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Preocupante informe SOFI 2025

8/1/2025

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El peligro de la inseguridad alimentaria
Aunque se han alcanzado avances acotados en nutrición general, las crisis geopolíticas, la constante inflación en los precios de los alimentos, la desigualdad en la distribución y el creciente desperdicio de productos frescos, amenazan el logro del objetivo de acabar con el hambre global antes de 2030.
Letra A
pesar del creciente y constante avance tecnológico de una sociedad digital que cada vez se supera a sí misma en transformación cuántica de procesos, los estigmas de la desigualdad social aún golpean con crudeza a la humanidad.

Especialmente en materia de distribución de recursos y, muy especialmente, de los alimentos que deberían garantizar la salud y calidad de vida de las personas.
 
De hecho, un reciente estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, estima que 8,2 % de la población mundial (aproximadamente 673 millones de personas), padecieron hambre en 2024; cifra que contrasta, de manera incomprensible y grotesca, con el descontrolado y creciente aumento del desperdicio alimentario, que en la misma fecha alcanzó los 2.500 millones de toneladas anuales.
 
En otras palabras, casi la mitad de la producción mundial de comida se pudre en basurales, vertederos o ecosistemas contaminados, mientras al mismo tiempo, una de cada diez personas corre el riesgo de padecer enfermedades e, incluso, de morir por malnutrición.

DESIGUALDAD E INCONSCIENCIA

Sin embargo, los avances no fueron uniformes en todo el mundo, ya que el hambre siguió aumentando en la mayoría de las subregiones de África y Asia occidental,
 
Este sombrío y grotesco escenario, quedó plenamente graficado en la última edición del informe “Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2025), publicado por cinco organismos especializados de las Naciones Unidas y presentado durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios, celebrada en Addis Abeba, Etiopía.
 
Si bien el documento establece que los cálculos aún no son ciento por ciento precisos, debido a las dificultades para realizar cálculos exactos en zonas geopolíticamente inestables y geográficas apartadas (que es donde más casos de hambre se registran cada año); si se parte de una base más optimista, podría concluirse que la estadística global de hambre ha experimentado un descenso de 15 millones de personas desde 2023; y de 22 millones desde 2022.
 
Y aunque este descenso podría ser caracterizado a primera vista como positivo, lo cierto es que las estimaciones más recientes de hambre mundial siguen estando por encima de los niveles previos a la pandemia; mientas que la elevada inflación experimentada por los precios de los alimentos en los últimos años, ha contribuido a la lenta recuperación de la seguridad alimentaria.
 
Al respecto, las mejoras más significativas se observan en Asia meridional y América Latina. Esto implica que la prevalencia de la subalimentación en Asia se redujo de 7,9 % en 2022, a 6,7 % en 2024 (es decir, aproximadamente 323 millones de personas).
 
A su vez, en América Latina y el Caribe, la prevalencia de la subalimentación se redujo a 5,1 % en 2024 (cerca de 34 millones de personas), desde el máximo de 6,1 % registrado en 2020.
 
Por desgracia, esta tendencia positiva contrasta fuertemente con el aumento constante del hambre en África y Asia occidental, en especial en numerosos países afectados por crisis alimentarias prolongadas.
 
De hecho, la proporción de población que padece hambre en África superó el 20 % en 2024, lo que afecta a cerca de 307 millones de personas. En contrapartida, en Asia occidental se estima que 12,7 % de la población (más de 39 millones de personas), habría sufrido hambre en 2024.
 
Esto reafirma la importancia de enfrentar en forma más decisiva y equitativa el desafío de alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (Hambre cero), que para la gran mayoría de los expertos pasa sustancialmente por el desarrollo de sistemas productivos más eficientes y sostenibles, que contribuyan a la descarbonización del sector y a la eliminación del desperdicio.

