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La presencia de miles de polímeros microscópicos en muestras de agua embotellada, descubierta hace un tiempo por investigadores estadounidenses, volvió a encender las alarmas sobre el enorme riesgo que implica esta “contaminación invisible” para la salud de la población en todo el mundo. urante más de medio siglo el plástico fue un baluarte para la industria y la economía, en la medida que facilitaba procesos y tareas, especialmente en materia de preservación y envasado de alimentos. Sin embargo, con el paso de los años esta favorable condición dio paso a un escenario opuesto y extremadamente negativo, a medida que los desechos provenientes de este material (especialmente los de un solo uso), comenzaron a acumularse de manera descontrolada, contaminando múltiples ecosistemas terrestres y acuáticos de todo el mundo. Las cifras de esta contaminación son elocuentes, pues según un reporte de la Organización para La Cooperación y Desarrollo Económicos, OCDE, la producción mundial de plástico se duplicó en los últimos 20 años, ascendiendo actualmente a más de 460 millones de toneladas anuales. Consecuentemente, la generación global de residuos plásticos también se duplicó en las últimas dos décadas, superando los 360 millones de toneladas anuales. Casi dos tercios de estos residuos provienen de plásticos con vida útil inferior a cinco años, de los cuales 40% corresponde a envases. El mismo estudio de OCDE establece que solo 9% de los residuos plásticos se recicla, mientras que 19% se incinera, 50% se usa como relleno sanitario y 22% termina en rellenos sanitarios no controlados, se quema en fosas abiertas, o acaba en entornos terrestres o acuáticos, especialmente en los países más pobres. Peor aún, los expertos de OCDE estiman que en la actualidad hay más de 30 Millones de toneladas (Mt) de residuos plásticos en los mares y océanos, y que otros 109 Mt se han acumulado en los ríos, lo cual implica que las filtraciones contaminantes hacia los océanos continuarán durante décadas, aun cuando se optimicen los sistemas de reciclaje y se reduzcan significativamente los residuos plásticos mal gestionados. Si bien existe plena conciencia del desastroso impacto que esta ominosa contaminación tiene en el medio ambiente, el problema parece alcanzar proporciones cada vez más alarmantes y complejas para la salud humana. Así lo confirma un estudio publicado a principios de 2024 por investigadores de las universidades de Columbia y Rutgers, Estados Unidos, quienes descubrieron la presencia de miles de diminutas partículas de este material, en diversas muestras de agua embotellada. En concreto, los investigadores descubrieron que el agua embotellada comercializada en las tiendas, puede contener hasta 240.000 partículas de microplásticos y nanoplásticos, diminutos e invisibles, lo que representa hasta 100 veces más de lo que se estimaba anteriormente. En otras palabras, el plástico ya no solo destruye ecosistemas y atenta contra la vida salvaje, sino que también constituye un riesgo cada vez más patente para la seguridad alimentaria y la salud de las personas. Una advertencia que ya había planteado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, FAO, en un informe publicado en 2017 donde advertía que, debido a su tamaño, “los nanoplásticos pueden incorporarse fácilmente en los diferentes eslabones de las redes tróficas alimentarias, hecho que genera preocupación, en vista de que causan efectos adversos en la salud humana”. El mismo informe establecía que, ya en esa fecha, los nanoplásticos habían sido identificados en diferentes tipos de alimentos de amplio consumo humano, como la sal marina, pescado, crustáceos, cerveza y el agua embotellada, entre otros. ¿QUÉ SON LOS NANOPLÁSTICOS? Desde el punto de vista técnico, los plásticos son compuestos sintéticos complejos y heterogéneos que se originan a partir de combustibles fósiles. Se componen de una estructura polimérica basada en el carbono, a la cual se le agregan una serie de sustancias químicas adicionales durante la producción, para conferirles ciertas características específicas. En la actualidad, el mayor peligro detectado por científicos e investigadores son los micro/nano plásticos (MNP), que corresponden a diminutas partículas de plástico de menos de 5 milímetros de tamaño. Según explica un informe publicado por el Instituto de Salud Global de Barcelona, los MNP se pueden clasificar en dos categorías principales, de acuerdo con su origen: MNP primarios: Son partículas de plástico fabricadas específicamente para ser pequeñas, como las microperlas utilizadas en productos de cuidado personal (como cremas exfoliantes y pastas dentales, por ejemplo). También se emplean en procesos industriales abrasivos, o como materia prima para producir otros plásticos. MNP secundarios: Se forman como resultado de la degradación de artículos de plástico de mayor tamaño arrojados al medio ambiente, como bolsas, botellas y redes de pesca, entre otros. Estos elementos de mayor tamaño pueden descomponerse con el tiempo, debido a procesos físicos, químicos o biológicos, como la exposición a la luz solar o a la fuerza mecánica ejercida por las olas del mar. PELIGROS PARA LA SALUD HUMANA Esta fragmentación en el medio ambiente puede ser constante y permanente, lo que permite la formación de partículas cada vez más microscópicas, y que pueden medir desde 5 mm (microplásticos) hasta menos de 1 micra, es decir menos de mil millonésimas de metro (nanoplásticos). Además, este tamaño microscópico les a dichas partículas confiere gran movilidad, por lo que ya pueden encontrarse en los rincones más remotos de la Tierra, desde las más altas cumbres del Himalaya, hasta los glaciares de la Antártica y las profundidades del