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Exitoso Summit Biofuturo 2025

8/1/2025

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Biotecnología clave para transformación alimentaria
Expertos y representantes del mundo académico y empresarial, provenientes de Estados Unidos, Brasil, Colombia, Nicaragua, Perú, Portugal, El Salvador, España, Mozambique, Uruguay y Chile, analizaron el impacto de las nuevas estrategias diseñadas en la región, para optimizar la economía circular y la innovación sostenible.
Letra E
l mundo moderno enfrenta diversos escenarios de contingencia social, geopolítica, económica y ambiental, cada vez más complejos y desafiantes. Entre ellos, la urgente necesidad de producir alimentos inocuos, seguros, saludables y sostenibles, para una población que crece exponencialmente.
 
Este objetivo no solo exige incrementar al máximo la eficiencia de los sistemas agroalimentarios, en medio de un escenario de incertidumbre geopolítica y de estrés climático, sino también modificar por completo los paradigmas de producción.
 
Esto implica, por ejemplo, ejecutar acciones concretas tales como racionalizar el uso de los recursos naturales, eliminar las prácticas de cultivo intensivo para recuperar la fertilidad de los suelos, garantizar la inocuidad y seguridad de la cadena alimentaria mundial y, al mismo tiempo, redoblar el cuidado de los ecosistemas, reducir la huella de carbono de las actividades agroindustriales, maximizar la circularidad productiva y acabar con el insano desperdicio de productos frescos, entre otras acciones urgentes.
 
Un esfuerzo monumental y hercúleo, que desde el punto de vista de los expertos, solo puede abordarse con reales perspectivas de éxito si impulsa un profundo desarrollo científico y biotecnológico que permita la transformación de los actuales sistemas de producción y reutilización de los alimentos.

DE VALPARAÍSO PARA EL MUNDO
 
Este contexto desafiante, ha permitido que diversas entidades académicas, tanto de Chile como del extranjero, adopten posiciones de liderazgo y organicen valiosos espacios de análisis científico y académico, donde no solo se presentan exitosos ejemplos de esta evolución biotecnológica, sino también se modelan algunas de las estrategias que pueden ayudar a la industria agroalimentaria a ser más eficiente, segura, inocua y sostenible.
 
Uno de los ejemplos más recientes de esta exitosa vinculación entre academia y entorno productivo, fue el exitoso “Summit Biofuturo 2025”, encuentro internacional que impulsa la economía circular y la innovación sostenible en Iberoamérica, organizado en conjunto por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), el Núcleo Biotecnología Curauma (NBC) de la PUCV, la Red Biofuturo de CYTED, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y la Red de Innovación e Impacto, AIDIS, con el apoyo y cofinanciamiento de CORFO, a través del instrumento Viraliza Eventos.
 
Durante las tres jornadas de exposiciones, networking y visitas a terreno, se presentaron diversas iniciativas implementadas tanto por entidades académicas, como por startups y grandes empresas, entre las que destacan, por ejemplo:
 
● Nuevas técnicas para valorizar los residuos orgánicos.
● Tecnologías emergentes para el desarrollo de biorrefinerías sostenibles.
● Estrategias de gestión de residuos en la agroindustria.
● Uso de herramientas de estudio como los Análisis de Ciclo de Vida (LCA) para impulsar procesos más limpios y eficientes.
 
Según explicó Rolando Chamy, director del Núcleo Biotecnología Curauma de la PUCV, Biofuturo “permite acercar a los empresarios, a la comunidad científica y a los académicos al nuevo concepto de la bioeconomía, para evolucionar en conjunto de una economía fundamentalmente basada en los combustibles fósiles, a una basada en la naturaleza”.
 
“Desde sus inicios en el NBC, hemos trabajado con valorización de residuos, bioprocesos y economía circular. Además, hemos sido pioneros en temas como mitigación de cambio climático, economía circular y proyectos con impacto social”, agregó Chamy.
 
Puntos de vista con los que concuerda el rector de la PUCV, Nelson Vásquez, quien destacó durante la jornada inaugural del Summit Biofuturo que esta cada de estudios “tiene una gran responsabilidad con su región”.
 
“El networking, las redes, la colaboración con la industria, el desarrollo de un ecosistema de innovación y emprendimiento son muy importantes para ir avanzando en complejidad y desarrollar investigación aplicada. Por ello, hacemos constantes esfuerzos para establecer redes internacionales que nos permitan conocer proyectos y otras formas de abordar los temas, así como establecer una relación estrecha con la industria. Todo ello es fundamental para colaborar en el desarrollo de nuestra región, por lo que seguiremos apoyando el trabajo del NBC”, puntualizó el directivo.
 
Por su parte, Macarena Rosenkranz, directora de Innovación de la PUCV, manifestó que este encuentro está en línea con los objetivos estratégicos institucionales de la Universidad, respecto de impulsar la innovación y la internacionalización de la investigación.
 
“Poder compartir las experiencias con estos invitados internacionales nos permite visibilizar cuáles son las tendencias en el mundo y, por supuesto, la bioeconomía es uno de esos temas. A través del trabajo del NBC, queremos contribuir a la economía circular e impactar en temáticas globales”, agregó la académica
 
Macarena Rosenkranz también enfatizó la necesidad de fortalecer la colaboración entre academia, desarrolladores de biotecnologías y actores gubernamentales, para implementar una economía realmente circular, pues sin el apoyo de investigadores, especialistas, legislaciones apropiadas o, incluso, incentivos fiscales, todo esto es muy difícil de implementar”, indicó.

EXITOSAS EXPERIENCIAS INTERNACIONALES
 
El Summit Biofuturo incluyó conferencias magistrales, paneles de conversación, sesiones de networking y espacios de vinculación, donde académicos, expertos, empresarios y representantes del sector público de Estados Unidos, Brasil, Colombia, Nicaragua, Perú, Portugal, El Salvador, España, Mozambique, Uruguay y Chile, expusieron múltiples casos de éxito en los que la biotecnología ha permitido reinventar los actuales paradigmas de producción, abriendo nuevos y esperanzadores caminos para el desarrollo de una industria más eficiente, sostenible y circular.
 
La jornada comenzó con la presentación de María Eugenia Suárez, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y coordinadora de la red CYTED Biofuturo, quien realizó una conferencia sobre las nuevas alternativas biotecnológicas para Generar Carboxilatos Sostenibles que ayuden en la reutilización de residuos.
 
Durante su exposición, la Dra. Suárez enfatizó que en el escenario actual, el propio concepto de residuos es anacrónico, “pues para impulsar un real cambio de paradigmas, debemos dejar atrás la noción de que buscamos tratar y gestionar residuos, y tomar conciencia de que en una verdadera economía circular, el objetivo clave es reutilizar recursos no aprovechados, para generar otros recursos, como energías limpias, insumos, materias primas y alimentos, entre otros”.
 
