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En un mundo azotado por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos adversos, este método surge como el más viable para que el sector agropecuario reemplace sus modelos invasivos y contribuya efectivamente a reparar la riqueza orgánica y la biodiversidad de los suelos, regenerando así su capacidad para entregarnos alimentos nutritivos y saludables. ás allá de los slogans o de las frases políticamente correctas, la lucha contra los efectos del cambio climático exige trabajo constante y compromiso permanente de manera transversal. Esta premisa es particularmente relevante para el sector agropecuario, que según recientes estudios del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), es responsable del 23% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Dato extraordinariamente significativo, si se toma en cuenta que más de 5.000 megahectáreas, equivalentes a 38% de la superficie de nuestro planeta, se destinan a tierras de cultivo (un tercio del total), o bien a praderas y pastizales para ganadería (dos tercios). Por ello, no es extraño que este sector, vital para producir los alimentos que garantizan la supervivencia de la humanidad, sea a la vez el principal afectado por los fenómenos climáticos adversos extremos cada vez más frecuentes en todo el mundo, como megasequías, tormentas intensas y heladas fuera de temporada, entre otros. Contingencia aún más grave si se considera que los mismos estudios de FAO estiman que alrededor de 33% de los suelos agrícolas del mundo se encuentran moderada o altamente degradados, incluyendo las tierras de clase I y II, que ya muestran niveles medios o altos de compactación. Ante este complejo escenario, numerosos científicos y especialistas internacionales plantean, cada vez con más energía, la necesidad de implementar cambios radicales en las estrategias de cultivo. De este modo se contrarrestarán de mejor forma los devastadores efectos del agotamiento de los suelos, la deforestación, la escasez hídrica y los desequilibrios biológicos causados por la actividad agropecuaria intensiva. Si bien, la mayoría de los agricultores estima que la mejor forma de encauzar estos esfuerzos, consiste en acelerar la transformación tecnológica del sector, tal como también lo ha manifestado el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker; otro grupo importante de expertos a nivel mundial considera que la estrategia más adecuada para enmendar el rumbo y recuperar el equilibrio biológico de la tierra, esencial para “la salud del planeta”, es cambiar el actual modelo de producción invasiva por otro conocido como “agricultura regenerativa”. “Gran parte de los problemas actuales se asocian a la parte física, como la compactación de suelos y a la parte química, como manejo de pesticidas y fertilizantes sintéticos. Pero nunca tomamos en cuenta la parte biológica de esta ecuación. Es un error, porque el suelo está vivo y respetar ese equilibrio biológico es esencial para restaurar la riqueza orgánica y la biodiversidad de los suelos, y así regenerar su capacidad para entregarnos alimentos saludables”, destaca Rodrigo Sapiaín, ingeniero agrónomo y director de la empresa consultora agrícola AIN. ¿QUÉ ES LA AGRICULTURA REGENERATIVA? La agricultura regenerativa no es un concepto nuevo. De hecho, sus orígenes se remontan a la década de 1980, cuando The Rodale Institute (líder mundial en estudios de agricultura orgánica) publicó sus primeras investigaciones sobre uso y degradación de suelos agrícolas. En esa época, los trabajos académicos destinados a optimizar la producción agropecuaria se centraban principalmente en determinar y prevenir los efectos negativos de pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos en la salud humana. Sin embargo, pronto esos primeros esfuerzos dieron paso a un nuevo campo de estudio, relacionado directamente con el diseño y aplicación de nuevas estrategias de cultivo que ayudasen a combatir los efectos en el medioambiente de la producción agroindustrial intensiva. En especial, controlar la emisión de GEI y reducir la huella de carbono de este tipo de actividades en todo el mundo. Esto permitió determinar con mayor certeza el concepto de agricultura regenerativa como el uso de diferentes técnicas de cultivo destinadas a reconstruir la materia orgánica y la biodiversidad del suelo. Todo ello con el objetivo de revertir los efectos generados por el calentamiento global y la sobreexplotación de los suelos. Hoy los especialistas coinciden en que esta agricultura se traduce en suelos más saludables y en cultivos con más capacidad de absorber nutrientes y de resistir condiciones climáticas adversas (como las tormentas causadas por “ríos atmosféricos que azotaron el centro-sur de Chile en 2023 y 2024). Consecuentemente, esta técnica se posiciona como la herramienta más efectiva para reparar los daños generados por la agricultura industrial tradicional, y reducir sustancialmente su huella de carbono. “Si logramos aplicar estas técnicas con éxito, lograremos un cambio muy importante -destaca Rodrigo Sapiaín-, sobre todo en frutales leñosos de hoja caduca, aunque teóricamente esta agricultura también puede aplicarse a todo tipo de cultivo, e incluso a la producción ganadera”. IMPACTO GLOBAL A nivel mundial, uno de los principales impulsores de la agricultura regenerativa es The Regen Academy, fundada por el agricultor e ingeniero agrícola Francesc Font, que actualmente se dedica a realizar diversos cursos y programas de capacitación en todo el mundo. En Chile, en tanto, desde hace una década existen diversas iniciativas asociadas a la implementación de agricultura y ganadería regenerativa. Algunas de ellas son impulsadas por Organizaciones No Gubernamentales como Regenerativa; y otras por entidades internacionales estratégicas, como Rabobank, que actualmente está muy comprometido en apoyar a los pequeños productores agropecuarios que deseen sumarse a esta tendencia. Cambio que además se alinea con las nuevas tendencias sustentables de producción de alimentos que exige