INDICADORES DE NUTRICIÓN

Pese a las distintas externalidades que amenazan la seguridad alimentaria mundial, las cinco agencias de ONU que elaboraron el informe (FAO; el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, FIDA; el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF; el Programa Mundial de Alimentos, PMA; y la Organización Mundial de la Salud, OMS), esperan que para 2030 la cantidad de personas que padezcan subalimentación crónica se reduzca a 512 millones, aunque 60% de ese total seguirá concentrándose en África.
 
Sin embargo, para alcanzar dicho objetivo los expertos aseguran que aún se requieren acciones mucho más decididas y estratégicas. En especial porque entre 2023 y 2024, la prevalencia mundial de la inseguridad alimentaria moderada o grave (evaluación que registra limitaciones en el acceso a una alimentación adecuada durante parte del año) se mantuvo en el rango del 28%, lo que equivale a 2.300 millones de personas.
 
Dicha cifra representa un aumento de 335 millones de personas más que en 2019, antes de la pandemia de COVID-19; y de 683 millones más que en 2015, cuando se aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
 
Pese a ello, los expertos exhiben un moderado optimismo a partir de los indicadores de nutrición infantil, donde la prevalencia del retraso del crecimiento en niños menores de cinco años disminuyó de 26,4 % en 2012, a 23,2 % en 2024, lo que refleja, en opinión de los analistas de ONU, los avances alcanzado a escala mundial en esta materia.
 
Otras conclusiones relevantes del estudio, en materia de nutrición, son las siguientes:
 
● La prevalencia del sobrepeso infantil (5,3 % en 2012; y 5,5 % en 2024), así como la prevalencia de emaciación (adelgazamiento patológico) infantil (7,4 % en 2012; y 6,6 % en 2024), tampoco han sufrido cambios significativos en el último año.
 
● El porcentaje de lactantes menores de seis meses alimentados exclusivamente con leche materna aumentó considerablemente, pasando de 37% en 2012, a 47,8 % en 2023, lo que refleja el creciente reconocimiento de sus beneficios para la salud.
 
● A su vez, la prevalencia de obesidad en adultos aumentó de 12,1% en 2012; a 15,8% en 2022.
 
● La prevalencia mundial de anemia entre mujeres de 15 a 49 años, aumento de 27,6 % en 2012; a 30,7% en 2023.
 
Asimismo, las estimaciones para un nuevo indicador de ODS 2 introducido en el informe, revelan que alrededor de un tercio de los niños de entre 6 y 23 meses; y dos tercios de las mujeres de entre 15 y 49 años, cumplían los criterios de diversidad alimentaria mínima.
 
INFLACIÓN EN LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS
 
El estudio SOFI 2025 también examinan las causas y consecuencias del repentino aumento de los precios de los alimentos entre 2021 y 2023, así como sus repercusiones en seguridad alimentaria y nutrición.
 
Al respecto, se destaca que las políticas mundiales de respuesta a la pandemia de COVID-19 (caracterizadas por amplias intervenciones fiscales y monetarias), combinadas con los efectos de la guerra en Ucrania y los fenómenos meteorológicos extremos, contribuyeron a las recientes presiones inflacionistas.
 
Este aumento constante en los precios de los alimentos ha obstaculizado la recuperación de la seguridad alimentaria y la nutrición tras la pandemia.
 
De hecho, desde 2020 la inflación mundial alimentaria ha superado sistemáticamente a la inflación general, diferencia que alcanzó su punto máximo en enero de 2023, cuando el aumento de los precios sectoriales llegó a 13,6 %, cifra que marcó 5,1 puntos porcentuales por encima de la tasa inflacionaria general de 8,5 %.
 
Los países más afectados por este aumento sostenido en los precios de los alimentos, son los de menores ingresos (como Chile, donde la nutrición saludable ha disminuido considerablemente, en beneficio de una mayor ingesta de productos altos en nutrientes críticos, como azúcar, sodio y grasas saturadas, que son más baratos pero menos saludables, lo que se traduce en un incremento sostenido del índice de obesidad general).
 
Consecuentemente, en los países de ingresos bajos (donde el costo de una dieta saludable subió más que en los de ingresos más altos), el número de personas que no pueden ingerir una dieta saludable creció de 464 millones en 2019, a 545 millones en 2024.
 