océano. Esto permite, asimismo, que puedan ser absorbidos o ingeridos por la mayoría de los organismos vivos, desde seres unicelulares hasta grandes criaturas marinas. Ello se traduce en que, de uno u otro modo, formen parte de la cadena alimentaria global, extendiendo su presencia hasta el mismo organismo humano. Esta progresiva y creciente acumulación en el medio ambiente, y sus posibles efectos sobre la salud de las personas, concita gran preocupación medioambiental, siendo incluso calificada como una crisis de salud pública mundial. De hecho los académicos y expertos aseguran que estas minúsculas partículas de MNP pueden invadir fácilmente células y tejidos individuales en órganos importantes, “interrumpiendo potencialmente procesos celulares y depositando en el cuerpo sustancias químicas que alteran el sistema endocrino, como bisfenoles, ftalatos, retardantes de llama, sustancias perfluoradas y polifluoradas (PFAS), y metales pesados”, como afirma el reporte del Instituto de Salud Global de Barcelona. Conclusión que comparten los autores de la investigación publicada a comienzos de año por las universidades de Columbia y Rutgers, quienes afirman que “estas sustancias químicas pueden llegar al hígado, al riñón y al cerebro, e incluso atravesar el límite placentario y terminar en el feto”. “En estudios con ratones preñados, los investigadores han encontrado químicos plásticos en el cerebro, corazón, hígado, riñón y pulmones del bebé en desarrollo, 24 horas después de que la madre embarazada ingirió o respiró partículas de plástico”, afirma la coautora de este estudio, Phoebe Stapleton, profesora asociada de farmacología y toxicología de la Facultad de Farmacia Ernest Mario, de la Universidad de Rutgers en Piscataway, Nueva Jersey. “En este momento ya se han encontrado micro y nanoplásticos en la placenta humana”, agrega Stapleton, y también “se han encontrado en tejidos pulmonares humanos, en heces humanas y en la sangre humana”. Riesgos que se suman a la posibilidad de que los propios polímeros con que se fabrican los MNP también dañen el cuerpo. “La nueva frontera en plásticos es comprender los polímeros, la parte plástica del plástico. Nuestra capacidad para comprender el impacto potencial de los polímeros en la salud humana ha sido muy limitada, porque no hemos podido detectar hasta ese nivel. Ahora, con este nuevo enfoque, podremos empezar a hacerlo”, explicó recientemente al medio CNN, Sherri “Sam” Mason, directora de sostenibilidad de Penn State Behrend en Erie, Pennsylvania. ACCIONES DECIDIDAS E INMEDIATAS Si bien los científicos e investigadores a nivel mundial coinciden que aún se requieren más estudios para determinar el real impacto de la ingesta de MNP para la salud humana, también enfatizan que se trata de un problema que requiere acciones urgentes y decididas para reducir el enorme riesgo que implica para la seguridad alimentaria a nivel mundial. Esto implica reforzar la conciencia de las personas, para que incrementen su contribución tanto al reciclaje como a la reducción en el consumo de plásticos, especialmente de un solo uso, así como reforzar los llamados a empresas y organismos gubernamentales, que son las entidades con mayor influencia, para que adopten estrategias y acciones que resuelvan de manera eficiente la actual contingencia. Un ejemplo concreto sería fomentar más acciones I+D+i tanto a nivel de emprendedores, como de grandes compañías, para desarrollar una nueva generación de envases compostables, biodegradables e incluso digeribles (como ya existen), que eliminen de raíz los polímeros contaminantes y no se conviertan en nuevo foco de contaminación o de peligro para la salud de los consumidores. Al respecto, el ingeniero industrial Eduardo Requena, diplomado en la Pontificia Universidad Católica de Chile en administración de operaciones, y gerente comercial de la empresa Drug Plastics Arcadia, expuso, durante la última versión del Simposio de Bioplástico en Santiago, los avances sostenidos en la fabricación en Chile de envases de plástico biodegradable de grado farmacéutico, abordando la importancia “de promover estos desarrollos de una manera práctica, para que sean factibles en escenarios reales de la industria local, con la maquinaria y tecnología disponible en la región, para garantizar que no se queden solo como investigaciones”. En dicha oportunidad Requena también resaltó la importancia de adoptar material eco amigable en los procesos productivos de las empresas y enfatizó que “el bioplástico resultó ser una alternativa viable y prometedora, ya que se deriva de fuentes renovables, como el maíz o la caña de azúcar, en contraposición a los plásticos tradicionales que se obtienen del petróleo”. En su opinión, esto no solo reduce la dependencia de los recursos fósiles, sino que también disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de plásticos convencionales, las que actualmente llegan a 3,4% y según todas las estimaciones de OCDE pueden aumentar a más de 6% en 2060, si no se adoptan medidas tendientes a reducir la dependencia industrial del plástico convencional. Al respecto Requena planteó la urgente necesidad de mantener altos estándares de calidad en los productos fabricados con bioplástico, argumentando que “es muy importante la investigación y el desarrollo continuo, para garantizar que estos materiales eco amigables cumplan los requisitos técnicos y de desempeño necesarios en diversos sectores industriales”. En tal sentido, concluyó que “es muy relevante la innovación en procesos de producción, con el fin de optimizar la eficiencia y reducir los costos asociados”. Pasos concretos que ayudarían a mitigar y contrarrestar, la maldición resultante del auge de la “Era del Plástico”. GALERÍA
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