la población y que ya han comenzado a implementar gigantes de la comida mundial, como Nestlé, PepsiCo y Wallmart, entre otros, quienes ya anunciaron planes para exigir que, en el corto a mediano plazo, sus proveedores solo utilicen, precisamente, sistemas de agricultura regenerativa. ¿CUÁLES SON SUS TÉCNICAS? Si quisiéramos representar la agricultura regenerativa de manera práctica, tendríamos que imaginar, por ejemplo, a una empresa agrícola X que agotó los recursos del suelo en una zona del país, y que en lugar de expandirse a otras áreas, deforestando o alterando el medio ambiente, prefiere invertir en la reconstrucción de los suelos degradados, mediante estrategias regenerativas, sustentables y circulares. Esto no necesariamente implica uso de tecnología de punta, sino más bien de técnicas que combinan lo que para muchos expertos es “sentido común biológico” y “sabiduría telúrica ancestral”. De este modo, aplicar agricultura regenerativa implica una serie de cambios radicales y sustancialmente opuestos a las técnicas que tradicionalmente se han utilizado para trabajar la tierra. Estos cambios se ciñen a los siguientes principios: Reducir el daño biológico de los suelos: Esto implica, entre otras acciones, no arar la tierra y eliminar cualquier producto químico que pueda dañar a los microorganismos que viven en ella (como pesticidas y fertilizantes sintéticos). Esto reducirá la emisión de carbono a la atmósfera, evitará la compactación de los suelos y mejorará su nutrición e infiltración. Cubrir el suelo con material vegetal: Se debe permitir el crecimiento de una cubierta vegetal limitada, que puede variar en tipo y extensión, dependiendo de cada cultivo. Esto mejorará la retención del agua de riego, prevendrá la erosión de la tierra y aumentará la calidad de los suelos. Promover la biodiversidad: No hay que eliminar a los insectos u otros organismos que vivan cerca de las raíces, pues la diversidad biológica es esencial para cuidar la salud de los suelos y mejorar la capacidad de las plantas para absorber más nutrientes. Mantener las raíces vivas en el suelo: Es imprescindible sembrar semillas de cobertura antes de eliminar las raíces. Así se mantendrá el ciclo del agua y de los nutrientes. Integrar a los animales: Los expertos aseguran que el pastoreo sobre los cultivos de cobertura, es muy útil para fertilizar la tierra en forma natural. Además, ayuda a prevenir en forma natural los efectos de cualquier tipo de plaga. VENTAJAS Y DESVENTAJAS Aunque muchas de estas acciones, así como los principios que las sustentan, pueden parecer sorprendentes e, incluso, incomprensibles para los agricultores, su impacto tanto en el corto como largo plazo es extraordinariamente positivo para la salud de los suelos y la calidad los cultivos. En términos concretos algunas de las ventajas más importantes de la agricultura regenerativa son las siguientes: ● Permite contar con suelos más saludables y con mayor capacidad productiva. ● Ayuda a producir alimentos con mayor carga nutricional y libres de los químicos presentes en pesticidas y fertilizantes sintéticos. ● Aumenta la biodiversidad del suelo y de las zonas donde se desarrolla la actividad agrícola. ● Contribuye a purificar el medio ambiente. ● Ofrece mejores condiciones de vida para las comunidades agrícolas. Todo esto se traduce en numerosos efectos positivos para el medio ambiente y, en especial, para reducir la emisión de GEI, que son los principales impulsores del cambio climático. “Podemos fijar cantidades de carbono muy importantes que hoy se emiten libremente a la atmósfera, que dependiendo del tamaño del huerto incluso pueden superar las 20 toneladas por año”, enfatiza Rodrigo Sapiaín. “Además -agrega-, podemos disponer in situ de todo lo que la planta necesita para vivir, como la propia materia orgánica”. En términos concretos esto implica revivir la biología de los suelos, eliminar el principal factor que incrementa el cambio climático y, además, ayudar a que el agricultor ahorre recursos. “Por eso es tan importante que rompamos los paradigmas actuales respecto de que todo debe hacerse con insumos artificiales”, recalca el experto chileno. EDUCAR PARA REVIVIR LA TIERRA Si bien esta transformación puede ser muy compleja, pues implica adquirir nuevos conocimientos y habilidades, además de contar con visión estratégica y paciencia para entender que se requiere trabajar a largo plazo; para los expertos es un paso que el sector debe dar lo antes posible, más allá de que los agricultores utilicen, o no, todas las herramientas de la agricultura regenerativa. Al respecto, Rodrigo Sapiaín enfatiza que esto “no se trata solo de llegar y plantar maleza, por ejemplo, pues cada cultivo requiere una cubierta vegetal distinta, y claramente hay zonas donde no se puede aplicar por la falta de agua”. “Por eso -explica- se requiere un intenso programa de capacitación orientado a todo el mundo agrícola, para que sus protagonistas aprendan a no disturbar el suelo, a incorporar fertilizantes orgánicos, a fomentar la biodiversidad mediante el uso de la cubierta vegetal más adecuada para sus campos, y a respetar la vida orgánica y microorgánica del suelo”. En su opinión, probablemente en algunos suelos bastará utilizar solo algunas de las herramientas de la agricultura regenerativa, mientras que en otros habrá que “utilizar un tratamiento de choque”, pero lo esencial en actuar ahora, entregando apoyo técnico y teórico a los agricultores. “Evidentemente es un proceso complejo, porque para muchos agricultores implica trabajar de manera completamente distinta -añade-, pero si la estrategia se aplica en forma correcta obtendrán beneficios económicos concretos y generarán un impacto extraordinariamente positivo para la salud de las personas y del planeta”. Conclusiones que permiten a los expertos asegurar que la agricultura regenerativa es “la vía” del futuro, considerando que hoy lo único cierto dentro de la incerteza del cambio climático, es que nos seguirá afectando cada vez con mayor fuerza. GALERÍA
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