as nuevas tendencias de alimentación saludable han impulsado el crecimiento de diversos nichos específicos de mercado, asociados directamente con la mayor demanda por productos que no solo nutran, sino que también brinden otros beneficios como, por ejemplo, prevenir e, incluso, combatir enfermedades. Esta mayor orientación hacia las propiedades nutracéuticas, que antes solo se buscaban en medicamentos y ciertos suplementos de consumo muy de nicho (entre deportistas, adultos mayores y mujeres embarazadas, por ejemplo), hoy se traduce en una fuerte expansión del mercado de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos (microorganismos que fortalecen la microbiota intestinal) y prebióticos (fibras insolubles que favorecen el crecimiento de dichos microorganismos), que tras la pandemia se posicionó como uno de los más dinámicos y atractivos dentro del universo de la “funcionalidad”. Esta mayor demanda hizo que los productos enriquecidos con probióticos y prebióticos alcanzaran un sólido posicionamiento comercial en menos de una década. De hecho, un reciente estudio de la consultora Grand View Research, mostró que el mercado mundial de probióticos destinados a la producción de alimentos, bebidas y suplementos para consumo humano, alcanzó un valor de aproximadamente USD114.000 millones en 2025, con proyecciones de superar los USD300.000 millones en 2033, lo que representa una tasa de crecimiento global anual compuesto cercana a 13%. De este total, los alimentos y bebidas (desde lácteos a productos más especializados) representan cerca de 60%, mientras que el resto se distribuye en diversos suplementos que se comercializan tanto para público general, como para tratamiento de diversas afecciones intestinales y digestivas, comorbilidades y patologías psicosomáticas (como, por ejemplo, el insomnio), entre otras. Esta evolución de mercado también ha sido muy positiva en Latinoamérica, pues según recientes estudios de la consultora Market Data Forecast, el mercado regional de probióticos y prebióticos superó los USD6.500 millones en 2025, y podría seguir creciendo a tasas cercanas a 8% anual durante la próxima década. En Chile la situación es muy similar, pues aun cuando las ventas de productos fortificados con probióticos aún representan menos del 5% del mercado latinoamericano, el alto consumo per cápita de productos lácteos (149 litros en 2025, según las estadísticas publicadas por FEDELECHE), así como la constante innovación bioalimentaria, sumada a la creciente demanda por alimentos funcionales, abre atractivas oportunidades para un posicionamiento más destacado de esta categoría, lo que se traduce en una oferta cada vez más amplia y variada de productos fortificados con estos ingredientes, que van desde el clásico kéfir (artesanal e industrial) hasta bebidas vegetales, productos para adultos mayores, barras proteicas, snacks, y geles o suplementos para deportistas, entre otras diversas aplicaciones que ya cuentan con un entusiasta número de consumidores (y que de acuerdo con las proyecciones actuales debería crecer también en 5 a 8% anual). Un fenómeno de mercado que los expertos atribuyen directamente a la necesidad de alimentarse de manera más consciente y sostenible, tal como lo enfatiza Gonzalo Jorquera Bioquímico, Doctor en Ciencias y académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, quien estima que este cambio en las tendencias de consumo permitió que el uso de probióticos y prebióticos haya evolucionado en los últimos años desde una mirada bastante general, asociada principalmente a “mejorar la digestión” o “regular la flora intestinal” (microbiota), hacia un enfoque más específico y basado en evidencia científica. “Hoy sabemos que la microbiota intestinal participa en múltiples funciones relevantes para la salud, incluyendo la digestión de ciertos nutrientes, la producción de metabolitos beneficiosos, la regulación de la barrera intestinal, la interacción con el sistema inmune y, potencialmente, la comunicación con otros órganos. En ese contexto, los probióticos y prebióticos han ganado espacio como ingredientes funcionales que brindan aportes muy positivos para la salud de las personas”, afirma el académico. Sin embargo, el Dr. Jorquera también enfatiza “que no cualquier bacteria agregada a un alimento es automáticamente un probiótico, ni cualquier fibra es automáticamente un prebiótico”, pues para hablar con toda propiedad de la presencia de uno o ambos componentes en un alimento o bebida, “debe existir evidencia del beneficio, idealmente en humanos; y, en el caso de los probióticos, ese beneficio debe ser específico de la cepa, la dosis y el contexto de uso”. Esto implica, tal como manifiesta el académico de INTA, que la industria debe seguir esta evolución con responsabilidad, para dejar de utilizar estos conceptos solo como atributos comerciales generales, y considerarlos “como auténticas formulaciones mejor sustentadas, brindando información clara para el consumidor”. Similar punto de vista expone Claudia Henríquez Parada, ingeniera de alimentos de la Universidad de Santiago de Chile, magister en Nutrición y Alimentos de la Universidad de Chile, e integrante del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, quien también afirma que la evolución en el uso de probióticos y prebióticos en la industria alimentaria “evolucionó desde un enfoque genérico de salud digestiva a uno de nutrición funcional de precisión”. “Inicialmente -precisa la experta- se buscaba solo regular el tránsito intestinal; hoy, en cambio, la industria utiliza cepas y sustratos específicos para modular ejes sistémicos, como el eje intestino-cerebro (a través de los “psicobióticos”) y el sistema inmune. Esto podría estar permitiendo transformar alimentos cotidianos en herramientas de prevención metabólica y cognitiva”. USO RESPONSABLE E INFORMADO Frente al creciente posicionamiento y popularidad que adquieren los probióticos y prebióticos en la dieta cotidiana, los expertos refuerzan sus llamados a que la industria haga uso responsable de estos componentes, y que los consumidores, a su vez, ejerzan su opción de compra de manera adecuada, antes de lanzarse a una ingesta desinformada, tal como ocurre, por ejemplo, con las proteínas. En tal sentido, para el Dr. Gonzalo Jorquera, el principal riesgo radica en que estos ingredientes se usen como un “halo saludable” en productos que, en su conjunto, pueden no ser nutricionalmente adecuados. “Por ejemplo -enfatiza-, un alimento podría contener probióticos, prebióticos o fibra añadida, pero al mismo tiempo tener alto contenido de azúcares, grasas saturadas, sodio o calorías. En ese caso, el mensaje saludable puede inducir al consumidor a sobrevalorar el producto”. El académico de INTA también puntualiza que es muy importante educar a las personas respecto de que “más no siempre significa mejor”, recalcando que “en el caso de prebióticos o fibras fermentables, consumos muy altos o incrementos bruscos pueden producir molestias gastrointestinales, como distensión abdominal o gases”. A su vez, los probióticos suelen ser seguros para la población general, pero sí se requiere mayor precaución en personas inmunocomprometidas, gravemente