Otras conferencias magistrales destacadas fueron:
 
● “Potencial de los microorganismos fototróficos para el tratamiento de aguas y generación de bioproductos: de las microalgas a las bacterias púrpuras”, a cargo del Doctor Germán Buitrón, director de la unidad Juriquilla del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
● “Desafíos y oportunidades de la valorización de residuos y la bioeconomía en África, desde la experiencia en el Centro Nacional de Biotecnología y Biociencias”, a cargo de Valter Nuaila, director adjunto del Centro Nacional de Biotecnología y Biociencias, MCTES, de Mozambique.
 
El encuentro también permitió realizar destacados conversatorios con la participación de líderes del entorno académico, privado y público de Chile e Iberoamérica.
 
Estas instancias fueron las siguientes:
 
● Análisis del ciclo de vida y la economía circular como herramientas para la gestión eficiente de recursos oriundos del tratamiento de residuos y aguas residuales, que contó con la participación de Juan Martin Koutoudjian, ex director Nacional de Agua Potable y Saneamiento del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda de Argentina; Ana Passuello, Profesora de la Universidad Federal de Río Grande do Sur, Brasil; Henry Lambis, Profesor-Investigador en Ingeniería de Procesos en la Fundación Universitaria del Instituto Tecnológico Comfenalco Cartagena, de Colombia; Verónica Baquedano, Secretaria Regional de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático de Chile.
 
● Bioeconomía: La economía del Futuro, que tuvo como exponentes a Silvia Aguilera, Coordinadora de Asistencia Técnica en el Centro de Producción más
Limpia, Nicaragua; Ernesto Samayoa, Director del Centro de Operaciones para
Latinoamérica del Global Tander, USA; Álvaro Verdejo, Secretario Ejecutivo del Comité de Empresas Bahía Quintero Puchuncaví de ASIVA, de Chile; y Pablo Kroff, Asesor de Negocios en Innspiral, de Chile.
 
● Sinergias Biotecnológicas para la Economía Circular: Tratamiento de aguas, valorización de recursos y biorrefinería anaeróbica, que contó con las ponencias de Orlando Salgado, Gerente de Depuración en Aguas Andinas, de Chile; Carlos Silvestri, Presidente de ExpoAgua Perú Internacional; y la Dra. Jorgelina Pasqualino, profesora de la Universidad Tecnológica de Bolívar, Colombia.
 
● Innovación académica y biotecnología aplicada: Impulsando la Economía Circular desde la biorrefinería, con la participación del Dr. Cassamo Jr. Mussagui, Profesor del Laboratorio de Desarrollo de Bioprocesos Sostenibles de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Lucilia Ribeiro, Investigadora posdoctoral del departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ingeniería de la Universidad do Porto, Portugal; y el Dr. Lucas Tadeu, profesor del departamento de Hidráulica y Saneamiento de la Escuela de Ingeniería de São Carlos, Universidad de São Paulo, Brasil.
 
Las jornadas de trabajo continuaron el jueves 24 de julio con una intensa ronda de networking y debate sobre los principales ejes de desarrollo de la economía circular en Chile, especialmente la generación de productos de valor agregado desde residuos, para un futuro sostenible, en el que también participó el editor de Revista Indualimentos.
 
Finalmente, los asistentes al Summit Biofuturo, tuvieron la oportunidad de participar en cuatro clases maestras, dictadas en dependencias del NBC. Estas fueron:
 
● LCA y gestión de residuos orgánicos tipo purines, en la agroindustria, dictada por la Dra. Sara González, profesora titular de la Universidad Santiago de Compostela, España.
 
● Metagenómica aplicada a la valorización de residuos, a cargo de la Dra. Claudia Etchebehere, del Instituto Clemente Estable, de Uruguay
 
● Bioeconomía y Economía Circular: Transformando residuos agrícolas en oportunidades, dictada por Dra. Débora Nabarlatz, Profesora titular de la Escuela de Ingeniería Química de la Universidad Industrial de Santander, Colombia.
 
● Agroindustria eficiente, con énfasis en gestión energética, a cargo del Dr. Cristián Cárdenas, subdirector del Centro de Capacitación y Evaluación Industrial, del departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial, de la Universidad de Florida, USA.

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Food Upcycling

7/18/2025

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Valor del food upcycling
Gracias al esfuerzo y visión estratégica de una entusiasta generación de emprendedores, hoy coordinados en Chile por académicos y profesionales especialistas, gran cantidad de desechos y descartes provenientes de diferentes sectores de la industria, podrán reutilizarse como materias primas para elaborar productos saludables y nutritivos, que también reforzarán el compromiso de potenciar la circularidad y sustentabilidad de la cadena alimentaria.
Letra S
 i bien incrementar la producción alimentaria global, es hoy una necesidad cada vez más apremiante, debido al aumento exponencial de la población, la humanidad se enfrenta en forma simultánea a un escenario particularmente complejo e incomprensible, que solo podría definirse como la “dicotomía del absurdo”.
 
Esto, porque mientras las empresas se esfuerzan al máximo (aplicando nuevas estrategias y tecnologías), para optimizar la producción de alimentos y bebidas (tanto desde el punto de vista comercial como ambiental); la sociedad en su conjunto, literalmente, arroja cada vez más y más cantidad de estos productos a la basura, incluso cuanto todavía están aptos para su consumo.
 
Y aunque tal contradicción parece una broma cruel y de mal gusto, la cruda realidad demuestra que mientras más alimentos se producen, mayor cantidad de ellos se desperdician, en ferias libres, líneas de envasado, cadenas logísticas, establecimientos Horeca e, incluso, en los propios hogares.
 
De hecho, según reportes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, FAO, más de un 40% de los alimentos producidos para el consumo humano, se pierden o desperdician en todo el mundo.
 
Esto implica que, cada año, más de 2.500 millones de toneladas de frutas, verduras, carnes y otros productos perecibles y no perecibles, valorizados en billones de dólares, van a parar a la basura.
 
Una cantidad escalofriante y escandalosamente significativa, que si fuese bien aprovechada, podría contribuir, por ejemplo, a eliminar en forma definitiva flagelos omnipresentes, como el hambre mundial y la desnutrición infantil, entre muchos otros.
 
Chile no es ajeno a este drama, pues según recientes estudios, más de 3.700 millones de kilógramos de alimentos frescos se desperdician cada año, cifra que equivale, por ejemplo, a 4.000 canchas de fútbol repletas de comida.
 
Todo ello, a pesar de que en la actualidad, casi un millón de compatriotas no cuenta con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.
 
En otras palabras, si existiera real conciencia y esos alimentos desechados fuesen distribuidos entre esa población necesitada, ningún habitante de nuestro país pasaría hambre. Sin embargo, la sociedad hacer la vista gorda y tirar “lo que sobra” en el packaging, en las ferias, en los restaurantes o en las cocinas, prolongando eternamente la “dicotomía del absurdo”.

Alimentos a base de residuos reciclados
Cada vez con más frecuencia surgen, en Chile y el mundo, startups que revalorizan residuos de la industria agroalimentaria, lo que permite fortalecer la seguridad y sostenibilidad de la nutrición. Foto: FreePik.
EL DESPERTAR DE LOS EMPRENDEDORES
 
Si bien se trata de un problema de muy larga data, el creciente valor que las nuevas generaciones otorgan a principios claves como sustentabilidad y ética social, exige que tanto empresas, como distribuidores y consumidores den pasos coherentes y firmes para poner punto final a esta inaceptable contingencia.
 
