as nuevas tendencias de alimentación saludable han impulsado el crecimiento de diversos nichos específicos de mercado, asociados directamente con la mayor demanda por productos que no solo nutran, sino que también brinden otros beneficios como, por ejemplo, prevenir e, incluso, combatir enfermedades. Esta mayor orientación hacia las propiedades nutracéuticas, que antes solo se buscaban en medicamentos y ciertos suplementos de consumo muy de nicho (entre deportistas, adultos mayores y mujeres embarazadas, por ejemplo), hoy se traduce en una fuerte expansión del mercado de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos (microorganismos que fortalecen la microbiota intestinal) y prebióticos (fibras insolubles que favorecen el crecimiento de dichos microorganismos), que tras la pandemia se posicionó como uno de los más dinámicos y atractivos dentro del universo de la “funcionalidad”. Esta mayor demanda hizo que los productos enriquecidos con probióticos y prebióticos alcanzaran un sólido posicionamiento comercial en menos de una década. De hecho, un reciente estudio de la consultora Grand View Research, mostró que el mercado mundial de probióticos destinados a la producción de alimentos, bebidas y suplementos para consumo humano, alcanzó un valor de aproximadamente USD114.000 millones en 2025, con proyecciones de superar los USD300.000 millones en 2033, lo que representa una tasa de crecimiento global anual compuesto cercana a 13%. De este total, los alimentos y bebidas (desde lácteos a productos más especializados) representan cerca de 60%, mientras que el resto se distribuye en diversos suplementos que se comercializan tanto para público general, como para tratamiento de diversas afecciones intestinales y digestivas, comorbilidades y patologías psicosomáticas (como, por ejemplo, el insomnio), entre otras. Esta evolución de mercado también ha sido muy positiva en Latinoamérica, pues según recientes estudios de la consultora Market Data Forecast, el mercado regional de probióticos y prebióticos superó los USD6.500 millones en 2025, y podría seguir creciendo a tasas cercanas a 8% anual durante la próxima década. En Chile la situación es muy similar, pues aun cuando las ventas de productos fortificados con probióticos aún representan menos del 5% del mercado latinoamericano, el alto consumo per cápita de productos lácteos (149 litros en 2025, según las estadísticas publicadas por FEDELECHE), así como la constante innovación bioalimentaria, sumada a la creciente demanda por alimentos funcionales, abre atractivas oportunidades para un posicionamiento más destacado de esta categoría, lo que se traduce en una oferta cada vez más amplia y variada de productos fortificados con estos ingredientes, que van desde el clásico kéfir (artesanal e industrial) hasta bebidas vegetales, productos para adultos mayores, barras proteicas, snacks, y geles o suplementos para deportistas, entre otras diversas aplicaciones que ya cuentan con un entusiasta número de consumidores (y que de acuerdo con las proyecciones actuales debería crecer también en 5 a 8% anual). Un fenómeno de mercado que los expertos atribuyen directamente a la necesidad de alimentarse de manera más consciente y sostenible, tal como lo enfatiza Gonzalo Jorquera Bioquímico, Doctor en Ciencias y académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, quien estima que este cambio en las tendencias de consumo permitió que el uso de probióticos y prebióticos haya evolucionado en los últimos años desde una mirada bastante general, asociada principalmente a “mejorar la digestión” o “regular la flora intestinal” (microbiota), hacia un enfoque más específico y basado en evidencia científica. “Hoy sabemos que la microbiota intestinal participa en múltiples funciones relevantes para la salud, incluyendo la digestión de ciertos nutrientes, la producción de metabolitos beneficiosos, la regulación de la barrera intestinal, la interacción con el sistema inmune y, potencialmente, la comunicación con otros órganos. En ese contexto, los probióticos y prebióticos han ganado espacio como ingredientes funcionales que brindan aportes muy positivos para la salud de las personas”, afirma el académico. Sin embargo, el Dr. Jorquera también enfatiza “que no cualquier bacteria agregada a un alimento es automáticamente un probiótico, ni cualquier fibra es automáticamente un prebiótico”, pues para hablar con toda propiedad de la presencia de uno o ambos componentes en un alimento o bebida, “debe existir evidencia del beneficio, idealmente en humanos; y, en el caso de los probióticos, ese beneficio debe ser específico de la cepa, la dosis y el contexto de uso”. Esto