enfermas o con condiciones clínicas especiales. “Por lo tanto, el desafío no es frenar el desarrollo de estos ingredientes, sino comunicar adecuadamente su alcance, pues deben entenderse como parte de una alimentación saludable, diversa y equilibrada, y no como elementos que (por sí solos) compensan una dieta de mala calidad”, explica el Dr. Jorquera. Claudia Henríquez, por su parte, recalca de manera enfática que no es recomendable consumir probióticos en cantidades que sobrepasen la ingesta diaria recomendada (1 a 10 mil millones de Unidades Formadoras de Colonias o UFC diarias en personas sanas, y sin trastornos del sistema gastrointestinal). Y aunque la experta comenta que no existe riesgo de que las personas sanas sufran "sobredosis" o “malnutrición por exceso” debido un consumo demasiado elevado, salvo los ya mencionados malestares gastrointestinales (como gases y distensión), si existe peligro real en poblaciones específicas como pacientes inmunodeprimidos (que pueden sufrir bacteriemia) o personas con Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado (SIBO), “a quienes el consumo desmedido exacerba esta patología”. Esta preocupación también se extiende al ámbito de la sostenibilidad, donde los expertos coinciden en que la mayor disponibilidad de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos y prebióticos, no debe traducirse en un uso industrial indiscriminado que termine confundiendo a las personas, respecto de lo que significa una verdadera alimentación nutritiva, variada, equilibrada y saludable Al respecto, el Dr. Jorquera estima que de todos modos ha habido avances comunicacionales importantes, pues la industria alimentaria ha sido capaz de innovar rápidamente y responder a un interés creciente de los consumidores por la salud intestinal, la microbiota y los alimentos funcionales, lo cual -a su juicio- es positivo. Sin embargo, también considera que “el desarrollo comercial avanza demasiado rápido y que no siempre privilegia la educación del consumidor y la necesidad de sustentarse en evidencia científica específica”. En su opinión, un uso sostenible y ordenado de estos componentes, debería considerar que las declaraciones de salud estén respaldadas por evidencia; que el etiquetado sea claro y no induzca a error; que se informe adecuadamente la cepa, dosis o ingrediente utilizado cuando corresponda; que el producto completo sea nutricionalmente coherente; y que la innovación considere también la sostenibilidad de las materias primas, los procesos productivos y las cadenas de distribución. En este contexto, para el Dr. Jorquera el gran desafío es pasar de una lógica de tendencia o marketing a una de nutrición de precisión responsable. “La microbiota intestinal es un área fascinante y con enorme potencial, pero todavía compleja. Por lo mismo, los mensajes hacia la población deben ser prudentes, pues estos ingredientes solo pueden contribuir a la salud cuando están bien seleccionados y formulados, aunque no reemplazan una alimentación saludable, diversa y basada en alimentos de buena calidad”, enfatiza el académico e investigador. A su vez, Claudia Henríquez considera que desde el punto de vista comercial, la velocidad del mercado ha superado a veces la rigurosidad científica, lo que se refleja en lo que denomina un excesivo “marketing de la microbiota" así como en el uso de etiquetados ambiguos que no especifican ni las cepas, ni los usos ni las dosis efectivas al final de la vida útil de cada alimento. “No obstante -agrega-, gracias a los consensos de organismos como la Asociación Científica Internacional para Probióticos y Prebióticos, ISAPP, y al uso de marcos regulatorios estrictos (como el de la EFSA en Europa), la industria transita hoy hacia un uso mucho más ordenado, transparente y respaldado por evidencia clínica”. PROYECCIONES FUTURAS Pese a estos reparos puntuales, los expertos coinciden en que la industria avanza de manera adecuada y que el constante desarrollo biotecnológico también permitirá que, en el corto plazo, se vean avances aún más disruptivos, especialmente con funcionalidades muy específicas. En tal sentido, el Dr. Jorquera estima que en el corto plazo, probablemente veremos una diversificación importante, pues a nivel internacional ya existe una tendencia hacia productos más específicos como los probióticos dirigidos a salud digestiva, inmunidad, metabolismo, envejecimiento saludable, salud mental o eje intestino-cerebro, aunque no todos estos usos tienen el mismo nivel de evidencia clínica. “También se observa -añade- interés por los llamados probióticos de nueva generación, derivados del conocimiento más detallado de la microbiota intestinal, mientras que en prebióticos, es esperable que el desarrollo vaya más allá de las fibras clásicas, incorporando distintos tipos de sustratos fermentables, fibras provenientes de nuevas matrices vegetales, compuestos asociados a alimentos ricos en polifenoles y combinaciones de prebióticos con probióticos, es decir, simbióticos”. En Chile, estas ventanas de desarrollo biotecnológico ofrecen interesantes oportunidades de negocio, tanto a las grandes empresas como al ecosistema de startups foodtech, especialmente por la riqueza de las materias primas locales, la calidad técnica de la industria láctea, la fortaleza de la creciente industria de alimentos fermentados, y la gran diversidad de frutas, cereales, legumbres, algas y otros recursos con potencial funcional que se producen en nuestro país. Sin embargo, el Dr. Jorquera considera que para que este desarrollo sea competitivo, no basta con incorporar un ingrediente “de moda”, sino que también “se requiere investigación, caracterización de las cepas o ingredientes, estudios de estabilidad, validación de efectos y una comunicación responsable hacia el consumidor”. Claudia Henríquez, en tanto, asegura que el mercado global y local ya están convergiendo hacia la personalización y estabilización tecnológica, y que a corto plazo, veremos el ingreso de probióticos de nueva generación (PNG), que a diferencia de los probióticos tradicionales, se centran en cepas bacterianas específicas con propiedades funcionales mejoradas, logradas mediante ingeniería genética y tecnologías de secuenciación. “Sus aplicaciones abarcan trastornos gastrointestinales, síndromes metabólicos, afecciones relacionadas con el sistema inmunitario, enfermedades de la piel, salud bucal y bienestar animal, y además contribuyen a la modulación del microbioma intestinal, la regulación metabólica y la mejora del sistema inmunitario, demostrando potencial terapéutico en estudios clínicos”, detalla Henríquez. La ingeniera en alimentos y magíster en nutrición y alimentos, asegura, asimismo, que pronto se avanzará en el desarrollo de nuevos sistemas de microencapsulación, ya que el principal reto biológico de las empresas productoras es asegurar la viabilidad celular ante la acidez gástrica y las fluctuaciones térmicas del procesamiento industrial. En este punto específico, “las proyecciones apuntan al uso masivo de recubrimientos poliméricos dirigidos, para asegurar que el principio activo (del probiótico) se libere intacto en el colon”, explica. Otro avance que también se