Por ello, no resulta sorprendente que un número cada vez mayor de emprendedores y startups, tanto en Chile como en el extranjero, estén implementando acciones concretas para acabar o al menos reducir el desperdicio de alimentos, y contribuir de este modo a la nutrición de la población y a la conservación del medio ambiente.
 
Una de las tendencias más innovadoras y sorprendentes en este sentido, es el food upcycling (o supra reciclado de alimentos), iniciativa que consiste en transformar residuos, descartes o alimentos “de mal aspecto” que generalmente se consideran como “desperdicio” (como cáscaras, recortes, pulpas o frutos descartados desde un packaging o una góndola de supermercado, por ejemplo), en nuevas preparaciones, bebidas o ingredientes de alta calidad nutritiva.
 
De este modo, en lugar de desechar los alimentos o residuos que ya no se consideran “aptos” para la venta o el consumo, se les da una segunda vida. Con ello, no solo se reduce el desperdicio de alimentos, sino que también se fomenta el conocimiento y la creatividad tanto de la sociedad, como de un amplio ecosistema de foodtech, capaces de revalorizar, mediante la ciencia, la tecnología y el I+D+i, elementos que pueden convertirse en materias primas de muy alto valor nutritivo.

PRECISIONES TÉCNICAS

A diferencia del reciclaje tradicional, el food upcycling, se enfoca específicamente en la transformación de productos alimentarios que ya no son aptos para la venta o el consumo. De este modo se reduce el desperdicio de alimentos, se aprovechan al máximo los recursos disponibles, disminuye la huella de carbono de las empresas alimentarias, se obtienen nuevas fuentes de proteínas alternativas, y se educa a un sector importante de la población
 
Esto permite, por ejemplo, convertir las sobras de pan en croquetas, hasta utilizar las hojas de zanahoria para elaborar pesto, transformar los recortes de salmón en snacks o elaborar pulpas y jugos con cáscaras de frutas, entre muchas otras posibilidades.
 
Según explican los expertos, el concepto de food upcycling abarca las siguientes áreas temáticas:
 
Reutilización de subproductos: En la producción de alimentos, a menudo se generan subproductos que tradicionalmente se consideran residuos. Por ejemplo, la pulpa sobrante de la producción de jugo puede utilizarse para hacer snacks saludables, o bien los ingredientes no utilizados de panadería y los recortes de salmón se pueden reorientar a la fabricación de alimentos para mascotas.
 
Transformación de alimentos imperfectos: A menudo, muchas frutas y verduras que no cumplen los estándares estéticos de packaging y supermercados se descartan. Los emprendimientos de food upcycling, en cambio, los utilizan para crear nuevos productos, como mermeladas, sopas, o jugos.
 
Desarrollos innovadores: Mediante iniciativas I+D+i, se pueden crear productos completamente nuevos, utilizando ingredientes que de otro modo se habrían desechado, como por ejemplo, alimentos fermentados, deshidratados, o transformados, para prolongar su vida útil y mejorar su valor nutricional o gastronómico.
 
Educación y conciencia: El food upcycling también implica educar al público sobre cómo reducir el desperdicio de alimentos en el hogar. Esto puede incluir recetas y técnicas para utilizar sobras o alimentos que están cerca de su fecha de caducidad. Por ejemplo, utilizar las leches que ya han vencido, para elaborar quesillos o bebidas de kéfir hogareños.
 
Trabajar a partir de estas bases técnicas, permite obtener beneficios que abarcan desde mejoras ambientales hasta ventajas económicas y sociales. Algunos de estos son los siguientes:
 
● Minimización de residuos
● Conservación de recursos
● Reducción de la contaminación
● Estímulo a la innovación
● Generación de oportunidades económicas
● Reducción de costos de producción
● Mejora de la imagen de marca
● Más educación y conciencia ambiental
EJE DE LA ECONOMÍA CIRCULAR
 
Todas estas características permiten que el food upcycling juegue un papel crucial en la economía circular, estrategia básica para reducir el desperdicio de alimentos y la huella de carbono, dos de los problemas más apremiantes que hoy aquejan a la industria agroalimentaria y que la estigmatizan ante los ojos del consumidor final.
 
De hecho, su aparición marcó un hito trascendental, pues más allá de los slogans o las campañas publicitarias, el resultado o producto final de estas iniciativas brinda mayor valor agregado, tanto en términos de sustentabilidad, como de uso eficiente de recursos y aporte a la seguridad alimentaria global.

Algunos de los ejemplos de food upcycling más innovadores y sorprendentes incluyen el uso de pulpa de frutas y verduras para elaborar batidos proteicos; la transformación de los residuos de café en harina para postres; o la utilización de hojas y ramas de alcachofa para elaborar caldos y salsas.
 
Actualmente, la Asociación de Upcycling Alimentario ha certificado más de 200 ingredientes “de descarte” como potencialmente reciclables, muchos de los cuales tienen aplicaciones en alimentos y golosinas saludables, tanto para humanos como para mascotas.
 
Algunos ejemplos prácticos, son los siguientes:
 
● Papas y otros tipos de tubérculos “poco agradables estéticamente”, que provengan de granjas locales convencionales u orgánicas.
● Extremos y piezas de carnes, pescados y mariscos que no se han vendido en el supermercado.
● Frutas que, al igual que los tubérculos, llegan a las góndolas magulladas o con formas que no las hacen elegibles por los consumidores.
● Proteínas alternativas como el grillo y la espirulina.
● Cebada gastada de cervecerías locales.
● Cáscaras de huevo.
● Recortes de salmón fresco.
● Subproductos de la elaboración de papas fritas o almidón.
● Restos de harinas, levaduras y migajas de la industria panificadora.
Niño desnutrido ONU
Reducir el desperdicio alimentario, tan solo en la mitad de lo que hoy inconscientemente se arroja a la basura, acabaría con el hambre y la desnutrición infantil en todo el mundo. Foto: ONU
IMPACTO Y RELEVANCIA MUNDIAL
 
Todas estas variables positivas han permitido que el food upcycling se haya transformado en una atractiva oportunidad de negocios para muchas empresas de todo el mundo.

De hecho, según reportes de la consultora 
Global Information, el mercado de alimentos elaborados mediante procesos de upcycling se valora actualmente en USD 55.000 millones, y se espera que crezca a una tasa global compuesta anual (CAGR) de 6.2% entre 2023 y 2029. Es decir, antes de que finalice la presente década podría superar los USD 80.000 lo que implica retornos extremadamente generosos para quienes decidan invertir en este campo.

Esto ha incentivado la consolidación de múltiples proyectos en todo el mundo, que contribuyen a impulsar los objetivos de sostenibilidad y producción eficiente. A nivel internacional, algunos de los más conocidos son los siguientes:
 
Outcast Food (Canadá): Transforma productos alimenticios imperfectos en polvos nutricionales de alta calidad. Su portafolio incluye polvos nutricionales a base de plantas, para una gran variedad de aplicaciones, desde productos con propiedades funcionales hasta alimentos para mascotas.
 
