ras cuatro días de intensa actividad, la feria internacional Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 cerró su edición número trece, congregando a más de 39.000 visitantes profesionales y 650 expositores provenientes de 22 países. Estas cifras ratifican el creciente posicionamiento y liderazgo del evento colombiano, como el principal escenario de negocios, innovación y conocimiento para la industria de alimentos y bebidas de la región. Tal distinción no es fruto de la casualidad, pues por primera vez en sus 13 ediciones, la feria se integró de manera oficial a la red global Anuga, el mayor ecosistema ferial especializado en alimentos y bebidas del mundo. Este hito marca una nueva etapa para la feria y fortalece su capacidad para conectar a productores, empresarios y compradores de Latinoamérica y el Caribe con oportunidades de negocio y destacados mercados internacionales en todo el mundo. Con esta incorporación, Alimentec | Anuga Select Colombia fortalece su papel como plataforma estratégica para la internacionalización de la industria alimentaria colombiana y regional. CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN La edición 2026 también confirmó una tendencia que está redefiniendo de manera cada vez evidente a la industria alimentaria a nivel global, a través del poder de decisión de consumidores más informados, empoderados e interesados en conocer el origen de los alimentos, sus procesos de producción y el impacto que generan tanto en la cadena de valor como en el propio ecosistema. En dicho contexto, el concepto Origin Matters (El origen importa) se consolidó como eje central de la feria, lo que se expresó en el lanzamiento de un pabellón dedicado a alimentos no procesados y al valor del origen, el cual fue, precisamente, uno de los espacios más visitados por compradores, empresarios y profesionales del sector. Allí pudieron conocer de primera mano una muestra de las tendencias que hoy impulsan las decisiones de consumo y compra en los mercados internacionales. Al respecto, Doris Chingaté, jefa de Proyecto de Corferias (entidad organizadora del evento), detalló que la edición 2026 de la muestra “demostró que la conversación sobre lo que comemos ya no es solo una tendencia de consumo, sino una reorganización de toda la cadena, pues los compradores ahora, también preguntan de dónde viene el alimento, cómo se produjo y qué hay detrás”. RENOVADA PROPUESTA DE VALOR Más allá de ser una muestra comercial, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 fortaleció su propuesta de valor a través de una agenda de eventos diseñada para impulsar el conocimiento, la innovación y las conexiones dentro de la industria. De hecho la agenda académica y experiencial de la feria reunió aproximadamente a 220 speakers en 168 actividades (143 charlas, 17 talleres y 8 masterclasses) distribuidas en nueve espacios: Food Innovation Summit, Cooking Shows, HORECA Talks, Franquicias, Food Service Summit, Club del Asado y Bake & Arts. En dichos espacios, empresarios, compradores, chefs, productores y expertos de la región accedieron a contenidos especializados, demostraciones en vivo y análisis de tendencias que complementaron la experiencia ferial. HITOS COMERCIALES DE LA VERSIÓN 2026 El fortalecimiento del componente internacional y la participación de compradores de diferentes mercados se reflejaron en los resultados comerciales de la feria. Así por ejemplo, la rueda de negocios desarrollada en forma paralela a la muestra reunió a 107 compradores nacionales e internacionales de 18 países y a 384 expositores participantes, generando expectativas comerciales superiores a 16 millones de USD y concretando 1.270 citas de negocio durante los días del evento. El impacto de la feria también se reflejó en los resultados de sus expositores. Para Grupo Diana, por ejemplo, que estuvo presente en el Gran Salón, la edición representó el lanzamiento oficial de Diana Profesional, ecosistema de ocho categorías orientadas al canal food service e institucional. Estos resultados entusiasmaron a Ana Catalina Bolívar, directora de Negocio B2B de Grupo Diana, quien enfatizó que este evento se ha posicionado como algo que va más mucho más allá de un espacio comercial, abriendo espacios para la participación de marcas “que no se veían hace casi diez años”. “Es un escenario donde están los actores que realmente están transformando la industria gastronómica y alimentaria del país”, afirmó la ejecutiva. Asimismo, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 también abrió importantes puertas para que las empresas colombianas puedan conquistar nuevos mercados, como pudo comprobarlo Avícola El Guamito, compañía con más de 40 años de trayectoria y una producción superior a 600 millones de huevos al año, que aprovechó la feria para reunirse con clientes internacionales y avanzar en oportunidades de exportación. “Tuvimos la posibilidad de abrir nuevos mercados, en el caso de Chile y Grecia para activar exportaciones”, indicó Andrés Hernández, Director Comercial de la compañía. REPOSTERÍA DE LUJO Uno de los momentos más destacados de la agenda fue la eliminatoria nacional del Premio Internacional de Alta Pastelería Paco Torreblanca a la Mejor Tarta de Chocolate del Mundo. En la categoría profesional, el chef Jonathan Buitrago obtuvo el primer lugar con su creación “Macondo”, convirtiéndose en el representante de Colombia en la final que se realizará en España. A su vez, en la categoría estudiantil, la ganadora fue la chef Alicia Castañeda con su tarta “Armonía 70”, reconocimiento que le otorgó una beca para formarse en la Escuela Paco Torreblanca. Todos estos hitos comerciales, productivos y operacionales permiten a los organizadores del evento manifestar su plena satisfacción por el logro de los objetivos trazados previamente. Así lo manifestó Alberto Almanza, Project Manager de Koelnmesse para Alimentec | Anuga Select Colombia, quien enfatizó que la integración de Alimentec a la red Anuga, “fue más que un cambio de nombre”, dado que en esta edición “se pudo conectar con más fuerza a Colombia con el ecosistema ferial de alimentos y bebidas más importante del mundo”. “Los expositores colombianos tienen ahora acceso directo a una brand family que reúne a más de 8.000 expositores de 110 países y que se celebra en cuatro continentes. Esta edición demostró que Colombia está lista para ese escenario", recalcó el ejecutivo. La próxima edición de Alimentec | Anuga Select Colombia está prevista para realizarse del 6 al 9 de junio de 2028. Los Organizadores
uego de una edición que marcó el inicio de una nueva etapa bajo la red global Anuga, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 reafirma su papel como principal punto de encuentro para la industria de alimentos y bebidas de Latinoamérica y el Caribe.
Para ello fue fundamental su alianza con Koelnmesse - Ferias sectoriales para la industria de la alimentación, líder internacional en la celebración de certámenes dedicados a la alimentación. Además, Koelnmesse presenta en mercados importantes a lo largo y ancho de todo el mundo como, por ejemplo, en Brasil, India, Italia, España, Japón, Colombia, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos, ofreciendo a sus clientes eventos y ferias de referencia regionales a medida en diferentes mercados, garantizando un negocio sostenido a nivel internacional. En el campo de la tecnología alimentaria, Koelnmesse está también óptimamente posicionada con sus ferias de referencia mundial Anuga FoodTec y ISM Manufacturing, así como con su red global que incluye otros certámenes feriales. Corferias – Centro Internacional de Negocios y Exposiciones de Bogotá, a su vez, cuenta con más de 70 años de experiencia, como principal recinto ferial de Colombia y uno de los más importantes de América Latina. Su misión es promover el desarrollo empresarial, social y cultural mediante ferias, eventos y convenciones que impulsan la innovación y la actividad económica en la región. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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comienzos del presente siglo la economía nacional descansaba con plena tranquilidad en la producción hortofrutícola para consolidar el posicionamiento de Chile como potencia alimentaria de clase mundial. Sin embargo, tan solo dos décadas después, los graves efectos del “cambio climático” y la escasez crónica de precipitaciones que afecta a gran parte del territorio nacional, trazan un escenario de estrés hídrico agudo que representa uno de los desafíos más críticos para el desarrollo presente y futuro de la agroindustria nacional. De hecho, según datos de la Dirección Meteorológica de Chile, las precipitaciones han disminuido en promedio entre 15 % y un 20 % en todo el territorio nacional durante las dos últimas décadas, mientras que solo en la zona central (donde tradicionalmente se concentra gran parte de la producción agrícola, incluyendo los principales cultivos de exportación hortofrutícola) esta reducción alcanza una proporción de entre 25 % a 40 %, debido a la megasequía que ya se extiende por más de 15 años. Esta disminución de la precipitaciones es una de las principales causas del estrés hídrico que hoy afecta tanto a la agricultura, como a la generación hidroeléctrica y al abastecimiento de agua potable en Chile. Escenario que en años recientes también se ha combinado con una mayor prevalencia de fenómenos climáticos adversos de carácter repentino y extremo como, por ejemplo, olas de calor, heladas fuera de temporada, lluvias breves muy intensas, aluviones e incendios forestales estivales. Todo estos eventos son altamente destructivos y pueden provocar pérdidas económicas muy importantes para toda la economía, incluyendo pérdida de cosechas, daños a la infraestructura productiva y reducción en la calidad de frutas y hortalizas de exportación. Algunos de estos ejemplos hoy son claramente evidentes a lo largo de la zona central, donde ya se dejan sentir con fuerza fenómenos como:
A su vez, la falta de riego y el aumento excesivo de las temperaturas promedio, incluso durante el invierno (con días en que las máximas han superado los 20 grados Celsius en meses tradicionalmente fríos, como mayo, junio y julio) favorece la expansión y supervivencia de contaminantes biológicos, como insectos, hongos y microorganismos patógenos. Esto genera tanto pérdidas a nivel de cosechas, como mayores gastos en control fitosanitario, así como alto riesgo para la calidad, inocuidad y seguridad alimentaria. Consecuentemente, el sector también enfrenta mayor riesgo para sus exportaciones, debido a la pérdida de cosechas, la baja en la calidad de los productos y la pérdida de competitividad derivada del potencial incumplimiento de exigencias internacionales relacionadas con inocuidad, sostenibilidad y huella de carbono. A lo cual se suma el impacto socioeconómico para los pequeños agricultores, que son más sensibles ante los escenarios de crisis y contingencia. Al respecto, Maurice Streit, Ejecutivo de Innovación Agraria de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA, comenta que el aumento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones, así como la mayor ocurrencia de eventos climáticos extremos y/o extemporáneos, como sequias, lluvias intensas, granizos, olas de calor y heladas, entre otros, hoy son una realidad innegable y “afectan directamente la producción silvoagropecuaria del país”. “Esta afectación -precisa- puede ocurrir también de manera más indirecta, mediante cambios en los patrones de comportamiento de plagas y enfermedades, aunque en ambos casos, se produce en general un efecto negativo en la producción, calidad y costo de los productos silvoagropecuarios, lo que representa un desafío económico, pero también social, ambiental e institucional para el sector”. Opinión que comparte Carlos Zúñiga, experto en riego e investigador del Centro INIA La Cruz, quien detalla que el volumen actual de precipitaciones registradas en Chile es menor que las cantidades de agua que los cultivos necesitan en el año para llegar a sus rendimientos potenciales. “Esto es especialmente marcado en la zona norte y central, donde hoy se debe suplementar la cantidad de agua que las precipitaciones no entregan, a través del riego, durante los períodos estivales de mayor demanda hídrica”, precisa el especialista. Zúñiga también recalca que la agricultura utiliza alrededor de 75 % del uso consuntivo del agua, siendo el sector económico que maneja la mayor cantidad de este recurso, por lo que “cualquier disminución en la cantidad de precipitaciones genera un desbalance que afecta enorme y principalmente a la producción agrícola, lo que puede afectar el crecimiento de los cultivos y, por lo tanto, su producción o calidad. Esto significa menor rendimiento y calidad de frutales, hortalizas o forraje”. RESILIENCIA Y ADAPTACIÓN TECNOLÓGICA Este desafiante escenario, en términos generales, hoy obliga a la agricultura y la agroindustria chilena a evolucionar desde un modelo productivo tradicionalmente basado en la abundancia relativa de recursos hídricos, hacia uno más centrado en la escasez creciente de agua y en la necesidad de optimizar la eficiencia en el consumo, con el objetivo de incrementar tanto la capacidad de resiliencia como la adaptación permanente al contexto. Algo que solo puede lograrse mediante el uso de mejores prácticas y herramientas biotecnológicas avanzadas. Así se expuso recientemente durante la versión 2026 de AgroTrade y Agronight Chile, evento organizado por la Asociación de Viveros de Chile, AGV; y en el vigésimo Seminario “¿Cómo viene la Temporada para el Agro Nacional?”, organizado por la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA. En ambas instancias diversos paneles de expertos multisectoriales concluyeron que se deben adoptar medidas más enérgicas para impulsar el uso de nuevas soluciones biotecnológicas, como el mejoramiento genético de suelos, cultivos y especies hortofrutícolas, para hacerlas más resistentes a las nuevas condiciones meteorológicas y ambientales. También se abogó por el uso intensivo de nuevas soluciones digitales, como riego de precisión, sistemas automatizados y herramientas controladas por redes neuronales, Inteligencia Artificial y analítica de datos, entre otras posibilidades que la ciencia del siglo XXI ya ha comenzado a incorporar exitosamente al rubo agropecuario, en especial gracias al aporte del ecosistema emprendedor. Esta iniciativas se suman a la urgente necesidad de cambiar los paradigmas que aún prevalecen en la gestión hídrica a nivel macro, objetivo que abre paso (tal como lo sugieren el ministro de Agricultura, Jaime Campos, y el presidente de la SNA, Antonio Walker), a la implementación de un modelo de concesiones, que permita mayor participación de capitales privados en la construcción de nueva infraestructura de riego (como embalses y redes de riego automatizado), y en la implementación de más soluciones tecnológicas de punta, incluyendo futuras plantas de desalinización de agua de mar, en aquellas zonas donde sea más urgente y viable (como, por ejemplo, en la región de Coquimbo). Es decir, apostar a fondo y en profundidad por un cambio de paradigma absoluto, que “derribe los silos de la agroindustria tradicional” y de paso un nuevo modelo de gestión más moderno, eficiente y sostenible, que permita enfrentar de mejor forma los efectos del estrés hídrico, para optimizar los cultivos y brindar tanto seguridad alimentaria a la población como nuevas oportunidades de posicionamiento en los mercados internacionales, a los productores que hoy están amenazados por sequías, eventos meteorológicos extremos y riesgos fitosanitarios desconocidos. SALTO TECNOLÓGICO Este cambio de paradigma, de acuerdo con las voces expertas, requiere de soluciones inmediatas y avanzadas como, por ejemplo:
