a agroindustria enfrenta complejos desafíos productivos y ambientales, derivados de la creciente presión que ejerce el mercado para contar con alimentos más seguros, saludables y nutritivos, pero sin que el aumento en la cantidad o calidad de los mismos, dañe al medioambiente. En este contexto, el desarrollo científico y biotecnológico se posiciona como uno de los aliados más trascendentes y relevantes para el sector, no solo por su capacidad para impulsar la innovación creativa, sino también para desarrollar herramientas que permitan a los productores enfrentar de mejor forma los cambios de tendencias de mercado y el estrés hídrico-climático que hoy impera en gran parte del mundo, especialmente en Chile. Un camino desafiante y complejo, pero que al mismo tiempo abre interesantes y atractivas oportunidades para concretar nuevos negocios, en la medida que todos los actores del ecosistema innovador trabajen de manera mancomunada, para así aunar esfuerzos e impulsar el posicionamiento definitivo de Chile como potencia ecoalimentaria. Precisamente con ese objetivo en mente, la Dirección de Transferencia e Innovación de la Universidad de O’Higgins (UOH), con el cofinanciamiento de Corfo, el evento realizó en su campus de San Fernando, la primera edición del seminario internacional Agro-Tech O’Higgins, evento que espera posicionarse como hub de emprendimiento e innovación científica y biotecnológica, en una de las regiones que tiene la riqueza agroalimentaria más variada de nuestro país. El encuentro convocó, en dos jornadas, a investigadores, académicos, empresas, emprendedores, productores y representantes del mundo público y privado, consolidándose como una plataforma que promueve la transferencia tecnológica, el intercambio de conocimientos y la colaboración entre los distintos actores del ecosistema agroalimentario. APOYO AL ECOSISTEMA Durante la sesión inaugural, la Rectora de la Universidad de O’Higgins, Fernanda Kri Amar, destacó que la alta convocatoria y la calidad de las expositores participantes reflejan la pertinencia de impulsar espacios de encuentro entre la academia y el sector productivo, especialmente en una región donde la agricultura constituye uno de sus principales motores de desarrollo. “Agro-Tech demuestra que cuando la academia, el sector productivo y las instituciones trabajan de manera articulada es posible acelerar la incorporación de innovación, sin perder de vista las necesidades de nuestros territorios, la agricultura campesina y las comunidades rurales. Ese es precisamente el sello que queremos seguir fortaleciendo como universidad regional”, enfatizó la autoridad académica. Por su parte, el director regional de Corfo O’Higgins, Andrés Mejía, valoró el evento como una instancia estratégica para acercar la innovación a quienes forman parte del ecosistema agroalimentario regional. “Nuestro compromiso es impulsar la innovación y acercarla a quienes la necesitan. Por eso promovemos instancias como Agro-Tech, donde investigadores, empresas y productores comparten soluciones que contribuyen a construir una agricultura más sostenible, competitiva y preparada para los desafíos del futuro”, afirmó el personero, destacando además el trabajo conjunto desarrollado entre Corfo y la Universidad de O’Higgins. CONECTANDO CIENCIA Y TERRITORIO Durante las dos jornadas los asistentes participaron de valiosas presentaciones técnicas, realizadas por conferencistas de Chile, Brasil, España, Estados Unidos y Uruguay, entre otros países, donde se abordaron temáticas de alta trascendencia e impacto como, por ejemplo:
La directora de Transferencia e Innovación de la UOH, María Alejandra Cuevas, destacó precisamente esta transversalidad temática, enfatizando que uno de los principales resultados del encuentro fue demostrar “cómo la investigación aplicada desarrollada por la Universidad y otras organizaciones puede responder a desafíos concretos del sector productivo”. “Recibimos a más de 200 participantes provenientes de las tres provincias de la región, junto a más de 40 empresas, emprendimientos y startups, además de 20 expositores nacionales e internacionales que compartieron experiencias en fruticultura, producción de alimentos, inteligencia artificial, nuevas tecnologías y ganadería”, agregó Cuevas, recalcando que a partir de este balance, Agro-Tech O’Higgins “permite demostrar cómo la ciencia entrega soluciones concretas para el territorio y cómo la investigación que desarrollan nuestros institutos aporta al desarrollo productivo y a la calidad de vida de las personas”. La directiva destacó, asimismo, la participación de diversas iniciativas provenientes del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3), el Instituto de Ciencias de la Ingeniería (ICI) y el Instituto de Ciencias de la Salud de la UOH, reflejando el carácter interdisciplinario del encuentro. TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA AGRICULTURA LOCAL El impacto del encuentro también fue destacado por los propios participantes. El coordinador de Prodesal Paredones, Héctor Sebastián González, quien asistió junto a pequeños agricultores y productores del secano costero, valoró la posibilidad de acceder a herramientas e innovaciones aplicables a la realidad de los territorios. “Espacios como Agro-Tech nos permiten acercar el conocimiento sobre innovación y nuevas tecnologías al territorio, y transformarlo en oportunidades concretas para nuestros agricultores, especialmente en ámbitos como la trazabilidad, la sanidad y la eficiencia de los procesos productivos”, puntualizó. Uno de los ejemplos de esta eficiencia pudo comprobarse en la participación de la startup Fudmi, que utiliza los descartes de frutas y hortalizas generadas en el mercado de Lo Valledor de Santiago, para producir alimentos con propiedades funcionales y alto valor agregado. Dentro de su gama, destacaron las nuevas sopas instantáneas en formato individual, preparadas con vegetales y cereales deshidratados, así como mermeladas, salsas de tomate e innovadores hogazas de pan enriquecidas con vegetales, que ofrecen mayor contenido de vitaminas, minerales y fibra, en comparación con los panes de harina blanca. De este modo, la primera versión, Agro-Tech O’Higgins abre múltiples oportunidades para proyectarla como una plataforma que fortalecerá la vinculación entre ciencia, innovación y sector productivo, promoviendo la transferencia tecnológica, la colaboración y el desarrollo de soluciones para una agricultura más sostenible, resiliente y competitiva. Objetivos que abren, al mismo tiempo, la oportunidad de consolidar una auténtica red de colaboración capaz de seguir impulsando la transformación del sector agroalimentario, desde la Región de O’Higgins hacia Chile y el mundo, y promoviendo a nuestro país como la nueva gran potencia ecoalimentaria del siglo XXI. GALERÍAOTROS REPORTAJES
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ras cuatro días de intensa actividad, la feria internacional Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 cerró su edición número trece, congregando a más de 39.000 visitantes profesionales y 650 expositores provenientes de 22 países. Estas cifras ratifican el creciente posicionamiento y liderazgo del evento colombiano, como el principal escenario de negocios, innovación y conocimiento para la industria de alimentos y bebidas de la región. Tal distinción no es fruto de la casualidad, pues por primera vez en sus 13 ediciones, la feria se integró de manera oficial a la red global Anuga, el mayor ecosistema ferial especializado en alimentos y bebidas del mundo. Este hito marca una nueva etapa para la feria y fortalece su capacidad para conectar a productores, empresarios y compradores de Latinoamérica y el Caribe con oportunidades de negocio y destacados mercados internacionales en todo el mundo. Con esta incorporación, Alimentec | Anuga Select Colombia fortalece su papel como plataforma estratégica para la internacionalización de la industria alimentaria colombiana y regional. CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN La edición 2026 también confirmó una tendencia que está redefiniendo de manera cada vez evidente a la industria alimentaria a nivel global, a través del poder de decisión de consumidores más informados, empoderados e interesados en conocer el origen de los alimentos, sus procesos de producción y el impacto que generan tanto en la cadena de valor como en el propio ecosistema. En dicho contexto, el concepto Origin Matters (El origen importa) se consolidó como eje central de la feria, lo que se expresó en el lanzamiento de un pabellón dedicado a alimentos no procesados y al valor del origen, el cual fue, precisamente, uno de los espacios más visitados por compradores, empresarios y profesionales del sector. Allí pudieron conocer de primera mano una muestra de las tendencias que hoy impulsan las decisiones de consumo y compra en los mercados internacionales. Al respecto, Doris Chingaté, jefa de Proyecto de Corferias (entidad organizadora del evento), detalló que la edición 2026 de la muestra “demostró que la conversación sobre lo que comemos ya no es solo una tendencia de consumo, sino una reorganización de toda la cadena, pues los compradores ahora, también preguntan de dónde viene el alimento, cómo se produjo y qué hay detrás”. RENOVADA PROPUESTA DE VALOR Más allá de ser una muestra comercial, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 fortaleció su propuesta de valor a través de una agenda de eventos diseñada para impulsar el conocimiento, la innovación y las conexiones dentro de la industria. De hecho la agenda académica y experiencial de la feria reunió aproximadamente a 220 speakers en 168 actividades (143 charlas, 17 talleres y 8 masterclasses) distribuidas en nueve espacios: Food Innovation Summit, Cooking Shows, HORECA Talks, Franquicias, Food Service Summit, Club del Asado y Bake & Arts. En dichos espacios, empresarios, compradores, chefs, productores y expertos de la región accedieron a contenidos especializados, demostraciones en vivo y análisis de tendencias que complementaron la experiencia ferial. HITOS COMERCIALES DE LA VERSIÓN 2026 El fortalecimiento del componente internacional y la participación de compradores de diferentes mercados se reflejaron en los resultados comerciales de la feria. Así por ejemplo, la rueda de negocios desarrollada en forma paralela a la muestra reunió a 107 compradores nacionales e internacionales de 18 países y a 384 expositores participantes, generando expectativas comerciales superiores a 16 millones de USD y concretando 1.270 citas de negocio durante los días del evento. El impacto de la feria también se reflejó en los resultados de sus expositores. Para Grupo Diana, por ejemplo, que estuvo presente en el Gran Salón, la edición representó el lanzamiento oficial de Diana Profesional, ecosistema de ocho categorías orientadas al canal food service e institucional. Estos resultados entusiasmaron a Ana Catalina Bolívar, directora de Negocio B2B de Grupo Diana, quien enfatizó que este evento se ha posicionado como algo que va más mucho más allá de un espacio comercial, abriendo espacios para la participación de marcas “que no se veían hace casi diez años”. “Es un escenario donde están los actores que realmente están transformando la industria gastronómica y alimentaria del país”, afirmó la ejecutiva. Asimismo, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 también abrió importantes puertas para que las empresas colombianas puedan conquistar nuevos mercados, como pudo comprobarlo Avícola El Guamito, compañía con más de 40 años de trayectoria y una producción superior a 600 millones de huevos al año, que aprovechó la feria para reunirse con clientes internacionales y avanzar en oportunidades de exportación. “Tuvimos la posibilidad de abrir nuevos mercados, en el caso de Chile y Grecia para activar exportaciones”, indicó Andrés Hernández, Director Comercial de la compañía. REPOSTERÍA DE LUJO Uno de los momentos más destacados de la agenda fue la eliminatoria nacional del Premio Internacional de Alta Pastelería Paco Torreblanca a la Mejor Tarta de Chocolate del Mundo. En la categoría profesional, el chef Jonathan Buitrago obtuvo el primer lugar con su creación “Macondo”, convirtiéndose en el representante de Colombia en la final que se realizará en España. A su vez, en la categoría estudiantil, la ganadora fue la chef Alicia Castañeda con su tarta “Armonía 70”, reconocimiento que le otorgó una beca para formarse en la Escuela Paco Torreblanca. Todos estos hitos comerciales, productivos y operacionales permiten a los organizadores del evento manifestar su plena satisfacción por el logro de los objetivos trazados previamente. Así lo manifestó Alberto Almanza, Project Manager de Koelnmesse para Alimentec | Anuga Select Colombia, quien enfatizó que la integración de Alimentec a la red Anuga, “fue más que un cambio de nombre”, dado que en esta edición “se pudo conectar con más fuerza a Colombia con el ecosistema ferial de alimentos y bebidas más importante del mundo”. “Los expositores colombianos tienen ahora acceso directo a una brand family que reúne a más de 8.000 expositores de 110 países y que se celebra en cuatro continentes. Esta edición demostró que Colombia está lista para ese escenario", recalcó el ejecutivo. La próxima edición de Alimentec | Anuga Select Colombia está prevista para realizarse del 6 al 9 de junio de 2028. Los Organizadores
uego de una edición que marcó el inicio de una nueva etapa bajo la red global Anuga, Alimentec | Anuga Select Colombia 2026 reafirma su papel como principal punto de encuentro para la industria de alimentos y bebidas de Latinoamérica y el Caribe.