espera sea exponencialmente ágil corresponde al nuevo segmento de “postbióticos” y “parabióticos”, componentes de origen similar (pues ambos son residuos de la fermentación producida por los microorganismos al interactuar con fibras insolubles), pero con sutiles diferencias conceptuales y técnicas, que están llamados a ser el gran eje de desarrollo de este mercado en el corto plazo. En ese sentido, el Dr. Gonzalo Jorquera comenta que, si bien los postbióticos son una categoría de investigación y desarrollo muy reciente, tienen mucho interés científico, industrial y tecnológico, pues “pueden ser más estables frente al procesamiento, almacenamiento y transporte; además no requieren necesariamente mantener la viabilidad de microorganismos vivos; y podrían incorporarse a matrices alimentarias donde un probiótico vivo no sobreviviría bien”, puntualiza. En opinión del académico, esto abre más oportunidades para el desarrollo de nuevos alimentos funcionales, así como de suplementos y productos dirigidos a poblaciones donde se busca mayor estabilidad y seguridad (como niños y adultos mayores, entre otras), aunque todavía es un campo en desarrollo. “La evidencia (de su éxito y valor nutricional) depende mucho del tipo de microorganismo, del método de inactivación, de los componentes presentes y del efecto que se quiera demostrar. Por eso, no debe asumirse que cualquier bacteria inactivada es automáticamente un posbiótico beneficioso. Es decir, el beneficio debe demostrarse”, enfatiza el académico de INTA. El Dr. Jorquera considera que una situación similar se dará con el uso de los “parabióticos”, concepto usado generalmente para referirse a microorganismos no viables o inactivados que podrían mantener efectos beneficiosos, y que también podrían ganar espacio en la industria por su mayor estabilidad, menor dependencia de la cadena de frío, mayor facilidad de formulación y potencial aplicación en alimentos donde los probióticos vivos tienen limitaciones. Sin embargo, estas potencialidades también implican, a juicio del académico de INTA, la necesidad de avanzar hacia definiciones más claras, pues “si la industria utiliza demasiados términos técnicos, sin explicar bien sus diferencias, puede generar confusión en el consumidor. Por ello, probablemente “posbiótico” sea hoy un concepto más ordenado y con mayor consenso internacional que “parabiótico”, concluye Claudia Henríquez, en tanto, coincide en que los postbióticos tienen un gran nivel de desarrollo e interés comercial, pues al tratarse de microorganismos inanimados, no requieren mantener una cadena de frío ni garantizar la supervivencia bacteriana. “Esto resuelve el mayor desafío tecnológico de la industria alimentaria, permitiendo su incorporación en productos de larga vida útil, alimentos horneados y bebidas pasteurizadas con una dosificación estandarizada y segura”, comenta. Sin embargo, la experta sí valida el uso del término “parabiótico” para identificar células viables inactivadas o muertas, y considera que esta misma característica les permitirá ganar un espacio crítico en el mercado, “porque ofrecen las mismas ventajas de estabilidad industrial que los postbióticos”. “Al igual que los posbióticos, (los parabióticos) eliminan el riesgo de infecciones sistémicas en pacientes inmunocomprometidos y evitan la transferencia horizontal de genes de resistencia a los antibióticos. Además, su capacidad para interactuar con los receptores celulares del hospedador y modular la respuesta inmune, sumada a su inercia tecnológica (no alteran el pH ni fermentan el producto final), los convierte en ingredientes sumamente atractivos para alimentos procesados donde los procesos térmicos destruirían a un probiótico vivo”, puntualiza. Factores que, en su conjunto, confirman la creciente importancia y tecnologización de un mercado que nació para dar respuestas casi artesanales a un público muy exclusivo, pero que hoy debe responder a las exigencias de un número cada vez mayor de compradores. Para alcanzar dicho objetivo, ha tenido que incrementar exponencialmente su capacidad para ofrecer nuevas opciones de nutrición funcional, validándose como una opción segura para quienes desean tener una alimentación saludable. Sin embargo también es vital que este desarrollo se impulse a través de un camino responsable y sostenible, privilegiando siempre la salud y bienestar de los consumidores, por sobre otras consideraciones comerciales o de simple mercadotecnia. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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l cambio en las tendencias de consumo impulsado por la búsqueda de mejor calidad de vida y bienestar integral, obligó a las industrias a desarrollar una nueva generación de productos y suplementos capaces de nutrir mejor y, al mismo tiempo, de brindar efectos positivos permanentes en la salud. Esto se tradujo, poco a poco, en el desarrollo de nuevas formulaciones con mayor proporción de ingredientes con “propiedades funcionales” (como establece el Reglamento Sanitario de los Alimentos, RSA), que incluyen, por ejemplo, vitaminas, aminoácidos, proteínas y antioxidantes específicos. Todos ello, además de entregar beneficios nutricionales de amplio espectro, pueden ayudar a prevenir diversas enfermedades (incluyendo desde patologías no transmisibles como la obesidad y la hipertensión, hasta algunos tipos de cáncer, como el de colon). Una de las “estrellas” de esta nueva generación funcional, es el grupo de microorganismos conocido como “probióticos”, cuya utilización como ingredientes funcionales ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años. Este fenómeno se expresa tanto en la producción de alimentos y materias primas, como de suplementos fortificados y con propiedades nutracéuticas (que ayudan a prevenir enfermedades, sin ser considerados medicamentos). Esta creciente “popularidad” de los probióticos se basa en que constituyen un aporte fundamental para el cuidado de la salud intestinal, característica que hoy los expertos de todo el mundo destacan como eje fundamental de cualquier estrategia preventiva destinada a mantener una vida longeva, activa y saludable. MERCADO DE ALTO IMPACTO Y no se trata solo de hechos aislados o locales, pues de acuerdo con estudios de diferentes consultoras especializadas, como Gartner, Innova Market Insights, Euromonitor y Fortune Business Insights, entre otras, el mercado global de probióticos (incluyendo suplementos y alimentos fortificados para consumo humano) supera actualmente los USD 70 mil millones, y muestra una tasa de crecimiento anual que pasó de 6 a 13% en los últimos cinco años. Más aún, los analistas estiman que este crecimiento se duplicará durante la próxima década, impulsado precisamente por el auge de la salud preventiva y las tendencias de consumo orientadas a la búsqueda de productos que ayuden a fortalecer la salud intestinal. Esto se refleja, a su vez, en un crecimiento exponencial de la oferta de alimentos y bebidas enriquecidos con probióticos, no solo en el tradicional segmento de lácteos fermentados (pionero en el uso de probióticos específicos conocidos como “lactobacilos”), sino también en otras áreas menos tradicionales