l ecosistema emprendedor juega un papel cada vez más relevante en el desarrollo de innovaciones alimentarias que posicionan a Chile como protagonista de una revolución cuántica que rompe todos los esquemas y fronteras conocidas. Así lo han demostrado diversas startups de base científica y tecnológica, que han sido capaces de impulsar desarrollos altamente disruptivos gracias al potencial creativo de una nueva generación de emprendedores capaces de adaptarse ágilmente a las necesidades de un mercado que hoy exige alimentos y bebidas atractivos, pero también saludables y amigables con el medio ambiente. Uno de los protagonistas más recientes de esta revolución productiva biotecnológica es la foodtech EntoEnergy, formada por un entusiasta grupo de jóvenes investigadores penquistas, cuyo deseo de aportar valor y conocimiento de frontera al mercado, los llevó a superar todas las barreras conocidas con el objetivo de “transformar lo impensable en algo delicioso, práctico y consciente”. Este esfuerzo creativo se tradujo en el desarrollo de un atractivo snack saludable, que no solo destaca por sus atractivas propiedades organolépticas y alto contenido nutritivo, sino también porque su ingrediente principal es una proteína alternativa que proviene de… insectos. Sí, leyó bien. Proteína de insectos. Un ingrediente que para la gran mayoría de las personas puede resultar sorpresivo, atemorizante o, incluso, desagradable. Pero que, gracias al talento creativo de los fundadores de EntoEnergy, se materializa en una golosina de atractivo sabor y presentación, cuyas propiedades son capaces de conquistar y seducir al paladar más exigente. DESAFÍO DE ALTA COMPLEJIDAD El desarrollo de alimentos disruptivos suele ser extremadamente desafiante, y la innovación de EntoEnergy no fue la excepción. De hecho, uno de los mayores desafíos fue reunir la materia prima necesaria, que en este caso corresponde a larvas de la especie Tenebrio Molitor, también conocidos coloquialmente como “gusanos de la harina”. Un objetivo realmente titánico, pues cada larva pesa tan solo 0,1 gramos, y para elaborar un primer prototipo se necesitaban 10 kilos de estas pequeñas fuentes de proteínas. Esto implicó que durante semanas, entre clases, tesis y jornadas extendidas de trabajo, los jóvenes biotecnólogos seleccionaran manualmente cientos de larvas de Tenebrio Molitor, hasta reunir la cantidad necesaria para llevar adelante el proyecto. Sin embargo, estas dificultades no hicieron mella en el entusiasmo del equipo, y fue así como lo que comenzó como una inquietud científica en la Universidad de Concepción, terminó convirtiéndose en un emprendimiento que busca abrir camino a una nueva categoría de alimentos en Chile. Objetivo que hoy se concreta gracias al apoyo brindado por el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria, CeTA Zona Sur. DE LAS AULAS AL DESARROLLO FOODTECH La historia de EntoEnergy comenzó en una asignatura de innovación de la carrera de Ingeniería en Biotecnología Vegetal de la Universidad de Concepción. Allí, un grupo de estudiantes empezó a preguntarse cómo responder a uno de los grandes desafíos del sistema alimentario global: producir proteínas de alta calidad con menor impacto ambiental. “Las proteínas alternativas están ganando espacio porque responden a desafíos reales del sistema alimentario”, explica Alejandro Olivares, director de Operaciones de EntoEnergy. Durante esa búsqueda apareció el potencial de los insectos comestibles, particularmente el Tenebrio Molitor, especie con alto contenido proteico -cercano a 50%, y cuyo perfil nutricional incluye aminoácidos esenciales y vitamina B12. “En ese punto comenzamos a cuestionarnos cómo enfrentar el desafío global de producir proteína de alta calidad con menor impacto ambiental, y fue entonces cuando decidimos explorar el potencial de los insectos comestibles”, agrega Olivares. A partir de esa base científica, el equipo decidió transformar la idea en un producto concreto: una barra proteica diseñada para consumo cotidiano, orientada a deportistas, estudiantes y personas interesadas en una “alimentación más consciente”. EL SALTO AL MERCADO Para profesionalizar el desarrollo, el equipo recurrió al Centro de Innovación CeTA Sur, ubicado en la Región del Biobío y que cuenta con una planta instalada en dependencias de la empresa Nutrisco, desde donde impulsa la innovación alimentaria en el sur del país. El trabajo con los profesionales y la tecnología de CeTA se concentró en perfeccionar el desarrollo del producto, buscando una formulación con textura suave y perfil de sabor agradable, que ayudara a superar las barreras culturales habitualmente asociadas al consumo de insectos. La infraestructura piloto semiindustrial disponible en CeTA permitió validar parámetros de proceso, ajustar la matriz del producto y avanzar en aspectos regulatorios y de rotulación, etapas fundamentales para proyectar su llegada al mercado. “CeTA fue el puente entre la idea científica y el desarrollo de un producto con estándar de mercado, pues (…) nos permitió ordenar técnicamente el desarrollo del producto (…). De hecho, contar con infraestructura piloto y acompañamiento experto fue clave para avanzar hacia un producto replicable”, enfatiza Olivares. Este acompañamiento técnico permitió acelerar el desarrollo del producto y avanzar hacia su escalamiento productivo. DESAFÍO TÉCNICO Y CULTURAL CON VISIÓN DE FUTURO Uno de los primeros desafíos fue lograr la producción de materia prima suficiente para desarrollar los prototipos. Para ello, la crianza y selección de las larvas se realizó inicialmente de forma completamente manual, proceso exigente y que puso a prueba la perseverancia del equipo. “Cada larva pesa cerca de 0,1 gramos y necesitábamos alcanzar 10 kilos para elaborar el prototipo. Eso implicó seleccionar una a una las larvas que cumplían con el peso y estado adecuados”, relata Olivares. Sin embargo, las dificultades no terminaron allí, pues la tarea de convertir insectos en alimentos atractivos para el consumidor no sólo implican sortear desafíos operacionales, sino también culturales. “El mayor desafío no era nutricional, sino cultural, pues teníamos que lograr un producto que convenciera al consumidor”, detalla. Pero más allá del éxito científico o comercial que pueda alcanzarse con este producto específico, EntoEnergy también busca contribuir a una transformación más amplia dentro del sistema alimentario. En ese contexto, los insectos comestibles se posicionan cada vez más como alternativa viable para diversificar las fuentes de proteína, especialmente en un escenario global donde la sostenibilidad y seguridad alimentaria se han vuelto prioridades. “Más que vender una barra, queremos abrir camino a una nueva categoría de alimentos sustentables en Chile (…), y el consumo de nuevas fuentes de proteína irá ganando espacio en la medida que las personas comprendan su valor nutricional y su aporte a una alimentación más sustentable”, puntualiza el líder del proyecto. De este modo, el equipo de EntoEnergy confía en seguir desarrollando nuevos productos que acerquen las proteínas alternativas a los consumidores. Un camino que, gracias al trabajo realizado conjuntamente con CeTA, brinda altas perspectivas de éxito técnico y comercial. “Creemos que el consumo de nuevas fuentes de proteína irá ganando espacio en la medida que las personas comprendan su valor nutricional y su aporte a una alimentación más sustentable”, concluye el director de operaciones de EntoEnergy. GALERIAOTROS REPORTAJES
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