Para ello fue fundamental su alianza con Koelnmesse - Ferias sectoriales para la industria de la alimentación, líder internacional en la celebración de certámenes dedicados a la alimentación. Además, Koelnmesse presenta en mercados importantes a lo largo y ancho de todo el mundo como, por ejemplo, en Brasil, India, Italia, España, Japón, Colombia, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos, ofreciendo a sus clientes eventos y ferias de referencia regionales a medida en diferentes mercados, garantizando un negocio sostenido a nivel internacional. En el campo de la tecnología alimentaria, Koelnmesse está también óptimamente posicionada con sus ferias de referencia mundial Anuga FoodTec y ISM Manufacturing, así como con su red global que incluye otros certámenes feriales. Corferias – Centro Internacional de Negocios y Exposiciones de Bogotá, a su vez, cuenta con más de 70 años de experiencia, como principal recinto ferial de Colombia y uno de los más importantes de América Latina. Su misión es promover el desarrollo empresarial, social y cultural mediante ferias, eventos y convenciones que impulsan la innovación y la actividad económica en la región. GALERÍAOTROS REPORTAJES comienzos del presente siglo la economía nacional descansaba con plena tranquilidad en la producción hortofrutícola para consolidar el posicionamiento de Chile como potencia alimentaria de clase mundial. Sin embargo, tan solo dos décadas después, los graves efectos del “cambio climático” y la escasez crónica de precipitaciones que afecta a gran parte del territorio nacional, trazan un escenario de estrés hídrico agudo que representa uno de los desafíos más críticos para el desarrollo presente y futuro de la agroindustria nacional. De hecho, según datos de la Dirección Meteorológica de Chile, las precipitaciones han disminuido en promedio entre 15 % y un 20 % en todo el territorio nacional durante las dos últimas décadas, mientras que solo en la zona central (donde tradicionalmente se concentra gran parte de la producción agrícola, incluyendo los principales cultivos de exportación hortofrutícola) esta reducción alcanza una proporción de entre 25 % a 40 %, debido a la megasequía que ya se extiende por más de 15 años. Esta disminución de la precipitaciones es una de las principales causas del estrés hídrico que hoy afecta tanto a la agricultura, como a la generación hidroeléctrica y al abastecimiento de agua potable en Chile. Escenario que en años recientes también se ha combinado con una mayor prevalencia de fenómenos climáticos adversos de carácter repentino y extremo como, por ejemplo, olas de calor, heladas fuera de temporada, lluvias breves muy intensas, aluviones e incendios forestales estivales. Todo estos eventos son altamente destructivos y pueden provocar pérdidas económicas muy importantes para toda la economía, incluyendo pérdida de cosechas, daños a la infraestructura productiva y reducción en la calidad de frutas y hortalizas de exportación. Algunos de estos ejemplos hoy son claramente evidentes a lo largo de la zona central, donde ya se dejan sentir con fuerza fenómenos como:
A su vez, la falta de riego y el aumento excesivo de las temperaturas promedio, incluso durante el invierno (con días en que las máximas han superado los 20 grados Celsius en meses tradicionalmente fríos, como mayo, junio y julio) favorece la expansión y supervivencia de contaminantes biológicos, como insectos, hongos y microorganismos patógenos. Esto genera tanto pérdidas a nivel de cosechas, como mayores gastos en control fitosanitario, así como alto riesgo para la calidad, inocuidad y seguridad alimentaria. Consecuentemente, el sector también enfrenta mayor riesgo para sus exportaciones, debido a la pérdida de cosechas, la baja en la calidad de los productos y la pérdida de competitividad derivada del potencial incumplimiento de exigencias internacionales relacionadas con inocuidad, sostenibilidad y huella de carbono. A lo cual se suma el impacto socioeconómico para los pequeños agricultores, que son más sensibles ante los escenarios de crisis y contingencia. Al respecto, Maurice Streit, Ejecutivo de Innovación Agraria de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA, comenta que el aumento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones, así como la mayor ocurrencia de eventos climáticos extremos y/o extemporáneos, como sequias, lluvias intensas, granizos, olas de calor y heladas, entre otros, hoy son una realidad innegable y “afectan directamente la producción silvoagropecuaria del país”. “Esta afectación -precisa- puede ocurrir también de manera más indirecta, mediante cambios en los patrones de comportamiento de plagas y enfermedades, aunque en ambos casos, se produce en general un efecto negativo en la producción, calidad y costo de los productos silvoagropecuarios, lo que representa un desafío económico, pero también social, ambiental e institucional para el sector”. Opinión que comparte Carlos Zúñiga, experto en riego e investigador del Centro INIA La Cruz, quien detalla que el volumen actual de precipitaciones registradas en Chile es menor que las cantidades de agua que los cultivos necesitan en el año para llegar a sus rendimientos potenciales. “Esto es especialmente marcado en la zona norte y central, donde hoy se debe suplementar la cantidad de agua que las precipitaciones no entregan, a través del riego, durante los períodos estivales de mayor demanda hídrica”, precisa el especialista. Zúñiga también recalca que la agricultura utiliza alrededor de 75 % del uso consuntivo del agua, siendo el sector económico que maneja la mayor cantidad de este recurso, por lo que “cualquier disminución en la cantidad de precipitaciones genera un desbalance que afecta enorme y principalmente a la producción agrícola, lo que puede afectar el crecimiento de los cultivos y, por lo tanto, su producción o calidad. Esto significa menor rendimiento y calidad de frutales, hortalizas o forraje”. RESILIENCIA Y ADAPTACIÓN TECNOLÓGICA Este desafiante escenario, en términos generales, hoy obliga a la agricultura y la agroindustria chilena a evolucionar desde un modelo productivo tradicionalmente basado en la abundancia relativa de recursos hídricos, hacia uno más centrado en la escasez creciente de agua y en la necesidad de optimizar la eficiencia en el consumo, con el objetivo de incrementar tanto la capacidad de resiliencia como la adaptación permanente al contexto. Algo que solo puede lograrse mediante el uso de mejores prácticas y herramientas biotecnológicas avanzadas. Así se expuso recientemente durante la versión 2026 de AgroTrade y Agronight Chile, evento organizado por la Asociación de Viveros de Chile, AGV; y en el vigésimo Seminario “¿Cómo viene la Temporada para el Agro Nacional?”, organizado por la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA. En ambas instancias diversos paneles de expertos multisectoriales concluyeron que se deben adoptar medidas más enérgicas para impulsar el uso de nuevas soluciones biotecnológicas, como el mejoramiento genético de suelos, cultivos y especies hortofrutícolas, para hacerlas más resistentes a las nuevas condiciones meteorológicas y ambientales. También se abogó por el uso intensivo de nuevas soluciones digitales, como riego de precisión, sistemas automatizados y herramientas controladas por redes neuronales, Inteligencia Artificial y analítica de datos, entre otras posibilidades que la ciencia del siglo XXI ya ha comenzado a incorporar exitosamente al rubo agropecuario, en especial gracias al aporte del ecosistema emprendedor. Esta iniciativas se suman a la urgente necesidad de cambiar los paradigmas que aún prevalecen en la gestión hídrica a nivel macro, objetivo que abre paso (tal como lo sugieren el ministro de Agricultura, Jaime Campos, y el presidente de la SNA, Antonio Walker), a la implementación de un modelo de concesiones, que permita mayor participación de capitales privados en la construcción de nueva infraestructura de riego (como embalses y redes de riego automatizado), y en la implementación de más soluciones tecnológicas de punta, incluyendo futuras plantas de desalinización de agua de mar, en aquellas zonas donde sea más urgente y viable (como, por ejemplo, en la región de Coquimbo). Es decir, apostar a fondo y en profundidad por un cambio de paradigma absoluto, que “derribe los silos de la agroindustria tradicional” y de paso un nuevo modelo de gestión más moderno, eficiente y sostenible, que permita enfrentar de mejor forma los efectos del estrés hídrico, para optimizar los cultivos y brindar tanto seguridad alimentaria a la población como nuevas oportunidades de posicionamiento en los mercados internacionales, a los productores que hoy están amenazados por sequías, eventos meteorológicos extremos y riesgos fitosanitarios desconocidos. SALTO TECNOLÓGICO Este cambio de paradigma, de acuerdo con las voces expertas, requiere de soluciones inmediatas y avanzadas como, por ejemplo:
En tal sentido, Maurice Streit, comenta que los desafíos impuestos por el cambio climático han obligado al sector a reevaluar la localización de proyectos agrícolas, privilegiar el uso de especies y variedades mejor adaptadas a las nuevas condiciones climáticas, y adoptar cada vez más tecnología. “Por ejemplo -detalla el experto de FIA-, en el aspecto tecnológico ya se han desarrollado simulaciones climáticas que permiten evaluar la conveniencia de comenzar o mantener proyectos agrícolas, así como también otras soluciones que incluyen plataformas de pronóstico y alerta meteorológica, de riesgo fitosanitario, de gestión del agua a nivel de cuenca, programación satelital del riego, agricultura de precisión, cámaras montadas en drones para evaluación de cultivos, riego inteligente (con uso de sensores de humedad de suelo, condición hídrica de la planta y nuevas estrategias de riego), insumos que aumentan la resiliencia de los cultivos frente al estrés hídrico, monitorización de implementos de riego y, más recientemente, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial”. Visión que comparte Carlos Zúñiga, de INIA La Cruz, quien de todos modos enfatiza que si Chile desea mantener su posicionamiento como potencia alimentaria, “requiere de mayor producción agrícola, la cual, a su vez, requiere de agua, y eso va a seguir siendo así, independientemente del grado de tecnologización del que se disponga”. “En este sentido -enfatiza Zúñiga-, es necesario recalcar que la primera pregunta que se debe responder es con cuánta agua se dispone, qué es lo que verdaderamente se puede producir con ella y cómo puedo hacer lo más eficiente posible en su utilización. Una vez establecida la cantidad de agua disponible para la producción de cualquier cultivo, y lo que potencialmente se puede producir con ella, se debe determinar la manera de ocupar el recurso de la forma más eficiente posible”. Para este propósito, el experto de INIA detalla que hoy existen una serie de herramientas tecnológicas que permiten alcanzar esa eficiencia, entre las cuales destaca las siguientes: ● Programar el riego de acuerdo a la demanda real de agua de las plantas, mediante estaciones meteorológicas automáticas que determinen la evapotranspiración de referencia, a partir de la cual se puede calcular el tiempo y frecuencia de los riegos. Carlos Zúñiga precisa que estas estaciones están disponibles de manera comercial, “aunque también existe la Red Aagrometeorológica de INIA, que cuenta con estaciones meteorológicas públicas desde donde se puede descargar la información de la estación meteorológica más cercana”. ● Uso de sensores de capacitancia, también llamados sensores FDR o TDR, que permiten un monitoreo continuo y frecuente del contenido de agua del suelo a distintas profundidades, permitiendo “vigilar” que el contenido de agua del suelo se mantenga dentro de niveles que no signifiquen estrés para las plantas. ● Empleo de microtensiómetros, que obtienen el potencial hídrico xilemático de las plantas a través de sensores insertados en el xilema (variable que indica el nivel de estrés hídrico). ● Utilización de imágenes satelitales u obtenidas mediante drones, para analizar la velocidad de crecimiento de los cultivos, o bien, para obtener el estado nutricional de las plantas (mediante cámaras especiales). ● Adquisición de medidores volumétricos electrónicos que entreguen información sobre la cantidad de agua que se entrega en cada riego, la cual es clave para hacer la “contabilidad” del agua utilizada. Zúñiga también destaca que INIA, encabeza diversos proyectos de eficiencia hídrica en todas las zonas del país, con el objetivo de apoyar la adaptación de la agricultura chilena a los efectos del cambio climático y la condición de escasez hídrica que afecta ya a algunos territorios. “Para lograr lo anterior -precisa-, es indispensable el uso de dispositivos tecnológicos y de agricultura 4.0, para así contar con datos precisos para la toma de decisiones y realizar un riego optimizado a las reales necesidades de agua en los cultivos; a lo cual se suman otras iniciativas de riego tecnificado, por goteo o subterráneo, por nombrar algunas opciones. Sin embargo, también es relevante contar con variedades de cultivos adaptadas a este nuevo escenario de estrés hídrico, y en esa línea también la institución tiene propuestas novedosas, que con un buen manejo, permiten tener rendimientos óptimos con un uso moderado de agua”. Líneas de trabajo que también destaca Mauricio Streit, quien comenta que FIA actualmente apoya numerosas iniciativas de innovación biotecnológicas dedicadas a esta materia, y que como parte del Comité Técnico Intraministerial de Cambio Climático (CTICC), asesora al ministerio de Agricultura en la formulación de estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático. En ese contexto, detalla que entre las diversas iniciativas apoyadas por FIA en el ámbito del cambio climático y gestión del déficit hídrico destacan, entre otras:
Acciones que se suman a numerosos emprendimientos puestos en marcha durante la última década, por el ecosistema emprendedor, que van desde la implementación de soluciones de riego mediante IA hasta el uso de edición genómica para desarrollar cultivos más nutritivos y resistentes a las olas de calor, heladas y lluvias extremas. Todo lo cual demuestra que, con una hoja de ruta coherente, un trabajo coordinado entre academia, sector privado e instituciones públicas, y visión de futuro, es posible impulsar una adaptación eficiente, resiliente y sostenible de la agroindustria chilena a los efectos del cambio climático, fortaleciendo su capacidad para garantizar la seguridad alimentaria de la población y posicionar a nuestro país como una potencia ecoalimentaria mundial. GALERÍAOTROS REPORTAJES l sector productivo agropecuario chileno atraviesa, en la actualidad, uno de los escenarios más complejos y desafiantes de su historia, caracterizado por la incertidumbre económica y geopolítica internacional, el aumento de la competencia regional y el creciente estrés ambiental que afecta a las regiones más fértiles de nuestro país. Todo ello en un contexto que exige innovar y evolucionar, para adaptarse en forma más ágil y eficiente a un mercado cada vez más competitivo y que, al mismo tiempo, demanda alimentos más saludables e inocuos, pero también más sostenibles, lo cual genera presión tanto a nivel de los grandes productores como de la agricultura familiar campesina. Estos fueron, precisamente, los puntos centrales de la XX versión del seminario “¿Cómo viene la temporada? 2026-2027?”, organizado por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), y que convocó a representantes gremiales, autoridades, consejeros y protagonistas transversales del sector agrícola. Durante la jornada se realizaron diversas presentaciones técnicas que abordaron en profundidad el escenario económico, productivo y geopolítico que enfrentará la agricultura chilena durante el presente ciclo productivo, ahondando con especial interés aspectos de relevancia trans sectorial tales como, por ejemplo:
AMENAZAS Y OPORTUNIDADES La presentación inicial correspondió al presidente de la SNA, Antonio Walker, quien llamó a enfrentar con decisión los desafíos que vive el sector, en un contexto marcado por la incertidumbre internacional, el aumento de los costos de producción y la desaceleración económica. En su exposición, Walker detalló que este contexto desafiante se estructura a partir de factores externos, internos, de infraestructura, laborales y de seguridad: Entre los factores externos enumeró los conflictos internacionales, que generan efectos negativos como el aumento del precio del petróleo, complicaciones en la cadena logística y alza en los costos de insumos estratégicos como fertilizantes, agroquímicos y energía. También puso énfasis en la creciente incertidumbre y volatilidad de los mercados, así como en la pérdida de competitividad que ha experimentado nuestro país frente a otras economías de la región, lo cual podría traducirse, eventualmente, en la pérdida de mercados y menores oportunidades para la exportación hacia mercados emergentes, como India y el sudeste asiático. El presidente de la SNA también tuvo tiempo para criticar los cambios arancelarios injustificados impuestos por el gobierno de Estados Unidos y que, a su juicio, “alteran las condiciones de la relación diplomática y comercial histórica que Chile ha mantenido con dicho país, afectando de paso la cadena de abastecimiento y la seguridad alimentaria”. Walker destacó, asimismo, la necesidad de fortalecer la competitividad del país, y de avanzar en temas clave como seguridad rural, crisis hídrica, sanidad vegetal y animal, migración ordenada y apertura de nuevos mercados para los productos agrícolas chilenos. En ese sentido, el directivo puso especial énfasis en la necesidad de avanzar con urgencia estratégica y mayor decisión en el desarrollo de nueva infraestructura hídrica, incluyendo la construcción de mayores embalses y la implementación de sistemas de desalación en aquellas zonas geográficas donde dicha tecnología sea viable. También recalcó la urgencia de avanzar en un plan de recarga de acuíferos, de modernización y ampliación de la cobertura del riego tecnificado, y en el desarrollo de una institucionalidad más robusta. “Todo esto es necesario -recalcó- porque cuando el campo avanza, Chile avanza. Los agricultores no solo producimos alimentos, sino que cultivamos bienestar y desarrollo, lo que nos permite reafirmar nuestro compromiso con el desarrollo del país y con la construcción de un Chile que sea Potencia Ecoalimentaria”. PERSPECTIVA PÚBLICA Quien también tuvo la oportunidad de entregar su visión respecto de los desafíos y oportunidades del sector, fue el ministro de Agricultura, Jaime Campos, cuya intervención se centró en plantear los principales ejes o pilares estratégicos a partir de los cuales se estructurará la gestión del gobierno en el área agrícola. Al respecto, el secretario de Estado recalcó que la actual administración se concentrará en darle renovado impulso a los siguientes temas macro: 1. Preservar el patrimonio físico-sanitario nacional, para impulsar el éxito y operatividad de todo el modelo de desarrollo agroexportador. 2. Fomentar una política de riego que privilegie el uso tecnificado y eficiente del recurso hídrico, para así aumentar la productividad e impulsar una mejor adaptación a los cambios del entorno. 3. Reimpulsar el desarrollo forestal, especialmente en aquellas regiones donde este recurso aún es generoso, pero está subvalorado. 4. Mantener y profundizar la conquista de nuevos mercados, reafirmando la política de apertura y consolidando la colocación de productos con valor agregado en destinos internacionales emergentes (incluyendo los países que forman parte o aspiran a integrar el Tratado de Integración Económica Multilateral en la región de Asia-Pacífico o TPP11). 5. Impulsar un mayor avance en innovación, ciencia, tecnología, investigación y transferencia tecnológica, como base fundamental para consolidar el éxito estratégico presente y futuro de todo el sector. Respecto de la crisis derivada del estrés hídrico que atraviesa nuestro país, el ministro Campos puso énfasis en que el gobierno planea abordarla a través de soluciones técnicas con enfoque multipropósito, entre las cuales se cuenta:
El ministro Campos también fue enfático en manifestar que, “debido a las dificultades de la caja fiscal para costear por si sola estas obras (que requieren miles de millones de dólares de financiamiento), todo desarrollo de corto o mediano plazo que se implemente en cualquiera de estas variables, deberá avanzar por la vía de las concesiones”. Del mismo modo, el secretario de Estado explicó que el financiamiento de algunas de estas obras, como los grandes embalses, deberá integrar a otras áreas productivas, como la minería y el consumo domiciliario, por ejemplo, “dado que no se sustentan económicamente de forma exclusiva con la actividad agrícola”. Campos también enfatizó que para no depender de las fluctuaciones de la ley anual de presupuesto (que fija los recursos año a año y puede generar retrasos inesperados en algunos proyectos), “el gobierno trabaja en buscar formas de financiamiento más permanentes y estables, que permitan proyectar las obras en el mediano y largo plazo”. El ministro, asimismo, reiteró que ante los complejos desafíos productivos que hoy enfrentan sectores específicos, como la vitivinicultura, la ganadería y los productores de remolachas y cerezas, entre otros, es esencial avanzar en la “diversificación de mercados, la reconversión productiva y la modernización normativa”. ECONOMÍA E INCERTIDUMBRE Uno de los bloques más esperados del seminario correspondió al análisis económico realizado por Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía y Gobierno de la Universidad San Sebastián y exsubsecretario de Hacienda, quien presentó las perspectivas macroeconómicas para la temporada 2026-2027. Durante su exposición, Weber advirtió que hoy “vivimos un escenario de desaceleración económica tanto a nivel global como nacional, y que tanto la incertidumbre internacional, como las tensiones geopolíticas externas y el alza en los costos de la energía, continuarán presionando las expectativas de inflación y afectando el crecimiento. Frente a este escenario, el académico enfatizó la necesidad de recuperar la inversión y fortalecer la competitividad del país, para lo cual propuso implementar lo antes posibles las siguientes acciones concretas: Competir por valor agregado en lugar de precio: Transformar a Chile una "potencia eco agroalimentaria", para que sus productos lleguen al consumidor de una manera distinta, con una marca consolidada y una experiencia de servicio diferente. Aplicar diferenciación e innovación tecnológica: Introducir procesos biotecnológicos de punta, inteligencia artificial y nuevas metodologías digitales de trazabilidad y sostenibilidad, para adaptarse mejor a los cambios en las conductas y preferencias de los consumidores mundiales. Diversificar y buscar nuevos horizontes exportadores: Para ingresar y consolidarse con éxito en mercados con alto potencial demográfico y de consumo, específicamente en regiones como Medio Oriente, norte de África, India y el sudeste asiático (donde destacan, especialmente, países como India, Indonesia, Bangladesh y Pakistán, que hoy ofrecen interesantes y valiosas oportunidades a los productos agropecuarios chilenos, especialmente si tienen valor agregado diferenciado, trazable y sostenible). Integrar y coordinar mejor los esfuerzos público-privados: Involucrar de manera más comprometida y estrecha a entidades como ProChile, el Ministerio de Agricultura e InvestChile. Mejorar la gestión pública: Dejar de recurrir constantemente a cambios regulatorios (a veces innecesarios), centrándose más en administrar de manera eficiente para obtener buenos resultados. Fomentar la inversión: Mediante cambios que eliminen las trabas burocráticas e impulsen mejores condiciones para impulsar la inversión, el empleo y el crecimiento). VISIÓN Y DIAGNÓSTICOS SECTORIALES La jornada también incluyó dos mesas redondas multisectoriales, que entregaron su diagnóstico y visión particular desde la óptica de distintos protagonistas de la agroindustria. En primer término se hicieron presentes los representantes de los sectores de granos, lácteos y carnes, que por diversos motivos han estado en el centro de la noticia en los últimos meses. Primero fue el turno de Gastón Caminondo, vicepresidente de la Sociedad de Fomento Agrícola, SOFO, quien destacó que “la temporada de granos se proyecta mejor de lo esperado gracias a las favorables condiciones climáticas, al buen desarrollo de los cultivos y a una expectativa de mejora en los precios”. Sin embargo, también advirtió “sobre las dificultades de acceso al financiamiento y la necesidad de mantener los avances en seguridad en la Macrozona Sur (que aún se ve afectada por hechos de violencia). Posteriormente, Marcos Winkler, presidente de Fedeleche, manifestó que el sector lácteo acumula un crecimiento cercano al 4% en la producción, consolidando tres años consecutivos de expansión. No obstante, también enfatizó la preocupación del gremio “por el aumento de los costos laborales, energéticos y de insumos”, y destacó los esfuerzos tendientes a posicionar la leche chilena en mercados internacionales mediante la marca sectorial ChileMilk. A su vez, Ignacio Besoaín, presidente de Fedecarne, indicó que el sector ganadero atraviesa un ciclo favorable de precios que podría extenderse durante los próximos cinco años, pese a que la masa ganadera nacional ha disminuido cerca de 35% en las últimas dos décadas. En su opinión, esto también hace necesario “fortalecer la competitividad de la producción local, avanzando en mayores exigencias de trazabilidad para las importaciones”. En particular, Besoaín hizo un llamado a “emparejar la cancha” exigiendo trazabilidad individual a las carnes provenientes de Brasil y Paraguay, tal como se exige actualmente a los productores nacionales, para poder competir en igualdad de condiciones en el mercado interno. El dirigente también destacó el trabajo conjunto que está desarrollando la cadena cárnica bajo el alero de la SNA, para enfrentar los desafíos del sector. La segunda mesa redonda estuvo enfocada en los sectores exportadores y contó con la participación de Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile; Alfonso Undurraga, presidente de Vinos de Chile; y Juan Manuel Mira, presidente de Chilealimentos. Durante el panel, Iván Marambio, destacó la solidez del sector frutícola, cuyas exportaciones se acercan a US$7.000 millones, y subrayó que el principal desafío para sostener el crecimiento “sigue siendo la disponibilidad de agua y el desarrollo de infraestructura hídrica”. En ese contexto, el directivo planteó la necesidad de impulsar un rol más activo del sector privado para enfrentar la crisis hídrica, especialmente en la Región de Coquimbo, donde llamó a realizar esfuerzos concretos y decididos para “recuperar cerca de 40.000 hectáreas productivas afectadas por la escasez de agua”. Asimismo, coincidió con el ministro Campos en la necesidad de avanzar hacia la implementación de un modelo de concesiones para aplicar tecnologías como plantas desaladoras, “que permitan asegurar el suministro para la agricultura mediante inversión privada”. Marambio explicó, que “la meta más inmediata es incorporar hasta 100.000 nuevas hectáreas bajo riego, lo que requiere una inversión estimada de US$15.000 millones” (lo cual solo podría alcanzarse con aportes de capital privado), pero al mismo tiempo recordó que esto avances “podrían generar alrededor de US$8.000 millones anuales en actividad económica, y más de 160.000 empleos permanentes”. El presidente de Frutas de Chile también recalcó que “resolver el problema hídrico es fundamental para que Chile pueda aprovechar plenamente las oportunidades que ofrecen mercados emergentes como India y el sudeste asiático”. A su vez, Juan Manuel Mira, de Chilealimentos puntualizó que la agroindustria ha mantenido un crecimiento promedio de 11% durante los últimos cinco años, impulsada por productos con mayor valor agregado y exportaciones a más de 100 mercados alrededor del mundo, lo que demuestra de manera concreta las oportunidades que hoy tiene Chile para conquistar nuevos mercados con alimentos procesados de nueva generación. En tanto, Alfonso Undurraga, abordó el proceso de adaptación que hoy atraviesa la industria vitivinícola tras enfrentar uno de los períodos más complejos de su historia reciente. “Hoy nuestro sector se encuentra en una etapa de ajuste, marcada por la reducción de cerca de 30.000 hectáreas de viñedos, y por cambios en las preferencias de los consumidores a nivel mundial”, enfatizó. En ese sentido, Undurraga destacó como factor positivo el creciente dinamismo de los vinos blancos, cuyos precios superan actualmente a los de los tintos, pero también planteó la necesidad de modernizar la normativa vigente para permitir la elaboración y comercialización de vinos con menor graduación alcohólica. “Esto permitiría a nuestro sector adaptarse de manera más ágil y certera a las nuevas tendencias de consumo, como ya lo han hecho los sectores vitivinícolas de otros países exportadores, y fortalecer la competitividad de la industria chilena en los mercados internacionales”, puntualizó. Miradas convergentes y sinérgicas que demuestran la voluntad de todos los sectores productivos silvoagropecuarios para reimpulsar el posicionamiento de nuestro país como potencia ecoalimentaria, diversificando y mejorando la producción mediante biotecnología de punta, y consolidando a Chile como proveedor global de alimentos de calidad, saludables y sostenibles. GALERÍAOTROS REPORTAJES l mercado mundial de productos lácteos es, sin lugar a dudas, uno de los más relevantes y trascendentes de la industria alimentaria, tanto por su impacto social y económico, como por innegables beneficios