En tal sentido, Maurice Streit, comenta que los desafíos impuestos por el cambio climático han obligado al sector a reevaluar la localización de proyectos agrícolas, privilegiar el uso de especies y variedades mejor adaptadas a las nuevas condiciones climáticas, y adoptar cada vez más tecnología. “Por ejemplo -detalla el experto de FIA-, en el aspecto tecnológico ya se han desarrollado simulaciones climáticas que permiten evaluar la conveniencia de comenzar o mantener proyectos agrícolas, así como también otras soluciones que incluyen plataformas de pronóstico y alerta meteorológica, de riesgo fitosanitario, de gestión del agua a nivel de cuenca, programación satelital del riego, agricultura de precisión, cámaras montadas en drones para evaluación de cultivos, riego inteligente (con uso de sensores de humedad de suelo, condición hídrica de la planta y nuevas estrategias de riego), insumos que aumentan la resiliencia de los cultivos frente al estrés hídrico, monitorización de implementos de riego y, más recientemente, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial”. Visión que comparte Carlos Zúñiga, de INIA La Cruz, quien de todos modos enfatiza que si Chile desea mantener su posicionamiento como potencia alimentaria, “requiere de mayor producción agrícola, la cual, a su vez, requiere de agua, y eso va a seguir siendo así, independientemente del grado de tecnologización del que se disponga”. “En este sentido -enfatiza Zúñiga-, es necesario recalcar que la primera pregunta que se debe responder es con cuánta agua se dispone, qué es lo que verdaderamente se puede producir con ella y cómo puedo hacer lo más eficiente posible en su utilización. Una vez establecida la cantidad de agua disponible para la producción de cualquier cultivo, y lo que potencialmente se puede producir con ella, se debe determinar la manera de ocupar el recurso de la forma más eficiente posible”. Para este propósito, el experto de INIA detalla que hoy existen una serie de herramientas tecnológicas que permiten alcanzar esa eficiencia, entre las cuales destaca las siguientes: ● Programar el riego de acuerdo a la demanda real de agua de las plantas, mediante estaciones meteorológicas automáticas que determinen la evapotranspiración de referencia, a partir de la cual se puede calcular el tiempo y frecuencia de los riegos. Carlos Zúñiga precisa que estas estaciones están disponibles de manera comercial, “aunque también existe la Red Aagrometeorológica de INIA, que cuenta con estaciones meteorológicas públicas desde donde se puede descargar la información de la estación meteorológica más cercana”. ● Uso de sensores de capacitancia, también llamados sensores FDR o TDR, que permiten un monitoreo continuo y frecuente del contenido de agua del suelo a distintas profundidades, permitiendo “vigilar” que el contenido de agua del suelo se mantenga dentro de niveles que no signifiquen estrés para las plantas. ● Empleo de microtensiómetros, que obtienen el potencial hídrico xilemático de las plantas a través de sensores insertados en el xilema (variable que indica el nivel de estrés hídrico). ● Utilización de imágenes satelitales u obtenidas mediante drones, para analizar la velocidad de crecimiento de los cultivos, o bien, para obtener el estado nutricional de las plantas (mediante cámaras especiales). ● Adquisición de medidores volumétricos electrónicos que entreguen información sobre la cantidad de agua que se entrega en cada riego, la cual es clave para hacer la “contabilidad” del agua utilizada. Zúñiga también destaca que INIA, encabeza diversos proyectos de eficiencia hídrica en todas las zonas del país, con el objetivo de apoyar la adaptación de la agricultura chilena a los efectos del cambio climático y la condición de escasez hídrica que afecta ya a algunos territorios. “Para lograr lo anterior -precisa-, es indispensable el uso de dispositivos tecnológicos y de agricultura 4.0, para así contar con datos precisos para la toma de decisiones y realizar un riego optimizado a las reales necesidades de agua en los cultivos; a lo cual se suman otras iniciativas de riego tecnificado, por goteo o subterráneo, por nombrar algunas opciones. Sin embargo, también es relevante contar con variedades de cultivos adaptadas a este nuevo escenario de estrés hídrico, y en esa línea también la institución tiene propuestas novedosas, que con un buen manejo, permiten tener rendimientos óptimos con un uso moderado de agua”. Líneas de trabajo que también destaca Mauricio Streit, quien comenta que FIA actualmente apoya numerosas iniciativas de innovación biotecnológicas dedicadas a esta materia, y que como parte del Comité Técnico Intraministerial de Cambio Climático (CTICC), asesora al ministerio de Agricultura en la formulación de estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático. En ese contexto, detalla que entre las diversas iniciativas apoyadas por FIA en el ámbito del cambio climático y gestión del déficit hídrico destacan, entre otras:
Acciones que se suman a numerosos emprendimientos puestos en marcha durante la última década, por el ecosistema emprendedor, que van desde la implementación de soluciones de riego mediante IA hasta el uso de edición genómica para desarrollar cultivos más nutritivos y resistentes a las olas de calor, heladas y lluvias extremas. Todo lo cual demuestra que, con una hoja de ruta coherente, un trabajo coordinado entre academia, sector privado e instituciones públicas, y visión de futuro, es posible impulsar una adaptación eficiente, resiliente y sostenible de la agroindustria chilena a los efectos del cambio climático, fortaleciendo su capacidad para garantizar la seguridad alimentaria de la población y posicionar a nuestro país como una potencia ecoalimentaria mundial. GALERÍAOTROS REPORTAJES n hecho indiscutible y fehacientemente comprobado en los últimos años es la enorme trascendencia que ha alcanzado la salmonicultura para el desarrollo integral de la economía nacional, tanto a nivel interno como de comercio exterior. De hecho, a nivel transversal existe pleno acuerdo de que constituye el principal producto de exportación no minero del país. Según recientes informes elaborados por Salmón Chile, a partir de las estadísticas sectoriales publicadas por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), durante 2025, las exportaciones de salmón y trucha chilena alcanzaron aproximadamente US$ 6.549 millones, cifra que representa alrededor del 6% de todo el comercio exterior nacional. Estos resultados consolidan al salmón como uno de los alimentos más importantes que nuestro país vende al mundo, lo cual se potencia aún más con el positivo crecimiento que ha tenido la producción interna durante la presente década. De acuerdo con los reportes actualizados de Subpesca, a diciembre de 2025 la cosecha total de peces (salmones y truchas) fue de 1.146.000 de toneladas, cifra superior en 14,9% a la registrada en igual período del 2024, y que constituye el 76,3% de toda la acuicultura nacional. El principal exponente de este crecimiento es el salmón atlántico, cuya cosecha durante 2025 alcanzó 815.300 toneladas, cantidad que marca un importante crecimiento de 16% respecto de 2024, y que además representa, por si solo, el 54,3% del total acuícola chileno. Este recurso se cosechó principalmente en las Regiones de Aysén y Los Lagos, con 407.000 toneladas (49,9%) y 258.700 toneladas (31,7%), respectivamente. La cosecha de salmón coho también tuvo un crecimiento importante, pues durante el año pasado se produjeron 281.400 toneladas. Esto marca un incremento de 21,6% en comparación con 2024, y constituye 18,7% del total acuícola chileno. El reverso de esta moneda corresponde a la trucha arcoíris, pues la cosecha durante 2025 fue de solo lo 50.000 toneladas (3,3% del total de producción acuícola nacional), lo que significa una caída de 21,6% respecto de 2024. Por su parte, la producción acumulada de ovas a diciembre de 2025, fue de 629,8 millones (9,1% menos que 2024), la que se dividió en 61,6% de salmón del Atlántico; 29,4% de salmón coho; y 9% de trucha arcoíris. Todos estos recursos se cosechan entre las regiones de Biobío y Magallanes (con participación mayoritaria de Los Lagos y Aysén), generando actualmente más de 86.000 empleos directos e indirectos, que incluyen desde las propias tareas de producción en las granjas acuícolas, hasta la prestación de servicios externos o tercerizados, que incluyen tareas de transporte, logística, alimentación, mantención, laboratorios, medicina veterinaria, construcción naval, buceo y procesamiento, entre muchas otras. FUTURO EFICIENTE Y SOSTENIBLE La trascendente importancia de estas cifras se traduce, por consiguiente, en la urgente necesidad de impulsar una profunda optimización de la cadena productiva salmonera, lo que es aún acucioso si se considera que hoy el sector enfrenta un escenario altamente desafiante y cada vez más competitivo. Dicha condición exige, consecuentemente, dar pasos concretos para:
Estas dificultadas se amplifican exponencialmente si se considera que el actual contexto mundial está fuertemente influido por factores con alto grado de incertidumbre, como la volatilidad geopolítica, los cambios en las tendencias de compra y consumo interno y externo, el alza en el valor de los insumos y la creciente competitividad de industrias salmoneras extranjeras. Casos particularmente desafiantes son los de Escocia y Noruega, que recientemente han impulsado fuertes desarrollos tecnológicos y ambientales, para reafirmar su liderazgo internacional lo que les ha asegurado un gran crecimiento de su participación de mercado. Un camino en el que Chile mostró cierto rezago durante las últimas décadas, en especial por la falta de certezas regulatorias hacia productores e inversionistas, variable que, efectivamente, ha generado un notorio freno al desarrollo más eficiente y competitivo de la industria salmonera chilena. Estas carencias, riesgos y desafíos fueron los que impulsaron la creación del denominado Plan Salmón 2050, hoja de ruta estratégica impulsada desde la Municipalidad de Puerto Montt y el Gobierno Regional de Los Lagos, para optimizar la sostenibilidad y eficiencia de la salmonicultura en la macrozona sur-austral de nuestro país. Todo ello con el objetivo de compatibilizar la producción con la protección ambiental, mejorar la confusa normativa vigente y potenciar la aplicación en el corto plazo de más acciones de Innovación y Desarrollo (I+D), para así alcanzar pleno liderazgo regional y mundial entre las décadas de 2030 a 2050. Como parte de esta hoja de ruta, durante la reciente versión de la feria Aqua Sur 2026 (que además se consolidó como la más importante del mundo en su rubro), los integrantes del comité ejecutivo del Plan Salmón 2050 se reunieron al término de la ceremonia inaugural, para analizar los desafíos y oportunidades del sector y presentar oficialmente una serie de propuestas orientadas a fortalecer el desarrollo sostenible de la industria. Esta ocasión estuvo engalanada por la presencia, inédita, de autoridades sectoriales gubernamentales, como el subsecretario de Pesa y Acuicultura, Osvaldo Urrutia Silva, y del expresidente de la República, Eduardo Frei-Ruiz Tagle, quien precisamente ha asumido un rol protagónico para conjugar a los actores técnicos, políticos, gremiales y académicos que forman parte de esta mesa de trabajo. ENFOQUE AMBICIOSO PERO VIABLE En concreto, la mesa nacional de trabajo del Plan Salmón presentó ante las autoridades y la opinión pública, las siguientes propuestas de trabajo:
Si bien los diversos participantes de esta instancia reconocieron que este listado recoge en forma precisa los principales ejes de desarrollo que ayudarán a modernizar el sector, también recalcaron que aún existen “brechas estructurales” que superan el ámbito de acción de las empresas. Por ende, hicieron un llamado a avanzar, al mismo tiempo, hacia la implementación de una estrategia de Estado que permita abordar estos desafíos de manera integral y efectiva, dejando atrás la retórica y aplicando acciones concretas. LEGISLACIÓN ATRASADA Y RESTRICTIVA Uno de las principales externalidades que se abordaron en la discusión, es la prevalencia de graves problemas regulatorios en el borde costero, pues las regulaciones relativas a las operaciones productivas en estas zonas se traducen en una serie de problemas que dificultan el desarrollo armónico de las distintas actividades y que, además, generan conflictos evitables entre actores. Por ejemplo, para los integrantes del comité del Plan Salmón 2050, la falta de una aplicación racional de la Política Nacional de Borde Costero, junto con la carencia de actualización y flexibilidad de dicha normativa, “ha provocado retrasos significativos en la tramitación administrativa para obtener concesiones acuícolas, llegando en algunos casos a superar los 10 años de espera”. De este modo, a juicio de los representantes de las empresas, gremios, trabajadores del sector y también de las autoridades regionales y comunales, esta situación desincentiva el uso del borde costero para actividades acuícolas, tal como sucede con la aplicación de la Ley Lafkenche (Nº20.249) y la Ley SBAP (N°21.600), que, en su opinión, hoy generan “graves retrasos en la puesta en marcha de nuevas iniciativas productivas y amenazan con reducir significativamente la competitividad internacional de la salmonicultura nacional”, por culpa de lo que denominan “una normativa carente de bases racionales de aplicación”. Los distintos actores que impulsan el Plan Salmón 2050 también advierten sobre múltiples deficiencias en la implementación eficiente y efectiva de las leyes, por parte de los órganos del Estado. En ese contexto, comentan que el proceso de fusiones y relocalizaciones, clave para el medio ambiente y la producción, ha enfrentado obstáculos debido a la incorporación de nuevos requisitos y a una burocracia excesiva, lo que, en opinión de los protagonistas del sector productivo y laboral, “deriva en un sistema poco eficiente”. Al respecto, es importante recordar que la salmonicultura chilena se desarrolla en zonas específicas conocidas como “Áreas Apropiadas para la Acuicultura (AAA)” y que las empresas, ya sean pertenecientes a capitales nacionales o extranjeros, solo pueden solicitar concesiones dentro de estas zonas designadas por el Estado. Una limitación que, según plantean los impulsores del Plan Salmón 2050, “debe revisarse en el corto plazo”. Asimismo, en la actualidad todo el sector salmonero del país opera en apenas 4.120 hectáreas de concesiones acuícolas al año, lo que equivale a un irrisorio 0,001% de la Zona Económica Exclusiva de Chile (o al 3% de la superficie total de la ciudad de Puerto Montt, por ejemplo) que apenas utiliza el 0,03% del total de las aguas protegidas de nuestro país. Cifras que reimpulsan el debate y que, a juicio de empresarios, trabajadores, gremios y autoridades regionales, demuestran que el impacto de la salmonicultura nacional es ínfimo, comparado con otras actividades mucho más invasivas desde el punto de vista ambiental, y que todavía “hay mucho espacio para que el sector se desarrolle en forma moderna, competitiva y sostenible, sin afectar el equilibrio o la protección de los ecosistemas”. VOCES DE LOS PROTAGONISTAS Tras la presentación de este ambicioso plan de trabajo, los protagonistas de su diseño e implementación se dieron tiempo para plantear todo tipo de visiones críticas, pero también de ofrecer soluciones concretas para las externalidades que, en su opinión, amenazan la competitividad y el desarrollo equilibrado del sector. Así por ejemplo, el alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraihgt Galilea, valoró la participación del ex mandatario Eduardo Frei Ruiz-Tagle en la sesión, junto con la del subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia, como “señales positivas de un mayor involucramiento público en la materia”, pero también recordó que el impacto de la permisología (otra de las externalidades que el Plan Salmón espera eliminar), todavía sigue generado efectos “demasiado perjudiciales para la actividad”. Entre ellos mencionó pérdidas por US$66 millones en la Región de Los Lagos durante 2024, además de la destrucción de 3.165 empleos, debido a las demoras excesivas causadas por el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). “Esto contrasta con la posibilidad de generar 3 mil nuevos empleos regionales y de hasta 100 mil a nivel nacional, que se ve truncada por el exceso de trámites, evaluaciones y solicitudes de permisos”, enfatiza el jefe edilicio puertomontino. Aspectos que también abordó el presidente de la Multisindical de Trabajadores del Salmón, Alejandro Santibáñez, quien enfatizó que los desafíos del sector no solo se relacionan con la industria, sino también con el desarrollo de las comunidades. En tal sentido, Santibáñez recalcó que hoy tanto alcaldes como gobernadores están comprometidos con el crecimiento de las regiones del sur, “pero es fundamental que ese crecimiento sea sostenible”, puntualizó. Santibáñez agregó que destrabar los procesos actuales debe garantizar que la industria crezca de manera responsable, evitando crisis sanitarias como la provocada por la acción del virus ISA, que afectó fuertemente al sector en el pasado. “Los trabajadores necesitamos más empleos de calidad, porque la subcontratación nos está golpeando muy duro. En ese sentido, hemos mejorado, pero aún queda mucho por avanzar”, agregó el líder laboral. Por su parte, el gerente general de Salmón Chile, José Tomás Monge, valoró la disposición de las autoridades regionales para impulsar esta iniciativa, recalcando que hoy lo más relevante “es sentar las bases para contar con una mirada país respecto del segundo producto exportador de Chile, que encadena a seis regiones y también a otros sectores como el agro, el transporte y el cabotaje”. A su vez, desde la acera gubernamental, el subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia, agradeció la invitación a participar de esta instancia y valoró el trabajo desarrollado por el Plan, así como sus respectivas conclusiones técnicas. “Es un documento muy impresionante en su elaboración; que constituye un tremendo trabajo para un año y además es inédito por el grado de legitimidad que tiene esta mesa”, planteó el personero. “Estoy muy satisfecho -añadió- de ver que muchas de las propuestas coinciden con las que ya hemos comenzado a abordar desde la subsecretaría y los ministerios”. La autoridad sectorial también enfatizó que esta coincidencia transversal de diagnósticos entre los sectores público, privado, laboral, gremial y académico, debe servir de aliciente para generar las condiciones regulatorias necesarias que permitan a la industria retomar una senda de crecimiento sólido y sostenible. Un objetivo que ya no parece tan lejano y que bien podría alcanzarse en el corto plazo, en la medida que se privilegie un trabajo técnico y científico real, por sobre las discusiones ideológicas y partidistas sin base coherente, que han primado en el último tiempo. GALERÍAOTROS REPORTAJES n los últimos años el debate sobre la calidad e inocuidad de los alimentos ha alcanzado un inusitado grado de virulencia, debido al creciente número de opiniones