a región de Coquimbo se convirtió en epicentro de la innovación alimentaria nacional, reuniendo a destacados exponentes de la ciencia, tecnología y emprendimiento, quienes abordaron los principales desafíos y oportunidades de desarrollo que hoy enfrenta el ecosistema innovador sectorial, en Chile y el mundo. Esto fue posible gracias a la realización del seminario “Innova-Acción Alimentaria 2025”, organizado por la Corporación Regional de Desarrollo Productivo (CRDP) en el marco del proyecto Viraliza CORFO. El programa incluyó diversas actividades como conferencias magistrales, workshops, mentorías, exposición de productos con sello regional, clases de cocina en vivo y sesiones de networking, que abrieron interesantes perspectivas para el potenciamiento de un talento que demostró, una vez más, su capacidad para impulsar un desarrollo alimentario verdaderamente eficiente, inocuo, seguro y sostenible. Si bien, esta iniciativa busca fortalecer el ecosistema de innovación alimentaria de la Región de Coquimbo, poniendo en valor los alimentos con identidad territorial y las soluciones tecnológicas que impulsan una producción más eficiente y sostenible, durante las tres jornadas se pudo conocer de primera mano iniciativas provenientes de todo el país, que tienen la capacidad y el potencial de impulsar cambios disruptivos de alto valor científico y biotecnológico, no solo en Chile, sino también en todo el mundo. Todo ello, alineado de manera armónica y proactiva, con las nuevas tendencias de consumo de la población, que hoy demanda alimentos capaces de cuidar la salud de todas las personas, pero también del planeta que habitamos. Fue así como durante las tres jornadas se abordaron temáticas clave como, por ejemplo:
También se dictaron talleres prácticos y se organizaron sesiones de mentoría para emprendedores del sector, quienes pudieron recibir guía experta de especialistas técnicos de la academia, instituciones públicas, gremios y empresas privadas. Durante la ceremonia de inauguración en La Serena, Francisco Aguirre, Gerente de la Corporación Regional de Desarrollo Productivo (CRDP), destacó que “Innova-Acción Alimentaria es un punto de encuentro entre el conocimiento, la ciencia y los sabores de nuestra región, que refleja el compromiso de la CRDP con el desarrollo sostenible, la innovación y la puesta en valor del patrimonio alimentario regional”. Por su parte Andrés Zurita, Director Regional de Corfo, destacó enfatizó el constante impulso a la innovación alimentaria local, mediante el apoyo a proyectos que incorporan tecnología, sustentabilidad y valor agregado a los productos locales. “Este seminario es una instancia clave para conectar y reunir a emprendedores, empresas y academia en torno a estos desafíos, lo que nos permite proyectar una industria alimentaria regional más moderna, competitiva y con identidad propia”. El encuentro también contó con una muestra de productos regionales, actividades de networking agroindustrial, talleres de financiamiento y postulación a fondos del sector alimentario, así como masterclass orientadas a locales gastronómicos y público general en diversas temáticas actuales como, consumo vegano y gluten free. Las actividades comenzaron el 27 de noviembre, en la Fuente Toscana de Ovalle, donde se contó con la participación de tres destacados expositores: Benjamín Martínez (Miido), Carlos Bahamondes (Instacrops) y Nicolás Piña (Neutral Farming), quienes compartieron soluciones y tendencias claves para el futuro del sector agroalimentario. Posteriormente, el epicentro se trasladó al Teatro Centenario de La Serena, donde los días 3 y 4 de diciembre se dieron cita algunos de los más importantes exponentes del conocimiento científico y tecnológico alimentario, en conjunto con representantes del ecosistema emprendedor, quienes abordaron desafíos, oportunidades de desarrollo y casos de éxito recientes. GALERÍAOTROS REPORTAJES
0 Comentarios
En una exitosa e inolvidable jornada que reunió a los más destacados representantes del ecosistema emprendedor nacional, se realizó la ceremonia de cierre del Premio Nacional de Innovación Alimentaria 2025”. Esta iniciativa del Programa Estratégico Transforma Alimentos (impulsado por Corfo), en alianza con la empresa Nutrisco, busca reconocer, visibilizar y conectar a las empresas y startups que hoy lideran la transformación del sector alimentario chileno, brindando soluciones sostenibles, saludables, tecnológicas y con visión de futuro. Durante la ceremonia, José Miguel Benavente, vicepresidente ejecutivo de CORFO, destacó los 10 años de trabajo pionero e ininterrumpido del Programa Transforma Alimentos, resaltando su “tremendo éxito en posicionar el sector de alimentos como fuerza de crecimiento, exportación y generación de empleo para Chile”. Benavente también enfatizó que el sector alimentario, en especial la gran empresa, no puede dormirse en estos laureles y debe seguir desarrollando propuestas de valor “que cumplan con todos los estándares internacionales y con los requisitos que exigen los países compradores o consumidores de este tipo de productos”. “Para ello -añadió-, debe haber una profunda colaboración entre el sector público y privado, instancias donde los programas como Transforma Alimentos son vitales, pues plasman una auténtica visión de Estado, ya que en su caso se trata de una iniciativa que se ha estado aplicando exitosamente durante tres administraciones distintas”. COOPERACIÓN MULTISECTORIAL Uno de los mayores éxitos alcanzados por esta iniciativa de Transforma Alimentos, fue su profundo impacto transversal y multisectorial. De hecho, esta edición del Premio Nacional contó con el apoyo de empresas y organizaciones de trascendencia mundial como Nestlé Research & Development y Foodtech Hub Latam (de Brasil). A ello se sumó el apoyo del Centro de Innovación Gastronómica (CIG) de INACAP y de la Asociación Gremial de Alimentos y Bebidas de Chile, AB Chile, cuya experticia fue fundamental para generar puentes de contacto entre los diversos representantes del ecosistema emprendedor productivo y gastronómico. También fue trascendental el respaldo de ProChile y otros importantes aliados institucionales, que potenciarán la proyección internacional de las innovaciones seleccionadas. Al respecto, Ignacio Fernández, director general de ProChile, recalcó que “Chile tiene hoy un gran prestigio entre los grandes proveedores de alimentos del mundo, con exportaciones que de enero a octubre de este año suman más de US$ 19 mil millones, un 9,3% más que en el mismo período de 2024”. “Por ello, este catálogo refuerza la imagen de una industria sofisticada e innovadora, que hoy es capaz de responder a las tendencias globales de consumo, lo cual nos ayudará en la promoción internacional de los atributos de la oferta chilena de innovación alimentaria a través de las oficinas que tenemos en más de 50 mercados internacionales”, agregó el directivo. PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCIÓN INNOVADORA La selección de los ganadores del Premio Innovación Alimentaria 2025 se realizó luego de un Elevator Pitch (exposición técnica oral), que reunió a los diez emprendimientos finalistas. Luego de esta instancia, un jurado experto compuesto por representantes del mundo académico, gremial y privado, seleccionó a los vencedores en las diferentes categorías: Estos fueron los siguientes: “Alimentos para una Vida Saludable”: Mycoseaweed. “Agrifood-Tech”: Pewman Innovation. “Sostenibilidad Alimentaria”: Hidroponía Mallkivitor. “Patrimonio Gastronómico”: La Chupilca. También se entregaron los premios especiales a la “Innovación con Sello de Escalabilidad Nutrisco”, que correspondió a Refoods; y a la “Innovación con Sello de Exportación ProChile”, que fue obtenido por Sinzero. A su vez, el premio a la mejor presentación, que otorga el público asistente, fue para Pewman Innovation. TRASCENDENCIA TRANSVERSAL Uno de los aspectos más trascendentes del Premio Nacional de Innovación Alimentaria 2025 radica en la presencia de más de 20 aliados estratégicos público-privados, que participaron en la evaluación y promoción de las empresas postulantes. Entre ellos se cuentan agencias públicas, grandes empresas, centros tecnológicos e instituciones vinculadas a la I+D+i+e (Investigación, Desarrollo, innovación y emprendimiento). En tal sentido, Fiorella Montoya, gerente corporativa de Sostenibilidad de Nutrisco, comentó que “la innovación alimentaria debe avanzar hacia soluciones que sorprendan al mercado, pero también que mejoren la calidad de vida de las personas y eleven los estándares de sostenibilidad del sector”. “Para Nutrisco -agregó la ejecutiva-, esta distinción es una oportunidad concreta para visibilizar desarrollos con verdadero potencial de crecimiento y que están impulsando la transformación de nuestra industria desde una mirada responsable y de largo plazo". Durante la ceremonia instancia, también se lanzó oficialmente la sexta versión del Catálogo de Innovación Alimentaria de Chile, publicación digital que reúne a los 50 productos y servicios más innovadores del año para la industria en las categorías “Alimentos para una Vida Saludable”, “Agrifood-Tech”, “Sostenibilidad Alimentaria” y “Patrimonio Gastronómico”. Este documento está disponible para el público general y puede descargarse de manera gratuita desde la página web www.innovacionalimentaria.cl El impacto alcanzado con esta publicaciones se refleja en un crecimiento sostenido del ecosistema emprendedor alimentario nacional, que ha posicionado a nuestro país como un referente mundial del sector. De hecho, las distintas ediciones del catálogo han visibilizado a la fecha a 300 innovaciones y a más de 230 empresas (principalmente MiPymes), que gracias a esta vitrina nacional e internacional pueden dar a conocer no solo su talento y creatividad, sino también la extraordinaria capacidad de adaptación de los innovadores chilenos. Característica que demuestra de manera fehaciente, el enorme potencial del talento nacional, así como su fortaleza para responder de manera ágil, oportuna, eficiente y sostenible a los crecientes desafíos globales que impone el actual escenario social y comercial. “Este 2025, nuevamente los resultados del catálogo muestran la efervescencia y renovación constante que vive el sector, pues un 46% de las empresas proviene de regiones; un 48% está liderada por mujeres y 90% declara estar en el segmento Mipymes”, detalla Graciela Urrutia, gerenta de Transforma Alimentos. Cifras que confirman el crecimiento del ecosistema emprendedor, pero que también revelan la necesidad de crear más instrumentos de apoyo público y privado, que permitan a los innovadores escalar y convertir sus ideas en estrategias y aportes reales, para avanzar hacia la reducción de la inseguridad alimentaria mundial, mediante alternativas inocuas, eficientes, saludables y sostenibles, en armonía con las nuevas tendencias de consumo de la población. La ceremonia de premiación finalizó con un encuentro de networking, propiciado por el CIG INACAP, aliado estratégico de Transforma Alimentos, y cuyo objetivo es impulsar la innovación gastronómica con impacto en diversas regiones del país. En este sentido, Eugenio Melo, director del Centro de Innovación Gastronómica de INACAP enfatizó que este premio “reafirma el valor del trabajo colaborativo en torno a la innovación alimentaria”. “Celebramos una industria en constante transformación, donde todas las regiones del país son clave: es desde ellas donde nacen los ingredientes, los saberes y las oportunidades de innovación. Formar estudiantes conectados con esa realidad, capaces de crear y agregar valor, es parte central de nuestro compromiso con el futuro de Chile”, agregó. En el evento, participaron también autoridades de Gobierno, además de representantes de grandes compañías, asociaciones gremiales vinculadas a la industria alimentaria, startups y actores del ecosistema de I+D+i+e nacional. GALERÍAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista – Editor Indualimentos as actuales tendencias de alimentación que manifiestan los consumidores, se orientan principalmente a la búsqueda de productos más saludables y nutritivos. Así lo afirman los más recientes estudios publicados por destacadas consultoras internacionales, como Euromonitor, Innova Market Insights y McKinsey, entre otras. Sin embargo, los análisis de mercado también enfatizan que esta orientación hacia lo natural y saludable no implica renunciar al placer de lo “organolépticamente atractivo”. Es decir, los consumidores buscan cuidar su salud y calidad de vida, pero no se conforman solo con degustar sabores poco atractivos, sino que esperan “mimos” y atenciones especiales, en términos de presentación y, por cierto, de placer sensorial y palatabilidad. Tendencia que se engloba dentro de lo que hoy se conoce como concepto “Mejor para Ti” o BFY (Better for You), el cual define precisamente la orientación hacia alimentos que tengan más ingredientes con propiedades funcionales (como proteínas, vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, entre