esde los albores de la civilización, los cereales han sido un alimento básico para el hombre. De hecho, los registros históricos indican que los primeros imperios de la Era Antigua prosperaron, en parte, gracias al cultivo de cereales en los fértiles valles del Nilo, el Tigris, el Éufrates y el Indo. Esta crucial importancia ha perdurado hasta la actualidad. Tanto que hoy los cereales son parte esencial de la llamada “dieta mediterránea” (a base de vegetales y sólo con pequeñas cantidades de carne de vacuno y ave), dado que son alimentos ricos en hidratos de carbono, una de las principales fuentes de energía para el organismo. Claro que su importancia también radica en su extensa variedad de especies, entre las que se cuentan trigo, arroz, maíz, cebada, avena, centeno, sorgo, mijo y triticale (cruza entre maíz y centeno), entre otras. Esta diversidad permite, asimismo, que los cereales se utilicen como materia prima para elaborar una amplia gama de alimentos y bebidas, incluyendo pan, pastas, bollería, pastelería, galletas y confites, productos para el desayuno, barras energéticas, suplementos nutritivos, sucedáneos de café, cerveza y whisky. Pero su valor también proviene del gran aporte nutricional que brindan a la salud de las personas. De hecho, los expertos coinciden en que los cereales son uno de los alimentos más completos de la naturaleza y, por ello, deben ser consumidos a diario. Más aún, los especialistas enfatizan que su alto valor nutricional mejora cuando se combinan entre sí, o bien con otros productos de la pirámide alimentaria, como legumbres o alimentos de origen animal. COMPOSICIÓN Los granos de cereal tienen, en general, la siguiente composición común: ● Las cubiertas o envolturas, formadas por fibra y ricas en vitamina B1. Por lo general se retiran durante la molienda que forma parte del proceso de refinado, y de ellas se obtiene el salvado. Si, por el contrario, se dejan intactas, se dice que el cereal es integral. ● El núcleo, es la parte más grande del grano (equivale al 75% de su peso) y está compuesto por almidón y proteínas especiales. ● La aleurona, es la envoltura del núcleo y su importancia nutricional radica en su contenido de proteínas de alto valor biológico. ● El germen o embrión, es de elevado contenido en proteínas, grasas insaturadas, vitamina B1 y E, y algunos minerales esenciales. Si bien todos los cereales constituyen por sí mismos una gran fuente de nutrientes para el cuerpo, también es importante destacar que, si durante el proceso de molienda-refinado se quitan el germen y la aleurona, se reduce significativamente su contenido de vitamina B1, minerales y fibra vegetal. Ello redunda en un menor valor nutritivo. BENEFICIOS PARA LA SALUD Los cereales son muy apreciados por su aporte energético, dado que contienen gran cantidad de hidratos de carbono, sobre todo en forma de almidón. No en vano, deportistas de élite como triatletas y fondistas, consumen grandes cantidades de cereal antes de una competencia importante. Además, son ricos en proteínas, vitaminas del grupo B (tiamina, riboflavina y niacina fundamentalmente), y fibra, todo lo cual aporta un balance óptimo en aminoácidos esenciales. Contienen, asimismo, una pequeña proporción de minerales como fosforo y potasio, y en menor proporción, magnesio, calcio y hierro. A esto se suma otra pequeña proporción de grasas, fundamentalmente del tipo ácidos grasos insaturados. Según explica Delia Ghiardo, nutricionista de Clínica Las Condes, “los alimentos considerados como cereales aportan energía en forma principalmente de carbohidratos tipo almidones, los cuales son utilizados como glucosa por nuestro organismo, principalmente el cerebro, los músculos esqueléticos, los músculos respiratorios y el corazón, entre otros. Además, son fuente de fibras, si estos son integrales y aportadores de vitaminas y minerales”. Punto de vista que comparte la doctora Verónica Irribarra, nutrióloga de UC CHRISTUS, quien precisa que “los cereales son principalmente una fuente de energía, pero también aportan proteínas, fibra y minerales”. La doctora Irribarra puntualiza asimismo que “en general los cereales son alimentos de bajo costo por lo que son fácilmente accesibles, y la forma de prepararlos incide en los aportes nutritivos. Es decir, tendrán diferentes aportes de fibra si se trata de un cereal refinado o uno integral”. Estas características les permiten ser considerados los alimentos más completos después de la leche, a lo cual se suma el hecho de que se consideran básicos por su alta disponibilidad y bajo costo, en comparación con la cantidad de calorías y proteínas que proporcionan. Aunque