pesar de la urgente necesidad de mitigar el negativo impacto de las actividades industriales y productivas en el medio ambiente, la industria de envasado de alimentos o packaging food aún no logra producir de manera masiva materias primas biodegradables que reemplacen a los polímeros sintéticos con los mismos niveles de eficiencia e inocuidad. Un desafío pendiente y de proporciones enormes, debido a la que la emergencia ambiental que hoy enfrenta nuestro planeta, exige el desarrollo inmediato de envases biodegradables o compostables, que ofrezcan la misma capacidad de proteger y mantener a los alimentos durante los largos períodos que suelen transcurrir desde su elaboración, hasta su distribución y consumo. La mayor dificultad para alcanzar este objetivo, radica, según la gran mayoría de las voces expertas de Chile y el extranjero, radica en que aún no resulta viable desarrollar envases alimentarios a partir de biopolímeros o materiales biodegradables, debido a la imposibilidad técnica y económica de superar las barreras logísticas y de inocuidad que impone la tecnología actualmente disponible. Sin embargo, esta premisa que hasta hace muy poco parecía tan ominosamente definitiva, se ha ido resquebrajando poco a poco, debido al surgimiento de diversas iniciativas que lograron alcanzar exitosamente este objetivo. Todo ello mediante la reinvención de procesos biotecnológicos conocidos, a partir de los cuales se diseñó una nueva generación de envases bio-based (bio-basados o con materia prima de base biológica), que no solo prometen cuidar la inocuidad de los alimentos, sino también contribuir al logro de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) impulsados por las Naciones Unidas. EXITOSA INNOVACIÓN NACIONAL Uno de los casos de éxito más recientes concretados en Chile, es el de Hera Materials, cuya directora de Investigación y Desarrollo, Romina Pacheco, comenta que el desarrollo de envases bio-basados y efectivamente compostables, ya dejó de ser una tendencia para transformarse en un componente estructural de la competitividad. “La implementación de la Ley REP y la Ley de Plásticos de un Solo Uso (PUSU) en Chile, junto con estándares internacionales cada vez más exigentes, están elevando el umbral mínimo de cumplimiento, a lo que se suma un consumidor que hoy exige coherencia ambiental real y verificable”, indica Romina, quien también puntualiza que en Hera Materials se logró este cambio a partir del diseño, desde cero, de un nuevo material denominado Woodpack®, el cual está elaborado a partir de una solución basada en fibra de papel reciclado y biomasa local renovable, “completamente libre de combustibles fósiles”. “Este material -enfatiza Romina- está concebido para integrarse a esquemas de economía circular, ya que puede reciclarse dentro del flujo del papel, y también es compostable bajo condiciones controladas. Esa combinación técnica y ambiental es la que hoy marca una diferencia estratégica”. Y si bien aún surgen voces escépticas que ponen en duda la real viabilidad de estos materiales, para Romina Pacheco se trata de una certeza incuestionable. “En nuestro caso -asegura-, podemos afirmar que la viabilidad es industrial y concreta, pues Woodpack ha sido diseñado para responder a requerimientos reales de desempeño, particularmente en aplicaciones donde la exigencia estructural es clave”. La experta agrega que Hera Materials actualmente produce soluciones bio-basadas para alimentos secos —como café y cereales— principalmente en forma de envases secundarios y aplicaciones de baja y media exigencia de barrera, donde el material brinda estabilidad dimensional, resistencia mecánica y buen comportamiento logístico. Pero Romina Pacheco también detalla que se han logrado importantes avances en el sector frutícola, especialmente en soluciones orientadas a exportación, donde la presión por alternativas sostenibles es cada vez mayor. “La combinación de reciclabilidad y compostabilidad -explica- amplía las opciones de gestión al final de vida, lo que resulta especialmente relevante en mercados con regulaciones estrictas”. Por ello, para la ejecutiva de Hera Materials, la pregunta ya no es si estos nuevo biomateriales son viables o no, “sino quién liderará la transición”. ACADEMIA Y GRAN INDUSTRIA Otra interesante iniciativa que se apronta a ver la luz es el proyecto liderado por la Dra. Carolina Quezada, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), que busca generar una solución ecológica y biodegradable, mediante el desarrollo de envases alimentarios biodegradables y antimicrobianos a partir de alcohol polivinílico (PVA) y nanofibras de celulosa (CNF); ambos compuestos biodegradables, reciclables y no tóxicos. Durante la presentación de su proyecto, que recientemente obtuvo el financiamiento FONDEF IDeA I+D 2025, la dra. Quezada enfatizó que el objetivo de su equipo, integrado también por las académicas de la UCSC, Dra. Fabiola Valdebenito y Dra. Elizabeth Elgueta, es optimizar y escalar la producción de este material para su uso en la industria de envasado de alimentos. “Por ello, nos interesa que tenga alta capacidad antimicrobiana sin adición de agentes”, comenta la investigadora. La Dra. Quezada también precisa que el uso de nanofibras de celulosa mejora la resistencia mecánica, la estabilidad térmica y las propiedades de barrera, “características que son esenciales para prolongar la duración de los alimentos, pues reducen la permeabilidad de gases y la humedad, y además favorecen la capacidad antimicrobiana”. De este modo, se espera consolidar en el corto a mediano plazo un reemplazo viable y efectivo de los materiales convencionales derivados de la industria del petróleo y de los plásticos, mediante el uso combinado de PVA/CNFs. “Esto implica una potencial mejora en la biodegradabilidad de los envases de alimentos y una significativa disminución de residuos, lo que contribuye así́ a mitigar el impacto ambiental relacionado con los envases plásticos”, agrega la investigadora de la UCSC. Desde el ámbito de la gran industria, en tanto, también destacan ejemplos de alto impacto positivo, como, por ejemplo, las recientes innovaciones implementada por la firma Tetra Pak en el nicho de envases específicamente destinados al mercado lácteo. Al respecto Alejandro Chan, director general de Tetra Pak Cono Sur, comentó -durante una exposición realizada en la Cumbre Mundial de la Leche 2025, en octubre pasado en Santiago- que la compañía “está desarrollando los envases de alimentos más sostenibles del mundo, reduciendo su huella de carbono y ayudando a los clientes a disminuir el impacto ambiental de la industria”. “En concreto explicó Chan- estamos avanzando en la eliminación del aluminio como componente, reemplazándolo por una barrera de papel que también garantice la inocuidad del alimento”. Si bien esta innovación aún no está presente en los mercados del Cono Sur, representa un paso clave hacia el uso viable de materiales renovables bio-basados en la comercialización de leche larga vida y de