críticas que responsabilizan a la gran industria por el aumento en los índices de sobrepeso y obesidad en todo el mundo. Si bien este último fenómeno es indiscutible, pues entre 1990 y 2024 la prevalencia de esta enfermedad no transmisible se triplicó en todo el mundo (de acuerdo con estudios publicados por la Organización Mundial de La Salud), su origen no radica solo en la oferta de alimentos o bebidas, sino en la conjunción de diversos factores como, por ejemplo, personales, familiares, económicos, sociales e, incluso, psicológicos. Todo ello se traduce en que, a la fecha, cerca de 1.000 millones de personas en todo el mundo sufren algún grado de obesidad (incluyendo un alto porcentaje de niños y adolescentes); mientras que otros 2.500 millones conviven con algún grado de sobrepeso, debido a mal nutrición por exceso (ingesta diaria de calorías superior a las que precisa el organismo para sobrevivir). Un fenómeno extremadamente negativo, que los expertos de la OMS definen como la “nueva pandemia invisible”, y cuyos efectos impactan tanto a nivel de calidad de vida, como de salud pública, debido a las consecuencias y costos asociados a esta condición, y que generalmente derivan en otras patologías asociadas, tales como hipertensión, diabetes, fallas renales, deterioro cognitivo, enfermedades del tracto gastrointestinal e incremento del riesgo de sufrir accidentes cerebro vasculares, infartos, fallas multisistémicas y hasta algunos tipos de cáncer. ¿DIAGNÓSTICO CERTERO O “CACERÍA DE BRUJAS”? Pero aun cuando la mayoría de los expertos internacionales en nutrición y salud coincide en que la obesidad no tiene una sola causa aislada, gran número de influencers y “creadores de contenido digital, insisten en que la industria de alimentos es la gran responsable de este deterioro en la salud de la población (escenario donde Chile, por desgracia, es uno de los principales exponentes Latinoamericanos y mundiales). Más aún, toda estas voces críticas (que por lo general no respaldan sus opiniones con evidencia científica certera y contundente), apuntan a un “solo gran responsable”, al cual identifican con un nombre que resulta tan oportunamente popular y efectista, como ambiguo y difícil de entender: el “consumo de alimentos ultraprocesados”. El concepto “ultraprocesado” nación hace casi dos décadas a partir de los trabajos realizados por el médico brasilero Carlos Monteiro, creador de la llamada “Clasificación NOVA de los Alimentos”. Una tipología que, a pesar de todo su impacto comunicacional y mediático, no tiene mayor asidero ni base científico tecnológica, pues ni siquiera identifica con claridad el criterio básico para determinar qué tipo de alimento es “ultraprocesado” y cuál no lo es. Más aún, el propio Carlos Monteiro ha fallado reiteradamente al tratar de precisar los nebulosos límites de su clasificación, pues aunque en un principio se habló de un umbral máximo de “5 ingredientes” (a partir del cual todos los alimentos o bebidas, sin distinción, serían clasificados como “ultraprocesados”), con el paso del tiempo, la conceptualización derivó hacia el mayor o menor “procesamiento” (entendiendo como tal la cantidad de procesos industriales que se aplican a las materias primas durante la elaboración de un alimento, sin importar la clase, el tipo o la cantidad de tiempo requerida para efectuar cada uno de estos procesos). En otras palabras, primero se habló de cantidad de ingredientes, pero cuando quedó claro que dicho criterio era extremadamente impreciso (¿por qué cinco ingredientes y no seis o cuatro?) la discusión se desvió hacia la cantidad de procesos industriales que se realizan antes de comercializar un producto en el mercado (ya sea liofilización, deshidratación, pasteurización, extrusión o fermentación, entre otros muchos posibles). Procesos que, paradojalmente, se aplican para asegurar la calidad e inocuidad de los alimentos, tal como lo establecen las diversas entidades regulatorias internacionales que velan por el desarrollo seguro, saludable y eficiente de la industria, como el Codex Alimentarius, por ejemplo. Al respecto, la Dra. en Ciencias Químicas de la Universidad de Buenos Aires, científica especializada en Alimentos y presidenta electa de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Ciencias y Tecnología de los Alimentos, ALACCTA, Susana Socolovsky, reafirmó -durante su reciente participación en el seminario “Análisis de Políticas Públicas, Desafíos y Tendencias de la Industria Alimentaria”, organizado en Santiago de Chile, por la Universidad de California Davis-, que “el término ultraprocesado fue inventado por Carlos Monteiro y no tiene base científica ni tecnológica”. “Los que sí existen son diversos tipos de alimentos, más o menos ricos en nutrientes de diverso tipo y con diferentes etapas de procesamiento, pero esto no implica que esos alimentos sean más o menos saludables solo por tener este distinto grado de procesamiento, ni menos por tener más o menos ingredientes”, enfatiza la científica. Más aún, Socolovsky es enfática para recalcar que “la clasificación NOVA suele incluir en el grupo de ‘ultraprocesados’ a alimentos de alto contenido nutricional (como la leche pura, los productos que se entregan a los adultos mayores en los consultorios y las raciones de emergencia que se distribuyen a la población desnutrida en zonas de crisis humanitaria, entre otros), lo que es extremadamente confuso para los consumidores y, además, genera más dificultad para generar adecuadas políticas de educación nutricional”. Frente a este escenario de incertidumbre, desinformación y falta de rigurosidad que suele abundar en los mensajes de quienes atacan a la industria, basándose en los parámetros ambiguos de la Clasificación Nova, la científica y académica argentina concluye que “toda argumentación seria debe partir desde la ciencia, porque solo esta se basa en evidencia validada, precisa, confiable y reproducible”. SUPERAR LA "QUIMIOFOBIA" Un punto de vista similar expresó, durante la misma jornada técnica realizada en Santiago por la Universidad de California Davis, la Dra. Marcela Rodríguez, directora administrativa y de Asuntos Científicos y Regulatorios de la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB), quien puntualizó que en el actual debate “existe un predominio de los argumentos ideológicos por sobre los científicos, que ha llevado a demonizar sin razón las materias primas químicas, solo por el hecho de tener tal característica”. Esto ha derivado, a su juicio, en un miedo irracional e injustificado a los aditivos, “a pesar de que está científicamente comprobado que son seguros e inocuos para la población, siempre y cuando se consuman dentro de los márgenes establecidos por las dosis diarias admisibles correspondientes a cada producto”. Para la científica y académica costarricense, este criterio erróneo ha sido cada vez más exacerbado por diversos influencers y opinólogos (que en la mayoría de los casos no cuentan con estudios que avalen sus planteamientos), quienes se encargaron de crear y expandir una especie de “quimiofobia” entre la población, lo que se entendería como un “rechazo exagerado hacia las sustancias químicas, especialmente aquellas percibidas como artificiales o sintéticas”. Rodríguez planteó, asimismo, que esta quimiofobia injustificada se propaga cada vez más debido al uso de argumentos falaces, artículos médicos descontextualizados y fake news, que llegan incluso hasta la irracionalidad de instalar como verdad absoluta la creencia errada de que “si algo no se puedes pronunciar, entonces es malo para la salud”. Ello, a pesar de que “numerosos compuestos presentes naturalmente en muchos alimentos de consumo cotidiano, tienen nombres químicos complejos”, puntualizó la Dra. Rodríguez “¿Qué sucedería si no pudiésemos pronunciar los componentes químicos presentes en una manzana, como el ácido ascórbico y el acetaldehído, entre otros?, ¿Tampoco la comeríamos?”, ejemplificó la doctora, quien defendió el uso de aditivos en la industria alimentaria, enfatizando que todos ellos cumplen funciones clave para preservar la calidad y seguridad de los alimentos, como, por ejemplo, evitar la oxidación, mantener inalterable el contenido vitamínico o prolongar la vida útil de los productos. La experta también recordó que detrás del uso de aditivos está presente la necesidad de resguardar la seguridad alimentaria de la población, y que para ello “existe un extenso sistema de evaluación científica y regulatoria internacional, liderado por organismos como el Códex Alimentarius y el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA)”. Al respecto, puntualizó que todos los aditivos alimentarios -tanto de origen natural como sintético- “deben pasar por evaluaciones toxicológicas y revisiones regulatorias antes de ser autorizados, por lo que hoy son más seguros e inocuos que nunca”. LEGISLAR CON BASE CIENTÍFICA A pesar de esta innegable evidencia técnica y científica, la fobia injustificada a los aditivos y al procesamiento de alimentos ha continuado escalando y ganando adeptos, incluso entre las autoridades de gobierno y los representantes de otros poderes del Estado, quienes se han hecho eco erróneo de esta confusión ideológica, para sindicar a la industria como la gran responsable del aumento de la obesidad. Esto se ha traducido en decisiones limitadas y carentes de base técnica real, como sucedió, por ejemplo en Chile, con la presentación del proyecto de Ley presentado mediados de 2025 por la senadora María José Gatica, con el patrocinio de sus pares Juan Luis Castro, Alejandro Kusanovic y Francisco Chahuán, que buscaba establecer la obligatoriedad de disponer un nuevo sello frontal de advertencia que identificara como “ultraprocesados” a todos los alimentos compuestos por más de cinco ingredientes (sin importar su naturaleza, origen o valor nutritivo). A pesar de que esta medida hubiese significado una acción injustificada y carente de lógica, pues habría afectado a una gran cantidad de alimentos que se consideran transversalmente saludables (como el yogur griego, la leche pura larga vida o las sopas nutritivas que se entregan a los adultos mayores), la iniciativa ya había superado el primer trámite legislativo, luego de que la Comisión de Salud del Senado aprobara, en enero de este año, la idea de legislar sobre la materia. Sin embargo, una intensa ofensiva técnica desplegada por diversas entidades relacionadas con el sector, como AB Chile, Chile Alimentos y el Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, entre otras, logró que la misma comisión revisara más en profundidad los diversos argumentos técnicos existentes, lo que derivó en la postergación del proyecto, hasta recabar más antecedentes. Una decisión que comparte el presidente de CIACh, Gabriel Vivanco, quien precisamente realizó a principios de marzo una extensa presentación técnica ante la comisión de Salud del Senado, donde defendió el valor del procesamiento alimentario y rechazó con energía la definición de “alimentos ultraprocesados” planteada por la Clasificación NOVA, “debido a que está basada solo en estudios observacionales no concluyentes”. En dicha oportunidad, Vivanco también recalcó que las decisiones legislativas deben tomarse solo a partir de la evidencia que proporcionan la ciencia y tecnología de los alimentos, pues solo de esta manera se puede implementar un estrategia estructural que ayude a enfrentar el problema de la obesidad en Chile”. Ante este cúmulo de evidencias, el propio senador Juan Luis Castro, quien patrocinó el proyecto original y hoy preside la Comisión de Salud del senado, reconoció que la idea de establecer un nuevo etiquetado frontal, perdió su sentido, ante la solidez de los argumentos técnicos planteados en contra del uso del término “ultraprocesado”. El parlamentario también validó -durante su participación en el seminario organizado por la UC Davis en Santiago- la necesidad de establecer otras estrategias para determinar, combatir y eliminar de raíz las causas de la obesidad en nuestro país. REACCIONES INTERNACIONALES Este complejo debate técnico y legislativo no pasó inadvertido en el exterior, pues si la iniciativa de la senadora Gatica hubiese prosperado en el Congreso, se habría sentado un precedente extremadamente negativo, en términos de legislar sin bases científicas concretas. De hecho, en cuanto se hizo pública esta discusión legislativa, tanto ALACCTA como la International Union of Food Science and Technology (IUFoST), enviaron una carta abierta a FAO, donde hicieron hincapié en que “cualquier marco de clasificación o etiquetado de alimentos, destinado a orientar las políticas públicas, debe basarse en pruebas científicas sólidas y desarrollarse mediante consultas inclusivas entre las disciplinas científicas pertinentes”. En la misiva, ambas organizaciones enfatizaron que los recientes debates sobre políticas regulatorias alimentarias, incluido el proyecto de ley examinado por la Comisión de Salud del Senado chileno, que proponía que los alimentos que contengan más de cinco ingredientes industriales se etiqueten como ‘ultraprocesados’, “ilustran los riesgos asociados a confiar prematuramente en marcos de clasificación que siguen siendo objeto de un debate científico en curso (como es la Clasificación Nova)”. “Estas preocupaciones se acentúan cuando dichos enfoques reciben el respaldo público de funcionarios de organizaciones internacionales, incluida la FAO, mientras que los fundamentos científicos y las definiciones subyacentes siguen siendo objeto de un debate activo entre los científicos”, subraya la carta, firmada por el Dr. Samuel Godefroy, president de IUFoST; y el Dr. Rommy Zúñiga, académico chileno de la UTEM y actual presidente en ejercicio de ALACCTA. Ambos directivos puntualizan, en su comunicación a FAO, que el procesamiento de alimentos “desempeña un papel fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, prolongar la vida útil, reducir el desperdicio de alimentos, mejorar la calidad nutricional y permitir un acceso asequible a los alimentos”. “Las tecnologías de procesamiento -afirman en la misiva- también respaldan el desarrollo de alimentos enriquecidos y especializados, que abordan las deficiencias de micronutrientes y las necesidades dietéticas de diversas poblaciones”. Es así como frente a este tipo de iniciativas legales sin fundamento (como la impulsada por la senadora María José Gatica), los expertos de IUFoST y ALACCT, recordaron que “los regímenes de etiquetado basados únicamente en el nivel de procesamiento, podrían estigmatizar involuntariamente importantes tecnologías y productos alimentarios, incluidos los alimentos de larga duración, enriquecidos y de origen vegetal, que contribuyen a la seguridad nutricional, especialmente en regiones de ingresos bajos y medios. En razón de ello, ambas organización abogaron por un amplio diálogo científico en el que participen científicos especializados en nutrición, científicos alimentarios, tecnólogos, expertos en salud pública, reguladores, representantes de la industria y organizaciones de consumidores. “Dicha colaboración -enfatizan- ayudará a garantizar que las futuras iniciativas políticas sean científicamente sólidas, transparentes y estén en consonancia con los objetivos globales en materia de seguridad alimentaria, nutrición y sistemas alimentarios sostenibles”. Si bien los voceros de IUFoST y ALACCTA reafirmaron el compromiso de sus respectivas entidades, para colaborar de forma constructiva con instituciones internacionales, como FAO y la OMS, también recalcaron la necesidad de que dicha cooperación se estructure sobre la base de “enfoques equilibrados y basados en la ciencia, que mejoren la calidad de la alimentación, al tiempo que se salvaguarda la seguridad alimentaria, la innovación y el acceso equitativo a alimentos nutritivos en todo el mundo”. Ecos de un debate que creció más allá de los límites de la cordura y racionalidad, debido a la imprecisión y al actuar imprudente de los influenciadores digitales, lo que causó que se perdiera la perspectiva central de un problema real, como es el flagelo de la obesidad, pero que debe abordarse con visión estratégica y sentido común, pues la solución requiere mucho más que estallidos ideológicos. En otras palabras, el actual escenario de crisis exige pasar a la acción, pero sobre la base de evidencia científica comprobada y estrategias integrales que aborden todas las diversas variables personales, familiares, sociales, económicas y psicológicas que hoy inciden en el auge desmedido de esta nueva pandemia. GALERÍAOTROS REPORTAJES a prestigiosa feria italiana TUTTOFOOD 2026 cerró sus puertas tras cuatro glamorosos días de exhibición, marcando un récor absoluto de asistencia de público, conferencias internacionales y cifras de negocios. Los resultados de la muestra son muy elocuentes, pues se contabilizaron más de 123.000 asistentes, incluidos 27.000 visitantes internacionales, lo que supone un aumento de 30 % en comparación con la edición de 2025. La participación de tan elevado número de operadores profesionales, entre los que se incluyen representantes de la industria, la distribución, la restauración, los importadores y los compradores, demuestra la capacidad de la feria (organizada por segundo año consecutivo por Fiere di Parma) para convertir la demanda global de alimentos de alta calidad en relaciones comerciales sólidas, acceso a nuevos mercados y desarrollo empresarial eficiente, seguro y sostenible. Al mismo tiempo, estos resultados, confirman el papel cada vez más