otros), y que se traduzcan en beneficios concretos para la salud y calidad de vida, pero que, al mismo tiempo, proporcionen deleite y disfrute para los sentidos. Por ejemplo, el estudio “Disfrutando la Salud”, publicado a principios de año por Innova Market Insights, muestra que más de la mitad de los consumidores modernos se orientan hacia dicha tendencia, adaptando sus respectivas decisiones de compra de acuerdo con esos atributos. Ello ha motivado a los fabricantes de alimentos y bebidas a desarrollar nuevos productos que, precisamente, den respuestas concretas, eficientes y ágiles a esa necesidad de salud y bienestar, pero que también entreguen mayores márgenes de “indulgencia”. En otras palabras, ofrecer “caprichos reconfortantes” con beneficios de salud y bienestar añadidos. De hecho, para los autores del estudio, esto ha permitido que la categoría Better for You (que originalmente surgió como una respuesta neutra al exceso de alimentos con nutrientes críticos), se esté volviendo más indulgente, incorporando sabores, texturas o ingredientes de primera calidad organoléptica, y que no pierdan su capacidad de nutrir en forma saludable. EN BUSCA DEL PLACER SALUDABLE Pero, más allá de los cambios en las tendencias, ¿Qué significa que un alimento sea “saludablemente indulgente”? Si analizamos la etimología técnica de esta expresión, descubriremos que la indulgencia alimentaria es la búsqueda de productos (alimentos y bebidas) con propiedades que no necesariamente son “normales” o “indispensables”, tal como se entiende en el contexto de una dieta nutritiva y balanceada. En otras palabras, no tienen como objetivo principal nutrir de manera saludable, sino que solo responden a la necesidad de entregar placer sensorial y organoléptico, a partir de ciertas características muy específicas tales como crocancia, frescura, combinación de sabores exóticos y, por supuesto, dulzor, entre otros diversos atributos que generan apetencia (preferencia) hacia uno u otro producto. Durante muchos años, la principal fuente de indulgencia fueron los chocolates, golosinas, pasteles, postres y bebidas endulzadas con azúcar simple (sacarosa), cuyo consumo siempre fue amplia y transversalmente aceptado. Sin embargo, el auge de las nuevas tendencias de alimentación saludable, así como la adopción de nuevos marcos regulatorios que marcan a estos productos (en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, México y muy pronto también en Perú) con sellos negros que advierten a la población sobre la presencia de nutrientes críticos (como azúcar, grasas saturadas y calorías), hacen que su consumo esté cada vez más en entredicho, debido a que pueden favorecer la aparición de enfermedades no transmisibles de alto impacto (como obesidad, hipertensión y diabetes, entre otras) Todo ello derivó en la necesidad de optimizar los procesos de producción, para reorientar la oferta hacia formulaciones que pudieran equilibrar la capacidad de ser saludables y, al mismo tiempo, indulgentes. Y si bien se trata de un desafío extremadamente complejo, dada la innata preferencia del ser humano hacia los sabores dulces (heredada del contacto con la leche materna), los principales actores de la industria creen que es perfectamente factible hoy en día, producir una nueva generación de dulces, golosinas y confites con propiedades saludables y que, al mismo tiempo, no pierdan su capacidad de “encantar los sentidos”. Así lo asegura, por ejemplo, Valeria Jiménez Castro, ingeniera de Desarrollo de la empresa Taglerfood, quien explica que hoy ya existen confites más nutritivos y que no sacrifican su atractivo sensorial. “La clave -explica- está en aplicar un enfoque integral de innovación alimentaria, que combine la ciencia de los ingredientes, la percepción del consumidor y las tendencias del mercado”. La profesional enfatiza que, desde el punto de vista tecnológico, hoy la industria dispone de materias primas funcionales (como fibras vegetales, fibras prebióticas, proteínas vegetales, extractos naturales antioxidantes y edulcorantes de bajo índice glicémico), que permiten reformular confites sin comprometer textura, sabor o estabilidad. “Por otro lado -añade-, los avances en microencapsulación y tecnologías de liberación controlada, facilitan incorporar nutrientes sensibles, como vitaminas, minerales o compuestos bioactivos, sin alterar las características organolépticas del producto”. Sin embargo, para Valeria Jiménez la verdadera diferenciación de esta nueva generación de confites saludables e indulgentes, no proviene solo de “mejorar la etiqueta”, sino de crear una experiencia placentera y coherente con los valores del consumidor moderno, que son indulgencia consciente, naturalidad y transparencia. “Por eso -detalla Valeria-, el desafío para el desarrollador no es eliminar el placer del confite, sino redefinirlo, logrando un equilibrio entre salud, sensorialidad y emoción. En resumen, el futuro de los confites saludables no está en hacerlos ‘menos malos’, sino en transformarlos en vehículos de bienestar, donde cada ingrediente tenga un propósito funcional y cada bocado conecte con una historia de disfrute responsable”, enfatiza Opinión que comparte Laura Matiola, ingeniera en alimentos de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil, con posgrado en gestión de negocios, y coordinadora de Marketing de Categorías en la empresa Master Science. Durante una reciente exposición realizada en el marco del seminario del Colegio de Ingenieros Alimentos (CIACh) “Construyendo el Futuro Alimentario, que tuvo lugar durante la reciente versión 2025 de Expo Food & Service, Laura enfatizó que hoy la moderna industria alimentaria “dispone del conocimiento, la herramientas y la capacidad para desarrollar una nueva generación de confites que sean más simples, innovadores, saludables y, al mismo tiempo, sostenibles” (producidos mediante procesos que no impacten negativamente en el medio ambiente). “Esto implica -recalca-, ofrecer soluciones que puedan impactar a un consumidor mundial y local, brindando sabores capaces de despertar emociones intensas, como los recuerdos de infancia y, simultáneamente, entregar beneficios de salud, mediante la incorporación de ingredientes funcionales, como la fibra y la proteína, que contribuyen a fortalecer la microbiota y a entregar más energía, respectivamente”. Estos objetivos y capacidades industriales se enmarcan de manera precisa con las recientes orientaciones que expresan los consumidores tanto de Chile como América Latina y que, de acuerdo con los estudios de Innova Market Insights, muestran una marcada tendencia hacia el “sentirse bien”, tanto física como mentalmente. Un camino que necesariamente lleva a la búsqueda de nuevos placeres sensoriales y a la valorización de propuestas más disruptivas, pero que no pierdan de vista la salud, la tradición culinaria y el bienestar integral. Casos recientes de éxito, dentro de este camino evolutivo, son los emprendimientos chilenos Granolin y Kiwicha, que ofrecen una amplia variedad de barras proteicas naturalmente endulzadas, en formulación tradicional o vegana, y que combinan sabores altamente atractivos y novedosos, propios de la tradición latinoamericano, como cacao, maracuyá y amaranto, pero combinándolos precisamente, con ingredientes funcionales de alto valor nutritivo, como proteínas y fibra. Al respecto, Valeria Jiménez comenta que estos ejemplos responden precisamente al fenómeno de que los consumidores chilenos y latinoamericanos están experimentando una transformación “muy interesante en su relación con los confites y dulces, pues ya no buscan solamente comer o beber “algo rico”, sino degustar una experiencia que combine placer, autenticidad y propósito. “Esto significa -precisa la profesional- que el consumidor actual valora tanto el sabor como el significado detrás del producto. Es decir, por un lado, sigue existiendo un fuerte componente emocional, pues los confites evocan momentos de infancia, celebración y recompensa, y ese vínculo afectivo sigue siendo central; mientras que por otro lado, el consumidor moderno, especialmente las nuevas generaciones, es más consciente de su bienestar, salud y nutrición, por lo que espera opciones más naturales, transparentes y equilibradas. En otras palabras, quiere disfrutar, pero sin culpa”. La profesional de Taglerfood también destaca que las actuales tendencias de consumo se orientan cada vez más a productos prácticos y convenientes, que se adapten a su ritmo de vida, y permitan más control sobre el tiempo y la calidad de preparación. Es decir, “productos fáciles de elegir, disponibles en formatos accesibles, con mensajes claros y coherentes con su estilo de vida (como los snacks dulces saludables, por ejemplo)”. Variables que, en Chile y gran parte de Latinoamérica, se combinan con el interés creciente por productos que reduzcan el azúcar, utilicen colorantes y sabores naturales, e incluyan ingredientes con valor funcional, como frutas reales, fibras o vitaminas. “También hay una búsqueda por marcas honestas y cercanas, que comuniquen de forma clara sus ingredientes y procesos”, añade Valeria Jiménez. “Además -agrega-, el consumidor latino tiene un perfil muy sensorial, pues disfruta los sabores intensos, las texturas marcadas y las experiencias multisensoriales. Por eso, el desafío para las marcas no es solo hacer más saludable al confite, sino mantener su carácter lúdico y emocional, mientras se avanza hacia formulaciones más limpias y sostenibles”. En síntesis, tal como explica la especialista de Taglerfood, la industria enfrenta el desafío de responder en forma ágil y oportuna a una “búsqueda de placer con propósito”, porque los consumidores quieren que un confite los haga sentir bien, pero también que esté alineado con sus valores de salud, sostenibilidad y autenticidad. “Esa es la nueva frontera de innovación en la categoría”, asegura Valeria. INNOVACIONES FUTURAS Si bien el desafío sigue siendo complejo desde el punto de vista comercial y tecnológico, los expertos coinciden en que la industria, tanto a nivel de emprendedores como de compañías tradicionales, está preparada para responder en forma exitosa, pues el avance disruptivo de la tecnología y la biociencia, promete un futuro cada vez más sorprendente en materia de desarrollo de nuevos productos, capaces de ofrecer no solo indulgencia saludable, sino de consolidarse como verdaderos exponentes de lo que podría denominarse como la nueva “era de la indulgencia nutracéutica”. Así lo sostiene Valeria Jiménez, quien enfatiza que el escenario actual es solo el preámbulo de una nueva y disruptiva era en confitería. “El concepto de “confites saludables e indulgentes” ya no es una contradicción, sino una tendencia consolidada que seguirá evolucionando, impulsada por la ciencia de los alimentos, la sostenibilidad y los cambios en el comportamiento del consumidor”. “El avance en nuevos ingredientes funcionales, como fibras con efecto prebiótico, extractos botánicos adaptógenos o proteínas vegetales con propiedades texturizantes (entre otras opciones), abre oportunidades enormes para reformular productos con beneficios reales para la salud, pero que sigan siendo placenteros. A esto se suma la exploración de endulzantes naturales de nueva generación, que permiten mantener la experiencia sensorial del azúcar sin sus efectos metabólicos”, añade. En cuanto a la irrupción de nuevos sabores, Jiménez comenta que seremos testigos de una fuerte influencia de la identidad latinoamericana, con el uso de frutas autóctonas, hierbas y especias locales reinterpretadas desde la innovación. “En Taglerfood estamos trabajando en esa dirección: rescatar ingredientes tradicionales y darles un nuevo protagonismo dentro de una categoría históricamente asociada a lo artificial”. “También creemos -indica- que la tecnología seguirá siendo clave, mediante procesos más precisos, como controles de textura mediante hidrocoloides naturales, y microencapsulación avanzada para preservar compuestos sensibles. Todo esto permitirá desarrollar confites con perfiles sensoriales más complejos, pero también con propiedades funcionales diferenciadas”. Aspectos que también resalta Laura Matiola, quien puntualiza que hoy nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos, “permitirán analizar mejor tanto las necesidades del consumidor, como la capacidad de la industria para marchar a la vanguardia, sin perder de vista las tradiciones culinarias latinoamericanas, como los sabores exóticos locales, aplicando ciencia y tecnología para desarrollar alimentos atractivos y a la vez capaces de brindar mejor salud corporal y también mental”. En suma, el futuro de los confites saludables será dinámico y diverso, lo que nos permitirá asistir al pronto advenimiento de una nueva y revolucionaria generación de productos que integrarán nutrición, placer y propósito. “Esto transformará al confite de un simple gusto pasajero, a un vehículo cotidiano de bienestar y emoción”, concluye Valeria Jiménez. GALERIAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista – Editor Indualimentos os esfuerzos por consolidar hábitos de alimentación saludable en la población se expresan en diversas iniciativas, tanto a nivel de certificaciones privadas como de regulaciones gubernamentales, que pueden ser de cumplimiento voluntario u obligatorio, según cada caso. Chile no es la excepción a esta regla. Por el contrario, desde hace más de una década las diferentes administraciones han impulsado, con mayor o menor éxito, una serie de iniciativas tendientes a mejorar la dieta nacional y combatir los elevados índices de obesidad que, paradojalmente, hoy son incluso más elevados que nunca en nuestro país, según informó la última edición del “Atlas Mundial de Obesidad” elaborado por la Federación Mundial de Obesidad (WOF). El clímax de estos esfuerzos llegó con la promulgación y posterior entrada en vigencia (en junio de 2016) de la Ley 20.606. Dicho cuerpo legal estableció la obligatoriedad de imprimir sellos negros de advertencia en los envases y empaques de todos los alimentos procesados que, a partir de una tabla de referencia establecida por el ministerio de Salud (MINSAL), tuviesen mayor proporción de “nutrientes críticos”. Es decir, aquellos nutrientes que, consumidos en elevada cantidad y frecuencia, pueden eventualmente convertirse en factores de riesgo para la salud, debido a su potencial incidencia en la aparición de enfermedades no transmisibles de alto impacto, como obesidad, diabetes e hipertensión, entre otras. Uno de estos “nutrientes críticos” es la sacarosa, también conocida como azúcar de mesa, azúcar simple (monosacárido - disacárido) o azúcar común, que desde los orígenes de la producción industrial (e incluso mucho antes), ha sido el principal ingrediente empleado en la elaboración de chocolates, dulces, confites, productos de pastelería, gaseosas, jugos líquidos, refrescos en polvo y muchos otros alimentos y bebidas destinados principalmente a satisfacer el denominado “consumo indulgente” (es decir, aquel que nos motiva a ingerir alimentos que no se consideran “propios” o “normales”, dentro de un esquema de nutrición esencial saludable). Sin embargo, el mercado de la indulgencia alimentaria es enorme y muy popular. De hecho, según datos de la consultora especializada Data Bridge Market Research, solo el segmento de los dulces alcanzó en 2024 una valorización de USD 252 mil millones, proyectándose que superará los USD 343 mil millones para 2032 (lo que representa una tasa de crecimiento anual compuesto CAGR de 3,94% solo durante dicho período). Un monto considerable de oferta y demanda, al cual debe sumarse la participación de otros alimentos igualmente populares como bebidas gaseosas, néctares, pasteles, postres, gelatinas, refrescos, tortas y un gigantesco etcétera que, hasta 2016, también utilizaban azúcar común en su formulación. REEMPLAZO… ¿SEGURO? Este contexto de mercado provocó que la entrada en vigencia de los sellos negros de advertencia significase un auténtico “terremoto normativo” para la industria, que de un momento a otro se vio enfrentada a una compleja disyuntiva: mantener sus recetas tradicionales azucaradas, incorporando los llamativos (y poco felices) sellos negros de advertencia “alto en azúcares” en las etiquetas y envases; o bien, realizar el esfuerzo técnico-comercial de modificar las formulaciones, y reemplazar la sacarosa por un aditivo que fuese no calórico y, por ende, no se considerase como “nutriente crítico”. En un alto porcentaje de los casos (las gaseosas y postres fueron lo ejemplos más notables), la industria asumió el desafío de modificar sus formulaciones, lo que derivó en el reemplazo de la sacarosa por una nueva generación de edulcorantes de origen natural o sintético, entre los que destacan principalmente la stevia (a base de plantas) y la sucralosa (organoclorado sintético derivado del azúcar), a los cuales se sumaron posteriormente la tagatosa, la alulosa y el eritritol, entre otros. El bajo o nulo aporte calórico de estos aditivos, permitió su uso como endulzantes de alimentos y bebidas, eliminando los sellos de advertencia y ofreciendo, teóricamente, alternativas más saludables de “indulgencia alimentaria” (o al menos así se estimaba originalmente). Sin embargo, tras un período de ajuste y relativa calma en el mercado (donde las únicas “olas” que aparecían en el horizonte se generaban por la competencia entablada entre productores de edulcorantes para captar las preferencias de un público que gradualmente comenzaba a buscar formulaciones más naturales y menos sintéticas), las aguas volvieron a agitarse de manera repentina tras las inesperadas alertas que a partir de 2023 levantaron la Organización Mundial de la Salud (OMS) a nivel internacional; y el MINSAL, en Chile El primer impacto provino de una guía de alerta emitida por la OMS en mayo de 2023, donde se “desaconsejó el uso de edulcorantes artificiales no calóricos como reemplazo del azúcar, en toda situación, régimen o terapia destinada a bajar de peso”. Esto se debe, según explicaron entonces los expertos de OMS, a que “no existe evidencia de que estos productos generen efectos directamente positivos en la disminución del Índice de Masa Corporal (IMC)”. Si bien esta recomendación de la OMS solo estaba dirigida al uso de edulcorantes bajos o sin calorías (LNCS) “como estrategia para bajar o controlar el peso”, la autoridades de salud de Chile se hicieron eco de este informe casi de inmediato, y decidieron amplificar sus recomendaciones a un contexto más global. Esto se tradujo, tras un período de consultas con distintas organizaciones y entidades académicas, en la intención de estudiar e implementar un nuevo sello de advertencia frontal para etiquetas y envases alimentarios, en el cual debería indicarse, de forma clara y visible, que cualquier producto cuya formulación tuviera edulcorantes no calóricos (stevia, sucralosa, tagatosa, alulosa, eritritol, etc.) “no es apto para niños”. Aunque esta medida aún se encuentra en fase de análisis técnico, su solo anuncio fue suficiente para generar incertidumbre y levantar críticas transversales, tanto por parte de la propia industria, como de un amplio grupo de expertos nacionales e internacionales, quienes argumentan que aún no existe evidencia científica suficiente para avalar esta recomendación. Más aún, quienes critican esta medida aseguran que el exceso de etiquetados de advertencia puede resultar confuso para el consumidor y, al mismo tiempo, generar efectos contradictorios como, por ejemplo, incentivar una vez más el consumo de productos endulzados con azúcar común, en la creencia errónea de que ésta puede ser “más saludable que los edulcorantes”. FALTA DE EVIDENCIA SUFICIENTE Aunque la iniciativa sigue su avance, aún se está lejos de alcanzar consenso. Por ejemplo, Solange Brevis, Msc. Ingeniera en Alimentos de la Universidad del Biobío, académica de Nutrición y Dietética de la Facultad de Medicina de la universidad del Desarrollo, y asesora del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, concuerda con la iniciativa del MINSAL, pues, a su juicio, la evidencia actual sugiere que los edulcorantes no calóricos, “aunque seguros dentro de las Ingestas Diarias Admisibles (IDA), presentan riesgos potenciales que no deben subestimarse”. “La guía de OMS que desaconsejó en 2023 su uso para control de peso, se basa en estudios que asocian el consumo regular de los edulcorantes no calóricos con mayor riesgo de diabetes tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares; y en Chile, donde 76% de los niños de 3 años ya consume edulcorantes, según estudios del INTA-Universidad de Chile (2024), la preocupación es especialmente relevante”, explica Brevis. La experta también detalla que investigaciones chilenas recientes, como las realizadas en 2024 por la antropóloga Francisca Concha Celume, en conjunto con otros académicos nacionales, han documentado alteraciones en la microbiota intestinal y efectos transgeneracionales en el metabolismo, derivadas del consumo excesivo de edulcorantes no calóricos. “En poblaciones vulnerables como niños y adultos mayores, estos aditivos pueden alterar la tolerancia a la glucosa y modificar permanentemente las preferencias de dulzor, estableciendo patrones alimentarios problemáticos desde edades tempranas”, agrega. Opinión similar manifiesta Valeria Ferrari C., nutricionista de la UCINF, diplomada en Gestión de la Industria Alimentaria, y Administradora de Contratos, Producción y Gestión de Calidad, quien reconoce que el uso de edulcorantes no calóricos se relaciona con menor ingesta de azúcares, pero que a larga esto también “podría incentivar un consumo no controlado de alimentos endulzados con estos aditivos, como lácteos, bebidas gaseosas, golosinas o productos de repostería, lo que puede generar efectos negativos en poblaciones más susceptibles como niños y adultos mayores”. “Ambos grupos etarios pueden sobrepasar fácilmente las dosis máxima recomendable diaria, si no están debidamente controlados, por lo que la recomendación es moderar tanto el consumo de azúcar como de edulcorantes, priorizando alimentos y aditivos de origen natural”, enfatiza. Sin embargo, la también nutricionista Evelyn Sánchez Cabezas, académica de la Universidad de Las Américas, UDLA, manifiesta que “la evidencia disponible muestra resultados diversos, que requieren una interpretación cuidadosa, más que conclusiones absolutas”. En su opinión, los edulcorantes no calóricos no pueden considerarse dañinos “cuando se usan dentro de los límites establecidos por las autoridades sanitarias, dado que organismos como la Organización Mundial de la Salud OMS, la European Food Safety Authority (EFSA) y la Food and Drug Administration (FDA) mantienen sus ingestas diarias admisibles (IDA) para estos compuestos específicos, lo que refleja que, en dosis normales, no existen riesgos demostrados”. Respecto de la recomendación hecha por la OMS en 2023, Evelyn Sánchez recuerda que esta solo se relaciona con el uso de edulcorantes como estrategia para bajar de peso, “ya que (en estos casos) los beneficios observados son mínimos y los resultados a largo plazo no son concluyentes”, aunque también considera que en grupos vulnerables, como niños pequeños, es recomendable evitar su uso habitual y “promover una menor preferencia por el sabor dulce desde edades tempranas”. MITOLOGÍA V/S REALIDAD Una opinión más crítica y totalmente contraria a la iniciativa impulsada por el MINSAL, manifiesta la Doctora Susana Socolovsky, PhD, CFS, Doctora en Química de la Universidad de Buenos Aires; Fellow de la International Academy of Food Science and Technology (IAFoST); Certified Food Scientist por el Instituto de Certificación del IFT; presidenta de la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios (AATA); presidenta electa de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Ciencia y Tecnología de los Alimentos (ALACTA); y académica con más de 20 años dedicados a la investigación científica y a la docencia en Química Orgánica. Durante una reciente visita a Chile, como expositora del IDF WDS Chile 2025 (Congreso Mundial de la Leche), celebrado en Santiago entre el 20 y 23 de octubre, la Dra. Socolovsky comentó a Revista Indualimentos, que “los edulcorantes no calóricos son aditivos alimentarios evaluados y probados de acuerdo con parámetros técnicos y científicos muy rigurosos, que se revisan y actualizan por entidades internacionales certificadas, como el Joint Expert Committe on Food Additives de FAO (JECFA)”. Socolovsky enfatiza que, a partir de estos estudios, el Codex Alimentarius (conjunto de normas, códigos de prácticas y otras recomendaciones para la industria mundial de alimentos, reconocidas internacionalmente, publicadas por FAO y respaldadas por la OMS), establece una pauta de Ingesta Diaria Admisible (IDA) que se representa en una cantidad X de miligramos de edulcorante, por kilogramo de peso corporal”. “En consecuencia, y como norma general, cualquier edulcorante no calórico u otro aditivo alimentario que se consuma en cantidades que no superen la IDA, es inocuo para cualquier miembro de la sociedad, desde un niño de un año hasta un adulto mayor de 100, porque cuando se hace la respectiva evaluación de riesgo, es para toda la población general, y no solo para un grupo específico de personas. Es decir, la IDA se calcula con la rigurosidad necesaria para garantizar la inocuidad del aditivo en cualquier grupo etario”, enfatiza la Dra. Socolovsky. “Por eso -añade de manera enérgica-, poner una alerta de advertencia mediante un sello que diga ‘este producto contiene edulcorantes y no se recomienda su consumo en niños’, como se hizo en Argentina y se piensa hacer ahora Chile, es equivocado, porque, de acuerdo con la evidencia científica existente, no hay ningún riesgo en el consumo de edulcorantes”. Un punto de vista similar expone el ingeniero y Msc en ingeniería química, John Alarcón Camacho, director de la compañía nacional Prodalysa SPA, ubicada en la región de Valparaíso y especializada en el desarrollo de edulcorantes no calóricos