top of page
Portada Indualimentos Digital Interactiva 01

Nuevos envases reciclables: La compleja evolución del packaging moderno

Foto del escritor: Francisco Javier González Salvo
Francisco Javier González Salvo
hace 3 días
13 min de lectura
La compleja evolución del packaging reciclable
Foto: Gentileza Comunicaciones SIG

Bajada envases reciclables

La moderna industria alimentaria experimenta una constante evolución científica y tecnológica, que se traduce en innovación y mejora continua en aspectos clave para el posicionamiento de las empresas y el bienestar de toda la sociedad.

 

Uno de los segmentos que enfrenta mayores desafíos es el de envases y embalajes, cuyos principales exponentes necesitan optimizar de manera urgente sus índices de sostenibilidad y circularidad, tras décadas de acumulación de desechos contaminantes en el medio ambiente, en especial plásticos de un solo uso cuya degradación ha generado la presencia de partículas de micro y nano plásticos en prácticamente todos los ecosistemas del planeta.

 

Este escenario se traduce en presión constante hacia los fabricantes de envases y embalajes, para que impulsen el desarrollo de nuevos envases reciclables a partir de tecnologías y materias primas que reemplacen de manera definitiva a los plásticos derivados del petróleo, o bien, que permitan un mayor porcentaje de reciclaje y reutilización, para así contribuir de manera efectiva a la sostenibilidad y descarbonización de toda la industria alimentaria.

 

Presión que, en su mayoría, nace también de la mayor conciencia ambiental que se extiende entre la sociedad, y de progresiva masificación del concepto “Una Salud” (One Health), el cual establece que la salud humana no es independiente de la salud del planeta y de las especies que lo habitan, las cuales, por desgracia, aún sufren y sufrirán durante mucho tiempo más las consecuencias de vivir en un ambiente contaminado por plásticos, microplásticos y nano plásticos. Todos estos factores exigen a la industria y a los reguladores, aunar esfuerzos para que el sector avance de manera decidida hacia el objetivo de reciclar y reutilizar la mayoría de las materias primas que hoy se utilizan para producir envases y embalajes alimentarios.

 

Al respecto, Mariana Soto Urzúa, gerenta general del Centro de Envases y Embalajes de Chile, CENEM, comenta que la industria se ha esforzado en los últimos años para ser cada vez más sostenible, “en especial desde la entrada en vigencia en Chile de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP)”, y detalla logros tales como la reducción de gramajes en casi todos los materiales (vidrio, hojalata, aluminio, cartulina y cartón corrugado), así como la incorporación de mayor proporción de material reciclado y el diseño de envases considerando su destino al final de vida, como ejemplos concretos de que “se avanza vertiginosamente para cumplir con estos desafíos ambientales”.

 

Sin embargo, la ejecutiva también enfatiza que es muy complejo incrementar la cantidad de material reciclable en los envases que están en contacto directo con los alimentos, debido a que la tecnología disponible aún no lo permite en su totalidad.

 

Por ello, Soto recalca que estos avances no se aceleran mediante la modificación de normativas, sino que se requiere más tiempo para consolidar nuevas inversiones y desarrollos en ciencia y tecnología, procesos que de por sí, no pueden apresurarse mediante legislaciones sin estudio. “Hay mucho desconocimiento de cómo funciona la industria de Envases y Embalajes, pues una implementación apresurada podría poner en riesgo la salud de las personas, debido a la posible migración de contaminantes entre envases, durante el proceso de reciclado”, puntualiza.

 

Mariana Soto también comenta que la voluntad de avanzar hacia el uso de materiales más reciclables o reutilizables, no puede sobreponerse al objetivo esencial de cuidar la durabilidad de los productos, por cuanto cualquier falla en esta cadena de protección afecta la inocuidad de los productos y la seguridad alimentaria de la población. “En el caso específico de envases para alimentos -asegura- la circularidad nunca puede comprometer la inocuidad ni la capacidad del envase de proteger el producto. Ese equilibrio constituye hoy uno de los principales desafíos de la industria, ya que cierto tipo de barreras que hoy se utilizan en los envases a través de, por ejemplo, materiales trilaminados u otros, no son fáciles de cambiar, y debemos siempre priorizar el beneficio de cuidar el alimento versus el residuo del envase”.

 

Desde el ámbito de la empresa privada, en tanto, Isabela de Marchi, gerente de Sostenibilidad de SIG Sudamérica, plantea que la discusión ya no se limita únicamente a la cantidad de material que pueda reciclarse, sino que se debe utilizar un enfoque mucho más integral que implique utilizar menos recursos desde el diseño, aumentar el uso de materiales renovables o reciclados, diseñar los envases para su reciclabilidad, fortalecer los sistemas de recolección y valorización y, al mismo tiempo, garantizar que el alimento llegue al consumidor de forma segura y con la menor cantidad posible de desperdicio.

