales que optimicen la eficiencia de los cultivos, tanto desde el punto de vista de la distribución de los suelos, como de la administración de recursos. Al respecto, el director nacional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Carlos Furche, comenta que “el cambio climático dejó de ser un escenario futuro y pasó a convertirse en el marco operativo del sistema agroalimentario”, y que en consecuencia, “la menor disponibilidad de agua y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos afectan directamente la estabilidad productiva, la calidad de las materias primas y la continuidad del abastecimiento para la industria”. Por ello, “el principal desafío es gestionar esa incertidumbre, porque cuando la producción se vuelve impredecible, aumentan los costos, se tensiona la planificación industrial y se pierde competitividad a lo largo de la cadena”, enfatiza Furche. El director de INIA recuerda, asimismo, que el impacto del cambio climático no es homogéneo, y que los sistemas productivos más dependientes del agua y más sensibles a los extremos térmicos son los que enfrentan los mayores riesgos, lo cual repercute directamente en la disponibilidad y estandarización de insumos para la industria alimentaria. "De este modo -precisa-, las estrategias de adaptación deben ser diferenciadas según cultivo, territorio y destino productivo, pues una discusión clave es identificar qué producciones seguirán siendo viables y competitivas, y cuáles (por el contrario), requerirán procesos de reconversión para sostener una oferta industrial estable en el tiempo”. En su opinión, esta adaptación del sector agroalimentario nacional también requiere soluciones estructurales y de largo plazo, lo que implica, en primer lugar, aplicar una gestión hídrica más robusta, que considere tecnificación del riego, obras con mayor viabilidad ambiental, infiltración de acuíferos y desalación de acuerdo con modelos validados internacionalmente (donde corresponda). El director de INIA también considera que es clave fortalecer el sistema de investigación, adopción y transferencia tecnológica, pues en el actual escenario la producción de alimentos de manera competitiva, con menos agua, menos suelo y menos mano de obra, “solo es posible incorporando ciencia y tecnología de forma sistemática en los procesos productivos”. Una opinión similar manifiesta Ignacio Streeter Ortega, CEO y cofundador de la startup nacional Neutral Farming, quien destaca el hecho de que Chile hoy exporta más de USD 7.000 millones anuales solo en frutas, y además compite en mercados globales donde la eficiencia productiva, la trazabilidad y la sostenibilidad son requisitos de entrada y no atributos diferenciadores opcionales. “Al mismo tiempo -agrega-, somos uno de los países de América Latina más vulnerables al cambio climático, con una reducción proyectada del recurso hídrico en la zona central que ya está impactando la viabilidad de cultivos enteros. Por ello, seguir gestionando operaciones agrícolas con procesos manuales y datos fragmentados es sencillamente insostenible. La eficiencia en la producción mediante una mejor toma de decisiones, tomando en cuenta los datos, es una variable crítica para aumentar la rentabilidad del negocio”, enfatiza. Streeter también puntualiza que los principales mercados de destino de las exportaciones agroalimentarias chilenas (Europa, Estados Unidos y Asia), están comenzando a exigir evidencia cuantitativa del desempeño en sostenibilidad, incluyendo variables esenciales como huella de carbono, eficiencia hídrica y salud del suelo. “Por ello -explica-, no basta con declarar buenas prácticas; hay que demostrarlas con datos duros. Esa es precisamente una de las capacidades centrales de nuestra plataforma: entregar trazabilidad de impacto con métricas cuantitativas y verificables, no estimaciones. Para el exportador chileno, eso empieza a ser muy importante para seguir participando de cadenas de compra globales”. EL APORTE DE LA TECNOLOGÍA Es así como en un escenario de tan alta exigencia, y donde los agricultores deben producir más y mejor (luchando contra los efectos de los siniestros ambientales y esforzándose por cumplir los nuevos requisitos de entrada de sus mercados de destino), la tecnología digital y especialmente las aplicaciones de Inteligencia Artificial, constituyen un aliado cada vez más valioso para la agroindustria, en la medida que contribuyen a diseñar e implementar estrategias que no solo mitiguen los efectos del cambio climático, sino que también los prevengan. Al respecto, Ignacio Streeter, recalca el valor que ha adquirido esta tecnología como apoyo especializado para el agro, pero también enfatiza que los agricultores requieren más capacitación y mejores soluciones integrales, para así hacer un uso más eficiente de los datos disponibles. En su opinión, aunque existe gran disponibilidad de instrumentos tecnológicos que recopilan información de los campos, su uso no es el más adecuado, pues los agricultores manejan datos dispersos levantados por analíticas de laboratorio, equipos de riego tecnificado, sondas meteorológicas y reportes satelitales. Todo esto solo crea “silos de información”, que pueden ser precisos, pero a la vez complejos de procesar en tiempo real, que es el momento cuando son más necesarios. “Por ello, en una industria extremadamente multifactorial como la agricultura, la Inteligencia Artificial marca la diferencia”, comenta. Para superar esa deficiencia, Streeter propone el uso de “gemelos digitales” (modelos virtuales) que repliquen la realidad del campo en forma continua, integrando todas esas fuentes de datos en un solo sistema que no solo muestre lo que ocurre, sino que también sea capaz de predecir lo que ocurrirá en el futuro. A partir de la experiencia adquirida en el desarrollo de su solución, el CEO de Neutral Farming asegura que el uso de estos gemelos digitales representa un salto cuántico transformador en contextos de estrés climático, “pues el agricultor deja de reaccionar y empieza a anticipar”. “Nuestro ‘copiloto agrícola’ convierte esa información compleja en instrucciones claras y accionables como, por ejemplo, qué hacer, cuándo hacerlo y cuál será el impacto medible de esa decisión, antes de que una helada, una sequía o un exceso hídrico genere pérdidas irreversibles”, enfatiza Streeter, quien también comenta que el trabajo realizado por Neutral Farming, tanto en laboratorio como en terreno, permite que los agricultores dispongan de una herramienta que brinda las siguientes ventajas: ● Contar con un modelo que predice más de 20 propiedades de suelo con exactitud mayor a 85% y brinda datos representativos que, a su vez, optimizan la toma de decisiones en variables críticas como, por ejemplo, riego y fertilización. ● Incorporar observaciones de campo en tiempo real, capturadas mediante notas de voz o video geo-referenciadas, que también mejoran la alimentación del modelo predictivo mediante el conocimiento tácito del agricultor y de su equipo técnico. Como resultado, explica Ignacio Streeter, el sistema literalmente “aprende” de la realidad específica de cada predio y se vuelve más preciso con el tiempo, lo que brinda a los agricultores mejores bases de información para tomar decisiones preventivas (y no solo reactivas), ante el riesgo que representan los cada vez más frecuentes siniestros climáticos. CONVERTIR DESAFÍOS EN OPORTUNIDADES Estas ventajas competitivas permiten trazar una proyección optimista para el sector -a pesar de la crudeza de los siniestros climáticos-, en la medida que todos los actores involucrados actúen de manera coordinada para utilizar todas las variables e instrumentos a su disposición (especialmente la tecnología digital), e impulsar una adaptación coherente, ordenada y eficiente de todo el campo chileno. En tal sentido, el director nacional de INIA, comenta que el nuevo escenario obliga a ajustar estrategias, pero también abre oportunidades para diversificar la base productiva y desarrollar nuevos cultivos y soluciones con potencial agroindustrial. “Aprovechar esas oportunidades depende de anticipación, investigación aplicada y capacidad de validar desarrollos que respondan a requerimientos industriales y de mercado, más que de respuestas reactivas frente a la crisis”, precisa. Carlos Furche también reconoce que, en este contexto, se han dado avances, pero que todavía persisten brechas importantes, especialmente en coordinación y ejecución. Por ello, recuerda que “la adaptación al cambio climático y la gestión del agua requieren una mirada sistémica que articule política pública, inversión privada y capacidades técnicas. Además, integrar de mejor forma a la pequeña y mediana agricultura a los procesos de innovación y a los mercados formales, sigue siendo clave para asegurar una base de abastecimiento confiable y competitiva para la industria alimentaria”. El directivo comenta que, desde INIA, se trabaja a nivel nacional en gestión