otros productos estratégicos, como jugos, yogures líquidos y bebidas lácteas fortificadas que también utilizan esta tecnología de envasado. De este modo, la empresa espera comercializar, en el corto plazo, envases cuyo reciclabilidad supere el 90% (actualmente alcanzan el 88%), lo que aseguraría que pudiesen reciclarse fácilmente junto con el cartón común. TECNOLOGÍA VIABLE Estos ejemplos aplicados por el ecosistema emprendedor, la academia y la gran industria, no solo demuestran que existe tecnología para avanzar hacia un desarrollo mucho más sostenible en materia de packaging food sino que también, con perseverancia, capacidad innovadora y voluntad, se pueden lograr avances totalmente viables para potenciar la eficiencia sostenible transversal de la industria alimentaria. En tal sentido, Romina Pacheco destaca que esta transición hacia materiales más sostenibles y carbono neutrales puede realizarse utilizando, incluso, infraestructura existente. “En el caso de Woodpack -detalla-, fue posible implementar su producción mediante retrofitting (modernización) de máquinas papeleras, muchas de las cuales hoy se encuentran subutilizadas o en desuso. Esto no solo reduce tiempos y costos de implementación, sino que además extiende la vida útil de activos industriales, alineándose con una lógica de economía circular también a nivel productivo”. Para la experta este enfoque también permite escalar de manera más rápida y eficiente la producción de envases ecosostenibles, facilitando su expansión hacia mercados internacionales sin requerir inversiones completamente disruptivas. “La barrera actual no es tecnológica, sino de coordinación industrial, certificación y consolidación de demanda, por lo que al contar con marcos regulatorios bien definidos -como la Ley de Plásticos de un solo uso y la Ley REP-, la demanda comenzará a alinearse rápidamente. Cuando convergen regulación, tecnología y mercado, la masificación ocurre y la expansión internacional es totalmente factible, especialmente en regiones donde las exigencias ambientales ya son más estrictas que en Latinoamérica”, detalla Romina. Claro que este éxito radica además en la voluntad de impulsar un profundo cambio de paradigma cultural en las empresas e instituciones, derribando silos y antiguas creencias para comenzar o “recrear” desde cero. En el caso concreto de Hera materiales el cambio de mentalidad implicó ir más allá de un simple reemplazo del plástico, e implementar un rediseño completo del sistema, lo que se tradujo en la combinación de ciencia de materiales con tecnología avanzada, para acelerar la transición hacia soluciones bio-basadas. A ello se sumó el uso de una plataforma de Inteligencia Artificial propia, bautizada Marie Curie, que permitió modelar, simular y optimizar formulaciones en ciclos mucho más cortos que los métodos tradicionales. “Esto nos ayudó a mejorar ciertas propiedades mecánicas, tales como el comportamiento frente a la humedad y la estabilidad del material, además de agilizar la adaptación de los procesos ante nuevas exigencias regulatorias o técnicas. Por ello, más que desarrollar un producto aislado, hemos construido una capacidad tecnológica que nos permite evolucionar continuamente Woodpack y ajustarlo a distintos mercados y aplicaciones, manteniendo siempre coherencia con principios de circularidad, porque nuestro objetivo es ofrecer soluciones que no solo sean sostenibles, sino también competitivas y escalables”, puntualiza Romina Pacheco. El mismo parámetro innovador que impulsó la investigación del equipo de la UCSC, pues sus expertas tomaron los principios básicos del proceso de extrusión (técnica que permite moldear un material para obtener una determinada forma y que hoy se utiliza para elaborar snacks dulces y salados), para desarrollar un material en formato pellet capaz de adoptar la forma necesaria para generar un determinado envase alimentario. Gracias a este prototipo, diseñado a partir de la experticia de las doctoras Fabiola Valdebenito y Elizabeth Elgueta, muy pronto será posible contar con un material en forma de pellet, biodegradable, termoestable, antimicrobiano y con propiedades mecánicas y de barrera apropiadas para generar envases de alimentos, que además puede elaborarse a partir de residuos de la industria agrícola, proporcionando, de este modo, una solución totalmente viable para la producción de envases biodegradables, antimicrobianos y termoestables. PASOS FUTUROS A partir de estos exitosos ejemplos de reingeniería e innovación biotecnológica, es posible afirmar con plena certeza que, en el corto a mediano plazo, Chile y América Latina dispondrán de una completa nueva generación de envases bio-basados, biodegradables y capaces de impulsar un salto exponencial en materia de packaging food. En ese sentido, Romina Pacheco considera que, a nivel global, el mercado de envases alimentarios biodegradables seguirá creciendo de manera sostenida, impulsado por regulación, presión comercial y las propias exigencias del consumidor. “Europa continuará marcando estándares, mientras Chile ya tiene una posición relativamente adelantada dentro de la región, avanzando con marcos como la ley REP y la de Plásticos de un Solo Uso, lo que posiciona al país en una fase activa de transformación”, asegura. En su opinión, esto también implica que dentro de poco veremos mayor énfasis en soluciones realmente circulares, con trazabilidad, certificaciones claras y métricas ambientales transparentes, pues la sostenibilidad dejará de ser un atributo diferenciador para convertirse en un requisito mínimo de acceso al mercado. “Por tanto -enfatiza Romina- en los próximos cinco años habrá una clara división entre las empresas que integren circularidad real desde el diseño, y aquellas que perderán acceso a mercados internacionales. También se fortalecerán alianzas entre fabricantes de materiales, transformadores y marcas, entendiendo que la transición requiere colaboración a lo largo de toda la cadena de valor”. Y aunque, por desgracia, para muchas compañías miopes o con escasa visión de largo plazo, el costo seguirá siendo un factor relevante para la masificación de estas tecnologías, la directora de Investigación y Desarrollo de Hera Materials también considera que muy pronto el peso creciente de la regulación y del riesgo reputacional, hará que las decisiones empresariales se evalúen más desde la perspectiva de un horizonte más amplio, “pues será mayor el costo de quedar fuera de mercados o enfrentar restricciones regulatorias”. “Por eso en Hera Materials trabajamos para que la transición sea técnicamente robusta y económicamente viable, apoyándonos en optimización avanzada y en modelos productivos que aprovechan la infraestructura existente, pues creemos que la sostenibilidad, cuando está bien diseñada, no es un sobrecosto estructural, sino una inversión en competitividad futura”, enfatiza Romina. Ejemplos concretos de que la tecnología y la capacidad innovadora para desarrollar “bio-envases” de última generación ya están presentes, y no solo son capaces de mejorar las propiedades funcionales del packaging food, sino que también brindan una solución concreta, viable y eficiente a la creciente demanda de materiales sostenibles y no contaminantes. GALERÍAOTROS REPORTAJES