importante de TUTTOFOOD como plataforma económica internacional clave para el desarrollo estratégico del sector de alimentos y bebidas. Según explican los organizadores de la feria, este exitoso resultado es fruto directo de la alianza estratégica firmada recientemente entre Fiere di Parma y Fiera Milano, con el apoyo internacional de Koelnmesse, organizadora de la mayor feria alimentaria del mundo, Anuga, en Colonia. CRECIMIENTO DESTACADO La edición 2026 de TUTTOFOOD abarcó 10 pabellones, que totalizaron 82.000 metros cuadrados de espacio de exposición totalmente reservado (lo que equivale a un crecimiento de 15 % respecto del año pasado). En ellos se acogió a 5.000 marcas, de las cuales cerca de 30% procedían del extranjero (lo que constituye un aumento de 20 % en comparación con los expositores presentes en la versión 2025). La feria recibió además a 4.000 compradores internacionales de primer nivel, lo que permite consolidarla como uno de los hub de negocios e intercambio comercial más importantes del mundo. América Latina contó este año con 21 empresas expositoras, entre ellas 8 de Chile; 6 de Perú; 3 de Costa Rica y 3 de Ecuador, a las cuales se sumaron empresas de Cuba, Brasil y Argentina. Todo ello destaca el creciente interés y compromiso del sector empresarial latinoamericano con el evento. Al respecto, Antonio Cellie, director general de Fiere di Parma, destacó que las cifras y comentarios unánimemente positivos de expositores, compradores, visitantes y asistentes habituales a ferias alimentarias mundiales de larga tradición, confirman el alto nivel de éxito alcanzado con la presente versión. “Hemos llenado un espacio que aún estaba inesperadamente abierto, creando un evento internacional completamente nuevo para el sector agroalimentario, y que refleja plenamente el saber hacer italiano en la organización de ferias comerciales, ofreciendo una plataforma para que expositores de todo el mundo conecten con los mercados internacionales, dentro de un ecosistema empresarial totalmente integrado”, enfatizó el ejecutivo. Cielle también puso énfasis en que las ferias de hoy en día, “no son solo escaparates de productos, sino centros de negocios donde las empresas evalúan la demanda internacional, desarrollan mercados, establecen relaciones comerciales y convierten las oportunidades en resultados económicos tangibles”. “El aumento de la asistencia demuestra que las empresas y los operadores buscan espacios físicos y cualificados para desenvolverse en un mercado global cada vez más fragmentado, selectivo y competitivo”, agregó. VALOR DEL “MADE IN ITALY” Este destacado crecimiento de la asistencia es especialmente significativo para los organizadores de TUTTOFOOD, dado el contexto actual de tensiones geopolíticas, aranceles, que se traduce en presiones sobre los costos energéticos, volatilidad de las materias primas y reestructuración de las cadenas de suministro globales. Pese a estas externalidades negativas, los compradores provenientes de EE.UU., Latinoamérica, Asia, el Golfo y países europeos como Francia y Alemania, reconocieron la gran reputación que ha alcanzado el concepto Made in Italy (destacado también por las autoridades presentes en la ceremonia de inauguración), que se ha transformado en el caballo de batalla no solo de TUTTOFOOD, sino también de otras ferias como CIBUS y el conjunto de la industria alimentaria y la cocina italianas. Todo ello, gracias a la innegable calidad de las materias primas, la autenticidad, la fiabilidad de la producción, las ofertas distintivas y el valor gastronómico y cultural que conllevan los productos e insumos que la nación peninsular puede ofrecer al mundo (y que le permitieron a su cocina ser declarada “Patrimonio de la Humanidad”). Por ejemplo, un comprador europeo destacó que aproximadamente 70% de su negocio de restauración gira en torno a los productos italianos, lo que demuestra que la cocina italiana se ha convertido en un elemento estructural de la oferta internacional de restauración. Asimismo, otras categorías italianas clave como el aceite de oliva extra virgen, el vinagre balsámico, la harina, la pasta, las galletas y el chocolate se consideran insustituibles en muchos mercados. De hecho, para diversos operadores del mercado internacional, como Cencosud (presente en Chile y Latinoamérica) y City Super Group (de Hong Kong), Italia representa el principal mercado europeo de abastecimiento de productos alimenticios. Otra conclusión interesante que se desprende de la actual versión de TUTTOFOOD, radica en que la gastronomía italiana no solo se percibe como clásica o tradicional, sino también como innovadora. Es decir, más allá de sus valores y sabores típicos, también es capaz de experimentar y crear nuevas recetas culinarias, anticipándose a las tendencias de consumo que hoy impulsan el desarrollo disruptivo de toda la industria alimentaria mundial. Al respecto, Ben Costantini, de Sesamers (empresa francesa que trajo a la feria a startups de siete países, especializadas en plataformas de software, bebidas funcionales, salsas artesanales y maquinaria de procesamiento), afirmó que “TUTTOFOOD no es solo un lugar para vender los productos de hoy; es donde la próxima generación de innovadores alimentarios encuentra su mercado”. Pero el compromiso con la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente también fueron un compromiso profundo del evento. De hecho, al cierre de TUTTOFOOD, Banco Alimentare Lombardia recogió aproximadamente 25 toneladas de alimentos de más de 600 empresas que donaron generosamente sus excedentes. Estos productos (que podrían haberse perdido) fueron distribuidos a más de 1.000 organizaciones locales asociadas (incluyendo comedores, centros de acogida y hogares familiares, entre otros destinatarios). Todo ello, en conjunto, benefició a más de 200.000 personas necesitadas. PRINCIPALES COMPRADORES Una de las características más destacadas de TUTTOFOOD, es su capacidad para posicionarse como uno de los hub de negocios más importantes, no solo de Europa sino de todo el mundo. Esto se refleja, por ejemplo, en la presencia de destacadas empresas compradoras, entre las cuales destacan las siguientes: SYSCO: con ingresos anuales de aproximadamente entre 81.000 y 84.000 millones de dólares, 75.000 empleados, una capitalización bursátil de alrededor de 35.000 millones de dólares, más de 730.000 clientes y más de 330 centros de distribución en todo el mundo, es el mayor distribuidor de servicios de restauración de EE. UU., centrado en restaurantes, hoteles, hospitales, colegios y catering. Asiste a TUTTOFOOD por su alcance internacional, fundamental para establecer relaciones directas con productores y compradores. Sus voceros explican que el aumento de los precios en EE. UU. no frena la demanda de productos de calidad, pues los aranceles e impuestos se consideran secundarios frente a la seguridad de la cadena de suministro. Además, la sostenibilidad y la trazabilidad cobran cada vez más importancia en respuesta a la creciente preocupación por el suministro alimentario mundial. Esta demanda en evolución también impulsa el crecimiento de la comida italiana en EE. UU., lo que ha llevado a Sysco a nombrar especialistas en productos italianos en todas las empresas de su grupo. Los consumidores estadounidenses reconocen y buscan productos italianos auténticos, incluidas opciones de alta gama, con una oferta más amplia que la tradicional, pues el mercado ya no es solo “étnico”, sino mainstream. CENCOSUD: es uno de los mayores grupos minoristas de América Latina, con sede en Santiago de Chile, y una historia de 50 años operando en supermercados, hipermercados, centros comerciales, tiendas de bricolaje y mejoras para el hogar, grandes almacenes y servicios financieros en Chile, Argentina, Brasil, Perú, Colombia y EE. UU. Hoy emplea a 100.000 personas, cuenta con 1.500 tiendas, ingresos de 17.000 millones de dólares anuales y un EBITDA de aproximadamente 1.500 millones de dólares. Los representantes de CENCOSUD asisten a TUTTOFOOD para crear surtidos internacionales destinados a los lineales sudamericanos. En sus propias palabras, de la feria se llevan “un pedazo de cada país europeo”, con un fuerte enfoque en la innovación. Todo ello con el objetivo declarado de ser los primeros en traer a Sudamérica las innovaciones presentadas en la feria, ya que tienen plena conciencia de que los consumidores latinoamericanos son cada vez más curiosos, abiertos a la experimentación e interesados en recetas que combinen ingredientes de múltiples países. En este contexto, Italia confirma su papel como referencia europea estratégica para la exportación de alimentos, mientras que crece el abastecimiento procedente de Alemania, Portugal, Francia, el Reino Unido y España, así como de Tailandia, Corea y Australia. Perú es el mercado latinoamericano más dinámico, mientras que Argentina registró un excepcional aumento de 100 % en las importaciones de productos europeos en los últimos 12 meses. De este modo, los ejecutivos de CENCOSUD tienen claro que el mensaje clave hoy es que “a pesar de la ralentización del consumo, la alimentación europea —en particular la italiana— sigue percibiéndose como sinónimo de calidad, innovación y singularidad”. SPINNEYS: Cadena de supermercados premium que opera principalmente en los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí. Es uno de los principales minoristas de gama alta del Golfo, centrado en la calidad, el surtido internacional y los productos premium. En 2025, registró ingresos de alrededor de 1.000 millones de dólares, con un crecimiento interanual de 13 %. Atiende a más de 100 millones de clientes al año y asiste a TUTTOFOOD (por cuarta vez) para reforzar las colaboraciones con los productores —especialmente italianos— y ampliar aún más su oferta premium para los mercados del Golfo. Sus ejecutivos describen a la feria como “estratégica y muy positiva para el desarrollo del negocio”, a la vez que reconocen a Italia como un socio privilegiado para los productos de marca propia (que muestran un fuerte crecimiento, de hasta 40% interanual) debido a la reconocida calidad del Made in Italy y a una logística más sencilla en comparación con otros mercados de abastecimiento. Su objetivo es identificar nuevas oportunidades de negocio, ampliar las gamas existentes y seleccionar nuevos productores premium y artesanales para incluirlos en los surtidos. Las categorías más dinámicas incluyen el aceite de oliva, las conservas, las legumbres, la harina, el atún premium, las anchoas, los productos ecológicos y las especialidades italianas de alto valor. En este sentido, Spinneys está especialmente interesado en los antipasti de alta gama, las aceitunas y la pasta, que son cada vez más relevantes para los consumidores de alto nivel del Golfo, así como en los productos ecológicos y orientados a la salud. Según sus voceros, los productos ecológicos también son una de las tendencias más fuertes del mercado y podrían incluso duplicar su valor en un futuro próximo debido a la creciente atención de los consumidores por la salud, la calidad y los ingredientes naturales. PROMOCASH: la unidad de cash & carry del Grupo Carrefour, está especializada en el suministro a operadores profesionales del sector de la restauración. Aproximadamente 95 % de su actividad está vinculada a los restaurantes y, dentro de esta cuota, alrededor de 70 % corresponde a productos italianos. Sus representantes asistieron a TUTTOFOOD para consolidar las relaciones con los proveedores actuales e identificar nuevos productos y productores para sus estanterías, aprovechando la oportunidad para probar y seleccionar nuevas líneas para el mercado francés. Al respecto, describen a Italia como una referencia esencial para la restauración francesa, especialmente en categorías como aceite de oliva, arroz, pasta, harina y conservas vegetales. Su objetivo declarado es “llevar el auténtico estilo italiano a Francia”, ofreciendo a los restauradores productos genuinos y que aún no están ampliamente disponibles a nivel local. Por ello, consideran que esta feria es estratégica, porque permite comparar numerosos productores dentro de las mismas categorías en un mismo lugar, lo que facilita la evaluación de la calidad, el surtido y el posicionamiento. También destacan la exhaustividad de la exposición, que representa casi toda la gama de alimentos internacionales. De hecho, en comparación con otras ferias internacionales como SIAL París, perciben a TUTTOFOOD como más accesible y funcional para los compradores,” gracias a unos espacios bien organizados para reuniones y degustaciones, y a una gestión sencilla y eficiente de la experiencia ferial”. COUPANG: es uno de los principales actores del comercio electrónico en Asia, a menudo denominado “el Amazon de Corea”. Fue fundado en 2010 y hoy lidera el mercado surcoreano gracias a su sistema logístico ultrarrápido Rocket Delivery. El grupo integra un mercado online, logística propia, reparto de comida a domicilio, streaming y tecnología financiera, con ventas anuales que superan los USD 35.000 millones. Sus ejecutivos asistieron a TUTTOFOOD para reforzar el abastecimiento de productos italianos auténticos para el mercado coreano, prestando especial atención a las líneas premium y a las categorías emblemáticas del Made in Italy, como aceite de oliva, espaguetis y vinagre balsámico. La comida italiana ya es muy popular en Corea del Sur y sigue creciendo año tras año, especialmente entre los consumidores urbanos cada vez más centrados en la calidad, la autenticidad y la cocina internacional. Sus actividades en la feria fueron intensas, con unas diez reuniones de negocios al día entre proveedores actuales y nuevas empresas que se incorporarán a la plataforma. Para ellos el desarrollo B2B es fundamental, y el objetivo no es solo comprender qué productos podrían tener éxito en el mercado coreano, sino también determinar cómo Coupang puede apoyar concretamente a las empresas presentes en TUTTOFOOD en el desarrollo comercial y la distribución de productos en Corea. El potencial de crecimiento de la alimentación italiana en el mercado surcoreano sigue siendo muy alto, y Coupang espera un aumento significativo de los volúmenes de compra tras la feria. CITY SUPER GROUP: este grupo minorista premium fundado en Hong Kong en 1996, se especializa en supermercados gourmet, productos internacionales importados, vinos y licores, y venta al por menor de estilo de vida a través de su marca principal, City’super. Considerado un referente de alta gama para la compra de alimentos en Asia, el grupo opera en Hong Kong, Shanghái, Nankín y Taiwán, con un posicionamiento centrado en la calidad, la selección internacional y la experiencia minorista premium. City Super Group asistió a TUTTOFOOD para consolidar y ampliar el abastecimiento directo desde Italia, considerada ahora el principal proveedor del grupo. La empresa importa sin intermediarios y considera el Made in Italy como un elemento central de su estrategia de surtido, especialmente para las categorías premium dirigidas a consumidores asiáticos sofisticados y atentos a la autenticidad de los productos. En ese sentido, la feria representa una importante oportunidad para reunirse en persona con proveedores consolidados y descubrir nuevas marcas alineadas con las demandas de los mercados de Hong Kong y Taiwán. También muestran un gran interés por las empresas familiares y las producciones altamente especializadas, consideradas sinónimo de calidad y singularidad. Entre las categorías más demandadas se encuentran frutos secos, condimentos, aceite de oliva virgen extra, vinagre balsámico, chocolate y crema de pistacho premium con alto contenido en materia prima. En consecuencia, la comida italiana sigue siendo valorada como referente de calidad en el segmento gourmet asiático, y City Super Group espera un aumento de al menos 10% en los volúmenes importados de Italia tras la feria. Luego de asistir a numerosos eventos internacionales, TUTTOFOOD es descrita por los ejecutivos del grupo “como la mejor tanto por la calidad y cantidad de expositores, como por la organización de los espacios de reuniones de negocios, en entornos amplios, claros y eficientes”. GALERÍAOTROS REPORTAJES ás allá de las vicisitudes económicas, y de la visión crítica manifestada por un sector de la población que reniega de los productos dulces, Chile se ha reafirmado durante los últimos años como un país eminentemente “chocolatero”. Una imagen que se reafirma a diario, gracias a la enorme oferta de alimentos y bebidas que utilizan al chocolate como ingrediente principal, desde los simples snacks individuales, hasta las bebidas lácteas saborizadas de última generación, pasando por brownies, tortas, postres y helados, solo por mencionar algunos productos de alto consumo cotidiano. Todos ellos reflejan la profunda penetración del chocolate en los gustos del consumidor nacional y la constante creatividad que siempre ha caracterizado a productores y distribuidores; factores que en conjunto explican el éxito de un mercado que sigue creciendo, pese al impacto de las recientes crisis económicas y de salud experimentadas tanto en Chile como en el mundo. Al respecto, Andrés Chehtman, consultor senior de investigaciones en Euromonitor International, destaca que durante 2025, el chocolate en Chile registró un aumento de 6% en valor en las ventas minoristas, alcanzando un volumen total de $811 mil millones, lo que representa un retorno al crecimiento tras la leve caída registrada el año