hídrica, mejoramiento genético y adaptación de sistemas productivos. no solo para generar conocimiento, sino también para actuar como socio tecnológico de la agroindustria, facilitando validación, pruebas de aplicación y transferencia en condiciones cercanas a la escala industrial. “El objetivo es que estas soluciones puedan incorporarse progresivamente a los sistemas productivos, reduciendo riesgos, mejorando eficiencia y aportando mayor estabilidad a la cadena agroindustrial en el mediano plazo”, enfatiza. Furche concluye que todas estas variables permiten asegurar que ya se alcanzó el punto de inflexión y que si la agroindustria necesita cambios urgentes para sostener su base productiva y experiencia exportadora. “Esa adaptación es posible -asegura-, pero no automática. Requiere inversión, adopción tecnológica y decisiones oportunas. Si se fortalece el sistema de innovación y se avanza desde la investigación hacia el escalamiento industrial, existen condiciones reales para una adaptación efectiva y sostenible en el tiempo”. Ignacio Streeter también cree en el valor de la tecnología, especialmente de la IA, como eje articulador de esta evolución, pero también coincide en que dicho aporte no será completamente decisivo, mientras no se superen las brechas aún existentes en el sector, como la fragmentación tecnológica cultural y el prejuicio cultural. “Hoy muchos agricultores ya tienen equipos de riego, sondas, laboratorios y datos satelitales, pero operan en silos que no se comunican entre sí. El valor de la IA aparece justamente cuando se integran esas fuentes, y eso requiere una capa de orquestación que muy pocos productores tienen hoy. Además, el hombre de campo también necesita ver resultados concretos y medibles antes de confiar en un sistema automatizado para tomar decisiones críticas”, explica. Para abordar esa brechas, Streeter propone trazar una hoja de ruta de tres etapas. “En el corto plazo, demostrar valor con métricas que el agricultor entienda y defienda. En el mediano plazo, articular con entidades como CORFO, INDAP y gremios exportadores, para generar programas de cofinanciamiento que democraticen el acceso. Y en paralelo, diseñar soluciones que se integren al flujo de trabajo existente del agricultor —como hacemos en Neutral Farming—, y no que le exijan aprender un sistema completamente nuevo desde cero”. El CEO de Neutral Farming también considera que las startups nacionales de base científico tecnológica, son claves para impulsar a la agroindustria por este camino, porque están dispuestas y preparadas para resolver problemas complejos en realidades operativas muy específicas. “Desarrollar un gemelo digital que funcione para un predio de paltos en el valle del Limarí, con sus condiciones de suelo, su microclima y las fuentes de datos disponibles en esa operación particular, no es un proyecto que una gran tecnológica global vaya a priorizar. Eso lo hacemos nosotros (los emprendedores), pero más allá del desarrollo tecnológico, el rol más importante que cumplimos es acompañar al agricultor. Por ejemplo, en Neutral Farming no solo entregamos un software y nos vamos, sino que hacemos que la IA funcione en un contexto agrícola, integrándonos al flujo de trabajo del equipo en terreno, ayudando a interpretar los datos, ajustando los modelos a la realidad del predio, y midiendo el impacto de cada decisión tomada con nuestra plataforma”. A su juicio, esa cercanía permite que una tecnología de punta como la IA (que en un primer momento puede generar rechazo en un agricultor que no la conoce) pase de ser solo una promesa abstracta, a una herramienta que se incorpore en la operación diaria y genere beneficios comprobables con números concretos. “Y en esa capacidad de generar confianza a través de resultados concretos, es donde el ecosistema emprendedor tiene una ventaja real frente a cualquier otro actor del sistema”, precisa Ignacio Streeter. Visiones que se conjugan en un camino común, y permiten brindar al sector agroalimentario chileno una estrategia concreta y eficiente para abordar con éxito el desafío de adaptarse satisfactoriamente las nuevas condiciones climáticas, contribuyendo a la seguridad alimentaria de la población y reposicionando a nuestro país como potencia exportadora de alimentos, pero también de conocimiento técnico y científico. GALERIAOTROS REPORTAJES
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l ecosistema emprendedor juega un papel cada vez más relevante en el desarrollo de innovaciones alimentarias que posicionan a Chile como protagonista de una revolución cuántica que rompe todos los esquemas y fronteras conocidas. Así lo han demostrado diversas startups de base científica y tecnológica, que han sido capaces de impulsar desarrollos altamente disruptivos gracias al potencial creativo de una nueva generación de emprendedores capaces de adaptarse ágilmente a las necesidades de un mercado que hoy exige alimentos y bebidas atractivos, pero también saludables y amigables con el medio ambiente. Uno de los protagonistas más recientes de esta revolución productiva biotecnológica es la foodtech EntoEnergy, formada por un entusiasta grupo de jóvenes investigadores penquistas, cuyo deseo de aportar valor y conocimiento de frontera al mercado, los llevó a superar todas las barreras conocidas con el objetivo de “transformar lo impensable en algo delicioso, práctico y consciente”. Este esfuerzo creativo se tradujo en el desarrollo de un atractivo snack saludable, que no solo destaca por sus atractivas propiedades organolépticas y alto contenido nutritivo, sino también porque su ingrediente principal es una proteína alternativa que proviene de… insectos. Sí, leyó bien. Proteína de insectos. Un ingrediente que para la gran mayoría de las personas puede resultar sorpresivo, atemorizante o, incluso, desagradable. Pero que, gracias al talento creativo de los fundadores de EntoEnergy, se materializa en una golosina de atractivo sabor y presentación, cuyas propiedades son capaces de conquistar y seducir al paladar más exigente. DESAFÍO DE ALTA COMPLEJIDAD El desarrollo de alimentos disruptivos suele ser extremadamente desafiante, y la innovación de EntoEnergy no fue la excepción. De hecho, uno de los mayores desafíos fue reunir la materia prima necesaria, que en este caso corresponde a larvas de la especie Tenebrio Molitor, también conocidos coloquialmente como “gusanos de la harina”. Un objetivo realmente titánico, pues cada larva pesa tan solo 0,1 gramos, y para elaborar un primer prototipo se necesitaban 10 kilos de estas pequeñas fuentes de proteínas. Esto implicó que durante semanas, entre clases, tesis y jornadas extendidas de trabajo, los jóvenes biotecnólogos seleccionaran manualmente cientos de larvas de Tenebrio Molitor, hasta reunir la cantidad necesaria para llevar adelante el proyecto. Sin embargo, estas dificultades no hicieron mella en el entusiasmo del equipo, y fue así como lo que comenzó como una inquietud científica en la Universidad de Concepción, terminó convirtiéndose en un emprendimiento que busca abrir camino a una nueva categoría de alimentos en Chile. Objetivo que hoy se concreta gracias al apoyo brindado por el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTA Zona Sur. DE LAS AULAS AL DESARROLLO FOODTECH La historia de EntoEnergy comenzó en una asignatura de innovación de la carrera de Ingeniería en Biotecnología Vegetal de la Universidad de Concepción. Allí, un grupo de estudiantes empezó a preguntarse cómo responder a uno de los grandes desafíos del sistema alimentario global: producir proteínas de alta calidad con menor impacto ambiental. “Las proteínas alternativas están ganando espacio porque responden a desafíos reales del sistema alimentario”, explica Alejandro Olivares, director de Operaciones de EntoEnergy. Durante esa búsqueda apareció el potencial de los insectos comestibles, particularmente el Tenebrio Molitor, especie con alto contenido proteico -cercano a 50%, y cuyo perfil nutricional incluye aminoácidos esenciales y vitamina B12. “En ese punto comenzamos a cuestionarnos cómo enfrentar el desafío global de producir proteína de alta calidad con menor impacto ambiental, y fue entonces cuando decidimos explorar el potencial de los insectos comestibles”, agrega Olivares. A partir de esa base científica, el equipo decidió transformar la idea en un producto concreto: una barra proteica diseñada para consumo cotidiano, orientada a deportistas, estudiantes y personas interesadas en una “alimentación más consciente”. EL SALTO AL MERCADO Para profesionalizar el desarrollo, el equipo recurrió al Centro de Innovación CeTA Sur, ubicado en la Región del Biobío y que cuenta con una planta instalada en dependencias de la empresa Nutrisco, desde donde impulsa la innovación alimentaria en el sur del país. El trabajo con los profesionales y la tecnología de CeTA se concentró en perfeccionar el desarrollo del producto, buscando una formulación con textura