naturales a base de stevia. En su opinión, todos los cuestionamientos que surgieron luego de la publicación del documento de OMS en 2023 y que derivaron en la iniciativa de proponer nuevos sellos de advertencia adicionales, “se basan en una interpretación equivocada de dicho documento y en una mala difusión de sus conclusiones”. “Lo que dijo exactamente la OMS es que los edulcorantes no calóricos no sirven para bajar de peso, algo con lo que efectivamente estoy de acuerdo, porque su uso está destinado a moderar el consumo de azúcar, y no para combatir el sobrepeso. Para lograr ese objetivo se necesitan otra acciones, como una dieta equilibrada y saludable, y hacer ejercicio. Por ello, el consumidor debe informarse bien antes de caer en actitudes alarmistas; mientras que la prensa tiene el deber de dar a conocer estas informaciones en contexto, porque se dijeron muchas cosas erróneas, cuando lo esencial radica en que los endulzantes naturales y bajos en calorías, como los elaborados a base de stevia, son solo una herramienta más para lograr una buena alimentación”, comenta Alarcón. “Aquí no hay soluciones milagrosas, sino que todo forma parte de una alimentación equilibrada y variada”, agrega el ingeniero químico y empresario, quien, sin embargo, también considera que “hoy la industria alimentaria tiene el deber, la oportunidad y el compromiso de bajar el nivel de dulzor de sus productos, para que todos podamos contribuir, con rigurosidad, conocimiento y evidencia, a desarrollar dietas saludables”. LOS SUSTENTOS DE LA AUTORIDAD A pesar de las voces críticas de la academia internacional y de la industria, desde el ministerio de Salud afirman que la iniciativa seguirá adelante, hasta concretar la aplicación de los nuevos sellos adicionales. Punto de vista que concita el apoyo de un grupo importante de profesionales y académicos chilenos, entre los que se encuentran Marcela Reyes y María Luisa Garmendia, profesoras del Instituto de Tecnología de los Alimentos, INTA, de la Universidad de Chile e investigadoras del Centro de Investigación en Ambientes Alimentarios y Prevención de Enfermedades Crónicas Asociadas a la Nutrición, CIAPEC. Ambas expertas participaron en 2024 del proyecto FONIS “Consumo de edulcorantes no calóricos en lactantes, preescolares y adolescentes de ingreso medio-bajo después de la implementación de la Ley 20.606”, que analizó información sobre el contenido de edulcorantes en 1.000 productos envasados dulces, así como el consumo de edulcorantes en 900 menores, 700 adolescentes y 1.500 embarazadas, del área suroriente de Santiago. A partir del estudio de dicha muestra, las investigadoras concluyeron que “el consumo de edulcorantes no calóricos es muy frecuente en embarazadas, lactantes, prescolares y adolescentes, y que, a pesar de ser ampliamente utilizados como una alternativa más saludable en la elaboración de alimentos y bebidas, su uso no implica una menor ingesta de azúcares”. A partir de estas observaciones, que se compararon (según se explica en un artículo publicado en la página web de INTA) con las opiniones de otros 39 actores relevantes del mercado expertos en temas de alimentación, políticas públicas y edulcorantes, Marcela Reyes y María Luisa Garmendia recomiendan “informar la presencia de edulcorantes no calóricos en la cara frontal de alimentos envasados, vía una leyenda precautoria”. Es decir, la misma medida que pretende implementar MINSAL. El tema no termina ahí, pues el mismo estudio de Reyes y Garmendia también plantea otras recomendaciones complementarias “de amplio consenso”, que consisten en: restringir las estrategias de marketing en alimentos que contengan edulcorantes no calóricos; promover más investigación e innovación en esta área; y habilitar o fortalecer la fiscalización existente, respecto de la veracidad del etiquetado en los alimentos que utilicen este tipo de aditivos. En otras palabras, se sugiere obviar todas las recomendaciones y análisis planteados tanto por JECFA como por el Codex Alimentarius, para crear una “fiscalización paralela” en nuestro país. La académica de la UDD Solange Brevis, concuerda con algunas de estas conclusiones y recalca que “estudios longitudinales demuestran que estos compuestos pueden desencadenar respuestas compensatorias que aumentan el apetito y la preferencia por alimentos dulces, comprometiendo los beneficios esperados”. Además, agrega que “la exposición a productos con alta intensidad de dulzor, independientemente de su origen, perpetúa la búsqueda del sabor dulce a través del sistema de recompensa cerebral, manteniendo los patrones de consumo problemáticos que se pretendían modificar”. La académica de UDLA Evelyn Sánchez plantea, a su vez, que “sustituir azúcar por un edulcorante no calórico puede ayudar a reducir calorías y azúcares libres, pero no garantiza por sí mismo una mejor salud ni control del peso”, por lo que esto aditivos “deben entenderse como una herramienta de transición, y no como una ‘licencia’ para consumir productos dulces sin control”. En su opinión, el beneficio real que se obtenga de su consumo dependerá del contexto alimentario global, “pues no es lo mismo reemplazar azúcar en una bebida azucarada, que en un patrón de alimentación equilibrado y rico en frutas, verduras y agua”. Por lo tanto, y basándose en el mensaje global de la recomendación publicada en 2023 por la OMS, Sánchez concluye que, a largo plazo, “el objetivo estratégico real es “reeducar el paladar hacia alimentos naturalmente menos dulces, y mantener una hidratación basada principalmente en agua o infusiones, sin azúcar ni edulcorantes”. Sin embargo, para la Dra. Susana Socolovsky tanto los reparos expresados por el MINSAL, como los estudios que sustentan sus puntos de vista, “no tienen asidero científico”, porque las evaluaciones de riesgo JECFA ya consideran la posibilidad de que un edulcorante se utilice más allá de su cuota máxima en todas las categorías de alimentos dulces. “Por lo tanto -asegura-, cuando Codex establece el IDA específico para cualquier aditivo, ya incorporó la ingesta máxima potencial, de modo que no es necesario realizar más estudios ni fiscalizaciones, pues los límites ya existentes siguen siendo seguros, aún en escenarios donde haya una reformulación importante de ingredientes, como ocurrió en Chile desde 2016 en adelante. Por ello, a base de la evidencia científica existente, los edulcorantes no calóricos son seguros para toda la población, en tanto se consuman de acuerdo con el IDA específico determinado para cada uno de ellos”, afirma. La científica asegura, asimismo, que cualquier publicación que diga que el consumo temprano en niños de alimentos endulzados con edulcorantes no calóricos, puede resultar en apetencia por sabores dulces en edades más tardías, “es un error garrafal, porque los niños desde que nacen consumen de inmediato un alimento extremadamente dulce, como es la leche materna”. En otras palabras, “la apetencia por el sabor dulce no viene de los alimentos con edulcorantes, sino que es una característica innata del ser humano. Más aún, es una de las primeras manifestaciones del deseo por la supervivencia”, enfatiza. Del mismo modo, la Dra. Socolovsky plantea que “uno o dos artículos no constituyen evidencia científica”, sino que esta se construye a partir de un cúmulo de estudios científicos. “Hoy, ese cúmulo existe, y establece que el simple hecho de dar a los niños alimentos dulces, no genera apetencia desmesurada en el futuro, sino que en realidad los niños comen dulces por la herencia adquirida luego del consumo de leche materna, y van disminuyendo su ingesta progresivamente hacia la adolescencia, “cuando adquieren preferencias por otros sabores, como el amargo de la cerveza, por ejemplo”. Por ende, “esa teoría no tiene sustento, porque en la adultez uno tiene preferencias por sabores que en la niñez no hubiera aceptado”, recalca. INNOVACIONES FUTURAS Pese a las controversias suscitadas y a los reparos existentes hacia el valor de los edulcorantes no calóricos como reemplazos del azúcar, la industria actualmente sigue realizando esfuerzos por desarrollar una nueva generación de estos aditivos, que cumpla los requerimientos de una población más informada y que busca productos de origen más natural. Al respecto, Solange Brevis considera que las empresas tiene la capacidad para explorar soluciones prometedoras que van más allá de la simple sustitución. “Por ejemplo -detalla- las proteínas modificadoras del sabor dulce como taumatina y brazzeína potencian la percepción de dulzor sin aportar estructura química de edulcorante, mientras que las fibras prebióticas dulces ofrecen beneficios adicionales para la microbiota, mientras aportan dulzor moderado”. Otras tecnologías que menciona la académica son la encapsulación, que permite liberar dulzor controladamente, reduciendo las cantidades necesarias hasta en 50%; y la fermentación de precisión, que permite generar nuevas moléculas dulces mediante bioingeniería con perfiles metabólicos mejorados. “En Chile, el Laboratorio de Evaluación Sensorial del INTA investiga la modificación de atributos como aroma, textura y color para reducir la necesidad de dulzor sin comprometer la aceptabilidad del producto. Estas innovaciones apuntan a reformular alimentos reduciendo progresivamente la intensidad total de dulzor”, agrega. Claro que más allá de las ventajas o potenciales defectos de la sustitución del azúcar por edulcorantes, desde el punto de vista de la salud integral, la principal recomendación de los profesionales radica en privilegiar una alimentación equilibrada, balanceada y moderada. En tal sentido, Evelyn Sánchez comenta que “lo realmente relevante para la salud es reducir progresivamente el umbral de dulzor en la dieta, por lo que aprender a preferir alimentos naturalmente menos dulces, como frutas frescas, yogures naturales o infusiones sin endulzar, es una estrategia más sostenible y beneficiosa que buscar el ‘edulcorante perfecto’. Para Solange Brevis, esta reeducación del paladar hacia sabores menos dulces implica, en el caso de la población general, reducir gradualmente el umbral de dulzor, preferir stevia o eritritol sobre opciones sintéticas, y limitar el consumo a 2-3 porciones diarias como máximo; mientras que en niños menores de 3 años debe evitarse completamente la exposición regular a edulcorantes; y en adultos mayores se debe monitorear su respuesta glucémica individual y monitorear posibles interacciones farmacológicas. Brevis considera que esta educación debe involucrar a pediatras, nutricionistas, ingenieros en alimentos, jardines infantiles y colegios, “para modificar la cultura alimentaria chilena, desarrollando una relación más consciente con los alimentos y priorizando el consumo de productos integrales no procesados”. Diagnóstico que comparte Evelyn Sánchez, para quien la recomendación nutricional es clara: “una alimentación saludable no depende del uso de edulcorantes, sino de reducir progresivamente la preferencia por el sabor dulce excesivo. El agua debe seguir siendo la bebida de elección, y los edulcorantes no calóricos pueden considerarse solo como una herramienta transitoria para disminuir el consumo de azúcares simples, siempre que su uso sea moderado, consciente y dentro de un plan de alimentación equilibrado. Por ejemplo, en niños, adolescentes y adultos mayores se aconseja limitar su consumo habitual, y en menores de dos años, está contraindicado”. “En personas con diabetes o resistencia a la insulina -agrega Sánchez-, los edulcorantes pueden contribuir al control glicémico cuando sustituyen fuentes reales de azúcar, pero su incorporación debe ser evaluada y supervisada por un profesional de la salud. En todos los casos, es fundamental leer el etiquetado, conocer el tipo y la cantidad de edulcorante presente y no aumentar las porciones por la idea de que un producto sin azúcar es automáticamente más saludable. En definitiva, el objetivo no es reemplazar el azúcar, sino reeducar el paladar y priorizar alimentos naturalmente menos dulces, favoreciendo un patrón alimentario sostenible y equilibrado”. Sugerencia que también plantea Valeria Ferrari, en el sentido de que los consumidores “deben preferir los alimentos que utilicen edulcorantes naturales (como la stevia), pero también adoptar hábitos alimentarios saludables que incluyan reducción del dulzor, y el consumo diario de más alimentos frescos y naturales, como frutas y verduras”. Para la Dra. Socolovsky, en tanto, la clave de toda alimentación saludable seguirá siendo la variedad y la moderación. “Esto significa comer más verduras, más frutas frescas y frutos secos y, en general, respetar las guías establecidas por las respectivas IDA. Es decir, no se debe demonizar a los edulcorantes y a los alimentos procesados en general, solo por ignorancia o por practicar una apología desmedida de lo natural. Porque, no todo lo natural es siempre saludable”. GALERIAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista y editor Indualimentos a industria panificadora ha experimentado grandes y