a industria alimentaria está inmersa en una profunda revolución transformadora, que a diario se materializa en cambios vertiginosos, disruptivos y de alto impacto, tanto a nivel tecnológico como social y comercial. Esta contexto se traduce en la urgente necesidad de crear y desarrollar alimentos de acceso transversal, que optimicen la seguridad a nivel global, pero que además refuercen la salud de la población, sin que ello genere más estrés al planeta. En este contexto, la academia cumple un rol de gran trascendencia, pues sus representantes (incluyendo tanto a docentes como investigadores) cuentan con el conocimiento necesario para impulsar una mayor cantidad de acciones de I+D+i que se orienten exitosamente hacia dichos objetivos. Sin embargo, esta doble oportunidad y responsabilidad exige a los exponentes del mundo académico, potenciar su capacidad para adaptarse en forma más ágil a los constantes cambios que hoy experimenta el escenario productivo, lo cual también implica aplicar transformaciones profundas en la malla curricular de una profesión estratégica para el éxito evolutivo de la industria a nivel mundial: la ingeniería de alimentos. Una de las entidades que hoy se posiciona en un sitial de privilegio para impulsar esta modernización formativa, es la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que recientemente inauguró su año académico una ceremonia que convocó a autoridades, representantes de la Asociación de Empresas de la Región de Valparaíso (ASIVA), académicos, futuros profesionales y jóvenes investigadores doctorales. En dicha instancia, el Dr. Francisco Rossier, Ingeniero en Alimentos de la PUCV, Doctor en Ingeniería de Procesos Alimentarios por la Wageningen University & Research de Países Bajos y que este año se incorporó a la planta docente del histórico plantel porteño, dictó un charla donde precisamente se abordó la necesidad de potenciar la capacidad de la industria y de la academia, para dar respuestas más ágiles, eficaces y oportunas a una tendencia que hoy se conoce como “Ingeniería de Alimentos de Nueva Generación” o Next Generation Food Engineering. DESAFÍOS TÉCNICOS Y ACADÉMICOS En su presentación, el Dr. Rossier (quien cuenta con más de 15 años de experiencia en investigación, innovación y gestión tecnológica en destacadas entidades ligadas al sector agroalimentario, tales como la Fundación Wageningen Chile y el programa Transforma Alimentos), abordó el trasfondo de esta propuesta, enfatizando que esta no solo busca redefinir el rol de la ingeniería en alimentos frente a los desafíos emergentes del sistema alimentario global, sino también impulsar una integración real y efectiva con disciplinas como la biotecnología, la ciencia de datos, la salud humana y la sostenibilidad. Esto permitiría desarrollar una nueva visión transversal que ayude a enfrentar de mejor forma los desafíos de un mercado, una sociedad y un mundo alimentario en constante transformación. Rossier también recalcó que este enfoque responde a un nuevo contexto, donde los alimentos “ya no se entienden únicamente como productos, sino como sistemas complejos con impacto directo en la salud, el medio ambiente y la economía”. Por ello, y a partir de un proceso de análisis estratégico, el académico puntualizó que hoy es posible identificar diez megatendencias que están reconfigurando el futuro de la profesión, entre las cuales hay dos “particularmente críticas”, por su nivel de desarrollo tecnológico e impacto potencial en la industria. La primera tendencia es la evolución de la inocuidad alimentaria, que hoy transita desde modelos reactivos hacia sistemas predictivos y en tiempo real. En este sentido, Rossier precisó que las nuevas tecnologías como biosensores, diagnóstico rápido y plataformas de monitoreo continuo, “están permitiendo detectar alérgenos y contaminantes microbiológicos y químicos, entre otros, de manera más temprana y precisa”. Este cambio, en su opinión, no solo mejora la gestión de riesgos, “sino que también abre nuevas oportunidades para optimizar procesos productivos, reducir pérdidas y fortalecer la trazabilidad a lo largo de toda la cadena de valor”. “En un contexto de mercados cada vez más exigentes, estas herramientas se proyectan como un estándar ineludible en la industria alimentaria”, destacó el profesor Rossier. La segunda tendencia es la transformación profunda de la relación entre alimentación y salud, y que se expresa en un desplazamiento de los paradigmas productivos desde el desarrollo de alimentos tradicionalmente conocidos como “fortificados” hacia el diseño de sistemas biofuncionales, donde convergen compuestos bioactivos, microbiota intestinal, estructuración de alimentos y herramientas avanzadas como la metabolómica. “Este enfoque -precisa el Dr. Rossier- permite avanzar hacia una nutrición más personalizada y basada en evidencia, con aplicaciones que van desde la prevención de enfermedades crónicas hasta la optimización del bienestar”. Para la industria alimentaria, esto implica el desarrollo de productos con mayor valor agregado, respaldados por conocimiento científico y capacidades tecnológicas sofisticadas. Otro de los mensajes centrales de la presentación del Dr. Rossier, fue la necesidad de alinear la formación de los futuros ingenieros de alimentos con estas transformaciones, lo cual implica no solo actualizar contenidos, sino también incorporar nuevas competencias, como el análisis de datos, la integración interdisciplinaria y la capacidad de innovar en entornos complejos. En el caso de Chile, donde el sector agroalimentario es la segunda fuerza exportadora, estas tendencias representan una oportunidad estratégica para avanzar hacia una industria más intensiva en conocimiento, capaz de diferenciarse en mercados globales y de generar mayor valor económico y social. Aspectos que permitirían, tal como alguna vez expresó el presidente de Fundación Chile, Pablo Zamora, que nuestro país pase de ser una potencia exportadora de Commodities, a un proveedor de bioalimentos, ciencia y conocimiento vivo. De este modo, el concepto de Next Generation Food Engineering se posiciona como una hoja de ruta para la evolución ágil y adaptativa del sector, invitando tanto a la academia como a la industria, a repensar sus modelos de desarrollo y a anticiparse a los desafíos del presente y futuro. POLO DE ACADÉMICO TRANSFORMACIÓNQuien también asume con entusiasmo esta tarea, es el director de la Escuela de Alimentos de la PUCV, Dr. Nicolás Córdova, quien enfatizó que durante este año la institución continuará reforzando su orientación hacia un modelo formativo que no solo responda a las necesidades actuales de la industria, sino que además sea capaz de anticipar y liderar los cambios que están transformando los sistemas alimentarios a nivel global. “Este enfoque reconoce que la ingeniería de alimentos ya no puede entenderse únicamente desde una lógica tradicional, sino que debe integrarse con dimensiones como la sostenibilidad, la digitalización, la biotecnología, la economía circular y la salud humana, todo en línea con el concepto de Next Generation Food Engineering”, puntualiza Córdova Para el académico este profundo cambio de paradigmas, exige tanto el desarrollo de nuevas competencias, como de herramientas pertinentes, así como la consolidación de una nueva mirada integradora que articule ciencia, tecnología e innovación. “En coherencia con esta visión, nuestra Escuela ha estado trabajando en una nueva oferta de formación continua que pretende poner a disposición de quienes se desarrollan profesionalmente en el ámbito de los alimentos, para lo cual esperamos tener muy pronto importantes novedades”, enfatiza el Dr. Córdova.
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