básicamente los cereales son parte de un misma familia, existen algunas diferencias basadas en el contenido de fibra y de sales minerales de cada especie. Desde este punto de vista, la avena es el cereal más rico en fibra. El trigo, el maíz, la cebada y el centeno, en tanto, son fuentes ricas en hidratos de carbono, aunque su respectivo valor nutritivo varía de acuerdo con cada especie. EL ALTO VALOR DE LO INTEGRAL Si bien una dieta variada y equilibrada siempre debe incluir todo tipo de cereales, es importante recordar que, durante el proceso de refinado al que se les somete (para fabricar harinas, por ejemplo), estos pueden perder fibra insoluble, sales minerales y vitaminas. Por ello, los especialistas recomiendan consumir, en la medida de lo posible, cereales de grano entero o integrales. Y siempre, en el formato más natural disponible, sin agregados artificiales o ultraprocesados (como ocurre, por ejemplo, con los productos de pastelería y los denominados “cereales para el desayuno”, que suelen ser de muy alto contenido en grasas y azúcares y por ello, tienen escaso valor nutritivo). “Se prefiere el aporte de cereales integrales, porque al refinarlos se pierden elementos nutritivos”, destaca la doctora Verónica Irribarra. “Los cereales integrales -añade-, conservan todas sus capas y mantienen la fibra, vitaminas del grupo B, vitamina E, minerales y proteínas. En cambio, los cereales refinados conservan sólo el almidón que está en el endosperma”. Por su parte, Daniela Ghiardo enfatiza que “los cereales integrales son protectores de la salud, ya que nos ayudan a mantener niveles saludables de colesterol, de glucosa y (regulan) el tránsito intestinal”. “Además, producen mayor sensación de saciedad, contribuyendo al control del apetito y mantienen el equilibrio de la Microbiota de nuestro intestino, lo que también es un factor protector de nuestra salud”, agrega la profesional de Clínica Las Condes. PRODUCCIÓN MASIVA Actualmente los cereales que más se consumen y producen en el mundo son el trigo, el arroz y el maíz. De hecho, el trigo es el más ampliamente cultivado, ya que es uno de los ingredientes más característicos de la famosa “Dieta Mediterránea”, por su alto contenido de vitaminas, principalmente del grupo B y E, a lo cual se suman minerales como potasio, fósforo, magnesio y calcio. El arroz, en tanto, se compone mayoritariamente de hidratos de carbono. Casi no tiene grasas y aporta mayormente vitaminas, sobre todo del grupo B, ácido fólico y minerales como el potasio. En cuanto al maíz, se destaca a su vez por el contenido de vitaminas del grupo B y E. También se puede incorporar en este grupo a los denominados “pseudocereales”, entre los que destacan el trigo sarraceno y la quinoa. Si bien técnicamente no son cereales, se producen y consumen del mismo modo que los cereales tradicionales. La doctora Irribarra de UC CHRISTUS destaca, precisamente, el valor de la quinoa, dado “que es muy relevante por su importante aporte de proteínas, y (por esta condición) se le ha denominado un superalimento”. IMPACTO DEL GLUTEN Si bien todas las personas pueden y deben consumir a diario todo tipo de cereales, en diferentes formas (como pan, arroz o pastas, entre otros), quienes son intolerantes al gluten (conjunto de proteínas contenidas en las semillas de algunos cereales de secano) deben eliminar un grupo importante de ellos de su dieta, incluyendo el trigo, la cebada y la avena. Sin embargo, existen algunos cereales que no contienen gluten, como es el caso del maíz, el arroz, el mijo o la quinoa, entre otros. Aunque se trata de una contraindicación concreta, los especialistas también advierten que en los últimos años se ha extendido la tendencia injustificada de eliminar el gluten de la dieta, sin que exista ninguna razón médica para ello. En tal sentido, es importante recordar que, de no existir alguna intolerancia u otra contraindicación real, no es conveniente suprimir de la dieta diaria ni a los cereales ni a ningún otro producto que forme parte de la “Pirámide de la Alimentación Saludable”. Por ello, aunque se sospeche la presencia de una intolerancia alimentaria, como la enfermedad celíaca por ejemplo, nunca hay que actuar en forma precipitada ni menos copiar conductas sociales “de moda”. Por el contrario, es indispensable concurrir primero a un especialista que ordene los exámenes pertinentes e indique, luego, el diagnóstico y tratamiento más apropiado para cada caso particular. Quienes no sufren de esta contraindicación clínica pueden incorporar a su dieta cotidiana cualquier tipo de cereal, respetando siempre la porción máxima recomendable que corresponda. En