significativos cambios durante los últimos años, a medida que la dinámicas tendencias de consumo le plantean nuevos y complejos desafíos de formulación. Así lo estiman los principales actores del sector, quienes coinciden en que los principales objetivos hoy apuntan a ofrecer a los consumidores un producto que mantenga las características propiedades organolépticas del pan tradicional, pero que, al mismo tiempo, ofrezca mayores propiedades funcionales y/o nutracéuticas, mediante la incorporación de nutrientes de alto valor como, por ejemplo, vitaminas, proteínas y fibra. Esto implica, necesariamente, incorporar nuevas tecnologías, materias primas y procesos a la panadería tradicional de barrio, que, de acuerdo con estudios realizados por las principales asociaciones gremiales del sector, produce el 82% del pan consumido por los chilenos. Al respecto, Juan Mendiburu Azcárraga, presidente de la Asociación Gremial de Industriales del Pan de Santiago, INDUPAN A.G., entidad que representa a las Panaderías Pyme de la Región Metropolitana, comenta que el sector “ha experimentado una evolución trascendental durante los últimos 30 años, que se refleja en mayor presencia de procesos mecanizados, debido a la escasez de mano de obra, y en la incorporación de técnicas más avanzadas de amasado, de harinas más fortificadas y de procesos destinado a hacer un uso más eficiente de la energía y el agua”. “Sin embargo, esta modernización no reemplaza los métodos tradicionales y característicos con que se elabora el pan fresco de cada día, en especial de la marraqueta (que sigue siendo la variedad más preferida por los chilenos), que debe ser fresca, crujiente y apetitosa”, enfatiza el directivo. Del mismo modo, Mendiburu destaca el esfuerzo realizado por el sector para desarrollar productos más saludables, inocuos y variados, que ofrezcan más y mejores opciones para atender los requerimientos de un mercado que experimenta constantes cambios en sus tendencias de consumo. “Hoy los consumidores, especialmente la juventud, buscan panes con granos, probióticos y vitaminas, y las panaderías han hecho esfuerzos muy importantes para responder a esas demandas. Esto nos ha permitido tener mayor variedad de productos disponibles, incluyendo panes integrales y especiales, hechos con masa madre y semillas, por ejemplo, pero siempre respetando la frescura y calidad que nos caracterizan, porque 82% de la población sigue prefiriendo el pan que sale de los hornos cada día, y solo 18% opta por variantes envasadas”, comenta Mendiburu. Opinión similar manifiesta Fabiola Fuentealba Arévalo, vicerrectora adjunta de vinculación con el medio y Proyectos Institucionales de la Universidad de San Sebastián, sede Concepción, quien estima que la industria panificadora en Chile “ha tenido avances importantes en los últimos años, ligados principalmente al desarrollo tecnológico”. “Es innegable que la tecnología ha transformado la panadería en términos de eficiencia y producción. Desde la introducción de maquinarias y equipos más avanzados, hasta sistemas de automatización que controlan en general el proceso de elaboración y cocción”, explica la docente e investigadora. Sin embargo, Fabiola Fuentealba también enfatiza que esta evolución no debe ceñirse sólo a aspectos tecnológicos orientados a optimizar la producción, porque “la panadería tradicional chilena es mucho más que volumen”. “En ese sentido -destaca- el pan es parte de nuestra historia e indudablemente es un reflejo de lo que somos, y la forma cómo lo hacemos, lo vendemos y distribuimos habla también un poco de la evolución de la sociedad propiamente tal. En dichos términos, todavía hay brechas que aún es necesario superar, como, por ejemplo, el hecho de que el pan es un alimento básico de la alimentación de los chilenos y como tal, no debe ser demonizado”. Para la docente, esto es esencial, pues la panadería tradicional ha realizado esfuerzos significativos, tanto humanos como tecnológicos, ambientales y de gestión de recursos, para mantener e incluso potenciar las características nutricionales y organolépticas de sus productos. Variables que han permitido posicionar al pan fresco de panadería (especialmente la marraqueta), “como un alimento noble, funcional y nutritivo”. Este esfuerzo por optimizar la producción, incorporando más tecnologías y mejores materias primas se traduce, simultáneamente, en amplias oportunidades de desarrollo para la industria de proveedores, concretadas en el desarrollo de una amplia gama de insumos que hoy facilitan el amasado, leuda y horneado, por ejemplo, y también maximizan la incorporación de nutrientes esenciales, sin dejar de lado el característico sabor atractivo del pan chileno. Así lo afirma Marcela Minder Hetz, gerente de marketing de Granotec, empresa especializada en el desarrollo de nutrientes e ingredientes especializados para la industria alimentaria, quien destaca la “evolución positiva y sostenida en la industria panificadora chilena”. “Las grandes empresas han incorporado tecnologías de automatización, control de calidad y trazabilidad, lo que ha permitido mejorar la eficiencia productiva, reducir mermas y elevar los estándares de inocuidad. Esto abre nuevas oportunidades para la optimización operativa de las panaderías y, al mismo tiempo, plantea un desafío para los proveedores, como Granotec, en términos de formulación y recomendación de mezclas de ingredientes que se adapten a dichos cambios”, detalla la ejecutiva. Para Minder, esta evolución es parte de la esencia de su compañía, en términos de que están muy bien preparados para “interpretar resultados que permitan caracterizar las harinas, analizar en detalle el comportamiento reológico de las masas y conocer en profundidad el efecto de la aplicación de enzimas y complejos enzimáticos específicos que permitan adecuarse a estos nuevos procesos, obteniendo productos terminados estandarizados y con óptimos resultados”. FORMULACIONES MÁS SALUDABLES Si bien este proceso ha sido generalizado dentro del sector, aún existen ciertas brechas que se deben superar, especialmente en términos de garantizar acceso equitativo a las nuevas tecnologías y materias primas. Desde este punto de vista, Marcela Minder comenta que si bien la evolución no ha sido la misma para todo el sector, dado que muchas panaderías de barrio aún enfrentan desafíos estructurales como acceso limitado a tecnología, financiamiento y capacitación, sí se observa un denominador común y transversal, tanto en pequeñas, medianas o grandes compañías, que es “la disposición a trabajar para entregar un pan cada vez mejor”. Minder explica que esta necesidad de superación, incentiva a las panaderías a buscar asesorías y apoyos que les permitan mejorar permanentemente el sistema productivo. “En línea con esto -añade-, algunas panaderías tradicionales han comenzado a adoptar prácticas más eficientes y sostenibles, acogiéndose a programas como los Acuerdos de Producción Limpia (APL), y al apoyo de instituciones públicas”. Prácticas que para Fabiola Fuentealba no hacen sino reafirmar la vocación de superación que siempre han expresado los panaderos de Chile, trabajando en forma incansable y manteniendo a diario los hornos encendidos, los siete días de la semana, para abastecer de este alimento a gran parte de los hogares de nuestro país. Para responder en forma adecuada a esta orientación al logro y a la mejora continua, la industria de proveedores ha realizado constantes esfuerzos por entregar materias primas de mayor valor nutricional, lo que hoy se refleja en una generosa oferta de ingredientes capaces de posicionar al pan chileno (desde la marraqueta que solo se elabora con agua, harina y sal, hasta las más sofisticadas variedades de masa madre), en un auténtico alimento de propiedades funcionales. Así lo expresa Marcela Minder, quien destaca el esfuerzo realizado por la industria de proveedores para desarrollar formulaciones “que respondan a las nuevas demandas del consumidor por productos más saludables”. En el caso de Granotec, Minder destaca, por ejemplo, la presencia de productos tales como: Soluciones para la reducción de sal y grasa en pan, innovación que los hizo merecedores del premio AVONNI2013 y que redujo en 50% el uso de sodio y grasa en la elaboración de hallullas, “sin alterar las características de volumen, crocancia y sabor de este pan”. Mezclas funcionales con alto contenido de fibra y bajo índice glicémico, que permiten hornear panes blancos con alto contenido de fibra. Formulaciones sin aditivos artificiales, mediante el uso de enzimas que reemplazan a los ingredientes químicos, permitiendo obtener productos con etiqueta limpia. Nuevas mezclas de vitaminas y minerales, para fortificar el pan con hierro, zinc y ácido fólico, en línea con las políticas públicas de salud. Incorporación de granos ancestrales y legumbres, para aumentar la densidad nutricional del pan. Ejemplos concretos del enorme esfuerzo realizado por los panaderos y sus proveedores para entregar a la población un producto saludable y nutritivo, y que elimina de golpe los estigmas asociados al consumo de pan. Por el contrario, hoy es posible asegurar con plena certeza y evidencia científica, que este alimento constituye un aporte concreto y objetivo a la calidad de vida integral de las personas. En tal sentido, Fabiola Fuentealba asegura que es innegable que el pan tradicional de panadería aporta beneficios funciones para la salud, que van más allá de los aspectos propiamente nutricionales. “A lo largo de Chile, en muchas panaderías tradicionales, de barrio he visto ejemplos de variedades de pan realmente excelentes en su formulación, que aportan sustancias nutritivas importantes para la nutrición humana”, destaca la académica. CAMBIOS POSITIVOS Este significativo proceso de transformación y evolución del sector sigue avanzando día a día. De hecho, los expertos advierten que en el corto plazo, se concretarán cambios aún más significativos, que pueden posicionar al pan como un auténtico producto nutracéutico. Es decir, capaz de contribuir a la prevención de enfermedades, si se consume de manera moderada y dentro de un régimen de ingesta equilibrado y racional. “Esto se traducirá, por ejemplo, en el desarrollo de nuevas variedades de masa madre artesanal, e incluso, de la aparición de marraquetas con más vitaminas y fibra, lo que nos permitirá revertir la baja de consumo experimentada en los últimos años, pues los consumidores se darán cuenta de que el pan no es dañino, sino que, al contrario, es un aporte a la salud y calidad de vida”, explica Juan Mendiburu. El dirigente incluso comenta, que ya hay molinos que están desarrollando harinas con mayor cantidad de fibra, lo que, sumado al impulso experimentado por la biociencia nacional y la ingeniería genética, podría traducirse en el corto plazo, en la venta de marraquetas con potencial para incrementar la salud intestinal y el sistema inmunológico de las personas. Opinión similar manifiesta Marcela Minder, quien considera que, en el corto plazo a mediano plazo, se concretarán avances en producción muy importantes, tales como: Mayor incorporación de ingredientes bioactivos, como proteínas alternativas y antioxidantes naturales. Desarrollo de matrices alimentarias específicas, para grupos como adultos mayores, personas con diabetes o deportistas. Aplicación de biotecnología y fermentación natural, para mejorar la biodisponibilidad de nutrientes y reducir el uso de aditivos sintéticos. Avances que, a juicio de Fabiola Fuentealba también demuestran que el pan de panadería cumplirá muy pronto los desafíos que impone la aparición de nuevas tendencias de consumo saludable entre la población chilena, posicionándose como “un verdadero vehículo de nutrientes”. EFICIENCIA E INNOVACIÓN SOSTENIBLE Otro aspecto que el sector ha potenciado de manera contante en los últimos años y se valora de manera transversal, es la incorporación de métodos de producción más responsables y amigables con el medio ambiente. “La sostenibilidad se ha convertido en un eje estratégico para la industria -comenta Marcela Minder, de Granotec- y por eso hoy vemos avances concretos en esta materia, como uso de materias primas locales para reducir la huella de carbono; desarrollo de ingredientes con menor impacto ambiental; fomento de la eficiencia energética y la reducción de desperdicios en los procesos de panificación; y participación en iniciativas de economía circular, como la reutilización de subproductos agrícolas”. Esfuerzo que también implica la adopción de nuevas tecnologías destinadas a optimizar el consumo de energía y recursos naturales valiosos (como el agua), y que para el presidente de Indupan Santiago, demuestra el compromiso de los panaderos con el cuidado del medioambiente. “La eficiencia es un aspecto esencial de esta evolución, por eso hoy contamos con hornos más eficientes, repartimos con vehículos eléctricos e incorporamos paneles solares para ahorrar en consumo energético. Además, como la panaderías están insertas en barrios residenciales, también se han modernizado los