anterior. En opinión del analista, este desempeño se explica por diversos factores clave, entre los que destacan la baja en los precios internacionales del cacao; la caída de la inflación y la mejora en la situación económica del país; el aumento en la demanda de chocolates premium; y la creciente diversificación en los canales de venta y distribución. “La baja de los precios mundiales -enfatiza Chehtman- alivió la presión financiera sobre los fabricantes, permitiéndoles reducir costos y, a su vez, ofrecer productos más accesibles para los consumidores, mientras que la mejor situación económica del país también jugó un rol fundamental, ya que el aumento de los ingresos disponibles permitió que más chilenos se dieran el gusto de consumir productos de chocolate. Las empresas aprovecharon este contexto lanzando diversas promociones y programas de fidelización para mantener e incluso impulsar el consumo”. “Además -añade el analista-, la creciente demanda por chocolates premium y de alta calidad, especialmente entre los consumidores más jóvenes, dio origen a un segmento de nicho que, aunque todavía pequeño, mostró un importante potencial de expansión”. Así mismo, la diversificación de los canales de distribución (incluyendo las plataformas online) y el surgimiento de nuevas tiendas especializadas impulsadas por el ecosistema emprendedor, también apoyó el crecimiento de la categoría. “Todo esto asegura que la confitería de chocolate siga siendo popular para los consumidores de snacks en todo Chile”, asegura Andrés Chehtman. MERCADO EN EXPANSIÓN Esta evolución positiva no tendrá freno en el corto plazo pues, de acuerdo con los estudios realizados por Euromonitor, las ventas minoristas de chocolate en Chile crecerán a una tasa compuesta anual (CAGR) de 6% en valor corriente hasta 2030. Esto permitirá que a fines de la presente década, el mercado nacional chocolatero se valorice en $1.083 mil millones. Del mismo modo, se espera que la categoría continúe creciendo, tanto en volumen como en valor, impulsada por la expansión económica prevista para los próximos años, y el consiguiente aumento de los ingresos disponibles entre la población local. Adicionalmente, los expertos de Euromonitor proyectan que las principales compañías presentes en nuestro país, como Nestlé, Carozzi y Mondelez, entre otras, sigan desarrollando propuestas con ingredientes más naturales y aumentando la variedad de chocolates premium y de alta calidad. Movimiento que también se advierte en el segmento de los emprendedores, donde también se registra más uso de cacao puro (en lugar de sucedáneos) y de ingredientes con valor local, como maqui, arándanos, copao y merquén, entre otros, que apuestan por una mayor diversificación de sabores y más disponibilidad de nutrientes, para responder mejor a las nuevas tendencias de consumo saludable de la población. Según explica Andrés Chethman, todas estas innovaciones apuntan a un segmento creciente de consumidores, que está más dispuesto a pagar un precio superior por productos que se alineen con sus preferencias de salud y calidad. “Esta combinación de factores económicos e innovación de productos, impactará positivamente el desempeño del mercado de chocolate hasta 2030, asegurando un crecimiento sólido y un panorama de consumo en evolución en Chile”, enfatiza el analista. Opinión que comparte Leonardo Lembo, gerente comercial LATAM de Unigrà /Master Martini, quien destaca específicamente la fuerte orientación actual hacia la premiumización del producto. “En Europa, por ejemplo -indica Lembo-, se busca cada vez más calidad, mayor trazabilidad de la materia prima y una mirada integral del proceso, desde el origen agrícola hasta el producto final. Además, hoy existe una atención mucho mayor hacia la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos”. Punto de vista que secunda Camila Urrutia Debarbieri, brand manager Confites de Carozzi, y que también se expresa en una búsqueda más activa de diferenciación a partir de propuestas de valor más sofisticadas. “En línea con los mercados internacionales, hoy vemos una oferta mucho más diversa y atractiva, pues la categoría ya no se limita a las tradicionales barras de chocolate, sino que incorpora rellenos, combinaciones con distintas inclusiones y formatos de snacking que responden a nuevos momentos de consumo”, destaca la ejecutiva, especificando que esta evolución “refleja una industria dinámica, donde la calidad del producto y la innovación en formatos, sabores y experiencias, se han transformado en ejes centrales para conectar con las personas”. Desde el punto de vista del ecosistema emprendedor, en tanto, esta progresión evolutiva ha abierto nuevas y atractivas oportunidades de crecimiento, que permiten incrementar la apuesta por sabores más novedosos y atractivos, para así captar las preferencias de un público siempre ávido de nuevas experiencias sensoriales que combinen sabor, salud y equilibrio. Así lo entiende Josefa Daniela Riquelme Sáez, fundadora de Bomjoss Chocolates (emprendimiento ubicado en Concepción, región de Biobío), quien recuerda que nuestro país es uno de los mayores consumidores de chocolate en América Latina, con un promedio de 2,1 kg per cápita anual, lo que ofrece constantes oportunidades de posicionamiento competitivo, en la medida que el emprendedor identifique a tiempo las señales del mercado se adapte ágilmente a los cambios. “Hoy por ejemplo -precisa Josefa-, cada vez más personas prefieren el cacao real sobre el sucedáneo, debido a la tendencia de comer más sano, pero sin perder el gusto por los sabores atractivos. Eso lleva a que nos pregunten qué porcentaje de cacao tiene cada uno de nuestros productos, o si tienen azúcar añadida, gluten, soya o lácteos, entre otros ingredientes”. INDULGENCIA NUTRITIVA Esta mayor preocupación por las formulaciones también se expresa en una mayor oferta de productos capaces de “endulzar la vida” (como se define coloquialmente al valor de un buen chocolate), pero que al mismo tiempo son más saludables y nutritivos. Al respecto, Leonardo Lembo cree que la Ley 20.060 de Etiquetado de Los Alimentos (vigente en Chile desde 2016), ha jugado un rol destacado en esta mayor indulgencia saludable, generando mayor transparencia e impulsando a las empresas a reformular sus productos. “Es un gran desafío, especialmente cuando hablamos del azúcar, porque el chocolate tradicionalmente tiene alto contenido de este ingrediente, y en Europa así como en Chile, existe una presión muy fuerte por reducir el azúcar. En LATAM también hay exigencias, pero la dieta sigue siendo alta en consumo de productos azucarados. Aun así, el cambio viene impulsado principalmente por el consumidor, sobre todo los más jóvenes, que buscan productos con menos azúcar”, destaca el ejecutivo de Unigrà, precisando que las empresas realizan grandes esfuerzos para optimizar recetas, reducir el contenido de azúcar, buscar endulzantes alternativos más saludables y mantener siempre un sabor seductor. “El desafío es cumplir con las normas sin perder la experiencia sensorial”, añade. Esfuerzos que también resalta Camila Urrutia, pues la indulgencia y la satisfacción también son esenciales para el desarrollo presente y futuro del mercado de los chocolates. “Por eso que hoy desde Carozzi, a través de nuestras marcas Costa y Ambrosoli, estamos constantemente innovando y trabajando para ofrecer nuevas y más alternativas a los consumidores, que sean para todos los gustos y preferencias”. La ejecutiva también recalca que hoy la gran industria se ha enfocado en desarrollar productos de calidad y con distintos atributos, que permitan llegar a una mayor cantidad de consumidores y responder a sus distintas expectativas. “Dentro de esta evolución -señala-, los chocolates con mayor porcentaje de cacao y sin azúcar añadida (sacarosa) se han consolidado como un mix relevante dentro de la categoría, y han ido creciendo en línea con esta tendencia de consumo”. Todo esto se traduce en la opción concreta de que la nueva generación de chocolates sea, efectivamente, indulgente y saludable, en la medida que los avances recientes de la biotecnología hacen cada vez más posible cumplir simultáneamente dichos objetivos. Al respecto, Leonardo Lembo comenta que las altas exigencias legales y las nuevas tendencias de consumo, que se traducen en mayor preferencia por el chocolate real como fuente de salud y placer, permiten colocar en el mercado productos de alta calidad. “Cumplir con la normativa europea (en Italia un producto debe tener al menos 35% de cacao total, 18% de manteca de cacao y 14% de cacao desgrasado para ser considerado chocolate real) facilita luego la adaptación a otros mercados, como LATAM, donde las exigencias son distintas, pero igualmente importantes”, comenta. Esto, en su opinión, ayuda a que este tipo de productos puedan ser considerados funcionales, pues están mejor concebidos para combinar placer y bienestar. Sin embargo, también recuerda que esto implica reformular recetas, para tener menos azúcar, e incorporar más proteínas o fibras. “No es una categoría fácil para el chocolate, pero es un camino que estamos explorando constantemente”. Todo ello deriva en la opción clara de ofrecer salud e indulgencia, especialmente si el chocolate tiene alto contenido de cacao, pues “un mayor porcentaje de cacao implica menos azúcar, lo que mejora el perfil nutricional, tal como lo respaldan diversos estudios”, señala Lembo. A su juicio, el desafío está en la reformulación inteligente, es decir, reducir azúcar, incorporar grasas de calidad y mantener una experiencia sensorial intensa, porque “el equilibrio entre gusto y perfil nutricional es clave”. Para Camila Urrutia, todas estas variables reafirman la posibilidad de que el mercado también ofrezca más alternativas que efectivamente respondan a las nuevas preferencias y estilos de consumo saludable. “Existen productos con altos porcentajes de cacao, como chocolates 62% y 67%, con combinaciones como naranja o menta, valorados por los consumidores que buscan un perfil más intenso y simple en ingredientes. Además, alternativas sin azúcar como Costa Nuss y Costa Milk, conviven con chocolates tradicionales con leche y almendras, como Costa Nuss o Golden Nuss de Ambrosoli”, destaca Camila Urrutia, lo que demuestra que la categoría “puede ofrecer diversidad, calidad y experiencias distintas, permitiendo que cada consumidor elija el producto que mejor se ajuste a sus gustos y ocasiones de consumo, sin perder de vista que el principal atributo del chocolate es su sabor”. Para lo emprendedores, en tanto, esta tendencia ofrece la oportunidad de probar nuevas formulaciones y recetas que busquen potenciar el placer tradicional y, al mismo tiempo, apuesten por la renovación integral, tanto de recetas como de formatos. “El gusto por el placer tradicional no pierde terreno -enfatiza Josefa Riquelme-, pues nuestro producto más vendido es la trufa artesanal, alta en cacao natural belga, pero que también tiene azúcar y lácteos. Sin embargo, al mismo tiempo ese cliente también compra, por ejemplo, una barra de chocolate sin azúcar, por lo que existe una búsqueda de equilibrio”. Para la fundadora de Bomjoss esta tendencia también se refleja en la búsqueda de nuevas experiencias, “pues los clientes hoy llevan productos tradicionales, como un macizo de almendra o un chocolate con praliné de vainilla europea, pero también optan, por ejemplo, por ingredientes que no han probado nunca como los bombones de lúpulo, porque quieren vivir la experiencia de un sabor diferente”. “Por eso, como emprendedores queremos ir más allá de los chocolates sin azúcar o con alto contenido de cacao, y ofrecer también ingredientes con identidad local, como lo hacemos en Bomjoss, por ejemplo, con los bombones con digüeñe (hongo), maqui, merquén e, incluso, luche. Creo que cada vez más chocolaterías se van a ir sumando a la tendencia de utilizar rellenos más innovadores y, a la vez, saludables. SOSTENIBILIDAD COMO PILAR Claro que esta evolución de formulaciones tampoco pierde de vista la creciente preocupación por el medio ambiente y la carbono neutralidad, en medio de un escenario donde las grandes empresas y startups implementan nuevas y perfeccionadas estrategias de sostenibilidad, que forman parte de sus respectivas culturales organizacionales. En ese sentido, Leonardo Lembo precisa que la sostenibilidad es un eje estratégico para Unigrà, pues “implementamos programas de abastecimiento responsable, contamos con certificaciones internacionales y trabajamos activamente en la reducción de emisiones, eficiencia energética y optimización del uso del agua. Además, reutilizamos residuos industriales, generamos energía renovable y controlamos gran parte de nuestra cadena productiva. Todo esto aporta valor ambiental y económico”. Por su parte, Camila Urrutia destaca que la producción sostenible de chocolates es solo una parte de los esfuerzos que Carozzi realiza en línea con su compromiso permanente por innovar y enfrentar los desafíos de la industria de manera sostenible. La ejecutiva agrega que este esfuerzo no solo se traduce en reconocimientos importantes, como el primer lugar del Packaging Innovation Award 2025, otorgado por el Laboratorio de Envases de la Universidad de Santiago de Chile al chocolate Vizzio de Costa, gracias al rediseño de su estuche, sino que también constituye un avance real en materia de sostenibilidad y carbono neutralidad, pues “permitirá reducir en 22 toneladas anuales el consumo de cartulina y en 26 toneladas las emisiones de CO₂eq, optimizando el uso de recursos a lo largo de toda la cadena, desde la materia prima hasta la logística”. Josefa Riquelme, por su parte, considera que la trazabilidad del chocolate también adquiere más relevancia, porque “el consumidor no solo quiere saber qué ingredientes se utilizan, sino de dónde provienen”. Todo ello como una forma de tener más certeza respecto de la real naturaleza de las materias primas utilizadas, y de su impacto en el medio ambiente. EVOLUCIÓN FUTURA Pero como el mercado es cada vez más dinámico, sus protagonistas consideran que en el corto plazo seremos testigos de nuevos cambios, a medida que las tendencias de consumo se orienten hacia otros rumbos. En este plano, Leonardo Lembo considera que pronto “veremos un mayor desarrollo en reducción de azúcar y grasas saturadas, más trazabilidad y productos plant based, sin lactosa y sin trazas lácteas, mientras que en sabores, seguiremos innovando con combinaciones como chocolate–caramelo o chocolate–avellana, que en Europa ya están consolidadas y en LATAM tienen mucho potencial”. En su opinión, el actual mercado del chocolate exige equilibrio entre innovación, sostenibilidad, experiencia sensorial y tradición; y como cada país tiene requerimientos distintos, la flexibilidad será cada vez más fundamental para responder en forma oportuna y ágil a los cambios. “Por eso, el compromiso de Unigrà es mantener la máxima flexibilidad estratégica para adaptarse a los cambios y nuevas exigencias del mercado”, enfatiza. Por su parte, Camila Urrutia estima que los consumidores hoy también buscan ir más allá del producto en sí, a través de la experiencia. “Un ejemplo claro -indica- es el fenómeno de Dubái, donde el formato y la textura de ciertos productos impactaron fuertemente en medios digitales, se volvieron virales y rápidamente tanto empresas grandes como pequeñas adaptaron sus propuestas para sumarse a esa tendencia”. En tal sentido, la ejecutiva de Carozzi plantea que el principal desafío de la industria es justamente innovar en formulaciones, sabores o experiencias, sin afectar la cualidad que el consumidor más valora en el chocolate: el sabor. De todos modos, esta preferencia por el sabor apetitoso no debe impedir una mayor concientización reflejada en el aumento en la demanda de productos plant-based o libres de alérgenos, pues tal como afirma Josefa Riquelme, más pronto que tarde el mercado evolucionará hacia el uso de materias primas y productos aptos para todos los consumidores. “Por eso en Bomjoss hace 5 años que incorporamos chocolates libres de azúcar, soya, gluten e ingredientes de origen animal, que además son responsables con el medio ambiente y trazables, porque el objetivo es ir siempre mejorando, y tanto nosotros como las demás chocolaterías formadas por emprendedores, aplicaremos más actualización y flexibilidad en la búsqueda de materias primas saludables, deliciosas e innovadoras”. GALERÍAOTROS REPORTAJES a producción eficiente, sostenible y circular es uno de los principales objetivos a lo cuales se orienta, actualmente, la producción de alimentos, bebidas e ingredientes en todo el mundo. Esto se traduce en que el desarrollo de nuevos materiales y materias primas a partir de recursos naturales ya existentes, pero que han sido descartados por diversas razones, se ha convertido en una de las áreas más prometedoras de la investigación científica actual. En ese contexto, la quitina y su derivado, el quitosano (dos polisacáridos presentes en organismos como crustáceos, insectos y hongos) han despertado un creciente interés por sus múltiples propiedades funcionales y aplicaciones potenciales en áreas tales como, por ejemplo:
Al respecto, el académico del Departamento de Ingeniería en Alimentos de la Universidad de La Serena, Ronny Martínez, lidera actualmente un proyecto que busca explorar todas las atractivas potenciales presentes en este campo. La iniciativa, en la que también participa la académica del departamento de Química de la Universidad de La Serena, Claudia Bernal, se denomina “Towards enzyme-based chitosan production from shrimp processing waste: Improving the performance of chitinase and chitin deacetylase using enzyme engineering” y forma parte del proyecto FONDECYT 1230483. Tal como explica el Dr. Martínez, este proyecto busca impulsar el desarrollo de procesos biotecnológicos más sustentables, para obtener quitina a partir de residuos de crustáceos generados en la Región de Coquimbo y transformarla en quitosano. Para tales efectos “se utilizan enzimas que permiten reemplazar los métodos químicos tradicionales, con el objetivo de reducir el impacto ambiental y económico de su producción, generando compuestos con propiedades útiles para distintas aplicaciones”, detalla el académico e investigador. El Dr. Martínez, PhD en Ingeniería Bioquímica, también detalló que “la quitina es un polisacárido formado por largas cadenas de azúcares llamados N-acetilglucosamina y cuando a esas unidades se les elimina el grupo acetilo, se transforman en glucosamina, con la cual se forma el quitosano”. A diferencia de la quitina, el quitosano es soluble en soluciones ácidas y forma geles, lo que amplía sus aplicaciones en diversas áreas industriales, incluyendo la formulación de alimentos con propiedades funcionales. Sin embargo, su obtención tradicional se realiza mediante procesos químicos intensivos con ácidos y alcalinos concentrados, que son de alto costo y, al mismo tiempo, poco sustentables. Frente a este escenario poco favorable, el proyecto liderado por el Dr. Martínez busca desarrollar métodos más sustentables para transformar la quitina en quitosano mediante el uso de enzimas, “ya que estas son proteínas que catalizan reacciones químicas que permiten modificar estos compuestos”. Esto permite, por ejemplo, “convertir quitina en quitosano de bajo peso molecular, pero en condiciones mucho más amigables desde el punto de vista económico y medioambiental, en comparación con los procesos químicos tradicionales”, enfatizó el académico e investigador. ECONOMÍA CIRCULAR Por su parte, la doctora en Ciencias Químicas, Claudia Bernal, recalcó que uno de los aspectos más importantes de esta investigación radica en que la quitina se encuentra en el exoesqueleto de crustáceos e insectos, y en los hongos. Esto abre múltiples e interesantes oportunidades para obtenerla a partir de descartes de la producción de crustáceos, que hoy no son revalorizados de manera conveniente. “Aunque durante décadas recibió menos atención que la celulosa, la cual está presente principalmente en las plantas y es el polímero natural más abundante del planeta, hoy existe un creciente interés en la quitina y su derivado, el quitosano, debido a sus valiosas propiedades como material, sus aplicaciones funcionales y a que no tiene compromiso con la seguridad alimentaria”, explica la Dra. Bernal. “Sin embargo -añade-, para que este gran potencial sea aprovechado se requiere del estudio de procesos químicos sustentables y eficientes, los cuales pueden lograrse desde la biocatálisis que es lo que busca este proyecto”. DESAFÍOS Respecto de los objetivos de mediano y largo plazo, el Dr. Martínez afirma que uno de los principales desafíos radica en que muchas enzimas aún no están preparadas para procesos industriales, porque son más sensibles que los métodos químicos. “(Las enzimas) Funcionan solo en rangos específicos de temperatura, pH y salinidad, y si cambian esas condiciones, pueden desactivarse, lo que dificulta su uso a gran escala”, detalla. Por ello, aunque estos procesos pueden realizarse en laboratorio, a nivel industrial todavía se utilizan métodos químicos. El investigador también precisa que muchas de estas enzimas no están disponibles en las cantidades necesarias para la producción a gran escala, donde se requieren gramos o incluso kilos para que el proceso sea viable. Para enfrentar estas limitaciones, el proyecto trabaja en la producción y mejoramiento de enzimas mediante ingeniería de proteínas. Esto permite generar miles de variantes mediante mutaciones, para luego seleccionar las que muestran mejor desempeño en condiciones industriales, de manera que puedan incorporarse al sistema productivo. “Tras tres rondas de screening, produciendo miles de versiones de la enzima con mutaciones al azar, logramos identificar una nueva versión de la enzima quitosanasa, que tiene mayor estabilidad a alta temperatura (54°C) y mayor capacidad para degradar quitosano en cadenas cortas y solubles”, puntualiza el Dr. Martínez. Las mutaciones identificadas en esta nueva variante, y las potenciales explicaciones del mecanismo de mejora a nivel molecular, serán reportadas prontamente en revistas científicas, “mientras que hay aplicaciones específicas de la quitosanasa que pueden tener relevancia comercial en el corto plazo”, agrega. COLABORACIÓN Otro aspecto destacado del proyecto, consiste en el trabajo conjunto realizado con la empresa regional Crustanic, que produce quitosano a partir de residuos de camarones y langostinos procesados en la Región de Coquimbo. “Para la industria, es atractivo producir quitosano con enzimas, pero las empresas no tienen la capacidad de desarrollarlas por sí solas. Ahí entra la academia, aportando investigación y desarrollo para generar estas herramientas biotecnológicas”, enfatiza el líder del proyecto. El Dr. Martínez también detalla que “este trabajo busca obtener quitosanos más pequeños y solubles, lo que facilita su uso en aplicaciones como la agricultura, evitando problemas como la formación de sólidos que pueden obstruir sistemas de riego y mejorando la funcionalidad del producto”. El investigador hizo hincapié, además, en los beneficios a largo plazo de esta iniciativa, “porque abre la posibilidad de que en el futuro podamos aprovechar miles de toneladas de residuos de la industria de camarones y langostinos que hoy se descartan”. De hecho, en la actualidad hasta 80% de los ejemplares capturados en ríos y océanos, termina como desecho, generando altos costos económicos y ambientales. “Esos residuos pueden transformarse en nuevos bioproductos de alto valor, que es algo que nos gustaría mantener a través del proyecto SATREPS de Recuperación de Bioproductos de Alto Valor, para Aumentar la Sustentabilidad de la Industria Pesquera en Chile (ReBiS), que lidero junto a colegas de la Universidad de La Serena y la UCN”, precisa el Dr. Martínez. GALERIAOTROS REPORTAJES no de los avances más notorios y disruptivos experimentados por la industria alimentaria en los últimos años, es el uso de Inteligencia Artificial (IA); herramienta que en muy poco tiempo evolucionó desde una simple plataforma para impulsar innovación creativa, a convertirse en sustento esencial de toda la cadena de valor sectorial. Esto no solo se traduce en mayor búsqueda de eficiencia productiva, sino también en avances trascendentales en otras áreas de igual importancia como, por ejemplo, inocuidad, desarrollo de ingredientes o materias primas más saludables, uso más eficiente de recursos naturales, reutilización de descartes, lucha contra el desperdicio alimentario y más sostenibilidad global. Los agricultores, por ejemplo, pueden utilizar diversas app de IA para optimizar el riego en zonas aquejadas por sequías, distribuir los cultivos de acuerdo con la características topográficas de cada terreno, programar la ordeña de ganado en granjas robotizadas y controlar mejor las plagas mediante drones operados mediante dispositivo móviles, entre otras posibilidades. La gran industria, a su vez, puede utilizar IA y analítica de datos para aplicar mejora continua en prevención de riesgos, desarrollar nuevos ingredientes sucedáneos, explorar las potencialidades que ofrecen las proteínas alternativas, combinar sabores y características organolépticas disruptivas e, incluso, diseñar productos orientados a públicos con necesidades y requerimientos específicos. Las cadenas logísticas, en tanto, pueden emplear redes de sensores monitoreados por equipos programados mediante algoritmos específicos, para mejorar el cuidado de las cadena de frío, automatizar la gestión de bodega, y agilizar el despacho de productos. El retail, por su parte, podría utilizar analítica de datos para mejorar su capacidad de reponer stock y responder en forma más ágil y eficiente a las demandas de los consumidores. Y los emprendedores, pueden recurrir a la IA para mejorar su capacidad de adaptarse a los cambios en las tendencias de consumo, ofrecer nuevos productos de nicho y aprovechar de mejor forma las oportunidades de impactar mediante formulaciones funcionales e ingredientes disruptivos. Un extenso abanico de posibilidades, que hoy abre enormes perspectivas de desarrollo a todo el ecosistema agrifoodtech y que, a juicio del profesor Francisco Pérez Bravo, Licenciado en Bioquímica de la Universidad de Santiago de Chile, Doctor en Ciencias Biológicas, con mención Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, España, y director del Instituto de Tecnología de los Alimentos, INTA, de la Universidad de Chile, demuestra la enorme (y aún inexplorada) capacidad de la IA para impulsar el desarrollo de una industria alimentaria mucho más eficiente, “gracias a la optimización de prácticamente toda la cadena de valor, desde la producción agrícola hasta la distribución y el consumo”. El Dr. Pérez Bravo destaca, por ejemplo, que una industria más precisa y eficiente gracias al uso de IA, automatiza el procesamiento y la manufactura, mejora la gestión de inventarios y la predicción de la demanda, acelera el desarrollo de nuevos productos y refuerza el control de calidad e inocuidad. “Además -señala-, contribuye a la sostenibilidad, al reducir desperdicios y su consecuente impacto ambiental”. Ventajas que también resalta Pedro Saa Higuera, investigador asociado del Centro Nacional de Inteligencia Artificial, CENIA, para la RL4 “Aprendizaje automático basado en la física”, para quien la IA puede transformar por completo la industria alimentaria, “permitiendo una gestión más eficiente en toda la cadena de valor, desde el desarrollo de productos, pasando por la producción, hasta el diseño de nuevos alimentos y bebidas basados en las preferencias del consumidor”. “Por ejemplo -detalla Saa-, mediante algoritmos predictivos que incorporan elementos de IA, se puede optimizar la planificación de la producción y el control de inventarios, reduciendo costos y haciendo más eficiente la operación. Mientras que en procesos de elaboración, se están usando cada vez más sistemas de visión por computador basados en modelos de aprendizaje de máquinas, para controlar la calidad de los productos, garantizando estándares sin ralentizar procesos”. El experto de CENIA detalla, asimismo, que en el ámbito agrícola la IA aplicada al uso de sensores y drones, ha facilitado el desarrollo de la agricultura de precisión, optimizando los procesos de riego y fertilización, lo que mejora el rendimiento y la sostenibilidad. “Además, el análisis avanzado de datos permite desarrollar productos innovadores adaptados a las preferencias del consumidor y a requerimientos nutricionales específicos, impulsando la competitividad y diferenciación en el mercado”, agrega. IMPACTO EN EXPANSIÓN Este destacado protagonismo, que comenzó de manera tímida, como en la mayor parte de los sectores productivos e industriales donde la IA se ha posicionado, hoy alcanza niveles de enorme impacto, que ayudan a impulsar la mejora continua de todo el sector y prometen abrir nuevos espacios para innovaciones cada vez más exitosas y atractivas, en ámbitos que antes solo parecían formar parte de la ficción literaria y cinematográfica. En tal sentido, Pedro Saa enfatiza que, aun cuando la IA en la industria alimentaria aún se encuentra en fase de consolidación, actualmente se observa un uso más intenso en áreas de predicción de demanda, optimización logística y control de calidad mediante visión computacional, mientras que en agricultura de precisión y desarrollo de nuevos productos, se observa una adopción más incipiente, aunque acelerada”. De todos modos, el experto de CENIA asegura que en el corto y mediano plazo, su importancia aumentará significativamente debido a la presión experimentada por el sector agroalimentario para cumplir objetivos que también son demandados por clientes y consumidores, como reducir desperdicios, mejorar la sostenibilidad y responder a las tendencias cada vez más exigentes de un mercado que demanda más valor nutricional e ingredientes saludables. “Además -añade Saa-, la integración con tecnologías como IoT (Internet of Things), modelos de lenguaje como ChatGPT, Large Language Models, LLMs, y análisis avanzado de datos, permitirá una automatización más profunda, posicionando a la IA como eje estratégico de la competitividad sectorial”. Diagnóstico que comparte el Dr. Francisco Pérez, quien agrega por su parte que el crecimiento exponencial de IA en la industria alimentaria ha pasado rápidamente de proyectos piloto a estándares operativos, expandiéndose desde las startups y emprendimientos biotecnológicos, a grandes empresas que hoy ya integran esta tecnología en toda la cadena de suministro. “La automatización avanzada por parte de la industria, la agricultura y la mejora en logística basada en predicción de demanda, son ya prácticas habituales (en todo el sector). Como resultado, se han logrado reducciones significativas de desperdicio (20 a 40%), y mejoras sustanciales en eficiencia global”, enfatiza el académico. PILAR ESTRATÉGICO Gracias a esta expansiva influencia, comercial y operativa, la IA se posiciona actualmente como un eje vital del crecimiento del sector, permitiendo desde una mejor eficiencia a la apertura de interesantes oportunidades de negocio, tanto en el mercado interno, como en el extranjero. De Hecho, los principales campos de aplicación de la IA en la industria alimentaria actual abarcan diversas dimensiones de gran impacto estratégico, incluyendo la mejora continua de procesos en tiempo real, la optimización de la inocuidad, la reducción de desperdicios y la mejora en gestión de inventarios. Uno de los ejemplos más característicos de estas aplicaciones estratégicas, tal como explica Pedro Saa, es el uso de los llamados “gemelos digitales” o réplicas digitales de procesos reales, que permiten simular en tiempo real cualquier eslabón de la cadena productiva (incluyendo la operación completa de una fábrica, por ejemplo), mediante la combinación de diferentes tipos de modelos físicos y sistemas de aprendizaje automático. Esto se traduce, directamente, en mejor capacidad para prevenir fallas, corregir errores y optimizar todo el proceso de elaboración de un alimento, desde la granja hasta la mesa del consumidor. “En mi experiencia profesional, nos ha tocado digitalizar procesos en la industria de bebidas fermentadas, generando importantes avances en la eficiencia de procesos. A su vez, la inocuidad alimentaria también se beneficia de tecnologías de visión computacional y análisis predictivo, para garantizar máximos estándares sanitarios en tiempo real”, enfatiza Saa, quien también detalla que la sostenibilidad ha sido un factor clave para impulsar el mayor uso de IA, “ganando terreno en áreas como la agricultura de precisión para el manejo óptimo de recursos hídricos y agrícolas”. El investigador de CENIA destaca, asimismo, el aporte que esta tecnología ha brindado para que la nutrición de precisión se posicione como área innovadora de gran potencial de crecimiento, apoyada en el análisis de datos para diseñar productos adaptados a perfiles específicos, tal como ya lo hacen diversas startups que siguieron el ejemplo de la firma NotCo. Saa también recalca que el posicionamiento de mercado se potencia mediante el uso de IA aplicada al análisis de tendencias y comportamiento del consumidor, “identificando nichos de mercado no ocupados, o bien, permitiendo una diferenciación más efectiva”. Para el Dr. Francisco Pérez todos estos avances también han ayudado a optimizar la cadena de suministro, especialmente en variables críticas como pronóstico de demanda, gestión de inventarios y reducción del desperdicio, donde la adopción de IA se refleja directamente en reducción de costos, aumento de eficiencia y mejores resultados operativos, con beneficios rápidos, concretos y medibles. Y si bien -tal como comenta el director de INTA- este recorrido de la IA en la industria ha sido “silencioso”, en muy poco tiempo ha logrado incrementar su productividad y reducir sus costos, impulsándola hacia la consolidación de un sistema alimentario más responsable, inocuo, seguro y sostenible. “Hoy, por ejemplo, la IA es un instrumento clave en la automatización de fábricas, en la agricultura digitalizada y en el mejoramiento logístico, logrando además importantes reducciones de desperdicio y mejoras de eficiencia global”, detalla el académico. En su opinión, en el corto plazo la IA debiera impulsar una transformación aún mayor, lo que permitiría contar, por ejemplo, con fábricas y explotaciones agrícolas con autonomía casi total; lanzamiento de productos alimentarios de diseño específico para grupos de riesgo; y desarrollo de cadenas de suministro autoajustables con enfoque avanzado en sostenibilidad. Ejemplos que, en conjunto, consolidarían a esta tecnología como eje central y estructural del presente y futuro de la industria alimentaria en todo el mundo. IMPACTO EN EL ECOSISTEMA Parte importante de esta evolución progresiva proviene de la necesidad de dar a la industria mejores herramientas para responder en forma ágil y eficiente a las cambiantes