0 Comentarios
ás allá de las vicisitudes económicas, y de la visión crítica manifestada por un sector de la población que reniega de los productos dulces, Chile se ha reafirmado durante los últimos años como un país eminentemente “chocolatero”. Una imagen que se reafirma a diario, gracias a la enorme oferta de alimentos y bebidas que utilizan al chocolate como ingrediente principal, desde los simples snacks individuales, hasta las bebidas lácteas saborizadas de última generación, pasando por brownies, tortas, postres y helados, solo por mencionar algunos productos de alto consumo cotidiano. Todos ellos reflejan la profunda penetración del chocolate en los gustos del consumidor nacional y la constante creatividad que siempre ha caracterizado a productores y distribuidores; factores que en conjunto explican el éxito de un mercado que sigue creciendo, pese al impacto de las recientes crisis económicas y de salud experimentadas tanto en Chile como en el mundo. Al respecto, Andrés Chehtman, consultor senior de investigaciones en Euromonitor International, destaca que durante 2025, el chocolate en Chile registró un aumento de 6% en valor en las ventas minoristas, alcanzando un volumen total de $811 mil millones, lo que representa un retorno al crecimiento tras la leve caída registrada el año anterior. En opinión del analista, este desempeño se explica por diversos factores clave, entre los que destacan la baja en los precios internacionales del cacao; la caída de la inflación y la mejora en la situación económica del país; el aumento en la demanda de chocolates premium; y la creciente diversificación en los canales de venta y distribución. “La baja de los precios mundiales -enfatiza Chehtman- alivió la presión financiera sobre los fabricantes, permitiéndoles reducir costos y, a su vez, ofrecer productos más accesibles para los consumidores, mientras que la mejor situación económica del país también jugó un rol fundamental, ya que el aumento de los ingresos disponibles permitió que más chilenos se dieran el gusto de consumir productos de chocolate. Las empresas aprovecharon este contexto lanzando diversas promociones y programas de fidelización para mantener e incluso impulsar el consumo”. “Además -añade el analista-, la creciente demanda por chocolates premium y de alta calidad, especialmente entre los consumidores más jóvenes, dio origen a un segmento de nicho que, aunque todavía pequeño, mostró un importante potencial de expansión”. Así mismo, la diversificación de los canales de distribución (incluyendo las plataformas online) y el surgimiento de nuevas tiendas especializadas impulsadas por el ecosistema emprendedor, también apoyó el crecimiento de la categoría. “Todo esto asegura que la confitería de chocolate siga siendo popular para los consumidores de snacks en todo Chile”, asegura Andrés Chehtman. MERCADO EN EXPANSIÓN Esta evolución positiva no tendrá freno en el corto plazo pues, de acuerdo con los estudios realizados por Euromonitor, las ventas minoristas de chocolate en Chile crecerán a una tasa compuesta anual (CAGR) de 6% en valor corriente hasta 2030. Esto permitirá que a fines de la presente década, el mercado nacional chocolatero se valorice en $1.083 mil millones. Del mismo modo, se espera que la categoría continúe creciendo, tanto en volumen como en valor, impulsada por la expansión económica prevista para los próximos años, y el consiguiente aumento de los ingresos disponibles entre la población local. Adicionalmente, los expertos de Euromonitor proyectan que las principales compañías presentes en nuestro país, como Nestlé, Carozzi y Mondelez, entre otras, sigan desarrollando propuestas con ingredientes más naturales y aumentando la variedad de chocolates premium y de alta calidad. Movimiento que también se advierte en el segmento de los emprendedores, donde también se registra más uso de cacao puro (en lugar de sucedáneos) y de ingredientes con valor local, como maqui, arándanos, copao y merquén, entre otros, que apuestan por una mayor diversificación de sabores y más disponibilidad de nutrientes, para responder mejor a las nuevas tendencias de consumo saludable de la población. Según explica Andrés Chethman, todas estas innovaciones apuntan a un segmento creciente de consumidores, que está más dispuesto a pagar un precio superior por productos que se alineen con sus preferencias de salud y calidad. “Esta combinación de factores económicos e innovación de productos, impactará positivamente el desempeño del mercado de chocolate hasta 2030, asegurando un crecimiento sólido y un panorama de consumo en evolución en Chile”, enfatiza el analista. Opinión que comparte Leonardo Lembo, gerente comercial LATAM de Unigrà /Master Martini, quien destaca específicamente la fuerte orientación actual hacia la premiumización del producto. “En Europa, por ejemplo -indica Lembo-, se busca cada vez más calidad, mayor trazabilidad de la materia prima y una mirada integral del proceso, desde el origen agrícola hasta el producto final. Además, hoy existe una atención mucho mayor hacia la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos”. Punto de vista que secunda Camila Urrutia Debarbieri, brand manager Confites de Carozzi, y que también se expresa en una búsqueda más activa de diferenciación a partir de propuestas de valor más sofisticadas. “En línea con los mercados internacionales, hoy vemos una oferta mucho más diversa y atractiva, pues la categoría ya no se limita a las tradicionales barras de chocolate, sino que incorpora rellenos, combinaciones con distintas inclusiones y formatos de snacking que responden a nuevos momentos de consumo”, destaca la ejecutiva, especificando que esta evolución “refleja una industria dinámica, donde la calidad del producto y la innovación en formatos, sabores y experiencias, se han transformado en ejes centrales para conectar con las personas”. Desde el punto de vista del ecosistema emprendedor, en tanto, esta progresión evolutiva ha abierto nuevas y atractivas oportunidades de crecimiento, que permiten incrementar la apuesta por sabores más novedosos y atractivos, para así captar las preferencias de un público siempre ávido de nuevas experiencias sensoriales que combinen sabor, salud y equilibrio. Así lo entiende Josefa Daniela Riquelme Sáez, fundadora de Bomjoss Chocolates (emprendimiento ubicado en Concepción, región de Biobío), quien recuerda que nuestro país es uno de los mayores consumidores de chocolate en América Latina, con un promedio de 2,1 kg per cápita anual, lo que ofrece constantes oportunidades de posicionamiento competitivo, en la medida que el emprendedor identifique a tiempo las señales del mercado se adapte ágilmente a los cambios. “Hoy por ejemplo -precisa Josefa-, cada vez más personas prefieren el cacao real