como panadería, repostería e, incluso, confitería, entre muchas otras. Todo ello impulsado por al aumento en la demanda de productos que, precisamente, ayuden a cuidar la salud del ecosistema digestivo, también conocido como “macrobiota” o “microbioma”. DEMANDA CRECIENTE En términos técnicos, los probióticos son microorganismos vivos específicos, generalmente bacterias o levaduras, que favorecen la digestión de los alimentos y que también pueden ser capaces de aliviar los síntomas de ciertas enfermedades propias del aparato digestivo. Esto les brinda propiedades nutritivas y funcionales que, poco a poco, generan mayor popularidad entre fabricantes, consumidores y especialistas, quienes reconocen su gran valor dentro de todas las estrategias diseñadas para fortalecer la salud integral de la población. Al respecto, el médico Claudio Aldunate, CEO de laboratorio Biosamer (uno de los pioneros en uso de probióticos para producción de ingredientes y suplementos alimentarios en nuestro país), comenta que el mercado de probióticos en Chile “pasó de ser una categoría más bien asociada a lácteos de nicho, a formar parte de una conversación mucho más amplia sobre salud preventiva, bienestar digestivo, inmunidad y equilibrio del microbioma”. “Ese cambio -enfatiza el Dr. Aldunate- ocurre además en un contexto donde el mundo sigue expandiendo esta categoría, con un mercado global proyectado al alza y con Latinoamérica mostrando un crecimiento sostenido en la demanda y consumo de alimentos funcionales y suplementos asociados a salud digestiva”. A juicio del especialista, en Chile esta tendencia se ve también reforzada por dos factores clave: el crecimiento en las tendencias de consumo saludable de un mercado consumidor cada vez más informado; y el envejecimiento constante de la población, que en 2050 tendrá cerca de 30% de adultos mayores de 65 años. Todo ello, según precisa el Dr. Aldunate, impulsa una demanda constante y permanente por soluciones de bienestar y prevención, como el uso creciente de alimentos y suplementos enriquecidos con probióticos, lo que a su vez se traduce en mayor oferta de propuestas disruptivas e innovadoras, tanto en el segmento de lácteos, como en los demás componentes de la cadena alimentaria. Una variable que se vuelve cada vez más estratégica desde el punto de vista técnico y comercial, tal como destaca el ingeniero politécnico Claudio Pinto, gerente general corporativo de Biosamer, quien enfatiza que en este desafiante contexto, “las oportunidades para las empresas pioneras y que se atreven a innovar constantemente, son especialmente interesantes”. “Hoy ya no basta con participar en la categoría, sino que se abren espacios para liderarla, con nuevas y atractivas oportunidades para el cuidado de la infancia, de los adultos mayores, de la salud femenina y la deportiva; donde es posible desarrollar nuevas formulaciones, presentaciones y formatos, incluyendo cápsulas, polvos, gummies y bebidas funcionales, entre otros”, explica el ejecutivo. “A estas oportunidades -añade Claudio Pinto- se suman también propuestas de mayor sofisticación, donde la diferenciación viene dada por la calidad de las cepas, la estabilidad del producto, la evidencia científica y la trazabilidad”. El ejecutivo de Biosamer también comenta que en la actualidad ProChile identifica a los probióticos, las fibras dietéticas, el microbioma y las bebidas fermentadas, dentro de las tendencias con alto potencial de desarrollo comercial, “lo que confirma que esta no es una moda pasajera, sino una categoría con proyección internacional”, precisa. Opinión que comparte la nutricionista de la Universidad Mayor, Sofía Montes, experta en capacitación nutricional para empresas, quien considera que los probióticos constituyen hoy un tema de creciente interés en el ámbito de la salud y la nutrición, “posicionándose como una herramienta de salud real y concreta dentro de la alimentación cotidiana”. “Esto aplica en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la tercera edad, pues desde una mirada práctica y orientada a resultados, la evidencia actual muestra que, la suplementación con alimentos procesados y enriquecidos con probióticos se posiciona como una herramienta más precisa y eficiente para generar un impacto real en la salud de la microbiota”, puntualiza la especialista. EVIDENCIA CIENTÍFICA En el contexto actual, la innovación en salud alimentaria apunta al desarrollo de soluciones estandarizadas, con cepas específicas, dosis definidas y respaldo clínico, capaces de responder a necesidades concretas que van desde el equilibrio digestivo hasta el soporte del sistema inmune. Objetivos que, de acuerdo con múltiples voces especializadas, tanto del ámbito ciéntifico como industrial, pueden alcanzarse de manera más segura, mediante el uso de ingredientes alimentarios fortificados con probióticos y suplementos específicos”. En este sentido, los expertos detallan que, a diferencia de los alimentos naturales (que pueden ser una excelente fuente de probióticos, pero no siempre están disponibles para toda la población en buen estado), los suplementos permiten asegurar la viabilidad de los microorganismos y una acción dirigida, especialmente en contextos donde la microbiota se ve alterada, como el uso de antibióticos, el estrés o los cambios en el estilo de vida. Del mismo modo, diversos estudios publicados tanto en Europa como en Estados Unidos, confirman que, si se busca potencia la salud de toda la población en forma equilibrada, no basta solo consumir probióticos de manera genérica, sino que también es clave elegir aquellos desarrollados bajo criterios técnicos rigurosos, y donde cada cepa ha sido estudiada y validada para cumplir una función específica. En el ámbito de la salud infantil, por ejemplo, la innovación en probióticos es promovida por la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, cuyos especialistas destacan que el uso de cepas específicas como Lacticaseibacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii, son esenciales por su eficacia en la prevención de la diarrea asociada a antibióticos, una de las complicaciones más frecuentes en pediatría. “Asimismo, el uso de Limosilactobacillus reuteri ha demostrado beneficios en la reducción de cólicos en lactantes, posicionando a los probióticos como soluciones concretas dentro del desarrollo de productos infantiles con base científica”, explica la nutricionista Sofía Montes. En los adultos, en tanto, la evidencia científica y los ensayos clínicos muestran que los probióticos no colonizan de forma permanente el intestino, pero sí ejercen efectos relevantes mientras se consumen. “Este hallazgo ha impulsado el desarrollo de una nueva generación de productos que combinan probióticos con prebióticos (fibras funcionales que ayudan al crecimiento de la flora intestinal), logrando una acción sinérgica que favorece la estabilidad del microbioma a largo plazo, especialmente frente a cambios en la dieta, estrés o estilo de vida”, agrega la especialista. En la población mayor, a su vez, la salud digestiva impacta directamente en la calidad de vida pues es un factor esencial para el fortalecimiento del sistema inmune y prevenir la aparición