Kern Tec (Austria): Rescata y transforma los huesos y semillas de frutas, como duraznos, cerezas y ciruelas, en ingredientes sostenibles. Se especializan en la producción de alternativas lácteas plant based y en la industria de pastelería y confitería (rellenos para pasteles, barras nutritivas y snacks).
 
Wasatch Resource Recovery (USA): A través de la digestión anaeróbica transforma residuos orgánicos, incluidos los desperdicios de alimentos, en recursos sostenibles como biogás y fertilizantes.
 
Nestlé (Suiza): Esta gran multinacional recientemente comenzó a adoptar prácticas de upcycling, reutilizando pulpa de cacao para endulzar sus chocolates. También ha estado involucrada en el desarrollo de envases sostenibles, utilizando materiales reciclados y reciclables.

Aqua Botanical (Australia): Crea agua potable a partir del agua utilizada en la producción de concentrado de jugo de frutas y verduras, lo que representa una solución única y de alto valor ambiental para el aprovechamiento de subproductos.
 
En Chile, en tanto, también se ha potenciado significativamente un extenso ecosistema de foodtech dedicadas a diversas iniciativas upcycling, dentro de las cuales destacan las siguientes:

The Imperfect Project: Transforma frutas y verduras “imperfectas” en snacks plant-based dulces y salados de larga vida, que también se comercializan en envases reciclables.
 
Cáscara Foods: Rescata subproductos agroindustriales y de empresas que elaboran jugos para transformarlos en suplementos, snacks y alimentos con propiedades funcionales.
 
Williwaw Foods: Revaloriza la piel de salmón descartada en la industria para preparar snacks liofilizados crujientes y saludables.

InnovaGreen: Recicla frutas descartadas para convertirlas, a través de un proceso biotecnológico, en alimentos y/o ingredientes de propiedades funcionales, altos en fibra dietética, prebióticos, antioxidantes y fitoesteroles.
 
Másmar: Iniciativa que reúne a diversos micro emprendedores orientados a rescatar subproductos y bioproductos marinos para elaborar nuevos alimentos tales como snacks, mousse y sopa de ostión; postre de algas marinas; nuggets de jurel; paté y salsa de camarón; aceite de jibia omega3; paté de machas; y sazonadores de camarón y langostino.

ESFUERZOS MANCOMUNADOS
 
Si bien todos estos emprendimientos representan pasos importantes para impulsar el suprarreciclaje y combatir el desperdicio, aún se requiere implementar una estrategia eficiente a nivel país, sobre la base de una sólida alianza de todos los sectores involucrados, incluyendo empresas privadas, asociaciones gremiales, instituciones públicas y academia.
 
Un primer paso en tal sentido, se concretó recientemente con la firma de un trascendental compromiso intersectorial, cuyo objetivo es trazar los parámetros técnicos y comerciales exactos para implementar un “Sello Upcycling” en nuestro país.
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Esta iniciativa, impulsada por un equipo científico y docente de la escuela de Nutrición y Dietética de la Escuela de Medicina de la Universidad del Desarrollo, UDD, permitiría que, en el corto plazo, la producción de alimentos elaborados a base de descartes o residuos, pueda ser certificada en su origen.
 
Ello se traduciría en garantía real no de que los procesos utilizados para producir estos nuevos alimentos y bebidas, se ciñen a parámetros establecidos de inocuidad y calidad, lo cual se traduciría en un impulso importante para captar una mayor atención de los propios consumidores, quienes hoy desconocen las ventajas nutritivas y medioambientales de estos nuevos productos.
 
De este modo, se revalorizará y reutilizará una mayor cantidad de insumos, materias primas y productos de alto valor nutritivo, que hoy se pierden irremediablemente, tanto a nivel de la agroindustria, como de establecimientos Horeca y los propios hogares, a pesar de que aún son aptos para el consumo humano.
 
Según explicó la ingeniera en alimentos, directora del proyecto, docente de la UDD y directora de CIACh, Alejandra Domper, esta iniciativa “nació como un trabajo académico de investigación y formación pedagógica, que poco a poco evolucionó hacia un plan nacional específicamente orientado a desarrollar instrumentos que incentiven y potencien, a largo plazo, la instauración de una cultura de suprarreciclaje alimentario”.
 
Gracias a esta iniciativa, que incluye extensas investigaciones de factibilidad, estudios en terreno, evaluaciones de mercado e intensas reuniones con los principales gremios del sector y empresas de todos los rubros, entre otras acciones, se estima que a fines de 2026, el mercado nacional podría contar ya con el nuevo “Sello de alimentos Suprarreciclados” (Upcycling Food).
 
“Dicha certificación, cuyos requisitos están actualmente en estudio, permitiría brindar al público consumidor la seguridad de que estos alimentos upcycled se fabrican a partir de materias primas e insumos revalorizados de alta calidad y que además son saludables, inocuos y de gran valor nutritivo”, enfatizó Alejandra Domper, durante la presentación técnica del proyecto, realizada en la sede FAO, en Santiago.

De manera simultánea, se espera poner en marcha una intensa campaña de educación y concientización, para que los consumidores conozcan las ventajas del upcycling y se sumen como participantes activos del esfuerzo para derrotar en forma definitiva, al insensato desperdicio alimentario.

​GALERÍA

Descartes alimentarios
Reaprovechamiento de cáscaras
Mercado upcycling food
Compromiso multisectorial por upcycling food.
Alejandra Domper en presentación FAO
Alejandra Domper
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Autor

Francisco Javier González Salvo
Periodista y Editor Revista Indualimentos

Francisco Javier González Salvo

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Economía Circular en la Industria Alimentaria

5/23/2025

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Economía circular alimentaria
El actual modelo de producción lineal de alimentos, es impráctico e insostenible. Esto exige a las empresas impulsar un camino de circularidad que reduzca la generación de desechos, optimice el consumo de recursos, termine el desperdicio y asegure la supervivencia de un planeta cada vez más amenazado.
Letra L
a industria alimentaria es esencial para la supervivencia humana, en especial dentro de un contexto donde la población aumenta exponencialmente y cada vez es más necesario proveer alimentos seguros e inocuos.
 
Pero también es innegable que el desarrollo y comercialización de alimentos y bebidas ha estado marcado, prácticamente desde los orígenes de la era industrial, por la baja eficiencia para gestionar dos variables críticas: el uso de recursos y el manejo de desechos.
 
Como resultado de esta mala gestión, la industria alimentaria ha sido permanentemente criticada por su impacto negativo en el ambiente, incluyendo aspectos tales como:
 
● Generación de residuos.
● Degradación de suelos.
● Emisión de gases contaminantes.
● Uso excesivo de agua.
● Desperdicio de materias primas.

 
Más aún, la ineficiencia ambiental del sector se demuestra solo en el simple hecho de que, a pesar de que más de 820 millones de seres humanos sufren de hambre en todo el mundo, cada año cerca de 1.300 millones de toneladas de alimentos terminan descomponiéndose en vertederos y generando altas cantidades de gases de efecto invernadero.
 
