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Hace tan solo unos días, el Presidente de la República, José Antonio Kast, encabezó en el Salón O’Higgins del Palacio de La Moneda, la ceremonia de creación del Premio Nacional “Dr. Fernando Monckeberg”. Este reconocimiento, que destacará cada año las iniciativas más sobresalientes en materia de nutrición infantil, promoción de hábitos saludables y prevención de la malnutrición, también honra el enorme legado del facultativo y profesor emérito de la Universidad de Chile, quien hace 50 años implementó las campañas de alimentación para madres embarazadas mediante el consumo de leche fortificada “Purita”. Un aporte que, a la postre, fue decisivo para erradicar de raíz la desnutrición infantil en Chile, y que se suma al apoyo personal que el Dr. Monckeberg también dio a diversas políticas públicas e instituciones, como INTA (de la cual fue fundador) cuya aplicación mejoró significativamente las condiciones de vida de miles de niños y niñas en todo el país. Sin embargo, más allá del homenaje puntual, este reconocimiento también busca proyectar el legado del Dr. Monckeberg hacia los desafíos sanitarios actuales, pues aún cuando Chile logró derrotar a la desnutrición infantil gracias a la implementación de políticas públicas sostenidas, hoy enfrenta una nueva realidad marcada por el aumento del sobrepeso y la obesidad (adulta e infantil). De hecho, la obesidad se ha consolidado como uno de los principales desafíos de salud pública en Chile, pues tal como lo establece el informe Panorama de la Salud 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), actualmente 31% de los adultos chilenos presenta algún grado de obesidad, cifra que supera holgadamente el promedio de los demás integrantes de este organismo internacional, que alcanza a 19%. Esto se traduce, según todas las observaciones médicas, en mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos de salud mental e, incluso, algunos tipos de cáncer, lo que afecta significativamente la calidad de vida de las personas en etapas complejas de la vida. ADVERTENCIA ACADÉMICA En este escenario, que resulta tan paradójico como incomprensible, las instituciones académicas han realizado reiterados y potentes llamados a implementar nuevas acciones e iniciativas que resuelvan en forma definitiva esta situación crítica. Así lo expresa, por ejemplo, la nutricionista del Departamento de Salud Estudiantil de la Universidad de La Serena, Angélica Henríquez Cerna, quien asegura que “la obesidad es una condición compleja y multifactorial, por lo que no puede atribuirse únicamente a conductas propias e individuales de cada persona obesa”. Todo ello implica que tampoco puede abordarse con miradas simplistas o restrictivas, pues aun cuando se ataque uno de los factores causantes, los otros que no hayan sido identificados a tiempo, seguirán impulsando a la persona hacia un círculo vicioso de inacción y escasos resultados. Como primer paso, Angélica Henríquez recalca que entre los factores alimentarios que mayor impacto tienen en el incremento de los índices de obesidad, están la baja ingesta de verduras, frutas, legumbres y otros alimentos de alta calidad nutricional, “así como también un alto consumo de productos procesados y de baja calidad nutricional como bebidas azucaradas, embutidos y alimentos con elevada densidad energética”, añade la especialista. Sin embargo, la nutricionista de la universidad de La Serena enfatiza que “en los casos de malnutrición por exceso también influyen factores sociales, económicos y culturales. El ritmo de vida actual favorece el consumo de comidas rápidas, una alimentación más desorganizada y menos tiempo para cocinar. A esto se suman el sedentarismo, el estrés crónico, la falta de sueño y las desigualdades en el acceso a alimentos saludables”. Según explica la nutricionista, “para revertir esta tendencia es fundamental promover hábitos sostenibles (en lugar de imponer más dietas restrictivas), fortaleciendo la educación alimentaria, el acceso a alimentos saludables y la actividad física regular”. “La evidencia -agrega Henríquez- muestra que los cambios progresivos y mantenidos en el tiempo tienen mejores resultados que las estrategias centradas exclusivamente en la restricción o la pérdida de peso”. Ahondando en este punto, la especialista hace hincapié en que esta problemática requiere un abordaje integral que combine políticas públicas, educación, prevención y atención de salud. “Una de las estrategias más importantes es promover hábitos alimentarios sostenibles desde edades tempranas, junto con mejorar el acceso a alimentos saludables, espacios seguros para la actividad física y programas de salud que integren aspectos nutricionales, psicológicos y sociales”, detalla. Además, Henríquez recalca que es importante avanzar desde un enfoque centrado exclusivamente en el peso hacia uno centrado en salud y bienestar, “promoviendo conductas saludables que puedan mantenerse a lo largo de la vida y evitando intervenciones que favorezcan la culpa, el miedo, el estigma de peso o una relación conflictiva con la alimentación”. FENÓMENO SISTÉMICO Esta combinación de factores de diversa índole, exige, consecuentemente que las acciones diseñadas para revertir este cuadro de prevalencia en la población, requieran la opinión y apoyo de profesionales pertenecientes a distintas áreas del conocimiento. Al respecto, el sociólogo y coordinador General del Área de Formación Integral (AGGDFI) de la Universidad de La Serena, Cristian Blanco, advierte que “la obesidad en Chile es fundamentalmente resultado de un entorno obesogénico (combinación de factores que promueven e incentivan el consumo de alimentos poco saludables y un estilo de vida sedentario), arraigado en la estructura social, económica y urbana del país. “Esto ha permitido que hayamos pasado de la desnutrición en la década de 1970 a las altas tasas de obesidad actuales”, indica el experto. El sociólogo también puntualiza que “la obesidad está fuertemente determinada por la desigualdad de clase y se concentra con mayor fuerza en sectores vulnerables, ya que los alimentos más saludables suelen ser más caros y las clases más acomodadas cuentan con mayor acceso a información nutricional, redes de apoyo y tiempo para cuidar su salud”. Blanco también enfatiza que “la transformación laboral, con jornadas extensas y traslados prolongados, ha generado un sedentarismo forzado, lo que reduce la preparación de alimentos frescos y fomenta el consumo de comida rápida y platos listos para servir”. “Además -agrega- muchos empleos pasaron de requerir esfuerzo físico a desarrollarse principalmente en oficinas y servicios”. Según el sociólogo, otro de los motivos de este escenario es que “los supermercados han desplazado a las ferias libres, aumentando la disponibilidad de alimentos altos en nutrientes críticos, que siguen siendo los más accesibles y rápidos de consumir. “A ello se suma que las bebidas azucaradas, los alimentos altos en calorías y el alcohol siguen siendo parte habitual de la socialización”, externalidades que a su juicio se potencian por la falta de áreas verdes y la inseguridad en los barrios. “Esto dificulta la práctica de ejercicio, lo que sumado al estilo de vida cada vez más digitalizado, han transformado el tiempo libre en una actividad de gasto energético casi nulo”. EL IMPACTO PSICOLÓGICO A su vez, el psicólogo clínico y académico del Departamento de Psicología de la Universidad de La Serena, Sebastián Maluenda, recalca que “la obesidad es una condición que trasciende el ámbito físico y tiene repercusiones a nivel psicológico y social. Además, el proceso genera diferentes consecuencias cuando se es adolescente, niño o adulto”. En línea con esto, el magíster en Psicología explicó que “las personas con obesidad suelen enfrentar estigmas, prejuicios y discriminación en ámbitos como salud, trabajo, educación y relaciones interpersonales, lo que puede generar un mayor malestar en sus relaciones de pareja, familiares e incluso consigo mismas”. Y en tal sentido agregó que “esto puede causar vergüenza, culpa y baja autoestima, favoreciendo la aparición de problemas de salud mental como depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria”. “Además -indica- la presión de los estándares de belleza y las redes sociales puede generar aparición de ansiedad, depresión, aislamiento social e insatisfacción corporal”. Este desorden, de acuerdo con el psicólogo, implica que “el estigma asociado al peso lleva a muchas personas a evitar la atención médica o limitar su participación en actividades sociales, por eso, es fundamental comprender la obesidad desde una perspectiva biopsicosocial, considerando tanto la salud física como la salud mental”. En consecuencia, “la atención no debe centrarse solo en los kilos, sino también en el bienestar y el progreso de cada persona”, factores que son fundamentales para impulsar una auténtica solución integral o aislada, porque la lucha contra la obesidad ya no depende solo del éxito de unos cuantos sellos de advertencia, sino de una terapia integral, transdisciplinaria y segura. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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l cambio en las tendencias de consumo impulsado por la búsqueda de mejor calidad de vida y bienestar integral, obligó a las industrias a desarrollar una nueva generación de productos y suplementos capaces de nutrir mejor y, al mismo tiempo, de brindar efectos positivos permanentes en la salud. Esto se tradujo, poco a poco, en el desarrollo de nuevas formulaciones con mayor proporción de ingredientes con “propiedades funcionales” (como establece el Reglamento Sanitario de los Alimentos, RSA), que incluyen, por ejemplo, vitaminas, aminoácidos, proteínas y antioxidantes específicos. Todos ello, además de entregar beneficios nutricionales de amplio espectro, pueden ayudar a prevenir diversas enfermedades (incluyendo desde patologías no transmisibles como la obesidad y la hipertensión, hasta algunos tipos de cáncer, como el de colon). Una de las “estrellas” de esta nueva generación funcional, es el grupo de microorganismos conocido como “probióticos”, cuya utilización como ingredientes funcionales ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años. Este fenómeno se expresa tanto en la producción de alimentos y materias primas, como de suplementos fortificados y con propiedades nutracéuticas (que ayudan a prevenir enfermedades, sin ser considerados medicamentos). Esta creciente “popularidad” de los probióticos se basa en que constituyen un aporte fundamental para el cuidado de la salud intestinal, característica que hoy los expertos de todo el mundo destacan como eje fundamental de cualquier estrategia preventiva destinada a mantener una vida longeva, activa y saludable. MERCADO DE ALTO IMPACTO Y no se trata solo de hechos aislados o locales, pues de acuerdo con estudios de diferentes consultoras especializadas, como Gartner, Innova Market Insights, Euromonitor y Fortune Business Insights, entre otras, el mercado global de probióticos (incluyendo suplementos y alimentos fortificados para consumo humano) supera actualmente los USD 70 mil millones, y muestra una tasa de crecimiento anual que pasó de 6 a 13% en los últimos cinco años. Más aún, los analistas estiman que este crecimiento se duplicará durante la próxima década, impulsado precisamente por el auge de la salud preventiva y las tendencias de consumo orientadas a la búsqueda de productos que ayuden a fortalecer la salud intestinal. Esto se refleja, a su vez, en un crecimiento exponencial de la oferta de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos, no solo en el tradicional segmento de lácteos fermentados (pionero en el uso de probióticos específicos conocidos como “lactobacilos”), sino también en otras áreas menos tradicionales como panadería, repostería e, incluso, confitería, entre muchas otras. Todo ello impulsado por al aumento en la demanda de productos que, precisamente, ayuden a cuidar la salud del ecosistema digestivo, también conocido como “macrobiota” o “microbioma”. DEMANDA CRECIENTE En términos técnicos, los probióticos son microorganismos vivos específicos, generalmente bacterias o levaduras, que favorecen la digestión de los alimentos y que también pueden ser capaces de aliviar los síntomas de ciertas enfermedades propias del aparato digestivo. Esto les brinda propiedades nutritivas y funcionales que, poco a poco, generan mayor popularidad entre fabricantes, consumidores y especialistas, quienes reconocen su gran valor dentro de todas las estrategias diseñadas para fortalecer la salud integral de la población. Al respecto, el médico Claudio Aldunate, CEO de laboratorio Biosamer (uno de los pioneros en uso de probióticos para producción de ingredientes y suplementos alimentarios en nuestro país), comenta que el mercado de probióticos en Chile “pasó de ser una categoría más bien asociada a lácteos de nicho, a formar parte de una conversación mucho más amplia sobre salud preventiva, bienestar digestivo, inmunidad y equilibrio del microbioma”. “Ese cambio -enfatiza el Dr. Aldunate- ocurre además en un contexto donde el mundo sigue expandiendo esta categoría, con un mercado global proyectado al alza y con Latinoamérica mostrando un crecimiento sostenido en la demanda y consumo de alimentos funcionales y suplementos asociados a salud digestiva”. A juicio del especialista, en Chile esta tendencia se ve también reforzada por dos factores clave: el crecimiento en las tendencias de consumo saludable de un mercado consumidor cada vez más informado; y el envejecimiento constante de la población, que en 2050 tendrá cerca de 30% de adultos mayores de 65 años. Todo ello, según precisa el Dr. Aldunate, impulsa una demanda constante y permanente por soluciones de bienestar y prevención, como el uso creciente de alimentos y suplementos enriquecidos con probióticos, lo que a su vez se traduce en mayor oferta de propuestas disruptivas e innovadoras, tanto en el segmento de lácteos, como en los demás componentes de la cadena alimentaria. Una variable que se vuelve cada vez más estratégica desde el punto de vista técnico y comercial, tal como destaca el ingeniero politécnico Claudio Pinto, gerente general corporativo de Biosamer, quien enfatiza que en este desafiante contexto, “las oportunidades para las empresas pioneras y que se atreven a innovar constantemente, son especialmente interesantes”. “Hoy ya no basta con participar en la categoría, sino que se abren espacios para liderarla, con nuevas y atractivas oportunidades para el cuidado de la infancia, de los adultos mayores, de la salud femenina y la deportiva; donde es posible desarrollar nuevas formulaciones, presentaciones y formatos, incluyendo cápsulas, polvos, gummies y bebidas funcionales, entre otros”, explica el ejecutivo. “A estas oportunidades -añade Claudio Pinto- se suman también propuestas de mayor sofisticación, donde la diferenciación viene dada por la calidad de las cepas, la estabilidad del producto, la evidencia científica y la trazabilidad”. El ejecutivo de Biosamer también comenta que en la actualidad ProChile identifica a los probióticos, las fibras dietéticas, el microbioma y las bebidas fermentadas, dentro de las tendencias con alto potencial de desarrollo comercial, “lo que confirma que esta