implica, tal como manifiesta el académico de INTA, que la industria debe seguir esta evolución con responsabilidad, para dejar de utilizar estos conceptos solo como atributos comerciales generales, y considerarlos “como auténticas formulaciones mejor sustentadas, brindando información clara para el consumidor”. Similar punto de vista expone Claudia Henríquez Parada, ingeniera de alimentos de la Universidad de Santiago de Chile, magister en Nutrición y Alimentos de la Universidad de Chile, e integrante del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, quien también afirma que la evolución en el uso de probióticos y prebióticos en la industria alimentaria “evolucionó desde un enfoque genérico de salud digestiva a uno de nutrición funcional de precisión”. “Inicialmente -precisa la experta- se buscaba solo regular el tránsito intestinal; hoy, en cambio, la industria utiliza cepas y sustratos específicos para modular ejes sistémicos, como el eje intestino-cerebro (a través de los “psicobióticos”) y el sistema inmune. Esto podría estar permitiendo transformar alimentos cotidianos en herramientas de prevención metabólica y cognitiva”. USO RESPONSABLE E INFORMADO Frente al creciente posicionamiento y popularidad que adquieren los probióticos y prebióticos en la dieta cotidiana, los expertos refuerzan sus llamados a que la industria haga uso responsable de estos componentes, y que los consumidores, a su vez, ejerzan su opción de compra de manera adecuada, antes de lanzarse a una ingesta desinformada, tal como ocurre, por ejemplo, con las proteínas. En tal sentido, para el Dr. Gonzalo Jorquera, el principal riesgo radica en que estos ingredientes se usen como un “halo saludable” en productos que, en su conjunto, pueden no ser nutricionalmente adecuados. “Por ejemplo -enfatiza-, un alimento podría contener probióticos, prebióticos o fibra añadida, pero al mismo tiempo tener alto contenido de azúcares, grasas saturadas, sodio o calorías. En ese caso, el mensaje saludable puede inducir al consumidor a sobrevalorar el producto”. El académico de INTA también puntualiza que es muy importante educar a las personas respecto de que “más no siempre significa mejor”, recalcando que “en el caso de prebióticos o fibras fermentables, consumos muy altos o incrementos bruscos pueden producir molestias gastrointestinales, como distensión abdominal o gases”. A su vez, los probióticos suelen ser seguros para la población general, pero sí se requiere mayor precaución en personas inmunocomprometidas, gravemente enfermas o con condiciones clínicas especiales. “Por lo tanto, el desafío no es frenar el desarrollo de estos ingredientes, sino comunicar adecuadamente su alcance, pues deben entenderse como parte de una alimentación saludable, diversa y equilibrada, y no como elementos que (por sí solos) compensan una dieta de mala calidad”, explica el Dr. Jorquera. Claudia Henríquez, por su parte, recalca de manera enfática que no es recomendable consumir probióticos en cantidades que sobrepasen la ingesta diaria recomendada (1 a 10 mil millones de Unidades Formadoras de Colonias o UFC diarias en personas sanas, y sin trastornos del sistema gastrointestinal). Y aunque la experta comenta que no existe riesgo de que las personas sanas sufran "sobredosis" o “malnutrición por exceso” debido un consumo demasiado elevado, salvo los ya mencionados malestares gastrointestinales (como gases y distensión), si existe peligro real en poblaciones específicas como pacientes inmunodeprimidos (que pueden sufrir bacteriemia) o personas con Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado (SIBO), “a quienes el consumo desmedido exacerba esta patología”. Esta preocupación también se extiende al ámbito de la sostenibilidad, donde los expertos coinciden en que la mayor disponibilidad de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos y prebióticos, no debe traducirse en un uso industrial indiscriminado que termine confundiendo a las personas, respecto de lo que significa una verdadera alimentación nutritiva, variada, equilibrada y saludable Al respecto, el Dr. Jorquera estima que de todos modos ha habido avances comunicacionales importantes, pues la industria alimentaria ha sido capaz de innovar rápidamente y responder a un interés creciente de los consumidores por la salud intestinal, la microbiota y los alimentos funcionales, lo cual -a su juicio- es positivo. Sin embargo, también considera que “el desarrollo comercial avanza demasiado rápido y que no siempre privilegia la educación del consumidor y la necesidad de sustentarse en evidencia científica específica”. En su opinión, un uso sostenible y ordenado de estos