de enfermedades complejas. Respecto de este segmento etario, que con el paso de los años va creciendo en importancia, debido al envejecimiento sostenido de la población (tanto en Chile como en todo el mundo), Sofía Montes índica que un metaanálisis que incluyó 18 ensayos clínicos y más de 1.400 pacientes, demostró que la presencia de la bacteria Bifidobacterium longum BB536 mejora significativamente el tránsito intestinal, aumentando la frecuencia de las deposiciones y la consistencia fecal. “Este tipo de desarrollos abre espacio al uso de soluciones enfocadas en envejecimiento saludable, un segmento con creciente relevancia económica”, detalla Montes. NO SOLO EN HUMANOS Si bien toda esta evidencia científica especializada permite asegurar que la salud intestinal se ha convertido en uno de los pilares fundamentales del bienestar de las personas, durante los últimos años también se ha generado un fuerte movimiento de cuidado hacia la vida animal, que a su vez se traduce en una mayor demanda de productos orientados al cuidado de la salud intestinal de las mascotas. En este contexto, el uso de probióticos veterinarios está ganando cada vez mayor relevancia entre médicos veterinarios y tutores de animales, por su capacidad para fortalecer la microbiota intestinal y contribuir a una mejor salud digestiva, fortalecer el sistema inmune y apoyar procesos de recuperación ante distintos trastornos gastrointestinales en perros, gatos y otros animales domésticos de compañía. Los estudios así lo demuestran, pues según recientes investigaciones realizadas por consultoras como 360 Research, Mordor Intelligence y Market Report Analytics, entre otras, el mercado de alimentos y suplementos de uso veterinario, enriquecidos con probióticos, ya alcanza los USD 2.000 millones y muestra una tasa de crecimiento global de entre 7 a 10% anual, con proyecciones de llegar hasta 15% para finales de la presente década. Al respecto, el doctor Claudio Aldunate, comenta que el uso de estos microorganismos en mascotas “puede ser clave en situaciones como episodios de diarrea, estrés, cambios de alimentación, tratamientos con antibióticos o alteraciones digestivas frecuentes”. “Diversos estudios veterinarios -indica Aldunate- han demostrado que mantener un microbioma intestinal saludable en las mascotas no solo impacta la digestión, sino también el sistema inmunológico, la absorción de nutrientes e incluso el bienestar general del animal”. Opinión que comparte el médico veterinario Eduardo Baldrich, quien enfatiza que “el intestino influye directamente en el bienestar general de perros y gatos, desde la digestión hasta el sistema inmune e incluso la conducta, pues cuando existe un buen equilibrio intestinal, los animales pueden absorber mejor los nutrientes y mantenerse más sanos”. Esto ha derivado en que, además de uso como medicamentos, los probióticos también se están incorporando cada vez más como parte de la prevención y el cuidado diario de las mascotas a través de su dieta cotidiana, lo que les ayuda a mantener un sistema digestivo saludable y también mejora su calidad de vida. “Hoy las mascotas son parte de la familia, pero muchas veces su salud digestiva no recibe la misma atención preventiva que la salud humana. Por ello, y a partir de nuestra experiencia, podemos asegurar que muchos problemas digestivos, inmunológicos e incluso cutáneos, en perros y gatos, están relacionados con la microbiota intestinal”, agrega el Dr. Baldrich. Frente a esta realidad innegable, la industria especializada poco a poco ha comenzado a desarrollar soluciones probióticas específicas, que ayudan a mantener ese equilibrio y contribuyen a una mejor salud y calidad de vida en las mascotas. Objetivos que impulsarán más y mejores desarrollos técnicos y científicos, como los que actualmente realiza, por ejemplo, la marca Probiovet en Chile, abriendo nuevas oportunidades para mejorar la salud y longevidad de perros y gatos. “Dado el aumento en la preocupación por el bienestar animal y el vínculo entre humanos y mascotas, el desarrollo de soluciones científicas enfocadas en la salud preventiva se seguirá posicionando como una de las principales tendencias en medicina veterinaria”, puntualiza el Dr. Baldrich. GALERÍAOTROS REPORTAJES a constante evolución de la industria alimentaria no solo se basa en el desarrollo científico-tecnológico de laboratorio. También requiere de un incesante trabajo de campo, con el objetivo de optimizar y perfeccionar tanto los métodos de producción como las estrategias de seguridad e inocuidad que se requieren para fabricar alimentos, ingredientes y materias primas. Parte importante de este trabajo en terreno, es realizado por las propias empresas del sector, lo cual se refleja a su vez, en nuevas oportunidades para implementar procesos de innovación y desarrollo que permiten ampliar y mejorar la oferta de alimentos y bebidas nutritivas, saludables y funcionales. Una de las empresas que mayores avances ha alcanzado en el campo de la I+D es Beneo, que desde hace 20 años produce en nuestro país, fibras prebióticas elaboradas a partir de raíces de achicoria, que se cultivan localmente en las modernas instalaciones ubicadas en la planta de Pemuco (región de Ñuble). Esta compleja y especializada labor, que recientemente celebró su vigésimo aniversario de operaciones en nuestro país, se orienta a impulsar procesos I+D que contribuyan a mejorar la salud y nutrición de personas y animales de todo el mundo. Para ello no solo cuenta con tecnología de punta y procesos de alta calidad y exigencia, sino también con experimentado equipo humano, compuesto por más de 290 técnicos, investigadores y operarios, que orientan sus esfuerzos al desarrollo de ingredientes alimentarios que hoy se utilizan en una gran variedad de aplicaciones de alimentos y bebidas, tanto para público adulto como infantil. Según explica Claudia Silva, Country Manager Chile, Argentina, Perú, Uruguay y Paraguay de BENEO, la decisión de instalar esta planta en Pemuco, en 2006, respondió a la necesidad estratégica de acompañar el crecimiento sostenido de la demanda por nuestras fibras prebióticas de raíz de achicoria y asegurar el suministro a nuestros clientes a nivel global. “Ya contábamos con nuestra planta en Oreye, Bélgica, y sumar una operación en el hemisferio sur nos permitió procesar la raíz de achicoria —un cultivo estacional— dos veces al año, fortaleciendo de manera significativa la seguridad de abastecimiento”, detalla la ejecutiva. “Además -agrega-, observábamos un interés creciente de los consumidores por ingredientes con respaldo científico, especialmente en el ámbito de la salud digestiva, lo que reforzó nuestra apuesta por expandir la capacidad productiva”. DESARROLLO INNOVADOR Cuando se inició la construcción del proyecto Beneo en Chile, la achicoria prácticamente no se cultivaba en la zona. Hoy, en cambio, la planta de Pemuco forma parte activa del ecosistema agrícola local, contando con cerca de 300 colaboradores, de los cuales alrededor de 230 participan en producción y administración; y 70 en el área agrícola. Claudia Silva detalla que, desde el punto de vista comercial, producir en Chile le permitió a la empresa