estos casos donde no hay ninguna restricción, la cantidad máxima de cereales que se recomienda consumir al día “responde más bien a una proporción de aportes de hidratos de carbono”, explica la doctora Irribarra. “En general el aporte de hidratos de carbono varía entre un 45 a 65% de las calorías totales (que se deben ingerir al día), pero (todo) depende de los requerimientos (de cada persona) según la actividad física que se desarrolle. Las personas que hacen deporte necesitan una mayor proporción en relación a sus episodios de entrenamiento”, agrega la especialista de UC CHRISTUS. A su vez, y a modo de recomendación general, Daniela Ghiardo de Clínica Las Condes, detalla que toda persona activa, deportista o que se encuentre en etapa de crecimiento, “requerirá mayor cantidad diaria de cereales, que en un adulto sedentario”. GALERÍA
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En un mundo azotado por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos adversos, este método surge como el más viable para que el sector agropecuario reemplace sus modelos invasivos y contribuya efectivamente a reparar la riqueza orgánica y la biodiversidad de los suelos, regenerando así su capacidad para entregarnos alimentos nutritivos y saludables. ás allá de los slogans o de las frases políticamente correctas, la lucha contra los efectos del cambio climático exige trabajo constante y compromiso permanente de manera transversal. Esta premisa es particularmente relevante para el sector agropecuario, que según recientes estudios del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), es responsable del 23% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Dato extraordinariamente significativo, si se toma en cuenta que más de 5.000 megahectáreas, equivalentes a 38% de la superficie de nuestro planeta, se destinan a tierras de cultivo (un tercio del total), o bien a praderas y pastizales para ganadería (dos tercios). Por ello, no es extraño que este sector, vital para producir los alimentos que garantizan la supervivencia de la humanidad, sea a la vez el principal afectado por los fenómenos climáticos adversos extremos cada vez más frecuentes en todo el mundo, como megasequías, tormentas intensas y heladas fuera de temporada, entre otros. Contingencia aún más grave si se considera que los mismos estudios de FAO estiman que alrededor de 33% de los suelos agrícolas del mundo se encuentran moderada o altamente degradados, incluyendo las tierras de clase I y II, que ya muestran niveles medios o altos de compactación. Ante este complejo escenario, numerosos científicos y especialistas internacionales plantean, cada vez con más energía, la necesidad de implementar cambios radicales en las estrategias de cultivo. De este modo se contrarrestarán de mejor forma los devastadores efectos del agotamiento de los suelos, la deforestación, la escasez hídrica y los desequilibrios biológicos causados por la actividad agropecuaria intensiva. Si bien, la mayoría de los agricultores estima que la mejor forma de encauzar estos esfuerzos, consiste en acelerar la transformación tecnológica del sector, tal como también lo ha manifestado el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker; otro grupo importante de expertos a nivel mundial considera que la estrategia más adecuada para enmendar el rumbo y recuperar el equilibrio biológico de la tierra, esencial para “la salud del planeta”, es cambiar el actual modelo de producción invasiva por otro conocido como “agricultura regenerativa”. “Gran parte de los problemas actuales se asocian a la parte física, como la compactación de suelos y a la parte química, como manejo de pesticidas y fertilizantes sintéticos. Pero nunca tomamos en cuenta la parte biológica de esta ecuación. Es un error, porque el suelo está vivo y respetar ese equilibrio biológico es esencial para restaurar la riqueza orgánica y la biodiversidad de los suelos, y así regenerar su capacidad para entregarnos alimentos saludables”, destaca Rodrigo Sapiaín, ingeniero agrónomo y director de la empresa consultora agrícola AIN. ¿QUÉ ES LA AGRICULTURA REGENERATIVA? La agricultura regenerativa no es un concepto nuevo. De hecho, sus orígenes se remontan a la década de 1980, cuando The Rodale Institute (líder mundial en estudios de agricultura orgánica) publicó sus primeras investigaciones sobre uso y degradación de suelos agrícolas. En esa época, los trabajos académicos destinados a optimizar la producción agropecuaria se centraban principalmente en determinar y prevenir los efectos negativos de pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos en la salud humana. Sin