Todo ello sin contar los millones de envases, botellas y contenedores plásticos, que la industria utiliza para transportar o comercializar alimentos y bebidas, y que una vez desechados terminan contaminando miles de ecosistemas terrestres y acuáticos.
 
Basta recordar que, anualmente, 8 millones de toneladas de plástico son arrojadas al ambiente, y que, de acuerdo con recientes estudios internacionales, si no se ejecutan acciones inmediatas y enérgicas para detener este impacto, en 2050 habrá más basura que peces en los océanos.
 
Esta situación es tan extremadamente dañina para el medioambiente, que incluso el agua potable destinada al consumo humano, sea corriente o envasada, ya está contaminada también con micropartículas de plástico.
 
Para enfrentar este complejo escenario se requieren medidas más decididas, estrictas y profundas, no solo de parte de las autoridades competentes, sino también de las propias empresas y los consumidores.
 
Todos ellos durante años han sido responsables de generar esta contaminación indiscriminada, y hoy están llamados a ser agentes activos de la “desintoxicación del planeta”.

Compostaje de residuos alimentarios
El compostaje de los residuos orgánicos, para utilizarlos como abono y fertilizante natural en los campos de cultivo es una de las alternativas más tradicionales de la circularidad agropecuaria. Foto: FreePik.
Cita Gabriel Sanllehi
IMPORTANCIA Y TRASCENDENCIA DE LA CIRCULARIDAD

Ante esta auténtica pandemia, la “Economía Circular” surge como la única terapia capaz de sanar a un ecosistema en estado de crisis terminal, y por ello su adopción es hoy una prioridad ineludible para la industria alimentaria.
 
El gran valor de la Economía Circular para implementar procesos productivos menos invasivos y dañinos para el medioambiente, radica en que regenera desechos que, de otro modo, acabarían siendo eliminados, convirtiéndolos en materias primas útiles para un nuevo ciclo.

Esto permite limitar el desperdicio de materias primas, optimizar el consumo de recursos y reducir las dañinas emisiones de gases invernadero.
 
De hecho, los expertos internacionales coinciden en que solo aplicando de manera estricta y comprometida los principios de circularidad, será posible recuperar y reutilizar parte importante de los desechos que hoy genera la producción de alimentos y bebidas, aminorando así el enorme impacto negativo que provocan en el medio ambiente.
 
Al respecto, Gabriel Sanllehi, cofundador de la Consultora Ambiental Beloop, expresa que “la industria alimentaria tiene un rol fundamental en el avance de la Economía Circular (EC) a nivel mundial”.

“No solo representa más de un cuarto de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, sino que también es una gran fuente de contaminación a través de los envases y embalajes que migran hacia los ecosistemas”, enfatiza.
 
A su juicio, para que se logren avances concretos en el corto plazo, la industria alimentaria debe poner foco en elementos tales como:
 
● Instalar capacidades en conocimientos técnicos sobre Economía Circular y los beneficios que representa tanto para el planeta, como para la industria.
● Medir la contaminación de cada empresa del rubro.
● Tener planes ambiciosos, como industria y como país, orientados a elevar el nivel de circularidad y eficiencia en el uso de los recursos.

Cita Constanza Jana
Opinión similar manifiesta Constanza Jana, Ingeniera Agrónoma, M.Sc., Doctora en Ciencias Agropecuarias, Especialista en Genética Vegetal y Mejoramiento de Hortalizas e investigadora del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, para quien la industria alimentaria chilena “debe apuntar a basura cero, invirtiendo en I+D para reutilizar sus residuos o darles un valor agregado adicional, que signifique generación de nuevos emprendimientos paralelos o externos”.
 
Más aún, para la doctora Jana la solución pasa porque nuestro país “invierta en disminuir la cantidad de basura generada a nivel industrial y particular”.
 
Punto de vista que también reafirma el médico veterinario Rodrigo Morales Pavez, Investigador de INIA y especialista en Calidad de Alimentos, quien afirma que “la industria alimentaria nacional es consciente de que debe disminuir el uso de residuos dentro de los procesos internos”, pero agrega que además “tiene que considerar el producto como un todo y, por ejemplo, estudiar cómo impactan los envases al medio ambiente”.
 
“En este sentido -afirma-, se está volviendo a como (todo) era antiguamente: envases retornables o sistemas de rellenado (como se hacía con los aceites); y al desarrollo de envases compostables, que ya revolucionaron la industria de la carne, habitualmente tan demandante de envases de plástico de un solo uso”.
 
Visión positiva y consciente, que desde el punto de vista de la industria, complementa Santiago Peralta, presidente y cofundador de la empresa ecuatoriana de chocolates Paccari, quien asegura que “Chile, un país de extraordinaria riqueza agrícola, a través de su industria alimentaria tiene oportunidades para generar ciclos virtuosos, abarcando a toda la cadena de valor, sumando al consumidor consciente, y en ese ciclo asegurar procesos amigables con el ambiente”.

La gran industria también juega un papel decisivo en este esfuerzo circular y, de hecho, algunas empresas ya han implementado diversos programas, incluyendo iniciativas para recuperar sus desechos y sustituir la materia prima sintética de algunos de sus empaques, para incorporar un porcentaje de material reciclado.
 
Al respecto, Vivian Budinich, Gerente de Marketing Corporativo y Sostenibilidad de Empresas Iansa, comenta que “el desafío de abordar la economía circular se logra considerándolo de forma permanente y consistente en todos los procesos de la industria alimentaria”.
 
Para la ejecutiva esta metas de cumplimiento “deben ser ambiciosas, tanto en los propios objetivos de las empresas, como en la fiscalización y exigencias de los entes reguladores”.

Por ende, a su juicio, “la innovación, el uso de tecnologías para aprovechar mejor las materias primas en nuevos desarrollos, revalorizar residuos y optimizar una producción sostenible, son claves para promover la circularidad en la industria”.
 
Un desafío que aborda distintas áreas de acción y que para Rodrigo Sandoval, CEO de la empresa I Am Not Plastic, startup nacional especializada en el desarrollo de envases y productos de uso diario compostables y biodegradables, debe abordarse mediante distintas acciones “como, por ejemplo reducir los residuos y los desechos a través de la optimización de los procesos productivos y el uso de tecnologías sostenibles, además de colaborar con proveedores y clientes en la implementación de prácticas sostenibles para mejorar la eficiencia y minimizar su impacto ambiental”.
 