posicionarse como un proveedor más cercano y confiable para Latinoamérica, reduciendo tiempos de entrega y riesgos logísticos. “Al mismo tiempo -añade-, ofrecer producción local de un ingrediente de alto valor agregado fortalece nuestras alianzas con fabricantes regionales, que pueden innovar con mayor continuidad y seguridad de suministro”. Del mismo modo, la elección de Ñuble como locación estratégica, tampoco fue algo que se decidió de manera aleatoria, pues, tal como indica la country manager de la compañía, la región reunía condiciones muy favorables para el proyecto, incluyendo atributos como suelos adecuados, clima propicio y disponibilidad de tierras agrícolas. “También fue clave la tradición agrícola de la zona y la disposición de los productores locales a incorporar un cultivo nuevo”, indica Claudia Silva. La ejecutiva explica, así mismo, que la combinación de estos factores permitió introducir y escalar el cultivo de raíz de achicoria de manera sólida y sostenible. “Además, la ubicación facilita el acceso a infraestructura de transporte, lo que respalda tanto la distribución nacional como las exportaciones a América, Europa, Asia y Oceanía”, enfatiza. Todo esto ha permitido que, con el tiempo y tras 20 años de exitoso desempeño, las operaciones de la planta de Pemuco, se hayan integrado profundamente con la economía local, aportando empleo, diversificación agrícola y desarrollo para la región. APORTE PARA LA SALUD DE LA POBLACIÓN El trabajo que hoy se realiza en Pemuco incluye el procesamiento de raíces de achicoria para producir inulina y oligofructosa, fibras prebióticas que brindan beneficios ampliamente documentados para la salud digestiva. De hecho, más de 25 años de investigaciones científicas y académicas, respaldan la valiosa contribución de estas fibras para el equilibrio del microbioma intestinal, la mejora de la función digestiva y efectos positivos asociados a la inmunidad y la salud metabólica. “Nuestros ingredientes se utilizan en alimentos, bebidas, nutrición especializada, industria farmacéutica y alimentación animal. Permiten mejorar el perfil nutricional de los productos incorporando fibra prebiótica y, al mismo tiempo, reducir el contenido de azúcar”, explica Claudia Silva “Además -puntualiza-, más allá de la reformulación, existen beneficios clínicamente documentados, como el apoyo a la regularidad intestinal y la promoción de la saciedad, especialmente relevantes para productos orientados al bienestar digestivo y al control de peso”. Todas estos beneficios de nutrición funcional permiten que las fibras de raíz de achicoria producidas en las instalaciones Beneo de Pemuco, formen parte del reducido grupo de prebióticos reconocidos por la Asociación Científica Internacional para Probióticos y Prebióticos (ISAPP). Esto asegura que las fibras de Beneo cumplan la definición científica de prebiótico; es decir, son utilizadas selectivamente por microorganismos beneficiosos y generan efectos medibles en la salud. Al respecto, la evidencia científica demuestra que algunos de estos efectos beneficiosos son los siguientes:
Claudia Silva también recalca que los estudios más recientes indican que una ingesta diaria de 3 gramos de fibra de raíz de achicoria, es suficiente para estimular significativamente el crecimiento de bacterias beneficiosas como las bifidobacterias. “Asimismo, se han observado mejoras significativas en parámetros de la función intestinal en adultos y niños en diferentes estudios”. CONEXIÓN INTEGRAL CON EL ECOSISTEMA Para asegurar la eficiencia operativa de esta cadena productiva, la planta de Pemuco trabaja con una red estructurada de agricultores locales que cultivan raíz de achicoria, bajo estándares agronómicos definidos directamente por Beneo. Para tales efectos, se les entrega acompañamiento técnico y asesoría permanente, lo que resulta clave para asegurar calidad y rendimiento. Esto ha permitido que, durante estas dos décadas de operaciones, la achicoria se haya convertido en un cultivo estable y atractivo para la región, fortaleciendo el conocimiento agrícola local y generando empleo rural. “Esto ha contribuido a un ecosistema agrícola más resiliente y diversificado en Ñuble”, explica Claudia Silva. La ejecutiva también detalla que el modelo integrado que implementó la compañía, les permite asegurar calidad, volumen y trazabilidad, ofreciendo a sus clientes ingredientes obtenidos de manera responsable y con un fuerte arraigo local. APORTE A LA SALUD Y EL PROGRESO DE CHILE El trabajo realizado por Beneo en Pemuco, se traduce en trascendentales ventajas de positivo impacto transversal para el país. En tal sentido, Claudia Silva comenta que desde el punto de vista, la compañía se ha consolidado como uno de los empleadores más relevantes de la región. “Además, hemos sido reconocidos como una de las ‘Mejores Empresas Pagadoras’ del país, lo que refleja nuestro compromiso con relaciones transparentes y pagos oportunos a agricultores y proveedores”. A su vez, desde el ámbito de la nutrición integral, las fibras elaboradas en Pemuco están alineadas con las principales tendencias en salud digestiva, salud mental —a través del eje intestino-cerebro— y control de peso, incluyendo el manejo de la glucosa y el apoyo a la saciedad. “Las fibras prebióticas de raíz de achicoria no solo permiten reducir azúcar y mejorar el perfil nutricional, sino que también apoyan activamente la salud digestiva y contribuyen al bienestar general mediante su impacto positivo en el microbioma intestinal”, comenta Claudia. Del mismo modo, la investigación sobre la conexión intestino-cerebro refuerza el rol de las fibras prebióticas dentro de un enfoque de salud holístico. PRODUCCIÓN SOSTENIBLE Claro que todo este esfuerzo no solo representa un aporte para el posicionamiento de Chile como proveedor de ingredientes saludables y funcionales para todo el mundo, sino que también demuestra el compromiso cada vez más profundo que la gran industria tiene con el cuidado del medioambiente. “Para nosotros -enfatiza Claudia Silva-, el crecimiento y la sostenibilidad deben avanzar de manera conjunta, pues la mayor demanda por ingredientes naturales y respaldados científicamente, nos exige asegurar suministro, pero también hacerlo de manera responsable”. Esto se traduce, por ejemplo, en acciones concretas como incrementar la producción sin que ello implique un mayor gasto de energía o consumo de recursos. En tal sentido Claudia Silva destaca que a nivel global se incrementó la capacidad en 30%, mientras que el consumo energético específico se redujo en 35%. En la planta de Pemuco esto fue posible gracias a un análisis exhaustivo del proceso productivo, que permitió identificar todas las oportunidades de mejora en eficiencia energética. “A partir de ello, actualizamos equipos e incorporamos nuevas tecnologías, como sistemas de evaporación más eficientes”, detalla Claudia, destacando que “estas inversiones reducen el consumo energético y mejoran la continuidad del proceso, ya que permiten limpiar equipos sin detener la operación completa, generando ahorros adicionales”. Un ejemplo concreto y medible de que la mejora continua forma parte integral del compromiso ambiental de la compañía y, al mismo tiempo, responde a las exigencias de sus clientes, que hoy (al igual que los consumidores en todo el mundo) buscan socios con trayectoria sólida en sostenibilidad. CRECIMIENTO Y EXPANSIÓN FUTURA