no es una moda pasajera, sino una categoría con proyección internacional”, precisa. Opinión que comparte la nutricionista de la Universidad Mayor, Sofía Montes, experta en capacitación nutricional para empresas, quien considera que los probióticos constituyen hoy un tema de creciente interés en el ámbito de la salud y la nutrición, “posicionándose como una herramienta de salud real y concreta dentro de la alimentación cotidiana”. “Esto aplica en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la tercera edad, pues desde una mirada práctica y orientada a resultados, la evidencia actual muestra que, la suplementación con alimentos procesados y enriquecidos con probióticos se posiciona como una herramienta más precisa y eficiente para generar un impacto real en la salud de la microbiota”, puntualiza la especialista. EVIDENCIA CIENTÍFICA En el contexto actual, la innovación en salud alimentaria apunta al desarrollo de soluciones estandarizadas, con cepas específicas, dosis definidas y respaldo clínico, capaces de responder a necesidades concretas que van desde el equilibrio digestivo hasta el soporte del sistema inmune. Objetivos que, de acuerdo con múltiples voces especializadas, tanto del ámbito ciéntifico como industrial, pueden alcanzarse de manera más segura, mediante el uso de ingredientes alimentarios fortificados con probióticos y suplementos específicos”. En este sentido, los expertos detallan que, a diferencia de los alimentos naturales (que pueden ser una excelente fuente de probióticos, pero no siempre están disponibles para toda la población en buen estado), los suplementos permiten asegurar la viabilidad de los microorganismos y una acción dirigida, especialmente en contextos donde la microbiota se ve alterada, como el uso de antibióticos, el estrés o los cambios en el estilo de vida. Del mismo modo, diversos estudios publicados tanto en Europa como en Estados Unidos, confirman que, si se busca potencia la salud de toda la población en forma equilibrada, no basta solo consumir probióticos de manera genérica, sino que también es clave elegir aquellos desarrollados bajo criterios técnicos rigurosos, y donde cada cepa ha sido estudiada y validada para cumplir una función específica. En el ámbito de la salud infantil, por ejemplo, la innovación en probióticos es promovida por la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, cuyos especialistas destacan que el uso de cepas específicas como Lacticaseibacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii, son esenciales por su eficacia en la prevención de la diarrea asociada a antibióticos, una de las complicaciones más frecuentes en pediatría. “Asimismo, el uso de Limosilactobacillus reuteri ha demostrado beneficios en la reducción de cólicos en lactantes, posicionando a los probióticos como soluciones concretas dentro del desarrollo de productos infantiles con base científica”, explica la nutricionista Sofía Montes. En los adultos, en tanto, la evidencia científica y los ensayos clínicos muestran que los probióticos no colonizan de forma permanente el intestino, pero sí ejercen efectos relevantes mientras se consumen. “Este hallazgo ha impulsado el desarrollo de una nueva generación de productos que combinan probióticos con prebióticos (fibras funcionales que ayudan al crecimiento de la flora intestinal), logrando una acción sinérgica que favorece la estabilidad del microbioma a largo plazo, especialmente frente a cambios en la dieta, estrés o estilo de vida”, agrega la especialista. En la población mayor, a su vez, la salud digestiva impacta directamente en la calidad de vida pues es un factor esencial para el fortalecimiento del sistema inmune y prevenir la aparición de enfermedades complejas. Respecto de este segmento etario, que con el paso de los años va creciendo en importancia, debido al envejecimiento sostenido de la población (tanto en Chile como en todo el mundo), Sofía Montes índica que un metaanálisis que incluyó 18 ensayos clínicos y más de 1.400 pacientes, demostró que la presencia de la bacteria Bifidobacterium longum BB536 mejora significativamente el tránsito intestinal, aumentando la frecuencia de las deposiciones y la consistencia fecal. “Este tipo de desarrollos abre espacio al uso de soluciones enfocadas en envejecimiento saludable, un segmento con creciente relevancia económica”, detalla Montes. NO SOLO EN HUMANOS Si bien toda esta evidencia científica especializada permite asegurar que la salud intestinal se ha convertido en uno de los pilares fundamentales del bienestar de las personas, durante los últimos años también se ha generado un fuerte movimiento de cuidado hacia la vida animal, que a su vez se traduce en una mayor demanda de productos orientados al cuidado de la salud intestinal de las mascotas. En este contexto, el uso de probióticos veterinarios está ganando cada vez mayor relevancia entre médicos veterinarios y tutores de animales, por su capacidad para fortalecer la microbiota intestinal y contribuir a una mejor salud digestiva, fortalecer el sistema inmune y apoyar procesos de recuperación ante distintos trastornos gastrointestinales en perros, gatos y otros animales domésticos de compañía. Los estudios así lo demuestran, pues según recientes investigaciones realizadas por consultoras como 360 Research, Mordor Intelligence y Market Report Analytics, entre otras, el mercado de alimentos y suplementos de uso veterinario, enriquecidos con probióticos, ya alcanza los USD 2.000 millones y muestra una tasa de crecimiento global de entre 7 a 10% anual, con proyecciones de llegar hasta 15% para finales de la presente década. Al respecto, el doctor Claudio Aldunate, comenta que el uso de estos microorganismos en mascotas “puede ser clave en situaciones como episodios de diarrea, estrés, cambios de alimentación, tratamientos con antibióticos o alteraciones digestivas frecuentes”. “Diversos estudios veterinarios -indica Aldunate- han demostrado que mantener un microbioma intestinal saludable en las mascotas no solo impacta la digestión, sino también el sistema inmunológico, la absorción de nutrientes e incluso el bienestar general del animal”. Opinión que comparte el médico veterinario Eduardo Baldrich, quien enfatiza que “el intestino influye directamente en el bienestar general de perros y gatos, desde la digestión hasta el sistema inmune e incluso la conducta, pues cuando existe un buen equilibrio intestinal, los animales pueden absorber mejor los nutrientes y mantenerse más sanos”. Esto ha derivado en que, además de uso como medicamentos, los probióticos también se están incorporando cada vez más como parte de la prevención y el cuidado diario de las mascotas a través de su dieta cotidiana, lo que les ayuda a mantener un sistema digestivo saludable y también mejora su calidad de vida. “Hoy las mascotas son parte de la familia, pero muchas veces su salud digestiva no recibe la misma atención preventiva que la salud humana. Por ello, y a partir de nuestra experiencia, podemos asegurar que muchos problemas digestivos, inmunológicos e incluso cutáneos, en perros y gatos, están relacionados con la microbiota intestinal”, agrega el Dr. Baldrich. Frente a esta realidad innegable, la industria especializada poco a poco ha comenzado a desarrollar soluciones probióticas específicas, que ayudan a mantener ese equilibrio y contribuyen a una mejor salud y calidad de vida en las mascotas. Objetivos que impulsarán más y mejores desarrollos técnicos y científicos, como los que actualmente realiza, por ejemplo, la marca Probiovet en Chile, abriendo nuevas oportunidades para mejorar la salud y longevidad de perros y gatos. “Dado el aumento en la preocupación por el bienestar animal y el vínculo entre humanos y mascotas, el desarrollo de soluciones científicas enfocadas en la salud preventiva se seguirá posicionando como una de las principales tendencias en medicina veterinaria”, puntualiza el Dr. Baldrich. GALERÍAOTROS REPORTAJES ada vez es más evidente que la innovación biotecnológica agroalimentaria, expresada en numerosos emprendimientos agtech y foodtech a lo largo de todo el país, se ha convertido en uno de los principales ejes del desarrollo económico y productivo de Chile. Uno de estos casos de éxito emblemáticos corresponde al Programa Tecnológico TT Green Foods que recientemente fue incluido en la edición 2025 del Book Programas Tecnológicos de CORFO. Esta publicación reúne a los principales avances científico-tecnológicos impulsados por la Subdirección de Programas Tecnológicos del ente estatal entre 2022 y 2025, en el marco de los Programas Tecnológicos de Transformación Productiva ante el Cambio Climático (PTEC). En esta edición, dos iniciativas del programa, ejecutado por CREAS junto a los coejecutores Procycla, Ceres, Sustrend, Phibrand y Plantae Labs, forman parte del portafolio presentado, lo cual evidencia el valioso aporte de TT Green Foods en bioeconomía, sostenibilidad e innovación alimentaria. Los casos destacados en cuestión son el Módulo de Digestión Anaerobia (MDA) (pág. 19) y Embutidos Plant Based (pág. 30), ejemplos de transferencia tecnológica orientada a fortalecer el ecosistema productivo y tecnológico del país. El Módulo de Digestión Anaerobia (MDA), desarrollado por Procycla, fue implementado en el Zoológico de Quilpué, próximo a convertirse en ecoparque comunal. Esta tecnología permite reutilizar residuos orgánicos para generar biogás y biofertilizantes, contribuyendo a la generación de energía sustentable y a la disminución de la carga contaminante. El módulo forma parte del Proyecto P13 de TT Green Foods, enfocado en soluciones para el tratamiento de residuos orgánicos a micro y pequeña escala en el sector agropecuario. Por otra parte, la línea de Embutidos Plant Based “Más Q Rico”, desarrollada por CREAS, ofrece alternativas vegetales con sabor y textura similares a productos cárnicos, utilizando ingredientes locales como quinoa chilena y hongos. Esta innovación, validada en entornos industriales nacionales, permite una transferencia tecnológica inmediata, fortaleciendo la articulación entre productores e industria alimentaria bajo principios de economía circular. DESARROLLOS PIONEROS Tal como explica Roxana Villegas, gestora Tecnológico de TT Green Foods, para el equipo “es un orgullo ver dos desarrollos destacados en el marco de la iniciativa incluidos en el Book 2025 de CORFO”. “La aparición del Módulo de Digestión Anaerobia, desarrollado por Procycla y de los Embutidos Plant Based, impulsados por CREAS, refleja el trabajo colaborativo, riguroso y sostenido que hemos venido construyendo junto a empresas y actores del ecosistema”, agrega la especialista. Villegas también enfatizó que estos logros dan cuenta de resultados concretos y de una visión de largo plazo pues “actualmente, el programa continúa avanzando con múltiples desarrollos en curso”. Las iniciativas mencionadas por la experta, son las siguientes: ● Mitigación de la cristalización en pasas mediante tecnología de microondas, proyecto liderado por CREAS con tecnología desarrollada por IngeAgro. ● Paquete tecnológico para el manejo sustentable de plagas en cultivos agrícolas, desarrollado por CERES. ● Recubrimiento vegetal para extender la vida útil de frutas, a cargo de Plantae Labs. Todas estas soluciones se encuentran en etapas de alta madurez tecnológica y apuntan a una pronta transferencia al sector productivo”, concluye Villegas. Esta aparición de TT Green Foods en el Book 2025 de Corfo da cuenta del impacto de este tipo de iniciativas que, con un enfoque estratégico, abordan problemáticas como cambio climático, valorización de residuos y sofisticación productiva en sectores clave de la economía nacional. GALERIA a constante evolución de la industria alimentaria no solo se basa en el desarrollo científico-tecnológico de laboratorio. También requiere de un incesante trabajo de campo, con el objetivo de optimizar y perfeccionar tanto los métodos de producción como las estrategias de seguridad e inocuidad que se requieren para fabricar alimentos, ingredientes y materias primas. Parte importante de este trabajo en terreno, es realizado por las propias empresas del sector, lo cual se refleja a su vez, en nuevas oportunidades para implementar procesos de innovación y desarrollo que permiten ampliar y mejorar la oferta de alimentos y bebidas nutritivas, saludables y funcionales. Una de las empresas que mayores avances ha alcanzado en el campo de la I+D es Beneo, que desde hace 20 años produce en nuestro país, fibras prebióticas elaboradas a partir de raíces de achicoria, que se cultivan localmente en las modernas instalaciones ubicadas en la planta de Pemuco (región de Ñuble). Esta compleja y especializada labor, que recientemente celebró su vigésimo aniversario de operaciones en nuestro país, se orienta a impulsar procesos I+D que contribuyan a mejorar la salud y nutrición de personas y animales de todo el mundo. Para ello no solo cuenta con tecnología de punta y procesos de alta calidad y exigencia, sino también con experimentado equipo humano, compuesto por más de 290 técnicos, investigadores y operarios, que orientan sus esfuerzos al desarrollo de ingredientes alimentarios que hoy se utilizan en una gran variedad de aplicaciones de alimentos y bebidas, tanto para público adulto como infantil. Según explica Claudia Silva, Country Manager Chile, Argentina, Perú, Uruguay y Paraguay de BENEO, la decisión de instalar esta planta en Pemuco, en 2006, respondió a la necesidad estratégica de acompañar el crecimiento sostenido de la demanda por nuestras fibras prebióticas de raíz de achicoria y asegurar el suministro a nuestros clientes a nivel global. “Ya contábamos con nuestra planta en Oreye, Bélgica, y sumar una operación en el hemisferio sur nos permitió procesar la raíz de achicoria —un cultivo estacional— dos veces al año, fortaleciendo de manera significativa la seguridad de abastecimiento”, detalla la ejecutiva. “Además -agrega-, observábamos un interés creciente de los consumidores por ingredientes con respaldo científico, especialmente en el ámbito de la salud digestiva, lo que reforzó nuestra apuesta por expandir la capacidad productiva”. DESARROLLO INNOVADOR Cuando se inició la construcción del proyecto Beneo en Chile, la achicoria prácticamente no se cultivaba en la zona. Hoy, en cambio, la planta de Pemuco forma parte activa del ecosistema agrícola local, contando con cerca de 300 colaboradores, de los cuales alrededor de 230 participan en producción y administración; y 70 en el área agrícola. Claudia Silva detalla que, desde el punto de vista comercial, producir en Chile le permitió a la empresa posicionarse como un proveedor más cercano y confiable para Latinoamérica, reduciendo tiempos de entrega y riesgos logísticos. “Al mismo tiempo -añade-, ofrecer producción local de un ingrediente de alto valor agregado fortalece nuestras alianzas con fabricantes regionales, que pueden innovar con mayor continuidad y seguridad de suministro”. Del mismo modo, la elección de Ñuble como locación estratégica, tampoco fue algo que se decidió de manera aleatoria, pues, tal como indica la country manager de la compañía, la región reunía condiciones muy favorables para el proyecto, incluyendo atributos como suelos adecuados, clima propicio y disponibilidad de tierras agrícolas. “También fue clave la tradición agrícola de la