 

En este sentido, la ejecutiva asegura que “el avance ha sido significativo, pero todavía existe una brecha por superar para que un envase sea técnicamente reciclable y efectivamente reciclado. “Para cerrar esa brecha -indica- se necesita toda una cadena funcionando, que incluye diseño adecuado, separación, recolección, clasificación, infraestructura de reciclaje, demanda por los materiales recuperados y participación del consumidor. Por eso, la circularidad es una responsabilidad compartida entre fabricantes de materiales y envases, productores de alimentos y bebidas, gobiernos, gestores de residuos, recicladores y consumidores”.

 

EXIGENCIAS Y OPORTUNIDADES


Sin embargo, a nivel mundial las dificultades técnicas y los desafíos producticos parecen no detener el avance paulatino de nuevas reglamentaciones internacionales cada vez más estrictas y orientadas a lograr mayor sostenibilidad efectiva. De hecho, se estima que en los próximos años el mercado mundial de envases y embalajes estará fuertemente condicionado por la necesidad de adaptarse a nuevas obligaciones regulatorias, como sustituir las estructuras multimateriales difíciles de reciclar, aumentar el contenido reciclado (especialmente PET y aluminio) y expandir los sistemas de depósito, devolución y responsabilidad ampliada del productor.

 

También será muy trascendente implementar la reciclabilidad efectiva a escala, es decir, la capacidad de que el envase sea recogido, clasificado, reprocesado y convertido nuevamente en material útil con rendimientos y costos aceptables. En este contexto, el nuevo Reglamento de la Union Europea UE 2025/40 sobre envases y residuos de envases, publicado el 11 de febrero de 2025 y que se aplica desde el 12 de agosto de 2026, ya se alza como referente mundial. Esta normativa establece que todos los envases comercializados en la Unión Europea deberán ser reciclables de forma económicamente viable en 2030. Además, exige aumentar el uso seguro de plásticos reciclados, reducir los materiales vírgenes y cubrir todo el ciclo de vida del envase.

 

Aunque es una norma exclusivamente europea, sus efectos se extienden a cualquier proveedor global que, como Chile, desee exportar sus productos a los mercados del Viejo Continente. Por ende, es probable que las grandes compañías exportadoras y multinacionales, de nuestro país y del extranjero, se decidan a adoptar nuevas especificaciones de diseño y nuevos materiales globales, para adaptarse a esta exigencia.

 

En Estados Unidos, en tanto, los criterios erráticos de la actual administración federal no han impedido la consolidación de leyes estatales de responsabilidad ampliada del productor (similares a la Ley REP chilena), que han logrado impulsar nuevos incentivos para el diseño de envases más amigables con el medio ambiente. A escala global, esto se traduce en nuevas direcciones regulatorias en cinco ejes esenciales: responsabilidad ampliada del productor, más contenido reciclado, obligatoriedad de contar con redes de depósito y devolución, establecimiento de restricciones a formatos problemáticos y requisitos más exigentes de información o etiquetado para ingresar a mercados clave de Norteamérica.

 

A pesar del incremento en las exigencias, esta evolución normativa internacional (que en Chile se expresó recientemente en nuevas exigencias a los plásticos de un solo uso), también abre interesantes oportunidades para generar nuevos negocios. Según estimaciones de la consultora Grand View Research, la conjunción de estas nuevas regulaciones con la mayor presión de los propios consumidores, podría generar un crecimiento exponencial en la demanda de envases alimentarios eco-amigables, haciendo que su valor de mercado supere los USD 360 mil millones en 2030, lo que equivale a un crecimiento de 7,6% en su tasa anual compuesta, incluyendo tanto los materiales reciclables como los compostables y biodegradables.

 

Isabela de Marchi valora, precisamente, este contexto desafiante, y comenta que “desde SIG vemos este escenario como una oportunidad para innovar, pues nuestra estrategia busca reducir continuamente el impacto de los envases, aumentar la proporción de papel y de materias primas renovables o recicladas, desarrollar estructuras diseñadas para el reciclaje y contribuir a que los materiales puedan mantenerse en circulación durante más tiempo”.