suave y perfil de sabor agradable, que ayudara a superar las barreras culturales habitualmente asociadas al consumo de insectos. La infraestructura piloto semiindustrial disponible en CeTA permitió validar parámetros de proceso, ajustar la matriz del producto y avanzar en aspectos regulatorios y de rotulación, etapas fundamentales para proyectar su llegada al mercado. “CeTA fue el puente entre la idea científica y el desarrollo de un producto con estándar de mercado, pues (…) nos permitió ordenar técnicamente el desarrollo del producto (…). De hecho, contar con infraestructura piloto y acompañamiento experto fue clave para avanzar hacia un producto replicable”, enfatiza Olivares. Este acompañamiento técnico permitió acelerar el desarrollo del producto y avanzar hacia su escalamiento productivo. DESAFÍO TÉCNICO Y CULTURAL CON VISIÓN DE FUTURO Uno de los primeros desafíos fue lograr la producción de materia prima suficiente para desarrollar los prototipos. Para ello, la crianza y selección de las larvas se realizó inicialmente de forma completamente manual, proceso exigente y que puso a prueba la perseverancia del equipo. “Cada larva pesa cerca de 0,1 gramos y necesitábamos alcanzar 10 kilos para elaborar el prototipo. Eso implicó seleccionar una a una las larvas que cumplían con el peso y estado adecuados”, relata Olivares. Sin embargo, las dificultades no terminaron allí, pues la tarea de convertir insectos en alimentos atractivos para el consumidor no sólo implican sortear desafíos operacionales, sino también culturales. “El mayor desafío no era nutricional, sino cultural, pues teníamos que lograr un producto que convenciera al consumidor”, detalla. Pero más allá del éxito científico o comercial que pueda alcanzarse con este producto específico, EntoEnergy también busca contribuir a una transformación más amplia dentro del sistema alimentario. En ese contexto, los insectos comestibles se posicionan cada vez más como alternativa viable para diversificar las fuentes de proteína, especialmente en un escenario global donde la sostenibilidad y seguridad alimentaria se han vuelto prioridades. “Más que vender una barra, queremos abrir camino a una nueva categoría de alimentos sustentables en Chile (…), y el consumo de nuevas fuentes de proteína irá ganando espacio en la medida que las personas comprendan su valor nutricional y su aporte a una alimentación más sustentable”, puntualiza el líder del proyecto. De este modo, el equipo de EntoEnergy confía en seguir desarrollando nuevos productos que acerquen las proteínas alternativas a los consumidores. Un camino que, gracias al trabajo realizado conjuntamente con CeTA, brinda altas perspectivas de éxito técnico y comercial. “Creemos que el consumo de nuevas fuentes de proteína irá ganando espacio en la medida que las personas comprendan su valor nutricional y su aporte a una alimentación más sustentable”, concluye el director de operaciones de EntoEnergy. GALERIAOTROS REPORTAJES a industria acuícola mundial volverá a poner sus ojos en la Región de Los Lagos entre el 24 y el 26 de marzo durante la realización de Aquasur 2026, la principal feria acuícola y pesquera del hemisferio sur. La decimotercera versión de esta exhibición se realizará en un recinto de 20.000 metros cuadrados ubicado en el kilómetro 1.009 de la Ruta 5 Sur, en las afueras de la ciudad de Puerto Varas. Organizada por FISA, parte del grupo francés GL events, la exhibición reunirá en un mismo lugar a compañías de Chile y el mundo, autoridades, representantes de la academia y emprendedores, permitiendo a sus visitantes conocer la vanguardia tecnológica de una acuicultura cada vez más eficiente y comprometida con el cuidado del medio ambiente. SOSTENIBILIDAD, MOVILIDAD Y RECOMENDACIONES PARA VISITANTES En línea con el foco en sostenibilidad, Aquasur 2026 implementará una campaña de reciclaje a escala en conjunto con la empresa Tresol. Esta campaña está orientada a promover la economía circular y una gestión responsable de residuos durante los tres días de exhibición. Asimismo, la organización definió un Plan Integral de Movilidad en coordinación con la Sociedad Concesionaria Los Lagos, la Seremi de Transportes y Telecomunicaciones, la Dirección de Vialidad, Carabineros de Chile, la Dirección de Concesiones y las municipalidades de Puerto Montt y Puerto Varas, entre otros organismos. El plan, además de priorizar el uso de transporte compartido, contempla un estacionamiento satélite en Puerto Montt y dispondrá de buses y transfer gratuitos de acercamiento desde puntos estratégicos en Puerto Montt, Puerto Varas y el Aeropuerto El Tepual. Asimismo, se dispondrá de un acuerdo con una aplicación de transporte privado que entregará códigos promocionales para facilitar el traslado de visitantes. Sin embargo, para quienes opten por vehículos particulares, el recinto contará con más de 2.500 estacionamientos habilitados. A su vez, la organización recomienda a los asistentes planificar su visita con anticipación, gestionar previamente su acreditación y código QR de ingreso, revisar el programa oficial del Congreso, coordinar agenda de reuniones y considerar las condiciones climáticas propias del sur de Chile al momento de definir su estadía y traslados. PLATAFORMA INTERNACIONAL PARA LA ACUICULTURA La feria se realiza cada dos años en la Región de Los Lagos, principal centro productivo acuícola del país, y se ha consolidado como el mayor punto de encuentro internacional para el sector en esta parte del mundo. Aquasur 2026 proyecta recibir a miles de profesionales en un recinto que, además de su superficie expositiva, contará servicios complementarios diseñados para la operación de un evento de gran escala. La muestra abarcará toda la cadena de valor de la acuicultura, con énfasis en salmonicultura, mitilicultura y otras especies marinas, incluyendo proveedores de alimento y nutrición, genética y ovas, sistemas de tratamiento de aguas y recirculación (RAS), salud y bienestar animal, soluciones para manejo de residuos, ingeniería y construcción naval, servicios especializados y eficiencia energética. A esto se suma la participación de empresas provenientes de 34 países, entre ellos Noruega y Dinamarca, referentes en salmonicultura global; junto a compañías de Alemania, Canadá, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Italia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Suecia y Suiza, lo que refuerza el carácter internacional de la convocatoria. LIDERAZGO REGIONAL Y RESPALDO INSTITUCIONAL El presidente honorario de Aquasur 2026 será el Gobernador de la Región de Los Lagos, Alejandro Santana Tirachini, quien ha puesto el foco de su gestión en el impulso a los sectores productivos estratégicos del sur de Chile, con especial énfasis en la acuicultura. “Para la Región de Los Lagos es muy importante acoger eventos de esta magnitud, que posicionan a nuestro territorio a nivel nacional e internacional y que, al mismo tiempo, dinamizan la economía regional, generan empleo y fortalecen a las distintas cadenas productivas vinculadas a la acuicultura”, destacó el directivo. A este liderazgo se suma el del alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraihgt, quien ha destacado el impacto de Aquasur en la actividad económica local y su aporte a la atracción de inversión, innovación y desarrollo para la ciudad. En esa línea, Carola Fuentes, gerente general de FISA, enfatizó que “junto al liderazgo regional y municipal, Aquasur se consolida como una plataforma internacional que contribuye a proyectar una visión de largo plazo para la acuicultura, en línea con los desafíos y lineamientos que plantea el Plan Salmón 2050, iniciativa que promueve el municipio de Puerto Montt”. En línea con estos esfuerzos durante la primera jornada de la feria se presentará el Plan Salmón 2050 ante empresas, gremios, sindicatos y otros actores relevantes del sector, en una actividad encabezada por el alcalde Wainraihgt. Además, está confirmada la presencia de quince embajadores en el evento, reflejando el interés y la expectativa que genera Aquasur a escala global. La feria cuenta con el patrocinio del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo; la Cámara de Comercio, Industria y Turismo de Puerto Montt; ProChile; SalmonChile; el Consejo del Salmón; Salmonicultores de Magallanes y Endeavor. En el plano empresarial, CMPC participa como Main Sponsor, mientras que AquaChile y Blumar se suman como socios estratégicos, junto al respaldo gremial de SalmonChile, el Consejo del Salmón y Salmonicultores de Magallanes, consolidando la transversalidad de la convocatoria. CONGRESO INTERNACIONAL Y WORKSHOP GSI Paralelamente a la exhibición se desarrollará el Congreso Internacional Aquasur 2026, principal plataforma de diálogo público-privado, científico-industrial e internacional de la acuicultura en el hemisferio sur. El programa abordará los desafíos estructurales de la industria en torno a cuatro grandes ejes: sostenibilidad productiva; innovación tecnológica y biotecnológica; salud humana y bienestar animal; y gobernanza, estándares internacionales y cooperación global. Entre los expositores confirmados se cuentan representantes de la Organización Mundial de Sanidad Animal, de la Asociación Gremial de Médicos Veterinarios Especialistas en Acuicultura, de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile y de empresas líderes del sector, quienes profundizarán en temas como innovación aplicada a todo el ciclo productivo, beneficios del consumo de salmón en la salud humana, bienestar animal en acuicultura y edición génica. Uno de los hitos del programa será el workshop de Global Salmon Initiative (GSI), red de liderazgo colaborativo que agrupa a CEOs de las principales productoras de salmón del mundo. Esta iniciativa está enfocada en liderazgo corporativo, transparencia y colaboración global. El encuentro, estructurado como un seminario–taller, abordará perspectivas de liderazgo sobre el futuro del salmón, en línea con la agenda de sostenibilidad y mejora continua de la salmonicultura mundial. Durante la primera jornada del Congreso, además, se realizará un panel de políticas públicas centrado en regulación, estándares internacionales, cooperación y desarrollo sostenible del sector. A su vez, el jueves 26 estará dedicado a ponencias sobre innovación, biotecnología y futuro productivo, con énfasis en soluciones tecnológicas para una acuicultura sostenible y competitiva. De este modo, el Congreso articulará ciencia, industria, regulación y emprendimiento en un programa coherente que refuerza el posicionamiento de Chile y de Aquasur como hub regional de innovación acuícola y sostenibilidad. NOCHE AQUASUR, CENA PROTOCOLAR Y DÍA DE LA FAMILIA El programa de actividades incluye una agenda institucional y social que busca fortalecer la cooperación público-privada, el networking sectorial y el vínculo de la industria. Así, el martes 24 de marzo, a las 20 horas, se llevará a cabo una cena protocolar por invitación en el Hotel Radisson de Puerto Varas, la que reunirá a embajadores acreditados en Chile, autoridades nacionales y regionales, líderes gremiales y referentes del sector, con el objetivo de profundizar el diálogo institucional y la vinculación internacional en torno al desarrollo sostenible de la acuicultura. El miércoles 25 tendrá lugar la Noche Aquasur 2026 en el Centro de Vinculación Ciudad Puerto de la Empresa Portuaria de Puerto Montt (Empormontt), actividad que se ha consolidado como uno de los encuentros sociales más relevantes del calendario acuícola. Este espacio está orientado a generar oportunidades de networking estratégico entre compañías, gremios, autoridades y academia, y busca proyectar nuevas alianzas de cooperación en el marco de la feria. El jueves 26 se desarrollará el Día de la Familia Aquasur, actividad exclusiva para las familias de expositores y productores de salmón que se extenderá entre las 17 y las 19 horas. La jornada contemplará dinámicas orientadas a niños, espacios de cocina interactiva y presentaciones musicales en vivo, reforzando transversalidad comunitaria de la industria acuícola y su vínculo con las comunidades del sur de Chile. INNOVACIÓN, EMPRENDIMIENTO Y BIENESTAR ANIMAL La versión 2026 de Aquasur tendrá un foco especial en innovación y emprendimiento. Por eso, en la denominada Zona Pyme, se instalarán 26 startups seleccionadas en el concurso “Despega tu emprendimiento”. Esta iniciativa es impulsada por FISA junto a AquaGroup e InfoSalmón, y busca potenciar soluciones tecnológicas para la acuicultura. En total participaron 50 emprendimientos en el proceso de postulación, lo que refleja el dinamismo del ecosistema de innovación vinculado a la industria y el interés en el evento. En el ámbito académico y científico, la feria contará con la participación de instituciones como la Universidad San Sebastián (USS) y la Universidad de Chile, además del Centro Tecnológico de Economía Circular CeTEC Los Lagos, que desarrolla proyectos de investigación aplicada y transferencia tecnológica orientados a la valorización de residuos y el uso eficiente de recursos. Esta articulación entre industria, academia y centros tecnológicos busca fortalecer la formación de capital humano avanzado y la adopción de tecnologías que permitan avanzar hacia una acuicultura más sostenible. PREMIOS HAPPY SALMÓN El bienestar animal también tendrá un espacio destacado a través de la premiación Happy Salmon, reconocimiento sectorial que será entregado por SalmonExpert, medio especializado con más de 15 años de trayectoria en la cobertura de la industria y parte del grupo noruego Oceanspace Media. El galardón, que se otorgará en la primera jornada de la feria, busca relevar buenas prácticas y esfuerzos concretos en materia de salud y bienestar de los peces en los distintos eslabones de la cadena productiva. De esta forma, Aquasur 2026 se prepara para vivir tres jornadas que combinarán exhibición tecnológica, reflexión estratégica, innovación, vinculación comunitaria y una fuerte apuesta por la sostenibilidad de la acuicultura en Chile y el mundo. GALERÍAOTROS REPORTAJES pesar de la urgente necesidad de mitigar el negativo impacto de las actividades industriales y productivas en el medio ambiente, la industria de envasado de alimentos o packaging food aún no logra producir de manera masiva materias primas biodegradables que reemplacen a los polímeros sintéticos con los mismos niveles de eficiencia e inocuidad. Un desafío pendiente y de proporciones enormes, debido a la que la emergencia ambiental que hoy enfrenta nuestro planeta, exige el desarrollo inmediato de envases biodegradables o compostables, que ofrezcan la misma capacidad de proteger y mantener a los alimentos durante los largos períodos que suelen transcurrir desde su elaboración, hasta su distribución y consumo. La mayor dificultad para alcanzar este objetivo, radica, según la gran mayoría de las voces expertas de Chile y el extranjero, radica en que aún no resulta viable desarrollar envases alimentarios a partir de biopolímeros o materiales biodegradables, debido a la imposibilidad técnica y económica de superar las barreras logísticas y de inocuidad que impone la tecnología actualmente disponible. Sin embargo, esta premisa que hasta hace muy poco parecía tan ominosamente definitiva, se ha ido resquebrajando poco a poco, debido al surgimiento de diversas iniciativas que lograron alcanzar exitosamente este objetivo. Todo ello mediante la reinvención de procesos biotecnológicos conocidos, a partir de los cuales se diseñó una nueva generación de envases bio-based (bio-basados o con materia prima de base biológica), que no solo prometen cuidar la inocuidad de los alimentos, sino también contribuir al logro de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) impulsados por las Naciones Unidas. EXITOSA INNOVACIÓN NACIONAL Uno de los casos de éxito más recientes concretados en Chile, es el de Hera Materials, cuya directora de Investigación y Desarrollo, Romina Pacheco, comenta que el desarrollo de envases bio-basados y efectivamente compostables, ya dejó de ser una tendencia para transformarse en un componente estructural de la competitividad. “La implementación de la Ley REP y la Ley de Plásticos de un Solo Uso (PUSU) en Chile, junto con estándares internacionales cada vez más exigentes, están elevando el umbral mínimo de cumplimiento, a lo que se suma un consumidor que hoy exige coherencia ambiental real y verificable”, indica Romina, quien también puntualiza que en Hera Materials se logró este cambio a partir del diseño, desde cero, de un nuevo material denominado Woodpack®, el cual está elaborado a partir de una solución basada en fibra de papel reciclado y biomasa local renovable, “completamente libre de combustibles fósiles”. “Este material -enfatiza Romina- está concebido para integrarse a esquemas de economía circular, ya que puede reciclarse dentro del flujo del papel, y también es compostable bajo condiciones controladas. Esa combinación técnica y ambiental es la que hoy marca una diferencia estratégica”. Y si bien aún surgen voces escépticas que ponen en duda la real viabilidad de estos materiales, para Romina Pacheco se trata de una certeza incuestionable. “En nuestro caso -asegura-, podemos afirmar que la viabilidad es industrial y concreta, pues Woodpack ha sido diseñado para responder a requerimientos reales de desempeño, particularmente en aplicaciones donde la exigencia estructural es clave”. La experta agrega que Hera Materials actualmente produce soluciones bio-basadas para alimentos secos —como café y cereales— principalmente en forma de envases secundarios y aplicaciones de baja y media exigencia de barrera, donde el material brinda estabilidad dimensional, resistencia mecánica y buen comportamiento logístico. Pero Romina Pacheco también detalla que se han logrado importantes avances en el sector frutícola, especialmente