tendencias de consumo de la población. Objetivo que, además, impulsa con gran energía el crecimiento de un entusiasta ecosistema emprendedor, que decidió aprovechar a tiempo y al máximo, todas las ventajas de competitividad y posicionamiento que entrega esta tecnología. En tal sentido, Pedro Saa asegura que los cambios en las tendencias de consumo están siendo un motor cada vez más clave para la adopción de IA en el sector Agrifoodtech, y que seguirán impulsando su crecimiento en el corto y mediano plazo. Como ejemplo, cita la demanda por alimentos más saludables, personalizados y sostenibles, que hoy obliga a las empresas a incorporar soluciones basadas en IA para analizar grandes volúmenes de datos respecto de preferencias, hábitos, salud y perfiles nutricionales. “En este contexto, la IA no solo será una herramienta complementaria, sino un factor estratégico para responder a consumidores cada vez más informados y exigentes”, precisa el experto de CIENA, agregando que “frente a estas exigencias el ecosistema emprendedor ha sido más rápido para reaccionar que las empresas tradicionales”. A su juicio, esto se debe, probablemente, a la estructura más flexible de las startups, así como a su mayor adaptabilidad y capacidad para pivotear hacia modelos de negocio innovadores y sin las limitaciones propias de las empresas tradicionales. “Además -agrega-, las tecnologías actuales basadas en IA han permitido, hasta cierto punto, democratizar el acceso a herramientas clave. En contraste, las empresas tradicionales suelen enfrentar procesos más largos de integración tecnológica por su tamaño, mayores regulaciones internas y costos de transformación menos flexibles, aunque en el último tiempo hemos visto que muchas están acelerando su adopción, para no perder competitividad”. Por su parte, el Dr. Francisco Pérez cree que la IA también ha jugado el papel de catalizador de diversos cambios en las tendencias de consumo en los distintos segmentos de la población, evolución que, en su opinión, fue más notoria luego de la pandemia de Covid19, gracias a que los algoritmos expandieron de manera exponencial entre la población las posibilidades de búsqueda e información respecto del valor nutricional de los alimentos. “En este sentido -indica el director de INTA-, las apps han jugado un papel fundamental en estos perfiles de elección, pues, por ejemplo, en el grupo objetivo de 18 a 35 años aparecen las tendencias de sin azúcar, sin gluten, sin ultraprocesados, y con más alimentos plant-based y sostenibles; mientras que en adultos y grupos familiares, la IA se utiliza para búsqueda de alimentos rápidos, pero saludables y de etiquetas claras e inteligentes que expliquen tanto sus ingredientes, como el valor nutricional”. El Dr. Pérez Bravo también asegura que los consumidores mayores se han sumado a este uso de la tecnología, para buscar alimentos funcionales, productos de fácil digestibilidad y personalizados, para prevenir o mitigar enfermedad crónica. Al mismo tiempo, toda esta segmentación potenciada por los softwares y agentes de IA ha brindado múltiples oportunidades a los emprendedores y pequeños productores de alimentos, para mejorar la eficiencia, calidad y sostenibilidad de sus negocios. “Este es un aspecto que no se veía con mucha claridad, pero la evidencia ha demostrado que la IA impacta positivamente en el mundo emprendedor, ayudándoles a mejorar aspectos como etiquetado, envasado y gestión del inventario para reducir desperdicios. En otras palabras, los ha ayudado a mejorar su posicionamiento y a conocer mejor al consumidor, para enfocar el desarrollo de nuevos productos”, destaca el director de INTA, agregando que estas ventajas impulsan a los pequeños productores “a adoptar herramientas de IA más accesibles, que les permiten mejorar su competitividad y sostenibilidad a medida que crecen”. DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES Todos estos cambios, sin embargo, también plantean múltiples desafíos para todo el ecosistema que, en opinión de Pedro Saa, incluyen la integración tecnológica en infraestructuras existentes, la gestión responsable de datos a gran escala, la adaptación de procesos, y la captación de talento especializado que sepa implementar y mantener soluciones basadas en IA. “También persisten barreras relacionadas con inversión inicial y resistencia cultural al cambio en empresas tradicionales, aunque al mismo tiempo se pueden identificar grandes oportunidades en mejora de procesos, control de calidad, predicción de demanda y preferencias del consumidor, y desarrollo de nuevos alimentos para públicos más exigentes”, enfatiza el investigador de CIENA. Por su parte, el Dr. Pérez Bravo considera que, a largo plazo, el uso de IA deberá tener presente la prevención de “algunos impactos que pueden marcar diferencias entre los diferentes actores de la industria alimentaria”. Entre ellos menciona la necesidad de garantizar acceso igualitario a la tecnología y ampliar el foco de la capacitación, “para disminuir la brecha tecnológica entre las grandes empresas y los emprendedores”. “Otra gran reto -agrega- es mantener la confianza del consumidor y la sostenibilidad del sector, mediante una regulación ética y una adaptación cultural y laboral, más ágil y eficiente, a un sistema que llegó para quedarse”. Variables que abren más y mejores perspectivas de desarrollo para una tecnología que recién da sus primeros pasos en un sector trascendental para la supervivencia de la humanidad, y cuyo crecimiento podría dar paso a la implementación de soluciones cada vez más innovadoras, e incluso desconocidas, pero que son necesarias para alcanzar el objetivo de cuidar la salud de la población y también del planeta. GALERÍAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista – Editor Indualimentos as actuales tendencias de alimentación que manifiestan los consumidores, se orientan principalmente a la búsqueda de productos más saludables y nutritivos. Así lo afirman los más recientes estudios publicados por destacadas consultoras internacionales, como Euromonitor, Innova Market Insights y McKinsey, entre otras. Sin embargo, los análisis de mercado también enfatizan que esta orientación hacia lo natural y saludable no implica renunciar al placer de lo “organolépticamente atractivo”. Es decir, los consumidores buscan cuidar su salud y calidad de vida, pero no se conforman solo con degustar sabores poco atractivos, sino que esperan “mimos” y atenciones especiales, en términos de presentación y, por cierto, de placer sensorial y palatabilidad. Tendencia que se engloba dentro de lo que hoy se conoce como concepto “Mejor para Ti” o BFY (Better for You), el cual define precisamente la orientación hacia alimentos que tengan más ingredientes con propiedades funcionales (como proteínas, vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, entre otros), y que se traduzcan en beneficios concretos para la salud y calidad de vida, pero que, al mismo tiempo, proporcionen deleite y disfrute para los sentidos. Por ejemplo, el estudio “Disfrutando la Salud”, publicado a principios de año por Innova Market Insights, muestra que más de la mitad de los consumidores modernos se orientan hacia dicha tendencia, adaptando sus respectivas decisiones de compra de acuerdo con esos atributos. Ello ha motivado a los fabricantes de alimentos y bebidas a desarrollar nuevos productos que, precisamente, den respuestas concretas, eficientes y ágiles a esa necesidad de salud y bienestar, pero que también entreguen mayores márgenes de “indulgencia”. En otras palabras, ofrecer “caprichos reconfortantes” con beneficios de salud y bienestar añadidos. De hecho, para los autores del estudio, esto ha permitido que la categoría Better for You (que originalmente surgió como una respuesta neutra al exceso de alimentos con nutrientes críticos), se esté volviendo más indulgente, incorporando sabores, texturas o ingredientes de primera calidad organoléptica, y que no pierdan su capacidad de nutrir en forma saludable. EN BUSCA DEL PLACER SALUDABLE Pero, más allá de los cambios en las tendencias, ¿Qué significa que un alimento sea “saludablemente indulgente”? Si analizamos la etimología técnica de esta expresión, descubriremos que la indulgencia alimentaria es la búsqueda de productos (alimentos y bebidas) con propiedades que no necesariamente son “normales” o “indispensables”, tal como se entiende en el contexto de una dieta nutritiva y balanceada. En otras palabras, no tienen como objetivo principal nutrir de manera saludable, sino que solo responden a la necesidad de entregar placer sensorial y organoléptico, a partir de ciertas características muy específicas tales como crocancia, frescura, combinación de sabores exóticos y, por supuesto, dulzor, entre otros diversos atributos que generan apetencia (preferencia) hacia uno u otro producto. Durante muchos años, la principal fuente de indulgencia fueron los chocolates, golosinas, pasteles, postres y bebidas endulzadas con azúcar simple (sacarosa), cuyo consumo siempre fue amplia y transversalmente aceptado. Sin embargo, el auge de las nuevas tendencias de alimentación saludable, así como la adopción de nuevos marcos regulatorios que marcan a estos productos (en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, México y muy pronto también en Perú) con sellos negros que advierten a la población sobre la presencia de nutrientes críticos (como azúcar, grasas saturadas y calorías), hacen que su consumo esté cada vez más en entredicho, debido a que pueden favorecer la aparición de enfermedades no transmisibles de alto impacto (como obesidad, hipertensión y diabetes, entre otras) Todo ello derivó en la necesidad de optimizar los procesos de producción, para reorientar la oferta hacia formulaciones que pudieran equilibrar la capacidad de ser saludables y, al mismo tiempo, indulgentes. Y si bien se trata de un desafío extremadamente complejo, dada la innata preferencia del ser humano hacia los sabores dulces (heredada del contacto con la leche materna), los principales actores de la industria creen que es perfectamente factible hoy en día, producir una nueva generación de dulces, golosinas y confites con propiedades saludables y que, al mismo tiempo, no pierdan su capacidad de “encantar los sentidos”. Así lo asegura, por ejemplo, Valeria Jiménez Castro, ingeniera de Desarrollo de la empresa Taglerfood, quien explica que hoy ya existen confites más nutritivos y que no sacrifican su atractivo sensorial. “La clave -explica- está en aplicar un enfoque integral de innovación alimentaria, que combine la ciencia de los ingredientes, la percepción del consumidor y las tendencias del mercado”. La profesional enfatiza que, desde el punto de vista tecnológico, hoy la industria dispone de materias primas funcionales (como fibras vegetales, fibras prebióticas, proteínas vegetales, extractos naturales antioxidantes y edulcorantes de bajo índice glicémico), que permiten reformular confites sin comprometer textura, sabor o estabilidad. “Por otro lado -añade-, los avances en microencapsulación y tecnologías de liberación controlada, facilitan incorporar nutrientes sensibles, como vitaminas, minerales o compuestos bioactivos, sin alterar las características organolépticas del producto”. Sin embargo, para Valeria Jiménez la verdadera diferenciación de esta nueva generación de confites saludables e indulgentes, no proviene solo de “mejorar la etiqueta”, sino de crear una experiencia placentera y coherente con los valores del consumidor moderno, que son indulgencia consciente, naturalidad y transparencia. “Por eso -detalla Valeria-, el desafío para el desarrollador no es eliminar el placer del confite, sino redefinirlo, logrando un equilibrio entre salud, sensorialidad y emoción. En resumen, el futuro de los confites saludables no está en hacerlos ‘menos malos’, sino en transformarlos en vehículos de bienestar, donde cada ingrediente tenga un propósito funcional y cada bocado conecte con una historia de disfrute responsable”, enfatiza Opinión que comparte Laura Matiola, ingeniera en alimentos de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil, con posgrado en gestión de negocios, y coordinadora de Marketing de Categorías en la empresa Master Science. Durante una reciente exposición realizada en el marco del seminario del Colegio de Ingenieros Alimentos (CIACh) “Construyendo el Futuro Alimentario, que tuvo lugar durante la reciente versión 2025 de Expo Food & Service, Laura enfatizó que hoy la moderna industria alimentaria “dispone del conocimiento, la herramientas y la capacidad para desarrollar una nueva generación de confites que sean más simples, innovadores, saludables y, al mismo tiempo, sostenibles” (producidos mediante procesos que no impacten negativamente en el medio ambiente). “Esto implica -recalca-, ofrecer soluciones que puedan impactar a un consumidor mundial y local, brindando sabores capaces de despertar emociones intensas, como los recuerdos de infancia y, simultáneamente, entregar beneficios de salud, mediante la incorporación de ingredientes funcionales, como la fibra y la proteína, que contribuyen a fortalecer la microbiota y a entregar más energía, respectivamente”. Estos objetivos y capacidades industriales se enmarcan de manera precisa con las recientes orientaciones que expresan los consumidores tanto de Chile como América Latina y que, de acuerdo con los estudios de Innova Market Insights, muestran una marcada tendencia hacia el “sentirse bien”, tanto física como mentalmente. Un camino que necesariamente lleva a la búsqueda de nuevos placeres sensoriales y a la valorización de propuestas más disruptivas, pero que no pierdan de vista la salud, la tradición culinaria y el bienestar integral. Casos recientes de éxito, dentro de este camino evolutivo, son los emprendimientos chilenos Granolin y Kiwicha, que ofrecen una amplia variedad de barras proteicas naturalmente endulzadas, en formulación tradicional o vegana, y que combinan sabores altamente atractivos y novedosos, propios de la tradición latinoamericano, como cacao, maracuyá y amaranto, pero combinándolos precisamente, con ingredientes funcionales de alto valor nutritivo, como proteínas y fibra. Al respecto, Valeria Jiménez comenta que estos ejemplos responden precisamente al fenómeno de que los consumidores chilenos y latinoamericanos están experimentando una transformación “muy interesante en su relación con los confites y dulces, pues ya no buscan solamente comer o beber “algo rico”, sino degustar una experiencia que combine placer, autenticidad y propósito. “Esto significa -precisa la profesional- que el consumidor actual valora tanto el sabor como el significado detrás del producto. Es decir, por un lado, sigue existiendo un fuerte componente emocional, pues los confites evocan momentos de infancia, celebración y recompensa, y ese vínculo afectivo sigue siendo central; mientras que por otro lado, el consumidor moderno, especialmente las nuevas generaciones, es más consciente de su bienestar, salud y nutrición, por lo que espera opciones más naturales, transparentes y equilibradas. En otras palabras, quiere disfrutar, pero sin culpa”. La profesional de Taglerfood también destaca que las actuales tendencias de consumo se orientan cada vez más a productos prácticos y convenientes, que se adapten a su ritmo de vida, y permitan más control sobre el tiempo y la calidad de preparación. Es decir, “productos fáciles de elegir, disponibles en formatos accesibles, con mensajes claros y coherentes con su estilo de vida (como los snacks dulces saludables, por ejemplo)”. Variables que, en Chile y gran parte de Latinoamérica, se combinan con el interés creciente por productos que reduzcan el azúcar, utilicen colorantes y sabores naturales, e incluyan ingredientes con valor funcional, como frutas reales, fibras o vitaminas. “También hay una búsqueda por marcas honestas y cercanas, que comuniquen de forma clara sus ingredientes y procesos”, añade Valeria Jiménez. “Además -agrega-, el consumidor latino tiene un perfil muy sensorial, pues disfruta los sabores intensos, las texturas marcadas y las experiencias multisensoriales. Por eso, el desafío para las marcas no es solo hacer más saludable al confite, sino mantener su carácter lúdico y emocional, mientras se avanza hacia formulaciones más limpias y sostenibles”. En síntesis, tal como explica la especialista de Taglerfood, la industria enfrenta el desafío de responder en forma ágil y oportuna a una “búsqueda de placer con propósito”, porque los consumidores quieren que un confite los haga sentir bien, pero también que esté alineado con sus valores de salud, sostenibilidad y autenticidad. “Esa es la nueva frontera de innovación en la categoría”, asegura Valeria. INNOVACIONES FUTURAS Si bien el desafío sigue siendo complejo desde el punto de vista comercial y tecnológico, los expertos coinciden en que la industria, tanto a nivel de emprendedores como de compañías tradicionales, está preparada para responder en forma exitosa, pues el avance disruptivo de la tecnología y la biociencia, promete un futuro cada vez más sorprendente en materia de desarrollo de nuevos productos, capaces de ofrecer no solo indulgencia saludable, sino de consolidarse como verdaderos exponentes de lo que podría denominarse como la nueva “era de la indulgencia nutracéutica”. Así lo sostiene Valeria Jiménez, quien enfatiza que el escenario actual es solo el preámbulo de una nueva y disruptiva era en confitería. “El concepto de “confites saludables e indulgentes” ya no