procesos, para que los turnos sean más cortos y el trabajo en sí mismo sea más silencioso y menos invasivo”, explica Mendiburu. Desde el ámbito académico, Fabiola Fuentealba valora estos cambios, pero al mismo tiempo cree que se requieren mayores esfuerzos, para que el rubro avance aún más en sostenibilidad. “Hoy es necesario mejorar y optimizar los procesos productivos, para que sean más amigables con el medio ambiente, y en este sentido hay una serie de acciones que se pueden comenzar a adoptar, en forma planificada y responsable”, explica. Un camino donde, tal como en otras áreas de la industria alimentaria, los emprendedores juegan un rol decisivo, debido a su mayor cercanía con el desarrollo sostenible. Al respecto, Marcela Minder comenta que el ecosistema emprendedor ha sido un motor clave de la innovación sectorial, pues “en Chile, hemos visto cómo numerosos emprendedores han introducido productos diferenciados, tales como panes sin gluten, veganos o con ingredientes funcionales; modelos de negocio sostenibles y de cercanía, apoyados en canales digitales; y en colaboraciones efectivas con centros de I+D y empresas, como Granotec, para validar y escalar nuevas formulaciones”. En este contexto, la ejecutiva cree firmemente “que la colaboración entre industria, academia y emprendimiento, es esencial para seguir avanzando hacia una panificación más saludable, eficiente y sostenible”. Aspectos que también valora Fabiola Fuentealba, aunque enfatizando la necesidad de que los emprendedores brinden más apoyo especializado, como la producción de variedades de pan que incorporen nuevos nutrientes protectores para la salud, tales como granos enteros, fibra dietaria, variedades de semillas, harinas no tradicionales (lentejas, porotos o garbanzos, entre otras), y nuevas materias grasas. “También pueden potenciar a las panaderías tradicionales a través de la capacitación del capital humano, ayudándoles a implementar procesos productivos estandarizados según las recetas establecidas, y a estar más en contacto con situación nutricional de la población, para adaptarse a las nuevas tendencias y ofrecer productos acordes a esa realidad”, añade la académica de la USS. Avances que, en su conjunto, permitirán consolidar aún más el rol relevante que la panadería tradicional hoy cumple en la salud y nutrición de la población chilena, proyectándola como eje central de la acciones destinadas a enfrentar el futuro con mejores perspectivas de desarrollo. GALERÍAOTROS REPORTAJES urante una semana, Chile se convirtió en el epicentro mundial del mercado lácteo, marcando un hito que reafirma la importancia de nuestro país como potencia alimentaria innovadora y sostenible. Esto fue posible gracias a que Santiago fue sede de la IDF WDS Chile 2025 (Cumbre Mundial de la Leche), evento que por primera vez se realiza en América del Sur, yt que fue organizado por el Comité Nacional de la Federación Internacional de la Leche (IDF), integrado por el Ministerio de Agricultura, el Consorcio Lechero de Chile y la Federación Nacional de Productores de Leche, FEDELECHE. La importancia de este encuentro no solo se mide por la cantidad de delegaciones participantes, sino también por la trascendencia y relevancia de los temas abordados, que abarcaron desde aspectos legales y normativos tendientes a estandarizar la producción y comercialización de productos en todo el mundo; hasta la presentación de avanzadas tecnologías y trabajos académicos, destinados a optimizar la inocuidad y desarrollo sostenible de la leche y sus derivados. Estos esfuerzos se detallan, precisamente, en el lema central del encuentro celebrado en Santiago, “Nutriendo a un mundo sostenible”, el cual detalla los presentes esfuerzos realizados por todos los protagonistas del sector lácteo, por entregar a la población productos más saludables, naturales, nutritivos, sostenibles y orientados también a optimizar el cuidado animal y reforzar la salud de las personas y del planeta. De hecho, durante la jornada inaugural, las autoridades y delegados presentes, abordaron la Declaración de París sobre Sostenibilidad de los Productos Lácteos, iniciativa de la IDF y la FAO para impulsar la transformación sostenible del sector lácteo a nivel global HITO TRASCENDENTAL PARA EL PAÍS La realización de la IDF WDS Chile 2025 representa un hito de enormes proporciones para nuestro país, no solo desde el punto de vista comercial, sino también como un reconocimiento al esfuerzo realizado por incrementar la competitividad, inocuidad y seguridad de uno de los sectores más tradicionales y representativos de la economía agroalimentaria nacional. Al respecto, Gilles Froment presidente mundial de la IDF, destacó que “la selección de Chile como nuestro anfitrión para la IDF World Dairy Summit de este año refleja no sólo el dinamismo y evolución de su industria láctea, sino también su profundo compromiso con la sustentabilidad, innovación y la colaboración internacional”. “Esta cumbre es un tributo al notable progreso de Chile. Es también una plataforma poderosa para inspirar la próxima ola de desarrollo a través de América Latina y regiones lácteas emergentes de todo el mundo”, agregó el ejecutivo. Por su parte, Thanawat Tiensin , Director Asistente General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, FAO, comentó durante la ceremonia inaugural, que “los productos lácteos ayudan a alimentar a miles de millones de personas, mejorando el crecimiento infantil, apoyando la salud de las familias, fortaleciendo las comunidades y contribuyendo a la lucha contra la desnutrición”. Sin embargo, también enfatizó que “hoy la producción se está viendo enfrentada a numerosos retos en cuanto a incremento de demanda y la crisis climática, y desde la FAO creemos que la innovación es la clave de esta respuesta. Juntos, podemos lograr una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una mejor vida para todos, sin dejar a nadie atrás”, agregó el directivo. En representación de Chile, la ministra de Agricultura, Ignacia Fernández, abordó el desarrollo del sector lácteo nacional, explicando que en “los últimos años han sido de buena producción, porque ha habido pasto suficiente y capacidad de pastoreo suficiente, pero ciertamente el cambio climático hace que no tengamos certeza de que todos los años sean iguales”. “Por eso es muy importante la inversión en innovación, investigación y nuevas tecnologías, para ir mejorando los estándares de sustentabilidad, pero también los estándares de productividad, que son justamente los temas que se discuten en estos encuentros, y que nosotros como Gobierno enfrentamos a través del sello Chile Origen Consciente”, añadió la secretaria de Estado. Durante la inauguración, el presidente del Comité Organizador y presidente del Consorcio Lechero, Sergio Niklitschek, destacó a su vez el valor de este encuentro para el sector lácteo global, dado que nos brinda como país “la oportunidad de renovar nuestro conocimiento, la oportunidad de discutir que ocurrirá en el sector lácteo en los próximos 10 años y, lo que es muy importante, la oportunidad para expandir y fortalecer nuestra red global de conexiones”. Tras un recorrido realizado por los distintos stands pertenecientes a las empresas que patrocinaron el encuentro, la jornada inaugural continuó con la realización del World Leaders Forum, que contó con la participación de la encargada de sostenibilidad de Nestlé a nivel mundial, Antonia Wanner; del presidente ejecutivo del grupo Gloria, Claudio Rodríguez Huaco; y, del ministro de Bioseguridad y Seguridad Alimentaria de Nueva Zelandia, Andrew Hoggard. Durante la misma jornada se realizó la World Dairy Situation, donde se expusieron las distintas claves que hoy marcan el desarrollo eficiente, inocuo y sostenible del sector a nivel global. Dicha presentación contó con las exposiciones de Octavio Oltra, (Chile); Jean Marc Chaumet (Francia); Hubertus Gay (OECD) y Jean Christophe Salles, CEO Regional de IPSOS. IMPACTO MUNDIALLa FIL-IDF es la principal fuente de experiencia científica y técnica para todos los actores de la cadena láctea. Desde 1903, ha proporcionado un mecanismo para que el sector lácteo alcance consensos globales sobre cómo alimentar al mundo con productos lácteos seguros y sostenibles. Esto le permite ser reconocida como autoridad internacional en el desarrollo de normas científicas para el sector, desempeñando un papel clave en asegurar que existan políticas, normas, prácticas y regulaciones adecuadas para garantizar la seguridad y sostenibilidad de los productos lácteos en todo el mundo. La WDS o Cumbre Mundial de la Lechería, es el evento anual principal de la FIL-IDF, y reúne a profesionales del sector lácteo de todo el mundo, con el objetivo de compartir conocimientos e ideas que impulsen el desarrollo sostenible, seguro e inocuo del sector, tanto presente como futuro. GALERÍA on un llamado a unificar esfuerzos multisectoriales para optimizar la innovación y desarrollo sostenible de la fruticultura nacional culminó la exitosa versión 2025 de Fruittrade. El evento, que se ha transformado en uno de los más importantes del área de la fruticultura en Latinoamérica, reunió en el centro de eventos Espacio Riesco, de Santiago, a expositores ligados a la producción, servicios, insumos, maquinaria y tecnología, del rubro. Durante la ceremonia de inauguración, el presidente de la Federación de Productores de Frutas de Chile, Fedefruta, Víctor Catán, expresó su satisfacción por los logros del sector, pero a la vez hizo un llamado potente a reforzar el trabajo realizado hasta ahora, para mejorar la competitividad inocua y sostenible de la fruta chilena. Catán señaló que Fruittrade “cumple un papel sumamente relevante, porque es capaz de mostrar lo que hace la fruticultura y cómo impacta y aporta al desarrollo del país y del mundo rural”. Al mismo tiempo, al abordar ¿los desafíos del sector, explicó que “los principales son el tema fitosanitario, el área laboral, la seguridad hídrica y la seguridad en los campos, tanto para las personas como también para sus maquinarias, productos e insumos que utilizan”. Catán recordó, asimismo, que Fedefruta, como gremio, ha estado en el Congreso Nacional y en diversas instancias pidiendo urgente solución a la delincuencia en el mundo rural, proponiendo, colaborando y participando activamente en la generación de Proyectos de Ley en esta dirección. A su vez, respecto de los desafíos fitosanitarios, “hemos participado junto a las autoridades y los organismos competentes, en el combate a la Mosca de la Fruta. En este mismo ámbito, hemos visitado y observado el funcionamiento del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en el aeropuerto internacional”, precisó. En cuanto a los desafíos hídricos señaló que es crucial invertir en infraestructura y lograr acuerdos sobre soluciones por cuenca, para asegurar el acceso al agua, recurso vital para la producción de frutas, destacando que tres importantes cuencas del valle central no disponen de embalse de cabecera: Aconcagua, Maipo y Cachapoal. En el ámbito laboral, el presidente de Fedefruta dijo que “tenemos el gran desafío de reconocer y potenciar la participación femenina en la fruticultura, la cual es clave para la industria, donde las mujeres representan cerca del 44% de la mano de obra”. “También se requiere un proceso más eficiente y formal para atraer y disponer de mano de obra extranjera, alineando la disponibilidad con las necesidades del campo, como la visa Mercosur, para la cual hemos realizado un trabajo conjunto con la SNA”, agregó. Durante el acto inaugural estuvieron presentes, la ministra de Agricultura, Ignacia Fernández; la directora (s) de Prochile, Paulina Valderrama; el presidente de la SNA, Antonio Walker; el embajador de Brasil, Paulo Pacheco, junto a directores y consejeros de Fedefruta y productores agrícolas, entre otros. CIFRAS SECTORIALES Actualmente, las estimaciones de empleo en el sector indican que la fruticultura chilena es una fuente de trabajo muy determinante, ya que emplea a más de 1.500.000 personas en trabajos directos, de temporada e indirectos, que incluye bienes y servicios generados por logística, agroquímicos, etc. Con respecto a las exportaciones frutícolas, estas se dividen en un 79% de fruta fresca, 5% congelados, 5% conservas, 4% frutos secos, 4% deshidratados y 3% jugos. GALERÍA na histórica convocatoria de público tuvo la decimotercera versión de la feria Espacio Food & Service, evento que, como ya es tradicional, cada año congrega a los diversos protagonistas transversales del sector. Durante los tres días que duró la muestra, congregó a más de 50.000 visitantes, lo que la consolida como el mayor encuentro de la industria alimentaria en Latinoamérica. En esta versión, la feria (que se realizó entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre en el centro de convenciones Espacio Riesco) contó con una exhibición de 35.000 metros cuadrados, donde se reunieron más de 800 empresas expositoras. Al término de la exhibición, el CEO de GL events Chile, Francisco Sotomayor, destacó