embargo, pronto esos primeros esfuerzos dieron paso a un nuevo campo de estudio, relacionado directamente con el diseño y aplicación de nuevas estrategias de cultivo que ayudasen a combatir los efectos en el medioambiente de la producción agroindustrial intensiva. En especial, controlar la emisión de GEI y reducir la huella de carbono de este tipo de actividades en todo el mundo. Esto permitió determinar con mayor certeza el concepto de agricultura regenerativa como el uso de diferentes técnicas de cultivo destinadas a reconstruir la materia orgánica y la biodiversidad del suelo. Todo ello con el objetivo de revertir los efectos generados por el calentamiento global y la sobreexplotación de los suelos. Hoy los especialistas coinciden en que esta agricultura se traduce en suelos más saludables y en cultivos con más capacidad de absorber nutrientes y de resistir condiciones climáticas adversas (como las tormentas causadas por “ríos atmosféricos que azotaron el centro-sur de Chile en 2023 y 2024). Consecuentemente, esta técnica se posiciona como la herramienta más efectiva para reparar los daños generados por la agricultura industrial tradicional, y reducir sustancialmente su huella de carbono. “Si logramos aplicar estas técnicas con éxito, lograremos un cambio muy importante -destaca Rodrigo Sapiaín-, sobre todo en frutales leñosos de hoja caduca, aunque teóricamente esta agricultura también puede aplicarse a todo tipo de cultivo, e incluso a la producción ganadera”. IMPACTO GLOBAL A nivel mundial, uno de los principales impulsores de la agricultura regenerativa es The Regen Academy, fundada por el agricultor e ingeniero agrícola Francesc Font, que actualmente se dedica a realizar diversos cursos y programas de capacitación en todo el mundo. En Chile, en tanto, desde hace una década existen diversas iniciativas asociadas a la implementación de agricultura y ganadería regenerativa. Algunas de ellas son impulsadas por Organizaciones No Gubernamentales como Regenerativa; y otras por entidades internacionales estratégicas, como Rabobank, que actualmente está muy comprometido en apoyar a los pequeños productores agropecuarios que deseen sumarse a esta tendencia. Cambio que además se alinea con las nuevas tendencias sustentables de producción de alimentos que exige la población y que ya han comenzado a implementar gigantes de la comida mundial, como Nestlé, PepsiCo y Wallmart, entre otros, quienes ya anunciaron planes para exigir que, en el corto a mediano plazo, sus proveedores solo utilicen, precisamente, sistemas de agricultura regenerativa. ¿CUÁLES SON SUS TÉCNICAS? Si quisiéramos representar la agricultura regenerativa de manera práctica, tendríamos que imaginar, por ejemplo, a una empresa agrícola X que agotó los recursos del suelo en una zona del país, y que en lugar de expandirse a otras áreas, deforestando o alterando el medio ambiente, prefiere invertir en la reconstrucción de los suelos degradados, mediante estrategias regenerativas, sustentables y circulares. Esto no necesariamente implica uso de tecnología de punta, sino más bien de técnicas que combinan lo que para muchos expertos es “sentido común biológico” y “sabiduría telúrica ancestral”. De este modo, aplicar agricultura regenerativa implica una serie de cambios radicales y sustancialmente opuestos a las técnicas que tradicionalmente se han utilizado para trabajar la tierra. Estos cambios se ciñen a los siguientes principios: Reducir el daño biológico de los suelos: Esto implica, entre otras acciones, no arar la tierra y eliminar cualquier producto químico que pueda dañar a los microorganismos que viven en ella (como pesticidas y fertilizantes sintéticos). Esto reducirá la emisión de carbono a la atmósfera, evitará la compactación de los suelos y mejorará su nutrición e infiltración. Cubrir el suelo con material vegetal: Se debe permitir el crecimiento de una cubierta vegetal limitada, que puede variar en tipo y extensión, dependiendo de cada cultivo. Esto mejorará la retención del agua de riego, prevendrá la erosión de la tierra y aumentará la calidad de los suelos. Promover la biodiversidad: No hay que eliminar a los insectos u otros organismos que vivan cerca de las raíces, pues la diversidad biológica es esencial para cuidar la salud de los suelos y mejorar la capacidad de las plantas para absorber más nutrientes. Mantener las raíces vivas en el suelo: Es imprescindible sembrar semillas de cobertura antes de eliminar las raíces. Así se mantendrá el ciclo del agua y de los nutrientes. Integrar a los animales: Los expertos aseguran que el pastoreo sobre los cultivos de cobertura, es muy útil para