sobre el sucedáneo, debido a la tendencia de comer más sano, pero sin perder el gusto por los sabores atractivos. Eso lleva a que nos pregunten qué porcentaje de cacao tiene cada uno de nuestros productos, o si tienen azúcar añadida, gluten, soya o lácteos, entre otros ingredientes”. INDULGENCIA NUTRITIVA Esta mayor preocupación por las formulaciones también se expresa en una mayor oferta de productos capaces de “endulzar la vida” (como se define coloquialmente al valor de un buen chocolate), pero que al mismo tiempo son más saludables y nutritivos. Al respecto, Leonardo Lembo cree que la Ley 20.060 de Etiquetado de Los Alimentos (vigente en Chile desde 2016), ha jugado un rol destacado en esta mayor indulgencia saludable, generando mayor transparencia e impulsando a las empresas a reformular sus productos. “Es un gran desafío, especialmente cuando hablamos del azúcar, porque el chocolate tradicionalmente tiene alto contenido de este ingrediente, y en Europa así como en Chile, existe una presión muy fuerte por reducir el azúcar. En LATAM también hay exigencias, pero la dieta sigue siendo alta en consumo de productos azucarados. Aun así, el cambio viene impulsado principalmente por el consumidor, sobre todo los más jóvenes, que buscan productos con menos azúcar”, destaca el ejecutivo de Unigrà, precisando que las empresas realizan grandes esfuerzos para optimizar recetas, reducir el contenido de azúcar, buscar endulzantes alternativos más saludables y mantener siempre un sabor seductor. “El desafío es cumplir con las normas sin perder la experiencia sensorial”, añade. Esfuerzos que también resalta Camila Urrutia, pues la indulgencia y la satisfacción también son esenciales para el desarrollo presente y futuro del mercado de los chocolates. “Por eso que hoy desde Carozzi, a través de nuestras marcas Costa y Ambrosoli, estamos constantemente innovando y trabajando para ofrecer nuevas y más alternativas a los consumidores, que sean para todos los gustos y preferencias”. La ejecutiva también recalca que hoy la gran industria se ha enfocado en desarrollar productos de calidad y con distintos atributos, que permitan llegar a una mayor cantidad de consumidores y responder a sus distintas expectativas. “Dentro de esta evolución -señala-, los chocolates con mayor porcentaje de cacao y sin azúcar añadida (sacarosa) se han consolidado como un mix relevante dentro de la categoría, y han ido creciendo en línea con esta tendencia de consumo”. Todo esto se traduce en la opción concreta de que la nueva generación de chocolates sea, efectivamente, indulgente y saludable, en la medida que los avances recientes de la biotecnología hacen cada vez más posible cumplir simultáneamente dichos objetivos. Al respecto, Leonardo Lembo comenta que las altas exigencias legales y las nuevas tendencias de consumo, que se traducen en mayor preferencia por el chocolate real como fuente de salud y placer, permiten colocar en el mercado productos de alta calidad. “Cumplir con la normativa europea (en Italia un producto debe tener al menos 35% de cacao total, 18% de manteca de cacao y 14% de cacao desgrasado para ser considerado chocolate real) facilita luego la adaptación a otros mercados, como LATAM, donde las exigencias son distintas, pero igualmente importantes”, comenta. Esto, en su opinión, ayuda a que este tipo de productos puedan ser considerados funcionales, pues están mejor concebidos para combinar placer y bienestar. Sin embargo, también recuerda que esto implica reformular recetas, para tener menos azúcar, e incorporar más proteínas o fibras. “No es una categoría fácil para el chocolate, pero es un camino que estamos explorando constantemente”. Todo ello deriva en la opción clara de ofrecer salud e indulgencia, especialmente si el chocolate tiene alto contenido de cacao, pues “un mayor porcentaje de cacao implica menos azúcar, lo que mejora el perfil nutricional, tal como lo respaldan diversos estudios”, señala Lembo. A su juicio, el desafío está en la reformulación inteligente, es decir, reducir azúcar, incorporar grasas de calidad y mantener una experiencia sensorial intensa, porque “el equilibrio entre gusto y perfil nutricional es clave”. Para Camila Urrutia, todas estas variables reafirman la posibilidad de que el mercado también ofrezca más alternativas que efectivamente respondan a las nuevas preferencias y estilos de consumo saludable. “Existen productos con altos porcentajes de cacao, como chocolates 62% y 67%, con combinaciones como naranja o menta, valorados por los consumidores que buscan un perfil más intenso y simple en ingredientes. Además, alternativas sin azúcar como Costa Nuss y Costa Milk, conviven con chocolates tradicionales con leche y almendras, como Costa Nuss o Golden Nuss de Ambrosoli”, destaca Camila Urrutia, lo que demuestra que la categoría “puede ofrecer diversidad, calidad y experiencias distintas, permitiendo que cada consumidor elija el producto que mejor se ajuste a sus gustos y ocasiones de consumo, sin perder de vista que el principal atributo del chocolate es su sabor”. Para lo emprendedores, en tanto, esta tendencia ofrece la oportunidad de probar nuevas formulaciones y recetas que busquen potenciar el placer tradicional y, al mismo tiempo, apuesten por la renovación integral, tanto de recetas como de formatos. “El gusto por el placer tradicional no pierde terreno -enfatiza Josefa Riquelme-, pues nuestro producto más vendido es la trufa artesanal, alta en cacao natural belga, pero que también tiene azúcar y lácteos. Sin embargo, al mismo tiempo ese cliente también compra, por ejemplo, una barra de chocolate sin azúcar, por lo que existe una búsqueda de equilibrio”. Para la fundadora de Bomjoss esta tendencia también se refleja en la búsqueda de nuevas experiencias, “pues los clientes hoy llevan productos tradicionales, como un macizo de almendra o un chocolate con praliné de vainilla europea, pero también optan, por ejemplo, por ingredientes que no han probado nunca como los bombones de lúpulo, porque quieren vivir la experiencia de un sabor diferente”. “Por eso, como emprendedores queremos ir más allá de los chocolates sin azúcar o con alto contenido de cacao, y ofrecer también ingredientes con identidad local, como lo hacemos en Bomjoss, por ejemplo, con los bombones con digüeñe (hongo), maqui, merquén e, incluso, luche. Creo que cada vez más chocolaterías se van a ir sumando a la tendencia de utilizar rellenos más innovadores y, a la vez, saludables. SOSTENIBILIDAD COMO PILAR Claro que esta evolución de formulaciones tampoco pierde de vista la creciente preocupación por el medio ambiente y la carbono neutralidad, en medio de un escenario donde las grandes empresas y startups implementan nuevas y perfeccionadas estrategias de sostenibilidad, que forman parte de sus respectivas culturales organizacionales. En ese sentido, Leonardo Lembo precisa que la sostenibilidad es un eje estratégico para Unigrà, pues “implementamos programas de abastecimiento responsable, contamos con certificaciones