Por ende, el informe recomienda aplicar una combinación de políticas para contrarrestar la inflación de los precios de los alimentos. Entre ellas figuran acciones tales como:
 
●Medidas fiscales específicas y con plazos precisos.
● Programas de protección social, para salvaguardar a los hogares vulnerables.
● Políticas monetarias creíbles y transparentes para contener las presiones inflacionistas.
● Inversiones estratégicas en investigación y desarrollo (I+D) agroalimentario, infraestructuras de transporte y producción, y sistemas de información sobre los mercados, para mejorar la productividad y la resiliencia.

VISIONES DE OPTIMISMO ACOTADO

Frente a este diagnóstico, el Director General de FAO, QU Dongyu comentó que “aun cuando es alentador observar un descenso en la tasa mundial de hambre, debemos reconocer que los avances son desiguales”.
 
El directivo agregó que “SOFI 2025 sirve como recordatorio fundamental de que debemos intensificar los esfuerzos para garantizar que todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos. Para lograrlo, debemos trabajar de manera colaborativa e innovadora con gobiernos, organizaciones y comunidades, con el fin de abordar los desafíos específicos que enfrentan las poblaciones vulnerables, especialmente en las regiones donde el hambre sigue siendo persistente”.
 
Opinión que comparte Álvaro Lario, presidente del FIDA, para quien “en tiempos de subida de los precios de los alimentos y de perturbación de las cadenas de valor mundiales, debemos intensificar nuestras inversiones en la transformación rural y agrícola”.
 
“Estas inversiones -indica- no solo son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional, sino que también son decisivas para la estabilidad mundial”.
 
Por su parte, la directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, asegura que “todos los niños merecen la oportunidad de crecer y prosperar. Sin embargo, más de 190 millones de menores de cinco años sufren desnutrición, lo que puede tener consecuencias negativas para su desarrollo físico y mental”.
 
Para Russell esta situación les priva de la oportunidad de vivir al máximo de su potencial. En su opinión, “el informe subraya la necesidad de actuar urgentemente en favor de los niños más pequeños y vulnerables del mundo, ya que el aumento de los precios de los alimentos podría agravar la inseguridad nutricional de millones de familias”.
 
“Debemos trabajar -agrega- en colaboración con los gobiernos, el sector privado y las propias comunidades para garantizar que las familias vulnerables tengan acceso a alimentos asequibles y que proporcionen una nutrición adecuada para que los niños se desarrollen. Esto incluye reforzar los programas de protección social y enseñar a los padres alimentos nutritivos producidos localmente para los niños, incluida la importancia de la lactancia materna, que proporciona el mejor comienzo en la vida de un bebé”.
 
Una visión más pesimista transmitió la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, quien aseguró que “el hambre se mantiene en niveles alarmantes y, sin embargo, los fondos necesarios para combatirla están disminuyendo”.
 
“El año pasado, el PMA proporcionó asistencia alimentaria vital a 124 millones de personas. Este año, los recortes de la financiación de hasta el 40% significan que decenas de millones de personas perderán el vital salvavidas que proporcionamos. Si bien la pequeña reducción de las tasas generales de inseguridad alimentaria es bienvenida, la continuada incapacidad de proporcionar ayuda crítica a las personas que la necesitan desesperadamente acabará pronto con estos logros conseguidos con tanto esfuerzo, desencadenando una mayor inestabilidad en las regiones volátiles del mundo”, enfatizó McCain.
 
A su vez, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS puso énfasis en que, a pesar del reciente avance alcanzado en la reducción del retraso del crecimiento y el apoyo a la lactancia materna exclusiva, “aún queda mucho por hacer para aliviar a millones de personas de la carga que suponen la inseguridad alimentaria y la malnutrición”.
 
“Este informe -añade- ofrece noticias alentadoras, pero también muestra dónde están las carencias y a quién se está dejando atrás, y hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos para garantizar que todo el mundo tenga acceso a una dieta saludable y nutritiva”.

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