fertilizar la tierra en forma natural. Además, ayuda a prevenir en forma natural los efectos de cualquier tipo de plaga. VENTAJAS Y DESVENTAJAS Aunque muchas de estas acciones, así como los principios que las sustentan, pueden parecer sorprendentes e, incluso, incomprensibles para los agricultores, su impacto tanto en el corto como largo plazo es extraordinariamente positivo para la salud de los suelos y la calidad los cultivos. En términos concretos algunas de las ventajas más importantes de la agricultura regenerativa son las siguientes: ● Permite contar con suelos más saludables y con mayor capacidad productiva. ● Ayuda a producir alimentos con mayor carga nutricional y libres de los químicos presentes en pesticidas y fertilizantes sintéticos. ● Aumenta la biodiversidad del suelo y de las zonas donde se desarrolla la actividad agrícola. ● Contribuye a purificar el medio ambiente. ● Ofrece mejores condiciones de vida para las comunidades agrícolas. Todo esto se traduce en numerosos efectos positivos para el medio ambiente y, en especial, para reducir la emisión de GEI, que son los principales impulsores del cambio climático. “Podemos fijar cantidades de carbono muy importantes que hoy se emiten libremente a la atmósfera, que dependiendo del tamaño del huerto incluso pueden superar las 20 toneladas por año”, enfatiza Rodrigo Sapiaín. “Además -agrega-, podemos disponer in situ de todo lo que la planta necesita para vivir, como la propia materia orgánica”. En términos concretos esto implica revivir la biología de los suelos, eliminar el principal factor que incrementa el cambio climático y, además, ayudar a que el agricultor ahorre recursos. “Por eso es tan importante que rompamos los paradigmas actuales respecto de que todo debe hacerse con insumos artificiales”, recalca el experto chileno. EDUCAR PARA REVIVIR LA TIERRA Si bien esta transformación puede ser muy compleja, pues implica adquirir nuevos conocimientos y habilidades, además de contar con visión estratégica y paciencia para entender que se requiere trabajar a largo plazo; para los expertos es un paso que el sector debe dar lo antes posible, más allá de que los agricultores utilicen, o no, todas las herramientas de la agricultura regenerativa. Al respecto, Rodrigo Sapiaín enfatiza que esto “no se trata solo de llegar y plantar maleza, por ejemplo, pues cada cultivo requiere una cubierta vegetal distinta, y claramente hay zonas donde no se puede aplicar por la falta de agua”. “Por eso -explica- se requiere un intenso programa de capacitación orientado a todo el mundo agrícola, para que sus protagonistas aprendan a no disturbar el suelo, a incorporar fertilizantes orgánicos, a fomentar la biodiversidad mediante el uso de la cubierta vegetal más adecuada para sus campos, y a respetar la vida orgánica y microorgánica del suelo”. En su opinión, probablemente en algunos suelos bastará utilizar solo algunas de las herramientas de la agricultura regenerativa, mientras que en otros habrá que “utilizar un tratamiento de choque”, pero lo esencial en actuar ahora, entregando apoyo técnico y teórico a los agricultores. “Evidentemente es un proceso complejo, porque para muchos agricultores implica trabajar de manera completamente distinta -añade-, pero si la estrategia se aplica en forma correcta obtendrán beneficios económicos concretos y generarán un impacto extraordinariamente positivo para la salud de las personas y del planeta”. Conclusiones que permiten a los expertos asegurar que la agricultura regenerativa es “la vía” del futuro, considerando que hoy lo único cierto dentro de la incerteza del cambio climático, es que nos seguirá afectando cada vez con mayor fuerza. GALERÍAEn medio del paisaje más árido del mundo, un valeroso programa pionero ha promovido el desarrollo de agricultura extrema, que en poco tiempo ha permitido desarrollar diversos productos gourmet con identidad local, cuyo posicionamiento ha fomentado la sostenibilidad, el talento innovador regional y liderazgo femenino. n pleno corazón del árido e inhóspito desierto de Atacama, donde la vida desafía a diario los límites de la resistencia, y el sol domina el paisaje, florece una revolución silenciosa que parece ir más allá de los límites de la lógica humana. Se trata del Programa Territorial Integrado (PTI) “Agroalimentos del Desierto”, iniciativa impulsada por el Comité Corfo Antofagasta, y agenciado por GEDES, que ha convertido las condiciones extremas del norte chileno en una oportunidad para la innovación agroalimentaria. El PTI “Agroalimentos del Desierto” se alinea con políticas nacionales y regionales que promueven la diversificación productiva