os principales objetivos de la empresa en el corto y mediano plazo, son fortalecer y optimizar el negocio principal, aumentando capacidad productiva y mejorando rentabilidad.
Al mismo tiempo, trabajan en expandirse hacia nuevos segmentos, sin descuidar la consolidación de los actuales. En Chile se han realizado inversiones importantes en ampliación de capacidad en los últimos años, lo que los deja bien posicionados para acompañar el crecimiento sostenido del mercado de ingredientes funcionales. GALERIAOTROS REPORTAJES l desarrollo de Novel Foods constituye uno de los principales ejes evolutivos impulsados durante los últimos años por la industria alimentaria internacional, gracias al uso de biotecnologías disruptivas e innovadoras. En este revolucionario contexto, una investigación liderada por el académico de la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Sebastián Pizarro Oteíza, promete posicionar a Chile y a la región como uno de los más importantes polos de innovación bioalimentaria de Latinoamérica. El estudio, cuyos resultados preliminares acaben de ser publicados, propone reemplazar la técnica tradicional de deshidratación de macroalgas, por una fermentación láctica que permitirá crear avanzados prototipos de bebidas con numerosas propiedades probióticas y antioxidantes. INNOVACIÓN DE FRONTERA El estudio del Dr. Pizarro se inició tras la comprobación en terreno de la alta disponibilidad de macroalgas en el litoral de la región de Valparaíso, y busca valorizar un recurso que actualmente no es aprovechado. Para ello, el académico utiliza la sacarificación enzimática (proceso que transforma azúcares complejos en simples), con el objetivo de permitir el crecimiento de microorganismos beneficiosos. Al respecto, el Dr. Pizarro explica que “el proyecto busca otorgar un valor agregado a los recursos marinos locales y fortalecer el vínculo con las comunidades algueras mediante el desarrollo de productos funcionales”. “La innovación del estudio es la sacarificación enzimática, pues las macroalgas tienen azúcares complejos por naturaleza y lo que yo propuse fue usar enzimas para cortar esa estructura en partes pequeñas, generando azúcares simples –monosacáridos y disacáridos– que son los más convenientes para las fermentaciones lácticas, como las que se usan en la elaboración de yogur o queso”, precisa el investigador. Actualmente, el proyecto avanza hacia pruebas de simulación gastrointestinal in vitro, para validar científicamente la absorción de estas bacterias y su potencial impacto positivo en la salud humana. “En Chile, una bebida se considera probiótica si tiene un recuento sobre 10 elevado a 6 UFC/ml (Unidades Formadoras de Colonias/ml); nosotros en el prototipo llegamos a 10 elevado a 10 (UFC/ml), pero debemos ver cuánto sobrevive a la digestión. Después de los ensayos in vitro vendrían las pruebas in vivo, y recién ahí podríamos avanzar a la parte comercial”, profundiza Pizarro. El investigador y académico precisó, así mismo, que los siguientes pasos del proyecto consideran el establecimiento de una línea de investigación interdisciplinaria junto a la académica de Tecnología Médica de la PUCV, Alejandra Sandoval. De este modo se espera mejorar los métodos de secado de las macroalgas y estudiar la propiedad anticancerígena de los extractos en células gástricas y de mama. En esta iniciativa también participa el académico Fernando Salazar González del Laboratorio de Fermentaciones Industriales de la Escuela de Alimentos PUCV, el cual cuenta con estaciones de microbiología y análisis físico-químicos para desarrollar productos fermentados como yogur, quesos, cerveza, vino y destilados. Para ello se utilizan equipos como biorreactores, fermentadores presurizados y alambiques para investigación y producción a escala. ALIMENTOS NOVELES Los Novel Foods son productos alimentarios que han sido introducidos recientemente en el mercado y presentan características distintas a los alimentos convencionales en términos de composición, estructura molecular, método de producción o uso previsto. Su consumo solo comenzó a ser significativo en mercados desarrollados, como la Unión Europea, con posterioridad a 1997; y una de sus principales características es que son elaborados a partir de fuentes innovadoras como, por ejemplo, insectos, carne cultivada, microorganismos, extractos de plantas exóticas, o productos creados con nuevas tecnologías (nanotecnología). Al respecto, el Dr. Sebastián Pizarro comenta que, según los reglamentos establecidos en la Unión Europea, las algas entran en la categoría de Novel Foods, aunque aún no hay claridad sobre los prototipos o derivados específicos utilizados. “Ahí se considera el aporte de nuestra generación de conocimiento, pues estamos abocados a demostrar que se pueden hacer estas bebidas con macroalgas pardas (huiro negro), rojas y verdes, evaluando sus propiedades bioactivas y funcionales relacionadas con la salud”, enfatiza. “Al mismo tiempo -agrega el académico- queremos destacar que la PUCV está logrando estos resultados con la motivación de desarrollar productos responsables, saludables y sostenibles”. GALERÍAOTROS REPORTAJESRecientes estudios revelaron que cinco variedades alimentarias poseen alto contenido de estos componentes, esenciales para equilibrar la flora bacteriana, fortalecer el sistema inmunológico, regular el metabolismo y preservar la salud integral. as tendencias de vida son, sin lugar a dudas, algunas de las instancias donde resulta más complejo resolver conflictos y alcanzar consensos. Esto se debe a que lo que es bueno para algunos grupos humanos, no siempre es igual de positivo para otros. Esta disyuntiva también se refleja en la alimentación, como sucede por ejemplo, entre quienes defienden las ventajas de las dietas veganas o vegetarianas, y quienes, por el contrario, prefieren optar por estilos más omnívoros, flexitarianos, pescetarianos u ovo-láctico-vegetarianos, entre otras múltiples y cada vez más variadas opciones. Sin embargo, más allá de estas diferencias valórico culturales que pueden manifestarse entre la población, lo cierto es que sí existe una instancia objetivamente cierta e incuestionable: la buena salud intestinal es absolutamente clave para mantener una óptima calidad de vida en todos los grupos etarios. Y no se trata solo de una afirmación retórica, pues los especialistas internacionales en salud y nutrición coinciden en que cada vez hay más evidencia científica que demuestra que el consumo diario de alimentos prebióticos nos ayuda a mantener un microbioma intestinal saludable. EL VALOR DE LOS PREBIÓTICOS Los prebióticos son alimentos a base de fibras vegetales que actúan como fertilizantes capaces de estimular el crecimiento de las bacterias sanas que habitan en el intestino grueso. Es decir, actúan como nutrientes directos de la macrobiota humana. Por ello, incorporar estos alimentos ricos en prebióticos a la dieta diaria fortalece y mejora el equilibrio de estos microorganismos (que