componentes, debería considerar que las declaraciones de salud estén respaldadas por evidencia; que el etiquetado sea claro y no induzca a error; que se informe adecuadamente la cepa, dosis o ingrediente utilizado cuando corresponda; que el producto completo sea nutricionalmente coherente; y que la innovación considere también la sostenibilidad de las materias primas, los procesos productivos y las cadenas de distribución. En este contexto, para el Dr. Jorquera el gran desafío es pasar de una lógica de tendencia o marketing a una de nutrición de precisión responsable. “La microbiota intestinal es un área fascinante y con enorme potencial, pero todavía compleja. Por lo mismo, los mensajes hacia la población deben ser prudentes, pues estos ingredientes solo pueden contribuir a la salud cuando están bien seleccionados y formulados, aunque no reemplazan una alimentación saludable, diversa y basada en alimentos de buena calidad”, enfatiza el académico e investigador. A su vez, Claudia Henríquez considera que desde el punto de vista comercial, la velocidad del mercado ha superado a veces la rigurosidad científica, lo que se refleja en lo que denomina un excesivo “marketing de la microbiota" así como en el uso de etiquetados ambiguos que no especifican ni las cepas, ni los usos ni las dosis efectivas al final de la vida útil de cada alimento. “No obstante -agrega-, gracias a los consensos de organismos como la Asociación Científica Internacional para Probióticos y Prebióticos, ISAPP, y al uso de marcos regulatorios estrictos (como el de la EFSA en Europa), la industria transita hoy hacia un uso mucho más ordenado, transparente y respaldado por evidencia clínica”. PROYECCIONES FUTURAS Pese a estos reparos puntuales, los expertos coinciden en que la industria avanza de manera adecuada y que el constante desarrollo biotecnológico también permitirá que, en el corto plazo, se vean avances aún más disruptivos, especialmente con funcionalidades muy específicas. En tal sentido, el Dr. Jorquera estima que en el corto plazo, probablemente veremos una diversificación importante, pues a nivel internacional ya existe una tendencia hacia productos más específicos como los probióticos dirigidos a salud digestiva, inmunidad, metabolismo, envejecimiento saludable, salud mental o eje intestino-cerebro, aunque no todos estos usos tienen el mismo nivel de evidencia clínica. “También se observa -añade- interés por los llamados probióticos de nueva generación, derivados del conocimiento más detallado de la microbiota intestinal, mientras que en prebióticos, es esperable que el desarrollo vaya más allá de las fibras clásicas, incorporando distintos tipos de sustratos fermentables, fibras provenientes de nuevas matrices vegetales, compuestos asociados a alimentos ricos en polifenoles y combinaciones de prebióticos con probióticos, es decir, simbióticos”. En Chile, estas ventanas de desarrollo biotecnológico ofrecen interesantes oportunidades de negocio, tanto a las grandes empresas como al ecosistema de startups foodtech, especialmente por la riqueza de las materias primas locales, la calidad técnica de la industria láctea, la fortaleza de la creciente industria de alimentos fermentados, y la gran diversidad de frutas, cereales, legumbres, algas y otros recursos con potencial funcional que se producen en nuestro país. Sin embargo, el Dr. Jorquera considera que para que este desarrollo sea competitivo, no basta con incorporar un ingrediente “de moda”, sino que también “se requiere investigación, caracterización de las cepas o ingredientes, estudios de estabilidad, validación de efectos y una comunicación responsable hacia el consumidor”. Claudia Henríquez, en tanto, asegura que el mercado global y local ya están convergiendo hacia la personalización y estabilización tecnológica, y que a corto plazo, veremos el ingreso de probióticos de nueva generación (PNG), que a diferencia de los probióticos tradicionales, se centran en cepas bacterianas específicas con propiedades funcionales mejoradas, logradas mediante ingeniería genética y tecnologías de secuenciación. “Sus aplicaciones abarcan trastornos gastrointestinales, síndromes metabólicos, afecciones relacionadas con el sistema inmunitario, enfermedades de la piel, salud bucal y bienestar animal, y además contribuyen a la modulación del microbioma intestinal, la regulación metabólica y la mejora del sistema inmunitario, demostrando potencial terapéutico en estudios clínicos”, detalla Henríquez. La ingeniera en alimentos y magíster en nutrición y alimentos, asegura, asimismo, que pronto se avanzará en el desarrollo de nuevos sistemas de microencapsulación, ya que el