en zonas áridas, como el Programa Transforma Alimentos, la Estrategia Regional de Innovación (ERI), la Estrategia Regional de Desarrollo (ERD) y el Plan Regional de Gobierno 2021–2024. Este último refuerza la visión de una economía basada en pymes con valor agregado, articulando sectores líderes e incipientes, y priorizando el desarrollo de laboratorios naturales (como la agricultura del desierto y la biotecnología en ambientes extremos), así como el turismo especializado, las energías renovables, el uso sostenible del agua y la consolidación de un hub logístico bioceánico. El PTI fue aprobado en noviembre de 2021, a partir de un diagnóstico que identificó doce brechas estructurales que limitaban el desarrollo de la agricultura en zonas áridas de la región. Esta son las siguientes: ● Falta de coordinación y de objetivos comunes entre actores del rubro. ● Escasa formalización de los productores. ● Baja profesionalización y ausencia de conocimientos técnicos. ● Carencia de profesionales especializados en agricultura del desierto. ● Discontinuidad en proyectos del sector. ● Escasez hídrica. ● Débil difusión de buenas prácticas agrícolas. ● Dificultades de comercialización, ● Bajo nivel de emprendimiento y agregación de valor. ● Restricciones de financiamiento e inversión. ● Lenta adopción de tecnologías. ● Escasa inversión en I+D+i. ● Baja calidad de suelos y agua. La hoja de ruta, que contempla tres periodos de gestión y finaliza en septiembre del año 2025, fue diseñada con el propósito de abordar las brechas identificadas anteriormente, en coherencia con la Estrategias Regionales y con el objetivo de posicionar al desierto como un laboratorio natural. Es así como desde 2021, el programa ha articulado a actores del mundo público, privado, académico y comunitario, para fortalecer la cadena de valor agroalimentaria, poniendo especial énfasis en el procesamiento y generación de valor agregado en productos con identidad local. La gobernanza, participativa y basada en un enfoque de cuádruple hélice, ha integrado a instituciones públicas, privadas y académicas, entre ellas: Gobierno Regional, Seremi de Agricultura, INDAP, INIA, FIA, Aguas Antofagasta, SQM, CODELCO, Fundación RONDO, representantes de las cuatro comunas de intervención, así como la UCN —a través de CEITSAZA— y la UA, junto al Centro de Bionnovación. PRIMEROS OBJETIVOS Durante su primera etapa, el programa identificó y categorizó a los productores del litoral y la zona altiplánica, generando una base sólida para la intervención. Esta caracterización reveló una geografía productiva diversa, que se extiende desde las comunas de San Pedro de Atacama hasta Taltal, incluyendo también Antofagasta y Calama, y abarcando sectores periurbanos, entre ellos Altos La Portada y zonas rurales como Toconao. ● En el altiplano y la precordillera, predominan los cultivos tradicionales como papa y maíz, hierbas medicinales, frutas y hortalizas; Y de igual manera destaca la producción de licores, vinos, mermeladas y arropes. ● En la zona litoral, en tanto, se encuentran el aceite de oliva, las hortalizas de hoja, las flores comestibles y los productos en conserva y deshidratados. ● En los sectores periurbanos, a su vez, como Altos La Portada y La Chimba, el enfoque está en cultivos hidropónicos y microgreens que se realizan mediante tecnologías controladas. Este mapeo territorial ha permitido orientar las acciones técnicas del programa de acuerdo con las condiciones agroecológicas y las potencialidades comerciales de cada zona. A lo largo del primer periodo, se ejecutaron diversas actividades clave orientadas a fortalecer las capacidades productivas y de gestión del ecosistema agroalimentario regional. Entre ellas se incluyeron asistencias técnicas para el mejoramiento competitivo de la oferta hidropónica en las comunas de Antofagasta y Taltal, que incorporaron mejoras en etiquetado mediante la inclusión de tablas nutricionales, sellos “Altos en…”, ficha técnica del producto y remasterización de logos. Además se brindó asesoría para la elaboración de un plan de autogeneración eléctrica sustentable para emprendimientos silvoagropecuarios, y se entregó apoyo para el fortalecimiento de cooperativas agrícolas a nivel rural o comunal. También se diseñó un plan regional de regularización sanitaria para emprendimientos agrícolas rurales y comunitarios, junto con entregar asesoría legal para la regularización de terrenos de uso agrícola en productores vitivinícolas de la comuna de San Pedro de Atacama. En paralelo, se llevó a cabo un ciclo de charlas que abordó temáticas como diseño de imagen y packaging, manejo de redes