internacionales y trabajamos activamente en la reducción de emisiones, eficiencia energética y optimización del uso del agua. Además, reutilizamos residuos industriales, generamos energía renovable y controlamos gran parte de nuestra cadena productiva. Todo esto aporta valor ambiental y económico”. Por su parte, Camila Urrutia destaca que la producción sostenible de chocolates es solo una parte de los esfuerzos que Carozzi realiza en línea con su compromiso permanente por innovar y enfrentar los desafíos de la industria de manera sostenible. La ejecutiva agrega que este esfuerzo no solo se traduce en reconocimientos importantes, como el primer lugar del Packaging Innovation Award 2025, otorgado por el Laboratorio de Envases de la Universidad de Santiago de Chile al chocolate Vizzio de Costa, gracias al rediseño de su estuche, sino que también constituye un avance real en materia de sostenibilidad y carbono neutralidad, pues “permitirá reducir en 22 toneladas anuales el consumo de cartulina y en 26 toneladas las emisiones de CO₂eq, optimizando el uso de recursos a lo largo de toda la cadena, desde la materia prima hasta la logística”. Josefa Riquelme, por su parte, considera que la trazabilidad del chocolate también adquiere más relevancia, porque “el consumidor no solo quiere saber qué ingredientes se utilizan, sino de dónde provienen”. Todo ello como una forma de tener más certeza respecto de la real naturaleza de las materias primas utilizadas, y de su impacto en el medio ambiente. EVOLUCIÓN FUTURA Pero como el mercado es cada vez más dinámico, sus protagonistas consideran que en el corto plazo seremos testigos de nuevos cambios, a medida que las tendencias de consumo se orienten hacia otros rumbos. En este plano, Leonardo Lembo considera que pronto “veremos un mayor desarrollo en reducción de azúcar y grasas saturadas, más trazabilidad y productos plant based, sin lactosa y sin trazas lácteas, mientras que en sabores, seguiremos innovando con combinaciones como chocolate–caramelo o chocolate–avellana, que en Europa ya están consolidadas y en LATAM tienen mucho potencial”. En su opinión, el actual mercado del chocolate exige equilibrio entre innovación, sostenibilidad, experiencia sensorial y tradición; y como cada país tiene requerimientos distintos, la flexibilidad será cada vez más fundamental para responder en forma oportuna y ágil a los cambios. “Por eso, el compromiso de Unigrà es mantener la máxima flexibilidad estratégica para adaptarse a los cambios y nuevas exigencias del mercado”, enfatiza. Por su parte, Camila Urrutia estima que los consumidores hoy también buscan ir más allá del producto en sí, a través de la experiencia. “Un ejemplo claro -indica- es el fenómeno de Dubái, donde el formato y la textura de ciertos productos impactaron fuertemente en medios digitales, se volvieron virales y rápidamente tanto empresas grandes como pequeñas adaptaron sus propuestas para sumarse a esa tendencia”. En tal sentido, la ejecutiva de Carozzi plantea que el principal desafío de la industria es justamente innovar en formulaciones, sabores o experiencias, sin afectar la cualidad que el consumidor más valora en el chocolate: el sabor. De todos modos, esta preferencia por el sabor apetitoso no debe impedir una mayor concientización reflejada en el aumento en la demanda de productos plant-based o libres de alérgenos, pues tal como afirma Josefa Riquelme, más pronto que tarde el mercado evolucionará hacia el uso de materias primas y productos aptos para todos los consumidores. “Por eso en Bomjoss hace 5 años que incorporamos chocolates libres de azúcar, soya, gluten e ingredientes de origen animal, que además son responsables con el medio ambiente y trazables, porque el objetivo es ir siempre mejorando, y tanto nosotros como las demás chocolaterías formadas por emprendedores, aplicaremos más actualización y flexibilidad en la búsqueda de materias primas saludables, deliciosas e innovadoras”. GALERÍAOTROS REPORTAJES ada vez es más evidente que la innovación biotecnológica agroalimentaria, expresada en numerosos emprendimientos agtech y foodtech a lo largo de todo el país, se ha convertido en uno de los principales ejes del desarrollo económico y productivo de Chile. Uno de estos casos de éxito emblemáticos corresponde al Programa Tecnológico TT Green Foods que recientemente fue incluido en la edición 2025 del Book Programas Tecnológicos de CORFO. Esta publicación reúne a los principales avances científico-tecnológicos impulsados por la Subdirección de Programas Tecnológicos del ente estatal entre 2022 y 2025, en el marco de los Programas Tecnológicos de Transformación Productiva ante el Cambio Climático (PTEC). En esta edición, dos iniciativas del programa, ejecutado por CREAS junto a los coejecutores Procycla, Ceres, Sustrend, Phibrand y Plantae Labs, forman parte del portafolio presentado, lo cual evidencia el valioso aporte de TT Green Foods en bioeconomía, sostenibilidad e innovación alimentaria. Los casos destacados en cuestión son el Módulo de Digestión Anaerobia (MDA) (pág. 19) y Embutidos Plant Based (pág. 30), ejemplos de transferencia tecnológica orientada a fortalecer el ecosistema productivo y tecnológico del país. El Módulo de Digestión Anaerobia (MDA), desarrollado por Procycla, fue implementado en el Zoológico de Quilpué, próximo a convertirse en ecoparque comunal. Esta tecnología permite reutilizar residuos orgánicos para generar biogás y biofertilizantes, contribuyendo a la generación de energía sustentable y a la disminución de la carga contaminante. El módulo forma parte del Proyecto P13 de TT Green Foods, enfocado en soluciones para el tratamiento de residuos orgánicos a micro y pequeña escala en el sector agropecuario. Por otra parte, la línea de Embutidos Plant Based “Más Q Rico”, desarrollada por CREAS, ofrece alternativas vegetales con sabor y textura similares a productos cárnicos, utilizando ingredientes locales como quinoa chilena y hongos. Esta innovación, validada en entornos industriales nacionales, permite una transferencia tecnológica inmediata, fortaleciendo la articulación entre productores e industria alimentaria bajo principios de economía circular. DESARROLLOS PIONEROS Tal como explica Roxana Villegas, gestora Tecnológico de TT Green Foods, para el equipo “es un orgullo ver dos desarrollos destacados en el marco de la iniciativa incluidos en el Book 2025 de CORFO”. “La aparición del Módulo de Digestión Anaerobia, desarrollado por Procycla y de los Embutidos Plant Based, impulsados por CREAS, refleja el trabajo colaborativo, riguroso y sostenido que hemos venido construyendo junto a empresas y actores del ecosistema”, agrega la especialista. Villegas también enfatizó que estos logros dan cuenta de resultados concretos y de una visión de largo plazo pues “actualmente, el programa continúa avanzando con múltiples desarrollos en curso”. Las iniciativas mencionadas por la experta, son las siguientes: ● Mitigación de la cristalización en pasas mediante tecnología de microondas, proyecto