zona y la disposición de los productores locales a incorporar un cultivo nuevo”, indica Claudia Silva. La ejecutiva explica, así mismo, que la combinación de estos factores permitió introducir y escalar el cultivo de raíz de achicoria de manera sólida y sostenible. “Además, la ubicación facilita el acceso a infraestructura de transporte, lo que respalda tanto la distribución nacional como las exportaciones a América, Europa, Asia y Oceanía”, enfatiza. Todo esto ha permitido que, con el tiempo y tras 20 años de exitoso desempeño, las operaciones de la planta de Pemuco, se hayan integrado profundamente con la economía local, aportando empleo, diversificación agrícola y desarrollo para la región. APORTE PARA LA SALUD DE LA POBLACIÓN El trabajo que hoy se realiza en Pemuco incluye el procesamiento de raíces de achicoria para producir inulina y oligofructosa, fibras prebióticas que brindan beneficios ampliamente documentados para la salud digestiva. De hecho, más de 25 años de investigaciones científicas y académicas, respaldan la valiosa contribución de estas fibras para el equilibrio del microbioma intestinal, la mejora de la función digestiva y efectos positivos asociados a la inmunidad y la salud metabólica. “Nuestros ingredientes se utilizan en alimentos, bebidas, nutrición especializada, industria farmacéutica y alimentación animal. Permiten mejorar el perfil nutricional de los productos incorporando fibra prebiótica y, al mismo tiempo, reducir el contenido de azúcar”, explica Claudia Silva “Además -puntualiza-, más allá de la reformulación, existen beneficios clínicamente documentados, como el apoyo a la regularidad intestinal y la promoción de la saciedad, especialmente relevantes para productos orientados al bienestar digestivo y al control de peso”. Todas estos beneficios de nutrición funcional permiten que las fibras de raíz de achicoria producidas en las instalaciones Beneo de Pemuco, formen parte del reducido grupo de prebióticos reconocidos por la Asociación Científica Internacional para Probióticos y Prebióticos (ISAPP). Esto asegura que las fibras de Beneo cumplan la definición científica de prebiótico; es decir, son utilizadas selectivamente por microorganismos beneficiosos y generan efectos medibles en la salud. Al respecto, la evidencia científica demuestra que algunos de estos efectos beneficiosos son los siguientes:
Claudia Silva también recalca que los estudios más recientes indican que una ingesta diaria de 3 gramos de fibra de raíz de achicoria, es suficiente para estimular significativamente el crecimiento de bacterias beneficiosas como las bifidobacterias. “Asimismo, se han observado mejoras significativas en parámetros de la función intestinal en adultos y niños en diferentes estudios”. CONEXIÓN INTEGRAL CON EL ECOSISTEMA Para asegurar la eficiencia operativa de esta cadena productiva, la planta de Pemuco trabaja con una red estructurada de agricultores locales que cultivan raíz de achicoria, bajo estándares agronómicos definidos directamente por Beneo. Para tales efectos, se les entrega acompañamiento técnico y asesoría permanente, lo que resulta clave para asegurar calidad y rendimiento. Esto ha permitido que, durante estas dos décadas de operaciones, la achicoria se haya convertido en un cultivo estable y atractivo para la región, fortaleciendo el conocimiento agrícola local y generando empleo rural. “Esto ha contribuido a un ecosistema agrícola más resiliente y diversificado en Ñuble”, explica Claudia Silva. La ejecutiva también detalla que el modelo integrado que implementó la compañía, les permite asegurar calidad, volumen y trazabilidad, ofreciendo a sus clientes ingredientes obtenidos de manera responsable y con un fuerte arraigo local. APORTE A LA SALUD Y EL PROGRESO DE CHILE El trabajo realizado por Beneo en Pemuco, se traduce en trascendentales ventajas de positivo impacto transversal para el país. En tal sentido, Claudia Silva comenta que desde el punto de vista, la compañía se ha consolidado como uno de los empleadores más relevantes de la región. “Además, hemos sido reconocidos como una de las ‘Mejores Empresas Pagadoras’ del país, lo que refleja nuestro compromiso con relaciones transparentes y pagos oportunos a agricultores y proveedores”. A su vez, desde el ámbito de la nutrición integral, las fibras elaboradas en Pemuco están alineadas con las principales tendencias en salud digestiva, salud mental —a través del eje intestino-cerebro— y control de peso, incluyendo el manejo de la glucosa y el apoyo a la saciedad. “Las fibras prebióticas de raíz de achicoria no solo permiten reducir azúcar y mejorar el perfil nutricional, sino que también apoyan activamente la salud digestiva y contribuyen al bienestar general mediante su impacto positivo en el microbioma intestinal”, comenta Claudia. Del mismo modo, la investigación sobre la conexión intestino-cerebro refuerza el rol de las fibras prebióticas dentro de un enfoque de salud holístico. PRODUCCIÓN SOSTENIBLE Claro que todo este esfuerzo no solo representa un aporte para el posicionamiento de Chile como proveedor de ingredientes saludables y funcionales para todo el mundo, sino que también demuestra el compromiso cada vez más profundo que la gran industria tiene con el cuidado del medioambiente. “Para nosotros -enfatiza Claudia Silva-, el crecimiento y la sostenibilidad deben avanzar de manera conjunta, pues la mayor demanda por ingredientes naturales y respaldados científicamente, nos exige asegurar suministro, pero también hacerlo de manera responsable”. Esto se traduce, por ejemplo, en acciones concretas como incrementar la producción sin que ello implique un mayor gasto de energía o consumo de recursos. En tal sentido Claudia Silva destaca que a nivel global se incrementó la capacidad en 30%, mientras que el consumo energético específico se redujo en 35%. En la planta de Pemuco esto fue posible gracias a un análisis exhaustivo del proceso productivo, que permitió identificar todas las oportunidades de mejora en eficiencia energética. “A partir de ello, actualizamos equipos e incorporamos nuevas tecnologías, como sistemas de evaporación más eficientes”, detalla Claudia, destacando que “estas inversiones reducen el consumo energético y mejoran la continuidad del proceso, ya que permiten limpiar equipos sin detener la operación completa, generando ahorros adicionales”. Un ejemplo concreto y medible de que la mejora continua forma parte integral del compromiso ambiental de la compañía y, al mismo tiempo, responde a las exigencias de sus clientes, que hoy (al igual que los consumidores en todo el mundo) buscan socios con trayectoria sólida en sostenibilidad. CRECIMIENTO Y EXPANSIÓN FUTURA
os principales objetivos de la empresa en el corto y mediano plazo, son fortalecer y optimizar el negocio principal, aumentando capacidad productiva y mejorando rentabilidad.
Al mismo tiempo, trabajan en expandirse hacia nuevos segmentos, sin descuidar la consolidación de los actuales. En Chile se han realizado inversiones importantes en ampliación de capacidad en los últimos años, lo que los deja bien posicionados para acompañar el crecimiento sostenido del mercado de ingredientes funcionales. GALERIAOTROS REPORTAJES l potente cambio de paradigma experimentado en los últimos años por la industria alimentaria, se ha traducido en la búsqueda y desarrollo de nuevas formulaciones y materias primas que cumplan objetivos muchos más ambiciosos y trascendentes, que los tradicionalmente conocidos. Esto implica, consecuentemente, el desarrollo de una nueva y atractiva generación de alimentos, bebidas, snacks y suplementos alimentarios que no solo fortalecen la salud y bienestar de los consumidores, sino que también buscan protegerlos de diversas enfermedades, incluyendo las no transmisibles (como obesidad, hipertensión y diabetes, entre otras), como las causadas por agentes patógenos (como por ejemplo, influenza, infecciones gastrointestinales e, incluso, algunos tipos de cáncer). Gracias a esta premisa, se ha incrementado la oferta y demanda de un grupo muy especial de alimentos e ingredientes, denominados “funcionales” o “de propiedades funcionales”, los cuales hoy se encuentran presentes en diversos segmentos, que incluyen desde snacks y productos lácteos, hasta bebidas y suplementos especializados para deportistas, pasando por toda una amplia gama de preparaciones y formulaciones de nicho, que buscan responder a los requerimientos específicos de todos los diferentes grupos de consumidores que hoy interactúan en el mercado (niños, adultos jóvenes, adultos mayores, mujeres embarazadas, deportistas novatos o de alto rendimiento, etc.). La industria alimentaria chilena no es ajena a esta tendencia. De hecho, prácticamente todos los actores del ecosistema innovador y productivo han enfocado sus esfuerzos en el desarrollo de una interesante y disruptiva gama de alimentos, bebidas e ingredientes con propiedades funcionales, que pueden adquirirse en grandes cadenas de retail, mercados boutique, tiendas online e, incluso, en páginas de Instagram o marketplace. ¿QUÉ ENTENDEMOS POR FUNCIONALIDAD? Para valorar y aprovechar de manera efectiva los beneficios nutricionales concretos de los alimentos funcionales, es importante entender muy bien el concepto técnico que subyace en u definición, pues gran parte de los consumidores tiende a malinterpretarlos o a confundir su verdadero alcance. Si bien el Reglamento Sanitario de los Alimentos de nuestro país, RSA, no establece una definición concreta de alimento funcional (pues solo plantea reglas para entregar declaraciones saludables/funcionales), hoy existe pleno consenso entre académicos, investigadores y especialistas, respecto de lo que puede o no, considerarse como “funcional”. Al respecto, Cristina Vergara Hinostroza, ingeniera en Alimentos, Dra. en Nutrición y Alimentos e Investigadora del Programa “Alimentos del Futuro” del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), explica que, técnicamente, un alimento funcional (o ingrediente con propiedades funcionales) es aquel que, además de nutrir, contiene compuestos biológicamente activos con efectos benéficos comprobados en la salud. “Es decir, estos compuestos ejercen funciones específicas y probadas científicamente, siendo capaces de incidir positivamente en la disminución de riesgos de enfermedades, como las cardiovasculares, o en condiciones de salud específicas”, detalla. La Dra. Vergara también precisa que esta característica de funcionalidad está relacionada con la cantidad o concentración de estos compuestos biológicamente activos, “por lo que un alimento funcional debe ser formulado y elaborado específicamente como tal”, enfatiza. Julissa Santis, gerenta del Programa TT Green Foods de CREAS Alimentos Saludables, plantea a su vez, que los alimentos funcionales son los que, además de nutrir, aportan beneficios específicos y medibles mediante evidencia científica, cuando se consumen en porciones habituales dentro de la dieta cotidiana. Esto se traduce, por ejemplo, en mejor salud digestiva, más control de glucemia, reducción de colesterol y más soporte inmune, entre otros. Del mismo modo, la especialista recalca que todo alimento funcional debe tener ingredientes cuyo rol sea claro, estén presentes en dosis efectivas y cuenten con respaldo técnico coherente con los aspectos regulatorios. A partir de esta base, precisa Santis, “los beneficios para el consumidor se presentan mediante mejoras incrementales, es decir, estos alimentos no son milagrosos; ejemplo de ello, es la mejora del tránsito intestinal y de una mayor saciedad, mediante la incorporación de fibras; o una mejora de la calidad del microbiota, por el consumo de pre y probióticos”. Por su parte, Solange Brevis ingeniera en alimentos, Coordinadora y Docente en la Carrera de Nutrición y Dietética, de la Facultad de Medicina UDD, PhD(c) en Biomedicina y expresidenta del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, explica que los alimentos funcionales “no son medicamentos”, sino que solo poseen la capacidad de brindar efectos beneficiosos específicos demostrables sobre una función determinada del organismo (como el sistema inmune, el control de la saciedad y del colesterol, o la salud ósea, entre otras). Brevis también puntualiza que la funcionalidad declarada del alimento, bebida o suplemento, debe sostenerse en características detalladas y específicas como: composición clara, dosis efectivas, evidencia basada en estudios y claim (mensaje presente en las etiquetas y avisos publicitarios) que pueda justificarse debidamente de acuerdo con las reglas de declaraciones nutricionales/saludables que sí se establecen en el RSA chileno. ¿LOS ALIMENTOS SALUDABLES TAMBIÉN SON FUNCIONALES? Cada vez es más elocuente que las actuales tendencias de consumo realzan la búsqueda de propiedades saludables en todos los alimentos. Sin embargo, en este punto los expertos también recalcan que existen diferencias claras entre lo que se entiende como “saludable” y “funcional”, pues aun cuando una amplia gama de alimentos naturales y procesados pueden ser más o menos saludables, no todos necesariamente tienen propiedades funcionales. Al respecto, la Dra. Cristina Vergara explica que un alimento natural como el arándano, es muy saludable por sus conocidos beneficios antioxidantes. Pero, en cambio, un alimento procesado que incorpore los compuestos antioxidantes biológicamente activos del arándano en forma aislada o mezclados con otros que también tengan cualidades positivas, como por ejemplo, en formato de bebida con extracto de arándanos y fibra, será además funcional, porque aporta más beneficios que la fruta sola. “Otro ejemplo interesante es el pescado, alimento que es saludable por su omega-3, pero es solo eso. Mientras que los batidos o productos concentrados como aceites y cápsulas blandas, sí son alimentos funcionales, por sus diversos beneficios para la salud cardiovascular y neurológica que están respaldados científicamente”, agrega la investigadora de INIA. Un punto de vista similar plantea Julissa Santis, de CREAS, quien explica, a su vez, que “un alimento saludable es aquel que presenta un buen perfil nutricional general y se asocia, por ejemplo, a una mejor calidad global de ingredientes y a un menor contenido de nutrientes críticos, como azúcares o grasas saturadas; mientras que un alimento funcional apunta a una función fisiológica específica, más allá de la nutrición básica, idealmente respaldada por un bioactivo identificado, una dosis efectiva y evidencia científica”. Santis también enfatiza que la funcionalidad puede estar, asimismo, condicionada por otros factores externos, como el contexto y el instante en que se consume el alimento. Para aclarar más este punto, pone como ejemplo los geles energéticos. “Un gel básico -detalla- cumple una función funcional al aportar carbohidratos de rápida absorción para sostener el rendimiento en deportes de resistencia. Esta funcionalidad puede incrementarse cuando (estos geles) se formulan con electrolitos, cafeína u otros compuestos con un rol fisiológico definido (brindar más energía en situaciones que exigen alto esfuerzo físico, por ejemplo). Sin embargo, fuera del contexto deportivo (como ocurre con las personas que consumen estos geles sin practicar ejercicio físico), este tipo de producto no entrega un beneficio funcional relevante