sociales, estrategias de marketing, creación de empresas en un día y formalización ante el SII, además de una charla especializada en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Se diseñó, así mismo, un programa de formación y certificación de competencias laborales en los sectores agrícola y alimentario, y se elaboró el primer catálogo digital regional de la oferta de agro productos de la Región de Antofagasta. A También se participó en una Feria de la Vendimia en San Pedro de Atacama, donde se visibilizaron productos locales con identidad territorial. Complementariamente, se realizó una gira de prospección a centros de innovación gastronómica en Santiago, se llevaron a cabo jornadas de intercambio técnico-productivo entre emprendedores del litoral y del altiplano, se organizó una ronda comercial para vincular oferta y demanda, y se desarrolló una actividad de cierre con balance de resultados y proyección estratégica. Estas acciones permitieron dinamizar la red de actores del ecosistema agroalimentario del desierto, y sentaron las bases para el crecimiento sostenido del programa en sus etapas siguientes. PASOS DE EXPANSIÓN La segunda fase del programa permitió intensificar el trabajo territorial con más de diez actividades destacadas. Entre ellas se incluyeron sesiones de gobernanza, la evaluación del potencial gastronómico local y un ciclo de talleres donde se abordaron temáticas de innovación, fijación de precios, determinación de costos y buenas prácticas agrícolas y de manufactura. Adicionalmente se ejecutó una consultoría de gestión logística y servicios de última milla, tanto a nivel local y nacional, orientada al mercado de demanda gourmet, promovió una consultoría para la formación de liderazgos femeninos, fortaleciendo el rol de las mujeres en la cadena agroalimentaria. Posteriormente se realizó una gira internacional a Costa Rica, que permitió conocer experiencias de agroinnovación en ambientes tropicales, y se desarrolló una asesoría en packaging, explorando diferentes alternativas de envases acordes al concepto y requerimientos de los agroalimentos orientados a la exportación. Además, se impulsaron procesos de mentoring y coaching empresarial, junto con asesorías especializadas en modelos de negocio de triple impacto. Luego se desarrolló el segundo Catálogo Digital Regional de productos, que amplió la visibilidad de la oferta local. Hitos relevantes fueron el trabajo colaborativo entre los emprendimientos Stück y Dalay, que marcó un precedente en el desarrollo conjunto de productos gourmet, así como la vinculación con el Instituto AIEP, que permitió articular acciones formativas y técnicas con el ámbito académico, reforzando la sostenibilidad del modelo. Muy trascendente ha sido también la articulación con actores claves que han fortalecido el desarrollo del programa y su vinculación estratégica con el sector turismo, especialmente a través de la promoción de productos con identidad local en espacios como la vitrina de Ladera Sur junto al Servicio Nacional de Turismo, Sernatur, de la región de Antofagasta. Finalmente se consolido un Programa de Formación de competencias que certificó a siete productores de Altos la Portada en las Buenas prácticas agrícolas (BPA). IMPULSO PARA EL TALENTO REGIONAL Uno de los elementos más destacables del programa ha sido su enfoque inclusivo y territorial, pues más del 66 % de las organizaciones beneficiarias están lideradas por mujeres, quienes han asumido un rol protagónico en el desarrollo de productos con identidad cultural, valor agregado y proyección gourmet. Esta perspectiva ha sido clave para la sostenibilidad social del modelo, al integrar saberes ancestrales con tecnología moderna. Algunos casos de éxito son los Vinos Ayllu, Licores Don Mateo, Sabores Escondidos, Tomates Verdes, Stuck Chocolates y Kenko Vida, que reflejan el impacto tangible del PTI. Estas iniciativas han logrado formalizarse, mejorar sus empaques, acceder a ferias nacionales e incluso aspirar a la exportación. Por ejemplo, Ada Zuleta, de Ckachi Hoiri, llevó sus mermeladas artesanales con rica-rica y rosa de Jere al Centro de Innovación Gastronómica de INACAP en Santiago, donde chefs profesionales validaron su potencial gourmet. Entre otras iniciativas destacadas se encuentra Licores Don Mateo y Kenko Vida, empresa dedicada a alimentos fermentados, seleccionadas como parte del Catálogo de Innovación Alimentaria de Transforma Alimentos en los años 2023 y 2024 respectivamente. Asimismo, la productora Apicultura Pereira ha incorporado terapias respiratorias con aire de colmena, fortaleciendo además el vínculo entre apicultura y polinización agrícola. A