Sandoval menciona como una de las prioridades ineludibles “el uso de insumos biodegradables y compostables, ya que la cadena productiva de la industria cuenta con muchísimos hitos donde la utilización de plásticos es necesaria y difícil de disminuir. Es ahí donde opciones como los productos 100% compostables, se tornan relevantes para mantener una forma similar de operar, pero más sustentable y responsable con el medio ambiente”. 
Envases compostables
El desarrollo de nuevas y tecnologías a base de materiales biodegradables, ha permitido la introducción al mercado de nuevos envases sostenibles y amigables con el medio ambiente. Foto: Iamnotplastic.cl
Cita Vivan Budinich
Argumento que comparte Gabriel Fonzo, CEO de Integrity, startup chilena especializa en desarrollo de envases reciclables, quien enfatiza “que en este momento la industria nacional enfrenta el gran desafío de ser actor destacado dentro de un trabajo conjunto hacia la circularidad, comenzando por asegurarse que sus productos estén contenidos por packaging sustentable, no sólo en su disposición final sino que además, en el diseño mismo del empaque”.

“En este sentido -añade Fonzo-, se debe tomar mayor conciencia en torno a que el packaging proveniente de fuentes recicladas genera un impacto positivo en los productos, por el ahorro de CO2 en su fabricación. Asimismo, tenemos que avanzar en la educación de los consumidores sobre qué hacer con este envase/residuo, una vez que se utiliza su contenido”.

 
DESAFÍO COMPLEJO, PERO NECESARIO
 

Cambiar el sistema cultural en el que se desenvuelve la industria de alimentos, es una de las estrategias con mayor impacto positivo dentro de las acciones necesarias para enfrentar la actual crisis ambiental.
 
Esto se debe a que el actual esquema alimentario solo se ha ocupado de impulsar el crecimiento de la población, la urbanización y el desarrollo económico, pero a un costo extremadamente nocivo para el medioambiente y la sociedad en su conjunto.
 
De hecho, las utilidades derivadas de la actual productividad del sistema alimentario han acarreado consecuencias muy negativas, en términos de contaminación de sistemas terrestres y acuáticos, por lo que el modelo actual no es adecuado para satisfacer las necesidades futuras de la población.
 
Más aún, seguir aplicando dicho modelo lineal acarrearía una alta probabilidad de acelerar procesos de degradación de sistemas, agotamiento de suelos y extinción de especies, incluyendo, por cierto, a los humanos.
 
Por ello, aplicar de manera firme y constante un modelo de Economía Circular permitirá que la industria alimentaria nacional e internacional, se oriente hacia un crecimiento sostenible, mediante acciones concretas basadas en compartir, arrendar, reutilizar, reparar, reacondicionar y reciclar.
 
Esto implica innovar para modificar sustancialmente el modo en que producimos y consumimos alimentos, con el objetivo de mejorar el potencial para gestionar los recursos naturales de manera más eficiente y así cuidar el ecosistema, del que depende nuestro sistema alimentario.
 
De acuerdo con los especialistas, esto exige trabajar con los siguientes ejes estratégicos:
 
● Hacer uso eficiente del agua, a partir de la optimización de procesos.
● Reducir el desperdicio de energía en la fabricación y mejorar la eficiencia de toda la línea de producción.
● Privilegiar, en la medida de lo posible, fuentes energéticas renovables no convencionales.
● Utilizar sistemas de producción agrícola más orgánicos, menos invasivos y que no agoten los suelos.
● Evitar el uso de materiales desechables, tanto durante el envasado como en la distribución y comercialización (lo que incluye su correcto manejo al final de su vida útil).
● Evitar el desperdicio de alimentos y gestionar los excedentes alimentarios para que lleguen a quienes lo necesitan.
 
El primer paso para abordar la implementación de los principios de la economía circular en la industria alimentaria, consiste en examinar el costo que supone el actual enfoque utilizado en la producción de alimentos.
 
Esta observación permitirá descubrir, analizar y reparar las brechas de desarrollo sustentable que se observan en el sector.
 
También proporcionará un mapa con soluciones tecnológicas apropiadas y personalizables, que ayudarán a las empresas a mejorar su nivel de madurez circular a lo largo de toda la cadena de valor agroalimentaria.
 
Sin duda se trata de desafíos muy complejos, pero que para la mayoría de los expertos resultan completamente alcanzables, en la medida que tanto las empresas, como el público consumidor y las autoridades competentes aúnen los esfuerzos necesarios para orientarse mancomunadamente a la meta común: producir y alimentar a la población sin destruir a otras especies, ni el espacio que habitan.
 
Objetivo que para Gabriel Sanllehi es “completamente abordable”, a escala país. Más aún, en su opinión, Chile marcha a la vanguardia en Economía Circular en América Latina. “Según la Hoja de Ruta para un Chile Circular 2040, implementar este modelo económico en la industria puede implicar, como primera meta, generar 100 mil nuevos empleos verdes al 2030”, indica.
 
No obstante, Sanllehi también recalca que para operar bajo los principios de la economía circular “se requiere invertir”.
 
“Grandes y medianas empresas pueden tener el presupuesto suficiente para invertir en estos proyectos, y esperar un retorno que por lo general puede ir desde un período menor a 12 meses, hasta 4 a 10 años. Sin embargo, pequeñas empresas y emprendimientos pueden requerir un mayor apoyo financiero del sector público, de gremios, e instituciones bancarias”, detalla.
 
Variable que para Constanza Jana, de INIA, no es insalvable, pues a su juicio “la industria alimentaria chilena es poderosa y ha generado altos ingresos sin invertir en economía circular”.
 
“Hoy es momento de que parte de esos ingresos sean invertidos en la reutilización de todos o muchos de los insumos y/o desechos usados en los diferentes procesos”, puntualiza.
 
Punto de vista que comparte su colega de INIA Rodrigo Morales Pavez, para quien nuestra industria “tiene el desafío de ser competitiva a nivel global; por lo que debe trabajar más en la reutilización de los insumos y el agua, así como en el aprovechamiento de los residuos para generar nuevos negocios”.
Cita Rodrigo Morales
Desde el ámbito empresarial se comparte el optimismo, aunque también se aboga por un esfuerzo mancomunado de todos los sectores, pues tal como explica Santiago Peralta, de Pacari, “Chile es un mercado destacado de la región, con robusta trayectoria exportadora, en frutas y pescado, y grandes oportunidades para liderar iniciativas innovadoras para el crecimiento y desarrollo sostenible, a través de la sinergia de los sectores público y privado”. 
 
Vivian Budinich, en cambio, pone énfasis en que “la transición hacia una Economía Circular debe ser un proceso gradual, y requiere por sobre todo el compromiso y la voluntad de los diferentes sectores y actores para construir una agenda común, que tenga una mirada sistémica y colaborativa, en línea con los principios de la circularidad”.
 
Budinich también destaca que esta transición “abre grandes oportunidades para generar una cultura de crecimiento sostenible y un cambio de mentalidad en torno al potencial de los materiales y residuos”.
 
“Para esto será necesario trabajar paulatinamente y de forma organizada, teniendo presente los desafíos que deben levantarse para lograr un proceso exitoso. Una serie de empresas han avanzado en forma exitosa en esta línea y parte por definirlo como un objetivo estratégico de la compañía”, puntualiza la ejecutiva, quien también enfatiza “que la voluntad, la responsabilidad y el trabajo colaborativo son los ingredientes principales para lograr el desarrollo de una industria más sustentable”.
 
