a escasez hídrica y el aumento sostenido en los costos de producción exige adoptar nuevas estrategias de gestión de recursos en el sector agropecuario, con el objetivo de optimizar tanto su capacidad productiva, como su sostenibilidad a largo plazo. En dicho contexto, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA La Cruz, puso en marcha un innovador proyecto, directamente orientado a potenciar el agro de la Región de Valparaíso, denominado “Aumento de la competitividad de la producción forrajera y ganadera en la Región de Valparaíso a través de la absorción de tecnologías que aumenten la mecanización, la eficiencia del uso del agua y los fertilizantes”. Este trabajo, financiado por CORFO a través del Programa de Absorción Tecnológica para la Innovación (PATI), se alinea directamente con el eje estratégico ministerial de seguridad hídrica, el cual busca ampliar la superficie regada, fortalecer la infraestructura y promover la eficiencia en el uso del agua, como base para una productividad sostenible. BRECHAS TECNOLÓGICAS EN EL SECTOR La iniciativa es liderada por el Dr. Carlos Zúñiga Espinoza, PhD en Agricultura de Precisión, y busca implementar un programa de difusión y adopción de herramientas de alta precisión en un sector estratégico para la producción láctea y cárnica, pero que aún experimenta grandes brechas tecnológicas en la producción de forraje, incluyendo alfalfa, maíz y avena. Estos elementos constituyen la base de la alimentación del ganado bovino, y su cultivo eficiente es indispensable para el fortalecimiento de la producción láctea y cárnica regional. El trabajo del Dr. Zúñiga comenzó con un diagnóstico inicial entre 10 productores de los valles de Aconcagua, Nogales y Casablanca, donde se identificaron los siguientes problemas comunes:
Tal como explica el Dr. Zúñiga, esta evaluación previa negativa permitió comprobar de primera fuente las graves deficiencias productivas de un sector clave para la agroindustria regional y nacional, pero que hoy sufre las consecuencias de la escasez de agua, el encarecimiento de los insumos y la reiteración de prácticas productivas insostenibles. El investigador también precisa que, a partir de este diagnóstico, se pondrá en práctica un trabajo en terreno que demostrará (con datos duros obtenidos directamente en el campo de cada agricultor), cómo las modernas herramientas tecnológicas pueden ayudar a ahorrar dinero, aumentar la producción y reforzar la resiliencia ante al cambio climático. TECNOLOGÍA A MEDIDA La intervención del proyecto es completamente personalizada, pues cada productor recibirá las tecnologías que mejor se adapten a su brecha más crítica. Los beneficiarios también contarán con acompañamiento técnico permanente del equipo de INIA, integrado por Sebastián Meier (experto en fertilidad de suelos) y Paulina Etcheverría (especialista en forrajeras y ganadería). A ellos se sumarán los profesionales Alberto Espinoza, Diego García y Camila Martínez. Las soluciones tecnológicas que considera esta iniciativa, abarcan desde la migración del riego por surco a sistemas de alta eficiencia como carril o goteo subterráneo, complementados con sensores de humedad que permiten saber con exactitud cuándo y cuánto regar; hasta el uso de drones de aplicación (modelos T25 y T50), capaces de fertilizar y aplicar productos fitosanitarios con precisión milimétrica en cualquier etapa del cultivo. Esto incrementa la eficacia de los insumos en torno a 20% y reduce la exposición de los trabajadores a sustancias que puedan ser potencialmente nocivas para su salud. A esto se suma la incorporación de tractores con piloto automático para labores como siembra y arado (que brindan ahorros de hasta 20% en combustible), junto a un carro compostador de precisión que reemplaza el trabajo manual en la aplicación de enmiendas orgánicas. El monitoreo basado en datos se completa con el uso de drones equipados con cámaras multiespectrales, capaces de detectar estrés hídrico o deficiencias nutricionales antes de que sean visibles al ojo humano; y porómetros que miden el estrés fisiológico de las plantas. Todo ello permitirá, tal como enfatiza el Dr. Martínez, “transformar la toma de decisiones desde lo empírico a lo objetivo”. El proyecto contempla dos fases: En la fase de difusión tecnológica, se realizarán charlas, diagnósticos detallados y la instalación de tres unidades demostrativas, donde se compararán distintas tecnologías en días de campo abiertos a más productores de la región. En la fase de absorción tecnológica, cada beneficiario implementará la tecnología en su predio con acompañamiento del equipo INIA durante toda una temporada. Allí se medirán variables como volumen de agua ahorrado, producción de forraje, consumo de combustible y costos operativos. “La clave es la validación local, pues vamos a generar datos técnicos y económicos verificables de la realidad de la Región de Valparaíso. Al final, tendremos una ficha por cada predio que demuestre, por ejemplo, cuánto ahorró este productor y cuánto aumentó su rendimiento”, destacó el Dr. Carlos Zúñiga. IMPACTO ESPERADO El proyecto busca optimizar el uso de agua y fertilizantes, pero también fortalecer la competitividad y resiliencia de la ganadería regional, factores que son clave para garantizar su aportes a la seguridad alimentaria. De este modo, al generar protocolos y conocimiento replicable, se sientan las bases para una modernización escalable del sector. “Este proyecto encarna el objetivo social del INIA, pues vinculamos investigación de punta con las necesidades concretas de los agricultores. En otras palabras, no solo transferimos tecnología, sino que cocreamos conocimiento con ellos, para que se apropien de las herramientas y sean protagonistas de su propio desarrollo sostenible”, concluye el especialista. Con esta iniciativa, INIA La Cruz apuesta por un campo más tecnificado, eficiente y preparado para afrontar con éxito los desafíos del futuro productivo agroalimentario en Chile y el mundo.
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