en soluciones orientadas a exportación, donde la presión por alternativas sostenibles es cada vez mayor. “La combinación de reciclabilidad y compostabilidad -explica- amplía las opciones de gestión al final de vida, lo que resulta especialmente relevante en mercados con regulaciones estrictas”. Por ello, para la ejecutiva de Hera Materials, la pregunta ya no es si estos nuevo biomateriales son viables o no, “sino quién liderará la transición”. ACADEMIA Y GRAN INDUSTRIA Otra interesante iniciativa que se apronta a ver la luz es el proyecto liderado por la Dra. Carolina Quezada, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), que busca generar una solución ecológica y biodegradable, mediante el desarrollo de envases alimentarios biodegradables y antimicrobianos a partir de alcohol polivinílico (PVA) y nanofibras de celulosa (CNF); ambos compuestos biodegradables, reciclables y no tóxicos. Durante la presentación de su proyecto, que recientemente obtuvo el financiamiento FONDEF IDeA I+D 2025, la dra. Quezada enfatizó que el objetivo de su equipo, integrado también por las académicas de la UCSC, Dra. Fabiola Valdebenito y Dra. Elizabeth Elgueta, es optimizar y escalar la producción de este material para su uso en la industria de envasado de alimentos. “Por ello, nos interesa que tenga alta capacidad antimicrobiana sin adición de agentes”, comenta la investigadora. La Dra. Quezada también precisa que el uso de nanofibras de celulosa mejora la resistencia mecánica, la estabilidad térmica y las propiedades de barrera, “características que son esenciales para prolongar la duración de los alimentos, pues reducen la permeabilidad de gases y la humedad, y además favorecen la capacidad antimicrobiana”. De este modo, se espera consolidar en el corto a mediano plazo un reemplazo viable y efectivo de los materiales convencionales derivados de la industria del petróleo y de los plásticos, mediante el uso combinado de PVA/CNFs. “Esto implica una potencial mejora en la biodegradabilidad de los envases de alimentos y una significativa disminución de residuos, lo que contribuye así́ a mitigar el impacto ambiental relacionado con los envases plásticos”, agrega la investigadora de la UCSC. Desde el ámbito de la gran industria, en tanto, también destacan ejemplos de alto impacto positivo, como, por ejemplo, las recientes innovaciones implementada por la firma Tetra Pak en el nicho de envases específicamente destinados al mercado lácteo. Al respecto Alejandro Chan, director general de Tetra Pak Cono Sur, comentó -durante una exposición realizada en la Cumbre Mundial de la Leche 2025, en octubre pasado en Santiago- que la compañía “está desarrollando los envases de alimentos más sostenibles del mundo, reduciendo su huella de carbono y ayudando a los clientes a disminuir el impacto ambiental de la industria”. “En concreto explicó Chan- estamos avanzando en la eliminación del aluminio como componente, reemplazándolo por una barrera de papel que también garantice la inocuidad del alimento”. Si bien esta innovación aún no está presente en los mercados del Cono Sur, representa un paso clave hacia el uso viable de materiales renovables bio-basados en la comercialización de leche larga vida y de otros productos estratégicos, como jugos, yogures líquidos y bebidas lácteas fortificadas que también utilizan esta tecnología de envasado. De este modo, la empresa espera comercializar, en el corto plazo, envases cuyo reciclabilidad supere el 90% (actualmente alcanzan el 88%), lo que aseguraría que pudiesen reciclarse fácilmente junto con el cartón común. TECNOLOGÍA VIABLE Estos ejemplos aplicados por el ecosistema emprendedor, la academia y la gran industria, no solo demuestran que existe tecnología para avanzar hacia un desarrollo mucho más sostenible en materia de packaging food sino que también, con perseverancia, capacidad innovadora y voluntad, se pueden lograr avances totalmente viables para potenciar la eficiencia sostenible transversal de la industria alimentaria. En tal sentido, Romina Pacheco destaca que esta transición hacia materiales más sostenibles y carbono neutrales puede realizarse utilizando, incluso, infraestructura existente. “En el caso de Woodpack -detalla-, fue posible implementar su producción mediante retrofitting (modernización) de máquinas papeleras, muchas de las cuales hoy se encuentran subutilizadas o en desuso. Esto no solo reduce tiempos y costos de implementación, sino que además extiende la vida útil de activos industriales, alineándose con una lógica de economía circular también a nivel productivo”. Para la experta este enfoque también permite escalar de manera más rápida y eficiente la producción de envases ecosostenibles, facilitando su expansión hacia mercados internacionales sin requerir inversiones completamente disruptivas. “La barrera actual no es tecnológica, sino de coordinación industrial, certificación y consolidación de demanda, por lo que al contar con marcos regulatorios bien definidos -como la Ley de Plásticos de un solo uso y la Ley REP-, la demanda comenzará a alinearse rápidamente. Cuando convergen regulación, tecnología y mercado, la masificación ocurre y la expansión internacional es totalmente factible, especialmente en regiones donde las exigencias ambientales ya son más estrictas que en Latinoamérica”, detalla Romina. Claro que este éxito radica además en la voluntad de impulsar un profundo cambio de paradigma cultural en las empresas e instituciones, derribando silos y antiguas creencias para comenzar o “recrear” desde cero. En el caso concreto de Hera materiales el cambio de mentalidad implicó ir más allá de un simple reemplazo del plástico, e implementar un rediseño completo del sistema, lo que se tradujo en la combinación de ciencia de materiales con tecnología avanzada, para acelerar la transición hacia soluciones bio-basadas. A ello se sumó el uso de una plataforma de Inteligencia Artificial propia, bautizada Marie Curie, que permitió modelar, simular y optimizar formulaciones en ciclos mucho más cortos que los métodos tradicionales. “Esto nos ayudó a mejorar ciertas propiedades mecánicas, tales como el comportamiento frente a la humedad y la estabilidad del material, además de agilizar la adaptación de los procesos ante nuevas exigencias regulatorias o técnicas. Por ello, más que desarrollar un producto aislado, hemos construido una capacidad tecnológica que nos permite evolucionar continuamente Woodpack y ajustarlo a distintos mercados y aplicaciones, manteniendo siempre coherencia con principios de circularidad, porque nuestro objetivo es ofrecer soluciones que no solo sean sostenibles, sino también competitivas y escalables”, puntualiza Romina Pacheco. El mismo parámetro innovador que impulsó la investigación del equipo de la UCSC, pues sus expertas tomaron los principios básicos del proceso de extrusión (técnica que permite moldear un material para obtener una determinada forma y que hoy se utiliza para elaborar snacks dulces y salados), para desarrollar un material en formato pellet capaz de adoptar la forma necesaria para generar un determinado envase alimentario. Gracias a este prototipo, diseñado a partir de la experticia de las doctoras Fabiola Valdebenito y Elizabeth Elgueta, muy pronto será posible contar con un material en forma de pellet, biodegradable, termoestable, antimicrobiano y con propiedades mecánicas y de barrera apropiadas para generar envases de alimentos, que además puede elaborarse a partir de residuos de la industria agrícola, proporcionando, de este modo, una solución totalmente viable para la producción de envases biodegradables, antimicrobianos y termoestables. PASOS FUTUROS A partir de estos exitosos ejemplos de reingeniería e innovación biotecnológica, es posible afirmar con plena certeza que, en el corto a mediano plazo, Chile y América Latina dispondrán de una completa nueva generación de envases bio-basados, biodegradables y capaces de impulsar un salto exponencial en materia de packaging food. En ese sentido, Romina Pacheco considera que, a nivel global, el mercado de envases alimentarios biodegradables seguirá creciendo de manera sostenida, impulsado por regulación, presión comercial y las propias exigencias del consumidor. “Europa continuará marcando estándares, mientras Chile ya tiene una posición relativamente adelantada dentro de la región, avanzando con marcos como la ley REP y la de Plásticos de un Solo Uso, lo que posiciona al país en una fase activa de transformación”, asegura. En su opinión, esto también implica que dentro de poco veremos mayor énfasis en soluciones realmente circulares, con trazabilidad, certificaciones claras y métricas ambientales transparentes, pues la sostenibilidad dejará de ser un atributo diferenciador para convertirse en un requisito mínimo de acceso al mercado. “Por tanto -enfatiza Romina- en los próximos cinco años habrá una clara división entre las empresas que integren circularidad