Desde este punto de vista, Budinich plantea que “se debe definir una estrategia clara, objetivos concretos e indicadores de gestión que permitan ir midiendo los avances, junto con un trabajo de cambio cultural y educativo para abordarlo en forma holística”.
 
Gabriel Fonzo, en tanto, hace hincapié en la necesidad de nivelar esfuerzos, porque “si bien hay varias empresas que están a la vanguardia, la mayoría está avanzando recién con la puesta en marcha de la ley REP y su responsabilidad sobre el packaging que ponen a disposición del consumidor”.  En su opinión, esto es crucial “porque implica hacerse cargo de los residuos internos, apuntando hacia su reutilización y valorización”.
 
Una opinión algo más cautelosa expresa Rodrigo Sandoval, quien desde su área de experticia no cree que el problema de los desechos plásticos “se resuelva de la noche a la mañana”, sino que primero “hay que ir asumiendo metas posibles”, así como “proceder al levantamiento de todos los insumos utilizados hoy para su revisión y consideración, a fin de reemplazarlos por opciones más sustentables”.
 
Sandoval indica que ese “es un primer paso” y que “luego el camino puede recorrerse de a poco e ir mejorando año a año, hasta llegar al nivel mínimo posible de residuos plásticos”.
Envases y utensilios biodegradables.
La implementación en Chile de la Ley REP y la restricción en el uso de plásticos desechables, ha permitido reducir considerablemente el impacto ambiental de este tipo de materiales. Foto: FreePik.
Cita Rodrigo Sandoval
INICIATIVAS CONCRETAS

A pesar de las dificultades que implica aunar voluntades, contar con los recursos necesarios y vencer las barreras culturales, estas líneas generales de acción ya se han plasmado en iniciativas concretas que confirman la viabilidad, así como la urgencia, de impulsar definitivamente a la industria alimentaria por el camino de la Economía Circular.
 
Así lo señala Gabriel Sanllehi, destacando que “un reciente estudio de ODEPA, en conjunto con UC Davis Chile y CAV+S, determinó que existen al menos 230 iniciativas vinculadas a la Economía Circular en el sector agroalimentario nacional”.
 
“La mayoría de las iniciativas identificadas -menciona- están vinculadas al principio 2 de circularidad, orientado a maximizar la utilidad de los materiales en todo momento. Además, la estrategia en EC más recurrente fue revalorizar, es decir, transformar productos o parte de residuos descartados, para darles una nueva función”.
 
Sanllehi también recuerda la entrada en vigencia de nuevos marcos normativos ambientales en Chile, como la Ley REP de Envases y Embalajes; la Hoja de Ruta Circular para un CHILE sin Basura 2040; o la Ley de Plásticos de Un Solo Uso (PUSU). A su juicio todos ellos son directrices relevantes para la industria agroalimentaria, “en el sentido de que impulsan elevar sus estándares en términos de economía circular”.
 
Opinión que comparte Rodrigo Sandoval, quien pone sobre la mesa el ejemplo del delivery “que concretamente ya ha generado varios cambios, entre ellos el uso de contenedores compostables elaborados de distintos materiales como cartón o caña de azúcar”.
 
Sin embargo, Sandoval también enfatiza que en el mundo de los alimentos envasados aún hay bastante camino por recorrer, pues “existen alternativas para empacar frutas y productos frescos sin necesidad de recurrir al plástico”.
 
“Hoy la ley de plásticos de un solo uso ya ha prohibido bombillas, revolvedores y otros insumos de este material, y seguirá eliminando varios más durante estos años, por lo que mientras antes las empresas comiencen a generar el cambio, más fácil se les hará adaptarse”, señala.
 
Los expertos de INIA, en tanto, destacan el valor del emprendimiento entre las pequeñas empresas agroalimentarias y las múltiples iniciativas implementadas por la nueva generación de productores “éticos y sustentables”, que han hecho suyos los principios de respeto por el medio ambiente.
 
Constanza Jana menciona el desarrollo, en la zona de Coquimbo, de un producto soluble en agua, elaborado a partir de descartes de la industria del camarón chileno, llamado BioMovens y que consiste en un compuesto que estimula los procesos naturales de las plantas, mejora la absorción de nutrientes y ayuda a combatir diversas plagas, entre otros beneficios. “Fue desarrollado por la empresa Crustanic, quienes visualizaron una forma de crear una oportunidad de negocio y de generar nuevos puestos laborales”, enfatiza la investigadora de INIA.
 
“Otra iniciativa más pequeña, pero no menos importante, es Limarí Setas, un startup desarrollado por dos hermanos de la ciudad de Ovalle, que utiliza los restos de poda de parras para producir hongos comestibles del tipo ostra, de alto valor comercial”, agrega Jana.
 
Rodrigo Morales, en tanto, destaca la iniciativa de “Procesadora de Plásticos Puelche”, empresa que se dedica a retirar de los residuos de film plástico Low Lineal Density Polietilene, LLDP (utilizados por la industria pecuaria para almacenar forraje), para reutilizarlos y fabricar con ellos bebederos, comederos, camas de estabulación para lecherías, perfiles, tablas tipo deck, tuberías para el riego y carretes, entre otros productos.
 
Desde el ámbito de la industria, Santiago Peralta, pone como ejemplo el trabajo realizado por Chocolates Pacari para reducir en 43% de las emisiones, hasta llegar a ser carbono neutrales. “Para lograrlo pusimos en marcha diferentes estrategias. Disminuimos el uso de energía eléctrica, con un plan de migración a energía solar en la operación de planta y oficinas en la ciudad de Quito. Además, en el ámbito de transporte y logística, se realizó un plan de simplificación y optimización de nuestros envíos, apuntando a reducir el consumo de combustible aéreo, siendo actualmente una prioridad el envío marítimo”, enfatiza.
 
Vivian Budinich, en tanto, precisa que Iansa impulsa, desarrolla y ejecuta actualmente múltiples iniciativas de promoción a la Economía Circular, entre las que destaca “la circularidad en la producción de alimentos y el fomento del uso de coproductos, explorando el desarrollo de otros ingredientes naturales, con beneficios saludables para nutrición humana, pet food y nutrición animal”.
 
Dos iniciativas particularmente interesantes en este ámbito son la reutilización de pasto y colilla residual de remolacha. Budinich destaca que dicho proyecto consiste en la entrega, sin costo, de material residual del proceso azucarero a pequeños agricultores de la zona, para su aprovechamiento como alimento animal.
 
Asimismo, agrega que en todas las divisiones de la compañía se realiza un activo trabajo de compostaje, evitando así el uso de rellenos sanitarios.
 
Las estrategias circulares de la compañía también incluyen diversas iniciativas en el área de tecnología y medioambiente, como la conversión en bolas de los desechos plásticos de las cintas de riego, para cubrir con ellos tranques y acumuladores de agua; y en la mejora de los procesos productivos.
 