 

Sin embargo, la gerente de Sostenibilidad de SIG también plantea que este proceso debe ser enfocado desde una perspectiva completamente integral, pues “la sostenibilidad debe evaluarse desde una perspectiva de ciclo de vida”, y agrega que más allá de la reducción del plástico también deben considerarse otras variables críticas como las emisiones de carbono, el origen de las materias primas, la eficiencia logística, la protección del producto y el desperdicio de alimentos. “Este enfoque está alineado con la estrategia de sostenibilidad de SIG, que busca acelerar la innovación para la circularidad y transformar los envases usados en nuevos recursos mediante el reciclaje”, asegura.

 

Envases asépticos sin aluminio
Otro objetivo destacado que hoy ya se ha alcanzado es la reducción de aluminio en envases asépticos de última generación. Foto: Generada por Manus IA.

SUPERAR BARRERAS

 

Sin embargo, el entusiasmo y las perspectivas de generar nuevos negocios aún se enfrentan a un obstáculo importante: no todas las materias primas que hoy se utilizan para elaborar envases y embalajes alimentarios plásticos pueden volver a entrar en contacto con otros alimentos, lo cual restringe significativamente la meta de reciclabilidad absoluta.

 

En tal sentido, Mariana Soto recuerda que solo el PET reciclables (rPET) puede reutilizarse como envase alimentario, y solo para fabricar botellas, siempre y cuando tenga un respaldo de trazabilidad que certifique su uso anterior.  Y aunque existen tecnologías más avanzadas que permiten también incorporar rPET proveniente de otro tipo de envases o embalajes, su uso aún no se masificado en nuestro país, debido al riesgo inherente de contaminación.

 

“Esto se debe a que un residuo de envase o embalaje plástico recuperado, de este tipo, podría haber estado anteriormente en contacto con sustancias distintas a alimentos, o haberse contaminado durante su recolección y clasificación. Por eso organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, advierten que los materiales plásticos reciclados destinados al contacto alimentario requieren procesos controlados capaces de asegurar su descontaminación y conocer debidamente su trazabilidad: de origen a fin de vida”, destaca la gerenta general de CENEM.

 

Y si bien, tal como menciona Mariana Soto, existen alternativas tecnológicas que podrían ayudar a incrementar de manera más segura la circularidad del packaging alimentario, como el reciclaje químico, su uso en Chile no está permitido, restricción que se suma a su alto costo, que lo hace poco atractivo para las empresas.

 

Sin embargo, la gerente general de CENEM, también es enfática para reiterar que la industria nacional “continuamente está invirtiendo en procesos de I+D para implementar este tipo de procesos”, aunque reconoce que aún falta mucho camino por recorrer, “por eso -añade- debemos fortalecer la infraestructura y avanzar en las tecnologías, para que la reincorporación de este tipo de residuos pueda ser viable en el corto plazo. Al respecto, Soto comenta que la nueva propuesta del Reglamento Sanitario de los Alimentos, que establece límites respecto de la migración y presencia de sustancias potencialmente nocivas desde los materiales de packaging hacia los alimentos, podría ayudar a avanzar hacia metas concretas, pero que la falta de adecuada trazabilidad para verificar el origen exacto de los materiales recolectados, es un incerteza que hoy no está resuelta. De este modo, “el desafío para Chile está en desarrollar suficiente material reciclado con calidad, trazabilidad e inocuidad compatibles con contacto alimentario, junto con reglas claras que permitan incorporar nuevas tecnologías”, asegura.

 

Isabela de Marchi manifiesta una visión similar y añade que no todos los plásticos tienen hoy la misma facilidad de reciclaje, ni todos los materiales reciclados pueden volver automáticamente a una aplicación de contacto directo con alimentos. “Esto depende del tipo de polímero, la estructura del envase, los adhesivos, pigmentos y otros componentes utilizados, así como de la calidad y trazabilidad del material recuperado y de la tecnología de reciclaje disponible”, precisa.

 

La gerenta de Sostenibilidad de SIG Sudamérica añade que, ante estas dificultades, una de las principales tendencias de innovación que ofrece mayor viabilidad en el presente consiste en simplificar las estructuras. “En los envases flexibles, por ejemplo, avanzamos hacia soluciones mono materiales o estructuras diseñadas para ser compatibles con corrientes de reciclaje existentes”, solución que la empresa ha venido aplicando exitosamente en los últimos años.

 

A su vez, en materia de inocuidad, de Marchi precisa que en lugar de pensar en eliminar de forma absoluta todo riesgo de migración, hay que avanzar hacia soluciones capaces de controlarlo y de garantizar que los materiales cumplan los límites de seguridad establecidos para un contacto seguro con alimentos. “Las tecnologías de descontaminación, las barreras funcionales, la trazabilidad de las materias primas y los ensayos de migración, hoy son fundamentales para demostrar que una solución es segura”, enfatiza.