es una contradicción, sino una tendencia consolidada que seguirá evolucionando, impulsada por la ciencia de los alimentos, la sostenibilidad y los cambios en el comportamiento del consumidor”. “El avance en nuevos ingredientes funcionales, como fibras con efecto prebiótico, extractos botánicos adaptógenos o proteínas vegetales con propiedades texturizantes (entre otras opciones), abre oportunidades enormes para reformular productos con beneficios reales para la salud, pero que sigan siendo placenteros. A esto se suma la exploración de endulzantes naturales de nueva generación, que permiten mantener la experiencia sensorial del azúcar sin sus efectos metabólicos”, añade. En cuanto a la irrupción de nuevos sabores, Jiménez comenta que seremos testigos de una fuerte influencia de la identidad latinoamericana, con el uso de frutas autóctonas, hierbas y especias locales reinterpretadas desde la innovación. “En Taglerfood estamos trabajando en esa dirección: rescatar ingredientes tradicionales y darles un nuevo protagonismo dentro de una categoría históricamente asociada a lo artificial”. “También creemos -indica- que la tecnología seguirá siendo clave, mediante procesos más precisos, como controles de textura mediante hidrocoloides naturales, y microencapsulación avanzada para preservar compuestos sensibles. Todo esto permitirá desarrollar confites con perfiles sensoriales más complejos, pero también con propiedades funcionales diferenciadas”. Aspectos que también resalta Laura Matiola, quien puntualiza que hoy nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos, “permitirán analizar mejor tanto las necesidades del consumidor, como la capacidad de la industria para marchar a la vanguardia, sin perder de vista las tradiciones culinarias latinoamericanas, como los sabores exóticos locales, aplicando ciencia y tecnología para desarrollar alimentos atractivos y a la vez capaces de brindar mejor salud corporal y también mental”. En suma, el futuro de los confites saludables será dinámico y diverso, lo que nos permitirá asistir al pronto advenimiento de una nueva y revolucionaria generación de productos que integrarán nutrición, placer y propósito. “Esto transformará al confite de un simple gusto pasajero, a un vehículo cotidiano de bienestar y emoción”, concluye Valeria Jiménez. GALERIAOTROS REPORTAJESPor Francisco Javier González Salvo Periodista y Editor Indualimentos a alimentación nutritiva, balanceada, inocua y segura es, sin lugar a dudas, uno de los pilares esenciales de toda estrategia destinada a fortalecer la salud integral y calidad de vida de la población. Sin embargo, para alcanzar dicho objetivo, es esencial que los protagonistas estratégicos del sector, como industrias, agricultores, emprendedores, cadenas de retail, distribuidores logísticos, establecimientos horeca y transportistas, entre muchos otros, cuenten con respaldo técnico especializado. Dicho apoyo proviene, necesariamente, de profesionales formados y capacitados para reconocer, recopilar y analizar críticamente, las distintas variables que intervienen en la producción inocua, segura, eficiente y sostenible de alimentos y bebidas. Solo de este modo es posible asegurar que las personas tengan acceso seguro y equitativo a productos elaborados a partir de los nutrientes que necesitan para potenciar su salud, y aspirar a una buena calidad de vida. Estos profesionales son los ingenieros en alimentos, que a pesar de no tener la visibilidad mediática de otras áreas del conocimiento, brindan un aporte trascendental en términos de garantizar la inocuidad, seguridad y valor nutricional de la producción agroalimentaria. INSTITUCIÓN DECANA Y PIONERA Para que este aporte sea cada vez más valioso, se requiere de entidades educacionales capaces de ofrecer programas de formación, desarrollo y perfeccionamiento constante, que preparen a los ingenieros para enfrentarse de manera flexible y adaptativa, a los constantes desafíos de un mercado en permanente transformación tecnológica, digital y, por sobre todo, cultural. Una de las entidades educacionales que precisamente contribuye a lograr exitosamente estos objetivos estratégicos, es la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que esta semana celebró 70 años de historia y tradición formativa. Aniversario que no solo confirma la inmensa contribución que esta casa de estudios superiores ha entregado, desde 1955, al desarrollo eficiente y la mejora continua de la industria alimentaria nacional, sino que también refleja el esfuerzo permanente de su cuerpo directivo y docente, por realizar actividades de investigación, desarrollo, innovación, perfeccionamiento y vinculación con el medio, que contribuyan a su mejora continua. De hecho, durante la ceremonia conmemorativa realizada en la sede de la escuela, ubicada en Playa Ancha, el secretario general de la Universidad, José Marín, quien asistió en representación del rector Nelson Vásquez, destacó el aporte realizado por profesores, funcionarios y estudiantes a lo largo de estos 70 años de trayectoria, enfatizando que son “varias generaciones de esfuerzo y dedicadas a un quehacer que se ha realizado con alto sentido de vocación y permanente responsabilidad, y que también se proyecta al futuro”. Futuro que precisamente encuentra a la Escuela en medio de un intenso proceso de modernización de infraestructura y currículum; el cual, de acuerdo con lo expresado por sus autoridades académicas, permitirá enfrentar en mejor forma los desafíos de un contexto dinámico y cada vez más desafiante, debido a los cambios experimentados tanto en las tendencias de consumo de la población, como en los propios procesos productivos. Desafío complejo, pero que al mismo tiempo representa una valiosa oportunidad de crecimiento, tal como lo reconoce el director de la escuela, Doctor Andrés Córdova, quien destaca como principal hito de esta nueva etapa la construcción de las nuevas instalaciones en el Campus Curauma. “Trasladarnos a Curauma nos permitirá continuar de mejor forma el trabajo que realizamos en todas las áreas de formación de pre y pos grado, y también favorecerá nuestra comunicación directa con las otras facultades que están en el campus”, enfatiza el directivo. “Desde esa perspectiva -agrega-, también nos abre más oportunidades para ofrecer a la universidad y a la comunidad en general, todo lo que podemos entregar desde nuestro quehacer de formación, investigación y desarrollo”. Visión que también comparte la secretaria académica de la Escuela de Alimentos, Lorena González, quien recordó con orgullo la contribución de la carrera a la formación de profesionales en el país. “Estamos muy contentos con los 70 años que estamos cumpliendo, porque desde 1955 que nuestra carrera está formando ingenieros que se desempeñan exitosamente en las empresas de alimentos, en organizaciones vinculadas a la industria y al rubro”, afirma. “Por eso -agrega-, tenemos la esperanza y la certeza de que seguiremos construyendo futuro y aportando al desarrollo alimentario de Chile y el mundo”. FORMACIÓN DE EXCELENCIA A lo largo de su 70 años de historia, la Escuela de Alimentos de la PUCV no solo se ha posicionado como entidad decana de la Ingeniería de Alimentos en Chile, sino también como referente de prestigio para América Latina, en la formación de profesionales capacitados para afrontar los desafíos del sector. Esto permite que el Ingeniero de Alimentos de la PUCV domine conocimientos actualizados de ciencias básicas, ciencias de la ingeniería, ingeniería aplicada y gestión, lo que se traduce en mayor capacidad para administrar, diseñar, y/o mejorar procesos de producción industrial de alimentos, garantizando, al mismo tiempo, su calidad, inocuidad y sostenibilidad ambiental. “Nuestros profesionales se destacan por sus excelentes habilidades interpersonales en el trabajo, desplegando en su actuar, los valores éticos de respeto y búsqueda del bien común que transmite nuestra universidad. Ello les permite ser un aporte valioso en cualquier organización relacionada al ámbito de los alimentos”, enfatiza el Dr. Andrés Córdova. “Gracias a esta trayectoria -enfatiza- hoy nos hemos posicionado como referentes nacionales e internacionales en formación de profesionales, en investigación y en la vinculación con el medio social en general y agroalimentario en particular”. “Por ello, estamos orgullosos de que, desde 1955 a la fecha, nuestra escuela ha formado a miles de profesionales que se han insertado con éxito en el sector agroalimentario, nacional e internacional, liderando procesos de producción, innovación y aseguramiento de calidad, aportando excelencia académica y sello valórico, y realizando una contribución decisiva para el desarrollo del país. Por lo tanto, formar ingenieros e ingenieras de alimentos ha sido y seguirá siendo, para nosotros, un factor primordial para el desarrollo estratégico para Chile”, puntualiza Córdova. INNOVACIÓN MULTIDISCIPLINARIA El valioso aporte educativo que hoy brinda la escuela de alimentos de la PUCV no termina en la titulación de sus estudiantes. De hecho, la institución hoy también es un referente internacional de formación continua, gracias a la implementación de programas que han marcado hitos fuera de nuestras fronteras, como por ejemplo, el diplomado en micro cervecería, que cuenta con más de 12 años de trayectoria y del cual han egresado 250 profesionales, cuyas competencias son reconocidas en diversas latitudes del continente. Este diplomado está dirigido a profesionales y emprendedores relacionados con la producción y/o comercialización de cerveza artesanal en Chile y en el extranjero, y que deseen ampliar sus conocimientos y competencias en aspectos clave, tales como producción, calidad, marketing y valorización de oportunidades de negocio. Para ello, entrega diversas herramientas científicas y tecnológicas relacionadas con la producción y comercialización de cerveza, que permitan al estudiante identificar y desarrollar proyectos de innovación; crear modelos de negocios; introducir mejoras en los procesos productivos; e impulsar una auténtica cultura de calidad para el desarrollo de productos y servicios en el competitivo mercado cervecero. Otro programa destacado es el International Diploma in Craft Distiling (Diploma Internacional en Destilación, que consta de una serie de cursos diseñados para proporcionar al alumno los conocimientos necesarios sobre la ciencia y tecnología detrás de la destilación. Sus temas principales incluyen historia, técnicas y tecnología de varios tipos de bebidas espirituosas destiladas para consumo humano de todo el mundo (como whisky, brandy, ron, vodka, coñac, pisco y ginebra, entre otras). También cubre áreas como química aplicada, física, microbiología y conocimientos de ingeniería necesarios para operar diferentes tipo de alambiques de etanol. Aborda, así mismo, algunos de los diversos aspectos legales relacionados con la producción de alcohol y, además, incluye una práctica de destilación de whisky o pisco, así como visitas a destilerías en funcionamiento. Otro programa de alto valor educacional es el diplomado en Ingeniería de Alimentos, cien por ciento online y que fue pionero en esta modalidad. Esta iniciativa cuenta con 20 años de vigencia, y ha permitido actualizar los conocimientos de cientos de profesionales en áreas críticas de la producción de alimentos. A ellos se suma el doctorado en ciencias agroalimentarias, programa en el que convergen de forma armónica los saberes de las ciencias agrarias y de la ingeniería de alimentos, y que se realiza con la participación equitativa de profesionales de la escuela de Agronomía. Y como la mejora continua también requiere el perfeccionamiento de las estrategias, herramientas y metodologías destinadas a la enseñanza, la escuela también espera poner en marcha, en el corto plazo, nuevos programas de formación continua relacionados con las necesidades actuales del sector agroalimentario, en especial la adopción de tecnologías disruptivas y la obligación de implementar sistemas de producción regenerativos, sostenibles y amigables con el medio ambiente. “Todo esto -explica el profesor Andrés Córdova, se ha logrado gracias a la visión estratégica de nuestra facultad, que se traduce en un trabajo mancomunado que en pocos años ha demostrado ser una excelente herramienta para construir un espacio de excelencia y colaboración. Y a pesar de que se trata de un programa relativamente joven, ya se encuentra acreditado por 5 años, y se ha logrado articular con diversas áreas de investigación de frontera como bioingeniería, sostenibilidad, investigación y calidad de la producción agroalimentaria”. Al respecto, el directivo destacó también que en la actualidad la escuela de alimentos de la PUCV desarrolla proyectos financiados por FONDEF, fondos internos de la universidad y aportes privados, para llevar adelante importantes iniciativas en temáticas tales como biorrefinería de materiales agroalimentarios, con énfasis en la valorización de residuos agroindustriales para generar nuevos ingredientes y compuestos de nueva generación que permitan, por ejemplo:
Algunas de estas tecnologías emergentes de procesamiento se traducen, por ejemplo, en la producción de nuevos alimentos saludables y con propiedades funcionales, incluyendo proteínas hidrolizadas; así como en el desarrollo de nuevos productos fermentados que entregan bienestar y valor al patrimonio cultural de Chile. Uno de estos proyectos corresponde al trabajo con algas marinas locales, que lleva a cabo el profesor Sebastián Pizarro, cuyos avances prometen alcanzar nuevos umbrales de sostenibilidad de procesos, así como también brindar un fuerte reimpulso a la economía circular, mediante la innovación tecnológica de frontera. Todo ello, tal como asegura el Dr. Córdova, con el objetivo final "de avanzar en la construcción y consolidación de una agroindustria más verde y amigable con el ambiente". “Estos proyectos no solo generan publicaciones científicas de alto impacto, sino que también algunos de ellos están contribuyendo a crear soluciones que van directamente aplicadas a la industria de alimentos local, manteniendo un diálogo permanente con el sector productivo”, destaca. VINCULACIÓN CON EL MEDIO La escuela de alimentos de la PUCV también ha mantenido un fuerte y permanente compromiso con la sociedad, que se plasma, por ejemplo, en las actividades que realiza su Laboratorio de Asistencia Técnica, ASISTEC, que brinda apoyo especializado a empresas e instituciones mediante acciones de alto impacto para todo el ecosistema agroalimentario, como análisis de control microbiológico y químico, estudios de vida útil, análisis de agua y muestreo de controles sanitarios, entre otros servicios. La escuela también ha realizado un extenso programa de capacitaciones que han beneficiado a más de 13.000 personas en 35 comunas a lo largo de todo el país, lo que ha permitido fortalecer los conocimientos, competencias y habilidades de una gran cantidad de capital humano, tanto en el sector público como privado, y así como también cubrir las necesidades de microemprendimientos y grandes empresas. Asimismo, se han llevado a cabo diversos proyectos de alto impacto comunitario en soberanía alimentaria, como el fortalecimiento de los ecomercados solidarios. A ellos se suman diversos talleres para adultos mayores y pasantías escolares, que demuestran que la ingeniería en alimentos no solo transforma a la industria, sino también vidas. Sin embargo, este trabajo no termina ahí, pues hoy la escuela de Alimentos de la PUCV está abocada a abordar con mayor energía los desafíos que hoy interpelan a la industria y a toda la sociedad, como el cambio climático, la inflación alimentaria, las enfermedades no transmisibles, y las nuevos requerimientos nutricionales de una población que crece, pero al mismo tiempo, también envejece. “Es importante reconocer que si queremos que nuestro país avance hacia su consolidación como potencia agroalimentaria, nuestro esfuerzo disciplinar no bastará por sí solo, sino que debemos tener la flexibilidad para adaptarnos a estos nuevos escenarios”, explica Andrés Córdova. En ese sentido el directivo enfatiza que uno de los principales objetivos estratégicos presentes, radica en trabajar conjunta e inter disciplinariamente, para potenciar el denominado concepto One Health. “Este nos invita a realizar un enfoque integral, donde se reconozca la interconexión que existe entre la salud humana, la salud animal y la del medio ambiente, entendiendo que estos tres componentes están estrechamente vinculados y deben abordarse de forma coordinada, para garantizar sistemas alimentarios que sean seguros, sostenibles y resilientes”, asegura. “Para ello necesitamos conectar mejor con nuestros colegas de las ciencias agronómicas, ambientales, veterinarias, de la nutrición y de la medicina, teniendo presente, de todos modos, que la ingeniería de alimentos tiene el rol de ser una piedra angular y servir como puente entre todas estas disciplinas, para así construir significativamente al bienestar de las personas”, agrega el Dr. Córdova. Objetivos que demuestran que la escuela de alimentos de la PUCV seguirá siendo, un valioso semillero de conocimiento, así como un motor de transformación social, en la medida que tanto su cuerpo docente como sus alumnos, reafirman a diario su convicción de que “alimentar a Chile y al mundo es, en esencia, alimentar la esperanza de un mañana más justo, saludable y sostenible”. GALERÍAOTROS REPORTAJES |
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