En este último punto, Vivian Budinich enfatiza que hoy “nuestros envases no son un residuo, si no que un recurso que puede ser reintegrado a la cadena productiva, cumpliendo a cabalidad con la circularidad de los materiales y el reciclaje”.
Reutilización de residuos alimentarios.
Un número importante de emprendedores nacionales, ha desarrollado sistemas para producir nuevos alimentos y bebidas a base de residuos y productos desechados por considerarse "imperfectos". Foto: FreePik.
Cita Santiago Peralta
DESAFÍOS PENDIENTES

Sin embargo, la Economía Circular constituye un camino que requiere de pasos constantes y cada vez más decididos, para no “desandar” lo ya avanzado.
 
Así por ejemplo, para Gabriel Sanllehi, los principales hitos que aún se deben alcanzar para que la industria alimentaria chilena ingrese de lleno a la Economía Circular, son los siguientes:
 
● Solucionar la falta de conocimiento y establecer un lenguaje común entre los actores, a través de la formación e instalación de capacidades técnicas.
● Dotar de métricas y metodologías comunes a la industria, que permitan establecer una línea base y sistematizar modelos predictivos para tomar mejores decisiones.
● Promover cambios culturales, tanto en las empresas como en los consumidores.
● Fomentar el I+D+i para implementar nuevas soluciones y métodos para validar tecnologías con factibilidad técnica y económica.
● Contar con incentivos y nuevos estándares a través de normas técnicas y políticas públicas ambiciosas, pero realistas.
 
La doctora Constanza Jana, precisa a su vez que “hasta ahora, el proceso ha sido voluntario y solo algunas empresas han invertido en economía circular”.
 
A su juicio este tema debe sistematizarse mediante leyes, “por medio de un proceso que obligue a las empresas a que un porcentaje de las ganancias sea destinado ­dentro de un periodo no mayor­ a obtener alternativas de uso de sus productos de desecho. Hay herramientas a través de la Ley de I+D y de la Ley de Donaciones para I+D, sin embargo, no se están usando tanto como se debiera”, explica.
 
“Como INIA aspiramos a cumplir un papel muy activo en este camino, participando con las empresas que comiencen a trabajar en economía circular; apoyando con ideas, con levantamiento de proyectos CORFO u otras fuentes de financiamiento, para ir avanzando en esta línea de trabajo”, agrega la investigadora.
 
Rodrigo Morales, por su parte, confía en que solo “es cuestión de tiempo para que todas las empresas se sumen a este desafío”.
 
“No obstante -señala-, hoy, las empresas que incorporen economía circular dentro de sus procesos deberían tener un sello en el producto final que las diferencie. Así, el consumidor contará con la información para tomar mejores decisiones”.
 
El investigador de INIA precisa, asimismo, que como institución desean trabajar en dos áreas de la industria pecuaria que son prioritarias para las regiones del sur de Chile.
 
“Por un lado -explica-, los huesos para las carnicerías son focos de contaminación e importante fuente de residuos. Y existen alternativas desde la elaboración de nuevos alimentos para consumo humano (caldo de huesos, que es muy rico en colágeno), alimento para mascotas y/o el aprovechamiento del calcio como un nuevo bioinsumo”.
 
Morales, asimismo, enfatiza que en la industria láctea se debe trabajar en la recuperación de la leche de descarte, que es un residuo que se genera diariamente en todas las lecherías del sur de Chile, así como en el reaprovechamiento del suero de las queserías de esta zona.
 
“Si bien, en la actualidad se utiliza como insumo para alimentación animal, el suero tiene proteínas de alto valor biológico, que es muy demandado por diferentes industrias”, agrega.
 
Vivian Budinich, en tanto, cree que las tendencias de mercado actuales “muestran el alto interés en la incorporación de ingredientes que incentiven la economía circular”.
 
En su opinión, las grandes empresas productoras de alimentos y bebidas “buscan contar con este tipo de ingredientes para diferenciar sus productos para el mundo B2B y también el B2C, para los productos en góndola”.
 
En el caso particular de Iansa, la ejecutiva destaca que seguirán trabajando para llevar mejores soluciones, productos e ingredientes que permitan incorporar cada vez más y mejor la dimensión de circularidad en todas sus actividades.
 
Esto incluye, por ejemplo, el cumplimiento antes de ocho metas concretas relacionadas con el calentamiento global y el cambio climático, incluyendo superar el riego tecnificado al 87,5%; superar el 90% de envases reciclables en productos de consumo masivo; mantener el acuerdo para la provisión de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) por sobre el 95%; y seguir avanzando en la promoción de una agricultura sustentable mediante la optimización en el uso de fertilizantes sintéticos, herbicidas y pesticidas y la disminución de labranza, entre otros objetivos.
Cita Gabriel Fonzo
Budinich también destaca el desarrollo de iniciativas sustentables como “Iansa Comunidad Circular”, lanzada en conjunto con Reciclapp, y que consta de la instalación de tres puntos de reciclaje en la región de Ñuble.
 
Gabriel Fonzo, a su vez, también recalca que hoy se necesita un mayor compromiso con el ecodiseño de envases, para así fomentar y contribuir a su reciclabilidad.
 
“El mutar hacia materiales reciclables podría bajar la tasa de empaques con bajo porcentaje de transformación y aumentar las de los ya existentes con alto potencial de reutilización”, asegura.
 
“Nuestro objetivo -indica Fonzo- es avanzar en el trabajo continuo de entregar productos y servicios sustentables, incorporando iniciativas que respalden nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible en la organización completa. Asimismo, apuntamos a incrementar las toneladas de PET Reciclado recuperadas de fuentes domiciliarias, para así incorporarlas en la fabricación de nuestros envases para alimentos”.
 
Rodrigo Sandoval, por su parte, manifiesta que uno de los aspectos pendientes más importantes “es la conciencia del manejo responsable de residuos orgánicos”.
 
“Esto es algo que tanto empresas, como municipalidades y gobierno, deben trabajar de manera conjunta para entregar una red lo más eficiente posible que contribuya a separar la basura orgánica, y que esta efectivamente termine compostada”, explica.
 
“Esto será un impulso no solo para reducir la basura y la contaminación generada por la industria alimentaria, sino que además permitirá que los insumos compostables que hoy están comenzando a ser utilizados puedan terminar efectivamente convertidos en tierra a los 6 meses de haber sido usados”, agrega.
 
Objetivos, compromisos y ejemplos concretos, que en su conjunto demuestran que no solo es posible implementar la Circularidad en la industria alimentaria, sino que es ya un deber ineludible.
 
Solo de esta forma se cerrará definitivamente el “círculo vicioso” de la producción invasiva y destructiva, y se lo reemplazará por un nuevo “círculo virtuoso” de seguridad alimentaria ética y respeto por el medio ambiente.

GALERÍA

Constanza Jara de INIA
Gabriel Fonzo de Integrity
Rodrigo Morales de INIA
Rodrigo Sandoval de I am not Plastic
Santiago Peralta de Paccari.
Vivian Budinich de Empresas Iansa
Gabriel Sanllehi, de Beloop
Uso de resiudos en el desarrollo de nódulos de rizobium en haba
Logo Indualimentos
Foto

Autor

Francisco Javier González Salvo
Periodista y Editor Revista Indualimentos

Francisco Javier González Salvo

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