para la salud de la población. Desde el punto de vista económico, el valor de toda la cadena productiva (incluyendo la leche, quesos, yogures, bebidas lacteadas, suero, mantecas y mantequillas, leche en polvo y suplementos, entre muchos otros derivados), supera los USD 1.000 billones, lo que a su vez se traduce en cientos de millones de empleos directos e indirectos en todo el mundo, desde producción primaria a la venta directa a público, pasando por recolección, procesamiento, logística, comercio y servicios asociados. Asimismo, con más de 900 mil millones de toneladas de leche fresca producidas en todo el mundo, el mercado de los lácteos juega hoy un rol estructural indispensable en los sistemas alimentarios globales, contribuyendo además a fortalecer la salud y nutrición de la población. De hecho, basta solo recordar que durante las últimas décadas del siglo XX, Chile venció la desnutrición infantil e incrementó la calidad de vida de su población adulta, gracias a los programas de alimentación diseñados por el Dr. Fernando Monckeberg, a base de la distribución gratuita de leche en polvo fortificada en consultorios y centros de atención médica primaria. ESTADÍSTICAS POSITIVAS Si bien la producción láctea interna ha sufrido diversas vicisitudes en los últimos años, debido a las crisis sanitarias y geopolíticas acaecidas durante la presente década, a partir de 2023 el sector comenzó a mostrar un ligero repunte, gracias a los esfuerzos realizados para reforzar la eficiencia, seguridad y sostenibilidad de los principales actores del sector. Fue así como entre enero y diciembre de 2025, la elaboración de productos lácteos en Chile presentó un desempeño en general al alza en 9 de las 12 categorías analizadas por el boletín de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, ODEPA, lo que permitió cerrar el año con cifras positivas respecto del mismo periodo de 2024. En total, la recepción nacional de leche cruda durante el año pasado totalizó 2.371,1 millones de litros, cifra que representa un aumento de 6,5% y que permitió el favorable desempeño en la mayoría de los procesos de la Industria Láctea Mayor. Por ejemplo, la elaboración de quesos (principal destino de la leche cruda ordeñada en nuestro país), registró una variación positiva de 6,7% frente a 2024; mientras la producción de leche condensada (el principal lácteo exportado por Chile), se incrementó 28,8%. El volumen de producción de la leche fluida, en tanto, se elevó 3,5% hasta alcanzar 522,2 millones de litros distribuidos al mercado (17,4 millones de litros más que en 2024). De igual forma, creció la elaboración de manjar (2,4% con 40,9 millones de kilos), yogur (0,4% con 222,4 millones de litros), mantequilla (5% con 31,6 millones de kilos), leche modificada (72,6% con 146 mil kilos), y leche en polvo (3,4% con 75,3 millones de kilos). Los únicos subsegmentos que registraron rendimiento productivo negativo fueron quesillo (que tuvo -4,1% con 14,5 millones de kilos); crema (-0,4% con 35,9 millones de kilos) y suero en polvo (-5,2% con 22,8 millones de kilos). Para los principales protagonistas de este sector, el aumento generalizado en la elaboración de productos lácteos refleja una mejora integral en la cadena productiva, que se desprende de una mayor recepción de materia prima, procesos industriales más dinámicos y mejores resultados en productos con valor agregado. A su vez, el fuerte crecimiento en la producción de leche condensada sugiere un renovado impulso exportador, que en el corto plazo podría traspasarse a otros subsegmentos dada la mayor demanda externa por lácteos inocuos, sostenibles y de alta calidad, como los que se elaboran en nuestro país. Sin embargo, las caídas en ciertos productos advierten que esta recuperación no es homogénea y que algunos subsectores enfrentan desafíos que requieren atención, entre los cuales se cuenta la necesidad de reencantar a un mercado que hoy sufre un bombardeo continuo e intensivo de desinformación injustificada. Según las estadísticas de ODEPA, hoy el sector lácteo chileno cuenta con alrededor de 3.750 explotaciones (unidades productivas) y una masa ganadera de 370.000 vacas lecheras. Asimismo, cerca del 82% de la producción láctea nacional se concentra en las regiones de Los Lagos y Los Ríos, destacando por su alto nivel de eficiencia, calidad, sostenibilidad e inocuidad, gracias al uso creciente de nuevas técnicas que incluyen desde robotización a mejores prácticas de cuidado animal y perfeccionamiento del capital humano empleado en las granjas. A su vez, los estudios de mercado muestran que el consumo en el largo plazo ha marcado una tendencia homogénea al alza, lo que se traduce en un aumento aproximado de 2,2% en el consumo per cápita entre 2018 y 2024, lo que equivalente a cerca de 3,4 litros adicionales por persona al año. COMBATIR LA DESINFORMACIÓN Si bien Chile ha aumentado su consumo de lácteos per cápita durante las últimas décadas, este crecimiento no ha sido uniforme y todavía se encuentra por debajo de los niveles recomendados por organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura FAO y la Organización Mundial de la Salud, OMS. Más aún, diversas fuentes del sector, citadas por el Diario Lechero, argumentan que el consumo aparente habría retrocedido en 2025 hasta cerca de 140 litros por habitante, debido a factores económicos y cambios en los hábitos de consumo, incitados por la desinformación reinante en las redes sociales. Esto implica que el consumo lácteo nacional sigue siendo inferior a los niveles considerados óptimos que se recomiendan en todo el mundo, para mantener una dieta saludable (tres porciones diarias). Por ello, y relevando la importancia de entregar información basada en la ciencia, para contribuir a que la comunidad conozca el valor de los lácteos en su vida, el International Milk Promotion Group (IMP) realizó recientemente su reunión anual en Montreal, Canadá. El IMP es un grupo que es parte del Comité de Marketing de la IDF, formado por instituciones de 16 países (entre los que se cuentan Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia y Sudáfrica, entre otros) que realizan programas de comunicación y promoción genérica de los lácteos. Sus integrantes son especialistas en comunicación, marketing, nutrición y quienes llevan en la actualidad exitosas campañas de promoción de consumo. Esta reunión fue presidida por el gerente del Consorcio Lechero, Octavio Oltra, quien destacó que ésta es la primera vez que Chile lidera este grupo de trabajo mundial, el cual funciona dentro de la International Dairy Federation (IDF-FIL) y tiene un espacio de colaboración con el Global Dairy Platform (GDP). El programa “Gracias a la Leche” cuenta hoy con una vasta red de científicos que apoyan la investigación y difusión en nutrición de los lácteos, lo que ha permitido difundir información tendiente a desmitificar supuestas barreras de consumo como la intolerancia a la lactosa. Foto: Generada por ChatGPT IA. Como ya es tradición, esta reunión anual comenzó con la reunión del Comité de Marketing de la IDF, para luego dar paso a la conferencia de comunicación y marketing que realizan conjunto el IMP con el GDP. Posteriormente tuvo lugar la reunión anual del IMP donde los diferentes países comparten las experiencias y aprendizajes obtenidos de sus respectivos programas y campañas de promoción. Además, se eligió a los finalistas de Trofeo IMP a las mejores campañas de promoción genérica de lácteos, premio que se entrega cada año en la cumbre de la IDF que este año será en Auckland, Nueva Zelanda. En las diferentes reuniones, se tocaron temas claves para una mejor comunicación hacia los consumidores en variables críticas tales como:
En este contexto se profundizó en el rol de las redes sociales y de la inteligencia artificial en la comunicación hacia generaciones más jóvenes. PARTICIPACIÓN DE CHILE En el marco de los 20 años del Consorcio Lechero, la participación de Chile en estas instancias internacionales de trabajo contribuye a fortalecer el trabajo del programa “Gracias a la Leche” en la comunicación sobre los beneficios del consumo de lácteos en todas las etapas de la vida. Al respecto, el gerente del Consorcio Lechero, Octavio Oltra, destacó que la participación de la entidad en estos grupos de trabajo permite hacer una comparación positiva de las acciones que se realizan en Chile con las iniciativas más importantes de promoción del consumo de lácteos a nivel mundial. “Este grupo de trabajo destaca por el nivel de especialización e impacto en sus países, en que vemos cómo se orienta la difusión de los beneficios de los lácteos en un contexto desafiante por las nuevas generaciones y por las tecnologías como la IA”, enfatiza el directivo. Oltra también puso de relieve que en cambiante contexto global, “una de las pocas certezas es la importancia que la comunicación con el consumidor sea siempre basada en evidencia científica, lo que es un denominador común en los países que integran estos grupos”. IMPACTO ESTRATÉGICO La participación del Consorcio Lechero en distintos grupos de trabajo internacionales también genera un valioso aporte permanente para el sector lácteo chileno. Tal como puntualiza Octavio Oltra, esto se traduce en mayor acceso a conocimiento, actualización respecto de los nuevos desafíos productivos e industriales en el mundo; más cercanía con los requerimientos de los consumidores; adaptación a las tendencias de consumo; reducción del impacto ambiental; incremento del bienestar animal; y, sobre todo, integración al enfoque de sustentabilidad del sector global”. Un ejemplo concreto de estas exitosas iniciativas son los avances y resultados del programa “Gracias a la Leche” del Consorcio Lechero, que cuenta hoy con una vasta red de científicos que apoyan la investigación y difusión en nutrición de los lácteos, y que además “ha permitido tener la primera campaña a consumidores apuntada a desmitificar supuestas barreras de consumo como la intolerancia a la lactosa”, detalla Octavio Oltra. Precisamente durante esta reunión, el programa Gracias a la Leche fue representado por el coordinador del área de Lácteos y Nutrición del Consorcio Lechero, Roberto Koch, quien compartió ante los asistentes a las reuniones realizadas en Mont-Tremblant, los exitosos resultados de la campaña “Educando sobre la lactosa”. Esta iniciativa ha incluido desde comunicación en prensa, hasta anuncios en distintos formatos, incluyendo videos educativos y cómics; todos orientados a informar que una intolerancia a la lactosa, sea diagnosticada o por sospecha, no significa que se deban eliminar los lácteos de la dieta. “Nuestro Comité Científico ha tenido un papel protagónico en el desafío de desmitificar y aclarar puntos clave sobre este tema”, afirma Koch, quien también puntualiza que el principal objetivo de este esfuerzo fue corregir la desinformación existente entre la población. “Los consumidores no evitaban los lácteos por falta de disponibilidad, sino porque creían que no podían consumirlos de forma segura”, recalca el especialista. Pese a esta barrera, gracias a la recurrente presencia en medios y al aumento de información clara sobre el contenido de lactosa en los productos, se logró que muchas personas dejaran atrás el miedo y comenzaran a tomar decisiones bien informadas. “Según nuestras encuestas, hemos visto un avance significativo en el cambio de concepto; pues hoy el consumidor maneja mejor el tema y es capaz de decidir, con argumentos, qué y cómo consumir en materia de lácteos”, enfatiza Koch. En su exposición ante los especialistas globales del International Milk Promotion (IMP), Koch también informó que la campaña fue muy bien evaluada por sus pares internacionales. Asimismo, lo que más llamó la atención de los expertos internacionales fue el compromiso de los miembros del Comité Científico de Lácteos al sumarse a la iniciativa y actuar como los transmisores directos del conocimiento hacia los consumidores. GALERÍAOTROS REPORTAJES os complejos desafíos que hoy enfrenta la industria de alimentos y bebidas, exigen la implementación urgente de nuevas estrategias productivas que permitan satisfacer de manera inocua, sostenible y eficiente, las necesidades nutricionales de una población que crece, pero también envejece. Esto no solo implica perfeccionar las actividades industriales propiamente tales, sino también poner en práctica acciones de innovación y mejora continua, tendientes a optimizar y eficientar la explotación de la riqueza natural de nuestro país, tanto a nivel de ecosistemas terrestres como acuáticos, pues solo de este modo será posible contar con insumos de calidad, capaces de incrementar la riqueza productiva y exportadora de nuestro país. Este fue, precisamente, uno de los principales objetivos del workshop “Desafíos del Encadenamiento Productivo Agrosalmón”, que se realizó recientemente en la ciudad de Osorno, gracias una iniciativa conjunta del Consejo del Salmón, la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco (SOFO), la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno (SAGO) y el Consorcio Agrícola del Sur (CAS). La actividad, que se desarrolló en el marco de la alianza Agrosalmón, reunió a representantes del sector agrícola, la industria salmonera, gremios, autoridades gubernamentales y actores del ecosistema de innovación, quienes analizaron mecanismos para fortalecer el desarrollo de proveedores, la innovación aplicada y la generación de valor agregado para el país. Este trabajo transversal permitió identificar oportunidades concretas de colaboración entre la agricultura y la salmonicultura, que hoy conforman dos de las principales cadenas alimentarias de Chile. DIAGNÓSTICO TRANSVERSAL Durante la jornada, estuvieron presentes algunos de los más destacados representantes de los mundos público-privado y del conocimiento, entre los que destacaron el presidente de SOFO, Eduardo Renner; el gobernador regional de Los Lagos, Alejandro Santana; la presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel; la presidenta de SOFOFA, Rosario Navarro; el director ejecutivo de CeTA, Jean Paul Veas; y el jefe de la División de Desarrollo Productivo Sostenible del Ministerio de Economía, Gonzalo Villanueva. Uno de los puntos centrales del evento, correspondió a la presentación de la directora de Estudios Aplicados del Consejo del Salmón, Alejandra Bustamante, y del secretario ejecutivo de SOFO, Carlo Rojas, quienes expusieron los avances alcanzados por la alianza Agrosalmón, así como el trabajo desarrollado para construir una agenda común orientada a generar valor compartido entre ambos sectores productivos. A ello se sumó la exposición del cofundador de la Cooperativa Agrícola de Granos, Mauricio Magnasco, quien analizó el escenario productivo actual del agro chileno. Otro de los temas trascendentales del encuentro, fue la necesidad de incorporar en forma progresiva más capacidades agrícolas internas a las cadenas de suministro de insumos que se utilizan en la alimentación de salmones. Actualmente, cerca