principal reto biológico de las empresas productoras es asegurar la viabilidad celular ante la acidez gástrica y las fluctuaciones térmicas del procesamiento industrial. En este punto específico, “las proyecciones apuntan al uso masivo de recubrimientos poliméricos dirigidos, para asegurar que el principio activo (del probiótico) se libere intacto en el colon”, explica. Otro avance que también se espera sea exponencialmente ágil corresponde al nuevo segmento de “postbióticos” y “parabióticos”, componentes de origen similar (pues ambos son residuos de la fermentación producida por los microorganismos al interactuar con fibras insolubles), pero con sutiles diferencias conceptuales y técnicas, que están llamados a ser el gran eje de desarrollo de este mercado en el corto plazo. En ese sentido, el Dr. Gonzalo Jorquera comenta que, si bien los postbióticos son una categoría de investigación y desarrollo muy reciente, tienen mucho interés científico, industrial y tecnológico, pues “pueden ser más estables frente al procesamiento, almacenamiento y transporte; además no requieren necesariamente mantener la viabilidad de microorganismos vivos; y podrían incorporarse a matrices alimentarias donde un probiótico vivo no sobreviviría bien”, puntualiza. En opinión del académico, esto abre más oportunidades para el desarrollo de nuevos alimentos funcionales, así como de suplementos y productos dirigidos a poblaciones donde se busca mayor estabilidad y seguridad (como niños y adultos mayores, entre otras), aunque todavía es un campo en desarrollo. “La evidencia (de su éxito y valor nutricional) depende mucho del tipo de microorganismo, del método de inactivación, de los componentes presentes y del efecto que se quiera demostrar. Por eso, no debe asumirse que cualquier bacteria inactivada es automáticamente un posbiótico beneficioso. Es decir, el beneficio debe demostrarse”, enfatiza el académico de INTA. El Dr. Jorquera considera que una situación similar se dará con el uso de los “parabióticos”, concepto usado generalmente para referirse a microorganismos no viables o inactivados que podrían mantener efectos beneficiosos, y que también podrían ganar espacio en la industria por su mayor estabilidad, menor dependencia de la cadena de frío, mayor facilidad de formulación y potencial aplicación en alimentos donde los probióticos vivos tienen limitaciones. Sin embargo, estas potencialidades también implican, a juicio del académico de INTA, la necesidad de avanzar hacia definiciones más claras, pues “si la industria utiliza demasiados términos técnicos, sin explicar bien sus diferencias, puede generar confusión en el consumidor. Por ello, probablemente “posbiótico” sea hoy un concepto más ordenado y con mayor consenso internacional que “parabiótico”, concluye Claudia Henríquez, en tanto, coincide en que los postbióticos tienen un gran nivel de desarrollo e interés comercial, pues al tratarse de microorganismos inanimados, no requieren mantener una cadena de frío ni garantizar la supervivencia bacteriana. “Esto resuelve el mayor desafío tecnológico de la industria alimentaria, permitiendo su incorporación en productos de larga vida útil, alimentos horneados y bebidas pasteurizadas con una dosificación estandarizada y segura”, comenta. Sin embargo, la experta sí valida el uso del término “parabiótico” para identificar células viables inactivadas o muertas, y considera que esta misma característica les permitirá ganar un espacio crítico en el mercado, “porque ofrecen las mismas ventajas de estabilidad industrial que los postbióticos”. “Al igual que los posbióticos, (los parabióticos) eliminan el riesgo de infecciones sistémicas en pacientes inmunocomprometidos y evitan la transferencia horizontal de genes de resistencia a los antibióticos. Además, su capacidad para interactuar con los receptores celulares del hospedador y modular la respuesta inmune, sumada a su inercia tecnológica (no alteran el pH ni fermentan el producto final), los convierte en ingredientes sumamente atractivos para alimentos procesados donde los procesos térmicos destruirían a un probiótico vivo”, puntualiza. Factores que, en su conjunto, confirman la creciente importancia y tecnologización de un mercado que nació para dar respuestas casi artesanales a un público muy exclusivo, pero que hoy debe responder a las exigencias de un número cada vez mayor de compradores. Para alcanzar dicho objetivo, ha tenido que incrementar exponencialmente su capacidad para ofrecer nuevas opciones de nutrición funcional, validándose como una opción segura para quienes desean tener una alimentación saludable. Sin embargo también es vital que este desarrollo se impulse a través de un camino responsable y sostenible, privilegiando siempre la salud y bienestar de los consumidores, por sobre otras consideraciones comerciales o de simple mercadotecnia. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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Recientes estudios revelaron que cinco variedades alimentarias poseen alto contenido de estos componentes, esenciales para equilibrar la flora bacteriana, fortalecer el sistema inmunológico, regular el metabolismo y preservar la salud integral. as tendencias de vida son, sin lugar a dudas, algunas de las instancias donde resulta más complejo resolver conflictos y alcanzar consensos. Esto se debe a que lo que es bueno para algunos grupos humanos, no siempre es igual de positivo para otros. Esta disyuntiva también se refleja en la alimentación, como sucede por ejemplo, entre quienes defienden las ventajas de las dietas veganas o vegetarianas, y quienes, por el contrario, prefieren optar por estilos más omnívoros, flexitarianos, pescetarianos u ovo-láctico-vegetarianos, entre otras múltiples y cada vez más variadas opciones. Sin embargo, más allá de estas diferencias valórico culturales que pueden manifestarse entre la población, lo cierto es que sí existe una instancia objetivamente cierta e incuestionable: la buena salud intestinal es absolutamente clave para mantener una óptima calidad de vida en todos los grupos etarios. Y no se trata solo de una afirmación retórica, pues los especialistas internacionales en salud y nutrición coinciden en que cada vez hay más evidencia científica que demuestra que el consumo diario de alimentos prebióticos nos ayuda a mantener un microbioma intestinal saludable. EL VALOR DE LOS PREBIÓTICOS Los prebióticos son alimentos a base de fibras vegetales que actúan como fertilizantes capaces de estimular el crecimiento de las bacterias sanas que habitan en el intestino grueso. Es decir, actúan como nutrientes directos de la macrobiota humana. Por ello, incorporar estos alimentos ricos en prebióticos a la dieta diaria fortalece y mejora el equilibrio de estos microorganismos (que algunos expertos también definen como un “organismo dentro de nuestro organismo”). Los prebióticos, además, tienen el potencial de modular el movimiento del tubo digestivo, para así transportar mejor los alimentos digeridos. Esta condición es clave para optimizar el funcionamiento del sistema inmune y del metabolismo, aspectos que a su vez son esenciales para mantener la salud integral de las personas. Uno de los aportes más recientes sobre la importancia de incrementar el consumo de alimentos ricos en prebióticos, corresponde a las conclusiones obtenidas durante “Nutrition 2023”; reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nutrición (American Society for Nutrition o ASN), que se realizó en la ciudad de Boston, Massachussets, entre el 22 y 25 de julio. En dicha oportunidad se presentó un estudio elaborado por los investigadores Cassandra Boyd y John Gieng, de la Universidad de San José, Estados Unidos, quienes evaluaron el contenido de prebióticos en más de 8.000 tipos de alimentos. A partir de sus análisis los investigadores concluyeron que el 37% de los alimentos estudiados tiene un contenido de prebióticos relevante para nutrir la flora intestinal. De este grupo, destacaron particularmente cinco: ● El diente de dragón ● Los tupinambos (también conocidos como “papas alcachofas” o “alcachofas de Jerusalén”) ● Los ajos ● Los puerros ● Las cebollas Cada uno de estos “Top 5” tiene, en promedio, un contenido de entre 100 y 240 mg de prebióticos por gramo, lo que los posiciona en la primera línea de los alimentos beneficiosos para la salud intestinal El trabajo de Cassandra Boyd y John Gieng también relaciona el consumo de prebióticos con una mejor regulación de la glucosa en la sangre y una mayor absorción de minerales como el calcio. ¿CUÁNTOS PREBIÓTICOS NATURALES PODEMOS CONSUMEN AL DÍA? La mayoría de las actuales directrices dietéticas no especifica la cantidad diaria exacta de consumo recomendado. Sin embargo, la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (organización sin fines de lucro que estableció la definición actual de prebióticos) sí recomienda, al menos, ingerir cinco gramos de prebióticos al día para mantener una adecuada salud intestinal. A partir de estas estimaciones, y de los cálculos realizados durante su estudio, la investigadora Cassandra Boyd estima que una persona adulta necesitaría consumir al día, aproximadamente, la mitad de una cebolla pequeña para obtener cinco gramos de prebióticos. “Los hallazgos de nuestra revisión preliminar de la literatura