su vez, la Cooperativa Campesina Lickanantay, enfocada en la producción de vinos de altura, constituye otro ejemplo concreto del alcance y profundidad del programa. El PTI también ha destacado por su impulso a la asociatividad y la comercialización. En esta línea, ha organizado participaciones en la Feria Espacio Food & Service (2023 y 2024), el evento alimentario más importante de Chile, llevando a más de diez emprendedores de Taltal, Antofagasta, Calama y San Pedro de Atacama. A través de su cuenta oficial de Instagram, el programa ha fortalecido su visibilidad y vinculación con la comunidad. Es así como en esta red social se difunden testimonios de beneficiarios —como el de Dalay Noemí—, videos de talleres de costos en San Pedro de Atacama, visitas a productores de Calama, y muestras de productos como bombones rellenos de peras al vino con arrope de chañar. Esta estrategia digital ha permitido mostrar la riqueza del territorio en formatos visuales accesibles, incrementando el reconocimiento del proyecto tanto a nivel regional como nacional. Durante el tercer año, actualmente en ejecución, el trabajo del PTI apunta a la apertura de mercados, la participación en ferias especializadas y la internacionalización de la oferta regional. Para ello se realizaron sesiones de gobernanza, el acto de adjudicación de fondos del programa Desarrolla Inversión 2024, y se participó en instancias relevantes como el Encuentro de Turismo Costero y la Feria Mipyme. También se organizaron mesas técnicas, visitas a beneficiarios en Altos La Portada, y diversas acciones de vinculación productiva y territorial. Entre las actividades destacadas del plan de trabajo de esta etapa se incluyen la elaboración de una plataforma virtual inmersiva, la actualización del Catálogo Regional de Agroalimentos del Desierto y un nuevo ciclo de talleres formativos, enfocados en fortalecer capacidades de gestión y comercialización. Asimismo, se han desarrollado talleres como "Marca Chile" y "Región Antofagasta: un universo por descubrir", que han contribuido al posicionamiento territorial de la oferta agroalimentaria. En cuanto a innovación tecnológica, el PTI ha abordado temas como el uso de bioestimulantes para mejorar suelos áridos. En paralelo, se diseñó una tercera versión del catálogo digital regional que permite posicionar los productos de los beneficiarios y facilitar su ingreso a nuevos mercados especializados. Además, coorganizó el Congreso Agropecuario junto a SQM Litio, instancia en la que productores del desierto presentaron sus productos y el trabajo realizado. El programa ha fortalecido el tejido productivo local, con más de 90 emprendedores beneficiados en el primer año y cerca de 100 al cierre del PTI. Entre los logros destacan la formación de cooperativas, las capacitaciones en comercialización y buenas prácticas, así como la incorporación de identidad cultural en los relatos de marca. Además, se ha generado un impacto positivo en la colaboración interinstitucional lo que ha permitido articular soluciones a problemáticas estructurales del sector. ESCALAMIENTO ROBUSTO Y SOSTENIBLE Es importante mencionar que, junto con el plan de actividades, se desarrolló una cartera de iniciativas de escalamiento competitivo que contribuyeron significativamente al desarrollo de la agricultura y los agroalimentos en el desierto. De este modo, a lo largo de sus tres años de implementación, el programa ha demostrado solidez y resultados concretos en materia de innovación, asociatividad, diversificación productiva e impacto social. Esta experiencia constituye hoy un referente replicable para otras regiones extremas de Chile y América Latina, gracias a su modelo de intervención basado en la articulación público-privada, la activación de economías locales con identidad cultural, y la generación de valor agregado desde territorios tradicionalmente marginados del mapa agroindustrial. Del mismo modo, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, el PTI ha contribuido de manera concreta al ODS 1 (fin de la pobreza), ODS 2 (hambre cero), ODS 5 (igualdad de género), ODS 8 (trabajo decente y crecimiento económico), ODS 12 (producción y consumo responsables) y ODS 13 (acción por el clima), fortaleciendo el ecosistema agroalimentario regional desde una perspectiva resiliente, inclusiva y tecnológicamente adaptada al desierto. Hoy, los Agroalimentos del desierto no solo son una realidad consolidada, sino una propuesta de futuro para una región que ha sabido transformar la adversidad en una plataforma de innovación, identidad y crecimiento sostenible. |
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