del 60% de esta matriz alimentaria proviene de granos cosechados en el extranjero, como trigo, soja, canola o raps, lo cual genera alta vulnerabilidad sectorial ante los vaivenes geopolíticos y económicos del comercial internacional. En ese contexto, Agrosalmón busca promover una colaboración que vaya más allá del abastecimiento, incorporando innovación, trazabilidad, sofisticación productiva y generación de valor agregado desde las regiones de La Araucanía, Biobío y Los Lagos. COLABORACIÓN PARA EL DESARROLLO PRODUCTIVO A lo largo de toda la jornada, los participantes del evento recalcaron la necesidad de reforzar el desarrollo productivo de nuestro país, a través del trabajo colaborativo entre todos los sectores estratégicos involucrados. Al respecto, la presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón, Loreto Seguel, enfatizó que “Agrosalmón no es solo una alianza entre agricultura y salmonicultura, sino una agenda que habla de cómo Chile puede conectar mejor sus capacidades productivas (transversales)”. “Tenemos una industria salmonera que compite en los mercados más exigentes del mundo y un sector agrícola con tradición, conocimiento y presencia territorial. En consecuencia, Chile tiene mucho que ganar cuando sus sectores estratégicos dejan de mirarse por separado y empiezan a construir futuro juntos”, agregó la ejecutiva. A su vez, el presidente de SOFO, Eduardo Renner, destacó el aporte que puede realizar el sector agrícola en esta nueva etapa de articulación intersectorial, recalcando que el agro del sur “tiene mucho que aportar a esta conversación”. “Contamos -puntualizó Renner- con productores, conocimiento territorial y una historia ligada a la producción de alimentos. Por ello, el desafío es transformar esa experiencia en nuevas oportunidades de encadenamiento, innovación y desarrollo productivo, entendiendo que la colaboración con la salmonicultura puede abrir espacios relevantes para el futuro agrícola del país”. Visión que también comparte el director de Asuntos Públicos de SAGO A.G., Hermann Rusch, quien valoró el trabajo conjunto entre las principales cadenas alimentarias del sur de Chile. “Hoy hacer esta vinculación, empezar a buscar las cosas que nos unen para producir alimentos de mejor calidad, lo cual es el inicio de un trabajo que estamos esperanzadas de que mostrará avances sustantivos”, puntualizó. INNOVACIÓN, COMPETITIVIDAD Y DESARROLLO SOSTENIBLE Otro de los expositores destacados del evento, fue la presidenta de SOFOFA, Rosario Navarro, quien puso énfasis en la necesidad de fortalecer la colaboración entre los sectores productivos involucrados, “para impulsar una economía más sofisticada y competitiva”. “Chile -precisó Navarro- necesita mirar sus capacidades productivas de manera integrada, porque el futuro de la industria no se construye desde sectores aislados, sino desde cadenas de valor más colaborativas, con innovación, tecnología y visión de largo plazo”. La dirigente gremial también dejó en claro que Agrosalmón “es un ejemplo concreto de cómo distintos sectores se unen para impulsar nuevas oportunidades de desarrollo y crecimiento para el país”. Desde el ámbito público, en tanto, el jefe de la División de Desarrollo Productivo Sostenible del Ministerio de Economía, Gonzalo Villanueva, elogió la relevancia de esta alianza para los objetivos nacionales de transformación productiva. “La alianza Agrosalmón se vincula directamente con los objetivos de la política de Desarrollo Productivo Sostenible, porque apunta a transformar la matriz productiva nacional para crecer mejor”, puntualizó el personero de gobierno. En ese sentido, Villanueva fue enfático en recordar la importancia estratégica que tienen, tanto la industria acuícola como el sector agropecuario para el éxito a largo plazo de esta iniciativa. “Aquí hay una oportunidad concreta de impulsar nuevas capacidades productivas y acompañar, desde el Estado, una agenda que permita escalar soluciones, fortalecer cadenas de valor y generar crecimiento sostenible para Chile”, señaló. Otro expositor invitado fue el director ejecutivo de CeTA, Jean Paul Veas, quien abordó el rol de la innovación aplicada y el desarrollo tecnológico para transformar oportunidades en soluciones concretas. “Para que una agenda como Agrosalmón avance, es clave prototipar, probar y validar soluciones, porque la innovación aplicada permite reducir brechas, generar evidencia y transformar oportunidades en modelos concretos de colaboración productiva”, detalló Veas, cuya institución ya puso en marcha una iniciativa similar en el norte de Chile, denominada precisamente “AgroMar”. Aquí existe un espacio muy relevante para conectar tecnología, alimentos y capacidades regionales”, aseguró Jean Paul Veas. Durante la jornada también se realizaron mesas de trabajo orientadas a identificar brechas, oportunidades y ámbitos prioritarios de acción. En cada una de estas instancias técnicas, se avanzó significativamente en el establecimiento de acuerdos preliminares que ayuden a consolidar una visión compartida sobre cómo fortalecer el vínculo entre el agro chileno y la salmonicultura. A juicio de los asistentes, esto solo puede lograrse impulsando a proveedores locales, desarrollando acciones de innovación aplicada y aprovechando nuevas oportunidades de desarrollo productivo para las regiones del sur y también del país. GALERÍAOTRAS NOTICIAS n hecho indiscutible y fehacientemente comprobado en los últimos años es la enorme trascendencia que ha alcanzado la salmonicultura para el desarrollo integral de la economía nacional, tanto a nivel interno como de comercio exterior. De hecho, a nivel transversal existe pleno acuerdo de que constituye el principal producto de exportación no minero del país. Según recientes informes elaborados por Salmón Chile, a partir de las estadísticas sectoriales publicadas por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), durante 2025, las exportaciones de salmón y trucha chilena alcanzaron aproximadamente US$ 6.549 millones, cifra que representa alrededor del 6% de todo el comercio exterior nacional. Estos resultados consolidan al salmón como uno de los alimentos más importantes que nuestro país vende al mundo, lo cual se potencia aún más con el positivo crecimiento que ha tenido la producción interna durante la presente década. De acuerdo con los reportes actualizados de Subpesca, a diciembre de 2025 la cosecha total de peces (salmones y truchas) fue de 1.146.000 de toneladas, cifra superior en 14,9% a la registrada en igual período del 2024, y que constituye el 76,3% de toda la acuicultura nacional. El principal exponente de este crecimiento es el salmón atlántico, cuya cosecha durante 2025 alcanzó 815.300 toneladas, cantidad que marca un importante crecimiento de 16% respecto de 2024, y que además representa, por si solo, el 54,3% del total acuícola chileno. Este recurso se cosechó principalmente en las Regiones de Aysén y Los Lagos, con 407.000 toneladas (49,9%) y 258.700 toneladas (31,7%), respectivamente. La cosecha de salmón coho también tuvo un crecimiento importante, pues durante el año pasado se produjeron 281.400 toneladas. Esto marca un incremento de 21,6% en comparación con 2024, y constituye 18,7% del total acuícola chileno. El reverso de esta moneda corresponde a la trucha arcoíris, pues la cosecha durante 2025 fue de solo lo 50.000 toneladas (3,3% del total de producción acuícola nacional), lo que significa una caída de 21,6% respecto de 2024. Por su parte, la producción acumulada de ovas a diciembre de 2025, fue de 629,8 millones (9,1% menos que 2024), la que se dividió en 61,6% de salmón del Atlántico; 29,4% de salmón coho; y 9% de trucha arcoíris. Todos estos recursos se cosechan entre las regiones de Biobío y Magallanes (con participación mayoritaria de Los Lagos y Aysén), generando actualmente más de 86.000 empleos directos e indirectos, que incluyen desde las propias tareas de producción en las granjas acuícolas, hasta la prestación de servicios externos o tercerizados, que incluyen tareas de transporte, logística, alimentación, mantención, laboratorios, medicina veterinaria, construcción naval, buceo y procesamiento, entre muchas otras. FUTURO EFICIENTE Y SOSTENIBLE La trascendente importancia de estas cifras se traduce, por consiguiente, en la urgente necesidad de impulsar una profunda optimización de la cadena productiva salmonera, lo que es aún acucioso si se considera que hoy el sector enfrenta un escenario altamente desafiante y cada vez más competitivo. Dicha condición exige, consecuentemente, dar pasos concretos para:
Estas dificultadas se amplifican exponencialmente si se considera que el actual contexto mundial está fuertemente influido por factores con alto grado de incertidumbre, como la volatilidad geopolítica, los cambios en las tendencias de compra y consumo interno y externo, el alza en el valor de los insumos y la creciente competitividad de industrias salmoneras extranjeras. Casos particularmente desafiantes son los de Escocia y Noruega, que recientemente han impulsado fuertes desarrollos tecnológicos y ambientales, para reafirmar su liderazgo internacional lo que les ha asegurado un gran crecimiento de su participación de mercado. Un camino en el que Chile mostró cierto rezago durante las últimas décadas, en especial por la falta de certezas regulatorias hacia productores e inversionistas, variable que, efectivamente, ha generado un notorio freno al desarrollo más eficiente y competitivo de la industria salmonera chilena. Estas carencias, riesgos y desafíos fueron los que impulsaron la creación del denominado Plan Salmón 2050, hoja de ruta estratégica impulsada desde la Municipalidad de Puerto Montt y el Gobierno Regional de Los Lagos, para optimizar la sostenibilidad y eficiencia de la salmonicultura en la macrozona sur-austral de nuestro país. Todo ello con el objetivo de compatibilizar la producción con la protección ambiental, mejorar la confusa normativa vigente y potenciar la aplicación en el corto plazo de más acciones de Innovación y Desarrollo (I+D), para así alcanzar pleno liderazgo regional y mundial entre las décadas de 2030 a 2050. Como parte de esta hoja de ruta, durante la reciente versión de la feria Aqua Sur 2026 (que además se consolidó como la más importante del mundo en su rubro), los integrantes del comité ejecutivo del Plan Salmón 2050 se reunieron al término de la ceremonia inaugural, para analizar los desafíos y oportunidades del sector y presentar oficialmente una serie de propuestas orientadas a fortalecer el desarrollo sostenible de la industria. Esta ocasión estuvo engalanada por la presencia, inédita, de autoridades sectoriales gubernamentales, como el subsecretario de Pesa y Acuicultura, Osvaldo Urrutia Silva, y del expresidente de la República, Eduardo Frei-Ruiz Tagle, quien precisamente ha asumido un rol protagónico para conjugar a los actores técnicos, políticos, gremiales y académicos que forman parte de esta mesa de trabajo. ENFOQUE AMBICIOSO PERO VIABLE En concreto, la mesa nacional de trabajo del Plan Salmón presentó ante las autoridades y la opinión pública, las siguientes propuestas de trabajo:
Si bien los diversos participantes de esta instancia reconocieron que este listado recoge en forma precisa los principales ejes de desarrollo que ayudarán a modernizar el sector, también recalcaron que aún existen “brechas estructurales” que superan el ámbito de acción de las empresas. Por ende, hicieron un llamado a avanzar, al mismo tiempo, hacia la implementación de una estrategia de Estado que permita abordar estos desafíos de manera integral y efectiva, dejando atrás la retórica y aplicando acciones concretas. LEGISLACIÓN ATRASADA Y RESTRICTIVA Uno de las principales externalidades que se abordaron en la discusión, es la prevalencia de graves problemas regulatorios en el borde costero, pues las regulaciones relativas a las operaciones productivas en estas zonas se traducen en una serie de problemas que dificultan el desarrollo armónico de las distintas actividades y que, además, generan conflictos evitables entre actores. Por ejemplo, para los integrantes del comité del Plan Salmón 2050, la falta de una aplicación racional de la Política Nacional de Borde Costero, junto con la carencia de actualización y flexibilidad de dicha normativa, “ha provocado retrasos significativos en la tramitación administrativa para obtener concesiones acuícolas, llegando en algunos casos a superar los 10 años de espera”. De este modo, a juicio de los representantes de las empresas, gremios, trabajadores del sector y también de las autoridades regionales y comunales, esta situación desincentiva el uso del borde costero para actividades acuícolas, tal como sucede con la aplicación de la Ley Lafkenche (Nº20.249) y la Ley SBAP (N°21.600), que, en su opinión, hoy generan “graves retrasos en la puesta en marcha de nuevas iniciativas productivas y amenazan con reducir significativamente la competitividad internacional de la salmonicultura nacional”, por culpa de lo que denominan “una normativa carente de bases racionales de aplicación”. Los distintos actores que impulsan el Plan Salmón 2050 también advierten sobre múltiples deficiencias en la implementación eficiente y efectiva de las leyes, por parte de los órganos del Estado. En ese contexto, comentan que el proceso de fusiones y relocalizaciones, clave para el medio ambiente y la producción, ha enfrentado obstáculos debido a la incorporación de nuevos requisitos y a una burocracia excesiva, lo que, en opinión de los protagonistas del sector productivo y laboral, “deriva en un sistema poco eficiente”. Al respecto, es importante recordar que la salmonicultura chilena se desarrolla en zonas específicas conocidas como “Áreas Apropiadas para la Acuicultura (AAA)” y que las empresas, ya sean pertenecientes a capitales nacionales o extranjeros, solo pueden solicitar concesiones dentro de estas zonas designadas por el Estado. Una limitación que, según plantean los impulsores del Plan Salmón 2050, “debe revisarse en el corto plazo”. Asimismo, en la actualidad todo el sector salmonero del país opera en apenas 4.120 hectáreas de concesiones acuícolas al año, lo que equivale a un irrisorio 0,001% de la Zona Económica Exclusiva de Chile (o al 3% de la superficie total de la ciudad de Puerto Montt, por ejemplo) que apenas utiliza el 0,03% del total de las aguas protegidas de nuestro país. Cifras que reimpulsan el debate y que, a juicio de empresarios, trabajadores, gremios y autoridades regionales, demuestran que el impacto de la salmonicultura nacional es ínfimo, comparado con otras actividades mucho más invasivas desde el punto de vista ambiental, y que todavía “hay mucho espacio para que el sector se desarrolle en forma moderna, competitiva y sostenible, sin afectar el equilibrio o la protección de los ecosistemas”. VOCES DE LOS PROTAGONISTAS Tras la presentación de este ambicioso plan de trabajo, los protagonistas de su diseño e implementación se dieron tiempo para