que “estamos muy contentos con la gran asistencia a esta última versión y el respaldo de nuestros expositores. Fue una exhibición exitosa donde pudimos apreciar innumerables actividades como las cocinas interactivas, las catas, lanzamientos de productos e importantes premiaciones”. Sotomayor agregó, q ue esta versión fue muy importante “porque Espacio Food & Service se unió al portafolio de ferias FISA, filial del grupo GL events, líder mundial en eventos del sector gastronómico, a través de su división Sirha Food”. De esta manera, la gran feria alimentaria de Chile ya es parte del ecosistema de eventos que conecta en el mundo a los actores de la industria, marcas y tomadores de decisiones. Así mismo, forma parte de una comunidad de más de 750.000 profesionales y 92.000, lo que permite a Chile conectarse aún más al circuito internacional de la gastronomía, potenciando la innovación y el desarrollo del sector. Al respecto, el director de Espacio Food & Service, Andrés Ilabaca, comentó que la “feria representa para nuestro país una gran vitrina y una valiosa oportunidad y así lo demuestra la presencia de 22 países con sus stands corporativos que permite mostrar al mundo las bondades que ofrece Chile en sus diversas dimensiones”. “Entre ellas -agregó- destacan nuestras condiciones naturales y también nuestras ventajas comerciales, que nos han posicionado como líderes en múltiples categorías de alimentos, reconocidos por ser sanos, sabrosos y de alta calidad”. Ilabaca también resaltó las variadas actividades que se realizaron durante la muestra, como el encuentro de quesos 2025 donde jueces internacionales eligieron el mejor queso mantecoso de Chile y la elección de la mejor marraqueta, galardón que este año correspondió a la Panadería Departamental, de San Miguel. “También tuvimos, el pabellón de innovación Food Tech, donde participaron 50 emprendedores; y vivimos los 10 años de la copa culinaria Carozzi. Adicionalmente, para la promoción y visibilización de la feria fueron clave las actividades de cocina interactiva nacional e internacional, las catas, así como el protagonismo de los pabellones del Pan, del Mar, del Vino, del Retail, del queso e Internacional”, puntualizó Andrés Ilabaca. GALERÍAReunión del Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas se realiza por primera vez en Chile10/10/2025 ositivas conclusiones entregó la reunión número 56 del Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas (CCPR), que por primera vez en la historia se realizó en nuestro país. El encuentro congregó a más de 200 delegados de todo el mundo, quienes se reunieron en el Hotel Intercontinental de Santiago, para analizar las diferentes estrategias necesarias para hacer más seguro e inocuo el uso de plaguicidas. Al respecto, el presidente del CCPR, Weili Shan, expresó su gran satisfacción por poder coorganizar esta instancia en Chile, manifestando que “nuestros dos países están separados por océanos y montañas; sin embargo, nos unimos porque estamos comprometidos con la seguridad alimentaria mundial”. La reunión fue inaugurada oficialmente por la ministra de Agricultura de Chile, Ignacia Fernández, y el agrónomo jefe del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China, Pan Wenbo. Aunque los países están geográficamente muy separados, ambos ministros hablaron de unidad y cooperación por una causa común. Fernández detalló el profundo compromiso de Chile con la labor del Codex y su liderazgo, en particular en la labor del CCPR sobre sustancias de baja preocupación para la salud pública, mientras que Pan subrayó el objetivo de China de “controlar los residuos de plaguicidas y la calidad y seguridad de los productos agrícolas... eliminando los plaguicidas de alta toxicidad y altos residuos”. Fernández también subrayó la importancia estratégica del trabajo realizado por el CCPR, enfatizando que la cooperación científica y el diálogo internacional “son fundamentales para encontrar soluciones que equilibren la salud humana, la productividad, la sostenibilidad y el comercio, en beneficio de los consumidores, los productores y las comunidades rurales. Pan, a su vez, refrendo este punto de vista, enfatizando que “la seguridad de los productos agrícolas y los alimentos no solo repercute en la salud y la seguridad públicas, sino que también tiene profundas implicaciones en el panorama económico mundial y la estabilidad social”. “Los países y las regiones pueden variar en cuanto a su nivel de desarrollo económico, producción y seguridad alimentaria, pero comparten los mismos objetivos: mejorar la seguridad alimentaria y proteger la salud de los consumidores. Los países también sienten la necesidad de profundizar en la cooperación multilateral: el comercio justo de productos agrícolas y alimentos requiere que todos refuercen la cooperación con otros países”, agregó el directivo. Por su parte, el presidente de la Comisión del Codex Alimentarius, Allan Azegele, abordó en su discurso inaugural las profundas y amplias repercusiones de la labor del CCPR. “El Comité del Codex sobre Residuos de Plaguicidas ha sido durante mucho tiempo uno de los pilares del sistema del Codex, y las decisiones que se toman en esta sala tienen un alcance que va mucho más allá de nuestras deliberaciones, ya que llegan a los agricultores en sus campos, a los reguladores en sus oficinas, a los comerciantes en los mercados mundiales y, en última instancia, a los consumidores en sus mesas”. Azegele también reconoció y expresó su respeto por «la enorme complejidad» de la labor del CCPR. La secretaria del Codex Alimentarius, Sarah Cahill, también se refirió a la importancia de la labor de este Comité, señalando que “los residuos de plaguicidas encabezan sistemáticamente la lista de preocupaciones comerciales específicas relacionadas con la seguridad alimentaria planteadas en el Comité MSF de la OMC”. En su opinión “esto subraya la importancia de su labor y la necesidad de seguir esforzándose por elaborar, adoptar y aplicar los límites máximos de residuos (LMR) del Codex», declaró en la reunión. También comentó la importancia y el impacto de la coorganización de comités, que «mejora la accesibilidad y contribuye a una mayor participación en las reuniones del Codex en todas las regiones”. En nombre de la FAO, Maya Takagaki continuó con el llamamiento al diálogo. «Quiero animarles a todos a que aprovechen este importante espacio para fomentar el diálogo y la cooperación con el fin de seguir reforzando la coordinación entre las autoridades fitosanitarias y de seguridad alimentaria de cada uno de nuestros países miembros», afirmó. Giovanni Escalante, representante de la OMS en Chile, también pidió una participación aún más amplia en las reuniones del Comité, incluida «la participación activa de los consumidores y la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones y de adopción de sistemas. Este Comité tiene una responsabilidad técnica, pero también ética, porque detrás de cada LMR, de cada norma técnica, hay millones de vidas que dependen del rigor, la coherencia y la voluntad política de nuestro trabajo». CONCLUSIONES RELEVANTES Durante las sesiones realizadas entre el 8 y 13 de septiembre, el CCPR abordó diversas temáticas de alto impacto, como los LMR para los plaguicidas en los alimentos y piensos, para la leche y la grasa láctea y para el quimbombó. También se estudiaron las directrices para supervisar la estabilidad y pureza de los materiales de referencia y las soluciones madre correspondientes de los plaguicidas durante el almacenamiento prolongado. Los delegados debatieron, así mismo, la gestión de los compuestos no respaldados que no plantean problemas de salud pública y la coordinación del trabajo entre el CCPR y el Comité del Codex sobre Residuos de Medicamentos Veterinarios en los Alimentos. Al término de las sesiones, los delegados se manifestaron conformes con el trabajo realizado durante toda la reunión. El presidente del Comité, el Dr. Weili Shan, expresó su gratitud a los delegados y a Chile por coorganizar la reunión. Además, elogió la dedicación de los presidentes de los grupos de trabajo especiales por “facilitar los debates y preparar rápidamente los documentos de trabajo”, lo que a su juicio, supuso una “contribución significativa a la reunión”. A su vez, el copresidente de la reunión, Eduardo Aylwin, agradeció a China y a los delegados la confianza y el apoyo que le brindaron para ejercer este importante cargo. “Ha sido un honor para mi país, para la ACHIPIA y, por supuesto, para mí”, manifestó. Sarah Cahill, secretaria del Codex, se hizo eco de las diferentes palabras de agradecimiento expresadas por los presidentes de la mesa, alabando “la naturaleza intensa y colaborativa y la increíble energía dedicada a impulsar nuestro trabajo por parte de todos los participantes en la sesión plenaria y entre bastidores”. Tras las intensas reuniones de trabajo realizadas en Santiago, el Comité enviará los respectivas conclusiones LMR a la Comisión del Codex Alimentarius (CAC) para su adopción, junto con las enmiendas al Manual de Procedimiento del Codex pertinentes para la labor del CCPR. Además, se analizaron nuevas directrices para el control de la pureza y la estabilidad de los materiales de referencia y las soluciones madre relacionadas de plaguicidas durante el almacenamiento prolongado, iniciado en 2021, que también se han presentado a la CAC para su adopción en el trámite 8. Este documento representa un paso crucial hacia el desarrollo de una orientación armonizada y exhaustiva que permita a los laboratorios controlar la estabilidad y la pureza de los materiales de referencia de plaguicidas y sus soluciones madre durante un almacenamiento prolongado. Estas Directrices tienen por objeto orientar a los laboratorios en el control de la estabilidad y la pureza de los materiales de referencia para su posible uso más allá de sus fechas de caducidad, y para el uso continuado de soluciones madre que conservan su estabilidad y pureza. Para Víctor Rivera, coordinador de Asuntos Internacionales y Regulatorios de ACHIPIA, estos resultados “ponen de relieve, una vez más, el compromiso inquebrantable del Codex, sus miembros y observadores, de utilizar las pruebas científicas y la colaboración internacional para alcanzar el mismo objetivo: proteger la salud de los consumidores y facilitar prácticas justas en el comercio de alimentos”. De cara al futuro, el CCPR reiteró la importancia de mejorar la coordinación entre el CCPR y la JMPR, e identificó algunas medidas que deben adoptarse para mejorar la eficiencia en el establecimiento de LMR, basados en datos científicos para los plaguicidas. Durante la ceremonia de clausura, la mesa directiva del comité también brindó un reconocimiento al Dr. Warren Hughes, de Nueva Zelanda, por sus más de 30 años de dedicado servicio y contribución al trabajo del comité. Por Francisco Javier González Salvo Periodista y Editor Indualimentos a alimentación nutritiva, balanceada, inocua y segura es, sin lugar a dudas, uno de los pilares esenciales de toda estrategia destinada a fortalecer la salud integral y calidad de vida de la población. Sin embargo, para alcanzar dicho objetivo, es esencial que los protagonistas estratégicos del sector, como industrias, agricultores, emprendedores, cadenas de retail, distribuidores logísticos, establecimientos horeca y transportistas, entre muchos otros, cuenten con respaldo técnico especializado. Dicho apoyo proviene, necesariamente, de profesionales formados y capacitados para reconocer, recopilar y analizar críticamente, las distintas variables que intervienen en la producción inocua, segura, eficiente y sostenible de alimentos y bebidas. Solo de este modo es posible asegurar que las personas tengan acceso seguro y equitativo a productos elaborados a partir de los nutrientes que necesitan para potenciar su salud, y aspirar a una buena calidad de vida. Estos profesionales son los ingenieros en alimentos, que a pesar de no tener la visibilidad mediática de otras áreas del conocimiento, brindan un aporte trascendental en términos de garantizar la inocuidad, seguridad y valor nutricional de la producción agroalimentaria. INSTITUCIÓN DECANA Y PIONERA Para que este aporte sea cada vez más valioso, se requiere de entidades educacionales capaces de ofrecer programas de formación, desarrollo y perfeccionamiento constante, que preparen a los ingenieros para enfrentarse de manera flexible y adaptativa, a los constantes desafíos de un mercado en permanente transformación tecnológica, digital y, por sobre todo, cultural. Una de las entidades educacionales que precisamente contribuye a lograr exitosamente estos objetivos estratégicos, es la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que esta semana celebró 70 años de historia y tradición formativa. Aniversario que no solo confirma la inmensa contribución que esta casa de estudios superiores ha entregado, desde 1955, al desarrollo eficiente y la mejora continua de la industria alimentaria nacional, sino que también refleja el esfuerzo permanente