real desde el diseño, y aquellas que perderán acceso a mercados internacionales. También se fortalecerán alianzas entre fabricantes de materiales, transformadores y marcas, entendiendo que la transición requiere colaboración a lo largo de toda la cadena de valor”. Y aunque, por desgracia, para muchas compañías miopes o con escasa visión de largo plazo, el costo seguirá siendo un factor relevante para la masificación de estas tecnologías, la directora de Investigación y Desarrollo de Hera Materials también considera que muy pronto el peso creciente de la regulación y del riesgo reputacional, hará que las decisiones empresariales se evalúen más desde la perspectiva de un horizonte más amplio, “pues será mayor el costo de quedar fuera de mercados o enfrentar restricciones regulatorias”. “Por eso en Hera Materials trabajamos para que la transición sea técnicamente robusta y económicamente viable, apoyándonos en optimización avanzada y en modelos productivos que aprovechan la infraestructura existente, pues creemos que la sostenibilidad, cuando está bien diseñada, no es un sobrecosto estructural, sino una inversión en competitividad futura”, enfatiza Romina. Ejemplos concretos de que la tecnología y la capacidad innovadora para desarrollar “bio-envases” de última generación ya están presentes, y no solo son capaces de mejorar las propiedades funcionales del packaging food, sino que también brindan una solución concreta, viable y eficiente a la creciente demanda de materiales sostenibles y no contaminantes. GALERÍAOTROS REPORTAJES ás allá de las vicisitudes económicas, y de la visión crítica manifestada por un sector de la población que reniega de los productos dulces, Chile se ha reafirmado durante los últimos años como un país eminentemente “chocolatero”. Una imagen que se reafirma a diario, gracias a la enorme oferta de alimentos y bebidas que utilizan al chocolate como ingrediente principal, desde los simples snacks individuales, hasta las bebidas lácteas saborizadas de última generación, pasando por brownies, tortas, postres y helados, solo por mencionar algunos productos de alto consumo cotidiano. Todos ellos reflejan la profunda penetración del chocolate en los gustos del consumidor nacional y la constante creatividad que siempre ha caracterizado a productores y distribuidores; factores que en conjunto explican el éxito de un mercado que sigue creciendo, pese al impacto de las recientes crisis económicas y de salud experimentadas tanto en Chile como en el mundo. Al respecto, Andrés Chehtman, consultor senior de investigaciones en Euromonitor International, destaca que durante 2025, el chocolate en Chile registró un aumento de 6% en valor en las ventas minoristas, alcanzando un volumen total de $811 mil millones, lo que representa un retorno al crecimiento tras la leve caída registrada el año anterior. En opinión del analista, este desempeño se explica por diversos factores clave, entre los que destacan la baja en los precios internacionales del cacao; la caída de la inflación y la mejora en la situación económica del país; el aumento en la demanda de chocolates premium; y la creciente diversificación en los canales de venta y distribución. “La baja de los precios mundiales -enfatiza Chehtman- alivió la presión financiera sobre los fabricantes, permitiéndoles reducir costos y, a su vez, ofrecer productos más accesibles para los consumidores, mientras que la mejor situación económica del país también jugó un rol fundamental, ya que el aumento de los ingresos disponibles permitió que más chilenos se dieran el gusto de consumir productos de chocolate. Las empresas aprovecharon este contexto lanzando diversas promociones y programas de fidelización para mantener e incluso impulsar el consumo”. “Además -añade el analista-, la creciente demanda por chocolates premium y de alta calidad, especialmente entre los consumidores más jóvenes, dio origen a un segmento de nicho que, aunque todavía pequeño, mostró un importante potencial de expansión”. Así mismo, la diversificación de los canales de distribución (incluyendo las plataformas online) y el surgimiento de nuevas tiendas especializadas impulsadas por el ecosistema emprendedor, también apoyó el crecimiento de la categoría. “Todo esto asegura que la confitería de chocolate siga siendo popular para los consumidores de snacks en todo Chile”, asegura Andrés Chehtman. MERCADO EN EXPANSIÓN Esta evolución positiva no tendrá freno en el corto plazo pues, de acuerdo con los estudios realizados por Euromonitor, las ventas minoristas de chocolate en Chile crecerán a una tasa compuesta anual (CAGR) de 6% en valor corriente hasta 2030. Esto permitirá que a fines de la presente década, el mercado nacional chocolatero se valorice en $1.083 mil millones. Del mismo modo, se espera que la categoría continúe creciendo, tanto en volumen como en valor, impulsada por la expansión económica prevista para los próximos años, y el consiguiente aumento de los ingresos disponibles entre la población local. Adicionalmente, los expertos de Euromonitor proyectan que las principales compañías presentes en nuestro país, como Nestlé, Carozzi y Mondelez, entre otras, sigan desarrollando propuestas con ingredientes más naturales y aumentando la variedad de chocolates premium y de alta calidad. Movimiento que también se advierte en el segmento de los emprendedores, donde también se registra más uso de cacao puro (en lugar de sucedáneos) y de ingredientes con valor local, como maqui, arándanos, copao y merquén, entre otros, que apuestan por una mayor diversificación de sabores y más disponibilidad de nutrientes, para responder mejor a las nuevas tendencias de consumo saludable de la población. Según explica Andrés Chethman, todas estas innovaciones apuntan a un segmento creciente de consumidores, que está más dispuesto a pagar un precio superior por productos que se alineen con sus preferencias de salud y calidad. “Esta combinación de factores económicos e innovación de productos, impactará positivamente el desempeño del mercado de chocolate hasta 2030, asegurando un crecimiento sólido y un panorama de consumo en evolución en Chile”, enfatiza el analista. Opinión que comparte Leonardo Lembo, gerente comercial LATAM de Unigrà /Master Martini, quien destaca específicamente la fuerte orientación actual hacia la premiumización del producto. “En Europa, por ejemplo -indica Lembo-, se busca cada vez más calidad, mayor trazabilidad de la materia prima y una mirada integral del proceso, desde el origen agrícola hasta el producto final. Además, hoy existe una atención mucho mayor hacia la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos”. Punto de vista que secunda Camila Urrutia Debarbieri, brand manager Confites de Carozzi, y que también se expresa en una búsqueda más activa de diferenciación a partir de propuestas de valor más sofisticadas. “En línea con los mercados internacionales, hoy vemos una oferta mucho más diversa y atractiva, pues la categoría ya no se limita a las tradicionales barras de chocolate, sino que incorpora rellenos, combinaciones con distintas inclusiones y formatos de snacking que responden a nuevos momentos de consumo”, destaca la ejecutiva, especificando que esta evolución “refleja una industria dinámica, donde la calidad del producto y la innovación en formatos, sabores y experiencias, se han transformado en ejes centrales para conectar con las personas”. Desde el punto de vista del ecosistema emprendedor, en tanto, esta progresión evolutiva ha abierto nuevas y atractivas oportunidades de crecimiento, que permiten incrementar la apuesta por sabores más novedosos y atractivos, para así captar las preferencias de un público siempre ávido de nuevas experiencias sensoriales que combinen sabor, salud y equilibrio. Así lo entiende Josefa Daniela Riquelme Sáez, fundadora de Bomjoss Chocolates (emprendimiento ubicado en Concepción, región de Biobío), quien recuerda que nuestro país es uno de los mayores consumidores de chocolate en América Latina, con un promedio de 2,1 kg per cápita anual, lo que ofrece constantes oportunidades de posicionamiento competitivo, en la medida que el emprendedor identifique a tiempo las señales del mercado se adapte ágilmente a los cambios. “Hoy por ejemplo -precisa Josefa-, cada vez más personas prefieren el cacao real sobre el sucedáneo, debido a la tendencia de comer más sano, pero sin perder el gusto por los sabores atractivos. Eso lleva a que nos pregunten qué porcentaje de cacao tiene cada uno de nuestros productos, o si tienen azúcar añadida, gluten, soya o lácteos, entre otros ingredientes”. INDULGENCIA NUTRITIVA Esta mayor preocupación por las formulaciones también se expresa en una mayor oferta de productos capaces de “endulzar la vida” (como se define coloquialmente al valor de un buen chocolate), pero que al mismo tiempo son más saludables y nutritivos. Al respecto, Leonardo Lembo cree que la Ley 20.060 de Etiquetado de Los Alimentos (vigente en Chile desde 2016), ha jugado un rol destacado en esta mayor indulgencia saludable, generando mayor transparencia e impulsando a las empresas a reformular sus productos. “Es un gran desafío, especialmente cuando hablamos del azúcar, porque el chocolate tradicionalmente tiene alto contenido de este ingrediente, y en Europa así como en Chile, existe una presión muy fuerte por reducir el azúcar. En LATAM también hay exigencias, pero la dieta sigue siendo alta en consumo de productos azucarados. Aun así, el cambio viene impulsado principalmente por el consumidor, sobre todo los más jóvenes, que buscan productos con menos azúcar”, destaca el ejecutivo de Unigrà, precisando que las empresas realizan grandes esfuerzos para optimizar recetas, reducir el contenido de azúcar, buscar endulzantes alternativos más saludables y mantener siempre un sabor seductor. “El desafío es cumplir con las normas sin perder la experiencia sensorial”, añade. Esfuerzos que también resalta Camila Urrutia, pues la indulgencia y la satisfacción también son esenciales para el desarrollo presente y futuro del mercado de los chocolates. “Por eso que hoy desde Carozzi, a través de nuestras marcas Costa y Ambrosoli, estamos constantemente innovando y trabajando para ofrecer nuevas y más alternativas a los consumidores, que sean para todos los gustos y preferencias”. La ejecutiva también recalca que hoy la gran industria se ha enfocado en desarrollar productos de calidad y con distintos atributos, que permitan llegar a una mayor cantidad de consumidores y responder a sus distintas expectativas. “Dentro de esta evolución -señala-, los chocolates con mayor porcentaje de cacao y sin azúcar añadida (sacarosa) se han consolidado como un mix relevante dentro de la categoría, y han ido creciendo en línea con esta tendencia de consumo”. Todo esto se traduce en la opción concreta de que la nueva generación de chocolates sea, efectivamente, indulgente y saludable, en la medida que los avances recientes de la biotecnología hacen cada vez más posible cumplir simultáneamente dichos objetivos. Al respecto, Leonardo Lembo comenta que las altas exigencias legales y las nuevas tendencias de consumo, que se traducen en mayor preferencia por el chocolate real como fuente de salud y placer, permiten colocar en el mercado productos de alta calidad. “Cumplir con la normativa europea (en Italia un producto debe tener al menos 35% de cacao total, 18% de manteca de cacao y 14% de cacao desgrasado para ser considerado chocolate real) facilita luego la adaptación a otros mercados, como LATAM, donde las exigencias son distintas, pero igualmente importantes”, comenta. Esto, en su opinión, ayuda a que este tipo de productos puedan ser considerados funcionales, pues están mejor concebidos para combinar placer y bienestar. Sin embargo, también recuerda que esto implica reformular recetas, para tener menos azúcar, e incorporar más proteínas o fibras. “No es una categoría fácil para el chocolate, pero es un camino que estamos explorando constantemente”. Todo ello deriva en la opción clara de ofrecer salud e indulgencia, especialmente si el chocolate tiene alto contenido de cacao, pues “un mayor porcentaje de cacao implica menos azúcar, lo que mejora el perfil nutricional, tal como lo respaldan diversos estudios”, señala Lembo. A su juicio, el desafío está en la reformulación inteligente, es decir, reducir azúcar, incorporar grasas de calidad y mantener una experiencia sensorial intensa, porque “el equilibrio entre gusto y perfil nutricional es clave”. Para Camila Urrutia, todas estas variables reafirman la posibilidad de que el mercado también ofrezca más alternativas que efectivamente respondan a las nuevas preferencias y estilos de consumo saludable. “Existen productos con altos porcentajes de cacao, como chocolates 62% y 67%, con combinaciones como naranja o menta, valorados por los consumidores que buscan un perfil más intenso y simple en ingredientes. Además, alternativas sin azúcar como Costa Nuss y Costa Milk, conviven con chocolates tradicionales con leche y almendras, como Costa Nuss o Golden Nuss de Ambrosoli”, destaca Camila Urrutia, lo que demuestra que la categoría “puede ofrecer diversidad, calidad y experiencias distintas, permitiendo que cada consumidor elija el producto que mejor se ajuste a sus gustos y ocasiones de consumo, sin perder de vista que el principal atributo del chocolate es su sabor”. Para lo emprendedores, en tanto, esta tendencia ofrece la oportunidad de probar nuevas formulaciones y recetas que busquen potenciar el placer tradicional y, al mismo tiempo, apuesten por la renovación integral, tanto de recetas como de formatos. “El gusto por el placer tradicional no pierde terreno -enfatiza Josefa Riquelme-, pues nuestro producto más vendido es la trufa artesanal, alta en cacao natural belga, pero que también tiene azúcar y lácteos. Sin embargo, al mismo tiempo ese cliente también compra, por ejemplo, una barra de chocolate sin azúcar, por lo que existe una búsqueda de equilibrio”. Para la fundadora de Bomjoss esta tendencia también se refleja en la búsqueda de nuevas experiencias, “pues los clientes hoy llevan productos tradicionales, como un macizo de almendra o un chocolate con praliné de vainilla europea, pero también optan, por ejemplo, por ingredientes que no han probado nunca como los bombones de lúpulo, porque quieren vivir la experiencia de un sabor diferente”. “Por eso, como emprendedores queremos ir más allá de los chocolates sin azúcar o con alto contenido de cacao, y ofrecer también ingredientes con identidad local, como lo hacemos en Bomjoss, por ejemplo, con los bombones con digüeñe (hongo), maqui, merquén e, incluso, luche. Creo que cada vez más chocolaterías se van a ir sumando a la tendencia de utilizar rellenos más innovadores y, a la vez, saludables. SOSTENIBILIDAD COMO PILAR Claro que esta evolución de formulaciones tampoco pierde de vista la creciente preocupación por el medio ambiente y la carbono neutralidad, en medio de un escenario donde las grandes empresas y startups implementan nuevas y perfeccionadas estrategias de sostenibilidad, que forman parte de sus respectivas culturales organizacionales. En ese sentido, Leonardo Lembo precisa que la sostenibilidad es un eje estratégico para Unigrà, pues “implementamos programas de abastecimiento responsable, contamos con certificaciones internacionales y trabajamos activamente en la reducción de emisiones, eficiencia energética y optimización del uso del agua. Además, reutilizamos residuos industriales, generamos energía renovable y controlamos gran parte de nuestra cadena productiva. Todo esto aporta valor ambiental y económico”. Por su parte, Camila Urrutia destaca que la producción sostenible de chocolates es solo una parte de los esfuerzos que Carozzi realiza en línea con su compromiso permanente por innovar y enfrentar los desafíos de la industria de manera sostenible. La ejecutiva agrega que este esfuerzo no solo se traduce en reconocimientos importantes, como el primer lugar del Packaging Innovation Award 2025, otorgado por el Laboratorio de Envases de la Universidad de Santiago de Chile al chocolate Vizzio de Costa, gracias al rediseño de su estuche, sino que también constituye un avance real en materia de sostenibilidad y carbono neutralidad, pues “permitirá reducir en 22 toneladas anuales el consumo de cartulina y en 26 toneladas las emisiones de CO₂eq, optimizando el uso de recursos a lo largo de toda la cadena, desde la materia prima hasta la logística”. Josefa Riquelme, por su parte, considera que la trazabilidad del chocolate también adquiere más relevancia, porque “el consumidor no solo quiere saber qué ingredientes se utilizan, sino de dónde provienen”. Todo ello como una forma de tener más certeza respecto de la real naturaleza de las materias primas utilizadas, y de su impacto en el medio ambiente. EVOLUCIÓN FUTURA Pero como el mercado es cada vez más dinámico, sus protagonistas consideran que en el corto plazo seremos testigos de nuevos cambios, a medida que las tendencias de consumo se orienten hacia otros rumbos. En este plano, Leonardo Lembo considera que pronto “veremos un mayor desarrollo en reducción de azúcar y grasas saturadas, más trazabilidad y productos plant based, sin lactosa y sin trazas lácteas, mientras que en sabores, seguiremos innovando con combinaciones como chocolate–caramelo o chocolate–avellana, que en Europa ya están consolidadas y en LATAM tienen mucho potencial”. En su opinión, el actual mercado del chocolate exige equilibrio entre innovación, sostenibilidad, experiencia sensorial y tradición; y como cada país tiene requerimientos distintos, la flexibilidad será cada vez más fundamental para responder en forma oportuna y ágil a los cambios. “Por eso, el compromiso de Unigrà es mantener la máxima flexibilidad estratégica para adaptarse a los cambios y nuevas exigencias del mercado”, enfatiza. Por su parte, Camila