plantear todo tipo de visiones críticas, pero también de ofrecer soluciones concretas para las externalidades que, en su opinión, amenazan la competitividad y el desarrollo equilibrado del sector. Así por ejemplo, el alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraihgt Galilea, valoró la participación del ex mandatario Eduardo Frei Ruiz-Tagle en la sesión, junto con la del subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia, como “señales positivas de un mayor involucramiento público en la materia”, pero también recordó que el impacto de la permisología (otra de las externalidades que el Plan Salmón espera eliminar), todavía sigue generado efectos “demasiado perjudiciales para la actividad”. Entre ellos mencionó pérdidas por US$66 millones en la Región de Los Lagos durante 2024, además de la destrucción de 3.165 empleos, debido a las demoras excesivas causadas por el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). “Esto contrasta con la posibilidad de generar 3 mil nuevos empleos regionales y de hasta 100 mil a nivel nacional, que se ve truncada por el exceso de trámites, evaluaciones y solicitudes de permisos”, enfatiza el jefe edilicio puertomontino. Aspectos que también abordó el presidente de la Multisindical de Trabajadores del Salmón, Alejandro Santibáñez, quien enfatizó que los desafíos del sector no solo se relacionan con la industria, sino también con el desarrollo de las comunidades. En tal sentido, Santibáñez recalcó que hoy tanto alcaldes como gobernadores están comprometidos con el crecimiento de las regiones del sur, “pero es fundamental que ese crecimiento sea sostenible”, puntualizó. Santibáñez agregó que destrabar los procesos actuales debe garantizar que la industria crezca de manera responsable, evitando crisis sanitarias como la provocada por la acción del virus ISA, que afectó fuertemente al sector en el pasado. “Los trabajadores necesitamos más empleos de calidad, porque la subcontratación nos está golpeando muy duro. En ese sentido, hemos mejorado, pero aún queda mucho por avanzar”, agregó el líder laboral. Por su parte, el gerente general de Salmón Chile, José Tomás Monge, valoró la disposición de las autoridades regionales para impulsar esta iniciativa, recalcando que hoy lo más relevante “es sentar las bases para contar con una mirada país respecto del segundo producto exportador de Chile, que encadena a seis regiones y también a otros sectores como el agro, el transporte y el cabotaje”. A su vez, desde la acera gubernamental, el subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia, agradeció la invitación a participar de esta instancia y valoró el trabajo desarrollado por el Plan, así como sus respectivas conclusiones técnicas. “Es un documento muy impresionante en su elaboración; que constituye un tremendo trabajo para un año y además es inédito por el grado de legitimidad que tiene esta mesa”, planteó el personero. “Estoy muy satisfecho -añadió- de ver que muchas de las propuestas coinciden con las que ya hemos comenzado a abordar desde la subsecretaría y los ministerios”. La autoridad sectorial también enfatizó que esta coincidencia transversal de diagnósticos entre los sectores público, privado, laboral, gremial y académico, debe servir de aliciente para generar las condiciones regulatorias necesarias que permitan a la industria retomar una senda de crecimiento sólido y sostenible. Un objetivo que ya no parece tan lejano y que bien podría alcanzarse en el corto plazo, en la medida que se privilegie un trabajo técnico y científico real, por sobre las discusiones ideológicas y partidistas sin base coherente, que han primado en el último tiempo. GALERÍAOTROS REPORTAJESAcadémicos de USACH aplican biociencia para desarrollar nuevas variedades de whisky chileno5/29/2026 nivel mundial, el whisky constituye uno de los segmentos más destacados dentro del mercado de las bebidas alcohólicas destiladas, alcanzando altos niveles de producción y comercialización que le confieren gran nivel agregado. Según reportes publicados por diversas consultoras de mercado, las ventas anuales de este destilado alcanzan un rango de entre USD$70 mil a 90 mil millones, tanto a nivel de comercio minorista como internacional. Si bien los líderes de este mercado son India (que concentra el mayor consumo a nivel global), Escocia (que encabeza las ventas y exportaciones de productos premium) y Estados Unidos (que siempre marca tendencias con la línea bourbon), América Latina también ha comenzado a jugar un papel cada vez más importante como productor y exportador, convirtiéndose en un interesante polo de desarrollo para productos tipo blended, que han ganado mayor posicionamiento en los últimos años. En ese sentido, un estudio publicado en febrero de este año por la consultora internacional Market Data Forecast, reveló que la producción latinoamericana ha ganado mayor protagonismo, gracias al crecimiento experimentado por la clase media regional, que es actualmente la principal consumidora de whisky. Sus estimaciones valoran al mercado latinoamericano en alrededor de USD$ 5 mil a 6 mil millones anuales, lo que representa entre 7 a 8% del total mundial. Una fracción relativamente pequeña, pero que presenta altas proyecciones de crecimiento sostenido durante la próxima década, debido al creciente interés que muestran diversos grupos productores de Brasil, México y Colombia, que hoy lideran el consumo en la región. En este contexto de producción y consumo emergente, Chile juega un papel bastante peculiar, pues no es un productor mundial significativo de whisky (a diferencia de lo que ocurre con el vino o el pisco), pero sí se posiciona como un mercado importador sofisticado y relativamente intensivo en el consumo de variedades premium. Diversos reportes internacionales publicados a mediados de 2024 establecen que nuestro país concentra aproximadamente el 10% del mercado latinoamericano de whisky, lo que podría parecer poco relevante en términos absolutos, pero en realidad representa una participación alta, si se considera la gran diferencia poblacional que existe con los líderes sectoriales. Otro dato importante radica en que el mercado chileno está fuertemente dominado por las variedades premium, pues cerca de 91% del consumo interno corresponde al scotch whisky (de mayor valor comercial), seguido por el bourbon estadounidense. Esto le confiere alto valor agregado e interesante potencial de crecimiento a cualquier emprendimiento que decida producir estos destilados de alta calidad en nuestro territorio, pues aun cuando los whiskies escoceses tienen un mercado cautivo, las actuales tendencias de mercado muestran que el público nacional está cada vez más abierto a probar cosas nuevas, en especial si son de alta calidad. Así ha sucedido efectivamente en los mercados del vino y el pisco, gracias al trabajo de viñas y destilerías nuevas, que poco a poco se han ganado un espacio de prestigio y competitividad debido al aporte de una nueva generación de productores que utilizan tanto la sabiduría ancestral como el conocimiento biotecnológico, para lanzar concretar nuevos y atractivos lanzamientos. De este modo, en los próximos años nuestro país podría posicionarse como un destacado productor de whisky, tanto a nivel latinoamericano como mundial, gracias a los recursos biológicos y genéticos presentes en el territorio nacional. Esto permitiría a los emprendedores chilenos desarrollar y ofrecer variedades únicas en el mercado, lo que constituiría una gran oportunidad para conquistar a ese público que hoy busca calidad, pero también innovación creativa en sabores y aromas. TALENTO Y CONOCIMIENTO CHILENOS En este contexto, la Universidad de Santiago de Chile busca contribuir al desarrollo de esta naciente industria, fomentando soluciones innovadoras basadas en la biodiversidad local y en procesos productivos más sostenibles, a través de la ejecución del proyecto de I+D “Generación de levaduras híbridas de origen nacional para la producción de whisky”. La iniciativa es financiada por ANID, y cuenta con la colaboración de Destilería Esenlid (como entidad asociada) y el apoyo de la Dirección de Gestión Tecnológica (DGT) de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación (VRIIC), de la USACH. La ejecución de este proyecto está a cargo del Dr. Francisco Cubillos, y la Dra.(a) Javiera Hunda, investigadores de la Facultad de Química y Biología de esta prestigiosa casa de estudios, cuyo aporte institucional a la generación y transmisión de conocimiento científico, ya se ha traducido en otros valiosos proyectos de investigación asociados a la industria alimentaria. Precisamente esta experticia ha sido muy importante para el desarrollo del actual proyecto, pues, tal como comenta el Dr. Francisco Cubillos, este trabajo da continuidad a una investigación anterior, en la cual ya se había elaborado una levadura propia para destilación de whisky. “Tras esa experiencia, hoy tenemos como objetivo diversificar sus perfiles aromáticos, a partir del uso de cepas de levaduras nativas provenientes de la Patagonia”, precisa el académico. En forma paralela, la investigación también espera reducir el impacto ambiental asociado a las prácticas tradicionales de producción, como la quema de turba, “al promover la síntesis natural de compuestos fenólicos por parte de las levaduras”, enfatiza el Dr. Cubillos. BIOTECNOLOGÍA APLICADA La primera etapa de esta investigación, que comenzó el año pasado, se ha enfocado en la generación de nuevas levaduras mediante distintas técnicas de mejoramiento genético. Tras esta fase se evaluarán los perfiles que van generando dichos microorganismos, en cuanto a “su capacidad para fermentar el mosto que dará origen al whisky, además de su resistencia al estrés y su desempeño a distintas temperaturas”, explica el Dr. Cubillos. El académico agrega que, con los resultados obtenidos a nivel de laboratorio, se seleccionarán las levaduras con mejor rendimiento “para estudiar los sabores y aromas que aportan al destilado, así como su potencial de convertirse en nuevas cepas de interés comercial para la industria”. Al finalizar la investigación, “esperamos generar un nuevo portafolio de levaduras chilenas con potencial para llegar al mercado, capaz de fortalecer la identidad del whisky nacional y abrir nuevas oportunidades para el sector en el mercado (nacional e internacional)”, concluye el investigador. VINCULACIÓN Y PROYECCIÓN CON LA INDUSTRIA Si bien la academia cumple un rol trascendental en la generación del conocimiento biocientífico necesario para la producción de las nuevas levaduras, la empresa privada también juega un papel muy importante para visibilizar y viabilizar económicamente los resultados de cualquier investigación orientada a crear u optimizar procesos productivos. Es así como uno de los actores claves de este proyecto es la Destilería Esenlid, empresa que tendrá un rol fundamental en la validación de los resultados de la investigación en condiciones reales de producción. “Ellos tienen todo el conocimiento para ensamblar el destilado final con los sabores y aromas deseados”, comenta el Dr. Cubillos. Al respecto, Tomás Schaerer, gerente general de Esenlid y maestro destilador, confirma que “esta colaboración con la USACH, nos permite, como industria, generar un producto innovador, abriendo una propuesta nueva y atractiva para el consumidor basada en un modelo productivo circular y sostenible”. Schaerer también manifiesta que esta apuesta representa un valiosa oportunidad para poner el nombre de Chile en el mapa mundial de la industria, con “un whisky que no utiliza materias primas importadas en ningún punto de su proceso y que, por lo tanto, es 100% representativo del territorio donde se cultivan y crecen sus ingredientes”. El ejecutivo añade, que la biodiversidad chilena no es solo un argumento decorativo de esta inédita alianza productiva, sino su principal materia prima. “Esa singularidad biológica es un recurso que la industria de espirituosos chilena aún no ha aprendido a leer”, enfatiza. Schaerer espera, asimismo, que este modelo de trabajo colaborativo entre la universidad, el sector de destilerías y el financiamiento público, continúe ampliándose hacia otras empresas del rubro. “Hay otros productos chilenos esperando este tipo de articulación. (De modo que) si este proyecto funciona, espero que sirva de antecedente para que más destiladores se acerquen a la academia, y que esta misma vea a la industria local como una contraparte para la investigación”, puntualiza. Un nuevo ejemplo de que Chile cuenta con el talento y la capacidad biocientífica necesaria para impulsar nuevos e interesantes polos de desarrollo para convertirse en una real potencia productora y exportadora bioalimentaria. Solo se requiere generar los puentes necesarios entre academia, sector público, empresas privadas y ecosistema emprendedor para lograr que ese objetivo se materialice en más y mejores iniciativas como la que actualmente encabezan los académicos de USACH y que está muy pronta a convertirse en una nueva fuente de riqueza y prestigio para nuestro mercado. GALERÍAOTROS REPORTAJES n los últimos años el debate sobre la calidad e inocuidad de los alimentos ha alcanzado un inusitado grado de virulencia, debido al creciente número de opiniones críticas que responsabilizan a la gran industria por el aumento en los índices de sobrepeso y obesidad en todo el mundo. Si bien este último fenómeno es indiscutible, pues entre 1990 y 2024 la prevalencia de esta enfermedad no transmisible se triplicó en todo el mundo (de acuerdo con estudios publicados por la Organización Mundial de La Salud), su origen no radica solo en la oferta de alimentos o bebidas, sino en la conjunción de diversos factores como, por ejemplo, personales, familiares, económicos, sociales e, incluso, psicológicos. Todo ello se traduce en que, a la fecha, cerca de 1.000 millones de personas en todo el mundo sufren algún grado de obesidad (incluyendo un alto porcentaje de niños y adolescentes); mientras que otros 2.500 millones conviven con algún grado de sobrepeso, debido a mal nutrición por exceso (ingesta diaria de calorías superior a las que precisa el organismo para sobrevivir). Un fenómeno extremadamente negativo, que los expertos de la OMS definen como la “nueva pandemia invisible”, y cuyos efectos impactan tanto a nivel de calidad de vida, como de salud pública, debido a las consecuencias y costos asociados a esta condición, y que generalmente derivan en otras patologías asociadas, tales como hipertensión, diabetes, fallas renales, deterioro cognitivo, enfermedades del tracto gastrointestinal e incremento del riesgo de sufrir accidentes cerebro vasculares, infartos, fallas multisistémicas y hasta algunos tipos de cáncer. ¿DIAGNÓSTICO CERTERO O “CACERÍA DE BRUJAS”? Pero aun cuando la mayoría de los expertos internacionales en nutrición y salud coincide en que la obesidad no tiene una sola causa aislada, gran número de influencers y “creadores de contenido digital, insisten