 

Consecuentemente, para la ejecutiva de SIG hoy “el principal desafío productivo consiste en asegurar que cada aplicación cumpla simultáneamente los requisitos ambientales, técnicos y de inocuidad, combinando innovación, regulación, disponibilidad de materiales reciclados de calidad y capacidad de procesamiento a escala”.

 

LOS APORTES "OLVIDADOS"

 

Si bien la reciclabilidad y circularidad de los envases constituye un objetivo muy trascendente en la actualidad, los representantes de la industria también llaman a no olvidar el actual aporte que el sector del packaging brinda, en términos de reducir el desperdicio alimentario y su impacto, tanto en la salud de las personas como de todo el planeta.

 

En tal sentido, Mariana Soto recalca que “un buen packaging (tal como el que hoy existe) permite preservar la inocuidad, extender la vida útil, evitar daños durante el transporte, controlar humedad, oxígeno o luz, y facilitar una correcta dosificación. Todo ello reduce la pérdida y desperdicio de alimentos. Por ello, desde CENEM creemos que debemos avanzar hacia una mirada de ciclo de vida, donde la sostenibilidad se evalúe considerando conjuntamente envase, producto, logística, uso y fin de vida”.

 

Isabela de Marchi, por su parte, también pide reconocer este aporte positivo y puntualiza que las tecnologías actualmente disponibles, como los envases cartonados asépticos de última generación y las soluciones que combinan la eliminación de la capa de aluminio con polímeros vinculados a materias primas renovables de origen forestal (tecnologías en las cuales SIG cuenta con amplia experiencia), pueden alcanzar reducciones significativas en la emisión de huella de carbono y, al mismo tiempo, incrementar considerablemente el ciclo de vida de los alimentos.

 

“La tecnología aséptica de SIG permite, por ejemplo, que alimentos y bebidas mantengan su sabor, apariencia y cualidades nutricionales durante períodos prolongados, sin necesidad de refrigeración ni conservantes antes de su apertura. Esto puede reducir las pérdidas durante la distribución y el almacenamiento y, en las aplicaciones correspondientes, evitar la necesidad de una cadena de frío antes de la apertura”, indica Marchi.

 

“Por eso -añade- para SIG, reducir la huella de carbono del envase sin comprometer su capacidad de proteger el alimento es fundamental. El objetivo no es simplemente utilizar menos material, sino utilizar los recursos de manera más inteligente y evitar que se pierdan tanto el envase como el alimento que contiene”.


Envases que cuidan la salud de las personas y del planeta
El actual esfuerzo de las empresas está enfocado en desarrollar tecnologías que cuiden el planeta, pero sin olvidar la inocuidad y seguridad alimentaria. Foto: Generada por Manus IA.

 

PROYECCIONES FUTURAS

 

Pese a las trabas y desafíos, el desarrollo industrial de una nueva generación de envases reciclables y que al mismo tiempo brinden mayor ciclo de vida, parece incrementarse a ritmo positivo, al menos en los países industrializados, tal como lo atestiguan las soluciones implementadas recientemente por empresas como SIG y Gneuß, presentes en la reciente edición de la feria Circle Pack organizada por CENEM.

 

A raíz de estos y otros ejemplos, los analistas internacionales estiman que, a corto plazo, el crecimiento de este mercado estará impulsado principalmente por el cumplimiento regulatorio y un rediseño progresivo, a partir del cual las empresas priorizarán eliminar componentes innecesarios, pasar de laminaciones multimateriales a estructuras mono materiales cuando sea posible, mejorar la separabilidad de tapas y etiquetas, aumentar el contenido reciclado y documentar la reciclabilidad en los mercados de destino.

 

El segmento con mayor visibilidad será el de materiales PET y otros envases rígidos con sistemas de recuperación relativamente maduros. También se irá dejando de lado el aluminio, aumentará la disponibilidad de cartón y de soluciones foodservice diseñadas para evitar la presencia de sustancias perfluoroalquiladas (PFAS). Sin embargo, los materiales flexibles complejos seguirán siendo un cuello de botella, pues su función de barrera aún es muy difícil de reemplazar sin sacrificar peso, vida útil o seguridad del alimento.

 

A mediano plazo, en tanto, el reciclaje químico podría ocupar un papel más importante, aunque su crecimiento dependerá de la eficiencia energética, la trazabilidad y la aceptación normativa. La reutilización también ganará terreno, aunque no sustituirá universalmente al reciclaje. Será más competitiva en circuitos de alta frecuencia y distancias cortas -foodservice, bebidas, distribución institucional y ciertos formatos de entrega-, donde el retorno y el lavado puedan organizarse. Para productos de larga distancia o bajo valor unitario, en cambio, el envase reciclable de un solo uso seguirá siendo una solución relevante.