y su consumo no responde a un objetivo nutricional saludable cotidiano, lo que refuerza la importancia del contexto de uso al momento de hablar de alimentos funcionales”. Por su parte, Solange Brevis pone énfasis en que la funcionalidad, a diferencia del concepto general de saludable, apunta a un beneficio fisiológico específico que debe estar claramente especificado en el etiquetado del alimento o bebida. “Por ejemplo -detalla-, los claims deben decir: ‘contiene beta-glucanos para apoyo en el control del colesterol’ o ‘formulación con probióticos para una mejor función intestinal’, entre otras posibilidades”. “Todos estos mensajes exigen mayor respaldo técnico y cuidado regulatorio, para lo cual deben ceñirse a las directrices vigentes para declarar propiedades saludables/funcionales, que están presentes en el Reglamento Sanitario de los Alimentos”, añade Brevis. APORTES E INFLUENCIA DE LAS NUEVAS TENDENCIAS Otra certeza con la que actualmente trabaja la industria, tanto en Chile como en el extranjero, radica en que el crecimiento de la demanda por alimentos con propiedades funcionales no representa un simple fenómeno comercial. Por el contrario, se basa en un cambio profundo en las tendencias de consumo de un segmento importante de población, que busca en estos productos una herramienta efectiva para cuidar su calidad de vida y prevenir enfermedades. Ante ello, la industria responde constantemente con nuevos lanzamientos que, en forma gradual y sostenida, incorporan avances y desarrollos biotecnológicos aplicados específicamente al logro de este objetivo. Un trabajo en el que hoy sobresalen tanto el ecosistema innovador nacional, como el profundo conocimiento biotecnológico desarrollado por las entidades universitarias de nuestro país. En tal sentido, la Dra. Vergara comenta que hoy las tendencias en el sector de salud y bienestar continúan situando a los alimentos funcionales entre las principales preferencias del mercado. “Se destaca, por ejemplo, el desarrollo de ingredientes con propiedades y compuestos bioactivos, ofreciendo un amplio portafolio de opciones de origen natural, tales como antioxidantes, polifenoles, food coloring (colorantes alimentarios), ácidos grasos omega-3 (ALA, EPA y DHA), prebióticos y probióticos, y fitoesteroles, entre otros”. La investigadora de INIA también recalca que en la actualidad, se están abordando desafíos relacionados con una mayor estabilidad, concentración, bioaccesibilidad y biodisponibilidad de los alimentos e ingredientes funcionales, además de otras ventajas como la liberación controlada de los componentes e, incluso, su focalización en zonas específicas del cuerpo. Opinión que comparte Julissa Santis de CREAS, quien considera que esta mayor demanda ha permitido un cambio decisivo de los paradigmas estratégicos de la industria, lo que se tradujo “en una emigración desde el simple concepto de alimentar, a la necesidad de entregar productos que cuiden la salud y resuelven objetivos concretos de bienestar, lo cual empuja fuerte la innovación en ingredientes y formulación”. Esto ha permitido que, tal como detalla Solange Brevis, el mercado de alimentos funcionales a nivel global haya alcanzado un valor de USD 329,7 mil millones en 2023, proyectándose que hacia 2030 alcance los USD 586,1 mil millones. Ello implica que alcanzará una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) de 8,6% para el período 2024–2030. “Eso empuja a la industria a reformular y a innovar en ingredientes funcionales como fibra, proteínas, prebióticos, bioactivos y fortificantes”, destaca la académica de la UDD. PRINCIPALES DESAFÍOS PENDIENTES Este auspicioso escenario abre múltiples opciones de desarrollo para la industria y los emprendedores nacionales, no solo para lograr mayor posicionamiento interno, sino también para lanzarse a la conquista de nuevos mercados internacionales, donde también existen importantes oportunidades de negocio para el talento nacional. Un ejemplo concreto de este esfuerzo pudo apreciarse en la presentación del Programa de Difusión Tecnológica “AgroMar” de CeTA Norte, donde más de 40 emprendedores y pymes de las comunas de La Higuera, Vicuña y Río Hurtado presentaron sus aportes para el desarrollo de harinas sostenibles con propiedades funcionales desarrolladas a partir de algas, descartes pesqueros y subproductos agroindustriales. En tal sentido, la Dra. Cristina Vergara asegura que la evolución del segmento de alimentos y bebidas funcionales continuará su tendencia ascendente en Chile, lo cual ha queda demostrado en el creciente número de startups y emprendedores que han explotado de manera muy intensa las oportunidades de negocio que brinda este particular segmento, especialmente en términos de innovación, proyección de raíces culturales y, en especial, respeto por el medio ambiente. “Recientemente -detalla-, Transforma Alimentos presentó su sexto catálogo de innovación, en el cual resaltan productos alimenticios y bebidas funcionales que poseen relatos de origen, con atributos diferenciados y un enfoque orientado a la sustentabilidad alimentaria”. La investigadora de INIA también destaca el hecho de que en los últimos años, ha surgido una fuerte tendencia impulsada por nuevas generaciones, como la Z, que opta por bebidas sin alcohol. “Esto ha hecho que los mocktails (bebidas sin alcohol) aumenten notablemente en popularidad y en este contexto, se demandan cada vez más bebidas y jugos funcionales, que no solo sean agradables al paladar, sino que también ofrezcan beneficios para la salud”, enfatiza. Al respecto, la Dra. Vergara recuerda que el programa “Alimentos del Futuro” de INIA Chile, trabaja en línea con estas tendencias y colabora con la industria, los emprendedores y productores de frutas y hortalizas, para impulsar mayor innovación en este sector. “Entre sus desarrollos recientes -puntualiza- destacan extractos colorantes para jugos ricos en antioxidantes, creados junto a pequeños productores, en el marco del proyecto Corfo PDT, así como alianzas con empresas vitivinícolas para lanzar prontamente al mercado jugos de uva altos en resveratrol”. “También hemos desarrollado y probado en forma piloto, ingredientes naturales como food coloring que, además de aportar color, ofrecen funcionalidad antioxidante. Igualmente, avanzamos en extractos microencapsulados aptos para agregarse a bebidas y productos instantáneos”, agrega. Avances que también resalta Julissa Santis, quien comenta que las nuevas tendencias de consumo han influido de manera decisiva en el desarrollo de nuevos alimentos funcionales, “pues hoy nos enfrentamos a un consumidor mucho más informado y exigente, que no solo evalúa el perfil nutricional de un producto, sino también qué beneficio concreto le aporta”. La experta de CREAS también asegura que el segmento de alimentos y bebidas funcionales seguirá evolucionando en Chile hacia mejores formulaciones, con mayor respaldo científico y una comunicación publicitaria más responsable, “especialmente frente a la desinformación que hoy circula con fuerza en las redes sociales”, detalla. “En el corto plazo -agrega-, es esperable un mayor foco en áreas como salud digestiva y metabólica, mediante el uso de fibras funcionales; ingredientes que apoyen un bajo índice glucémico; y propuestas alineadas con el bienestar cotidiano, manteniendo formatos de consumo convenientes como snacks, bebidas y polvos para reconstituir”. Todo ello se traducirá, a su juicio, en un avance destacado hacia la innovación aplicada, donde el valor estará en mejorar la biodisponibilidad, la estabilidad, la experiencia sensorial y la validación real de los beneficios funcionales. “En este contexto -explica Santis-, la experiencia acumulada por CREAS en el desarrollo de alimentos saludables y funcionales, integrando ciencia aplicada, formulación, validación y escalamiento, ha permitido transformar ideas o reformular productos existentes para elevar su calidad y funcionalidad, acompañando a emprendedores y PyMES, en su llegada al mercado con soluciones innovadoras, técnicamente sólidas y alineadas con las expectativas del consumidor actual”. Sin embargo, Santis también considera que tanto la industria como los emprendedores enfrentan diversos desafíos pendientes como el uso responsable y preciso de los claims publicitarios y la mejora en la calidad sensorial, para que los productos funcionales sean organolépticamente atractivos en sabor, textura o experiencia de consumo, simplemente no escala. “En este contexto, se abren importantes oportunidades para las empresas que logren articularse con proveedores de ingredientes, centros de I+D y universidades, permitiendo reducir riesgos, acelerar desarrollos y lanzar productos funcionales validados, consistentes y confiables para el consumidor”, destaca. A su vez, Solange Brevis cree que en Chile, la respuesta a los cambios normativos (incluida la reformulación evolutiva aplicada pos “Ley de Etiquetado”) han acelerado el foco en el bienestar y en el desarrollo de propuestas con valor agregado, lo cual abre, a su juicio, más perspectivas de desarrollo para los alimentos funcionales, a base de la profundización de características diferenciadoras propias para cada producto, como beneficios claros (digestión, energía, inmunidad, salud metabólica) y formatos claramente identificables (para snacks, lácteos/alternativos, bebidas y suplementos alimentarios). Sin embargo, también recalca que esto plantea desafíos complejos, como contar con respaldo de evidencia y cumplimiento regulatorio al comunicar beneficios (para justificar sus claims y no prometer “curas milagrosas”); potenciar el sabor y textura de los alimentos (pues lo funcional no puede ser “castigo sensorial”); optimizar costos; y asegurar un adecuado abastecimiento de ingredientes funcionales estables y trazables. En ese contexto, Brevis considera que el segmento seguirá creciendo en Chile, principalmente vía reformulación inteligente, fortificación, “funcionalidad cotidiana” (a base de propiedades como mayor contenido de fibras, proteínas e ingredientes para cuidar y potenciar la microbiota), y más foco en sustentabilidad y economía circular como valores básicos. “En el corto plazo, lo más probable es que veremos innovaciones rápidas y aplicables como mezclas (pre/probióticos + fibra), proteínas alternativas mejoradas, ingredientes bioactivos de origen local, y personalización apoyada por datos (aplicada a segmentos por edad, estilos de vida, salud digestiva/metabólica), pero siempre teniendo como filtro clave que el beneficio se pueda formular, medir y comunicar de forma responsable”, concluye la docente de la UDD. Visiones que confirman la importancia trascendental de los alimentos funcionales como parte de la vida cotidiana, y que abren más y mejores perspectivas de desarrollo, tanto para las industrias como para los emprendedores, las instituciones de desarrollo tecnológico y la academia, entendiendo que todos ellos juegan un papel fundamental para impulsar la evolución de los alimentos hacia una auténtica dimensión de cuidado integral de la salud de población y del planeta. GALERÍAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista – Editor Indualimentos as actuales tendencias de alimentación que manifiestan los consumidores, se orientan principalmente a la búsqueda de productos más saludables y nutritivos. Así lo afirman los más recientes estudios publicados por destacadas consultoras internacionales, como Euromonitor, Innova Market Insights y McKinsey, entre otras. Sin embargo, los análisis de mercado también enfatizan que esta orientación hacia lo natural y saludable no implica renunciar al placer de lo “organolépticamente atractivo”. Es decir, los consumidores buscan cuidar su salud y calidad de vida, pero no se conforman solo con degustar sabores poco atractivos, sino que esperan “mimos” y atenciones especiales, en términos de presentación y, por cierto, de placer sensorial y palatabilidad. Tendencia que se engloba dentro de lo que hoy se conoce como concepto “Mejor para Ti” o BFY (Better for You), el cual define precisamente la orientación hacia alimentos que tengan más ingredientes con propiedades funcionales (como proteínas, vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, entre otros), y que se traduzcan en beneficios concretos para la salud y calidad de vida, pero que, al mismo tiempo, proporcionen deleite y disfrute para los sentidos. Por ejemplo, el estudio “Disfrutando la Salud”, publicado a principios de año por Innova Market Insights, muestra que más de la mitad de los consumidores modernos se orientan hacia dicha tendencia, adaptando sus respectivas decisiones de compra de acuerdo con esos atributos. Ello ha motivado a los fabricantes de alimentos y bebidas a desarrollar nuevos productos que, precisamente, den respuestas concretas, eficientes y ágiles a esa necesidad de salud y bienestar, pero que también entreguen mayores márgenes de “indulgencia”. En otras palabras, ofrecer “caprichos reconfortantes” con beneficios de salud y bienestar añadidos. De hecho, para los autores del estudio, esto ha permitido que la categoría Better for You (que originalmente surgió como una respuesta neutra al exceso de alimentos con nutrientes críticos), se esté volviendo más indulgente, incorporando sabores, texturas o ingredientes de primera calidad organoléptica, y que no pierdan su capacidad de nutrir en forma saludable. EN BUSCA DEL PLACER SALUDABLE Pero, más allá de los cambios en las tendencias, ¿Qué significa que un alimento sea “saludablemente indulgente”? Si analizamos la etimología técnica de esta expresión, descubriremos que la indulgencia alimentaria es la búsqueda de productos (alimentos y bebidas) con propiedades que no necesariamente son “normales” o “indispensables”, tal como se entiende en el contexto de una dieta nutritiva y balanceada. En otras palabras, no tienen como objetivo principal nutrir de manera saludable, sino que solo responden a la necesidad de entregar placer sensorial y organoléptico, a partir de ciertas características muy específicas tales como crocancia, frescura, combinación de sabores exóticos y, por supuesto, dulzor, entre otros diversos atributos que generan apetencia (preferencia) hacia uno u otro producto. Durante muchos años, la principal fuente de indulgencia fueron los chocolates, golosinas, pasteles, postres y bebidas endulzadas con azúcar simple (sacarosa), cuyo consumo siempre fue amplia y transversalmente aceptado. Sin embargo, el auge de las nuevas tendencias de alimentación saludable, así como la adopción de nuevos marcos regulatorios que marcan a estos productos (en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, México y muy pronto también en Perú) con sellos negros que advierten a la población sobre la presencia de nutrientes críticos (como azúcar, grasas saturadas y calorías), hacen que su consumo esté cada vez más en entredicho, debido a que pueden favorecer la aparición de enfermedades no transmisibles de alto impacto (como obesidad, hipertensión y diabetes, entre otras) Todo ello derivó en la necesidad de optimizar los procesos de producción, para reorientar la oferta hacia formulaciones que pudieran equilibrar la capacidad de ser saludables y, al mismo tiempo, indulgentes. Y si bien se trata de un desafío extremadamente complejo, dada la innata preferencia del ser humano hacia los sabores