en que la industria de alimentos es la gran responsable de este deterioro en la salud de la población (escenario donde Chile, por desgracia, es uno de los principales exponentes Latinoamericanos y mundiales). Más aún, toda estas voces críticas (que por lo general no respaldan sus opiniones con evidencia científica certera y contundente), apuntan a un “solo gran responsable”, al cual identifican con un nombre que resulta tan oportunamente popular y efectista, como ambiguo y difícil de entender: el “consumo de alimentos ultraprocesados”. El concepto “ultraprocesado” nación hace casi dos décadas a partir de los trabajos realizados por el médico brasilero Carlos Monteiro, creador de la llamada “Clasificación NOVA de los Alimentos”. Una tipología que, a pesar de todo su impacto comunicacional y mediático, no tiene mayor asidero ni base científico tecnológica, pues ni siquiera identifica con claridad el criterio básico para determinar qué tipo de alimento es “ultraprocesado” y cuál no lo es. Más aún, el propio Carlos Monteiro ha fallado reiteradamente al tratar de precisar los nebulosos límites de su clasificación, pues aunque en un principio se habló de un umbral máximo de “5 ingredientes” (a partir del cual todos los alimentos o bebidas, sin distinción, serían clasificados como “ultraprocesados”), con el paso del tiempo, la conceptualización derivó hacia el mayor o menor “procesamiento” (entendiendo como tal la cantidad de procesos industriales que se aplican a las materias primas durante la elaboración de un alimento, sin importar la clase, el tipo o la cantidad de tiempo requerida para efectuar cada uno de estos procesos). En otras palabras, primero se habló de cantidad de ingredientes, pero cuando quedó claro que dicho criterio era extremadamente impreciso (¿por qué cinco ingredientes y no seis o cuatro?) la discusión se desvió hacia la cantidad de procesos industriales que se realizan antes de comercializar un producto en el mercado (ya sea liofilización, deshidratación, pasteurización, extrusión o fermentación, entre otros muchos posibles). Procesos que, paradojalmente, se aplican para asegurar la calidad e inocuidad de los alimentos, tal como lo establecen las diversas entidades regulatorias internacionales que velan por el desarrollo seguro, saludable y eficiente de la industria, como el Codex Alimentarius, por ejemplo. Al respecto, la Dra. en Ciencias Químicas de la Universidad de Buenos Aires, científica especializada en Alimentos y presidenta electa de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Ciencias y Tecnología de los Alimentos, ALACCTA, Susana Socolovsky, reafirmó -durante su reciente participación en el seminario “Análisis de Políticas Públicas, Desafíos y Tendencias de la Industria Alimentaria”, organizado en Santiago de Chile, por la Universidad de California Davis-, que “el término ultraprocesado fue inventado por Carlos Monteiro y no tiene base científica ni tecnológica”. “Los que sí existen son diversos tipos de alimentos, más o menos ricos en nutrientes de diverso tipo y con diferentes etapas de procesamiento, pero esto no implica que esos alimentos sean más o menos saludables solo por tener este distinto grado de procesamiento, ni menos por tener más o menos ingredientes”, enfatiza la científica. Más aún, Socolovsky es enfática para recalcar que “la clasificación NOVA suele incluir en el grupo de ‘ultraprocesados’ a alimentos de alto contenido nutricional (como la leche pura, los productos que se entregan a los adultos mayores en los consultorios y las raciones de emergencia que se distribuyen a la población desnutrida en zonas de crisis humanitaria, entre otros), lo que es extremadamente confuso para los consumidores y, además, genera más dificultad para generar adecuadas políticas de educación nutricional”. Frente a este escenario de incertidumbre, desinformación y falta de rigurosidad que suele abundar en los mensajes de quienes atacan a la industria, basándose en los parámetros ambiguos de la Clasificación Nova, la científica y académica argentina concluye que “toda argumentación seria debe partir desde la ciencia, porque solo esta se basa en evidencia validada, precisa, confiable y reproducible”. SUPERAR LA "QUIMIOFOBIA" Un punto de vista similar expresó, durante la misma jornada técnica realizada en Santiago por la Universidad de California Davis, la Dra. Marcela Rodríguez, directora administrativa y de Asuntos Científicos y Regulatorios de la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB), quien puntualizó que en el actual debate “existe un predominio de los argumentos ideológicos por sobre los científicos, que ha llevado a demonizar sin razón las materias primas químicas, solo por el hecho de tener tal característica”. Esto ha derivado, a su juicio, en un miedo irracional e injustificado a los aditivos, “a pesar de que está científicamente comprobado que son seguros e inocuos para la población, siempre y cuando se consuman dentro de los márgenes establecidos por las dosis diarias admisibles correspondientes a cada producto”. Para la científica y académica costarricense, este criterio erróneo ha sido cada vez más exacerbado por diversos influencers y opinólogos (que en la mayoría de los casos no cuentan con estudios que avalen sus planteamientos), quienes se encargaron de crear y expandir una especie de “quimiofobia” entre la población, lo que se entendería como un “rechazo exagerado hacia las sustancias químicas, especialmente aquellas percibidas como artificiales o sintéticas”. Rodríguez planteó, asimismo, que esta quimiofobia injustificada se propaga cada vez más debido al uso de argumentos falaces, artículos médicos descontextualizados y fake news, que llegan incluso hasta la irracionalidad de instalar como verdad absoluta la creencia errada de que “si algo no se puedes pronunciar, entonces es malo para la salud”. Ello, a pesar de que “numerosos compuestos presentes naturalmente en muchos alimentos de consumo cotidiano, tienen nombres químicos complejos”, puntualizó la Dra. Rodríguez “¿Qué sucedería si no pudiésemos pronunciar los componentes químicos presentes en una manzana, como el ácido ascórbico y el acetaldehído, entre otros?, ¿Tampoco la comeríamos?”, ejemplificó la doctora, quien defendió el uso de aditivos en la industria alimentaria, enfatizando que todos ellos cumplen funciones clave para preservar la calidad y seguridad de los alimentos, como, por ejemplo, evitar la oxidación, mantener inalterable el contenido vitamínico o prolongar la vida útil de los productos. La experta también recordó que detrás del uso de aditivos está presente la necesidad de resguardar la seguridad alimentaria de la población, y que para ello “existe un extenso sistema de evaluación científica y regulatoria internacional, liderado por organismos como el Códex Alimentarius y el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA)”. Al respecto, puntualizó que todos los aditivos alimentarios -tanto de origen natural como sintético- “deben pasar por evaluaciones toxicológicas y revisiones regulatorias antes de ser autorizados, por lo que hoy son más seguros e inocuos que nunca”. LEGISLAR CON BASE CIENTÍFICA A pesar de esta innegable evidencia técnica y científica, la fobia injustificada a los aditivos y al procesamiento de alimentos ha continuado escalando y ganando adeptos, incluso entre las autoridades de gobierno y los representantes de otros poderes del Estado, quienes se han hecho eco erróneo de esta confusión ideológica, para sindicar a la industria como la gran responsable del aumento de la obesidad. Esto se ha traducido en decisiones limitadas y carentes de base técnica real, como sucedió, por ejemplo en Chile, con la presentación del proyecto de Ley presentado mediados de 2025 por la senadora María José Gatica, con el patrocinio de sus pares Juan Luis Castro, Alejandro Kusanovic y Francisco Chahuán, que buscaba establecer la obligatoriedad de disponer un nuevo sello frontal de advertencia que identificara como “ultraprocesados” a todos los alimentos compuestos por más de cinco ingredientes (sin importar su naturaleza, origen o valor nutritivo). A pesar de que esta medida hubiese significado una acción injustificada y carente de lógica, pues habría afectado a una gran cantidad de alimentos que se consideran transversalmente saludables (como el yogur griego, la leche pura larga vida o las sopas nutritivas que se entregan a los adultos mayores), la iniciativa ya había superado el primer trámite legislativo, luego de que la Comisión de Salud del Senado aprobara, en enero de este año, la idea de legislar sobre la materia. Sin embargo, una intensa ofensiva técnica desplegada por diversas entidades relacionadas con el sector, como AB Chile, Chile Alimentos y el Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh, entre otras, logró que la misma comisión revisara más en profundidad los diversos argumentos técnicos existentes, lo que derivó en la postergación del proyecto, hasta recabar más antecedentes. Una decisión que comparte el presidente de CIACh, Gabriel Vivanco, quien precisamente realizó a principios de marzo una extensa presentación técnica ante la comisión de Salud del Senado, donde defendió el valor del procesamiento alimentario y rechazó con energía la definición de “alimentos ultraprocesados” planteada por la Clasificación NOVA, “debido a que está basada solo en estudios observacionales no concluyentes”. En dicha oportunidad, Vivanco también recalcó que las decisiones legislativas deben tomarse solo a partir de la evidencia que proporcionan la ciencia y tecnología de los alimentos, pues solo de esta manera se puede implementar un estrategia estructural que ayude a enfrentar el problema de la obesidad en Chile”. Ante este cúmulo de evidencias, el propio senador Juan Luis Castro, quien patrocinó el proyecto original y hoy preside la Comisión de Salud del senado, reconoció que la idea de establecer un nuevo etiquetado frontal, perdió su sentido, ante la solidez de los argumentos técnicos planteados en contra del uso del término “ultraprocesado”. El parlamentario también validó -durante su participación en el seminario organizado por la UC Davis en Santiago- la necesidad de establecer otras estrategias para determinar, combatir y eliminar de raíz las causas de la obesidad en nuestro país. REACCIONES INTERNACIONALES Este complejo debate técnico y legislativo no pasó inadvertido en el exterior, pues si la iniciativa de la senadora Gatica hubiese prosperado en el Congreso, se habría sentado un precedente extremadamente negativo, en términos de legislar sin bases científicas concretas. De hecho, en cuanto se hizo pública esta discusión legislativa, tanto ALACCTA como la International Union of Food Science and Technology (IUFoST), enviaron una carta abierta a FAO, donde hicieron hincapié en que “cualquier marco de clasificación o etiquetado de alimentos, destinado a orientar las políticas públicas, debe basarse en pruebas científicas sólidas y desarrollarse mediante consultas inclusivas entre las disciplinas científicas pertinentes”. En la misiva, ambas organizaciones enfatizaron que los recientes debates sobre políticas regulatorias alimentarias, incluido el proyecto de ley examinado por la Comisión de Salud del Senado chileno, que proponía que los alimentos que contengan más de cinco ingredientes industriales se etiqueten como ‘ultraprocesados’, “ilustran los riesgos asociados a confiar prematuramente en marcos de clasificación que siguen siendo objeto de un debate científico en curso (como es la Clasificación Nova)”. “Estas preocupaciones se acentúan cuando dichos enfoques reciben el respaldo público de funcionarios de organizaciones internacionales, incluida la FAO, mientras que los fundamentos científicos y las definiciones subyacentes siguen siendo objeto de un debate activo entre los científicos”, subraya la carta, firmada por el Dr. Samuel Godefroy, president de IUFoST; y el Dr. Rommy Zúñiga, académico chileno de la UTEM y actual presidente en ejercicio de ALACCTA. Ambos directivos puntualizan, en su comunicación a FAO, que el procesamiento de alimentos “desempeña un papel fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, prolongar la vida útil, reducir el desperdicio de alimentos, mejorar la calidad nutricional y permitir un acceso asequible a los alimentos”. “Las tecnologías de procesamiento -afirman en la misiva- también respaldan el desarrollo de alimentos enriquecidos y especializados, que abordan las deficiencias de micronutrientes y las necesidades dietéticas de diversas poblaciones”. Es así como frente a este tipo de iniciativas legales sin fundamento (como la impulsada por la senadora María José Gatica), los expertos de IUFoST y ALACCT, recordaron que “los regímenes de etiquetado basados únicamente en el nivel de procesamiento, podrían estigmatizar involuntariamente importantes tecnologías y productos alimentarios, incluidos los alimentos de larga duración, enriquecidos y de origen vegetal, que contribuyen a la seguridad nutricional, especialmente en regiones de ingresos bajos y medios. En razón de ello, ambas organización abogaron por un amplio diálogo científico en el que participen científicos especializados en nutrición, científicos alimentarios, tecnólogos, expertos en salud pública, reguladores, representantes de la industria y organizaciones de consumidores. “Dicha colaboración -enfatizan- ayudará a garantizar que las futuras iniciativas políticas sean científicamente sólidas, transparentes y estén en consonancia con los objetivos globales en materia de seguridad alimentaria, nutrición y sistemas alimentarios sostenibles”. Si bien los voceros de IUFoST y ALACCTA reafirmaron el compromiso de sus respectivas entidades, para colaborar de forma constructiva con instituciones internacionales, como FAO y la OMS, también recalcaron la necesidad de que dicha cooperación se estructure sobre la base de “enfoques equilibrados y basados en la ciencia, que mejoren la calidad de la alimentación, al tiempo que se salvaguarda la seguridad alimentaria, la innovación y el acceso equitativo a alimentos nutritivos en todo el mundo”. Ecos de un debate que creció más allá de los límites de la cordura y racionalidad, debido a la imprecisión y al actuar imprudente de los influenciadores digitales, lo que causó que se perdiera la perspectiva central de un problema real, como es el flagelo de la obesidad, pero que debe abordarse con visión estratégica y sentido común, pues la solución requiere mucho más que estallidos ideológicos. En otras palabras, el actual escenario de crisis exige pasar a la acción, pero sobre la base de evidencia científica comprobada y estrategias integrales que aborden todas las diversas variables personales, familiares, sociales, económicas y psicológicas que hoy inciden en el auge desmedido de esta nueva pandemia. GALERÍAOTROS REPORTAJES a Inteligencia Artificial o IA ha alcanzado un posicionamiento estratégico cada vez más relevante en diversos sectores estratégicos de la