liderado por CREAS con tecnología desarrollada por IngeAgro. ● Paquete tecnológico para el manejo sustentable de plagas en cultivos agrícolas, desarrollado por CERES. ● Recubrimiento vegetal para extender la vida útil de frutas, a cargo de Plantae Labs. Todas estas soluciones se encuentran en etapas de alta madurez tecnológica y apuntan a una pronta transferencia al sector productivo”, concluye Villegas. Esta aparición de TT Green Foods en el Book 2025 de Corfo da cuenta del impacto de este tipo de iniciativas que, con un enfoque estratégico, abordan problemáticas como cambio climático, valorización de residuos y sofisticación productiva en sectores clave de la economía nacional. GALERIA n los últimos años, Chile ha reforzado significativamente su papel como potencia exportadora agroalimentaria. Protagonismo que no solo se refleja en la producción y exportación de productos frescos, sino también en otros rubros igualmente estratégicos. Uno de estos segmentos es la producción y exportación de semillas, donde nuestro país se posiciona como el principal exportador del hemisferio sur. De hecho, la producción nacional de contra estación (cultivos que se siembran o cosechan en la temporada contraria a la del hemisferio norte) ayuda a satisfacer la demanda global, reducir la escasez y acelerar el desarrollo de nuevas variedades vegetales. Más aún, de acuerdo con estadísticas de ODEPA y ProChile, sólo en 2024 el total de exportaciones de semillas chilenas alcanzó casi USD$ 400 millones, lo cual representa un volumen de 38 mil toneladas de este producto, incluyendo hortalizas, maíz, canola, soya, flores y forrajeras, entre otras variedades. Esto implica que, a diario, en nuestro país se multiplican nuevas variedades que los genetistas elaboran de acuerdo con la demanda mundial. En algunas especies esta tarea se realiza en forma manual, mediante el trabajo de cientos de operadores que manipulan las flores para polinizar y hacer las hibridaciones necesarias. Y si bien se trata de un proceso minucioso que se realiza con gran precisión, tampoco está exento de errores, lo cual genera eventuales riesgos que pueden traducirse en eventuales perjuicios para todo el sector. Ante este escenario, académicos de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y de la Escuela de Agronomía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) participan en una investigación conjunta para diseñar y desarrollar un dispositivo portátil para el monitoreo y trazabilidad del proceso de producción de semillas agrícolas de alto valor. Según explica Daniel Yunge, académico de la Escuela de Ingeniería Eléctrica, del magíster en Ciencias de la Ingeniería mención Ingeniería Eléctrica de la PUCV y director del proyecto FONDEF IT en el que se enmarca esta investigación, el objetivo es que el aparato capture imágenes y efectúe el procesamiento en terreno, detectando errores de manipulación de las flores durante el proceso de hibridación, con la consecuente reducción de pérdidas en la calidad de la producción. “Se trata de una solución tecnológica que, a través de machine learning, detecta patrones en una imagen –en este caso, imágenes de distintos momentos de las flores trabajadas manualmente mediante emasculación y polinización– para dar cuenta de errores en el proceso, y así poder corregirlos a tiempo”, detalla Yunge. El académico también destaca que para tales efectos se espera diseñar y lanzar una aplicación para smartphone, “ya que los teléfonos inteligentes cuentan con la tecnología necesaria y son de menor costo de implementación frente a un dispositivo fabricado especialmente para el monitoreo”. Para ello, el proyecto contempla la participación de la empresa LEM System, que ofrece soluciones tecnológicas para el agro, tales como sistemas de monitoreo de invernadero, de riego, y provisión de datos a los agricultores. MEJOR CONTROL DE CALIDAD La académica de la Escuela de Agronomía y del magíster en Ciencias Agronómicas y Ambientales de la PUCV, y codirectora del proyecto, Patricia Peñaloza, comentó que la agricultura de las semillas en Chile se distingue por su calidad, por lo que es preferida por industrias multinacionales para el proceso de hibridación y creación de nuevas variedades. En este sentido, si se agrega un componente tecnológico en el control de calidad del trabajo que se efectúa manualmente, “nuestro posicionamiento a nivel internacional puede ser aún mejor y este proyecto apunta precisamente a eso”, enfatiza Peñaloza. Respecto de los fallos que el sistema puede detectar, la investigadora manifestó que “la probabilidad de error implícita en la flor tiene que ver con la genética, la dificultad en la manipulación y los procesos de hibridación”. “Hoy día -agrega- los errores no son muy altos, pero sí cuestan mucho porque el mercado compra una variedad, la identidad genética de una semilla, y un mínimo fallo en el proceso puede generar una variedad distinta a la que se busca. El problema con la manipulación de semillas no es un tema de volumen, sino de precisión”. Este proyecto se desarrolla en la Región de Valparaíso, que concentra gran parte de la producción de semilla híbrida manual, con un alto porcentaje de personal femenino involucrado en el proceso. Una de las empresas vinculadas con esta investigación es Agrícola Las Garzas, quienes proveen el servicio de hibridación de semillas, desde el cultivo de las plantas hasta la contratación del personal necesario. MÁS SOSTENIBILIDAD AGROALIMENTARIA La sustentabilidad en el manejo y producción de alimentos es un tema que cada día cobra mayor realce e influye en las políticas públicas tanto a nivel nacional como internacional. En este sentido, para la investigadora y formuladora del proyecto de la Universidad de Concepción, Silvia Riquelme, “el trasfondo del manejo de las semillas es fundamental ya que estamos hablando de asegurar la alimentación para el futuro”. “Se trata de una idea innovadora -indica- que está completamente alineada con lo que nacionalmente se busca en agricultura, con los requerimientos alimentarios a nivel global y con la necesidad de ir incorporando herramientas tecnológicas a la agroindustria”. Estos lineamiento de trabajo demuestran que, gracias al conocimiento académico y el desarrollo tecnológico aplica, Chile se posiciona como un destacado hub de desarrollo agroindustrial, cuyos protagonistas se orientan a la mejora continua para evitar errores, optimizar la producción y mejorar las estrategias de trazabilidad. “Por tal razón, mejor el manejo y análisis de datos es fundamental para el éxito en cualquier empresa del sector”, enfatiza Riquelme. Por su parte, Daniel Yunge destaca que, con este proyecto, también se espera mejorar la productividad de quienes manipulan las flores para la obtención de semillas, así como su calidad de vida. “A nivel mundial -precisa el líder del proyecto-, se apuesta por ir automatizando los procesos para incrementar la productividad, pero la tecnología también ayuda a mejorar las condiciones laborales de las