dulces (heredada del contacto con la leche materna), los principales actores de la industria creen que es perfectamente factible hoy en día, producir una nueva generación de dulces, golosinas y confites con propiedades saludables y que, al mismo tiempo, no pierdan su capacidad de “encantar los sentidos”. Así lo asegura, por ejemplo, Valeria Jiménez Castro, ingeniera de Desarrollo de la empresa Taglerfood, quien explica que hoy ya existen confites más nutritivos y que no sacrifican su atractivo sensorial. “La clave -explica- está en aplicar un enfoque integral de innovación alimentaria, que combine la ciencia de los ingredientes, la percepción del consumidor y las tendencias del mercado”. La profesional enfatiza que, desde el punto de vista tecnológico, hoy la industria dispone de materias primas funcionales (como fibras vegetales, fibras prebióticas, proteínas vegetales, extractos naturales antioxidantes y edulcorantes de bajo índice glicémico), que permiten reformular confites sin comprometer textura, sabor o estabilidad. “Por otro lado -añade-, los avances en microencapsulación y tecnologías de liberación controlada, facilitan incorporar nutrientes sensibles, como vitaminas, minerales o compuestos bioactivos, sin alterar las características organolépticas del producto”. Sin embargo, para Valeria Jiménez la verdadera diferenciación de esta nueva generación de confites saludables e indulgentes, no proviene solo de “mejorar la etiqueta”, sino de crear una experiencia placentera y coherente con los valores del consumidor moderno, que son indulgencia consciente, naturalidad y transparencia. “Por eso -detalla Valeria-, el desafío para el desarrollador no es eliminar el placer del confite, sino redefinirlo, logrando un equilibrio entre salud, sensorialidad y emoción. En resumen, el futuro de los confites saludables no está en hacerlos ‘menos malos’, sino en transformarlos en vehículos de bienestar, donde cada ingrediente tenga un propósito funcional y cada bocado conecte con una historia de disfrute responsable”, enfatiza Opinión que comparte Laura Matiola, ingeniera en alimentos de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil, con posgrado en gestión de negocios, y coordinadora de Marketing de Categorías en la empresa Master Science. Durante una reciente exposición realizada en el marco del seminario del Colegio de Ingenieros Alimentos (CIACh) “Construyendo el Futuro Alimentario, que tuvo lugar durante la reciente versión 2025 de Expo Food & Service, Laura enfatizó que hoy la moderna industria alimentaria “dispone del conocimiento, la herramientas y la capacidad para desarrollar una nueva generación de confites que sean más simples, innovadores, saludables y, al mismo tiempo, sostenibles” (producidos mediante procesos que no impacten negativamente en el medio ambiente). “Esto implica -recalca-, ofrecer soluciones que puedan impactar a un consumidor mundial y local, brindando sabores capaces de despertar emociones intensas, como los recuerdos de infancia y, simultáneamente, entregar beneficios de salud, mediante la incorporación de ingredientes funcionales, como la fibra y la proteína, que contribuyen a fortalecer la microbiota y a entregar más energía, respectivamente”. Estos objetivos y capacidades industriales se enmarcan de manera precisa con las recientes orientaciones que expresan los consumidores tanto de Chile como América Latina y que, de acuerdo con los estudios de Innova Market Insights, muestran una marcada tendencia hacia el “sentirse bien”, tanto física como mentalmente. Un camino que necesariamente lleva a la búsqueda de nuevos placeres sensoriales y a la valorización de propuestas más disruptivas, pero que no pierdan de vista la salud, la tradición culinaria y el bienestar integral. Casos recientes de éxito, dentro de este camino evolutivo, son los emprendimientos chilenos Granolin y Kiwicha, que ofrecen una amplia variedad de barras proteicas naturalmente endulzadas, en formulación tradicional o vegana, y que combinan sabores altamente atractivos y novedosos, propios de la tradición latinoamericano, como cacao, maracuyá y amaranto, pero combinándolos precisamente, con ingredientes funcionales de alto valor nutritivo, como proteínas y fibra. Al respecto, Valeria Jiménez comenta que estos ejemplos responden precisamente al fenómeno de que los consumidores chilenos y latinoamericanos están experimentando una transformación “muy interesante en su relación con los confites y dulces, pues ya no buscan solamente comer o beber “algo rico”, sino degustar una experiencia que combine placer, autenticidad y propósito. “Esto significa -precisa la profesional- que el consumidor actual valora tanto el sabor como el significado detrás del producto. Es decir, por un lado, sigue existiendo un fuerte componente emocional, pues los confites evocan momentos de infancia, celebración y recompensa, y ese vínculo afectivo sigue siendo central; mientras que por otro lado, el consumidor moderno, especialmente las nuevas generaciones, es más consciente de su bienestar, salud y nutrición, por lo que espera opciones más naturales, transparentes y equilibradas. En otras palabras, quiere disfrutar, pero sin culpa”. La profesional de Taglerfood también destaca que las actuales tendencias de consumo se orientan cada vez más a productos prácticos y convenientes, que se adapten a su ritmo de vida, y permitan más control sobre el tiempo y la calidad de preparación. Es decir, “productos fáciles de elegir, disponibles en formatos accesibles, con mensajes claros y coherentes con su estilo de vida (como los snacks dulces saludables, por ejemplo)”. Variables que, en Chile y gran parte de Latinoamérica, se combinan con el interés creciente por productos que reduzcan el azúcar, utilicen colorantes y sabores naturales, e incluyan ingredientes con valor funcional, como frutas reales, fibras o vitaminas. “También hay una búsqueda por marcas honestas y cercanas, que comuniquen de forma clara sus ingredientes y procesos”, añade Valeria Jiménez. “Además -agrega-, el consumidor latino tiene un perfil muy sensorial, pues disfruta los sabores intensos, las texturas marcadas y las experiencias multisensoriales. Por eso, el desafío para las marcas no es solo hacer más saludable al confite, sino mantener su carácter lúdico y emocional, mientras se avanza hacia formulaciones más limpias y sostenibles”. En síntesis, tal como explica la especialista de Taglerfood, la industria enfrenta el desafío de responder en forma ágil y oportuna a una “búsqueda de placer con propósito”, porque los consumidores quieren que un confite los haga sentir bien, pero también que esté alineado con sus valores de salud, sostenibilidad y autenticidad. “Esa es la nueva frontera de innovación en la categoría”, asegura Valeria. INNOVACIONES FUTURAS Si bien el desafío sigue siendo complejo desde el punto de vista comercial y tecnológico, los expertos coinciden en que la industria, tanto a nivel de emprendedores como de compañías tradicionales, está preparada para responder en forma exitosa, pues el avance disruptivo de la tecnología y la biociencia, promete un futuro cada vez más sorprendente en materia de desarrollo de nuevos productos, capaces de ofrecer no solo indulgencia saludable, sino de consolidarse como verdaderos exponentes de lo que podría denominarse como la nueva “era de la indulgencia nutracéutica”. Así lo sostiene Valeria Jiménez, quien enfatiza que el escenario actual es solo el preámbulo de una nueva y disruptiva era en confitería. “El concepto de “confites saludables e indulgentes” ya no es una contradicción, sino una tendencia consolidada que seguirá evolucionando, impulsada por la ciencia de los alimentos, la sostenibilidad y los cambios en el comportamiento del consumidor”. “El avance en nuevos ingredientes funcionales, como fibras con efecto prebiótico, extractos botánicos adaptógenos o proteínas vegetales con propiedades texturizantes (entre otras opciones), abre oportunidades enormes para reformular productos con beneficios reales para la salud, pero que sigan siendo placenteros. A esto se suma la exploración de endulzantes naturales de nueva generación, que permiten mantener la experiencia sensorial del azúcar sin sus efectos metabólicos”, añade. En cuanto a la irrupción de nuevos sabores, Jiménez comenta que seremos testigos de una fuerte influencia de la identidad latinoamericana, con el uso de frutas autóctonas, hierbas y especias locales reinterpretadas desde la innovación. “En Taglerfood estamos trabajando en esa dirección: rescatar ingredientes tradicionales y darles un nuevo protagonismo dentro de una categoría históricamente asociada a lo artificial”. “También creemos -indica- que la tecnología seguirá siendo clave, mediante procesos más precisos, como controles de textura mediante hidrocoloides naturales, y microencapsulación avanzada para preservar compuestos sensibles. Todo esto permitirá desarrollar confites con perfiles sensoriales más complejos, pero también con propiedades funcionales diferenciadas”. Aspectos que también resalta Laura Matiola, quien puntualiza que hoy nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos, “permitirán analizar mejor tanto las necesidades del consumidor, como la capacidad de la industria para marchar a la vanguardia, sin perder de vista las tradiciones culinarias latinoamericanas, como los sabores exóticos locales, aplicando ciencia y tecnología para desarrollar alimentos atractivos y a la vez capaces de brindar mejor salud corporal y también mental”. En suma, el futuro de los confites saludables será dinámico y diverso, lo que nos permitirá asistir al pronto advenimiento de una nueva y revolucionaria generación de productos que integrarán nutrición, placer y propósito. “Esto transformará al confite de un simple gusto pasajero, a un vehículo cotidiano de bienestar y emoción”, concluye Valeria Jiménez. GALERIAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista y editor Indualimentos a industria panificadora ha experimentado grandes y significativos cambios durante los últimos años, a medida que la dinámicas tendencias de consumo le plantean nuevos y complejos desafíos de formulación. Así lo estiman los principales actores del sector, quienes coinciden en que los principales objetivos hoy apuntan a ofrecer a los consumidores un producto que mantenga las características propiedades organolépticas del pan tradicional, pero que, al mismo tiempo, ofrezca mayores propiedades funcionales y/o nutracéuticas, mediante la incorporación de nutrientes de alto valor como, por ejemplo, vitaminas, proteínas y fibra. Esto implica, necesariamente, incorporar nuevas tecnologías, materias primas y procesos a la panadería tradicional de barrio, que, de acuerdo con estudios realizados por las principales asociaciones gremiales del sector, produce el 82% del pan consumido por los chilenos. Al respecto, Juan Mendiburu Azcárraga, presidente de la Asociación Gremial de Industriales del Pan de Santiago, INDUPAN A.G., entidad que representa a las Panaderías Pyme de la Región Metropolitana, comenta que el sector “ha experimentado una evolución trascendental durante los últimos 30 años, que se refleja en mayor presencia de procesos mecanizados, debido a la escasez de mano de obra, y en la incorporación de técnicas más avanzadas de amasado, de harinas más fortificadas y de procesos destinado a hacer un uso más eficiente de la energía y el agua”. “Sin embargo, esta modernización no reemplaza los métodos tradicionales y característicos con que se elabora el pan fresco de cada día, en especial de la marraqueta (que sigue siendo la variedad más preferida por los chilenos), que debe ser fresca, crujiente y apetitosa”, enfatiza el directivo. Del mismo modo, Mendiburu destaca el esfuerzo realizado por el sector para desarrollar productos más saludables, inocuos y variados, que ofrezcan más y mejores opciones para atender los requerimientos de un mercado que experimenta constantes cambios en sus tendencias de consumo. “Hoy los consumidores, especialmente la juventud, buscan panes con granos, probióticos y vitaminas, y las panaderías han hecho esfuerzos muy importantes para responder a esas demandas. Esto nos ha permitido tener mayor variedad de productos disponibles, incluyendo panes integrales y especiales, hechos con masa madre y semillas, por ejemplo, pero siempre respetando la frescura y calidad que nos caracterizan, porque 82% de la población sigue prefiriendo el pan que sale de los hornos cada día, y solo 18% opta por variantes envasadas”, comenta Mendiburu. Opinión similar manifiesta Fabiola Fuentealba Arévalo, vicerrectora adjunta de vinculación con el medio y Proyectos Institucionales de la Universidad de San Sebastián, sede Concepción, quien estima que la industria panificadora en Chile “ha tenido avances importantes en los últimos años, ligados principalmente al desarrollo tecnológico”. “Es innegable que la tecnología ha transformado la panadería en términos de eficiencia y producción. Desde la introducción de maquinarias y equipos más avanzados, hasta sistemas de automatización que controlan en general el proceso de elaboración y cocción”, explica la docente e investigadora. Sin embargo, Fabiola Fuentealba también enfatiza que esta evolución no debe ceñirse sólo a aspectos tecnológicos orientados a optimizar la producción, porque “la panadería tradicional chilena es mucho más que volumen”. “En ese sentido -destaca- el pan es parte de nuestra historia e indudablemente es un reflejo de lo que somos, y la forma cómo lo hacemos, lo vendemos y distribuimos habla también un poco de la evolución de la sociedad propiamente tal. En dichos términos, todavía hay brechas que aún es necesario superar, como, por ejemplo, el hecho de que el pan es un alimento básico de la alimentación de los chilenos y como tal, no debe ser demonizado”. Para la docente, esto es esencial, pues la panadería tradicional ha realizado esfuerzos significativos, tanto humanos como tecnológicos, ambientales y de gestión de recursos, para mantener e incluso potenciar las características nutricionales y organolépticas de sus productos. Variables que han permitido posicionar al pan fresco de panadería (especialmente la marraqueta), “como un alimento noble, funcional y nutritivo”. Este esfuerzo por optimizar la producción, incorporando más tecnologías y mejores materias primas se traduce, simultáneamente, en amplias oportunidades de desarrollo para la industria de proveedores, concretadas en el desarrollo de una amplia gama de insumos que hoy facilitan el amasado, leuda y horneado, por ejemplo, y también maximizan la incorporación de nutrientes esenciales, sin dejar de lado el característico sabor atractivo del pan chileno. Así lo afirma Marcela Minder Hetz, gerente de marketing de Granotec, empresa especializada en el desarrollo de nutrientes e ingredientes especializados para la industria alimentaria, quien destaca la “evolución positiva y sostenida en la industria panificadora chilena”. “Las grandes empresas han incorporado tecnologías de automatización, control de calidad y trazabilidad, lo que ha permitido mejorar la eficiencia productiva, reducir mermas y elevar los estándares de inocuidad. Esto abre nuevas oportunidades para la optimización operativa de las panaderías y, al mismo tiempo, plantea un desafío para los proveedores, como Granotec, en