economía, especialmente en la industria de alimentos. Por ejemplo, hoy es cada vez más común utilizar sus algoritmos para impulsar análisis de datos en tiempo real que ayudan a tomar decisiones estratégicas cada vez más eficientes y mejor informadas. Uno de los campos donde esta tecnología ha prestado apoyo relevante, es la inocuidad, pues no solo ayuda a automatizar acciones o a agilizar la capacidad de respuesta ante contingencias (como los brotes de ETA, por ejemplo), sino que también contribuye al diseño de estrategias tendientes a crear una auténtica cultura de seguridad alimentaria. Así lo asegura, por ejemplo, María Teresa Pino, subdirectora nacional de I+D del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, quien enfatiza que la aplicación de IA en seguridad agroalimentaria constituye una transformación fundamental en gestión de riesgos, trazabilidad y toma de decisiones en sistemas productivos complejos. “En Chile -precisa-, este avance está estrechamente vinculado con la vigilancia fitosanitaria, la trazabilidad en la cadena de valor, la calidad de los alimentos, el acceso a mercados de exportación y la reputación nacional”. Una visión que también comparte Miguel Ulloa, CEO de la startup tecnológica chilena Techmark-IA, para quien la IA generativa representa un cambio de paradigmas sectorial de enorme impacto, pues permitió pasar de modelos reactivos a sistemas predictivos y autónomos. “Tradicionalmente -explica Miguel-, la inocuidad alimentaria se gestionaba a base de controles posteriores o auditorías periódicas; hoy, en cambio, con IA es posible anticipar riesgos antes de que ocurran”. “Por ejemplo, mediante nuestro ecosistema ION (Inteligencia Operativa Neuronal), integramos múltiples fuentes de datos en tiempo real, como temperatura, trazabilidad, condiciones logísticas, comportamiento de la cadena de frío, variables ambientales y operativas, para detectar patrones invisibles al ojo humano. Esto permite identificar desviaciones críticas que podrían derivar en contaminación por patógenos, fallas químicas o alteraciones del producto, entre otras variables”, destaca Miguel. Consecuentemente, la IA ayuda a que la inocuidad deje de ser un simple protocolo estático y se transforme en un sistema vivo, dinámico y autoajustable, capaz de prevenir brotes antes de que escalen, protegiendo al consumidor y resguardando la reputación de las empresas y sus respectivas marcas. Quien también comparte este entusiasta diagnóstico es Solange Brevis, ingeniera en Alimentos de la UBB; aspirante a doctora en Biomedicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Europea; expresidenta del Colegio de Ingenieros Alimentos de Chile, CIACh; y actual coordinadora y docente de la carrera de Nutrición y Dietética de la Facultad de Medicina de la Universidad del Desarrollo, UDD. Brevis considera por ejemplo que, en el actual escenario evolutivo impulsado por la IA, los algoritmos de machine learning aplicados a datos de parámetros de proceso, condiciones ambientales, trazabilidad y reportes sanitarios internacionales, permiten anticipar desviaciones en puntos críticos de control (PCC), modelar el crecimiento microbiano en función de variables como temperatura, pH y actividad de agua, y detectar señales tempranas de contaminación cruzada, entre otras múltiples ventajas operativas estratégicas. “A esto se suman los sistemas de visión computacional y sensores hiperespectrales que realizan inspección en línea con una sensibilidad superior al control muestral convencional, identificando cuerpos extraños, micotoxinas o defectos en tiempo real. En la práctica, esto se traduce en planes HACCP dinámicos, sistemas de alerta temprana más robustos y una gestión del riesgo respaldada por evidencia cuantitativa, lo que fortalece tanto la protección del consumidor como la eficiencia operacional de la industria”, precisa la docente e investigadora. VENTAJAS DECISIVAS Junto con impulsar un cambio trascendental en los paradigmas, la tecnología de IA está impulsando avances decisivos en diversos puntos de la cadena alimentaria productiva, logística y comercial. Tal como indica María Teresa Pino, de INIA, esto se refleja, por ejemplo en acciones concretas como: 1. Reducción de riesgos sanitarios: Los modelos predictivos a base de IA permiten disminuir entre 20 y 40% la incidencia de eventos críticos en las cadenas alimentarias, según experiencias internacionales. 2. Optimización de procesos productivos: Los sistemas de monitoreo inteligente incrementan la eficiencia operacional en aproximadamente 10–15 %, minimizando pérdidas y mermas. 3. Mejora en trazabilidad: Las tecnologías basadas en análisis de datos agilizan considerablemente los tiempos de respuesta ante incidentes de inocuidad, pasando de días a horas. Fortalecimiento del cumplimiento normativo: La automatización de controles y registros simplifica los procesos de auditoría y certificación para exportación. Miguel Ulloa, CEO de Techmark-IA, comenta a su vez que este aporte tecnológico potencia constantemente toda la cadena de valor, desde el campo a la mesa, impactando en forma directa e inmediata en procesos clave como: Monitoreo de cadena de frío en tiempo real: mediante la detección anticipada de quiebres que comprometan la calidad del producto. Trazabilidad inteligente: a través del seguimiento automatizado y preciso desde el origen hasta el consumidor final, facilitando retiros selectivos y eficientes. Control de calidad integral automatizado: a partir del análisis mediante visión computacional, para detectar anomalías en productos o envases. Gestión predictiva de riesgos sanitarios: gracias a la identificación de condiciones propicias para proliferación de bacterias o contaminantes. Optimización logística: mediante uso de rutas inteligentes y adaptativas que reducen los tiempos y la exposición a riesgos. Cumplimiento normativo dinámico: aplicando sistemas que se ajustan automáticamente a estándares sanitarios locales e internacionales. “En este contexto -puntualiza el emprendedor-, la IA no solo mejora procesos, sino que redefine el estándar operativo, elevando la precisión, reduciendo pérdidas y fortaleciendo la confianza del consumidor”. Solange Brevis, por su parte, pone énfasis en el salto cuántico que la IA impulsa en los distintos procesos de control sanitario preventivo, los cuales pueden adaptarse en forma ágil, y precisa a los distintos requerimientos de los múltiples actores de la cadena alimentaria. En tal sentido, separa estos aportes en dos áreas centrales de aplicación diferenciada: En el eslabón agroindustrial, destacan los modelos predictivos de riesgo de contaminación por Salmonella o E. coli en cultivos frescos, que integran datos satelitales, climáticos y de manejo agronómico para orientar decisiones de cosecha; a estos se suman también los sistemas de visión artificial montados en líneas de selección que detectan daño mecánico, residuos o presencia de micotoxinas en granos y frutas. En el trabajo de planta, en tanto, Brevis comenta que los ejemplos más disruptivos incluyen la propuesta de Nestlé, que mediante su departamento de inocuidad alimentaria digital usa IA para dilucidar en tiempo real la vida útil de los productos; y plataformas como HorizonScan o el sistema FOODAKAI, que rastrean miles de fuentes globales; alertas RASFF, retiros de producto, literatura científica; para anticipar riesgos emergentes. “También destacan los gemelos digitales de procesos térmicos, la espectroscopía NIR acoplada a redes neuronales para detección de fraude, y la analítica predictiva del microbioma ambiental de las salas de producción, que identifica nichos persistentes de Listeria antes de que generen un brote”, añade la ingeniera, investigadora y docente universitaria. VALOR AGREGADO NACIONAL Y aunque un observador externo podría suponer que todos estos logros provienen del exterior, lo cierto es que el talento nacional ha impulsado un alto porcentaje de cambios disruptivos, gracias al conocimiento aportado por la academia y las instituciones de investigación especializada, y al vigor creativo del ecosistema emprendedor interno. En tal sentido, María Teresa Pino destaca que Chile cuenta con capacidades avanzadas en áreas específicas de esta tecnología, que le permiten posicionarse en un sitial de liderazgo regional e, incluso, superar a otro países más desarrollados desde el punto de vista técnico, aunque todavía falta para alcanzar un desarrollo más integral y colaborativo. “Hay aplicaciones de inteligencia artificial en el sector agroalimentario como monitoreo de cultivos, detección de plagas, optimización de riego, clasificación y trazabilidad, además de plataformas emergentes como Agrinexus -comenta-, pero estas soluciones varían en madurez y aún no forman un sistema nacional integrado basado en IA, por lo que el principal reto hoy consiste en integrar, escalar y gestionar estas tecnologías para mantener el posicionamiento de nuestro país como proveedor confiable de alimentos”. En ese contexto, la investigadora destaca las capacidades alcanzadas por INIA en sistemas inteligentes de vigilancia fitosanitaria, plataformas agroclimáticas, agricultura de precisión, biotecnología y tecnologías postcosecha, entre otros desarrollos destacados. Algunos de estos, son los siguientes: OST LAB AGRO: laboratorio digital portátil que integra sensores, análisis espectral y modelos predictivos para evaluar en tiempo real la calidad de la fruta en terreno. Sistema de alerta temprana para el Tizón Tardío: aplicación de modelos predictivos en sanidad vegetal, basado en la integración de variables agroclimáticas, que permite anticipar, por ejemplo, riesgos de infección causados por el hongo que afecta la producción de papa. Espectroscopía (NIRS): tecnología que, en combinación con técnicas como la espectroscopia Raman o NIR, permite detectar adulteraciones en la composición de los alimentos (incluyendo fraudes). Envases Activos: alternativa complementaria y sustentable desarrollada para interactuar con los alimentos y prolongar su vida útil mediante la creación de dispositivos a base de biopolímeros obtenidos a partir de aceites esenciales de mostaza e hinojo. Solange Brevis, por su parte, también considera que Chile se encuentra en una etapa intermedia de desarrollo en el campo de la IA, pues existe conciencia institucional y casos pioneros, aunque estos esfuerzos aún no se reflejan en una adopción sistémica. La investigadora y docente reconoce que ACHIPIA ha posicionado el tema en la agenda pública, con seminarios dedicados a la IA aplicada a la inocuidad, que convocan a academia, industria y sector público. Además, puntualiza que la recientemente aprobada “Política Nacional de Inocuidad y Calidad Alimentaria 2026–2036” incorpora como ejes la anticipación de riesgos, el avance en trazabilidad y control del fraude alimentario, así como la modernización de la red de laboratorios con diversas tecnologías (incluyendo IA), pero que todos estos avances no ocultan el hecho de que aún persisten brechas estructurales complejas y que ralentizan el logro de los objetivos de largo plazo. Para Brevis, una de las dificultades más evidentes radica en que el Sistema Nacional de Vigilancia en Inocuidad Alimentaria es fragmentado, debido a la presencia de múltiples entidades responsables como MINSAL, SAG, ACHIPIA, SERNAPESCA, ISP y SEREMIS, que carecen de interoperabilidad, lo que dificulta la trazabilidad y la respuesta ante brotes de ETA. Al mismo tiempo, precisa que la adopción de IA en planta es liderada principalmente por grandes exportadoras del sector frutícola, salmonero y lácteo, mientras que las PYMES; que concentran buena parte del abastecimiento interno; siguen limitadas por brechas de digitalización, costos y capital humano especializado. Por ende, Brevis concluye que el desafío país es claro: “transformar esos casos aislados en una capacidad sistémica, interoperable y equitativa”. Por ello, y aun cuando se espera que en el corto a mediano plazo se consolide la convergencia entre IA y otras tecnologías de punta como genómica, IoT y blockchain como infraestructura integrada de inocuidad, para avanzar tanto en estrategias de inocuidad preventiva como en detección de fraudes alimentarios, también se requiere una mejor integración entre los sistemas que hoy operan de manera fragmentada, para así estructurar una nueva arquitectura de datos interoperable y capaz de optimizar la interacción positiva entre academia, mundo público, empresas privadas y ecosistema emprendedor. Claro que para Solange Brevis esto requiere de acciones urgentes, como formar capital humano en ciencia de datos aplicada a alimentos, y construir marcos regulatorios que equilibren innovación con protección del consumidor; incluyendo consideraciones éticas sobre sesgos algorítmicos y gobernanza de datos. “Desde mi mirada como investigadora -concluye-, el mayor desafío no será tecnológico sino institucional. Es decir, lograr que la IA sea una herramienta al servicio de la salud pública, la soberanía alimentaria y los sistemas agroalimentarios sostenibles, y no solo un atributo de competitividad exportadora”. Desde el ecosistema emprendedor, en tanto, Miguel Ulloa plantea que Chile de todo modos ya tiene la ventaja estratégica de combinar talento técnico con alta capacidad de adaptación e innovación en contextos complejos, lo que permite desarrollar soluciones altamente eficientes, escalables y competitivas a nivel global, abriendo oportunidades valiosas para escalar tanto a nivel interno como externo. “En Techmark-AI esto se materializa en ION, nuestro ecosistema de Inteligencia Operativa Neuronal, que no es solo una herramienta tecnológica, sino una arquitectura completa que integra analítica avanzada, automatización, aprendizaje continuo y toma de decisiones autónoma”, detalla. Ulloa también considera que el valor del talento chileno radica en la forma cómo los emprendedores abordan los problemas, pues no lo hacen simplemente desde la teoría, sino desde la operación real, para lo cual diseñan soluciones que entienden la dinámica del negocio, la logística latinoamericana, las brechas de infraestructura y los desafíos regulatorios. “Eso permite que nuestras tecnologías no solo funcionen en Chile, sino que sean exportables y adaptables a distintos mercados. Además, incorporamos una mirada creativa que cruza tecnología con estrategia, permitiendo mejorar la eficiencia e inocuidad, y al mismo tiempo avanzar en sostenibilidad, reduciendo desperdicios, optimizando recursos y disminuyendo la huella operativa”. Ejemplos concretos de cómo el talento chileno está aportando soluciones de clase mundial, posicionándose como actor relevante en esta nueva etapa de transformación industrial, y donde, tal como enfatiza Miguel Ulloa, la IA deja de ser una promesa y se convierte en infraestructura crítica capaz de aportar a procesos trascendentales para el desarrollo tanto de Chile como de toda la humanidad. GALERÍAOTROS REPORTAJES |
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