 

Frente a los cambios posibles, Mariana Soto considera que el mundo efectivamente está entrando en una etapa particularmente interesante para la industria del packaging, caracterizada por una aceleración del diseño para reciclabilidad, con el uso de estructuras multimateriales cada vez más simples o reemplazadas por soluciones monomaterial cuando la funcionalidad lo permita. “También aumentará la incorporación de contenido reciclado, en aquellos productos que sea posible, y se avanzará en desarrollar tecnologías de reciclaje capaces de alcanzar mayores niveles de pureza y descontaminación”, agrega.

 

La gerenta general de CENEM considera que otras áreas con potencial de crecimiento serán los envases activos e inteligentes: capaces de monitorear temperatura, frescura o condiciones de conservación; los materiales con propiedades antimicrobianas o absorbentes; y los sensores y tecnologías que permitan conocer mejor el estado real de un alimento. “Asimismo, veremos desarrollos significativos en digitalización y trazabilidad, mediante herramientas como códigos QR avanzados, identificación digital y, particularmente en Europa, nuevos sistemas de información asociados a los productos, que permitirán conocer su composición, reciclabilidad y eventualmente toda la historia del envase, hasta su fin de vida”, detalla.

 

La inteligencia artificial también comenzará a jugar un rol creciente en diseño, optimización de materiales, control de calidad, clasificación automatizada de residuos y operación de plantas productivas. “Ya se están conociendo casos de este tipo de desarrollos -comenta Mariana Soto-, y además Chile tiene buenas capacidades industriales, académicas y tecnológicas para participar de esta transformación, las cuales se suman al apoyo de agencias especializadas como ANID, por ejemplo. Y dentro de este contexto nuestro desafío será acelerar la conexión entre innovación, regulación, infraestructura de reciclaje, plantas de compostaje y mercado, de manera que los desarrollos no permanezcan solamente como pilotos, sino que puedan validarse y escalar industrialmente”.

 

Un gran transformación que para la gerenta general de CENEM también será conceptual, pues, en su opinión, “dejaremos de discutir únicamente sobre qué material debemos eliminar, para concentrarnos cada vez más en cómo diseñamos sistemas de envases capaces de proteger los alimentos, utilizar menos recursos y mantener los materiales circulando durante el mayor tiempo posible”.

 

Desde la vereda industrial, Isabel de Marchi también está segura de que veremos una aceleración de varios frentes tecnológicos cada vez más conectados. Esto implica avances como el desarrollo de estructuras más simples y eficientes, utilizando menos recursos y materiales con menor intensidad de carbono; el aumento en la proporción de materiales renovables y reciclados; la evolución de las tecnologías de barrera hacia estructuras con una proporción cada vez mayor de papel; y un papel más importante de la digitalización y trazabilidad, “pues la capacidad de conocer mejor el origen de los materiales, acompañar su recorrido y proporcionar información sobre composición, reciclabilidad y destino después del consumo, será cada vez más relevante para los sistemas circulares”, precisa.

 

Para la gerenta de Sostenibilidad de SIG, las tendencias internacionales también apuntan hacia pasar de modelos ideales de circularidad a envases diseñados para funcionar en sistemas reales, donde seguridad alimentaria, preservación del producto, reducción de residuos, eficiencia de recursos, menor exposición a sustancias de preocupación y circularidad, estarán cada vez más integradas en una misma estrategia de innovación.

 

Es decir, tal como concluye Marchi, el futuro del envase no consiste en elegir entre proteger el alimento y proteger el planeta, sino en hacer ambas cosas simultáneamente y cada vez mejor. “Por eso -puntualiza-, nuestra visión es avanzar hacia soluciones que demuestren, con datos y evaluaciones de ciclo de vida, que utilizan mejor los recursos, reducen emisiones, mantienen la seguridad y calidad de los alimentos y están diseñadas para integrarse a una economía cada vez más circular”.


GALERÍA

  • Mariana Soto Urzúa, gerenta general del Centro de Envases y Embalajes de Chile, CENEM.
  • Isabela de Marchi, gerente de Sostenibilidad de SIG Sudamérica.
  • Los envases para lácteos de larga vida cada vez se elaboran con mayor proporción de papel. Foto SIG.

Firma Francisco Javier González Salvo Indualimentos


OTROS REPORTAJES

  • Thumbnail auge del clean label
    Thumbnail auge del clean label
  • Thumbnail harinas no convencionales
    Thumbnail harinas no convencionales
  • Thumbnail ñache biotecnológico

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page