términos de formulación y recomendación de mezclas de ingredientes que se adapten a dichos cambios”, detalla la ejecutiva. Para Minder, esta evolución es parte de la esencia de su compañía, en términos de que están muy bien preparados para “interpretar resultados que permitan caracterizar las harinas, analizar en detalle el comportamiento reológico de las masas y conocer en profundidad el efecto de la aplicación de enzimas y complejos enzimáticos específicos que permitan adecuarse a estos nuevos procesos, obteniendo productos terminados estandarizados y con óptimos resultados”. FORMULACIONES MÁS SALUDABLES Si bien este proceso ha sido generalizado dentro del sector, aún existen ciertas brechas que se deben superar, especialmente en términos de garantizar acceso equitativo a las nuevas tecnologías y materias primas. Desde este punto de vista, Marcela Minder comenta que si bien la evolución no ha sido la misma para todo el sector, dado que muchas panaderías de barrio aún enfrentan desafíos estructurales como acceso limitado a tecnología, financiamiento y capacitación, sí se observa un denominador común y transversal, tanto en pequeñas, medianas o grandes compañías, que es “la disposición a trabajar para entregar un pan cada vez mejor”. Minder explica que esta necesidad de superación, incentiva a las panaderías a buscar asesorías y apoyos que les permitan mejorar permanentemente el sistema productivo. “En línea con esto -añade-, algunas panaderías tradicionales han comenzado a adoptar prácticas más eficientes y sostenibles, acogiéndose a programas como los Acuerdos de Producción Limpia (APL), y al apoyo de instituciones públicas”. Prácticas que para Fabiola Fuentealba no hacen sino reafirmar la vocación de superación que siempre han expresado los panaderos de Chile, trabajando en forma incansable y manteniendo a diario los hornos encendidos, los siete días de la semana, para abastecer de este alimento a gran parte de los hogares de nuestro país. Para responder en forma adecuada a esta orientación al logro y a la mejora continua, la industria de proveedores ha realizado constantes esfuerzos por entregar materias primas de mayor valor nutricional, lo que hoy se refleja en una generosa oferta de ingredientes capaces de posicionar al pan chileno (desde la marraqueta que solo se elabora con agua, harina y sal, hasta las más sofisticadas variedades de masa madre), en un auténtico alimento de propiedades funcionales. Así lo expresa Marcela Minder, quien destaca el esfuerzo realizado por la industria de proveedores para desarrollar formulaciones “que respondan a las nuevas demandas del consumidor por productos más saludables”. En el caso de Granotec, Minder destaca, por ejemplo, la presencia de productos tales como: Soluciones para la reducción de sal y grasa en pan, innovación que los hizo merecedores del premio AVONNI2013 y que redujo en 50% el uso de sodio y grasa en la elaboración de hallullas, “sin alterar las características de volumen, crocancia y sabor de este pan”. Mezclas funcionales con alto contenido de fibra y bajo índice glicémico, que permiten hornear panes blancos con alto contenido de fibra. Formulaciones sin aditivos artificiales, mediante el uso de enzimas que reemplazan a los ingredientes químicos, permitiendo obtener productos con etiqueta limpia. Nuevas mezclas de vitaminas y minerales, para fortificar el pan con hierro, zinc y ácido fólico, en línea con las políticas públicas de salud. Incorporación de granos ancestrales y legumbres, para aumentar la densidad nutricional del pan. Ejemplos concretos del enorme esfuerzo realizado por los panaderos y sus proveedores para entregar a la población un producto saludable y nutritivo, y que elimina de golpe los estigmas asociados al consumo de pan. Por el contrario, hoy es posible asegurar con plena certeza y evidencia científica, que este alimento constituye un aporte concreto y objetivo a la calidad de vida integral de las personas. En tal sentido, Fabiola Fuentealba asegura que es innegable que el pan tradicional de panadería aporta beneficios funciones para la salud, que van más allá de los aspectos propiamente nutricionales. “A lo largo de Chile, en muchas panaderías tradicionales, de barrio he visto ejemplos de variedades de pan realmente excelentes en su formulación, que aportan sustancias nutritivas importantes para la nutrición humana”, destaca la académica. CAMBIOS POSITIVOS Este significativo proceso de transformación y evolución del sector sigue avanzando día a día. De hecho, los expertos advierten que en el corto plazo, se concretarán cambios aún más significativos, que pueden posicionar al pan como un auténtico producto nutracéutico. Es decir, capaz de contribuir a la prevención de enfermedades, si se consume de manera moderada y dentro de un régimen de ingesta equilibrado y racional. “Esto se traducirá, por ejemplo, en el desarrollo de nuevas variedades de masa madre artesanal, e incluso, de la aparición de marraquetas con más vitaminas y fibra, lo que nos permitirá revertir la baja de consumo experimentada en los últimos años, pues los consumidores se darán cuenta de que el pan no es dañino, sino que, al contrario, es un aporte a la salud y calidad de vida”, explica Juan Mendiburu. El dirigente incluso comenta, que ya hay molinos que están desarrollando harinas con mayor cantidad de fibra, lo que, sumado al impulso experimentado por la biociencia nacional y la ingeniería genética, podría traducirse en el corto plazo, en la venta de marraquetas con potencial para incrementar la salud intestinal y el sistema inmunológico de las personas. Opinión similar manifiesta Marcela Minder, quien considera que, en el corto plazo a mediano plazo, se concretarán avances en producción muy importantes, tales como: Mayor incorporación de ingredientes bioactivos, como proteínas alternativas y antioxidantes naturales. Desarrollo de matrices alimentarias específicas, para grupos como adultos mayores, personas con diabetes o deportistas. Aplicación de biotecnología y fermentación natural, para mejorar la biodisponibilidad de nutrientes y reducir el uso de aditivos sintéticos. Avances que, a juicio de Fabiola Fuentealba también demuestran que el pan de panadería cumplirá muy pronto los desafíos que impone la aparición de nuevas tendencias de consumo saludable entre la población chilena, posicionándose como “un verdadero vehículo de nutrientes”. EFICIENCIA E INNOVACIÓN SOSTENIBLE Otro aspecto que el sector ha potenciado de manera contante en los últimos años y se valora de manera transversal, es la incorporación de métodos de producción más responsables y amigables con el medio ambiente. “La sostenibilidad se ha convertido en un eje estratégico para la industria -comenta Marcela Minder, de Granotec- y por eso hoy vemos avances concretos en esta materia, como uso de materias primas locales para reducir la huella de carbono; desarrollo de ingredientes con menor impacto ambiental; fomento de la eficiencia energética y la reducción de desperdicios en los procesos de panificación; y participación en iniciativas de economía circular, como la reutilización de subproductos agrícolas”. Esfuerzo que también implica la adopción de nuevas tecnologías destinadas a optimizar el consumo de energía y recursos naturales valiosos (como el agua), y que para el presidente de Indupan Santiago, demuestra el compromiso de los panaderos con el cuidado del medioambiente. “La eficiencia es un aspecto esencial de esta evolución, por eso hoy contamos con hornos más eficientes, repartimos con vehículos eléctricos e incorporamos paneles solares para ahorrar en consumo energético. Además, como la panaderías están insertas en barrios residenciales, también se han modernizado los procesos, para que los turnos sean más cortos y el trabajo en sí mismo sea más silencioso y menos invasivo”, explica Mendiburu. Desde el ámbito académico, Fabiola Fuentealba valora estos cambios, pero al mismo tiempo cree que se requieren mayores esfuerzos, para que el rubro avance aún más en sostenibilidad. “Hoy es necesario mejorar y optimizar los procesos productivos, para que sean más amigables con el medio ambiente, y en este sentido hay una serie de acciones que se pueden comenzar a adoptar, en forma planificada y responsable”, explica. Un camino donde, tal como en otras áreas de la industria alimentaria, los emprendedores juegan un rol decisivo, debido a su mayor cercanía con el desarrollo sostenible. Al respecto, Marcela Minder comenta que el ecosistema emprendedor ha sido un motor clave de la innovación sectorial, pues “en Chile, hemos visto cómo numerosos emprendedores han introducido productos diferenciados, tales como panes sin gluten, veganos o con ingredientes funcionales; modelos de negocio sostenibles y de cercanía, apoyados en canales digitales; y en colaboraciones efectivas con centros de I+D y empresas, como Granotec, para validar y escalar nuevas formulaciones”. En este contexto, la ejecutiva cree firmemente “que la colaboración entre industria, academia y emprendimiento, es esencial para seguir avanzando hacia una panificación más saludable, eficiente y sostenible”. Aspectos que también valora Fabiola Fuentealba, aunque enfatizando la necesidad de que los emprendedores brinden más apoyo especializado, como la producción de variedades de pan que incorporen nuevos nutrientes protectores para la salud, tales como granos enteros, fibra dietaria, variedades de semillas, harinas no tradicionales (lentejas, porotos o garbanzos, entre otras), y nuevas materias grasas. “También pueden potenciar a las panaderías tradicionales a través de la capacitación del capital humano, ayudándoles a implementar procesos productivos estandarizados según las recetas establecidas, y a estar más en contacto con situación nutricional de la población, para adaptarse a las nuevas tendencias y ofrecer productos acordes a esa realidad”, añade la académica de la USS. Avances que, en su conjunto, permitirán consolidar aún más el rol relevante que la panadería tradicional hoy cumple en la salud y nutrición de la población chilena, proyectándola como eje central de la acciones destinadas a enfrentar el futuro con mejores perspectivas de desarrollo. GALERÍAOTROS REPORTAJESReunión del Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas se realiza por primera vez en Chile10/10/2025 ositivas conclusiones entregó la reunión número 56 del Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas (CCPR), que por primera vez en la historia se realizó en nuestro país. El encuentro congregó a más de 200 delegados de todo el mundo, quienes se reunieron en el Hotel Intercontinental de Santiago, para analizar las diferentes estrategias necesarias para hacer más seguro e inocuo el uso de plaguicidas. Al respecto, el presidente del CCPR, Weili Shan, expresó su gran satisfacción por poder coorganizar esta instancia en Chile, manifestando que “nuestros dos países están separados por océanos y montañas; sin embargo, nos unimos porque estamos comprometidos con la seguridad alimentaria mundial”. La reunión fue inaugurada oficialmente por la ministra de Agricultura de Chile, Ignacia Fernández, y el agrónomo jefe del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China, Pan Wenbo. Aunque los países están geográficamente muy separados, ambos ministros hablaron de unidad y cooperación por una causa común. Fernández detalló el profundo compromiso de Chile con la labor del Codex y su liderazgo, en particular en la labor del CCPR sobre sustancias de baja preocupación para la salud pública, mientras que Pan subrayó el objetivo de China de “controlar los residuos de plaguicidas y la calidad y seguridad de los productos agrícolas... eliminando los plaguicidas de alta toxicidad y altos residuos”. Fernández también subrayó la importancia estratégica del trabajo realizado por el CCPR, enfatizando que la cooperación científica y el diálogo internacional “son fundamentales para encontrar soluciones que equilibren la salud humana, la productividad, la sostenibilidad y el comercio, en beneficio de los consumidores, los productores y las comunidades rurales. Pan, a su vez, refrendo este punto de vista, enfatizando que “la seguridad de los productos agrícolas y los alimentos no solo repercute en la salud y la seguridad públicas, sino que también tiene profundas implicaciones en el panorama económico mundial y la estabilidad social”. “Los países y las regiones pueden variar en cuanto a su nivel de desarrollo económico, producción y seguridad alimentaria, pero comparten los mismos objetivos: mejorar la seguridad alimentaria y proteger la salud de los consumidores. Los países también sienten la necesidad de profundizar en la cooperación multilateral: el comercio justo de productos agrícolas y alimentos requiere que todos refuercen la cooperación con otros países”, agregó el directivo. Por su parte, el presidente de la Comisión del Codex Alimentarius, Allan Azegele, abordó en su discurso inaugural las profundas y amplias repercusiones de la labor del CCPR. “El Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas ha sido durante mucho tiempo uno de los pilares del sistema del Codex, y las decisiones que se toman en esta sala tienen un alcance que va mucho más allá de nuestras deliberaciones, ya que llegan a los agricultores en sus campos, a los reguladores en sus oficinas, a los comerciantes en los mercados mundiales y, en última instancia, a los consumidores en sus mesas”. Azegele también reconoció y expresó su respeto por «la enorme complejidad» de la labor del CCPR. La secretaria del Codex Alimentarius, Sarah Cahill, también se refirió a la importancia de la labor de este Comité, señalando que “los residuos de plaguicidas encabezan sistemáticamente la lista de preocupaciones comerciales específicas relacionadas con la seguridad alimentaria planteadas en el Comité MSF de la OMC”. En su opinión “esto subraya la importancia de su labor y la necesidad de seguir esforzándose por elaborar, adoptar y aplicar los límites máximos de residuos (LMR) del Codex», declaró en la reunión. También comentó la importancia y el impacto de la coorganización de comités, que «mejora la accesibilidad y contribuye a una mayor participación en las reuniones del Codex en todas las regiones”. En nombre de la FAO, Maya Takagaki continuó con el llamamiento al diálogo. «Quiero animarles a todos a que aprovechen este importante espacio para fomentar el diálogo y la cooperación con el fin de seguir reforzando la coordinación entre las autoridades fitosanitarias y de seguridad alimentaria de cada uno de nuestros países miembros», afirmó. Giovanni Escalante, representante de la OMS en Chile, también pidió una participación aún más amplia en las reuniones del Comité, incluida «la participación activa de los consumidores y la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones y de adopción de sistemas. Este Comité tiene una responsabilidad técnica, pero también ética, porque detrás de cada LMR, de cada norma técnica, hay millones de vidas que dependen del rigor, la coherencia y la voluntad política de nuestro trabajo». CONCLUSIONES RELEVANTES Durante las sesiones realizadas entre el 8 y 13 de septiembre, el CCPR abordó diversas temáticas de alto impacto, como los LMR para los plaguicidas en los alimentos y piensos, para la leche y la grasa láctea y para el quimbombó. También se estudiaron