Urrutia estima que los consumidores hoy también buscan ir más allá del producto en sí, a través de la experiencia. “Un ejemplo claro -indica- es el fenómeno de Dubái, donde el formato y la textura de ciertos productos impactaron fuertemente en medios digitales, se volvieron virales y rápidamente tanto empresas grandes como pequeñas adaptaron sus propuestas para sumarse a esa tendencia”. En tal sentido, la ejecutiva de Carozzi plantea que el principal desafío de la industria es justamente innovar en formulaciones, sabores o experiencias, sin afectar la cualidad que el consumidor más valora en el chocolate: el sabor. De todos modos, esta preferencia por el sabor apetitoso no debe impedir una mayor concientización reflejada en el aumento en la demanda de productos plant-based o libres de alérgenos, pues tal como afirma Josefa Riquelme, más pronto que tarde el mercado evolucionará hacia el uso de materias primas y productos aptos para todos los consumidores. “Por eso en Bomjoss hace 5 años que incorporamos chocolates libres de azúcar, soya, gluten e ingredientes de origen animal, que además son responsables con el medio ambiente y trazables, porque el objetivo es ir siempre mejorando, y tanto nosotros como las demás chocolaterías formadas por emprendedores, aplicaremos más actualización y flexibilidad en la búsqueda de materias primas saludables, deliciosas e innovadoras”. GALERÍAOTROS REPORTAJES a producción eficiente, sostenible y circular es uno de los principales objetivos a lo cuales se orienta, actualmente, la producción de alimentos, bebidas e ingredientes en todo el mundo. Esto se traduce en que el desarrollo de nuevos materiales y materias primas a partir de recursos naturales ya existentes, pero que han sido descartados por diversas razones, se ha convertido en una de las áreas más prometedoras de la investigación científica actual. En ese contexto, la quitina y su derivado, el quitosano (dos polisacáridos presentes en organismos como crustáceos, insectos y hongos) han despertado un creciente interés por sus múltiples propiedades funcionales y aplicaciones potenciales en áreas tales como, por ejemplo:
Al respecto, el académico del Departamento de Ingeniería en Alimentos de la Universidad de La Serena, Ronny Martínez, lidera actualmente un proyecto que busca explorar todas las atractivas potenciales presentes en este campo. La iniciativa, en la que también participa la académica del departamento de Química de la Universidad de La Serena, Claudia Bernal, se denomina “Towards enzyme-based chitosan production from shrimp processing waste: Improving the performance of chitinase and chitin deacetylase using enzyme engineering” y forma parte del proyecto FONDECYT 1230483. Tal como explica el Dr. Martínez, este proyecto busca impulsar el desarrollo de procesos biotecnológicos más sustentables, para obtener quitina a partir de residuos de crustáceos generados en la Región de Coquimbo y transformarla en quitosano. Para tales efectos “se utilizan enzimas que permiten reemplazar los métodos químicos tradicionales, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y económico de su producción, generando compuestos con propiedades útiles para distintas aplicaciones”, detalla el académico e investigador. El Dr. Martínez, PhD en Ingeniería Bioquímica, también detalló que “la quitina es un polisacárido formado por largas cadenas de azúcares llamados N-acetilglucosamina y cuando a esas unidades se les elimina el grupo acetilo, se transforman en glucosamina, con la cual se forma el quitosano”. A diferencia de la quitina, el quitosano es soluble en soluciones ácidas y forma geles, lo que amplía sus aplicaciones en diversas áreas industriales, incluyendo la formulación de alimentos con propiedades funcionales. Sin embargo, su obtención tradicional se realiza mediante procesos químicos intensivos con ácidos y alcalinos concentrados, que son de alto costo y, al mismo tiempo, poco sustentables. Frente a este escenario poco favorable, el proyecto liderado por el Dr. Martínez busca desarrollar métodos más sustentables para transformar la quitina en quitosano mediante el uso de enzimas, “ya que estas son proteínas que catalizan reacciones químicas que permiten modificar estos compuestos”. Esto permite, por ejemplo, “convertir quitina en quitosano de bajo peso molecular, pero en condiciones mucho más amigables desde el punto de vista económico y medioambiental, en comparación con los procesos químicos tradicionales”, enfatizó el académico e investigador. ECONOMÍA CIRCULAR Por su parte, la doctora en Ciencias Químicas, Claudia Bernal, recalcó que uno de los aspectos más importantes de esta investigación radica en que la quitina se encuentra en el exoesqueleto de crustáceos e insectos, y en los hongos. Esto abre múltiples e interesantes oportunidades para obtenerla a partir de descartes de la producción de crustáceos, que hoy no son revalorizados de manera conveniente. “Aunque durante décadas recibió menos atención que la celulosa, la cual está presente principalmente en las plantas y es el polímero natural más abundante del planeta, hoy existe un creciente interés en la quitina y su derivado, el quitosano, debido a sus valiosas propiedades como material, sus aplicaciones funcionales y a que no tiene compromiso con la seguridad alimentaria”, explica la Dra. Bernal. “Sin embargo -añade-, para que este gran potencial sea aprovechado se requiere del estudio de procesos químicos sustentables y eficientes, los cuales pueden lograrse desde la biocatálisis que es lo que busca este proyecto”. DESAFÍOS Respecto de los objetivos de mediano y largo plazo, el Dr. Martínez afirma que uno de los principales desafíos radica en que muchas enzimas aún no están preparadas para procesos industriales, porque son más sensibles que los métodos químicos. “(Las enzimas) Funcionan solo en rangos específicos de temperatura, pH y salinidad, y si cambian esas condiciones, pueden desactivarse, lo que dificulta su uso a gran escala”, detalla. Por ello, aunque estos procesos pueden realizarse en laboratorio, a nivel industrial todavía se utilizan métodos químicos. El investigador también precisa que muchas de estas enzimas no están disponibles en las cantidades necesarias para la producción a gran escala, donde se requieren gramos o incluso kilos para que el proceso sea viable. Para enfrentar estas limitaciones, el proyecto trabaja en la producción y mejoramiento de enzimas mediante ingeniería de proteínas. Esto permite generar miles de variantes mediante mutaciones, para luego seleccionar las que muestran mejor desempeño en condiciones industriales, de manera que puedan incorporarse al sistema productivo. “Tras tres rondas de screening, produciendo miles de versiones de la enzima con mutaciones al azar, logramos identificar una nueva versión de la enzima quitosanasa, que tiene mayor estabilidad a alta temperatura (54°C) y mayor capacidad para degradar quitosano en cadenas cortas y solubles”, puntualiza el Dr. Martínez. Las mutaciones identificadas en esta nueva variante, y las potenciales explicaciones del mecanismo de mejora a nivel molecular, serán reportadas prontamente en revistas científicas, “mientras que hay aplicaciones específicas de la quitosanasa que pueden tener relevancia comercial en el corto plazo”, agrega. COLABORACIÓN Otro aspecto destacado del proyecto, consiste en el trabajo conjunto realizado con la empresa regional Crustanic, que produce quitosano a partir de residuos de camarones y langostinos procesados en la Región de Coquimbo. “Para la industria, es atractivo producir quitosano con enzimas, pero las empresas no tienen la capacidad de desarrollarlas por sí solas. Ahí entra la academia, aportando investigación y desarrollo para generar estas herramientas biotecnológicas”, enfatiza el líder del proyecto. El Dr. Martínez también detalla que “este trabajo busca obtener quitosanos más pequeños y solubles, lo que facilita su uso en aplicaciones como la agricultura, evitando problemas como la formación de sólidos que pueden obstruir sistemas de riego y mejorando la funcionalidad del producto”. El investigador hizo hincapié, además, en los beneficios a largo plazo de esta iniciativa, “porque abre la posibilidad de que en el futuro podamos aprovechar miles de toneladas de residuos de la industria de camarones y langostinos que hoy se descartan”. De hecho, en la actualidad hasta 80% de los ejemplares capturados en ríos y océanos, termina como desecho, generando altos costos económicos y ambientales. “Esos residuos pueden transformarse en nuevos bioproductos de alto valor, que es algo que nos gustaría mantener a través del proyecto SATREPS de Recuperación de Bioproductos de Alto Valor, para Aumentar la Sustentabilidad de la Industria Pesquera en Chile (ReBiS), que lidero junto a colegas de la Universidad de La Serena y la UCN”, precisa el Dr. Martínez. GALERIAOTROS REPORTAJES |
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