de su cuerpo directivo y docente, por realizar actividades de investigación, desarrollo, innovación, perfeccionamiento y vinculación con el medio, que contribuyan a su mejora continua. De hecho, durante la ceremonia conmemorativa realizada en la sede de la escuela, ubicada en Playa Ancha, el secretario general de la Universidad, José Marín, quien asistió en representación del rector Nelson Vásquez, destacó el aporte realizado por profesores, funcionarios y estudiantes a lo largo de estos 70 años de trayectoria, enfatizando que son “varias generaciones de esfuerzo y dedicadas a un quehacer que se ha realizado con alto sentido de vocación y permanente responsabilidad, y que también se proyecta al futuro”. Futuro que precisamente encuentra a la Escuela en medio de un intenso proceso de modernización de infraestructura y currículum; el cual, de acuerdo con lo expresado por sus autoridades académicas, permitirá enfrentar en mejor forma los desafíos de un contexto dinámico y cada vez más desafiante, debido a los cambios experimentados tanto en las tendencias de consumo de la población, como en los propios procesos productivos. Desafío complejo, pero que al mismo tiempo representa una valiosa oportunidad de crecimiento, tal como lo reconoce el director de la escuela, Doctor Andrés Córdova, quien destaca como principal hito de esta nueva etapa la construcción de las nuevas instalaciones en el Campus Curauma. “Trasladarnos a Curauma nos permitirá continuar de mejor forma el trabajo que realizamos en todas las áreas de formación de pre y pos grado, y también favorecerá nuestra comunicación directa con las otras facultades que están en el campus”, enfatiza el directivo. “Desde esa perspectiva -agrega-, también nos abre más oportunidades para ofrecer a la universidad y a la comunidad en general, todo lo que podemos entregar desde nuestro quehacer de formación, investigación y desarrollo”. Visión que también comparte la secretaria académica de la Escuela de Alimentos, Lorena González, quien recordó con orgullo la contribución de la carrera a la formación de profesionales en el país. “Estamos muy contentos con los 70 años que estamos cumpliendo, porque desde 1955 que nuestra carrera está formando ingenieros que se desempeñan exitosamente en las empresas de alimentos, en organizaciones vinculadas a la industria y al rubro”, afirma. “Por eso -agrega-, tenemos la esperanza y la certeza de que seguiremos construyendo futuro y aportando al desarrollo alimentario de Chile y el mundo”. FORMACIÓN DE EXCELENCIA A lo largo de su 70 años de historia, la Escuela de Alimentos de la PUCV no solo se ha posicionado como entidad decana de la Ingeniería de Alimentos en Chile, sino también como referente de prestigio para América Latina, en la formación de profesionales capacitados para afrontar los desafíos del sector. Esto permite que el Ingeniero de Alimentos de la PUCV domine conocimientos actualizados de ciencias básicas, ciencias de la ingeniería, ingeniería aplicada y gestión, lo que se traduce en mayor capacidad para administrar, diseñar, y/o mejorar procesos de producción industrial de alimentos, garantizando, al mismo tiempo, su calidad, inocuidad y sostenibilidad ambiental. “Nuestros profesionales se destacan por sus excelentes habilidades interpersonales en el trabajo, desplegando en su actuar, los valores éticos de respeto y búsqueda del bien común que transmite nuestra universidad. Ello les permite ser un aporte valioso en cualquier organización relacionada al ámbito de los alimentos”, enfatiza el Dr. Andrés Córdova. “Gracias a esta trayectoria -enfatiza- hoy nos hemos posicionado como referentes nacionales e internacionales en formación de profesionales, en investigación y en la vinculación con el medio social en general y agroalimentario en particular”. “Por ello, estamos orgullosos de que, desde 1955 a la fecha, nuestra escuela ha formado a miles de profesionales que se han insertado con éxito en el sector agroalimentario, nacional e internacional, liderando procesos de producción, innovación y aseguramiento de calidad, aportando excelencia académica y sello valórico, y realizando una contribución decisiva para el desarrollo del país. Por lo tanto, formar ingenieros e ingenieras de alimentos ha sido y seguirá siendo, para nosotros, un factor primordial para el desarrollo estratégico para Chile”, puntualiza Córdova. INNOVACIÓN MULTIDISCIPLINARIA El valioso aporte educativo que hoy brinda la escuela de alimentos de la PUCV no termina en la titulación de sus estudiantes. De hecho, la institución hoy también es un referente internacional de formación continua, gracias a la implementación de programas que han marcado hitos fuera de nuestras fronteras, como por ejemplo, el diplomado en micro cervecería, que cuenta con más de 12 años de trayectoria y del cual han egresado 250 profesionales, cuyas competencias son reconocidas en diversas latitudes del continente. Este diplomado está dirigido a profesionales y emprendedores relacionados con la producción y/o comercialización de cerveza artesanal en Chile y en el extranjero, y que deseen ampliar sus conocimientos y competencias en aspectos clave, tales como producción, calidad, marketing y valorización de oportunidades de negocio. Para ello, entrega diversas herramientas científicas y tecnológicas relacionadas con la producción y comercialización de cerveza, que permitan al estudiante identificar y desarrollar proyectos de innovación; crear modelos de negocios; introducir mejoras en los procesos productivos; e impulsar una auténtica cultura de calidad para el desarrollo de productos y servicios en el competitivo mercado cervecero. Otro programa destacado es el International Diploma in Craft Distiling (Diploma Internacional en Destilación, que consta de una serie de cursos diseñados para proporcionar al alumno los conocimientos necesarios sobre la ciencia y tecnología detrás de la destilación. Sus temas principales incluyen historia, técnicas y tecnología de varios tipos de bebidas espirituosas destiladas para consumo humano de todo el mundo (como whisky, brandy, ron, vodka, coñac, pisco y ginebra, entre otras). También cubre áreas como química aplicada, física, microbiología y conocimientos de ingeniería necesarios para operar diferentes tipo de alambiques de etanol. Aborda, así mismo, algunos de los diversos aspectos legales relacionados con la producción de alcohol y, además, incluye una práctica de destilación de whisky o pisco, así como visitas a destilerías en funcionamiento. Otro programa de alto valor educacional es el diplomado en Ingeniería de Alimentos, cien por ciento online y que fue pionero en esta modalidad. Esta iniciativa cuenta con 20 años de vigencia, y ha permitido actualizar los conocimientos de cientos de profesionales en áreas críticas de la producción de alimentos. A ellos se suma el doctorado en ciencias agroalimentarias, programa en el que convergen de forma armónica los saberes de las ciencias agrarias y de la ingeniería de alimentos, y que se realiza con la participación equitativa de profesionales de la escuela de Agronomía. Y como la mejora continua también requiere el perfeccionamiento de las estrategias, herramientas y metodologías destinadas a la enseñanza, la escuela también espera poner en marcha, en el corto plazo, nuevos programas de formación continua relacionados con las necesidades actuales del sector agroalimentario, en especial la adopción de tecnologías disruptivas y la obligación de implementar sistemas de producción regenerativos, sostenibles y amigables con el medio ambiente. “Todo esto -explica el profesor Andrés Córdova, se ha logrado gracias a la visión estratégica de nuestra facultad, que se traduce en un trabajo mancomunado que en pocos años ha demostrado ser una excelente herramienta para construir un espacio de excelencia y colaboración. Y a pesar de que se trata de un programa relativamente joven, ya se encuentra acreditado por 5 años, y se ha logrado articular con diversas áreas de investigación de frontera como bioingeniería, sostenibilidad, investigación y calidad de la producción agroalimentaria”. Al respecto, el directivo destacó también que en la actualidad la escuela de alimentos de la PUCV desarrolla proyectos financiados por FONDEF, fondos internos de la universidad y aportes privados, para llevar adelante importantes iniciativas en temáticas tales como biorrefinería de materiales agroalimentarios, con énfasis en la valorización de residuos agroindustriales para generar nuevos ingredientes y compuestos de nueva generación que permitan, por ejemplo:
Algunas de estas tecnologías emergentes de procesamiento se traducen, por ejemplo, en la producción de nuevos alimentos saludables y con propiedades funcionales, incluyendo proteínas hidrolizadas; así como en el desarrollo de nuevos productos fermentados que entregan bienestar y valor al patrimonio cultural de Chile. Uno de estos proyectos corresponde al trabajo con algas marinas locales, que lleva a cabo el profesor Sebastián Pizarro, cuyos avances prometen alcanzar nuevos umbrales de sostenibilidad de procesos, así como también brindar un fuerte reimpulso a la economía circular, mediante la innovación tecnológica de frontera. Todo ello, tal como asegura el Dr. Córdova, con el objetivo final "de avanzar en la construcción y consolidación de una agroindustria más verde y amigable con el ambiente". “Estos proyectos no solo generan publicaciones científicas de alto impacto, sino que también algunos de ellos están contribuyendo a crear soluciones que van directamente aplicadas a la industria de alimentos local, manteniendo un diálogo permanente con el sector productivo”, destaca. VINCULACIÓN CON EL MEDIO La escuela de alimentos de la PUCV también ha mantenido un fuerte y permanente compromiso con la sociedad, que se plasma, por ejemplo, en las actividades que realiza su Laboratorio de Asistencia Técnica, ASISTEC, que brinda apoyo especializado a empresas e instituciones mediante acciones de alto impacto para todo el ecosistema agroalimentario, como análisis de control microbiológico y químico, estudios de vida útil, análisis de agua y muestreo de controles sanitarios, entre otros servicios. La escuela también ha realizado un extenso programa de capacitaciones que han beneficiado a más de 13.000 personas en 35 comunas a lo largo de todo el país, lo que ha permitido fortalecer los conocimientos, competencias y habilidades de una gran cantidad de capital humano, tanto en el sector público como privado, y así como también cubrir las necesidades de microemprendimientos y grandes empresas. Asimismo, se han llevado a cabo diversos proyectos de alto impacto comunitario en soberanía alimentaria, como el fortalecimiento de los ecomercados solidarios. A ellos se suman diversos talleres para adultos mayores y pasantías escolares, que demuestran que la ingeniería en alimentos no solo transforma a la industria, sino también vidas. Sin embargo, este trabajo no termina ahí, pues hoy la escuela de Alimentos de la PUCV está abocada a abordar con mayor energía los desafíos que hoy interpelan a la industria y a toda la sociedad, como el cambio climático, la inflación alimentaria, las enfermedades no transmisibles, y las nuevos requerimientos nutricionales de una población que crece, pero al mismo tiempo, también envejece. “Es importante reconocer que si queremos que nuestro país avance hacia su consolidación como potencia agroalimentaria, nuestro esfuerzo disciplinar no bastará por sí solo, sino que debemos tener la flexibilidad para adaptarnos a estos nuevos escenarios”, explica Andrés Córdova. En ese sentido el directivo enfatiza que uno de los principales objetivos estratégicos presentes, radica en trabajar conjunta e inter disciplinariamente, para potenciar el denominado concepto One Health. “Este nos invita a realizar un enfoque integral, donde se reconozca la interconexión que existe entre la salud humana, la salud animal y la del medio ambiente, entendiendo que estos tres componentes están estrechamente vinculados y deben abordarse de forma coordinada, para garantizar sistemas alimentarios que sean seguros, sostenibles y resilientes”, asegura. “Para ello necesitamos conectar mejor con nuestros colegas de las ciencias agronómicas, ambientales, veterinarias, de la nutrición y de la medicina, teniendo presente, de todos modos, que la ingeniería de alimentos tiene el rol de ser una piedra angular y servir como puente entre todas estas disciplinas, para así construir significativamente al bienestar de las personas”, agrega el Dr. Córdova. Objetivos que demuestran que la escuela de alimentos de la PUCV seguirá siendo, un valioso semillero de conocimiento, así como un motor de transformación social, en la medida que tanto su cuerpo docente como sus alumnos, reafirman a diario su convicción de que “alimentar a Chile y al mundo es, en esencia, alimentar la esperanza de un mañana más justo, saludable y sostenible”. GALERÍAOTROS REPORTAJES |
Archivos
Noviembre 2025
Categorías
|


















































RSS Feed