personas que trabajan en este rubro, facilitando los procesos que deben llevar a cabo”. GALERIA ara nadie es un misterio que Chile se ha consolidado como un sólido polo de innovación alimentaria, no solo en el contexto regional latinoamericano, sino también como exportador mundial de innovación y conocimiento. Un logro que, en gran parte, ha sido posible gracias al esfuerzo de una nueva generación de emprendedores, capaces de detectar ágilmente nichos de mercado atractivos y de ofrecer respuestas oportunas a un público que, constantemente, busca productos diferenciadores, de origen más natural y con alto valor agregado. Si a ello se suman los esfuerzos cada vez más significativos que estos emprendedores realizan para contribuir al cuidado del medioambiente y de la salud de los consumidores, se genera una ecuación “casi perfecta”, que hoy se traduce en una amplia oferta de nuevos productos y materias primas de alto valor nutritivo, funcional y nutracéutico. Ventajas que se potencian aún más si se considera que un alto porcentaje de estas innovaciones se desarrollan a partir de ingredientes no tradicionales (como algas, insectos y hongos, entre otros), o de descartes y subproductos de la gran industria agroalimentaria. EL VALOR DEL APOYO ESPECIALIZADO ¿Y si se conjugan tantas variables positivas, por qué entonces esta simbiosis no es perfecta? Por la sencilla razón que el ecosistema emprendedor aún depende en gran medida de su propia capacidad para despegar, escalar y posicionarse exitosamente en un mercado altamente exigente y competitivo. Un camino azaroso y complejo, donde abunda la falta de conocimientos especializados y la falta de acceso a herramientas equitativas de financiamiento, desarrollo y escalamiento. Una brecha que, en la mayoría de los casos, se ahonda por el escaso diálogo generado entre emprendedores, instituciones públicas, entidades académicas y empresas privadas, lo cual genera, a su vez, falta de oportunidades y de conocimientos técnicos para apoyar a quienes buscan transformar sus ideas innovadoras en productos concretos. Afortunadamente, durante los últimos años, diversas iniciativas especializadas público-privadas han tomado esta responsabilidad en sus manos, realizando importantes esfuerzos para apoyar a los emprendedores e impulsarlos a través de un auténtico camino de perfeccionamiento competitivo. Una de estas entidades es el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTA, que desde 2015 ha trabajado, con el apoyo de CORFO, para posicionar a Chile como potencia mundial en producción de alimentos sofisticados y sustentables. Para ello, hoy cuenta con tres Centros de Innovación ubicados en zonas estratégicas de Chile, además de una extensa Red Nacional de Pilotaje, lo que le permite brindar a empresas y emprendedores alimentarios, las capacidades técnicas necesarias para prototipar, pilotear y escalar sus respectivas innovaciones. Esto ha optimizado la producción de alimentos de última generación en regiones con enorme potencial productivo, añadiendo valor a materias primas y subproductos agroalimentarios, con el objetivo de buscar su incorporación en mercados modernos y altamente competitivos, tanto en Chile como en el extranjero. Durante los últimos tres años este esfuerzo ha fructificado en el desarrollo de productos cada vez más innovadores, saludables y funcionales, como por ejemplo, harinas a base de algas del norte, proteínas cultivadas en biorreactores en Santiago y conservas gourmet desarrolladas en el Biobío. Todos estos desarrollos, así como muchos otros de diverso tipo y origen, hoy forman parte del mapa de la innovación alimentaria chilena. 2025 AÑO DE CONSOLIDACIÓN Los logros de CeTA fueron especialmente exitosos en 2025, pues logró consolidar el trabajo realizado en sus centros regionales de Coquimbo, Metropolitana y Biobío, cerrando el año como actor central del ecosistema de innovación aplicada. Esto se tradujo en un intensa tarea de acompañamiento de empresas, startups y emprendimientos, desde la idea inicial hasta el prototipo validado y listo para escalar, lo que derivó en un amplio porcentaje de iniciativas que lograron posicionarse en el mercado e, incluso, acceder a oportunidades de exportación. Para los directivos de CeTA, este logro derivó de una mayor demanda por soluciones concretas, así como de una fuerte orientación de los emprendedores a las necesidades específicas del mercado, y al auge de nuevos proyectos ligados a economía circular y (re)valorización de subproductos. Al respecto, Verónica Céspedes, jefa de Negocios de CeTA destaca que el logro más importante del año, fue la consolidación de la entidad como socio tecnológico de largo plazo para el sector alimentario chileno. “Esto nos permite ser capaces de acompañar desde una idea hasta un producto validado y escalable, con foco en valor agregado, sostenibilidad e impacto territorial”, enfatiza la ejecutiva. Esto permite entregar una radiografía detallada del trabajo realizado por cada uno de los centros regionales, identificando tanto sus fortalezas como sus respectivas oportunidades de negocio. COQUIMBO: FOCO EN IDENTIDAD TERRITORIAL Y CIRCULARIDAD Un ejemplo que puede definir con toda propiedad el avanzado espíritu innovador que caracteriza el trabajo de CeTA Norte, es el desarrollo de “hamburguesas alternativas” elaboradas a base de algas locales. Y si bien este caso (así como muchos otros) destaca por su curiosidad gastronómica, su valor no radica solo en dicha característica, sino en que representa un trabajo sistemático de apoyo a empresas y emprendimientos, con el objetivo estratégico de lograr la transformación de recursos marinos y agrícolas en nuevos alimentos con alto valor agregado. Gracias a este leitmotiv innovador, el centro de Coquimbo, Ubicado al interior de la planta Nutrisco de La Herradura, destacó en 2025 por el desarrollo de atractivos prototipos, como conservas gourmet de ostiones al merkén, jugos liofilizados de aloe vera y copao, extruidos de setas comestibles, snacks de papaya e incluso diversas variedades de cold brew (bebidas de café frío). A estos ejemplos se sumaron destacados desarrollos de economía circular, como gomitas de betarraga, conservas a partir de descartes acuícolas y harinas enriquecidas con alga, con las cuales se puede preparar deliciosos strudel (sin que el paladar capte alguna diferencia con los productos tradicionales). El trabajo territorial también destacó durante el año, lo que fructificó en la realización de talleres con INDAP y la Seremi de la Mujer, así como en mayor vinculación con universidades regionales, visitas a comunas alejadas de la conurbación y la adjudicación de proyectos estratégicos como FRDP Coquimbo, PDT Viento Norte y Viraliza Formación en Arica. También destacó la articulación constante con redes trascendentes del ecosistema, como Red MAI y Nodo CIV-VAL, gracias al incesante trabajo en terreno desarrollado por el equipo liderado por la jefa de innovación de CeTA Norte, Lorena Pacheco Estay. Claro que la mención más destacada