sugieren que las cebollas y los alimentos relacionados contienen múltiples formas de prebióticos, lo que lleva a un mayor contenido total. Por ende, como las cebollas aparecen en una gran variedad de platos, tanto en forma de ingredientes principales como de saborizantes, su consumo masivo sería un objetivo factible para que la gente aumente su ingesta de prebióticos”, enfatiza Boyd. En el mismo trabajo, los investigadores Boyd y Gieng también concluyeron que los alimentos que contienen trigo ocupan los últimos puestos de la lista en la cantidad de prebióticos por gramo. Así mismo, los alimentos con poco o ningún contenido prebiótico son los productos lácteos no fermentados, los huevos, los aceites y las carnes. El estudio tomó como base los resultados científicos publicados anteriormente, para analizar el contenido en prebióticos de 8.690 alimentos incluidos en la “Base de Datos de Alimentos y Nutrientes para Estudios Dietéticos”. Este recurso actualmente es utilizado por numerosos científicos que estudian sobre la relación entre nutrición y salud. Además, los investigadores Boyd y Gieng esperan que su estudio sirva de base para ayudar a otros científicos a evaluar las repercusiones de los prebióticos en la salud, e informar las futuras directrices dietéticas relacionadas con ellos. Al respecto, también enfatizaron que se necesita más investigación para comprender cómo influye la cocción de los alimentos en el contenido de prebióticos, y para evaluar mejor el aporte de aquellos productos naturales que contienen múltiples ingredientes. LA IMPORTANCIA DE UNA DIETA INFORMADA Junto con incrementar el consumo de prebióticos, las personas también deben cuidar y preservar todas las variables que fortalecen la salud intestinal. Al respecto, el decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Chile, Dr. Luis Castillo, comenta que la salud intestinal es esencial “para mantener un sistema digestivo en buen estado, y así mejorar la absorción de nutrientes”. Por ende, “una dieta equilibrada y rica en ciertos alimentos puede favorecer la salud intestinal”, añade. Opinión que comparte la jefa de la unidad de salud pública de la misma casa de estudios, Dra. Karla Rubilar Barahona, quien precisa que además de los prebióticos hay otros alimentos que también pueden ser altamente beneficiosos para la salud intestinal, “como la avena, cebada, frijoles, lentejas, zanahorias, manzanas y peras, pues entran en la categoría de las fibras solubles, que ayudan a suavizar las heces y facilitar el tránsito intestinal”, explica. La docente y facultativa también destaca el aporte saludable de otros alimentos pertenecientes al grupo de las fibras insolubles, “como salvado de trigo, cereales integrales, espinacas, brócoli y coliflor”. Según recientes investigaciones este grupo además de fortalecer la salud digestiva, ayuda a reducir el riesgo de diabetes. En el caso de los alimentos ricos en probióticos, la Dra. Rubilar también agrega al listado con mayor proporción “el yogur, el kéfir, el chucrut, el kimchi y otros alimentos fermentados”. Si bien estas recomendaciones generales son muy importantes para la salud de la población, también es importante recordar que cada persona es diferente y, tal como lo mencionamos al comienzo de esta nota, lo que beneficia a una, puede no tener el mismo efecto en otra. Al respecto, el Dr. Luis Castillo recomienda siempre consultar a un profesional de la salud o a un nutricionista, para obtener asesoramiento personalizado y adecuado a las necesidades específicas de cada persona. OTROS ALIMENTOS IMPORTANTES Junto con los prebióticos, los expertos de la Universidad Autónoma de Chile también identifican otros grupos de alimentos importantes para preservar una buena salud intestinal. Estos son los siguientes: ● Alimentos ricos en antioxidantes: Los antioxidantes ayudan a reducir la inflamación y el estrés oxidativo en el intestino. Este grupo incluye alimentos como bayas, nueces, espinacas, remolacha y tomates. ● Grasas saludables: Las grasas saludables, como las presentes en el aceite de oliva, la palta y los frutos secos, pueden ayudar a reducir la inflamación y promover una digestión adecuada. ● Pescado rico en omega-3: Los ácidos grasos omega-3 presentes en pescados grasos, como el salmón y las sardinas, tienen propiedades antiinflamatorias. ● Agua: Mantenerse bien hidratado es crucial para una buena salud intestinal, ya que el agua ayuda a mantener las heces blandas y favorece el tránsito intestinal. ● Té verde: El té verde contiene compuestos antioxidantes que también pueden ser beneficiosos para la salud intestinal. GALERÍA
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