algunos expertos también definen como un “organismo dentro de nuestro organismo”). Los prebióticos, además, tienen el potencial de modular el movimiento del tubo digestivo, para así transportar mejor los alimentos digeridos. Esta condición es clave para optimizar el funcionamiento del sistema inmune y del metabolismo, aspectos que a su vez son esenciales para mantener la salud integral de las personas. Uno de los aportes más recientes sobre la importancia de incrementar el consumo de alimentos ricos en prebióticos, corresponde a las conclusiones obtenidas durante “Nutrition 2023”; reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nutrición (American Society for Nutrition o ASN), que se realizó en la ciudad de Boston, Massachussets, entre el 22 y 25 de julio. En dicha oportunidad se presentó un estudio elaborado por los investigadores Cassandra Boyd y John Gieng, de la Universidad de San José, Estados Unidos, quienes evaluaron el contenido de prebióticos en más de 8.000 tipos de alimentos. A partir de sus análisis los investigadores concluyeron que el 37% de los alimentos estudiados tiene un contenido de prebióticos relevante para nutrir la flora intestinal. De este grupo, destacaron particularmente cinco: ● El diente de dragón ● Los tupinambos (también conocidos como “papas alcachofas” o “alcachofas de Jerusalén”) ● Los ajos ● Los puerros ● Las cebollas Cada uno de estos “Top 5” tiene, en promedio, un contenido de entre 100 y 240 mg de prebióticos por gramo, lo que los posiciona en la primera línea de los alimentos beneficiosos para la salud intestinal El trabajo de Cassandra Boyd y John Gieng también relaciona el consumo de prebióticos con una mejor regulación de la glucosa en la sangre y una mayor absorción de minerales como el calcio. ¿CUÁNTOS PREBIÓTICOS NATURALES PODEMOS CONSUMEN AL DÍA? La mayoría de las actuales directrices dietéticas no especifica la cantidad diaria exacta de consumo recomendado. Sin embargo, la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (organización sin fines de lucro que estableció la definición actual de prebióticos) sí recomienda, al menos, ingerir cinco gramos de prebióticos al día para mantener una adecuada salud intestinal. A partir de estas estimaciones, y de los cálculos realizados durante su estudio, la investigadora Cassandra Boyd estima que una persona adulta necesitaría consumir al día, aproximadamente, la mitad de una cebolla pequeña para obtener cinco gramos de prebióticos. “Los hallazgos de nuestra revisión preliminar de la literatura sugieren que las cebollas y los alimentos relacionados contienen múltiples formas de prebióticos, lo que lleva a un mayor contenido total. Por ende, como las cebollas aparecen en una gran variedad de platos, tanto en forma de ingredientes principales como de saborizantes, su consumo masivo sería un objetivo factible para que la gente aumente su ingesta de prebióticos”, enfatiza Boyd. En el mismo trabajo, los investigadores Boyd y Gieng también concluyeron que los alimentos que contienen trigo ocupan los últimos puestos de la lista en la cantidad de prebióticos por gramo. Así mismo, los alimentos con poco o ningún contenido prebiótico son los productos lácteos no fermentados, los huevos, los aceites y las carnes. El estudio tomó como base los resultados científicos publicados anteriormente, para analizar el contenido en prebióticos de 8.690 alimentos incluidos en la “Base de Datos de Alimentos y Nutrientes para Estudios Dietéticos”. Este recurso actualmente es utilizado por numerosos científicos que estudian sobre la relación entre nutrición y salud. Además, los investigadores Boyd y Gieng esperan que su estudio sirva de base para ayudar a otros científicos a evaluar las repercusiones de los prebióticos en la salud, e informar las futuras directrices dietéticas relacionadas con ellos. Al respecto, también enfatizaron que se necesita más investigación para comprender cómo influye la cocción de los alimentos en el contenido de prebióticos, y para evaluar mejor el aporte de aquellos productos naturales que contienen múltiples ingredientes. LA IMPORTANCIA DE UNA DIETA INFORMADA Junto con incrementar el consumo de prebióticos, las personas también deben cuidar y preservar todas las variables que fortalecen la salud intestinal. Al respecto, el decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Chile, Dr. Luis Castillo, comenta que la salud intestinal es esencial “para mantener un sistema digestivo en buen estado, y así mejorar la absorción de nutrientes”. Por ende, “una dieta equilibrada y rica en ciertos alimentos puede favorecer la salud intestinal”, añade. Opinión que comparte la jefa de la unidad de salud pública de la misma casa de estudios, Dra. Karla Rubilar Barahona, quien precisa que además de los prebióticos hay otros alimentos que también pueden ser altamente beneficiosos para la salud intestinal, “como la avena, cebada, frijoles, lentejas, zanahorias, manzanas y peras, pues entran en la categoría de las fibras solubles, que ayudan a suavizar las heces y facilitar el tránsito intestinal”, explica. La docente y facultativa también destaca el aporte saludable de otros alimentos pertenecientes al grupo de las fibras insolubles, “como salvado de trigo, cereales integrales, espinacas, brócoli y coliflor”. Según recientes investigaciones este grupo además de fortalecer la salud digestiva, ayuda a reducir el riesgo de diabetes. En el caso de los alimentos ricos en probióticos, la Dra. Rubilar también agrega al listado con mayor proporción “el yogur, el kéfir, el chucrut, el kimchi y otros alimentos fermentados”. Si bien estas recomendaciones generales son muy importantes para la salud de la población, también es importante recordar que cada persona es diferente y, tal como lo mencionamos al comienzo de esta nota, lo que beneficia a una, puede no tener el mismo efecto en otra. Al respecto, el Dr. Luis Castillo recomienda siempre consultar a un profesional de la salud o a un nutricionista, para obtener asesoramiento personalizado y adecuado a las necesidades específicas de cada persona. OTROS ALIMENTOS IMPORTANTES Junto con los prebióticos, los expertos de la Universidad Autónoma de Chile también identifican otros grupos de alimentos importantes para preservar una buena salud intestinal. Estos son los siguientes: ● Alimentos ricos en antioxidantes: Los antioxidantes ayudan a reducir la inflamación y el estrés oxidativo en el intestino. Este grupo incluye alimentos como bayas, nueces, espinacas, remolacha y tomates. ● Grasas saludables: Las grasas saludables, como las presentes en el aceite de oliva, la palta y los frutos secos, pueden ayudar a reducir la inflamación y promover una digestión adecuada. ● Pescado rico en omega-3: Los ácidos grasos omega-3 presentes en pescados grasos, como el salmón y las sardinas, tienen propiedades antiinflamatorias. ● Agua: Mantenerse bien hidratado es crucial para una buena salud intestinal, ya que el agua ayuda a mantener las heces blandas y favorece el tránsito intestinal. ● Té verde: El té verde contiene compuestos antioxidantes que también pueden ser beneficiosos para la salud intestinal. GALERÍA
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