del año, recae en el disruptivo y exitoso Programa AgroMar, que, al igual que Viraliza y otros talleres específicos, se ha posicionado como un exitoso modelo que CeTA buscará replicar en otras regiones del país, interactuando con instituciones públicas y privadas tanto del norte, como del centro y sur de Chile. SANTIAGO: BIORREACTORES QUE ACELERAN ESCALAMIENTOS En la Región Metropolitana, en tanto, el Centro de Innovación CeTA Centro, ubicado en Parque Laguna Carén vivió su año operativo más intenso, alcanzado niveles de uso cercanos al 90% de su capacidad instalada. Esto lo consolidó como un nodo central para servicios complejos de I+D, validación tecnológica y de escalamiento industrial, especialmente para startups foodtech y empresas en fase de crecimiento. Esto permitió que durante 2025, el centro se enfocara en prototipos y formulaciones avanzadas, así como en el pilotaje y validación de procesos productivos mediante tecnologías como biorreactores, secado por aspersión y extrusión. También destacó por su trabajo en escalamiento tecnológico para startups y empresas, servicios de I+D bajo contrato y apoyo a proyectos Corfo. A esto se sumó el uso intensivo de equipamiento de extrusión y procesamiento continuo, concentración, secado y validación piloto, e infraestructura habilitada para pruebas semi industriales. Uno de los hitos más relevantes del año, fue la puesta en marcha de una línea de biorreactores de última generación, que permite cerrar todo el ciclo de bioproceso (desde el cultivo hasta la purificación), para desarrollar proteínas, pigmentos y compuestos funcionales de alto valor. Esta infraestructura también abrió nuevas posibilidades para impulsar innovaciones basadas en fermentación de precisión y biotecnología aplicada. Asimismo, la planta de CeTA Centro formó parte de la vitrina internacional de la IDF World Dairy Summit 2025, encuentro que por primera vez se realizó en Latinoamérica, con Chile como país anfitrión. En ese contexto, se recibió la visita técnica de una delegación internacional de productores y ganaderos, interesados en conocer las capacidades instaladas de CeTA para atender las necesidades del sector lácteo. BIOBÍO: VALOR AGREGADO Y DESARROLLO TERRITORIAL En Coronel, región de Biobío, la planta de CeTA Zona Sur, ubicada en las instalaciones de Nutrisco, reforzó su rol como plataforma de desarrollo territorial, con foco en alimentos, subproductos marinos y economía circular. Fue así como durante el año se realizaron servicios de pilotaje y maquila en deshidratación y concentración de productos líquidos, a los que sumaron el desarrollo de cremas y pastas untables como Vegadelphia y Ajitito, además de conservas y jugos naturales de fruta. También se prestaron servicios con resolución sanitaria para clientes como Delavid (orujo de uva deshidratado) y Kapia (extracto antioxidante de cebolla), abriendo nuevas oportunidades comerciales para emprendimientos regionales. El despliegue territorial también incluyó acciones como trabajo con pesca artesanal en Lebu, salidas a terreno en Ñuble y Biobío, adjudicación de proyectos Súmate a Innovar, participación técnica en Viraliza Formación y una convocatoria FIA, además de su integración al Plan de Fortalecimiento Industrial del Biobío. A esto se sumó una activa articulación con entidades como CorpArauco, Sercotec Talcahuano y ProChile Biobío. HITOS NACIONALES Y POSICIONAMIENTO PAÍS Todos estos logros regionales, permitieron que la innovación alimentaria impulsada por CeTA continuara al alza, traduciéndose en logros concretos como:
En este contexto específico, algunos de los hitos más destacados del año fueron la distinción del presidente del Directorio de CeTA, Roberto Neira, como Profesor Emérito de la Universidad de Chile; y la incorporación al directorio de María Angélica Fellenberg, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y del profesor Francisco Pérez Bravo, director de Instituto de Tecnología de los Alimentos, INTA. Además, CeTA fue constantemente consultado como organismo experto, tanto por medios nacionales como sectoriales, y sus expertos publicaron columnas de opinión sobre temas relevantes de la industria alimentaria. La institución también participó en instancias relevantes como el Encuentro de Ecosistemas de Emprendimiento de Corfo y la Feria Internacional Food & Service 2025. En estas y otras instancias de alcance nacional, CeTA mostró innovaciones desarrolladas junto a empresas y emprendedores de distintas regiones y avances en el escalamiento de proyectos, como Mix Pop, Bonday, Vegadelphia, Collagen Fans, Paleatos, AWA Solar, Ostiones Marbella, Yu-yo Burgers y Dulce Salud, entre otros. También se impulsaron diversas iniciativas de economía circular con empresas como Camanchaca y Culinary; y se fortaleció la colaboración con aliados estratégicos como Transforma Alimentos, Inacap, Nutrisco y FIA. A nivel internacional, en tanto, durante 2025 se consolidaron acuerdos de colaboración con Eatable Adventures, y se recibieron visitas de empresas de Colombia, Uruguay y México. A esto se sumaron visitas técnicas de compañías globales como Cargill, así como la participación en instancias internacionales como el World Dairy Summit, fortaleciendo el intercambio y la proyección de capacidades para el pilotaje, validación y escalamiento de soluciones alimentarias. El DESAFÍO DE ESCALAR LA INNOVACIÓN NACIONAL Tras estos años de construcción y consolidación, CeTA enfrenta hoy el desafío clave de escalar la innovación alimentaria de Chile. Para alcanzar dicho objetivo se seguirán apoyando desarrollos que no sólo sean creativos, sino que también integren todo el proceso, desde el diseño técnico y el pilotaje, hasta el escalamiento industrial. En razón de ello, se espera potenciar la capacidad para llevar soluciones desde etapas tempranas hasta su validación en entornos productivos reales, asegurando la confidencialidad y la propiedad intelectual de cada proyecto. De este modo, se pondrá énfasis en acelerar la transferencia tecnológica, generar nuevos modelos de negocio a partir de subproductos, y promover la innovación alimentaria con impacto territorial y social. Así lo destaca Jean Paul Veas, director ejecutivo de CeTA, quien comenta que 2026 “es un año clave para la institución”. “Nuestra hoja de ruta apunta a dar un salto en sofisticación tecnológica, profundizar el trabajo territorial en zonas con alto potencial productivo y consolidarnos como un socio estratégico para empresas, startups y el diseño de políticas públicas”, enfatiza. Todo ello en un escenario donde los sistemas alimentarios están cambiando de manera constante y exponencial, “lo que proyecta a CeTA como una verdadera fábrica de pruebas para la nueva generación de alimentos chilenos: más innovadores, más sostenibles y con capacidad real de escalar y competir a nivel internacional, generando impacto productivo, social y ambiental para el país”, concluye Veas. GALERÍAOTROS REPORTAJES |
Archivos
Junio 2026
Categorías
|






























Canal RSS