las directrices para supervisar la estabilidad y pureza de los materiales de referencia y las soluciones madre correspondientes de los plaguicidas durante el almacenamiento prolongado. Los delegados debatieron, así mismo, la gestión de los compuestos no respaldados que no plantean problemas de salud pública y la coordinación del trabajo entre el CCPR y el Comité del Codex sobre Residuos de Medicamentos Veterinarios en los Alimentos. Al término de las sesiones, los delegados se manifestaron conformes con el trabajo realizado durante toda la reunión. El presidente del Comité, el Dr. Weili Shan, expresó su gratitud a los delegados y a Chile por coorganizar la reunión. Además, elogió la dedicación de los presidentes de los grupos de trabajo especiales por “facilitar los debates y preparar rápidamente los documentos de trabajo”, lo que a su juicio, supuso una “contribución significativa a la reunión”. A su vez, el copresidente de la reunión, Eduardo Aylwin, agradeció a China y a los delegados la confianza y el apoyo que le brindaron para ejercer este importante cargo. “Ha sido un honor para mi país, para la ACHIPIA y, por supuesto, para mí”, manifestó. Sarah Cahill, secretaria del Codex, se hizo eco de las diferentes palabras de agradecimiento expresadas por los presidentes de la mesa, alabando “la naturaleza intensa y colaborativa y la increíble energía dedicada a impulsar nuestro trabajo por parte de todos los participantes en la sesión plenaria y entre bastidores”. Tras las intensas reuniones de trabajo realizadas en Santiago, el Comité enviará los respectivas conclusiones LMR a la Comisión del Codex Alimentarius (CAC) para su adopción, junto con las enmiendas al Manual de Procedimiento del Codex pertinentes para la labor del CCPR. Además, se analizaron nuevas directrices para el control de la pureza y la estabilidad de los materiales de referencia y las soluciones madre relacionadas de plaguicidas durante el almacenamiento prolongado, iniciado en 2021, que también se han presentado a la CAC para su adopción en el trámite 8. Este documento representa un paso crucial hacia el desarrollo de una orientación armonizada y exhaustiva que permita a los laboratorios controlar la estabilidad y la pureza de los materiales de referencia de plaguicidas y sus soluciones madre durante un almacenamiento prolongado. Estas Directrices tienen por objeto orientar a los laboratorios en el control de la estabilidad y la pureza de los materiales de referencia para su posible uso más allá de sus fechas de caducidad, y para el uso continuado de soluciones madre que conservan su estabilidad y pureza. Para Víctor Rivera, coordinador de Asuntos Internacionales y Regulatorios de ACHIPIA, estos resultados “ponen de relieve, una vez más, el compromiso inquebrantable del Codex, sus miembros y observadores, de utilizar las pruebas científicas y la colaboración internacional para alcanzar el mismo objetivo: proteger la salud de los consumidores y facilitar prácticas justas en el comercio de alimentos”. De cara al futuro, el CCPR reiteró la importancia de mejorar la coordinación entre el CCPR y la JMPR, e identificó algunas medidas que deben adoptarse para mejorar la eficiencia en el establecimiento de LMR, basados en datos científicos para los plaguicidas. Durante la ceremonia de clausura, la mesa directiva del comité también brindó un reconocimiento al Dr. Warren Hughes, de Nueva Zelanda, por sus más de 30 años de dedicado servicio y contribución al trabajo del comité. Por Francisco Javier González Salvo Periodista y Editor Indualimentos a alimentación nutritiva, balanceada, inocua y segura es, sin lugar a dudas, uno de los pilares esenciales de toda estrategia destinada a fortalecer la salud integral y calidad de vida de la población. Sin embargo, para alcanzar dicho objetivo, es esencial que los protagonistas estratégicos del sector, como industrias, agricultores, emprendedores, cadenas de retail, distribuidores logísticos, establecimientos horeca y transportistas, entre muchos otros, cuenten con respaldo técnico especializado. Dicho apoyo proviene, necesariamente, de profesionales formados y capacitados para reconocer, recopilar y analizar críticamente, las distintas variables que intervienen en la producción inocua, segura, eficiente y sostenible de alimentos y bebidas. Solo de este modo es posible asegurar que las personas tengan acceso seguro y equitativo a productos elaborados a partir de los nutrientes que necesitan para potenciar su salud, y aspirar a una buena calidad de vida. Estos profesionales son los ingenieros en alimentos, que a pesar de no tener la visibilidad mediática de otras áreas del conocimiento, brindan un aporte trascendental en términos de garantizar la inocuidad, seguridad y valor nutricional de la producción agroalimentaria. INSTITUCIÓN DECANA Y PIONERA Para que este aporte sea cada vez más valioso, se requiere de entidades educacionales capaces de ofrecer programas de formación, desarrollo y perfeccionamiento constante, que preparen a los ingenieros para enfrentarse de manera flexible y adaptativa, a los constantes desafíos de un mercado en permanente transformación tecnológica, digital y, por sobre todo, cultural. Una de las entidades educacionales que precisamente contribuye a lograr exitosamente estos objetivos estratégicos, es la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que esta semana celebró 70 años de historia y tradición formativa. Aniversario que no solo confirma la inmensa contribución que esta casa de estudios superiores ha entregado, desde 1955, al desarrollo eficiente y la mejora continua de la industria alimentaria nacional, sino que también refleja el esfuerzo permanente de su cuerpo directivo y docente, por realizar actividades de investigación, desarrollo, innovación, perfeccionamiento y vinculación con el medio, que contribuyan a su mejora continua. De hecho, durante la ceremonia conmemorativa realizada en la sede de la escuela, ubicada en Playa Ancha, el secretario general de la Universidad, José Marín, quien asistió en representación del rector Nelson Vásquez, destacó el aporte realizado por profesores, funcionarios y estudiantes a lo largo de estos 70 años de trayectoria, enfatizando que son “varias generaciones de esfuerzo y dedicadas a un quehacer que se ha realizado con alto sentido de vocación y permanente responsabilidad, y que también se proyecta al futuro”. Futuro que precisamente encuentra a la Escuela en medio de un intenso proceso de modernización de infraestructura y currículum; el cual, de acuerdo con lo expresado por sus autoridades académicas, permitirá enfrentar en mejor forma los desafíos de un contexto dinámico y cada vez más desafiante, debido a los cambios experimentados tanto en las tendencias de consumo de la población, como en los propios procesos productivos. Desafío complejo, pero que al mismo tiempo representa una valiosa oportunidad de crecimiento, tal como lo reconoce el director de la escuela, Doctor Andrés Córdova, quien destaca como principal hito de esta nueva etapa la construcción de las nuevas instalaciones en el Campus Curauma. “Trasladarnos a Curauma nos permitirá continuar de mejor forma el trabajo que realizamos en todas las áreas de formación de pre y pos grado, y también favorecerá nuestra comunicación directa con las otras facultades que están en el campus”, enfatiza el directivo. “Desde esa perspectiva -agrega-, también nos abre más oportunidades para ofrecer a la universidad y a la comunidad en general, todo lo que podemos entregar desde nuestro quehacer de formación, investigación y desarrollo”. Visión que también comparte la secretaria académica de la Escuela de Alimentos, Lorena González, quien recordó con orgullo la contribución de la carrera a la formación de profesionales en el país. “Estamos muy contentos con los 70 años que estamos cumpliendo, porque desde 1955 que nuestra carrera está formando ingenieros que se desempeñan exitosamente en las empresas de alimentos, en organizaciones vinculadas a la industria y al rubro”, afirma. “Por eso -agrega-, tenemos la esperanza y la certeza de que seguiremos construyendo futuro y aportando al desarrollo alimentario de Chile y el mundo”. FORMACIÓN DE EXCELENCIA A lo largo de su 70 años de historia, la Escuela de Alimentos de la PUCV no solo se ha posicionado como entidad decana de la Ingeniería de Alimentos en Chile, sino también como referente de prestigio para América Latina, en la formación de profesionales capacitados para afrontar los desafíos del sector. Esto permite que el Ingeniero de Alimentos de la PUCV domine conocimientos actualizados de ciencias básicas, ciencias de la ingeniería, ingeniería aplicada y gestión, lo que se traduce en mayor capacidad para administrar, diseñar, y/o mejorar procesos de producción industrial de alimentos, garantizando, al mismo tiempo, su calidad, inocuidad y sostenibilidad ambiental. “Nuestros profesionales se destacan por sus excelentes habilidades interpersonales en el trabajo, desplegando en su actuar, los valores éticos de respeto y búsqueda del bien común que transmite nuestra universidad. Ello les permite ser un aporte valioso en cualquier organización relacionada al ámbito de los alimentos”, enfatiza el Dr. Andrés Córdova. “Gracias a esta trayectoria -enfatiza- hoy nos hemos posicionado como referentes nacionales e internacionales en formación de profesionales, en investigación y en la vinculación con el medio social en general y agroalimentario en particular”. “Por ello, estamos orgullosos de que, desde 1955 a la fecha, nuestra escuela ha formado a miles de profesionales que se han insertado con éxito en el sector agroalimentario, nacional e internacional, liderando procesos de producción, innovación y aseguramiento de calidad, aportando excelencia académica y sello valórico, y realizando una contribución decisiva para el desarrollo del país. Por lo tanto, formar ingenieros e ingenieras de alimentos ha sido y seguirá siendo, para nosotros, un factor primordial para el desarrollo estratégico para Chile”, puntualiza Córdova. INNOVACIÓN MULTIDISCIPLINARIA El valioso aporte educativo que hoy brinda la escuela de alimentos de la PUCV no termina en la titulación de sus estudiantes. De hecho, la institución hoy también es un referente internacional de formación continua, gracias a la implementación de programas que han marcado hitos fuera de nuestras fronteras, como por ejemplo, el diplomado en micro cervecería, que cuenta con más de 12 años de trayectoria y del cual han egresado 250 profesionales, cuyas competencias son reconocidas en diversas latitudes del continente. Este diplomado está dirigido a profesionales y emprendedores relacionados con la producción y/o comercialización de cerveza artesanal en Chile y en el extranjero, y que deseen ampliar sus conocimientos y competencias en aspectos clave, tales como producción, calidad, marketing y valorización de oportunidades de negocio. Para ello, entrega diversas herramientas científicas y tecnológicas relacionadas con la producción y comercialización de cerveza, que permitan al estudiante identificar y desarrollar proyectos de innovación; crear modelos de negocios; introducir mejoras en los procesos productivos; e impulsar una auténtica cultura de calidad para el desarrollo de productos y servicios en el competitivo mercado cervecero. Otro programa destacado es el International Diploma in Craft Distiling (Diploma Internacional en Destilación, que consta de una serie de cursos diseñados para proporcionar al alumno los conocimientos necesarios sobre la ciencia y tecnología detrás de la destilación. Sus temas principales incluyen historia, técnicas y tecnología de varios tipos de bebidas espirituosas destiladas para consumo humano de todo el mundo (como whisky, brandy, ron, vodka, coñac, pisco y ginebra, entre otras). También cubre áreas como química aplicada, física, microbiología y conocimientos de ingeniería necesarios para operar diferentes tipo de alambiques de etanol. Aborda, así mismo, algunos de los diversos aspectos legales relacionados con la producción de alcohol y, además, incluye una práctica de destilación de whisky o pisco, así como visitas a destilerías en funcionamiento. Otro programa de alto valor educacional es el diplomado en Ingeniería de Alimentos, cien por ciento online y que fue pionero en esta modalidad. Esta iniciativa cuenta con 20 años de vigencia, y ha permitido actualizar los conocimientos de cientos de profesionales en áreas críticas de la producción de alimentos. A ellos se suma el doctorado en ciencias agroalimentarias, programa en el que convergen de forma armónica los saberes de las ciencias agrarias y de la ingeniería de alimentos, y que se realiza con la participación equitativa de profesionales de la escuela de Agronomía. Y como la mejora continua también requiere el perfeccionamiento de las estrategias, herramientas y metodologías destinadas a la enseñanza, la escuela también espera poner en marcha, en el corto plazo, nuevos programas de formación continua relacionados con las necesidades actuales del sector agroalimentario, en especial la adopción de tecnologías disruptivas y la obligación de implementar sistemas de producción regenerativos, sostenibles y amigables con el medio ambiente. “Todo esto -explica el profesor Andrés Córdova, se ha logrado gracias a la visión estratégica de nuestra facultad, que se traduce en un trabajo mancomunado que en pocos años ha demostrado ser una excelente herramienta para construir un espacio de excelencia y colaboración. Y a pesar de que se trata de un programa relativamente joven, ya se encuentra acreditado por 5 años, y se ha logrado articular con diversas áreas de investigación de frontera como bioingeniería, sostenibilidad, investigación y calidad de la producción agroalimentaria”. Al respecto, el directivo destacó también que en la actualidad la escuela de alimentos de la PUCV desarrolla proyectos financiados por FONDEF, fondos internos de la universidad y aportes privados, para llevar adelante importantes iniciativas en temáticas tales como biorrefinería de materiales agroalimentarios, con énfasis en la valorización de residuos agroindustriales para generar nuevos ingredientes y compuestos de nueva generación que permitan, por ejemplo:
Algunas de estas tecnologías emergentes de procesamiento se traducen, por ejemplo, en la producción de nuevos alimentos saludables y con propiedades funcionales, incluyendo proteínas hidrolizadas; así como en el desarrollo de nuevos productos fermentados que entregan bienestar y valor al patrimonio cultural de Chile. Uno de estos proyectos corresponde al trabajo con algas marinas locales, que lleva a cabo el profesor Sebastián Pizarro, cuyos avances prometen alcanzar nuevos umbrales de sostenibilidad de procesos, así como también brindar un fuerte reimpulso a la economía circular, mediante la innovación tecnológica de frontera. Todo ello, tal como asegura el Dr. Córdova, con el objetivo final "de avanzar en la construcción y consolidación de una agroindustria más verde y amigable con el ambiente". “Estos proyectos no solo generan publicaciones científicas de alto impacto, sino que también algunos de ellos están contribuyendo a crear soluciones que van directamente aplicadas a la industria de alimentos local, manteniendo un diálogo permanente con el sector productivo”, destaca. VINCULACIÓN CON EL MEDIO La escuela de alimentos de la PUCV también ha mantenido un fuerte y permanente compromiso con la sociedad, que se plasma, por ejemplo, en las actividades que realiza su Laboratorio de Asistencia Técnica, ASISTEC, que brinda apoyo especializado a empresas e instituciones mediante acciones de alto impacto para todo el ecosistema agroalimentario, como análisis de control microbiológico y químico, estudios de vida útil, análisis de agua y muestreo de controles sanitarios, entre otros servicios. La escuela también ha realizado un extenso programa de capacitaciones que han beneficiado a más de 13.000 personas en 35 comunas a lo largo de todo el país, lo que ha permitido fortalecer los conocimientos, competencias y habilidades de una gran cantidad de capital humano, tanto en el sector público como privado, y así como también cubrir las necesidades de microemprendimientos y grandes empresas. Asimismo, se han llevado a cabo diversos proyectos de alto impacto comunitario en soberanía alimentaria, como el fortalecimiento de los ecomercados solidarios. A ellos se suman diversos talleres para adultos mayores y pasantías escolares, que demuestran que la ingeniería en alimentos no solo transforma a la industria, sino también vidas. Sin embargo, este trabajo no termina ahí, pues hoy la escuela de Alimentos de la PUCV está abocada a abordar con mayor energía los desafíos que hoy interpelan a la industria y a toda la sociedad, como el cambio climático, la inflación alimentaria, las enfermedades no transmisibles, y las nuevos requerimientos nutricionales de una población que crece, pero al mismo tiempo, también envejece. “Es importante reconocer que si queremos que nuestro país avance hacia su consolidación como potencia agroalimentaria, nuestro esfuerzo disciplinar no bastará por sí solo, sino que debemos tener la flexibilidad para adaptarnos a estos nuevos escenarios”, explica Andrés Córdova. En ese sentido el directivo enfatiza que uno de los principales objetivos estratégicos presentes, radica en trabajar conjunta e inter disciplinariamente, para potenciar el denominado concepto One Health. “Este nos invita a realizar un enfoque integral, donde se reconozca la interconexión que existe entre la salud humana, la salud animal y la del medio ambiente, entendiendo que estos tres componentes están estrechamente vinculados y deben abordarse de forma coordinada, para garantizar sistemas alimentarios que sean seguros, sostenibles y resilientes”, asegura. “Para ello necesitamos conectar mejor con nuestros colegas de las ciencias agronómicas, ambientales, veterinarias, de la nutrición y de la medicina, teniendo presente, de todos modos, que la ingeniería de alimentos tiene el rol de ser una piedra angular y servir como puente entre todas estas disciplinas, para así construir significativamente al bienestar de las personas”, agrega el Dr. Córdova. Objetivos que demuestran que la escuela de alimentos de la PUCV seguirá siendo, un valioso semillero de conocimiento, así como un motor de transformación social, en la medida que tanto su cuerpo docente como sus alumnos, reafirman a diario su convicción de que “alimentar a Chile y al mundo es, en esencia, alimentar la esperanza de un mañana más justo, saludable y sostenible”. GALERÍAOTROS REPORTAJES na dieta equilibrada y saludable, basada en alimentos y bebidas de origen mayormente natural y que aporten la cantidad precisa de nutrientes requeridos por el organismo, es clave para mantener una buena calidad de vida. Sin embargo, más allá del origen y la formulación de los productos que a diario ingerimos para cubrir nuestras necesidades de proteínas, aminoácidos y antioxidantes, entre otros componentes biológicos esenciales para la vida; también es muy importante mantener y preservar la calidad de los alimentos que se adquieren en el comercio y que, por distintas razones, deban almacenarse antes de ser consumidos. Esto implica que tanto las empresas, como los consumidores, deben tener especial cuidado con la durabilidad y/o caducidad de los alimentos que forman parte de la dieta diaria, pues cualquier ventaja que pueda obtenerse respecto de un determinado producto nutritivo o saludable, puede perderse, o incluso transformase en potencial foco de riesgo sanitario, si este superó su vida útil. Para entender la relevancia de este tema, es necesario precisar, en primer lugar, ciertos conceptos básicos. Al respecto, Roberto Ortuño, responsable de Seguridad Alimentaria de AINIA, agencia española dedicada al fomento de la innovación y desarrollo tecnológico del sector agroalimentario, plantea que la vida útil de un alimento se entiende como “el tiempo que transcurre desde la producción o envasado del mismo y el momento en el que se pierden las cualidades organolépticas que le son propias, o bien, deja de ser seguro para el consumidor”. En otras palabras, es “el tiempo que transcurre desde su elaboración hasta su deterioro físico, químico o microbiológico”, precisa. Para la industria alimentaria en general este tema es primordial. De hecho, parte importante del presupuesto destinado al desarrollo y comercialización de un producto se dirige a realizar estudios de vida útil, los cuales han ido adquiriendo cada vez mayor grado de sofisticación y precisión. En especial, aquellos trabajos destinados a determinar la durabilidad máxima de acuerdo con las condiciones de almacenamiento que el alimento o bebida tendrá antes de su consumo. En este punto específico, “es importante indicar -agrega Ortuño- que las condiciones de almacenamiento del alimento (tales como temperatura o humedad, entre otras) durante un estudio de vida útil deben reproducir las que realmente deberá soportar el alimento en el mercado hasta su consumo, o ser en todo caso más restrictivas (generen un más rápido deterioro)”. Todo ello con el objetivo de ser lo más veraces y eficientes posible para cumplir con las necesidades alimentarias del público consumidor. Partiendo de estas precisiones técnicas, tanto la industria como los consumidores deben ocuparse de monitorear en forma efectiva y eficiente la durabilidad y/o fecha de caducidad de los alimentos, pues cualquier deterioro de sus condiciones físicas, químicas o biológicas no solo puede provocar la pérdida de las características organolépticas, sino que además puede ser fuente de graves infecciones. En este sentido, Roberto Ortuño aclara que conocer la vida útil del alimento “permite a la industria fijar la fecha de caducidad o consumo preferente”, aspecto que en forma simultánea se transforma en aliciente para desarrollar nuevos procesos de investigación e innovación destinados, precisamente, a extender ambas variables. “Aquellas tecnologías de fabricación, envasado o conservación que consiguen alargar la vida útil de los alimentos, otorgan a estos un mayor valor, ya que van a poder permanecer más tiempo en el mercado o en el domicilio de los consumidores”, precisa el experto de AINIA. A su vez, el consumidor no necesariamente requiere conocer la vida útil exacta de los productos que adquiere, sino la fecha de caducidad o consumo preferente de éstos, “ya que debe consumirlos con anterioridad a estas fechas”, agrega Ortuño. Esto, porque la principal preocupación de las personas es el cuidado de su salud, y por ende, deben estar plenamente informados de cuál es el tiempo límite para ingerir un determinado alimento o bebida, antes de que sus condiciones físicas, químicas o biológicas se vuelvan potencialmente dañinas para el organismo. TAREA COMPARTIDA Parte importante de este cuidado, proviene, precisamente, de la información que el propio fabricante del producto entrega a sus consumidores mediante las etiquetas de cada alimento o bebida. En todos estos casos, debe estar claramente informada tanto la fecha de elaboración como la de vencimiento o caducidad, de modo que las personas tengan claridad para decidir los lapsos en que es seguro consumir el producto. En tal sentido, Roberto Ortuño precisa que a partir del conocimiento de la vida útil de un producto, el fabricante decide la fecha de caducidad o de consumo preferente, de forma que la primera sea siempre posterior. “Con ello se establece un cierto margen de seguridad para prevenir que el producto se deteriore aun cuando las condiciones de almacenamiento o transporte del mismo no sean exactamente las adecuadas, cosa que por otra parte se debe evitar a toda costa”, indica. El experto de AINIA explica que, para poder tomar las decisiones más adecuadas, es necesario distinguir con claridad ambos conceptos: ● La fecha de caducidad indica el momento en el que se entiende que el producto puede no ser seguro, y en general se utiliza para alimentos no perecederos. ● La fecha de consumo preferente, en tanto, indica a partir de qué momento el producto ha podido perder alguna de las características organolépticas o sensoriales que le son propias como el sabor, olor, textura, color, o cualquier otra. Por ende, los consumidores deben tener claro, entonces, que cuando se supera la fecha de consumo preferente, el alimento o bebida puede ser consumido, pero será menos agradable o amigable en cualquiera de sus características organolépticas o sensoriales. Por el contrario, si se ha superado la fecha de caducidad, no es recomendable consumir, desde ningún punto de vista dicho alimento o bebida, pues existe alto riesgo de sufrir trastornos digestivos o de contraer alguna enfermedad infecciosa. RECOMENDACIONES AL CONSUMIDOR Si bien no le corresponde, ni tampoco está al alcance del consumidor determinar la vida útil de un alimento o bebida, por cuanto no cuenta ni con el conocimiento, ni la experticia o el equipamiento para ello, sí es importante desde su posición conocer la diferencia entre fecha de caducidad o de consumo preferente de un producto, y cómo actuar en cada caso. En esta situación, Roberto Ortuño recomienda, en primer lugar, planificar con algún detalle los menús que se prepararán en casa, antes de comprar los productos. “No es necesario realizarlo con total exactitud -señala-, pero sí de forma aproximada”. El experto aconseja, como primer paso, elaborar una lista de los productos necesarios antes de ir a comprar, “lo cual evitará que compremos más alimentos de los que podemos consumir antes de que estos se deterioren”. A su vez, al momento de comprar también sugiere fijarse en la fecha de caducidad o de consumo preferente, “de forma que comprobemos que los productos no van a alcanzar estas fechas antes de su preparación o su consumo en casa”. Por último, se debe almacenar el producto siguiendo las instrucciones del fabricante que deben estar en la etiqueta, “especialmente viendo si el producto requiere ser mantenido en refrigeración, antes o después de haber abierto el envase”, precisa. En el caso de los productos con fecha de consumo preferente, tras pasar la fecha el producto sigue siendo seguro durante algún tiempo. Por ello, en estos casos el experto de AINIA sugiere comprobar si este se ha deteriorado de alguna manera. “No obstante -indica-, en caso de duda, mejor no consumirlo, porque la responsabilidad del fabricante sobre el producto también ‘caduca’ pasada esa fecha”. Para los productos con fecha de caducidad, la norma que se debe seguir es no consumirlos nunca pasada esa fecha. “Además, si observamos cualquier alteración en el producto, como el color o el olor, por ejemplo, incluso antes de la fecha de caducidad, es mejor no consumirlo y reclamar al establecimiento que nos lo ha vendido”, enfatiza Ortuño. A juicio del especialista, si se siguen estos consejos, el público siempre podrá alimentarse con productos seguros y de características organolépticas óptimas. AVANCES MÁS RECIENTES Si bien la prevención que el propio consumidor aplica en su vida diaria es fundamental para no correr riesgos sanitarios derivados del consumo de alimentos cuya vida útil ya ha caducado, la industria también ha desarrollado e implementado importantes avances tecnológicos que hoy permiten incrementar al máximo la durabilidad de gran cantidad de alimentos. Incluso hoy es posible lograr éxitos impensados hace tan solo una década, como transportar frutas frescas por rutas oceánicas intercontinentales, o bien almacenar y comercializar alimentos liofilizados que pueden mantener tanto sus condiciones sanitarias, como su valor nutritivo, por años. Para Roberto Ortuño, existen dos áreas en las cuales se ha avanzado más significativamente en tecnología aplicada a estudios de vida útil de los alimentos. “De un lado (está presente) la posibilidad cada vez más demandada de la realización de estudios acelerados. (En este caso) se trata de forzar las condiciones de almacenamiento de los productos para que su deterioro sea más rápido que en las condiciones reales, habiéndose establecido con anterioridad a través de estudios de cierta complejidad, la equivalencia de deterioro de un tipo determinado (el que resulte determinante) entre los tiempos en unas y otras condiciones”, explica. Para Ortuño esto “permite realizar estudios en tiempos más cortos que si se realizan a tiempo real, aunque posteriormente de lanzar los productos al mercado se hace un seguimiento de muestra para garantizar la idoneidad de la vida útil previamente calculada”. Si bien este tipo de estudios no es aplicable a todos los productos o condiciones de envasado y almacenamiento, “es cada vez más demandado, ya que se busca que el time to market para los nuevos productos sea cada vez más corto, por cuestiones comerciales”. El segundo campo de avance significativo que reconoce el especialista de AINIA es el desarrollo cada vez más extendido de las técnicas de simulación de vida útil o vida útil predictiva. “Mediante ellas -destaca- podemos evitar la realización de estudios con el producto real, haciendo una simulación mediante algoritmos de cálculo previamente desarrollados y comprobados”. Ortuño señala que este método tampoco es aplicable a todos los tipos de producto, pero en aquellos casos en que sí es factible “puede ahorrar muchos costos, sobre todo en las fases de desarrollo de nuevos productos, evitando al menos una parte de los estudios de vida útil real que se suelen necesitar en estos procesos. En este caso, la capacidad computacional que nos permiten las tecnologías digitales ha sido básica para poder desarrollar este tipo de metodologías”. El experto de AINIA también destaca otro tipo de pruebas conocidas como Challenge Test o pruebas de desafío. “Se utilizan para productos muy estables, pero no estériles o que no se van a conservar en condiciones de esterilidad; por ejemplo, salsas que contengan algún aditivo o tengan otras condiciones que frenarían una virtual contaminación del producto”. “En estos casos -enfatiza - el estudio consiste en contaminar intencionadamente el producto con el microorganismo o microorganismos que se consideren de riesgo y comprobar si realmente se produce ese efecto protector del aditivo o de las mencionadas condiciones, como pueden ser el PH o la actividad del agua. Posteriormente se hace un seguimiento de la población del microorganismo en el alimento, viendo cómo evoluciona ésta cuantitativamente con el tiempo y si se produce efectivamente el efecto inhibidor del crecimiento microbiano que confiere estabilidad al producto frente a la contaminación estudiada”. GALERÍA |
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